Nicolás Ventura de la Quintana Echeverría, (*)[1, 2]

Varón 1693 - 1767  (73 años)


Información Personal    |    Notas    |    Fuentes    |    Todos    |    PDF

  • Nombre Nicolás Ventura de la Quintana Echeverría  [2
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 24 Sep 1693  Bilbao, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 8 Mar 1767  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Persona I48102  Los Antepasados
    Última Modificación 27 Dic 2018 

    Padre Simón de la Quintana Mendieta,   n. 17 Nov 1651, Sopuerta, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida, Bilbao, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Madre María de Echeverría Larrea 
    Casado 3 Feb 1683  Bilbao, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [3
    ID Familia F15799  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Casado
    • Union de hecho.
    Hijos 
    +1. María Rafaela Narcisa de La Quintana,   c. 3 Nov 1729, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1760, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 30 años)
    Última Modificación 2 Oct 2015 
    ID Familia F55  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 Leocadia Francisca Ignacia Riglos Torres Gaete,   n. 26 Oct 1709, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1778, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)  [2
    Casado 29 Ene 1729  San Isidro, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
    +1. Josefa Leocadia de la Quintana Riglos,   c. 8 Nov 1730, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 16 Jul 1794, Córdoba, Córdoba, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 63 años)
    +2. Manuel José de La Quintana Riglos,   c. 25 Dic 1731, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 22 Feb 1794, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 62 años)
     3. José Joaquín Carlos de La Quintana Riglos,   n. 2 Nov 1733, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    +4. Francisca de la Quintana Riglos,   n. 24 Sep 1734, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 14 Jun 1815, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 80 años)
    +5. José Ignacio de la Quintana Riglos, (*),   c. 17 Mar 1736, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 15 May 1820, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 84 años)
    +6. María Josefa Cecilia de la Quintana Riglos,   n. 23 Nov 1737, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 5 May 1806, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
    +7. Narcisa Javiera de la Quintana Riglos,   n. 20 Oct 1741, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    +8. Nicolás José de la Quintana Riglos,   n. 5 Sep 1744, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 29 May 1828, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 83 años)
    +9. Rosa Estefanía Jacoba de la Quintana Riglos,   n. 1 Sept 1748, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 27 Oct 1814, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 66 años)
    +10. Francisco Javier de La Quintana Riglos,   n. 15 Feb 1752, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 25 Ago 1820, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
    Última Modificación 18 Jul 2017 
    ID Familia F8  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • NICOLAS DE LA QUINTANA llegó al mundo el 24-IX-1693 en Bilbao, y ahí lo bautizaron en la parroquia de San Antonio Abad, como a todos sus hermanos. De sus primeras andanzas nada se sabe, e ignoro las razones que lo impulsaron a venir desde el país vasco al Río de la Plata, donde a poco de arribar tuvo una hija natural (María Rafaela Narcisa), cuyo sucedido no le impidió unirse en matrimonio con Leocadia Riglos y Torres Gaete, niña de solariega cuna porteña, huérfana de padre y madre a la sazón. Efectuóse la boda en la "Capilla de San Isidro", el 9-I-1729, bendecida por el presbítero Fernando Corredor Rodríguez, ante los testigos Joseph de Esparza y Miguel de Riglos, hermanastro de la novia, aún menor de edad.
      El flamante jefe de familia, al año y diez meses de su himeneo, el 30-I-1730, adquirió en pública almoneda, por 13.666 pesos, la vivienda urbana que fuera de su suegro Miguel de Riblos (sic), frente a la Plaza Mayor (ver la histórica referencia de esa finca en las páginas que dedico a la estirpe de Riglos), y en dicha morada don Nicolás instaló su hogar. El importante caserón - que hoy se ubicaría en la esquina donde convergen las calles Bolívar, Hipólito Irigoyen y la Avenida Diagonal Julio A. Roca, edificado en terreno de 32 3/4 varas de frente y 68 de fondo, constaba entonces de 14 piezas amuebladas con lujo, dispuestas alrededor de un patio interior con parral, en cuyo extremo prolongábase la huerta arbolada de frutales.
      Como dato histórico complementario, diré que el Cabildo con su edificio propio en construcción - cuya reliquia mutilada hoy veneramos los argentinos - alquilaba, desde 1725, la "sala altta" de aquella particular casa; y que sus Regidores acordaron, el 5-VII-1732, "respecto de haverse pasado todos los papeles del oficio público, que estaban en el quarto de las casas de Don Nicolás de la Quintana, a otro que tiene esta Ciudad en los portales de las casas de su Ayuntamiento", se le abonen a dicho locador 50 pesos en efectivo, que correspondían a 17 meses atrasados, a razón de 3 pesos mensuales de alquiler, que habían quedado impagos. Así, durante siete años ininterrumpidos - de 1725 a 1732 - el Cabildo de Buenos Aires archivó todos sus libros y papeles y se reunió para celebrar acuerdos, en la "sala altta" de la casa de mis antepasados; cuyo solar poseyeron siete generaciones de una misma familia - desde 1673 a 1937, o sea por más de dos siglos y medio -, hasta que los últimos propietarios de la heredad (mi madre y sus hermanos los Aguirre Lynch, 5os nietos de Nicolás de la Quintana y de Leocadia Riglos) transfirieron su dominio a la Comuna porteña.
      Agrego acerca de aquella casa, que ella fue también sede del agente inquisidor lugareño. En efecto: el 31-X-1731, Nicolás de la Quintana hizo registrar en el Cabildo sus despachos habilitantes de "Familiar del Santo Oficio" - subordinado al Tribunal de Lima -, quedando reconocido por tal en nuestra ciudad, con las "ynmunidades que por derecho le tocan". A la verdad pese al riesgo de que la pureza religiosa y la soberanía española fueran aquí maleadas por tantos portugueses y judíos como pululaban entonces, la acción represiva de la Inquisición resultó prácticamente inoperante en el distrito porteño. A raíz de ello en 1754 - al tiempo de ostentar su cargo De la Quintana - el jesuita Pedro de Logu solicitaba a la superioridad, estableciera un Tribunal Inquisidor en Buenos Aires, ya que en esta ciudad - argüía - "se juntó toda la escoria de Portugal y del Brasil, y no es poca la levadura vieja del judaísmo que viene entre ellos".
      Por los demás, en la vivienda de don Nicolás ocupaban sus "quartos" a la calle con tiendas abiertas al público, los siguientes inquilinos, todos solteros según el censo municipal de 1744: Antonio González Uría, "mercader tratante, natural de Ponferrada de Viazo", de 28 años de edad; Juan Martínez, quien no obstante ser "zirujano", natural de Navarra, traficaba al pormenor; lo mismo que sus vecinos Francisco Campos, nativo "del Prinzipado de Asturias", tratante de 42 años, y Joseph Ramos, de 30 años igualmente tendero. En lo que respecta al dueño de casa, éste se albergaba con su esposa, sus hijos y servidumbre, en los amplios departamentos interiores de la espaciosa mansión.

      A par de sus responsabilidades públicas, mi antepasado asume las de su parentela

      Cuando Nicolás de la Quintana contrajo nupcias en 1729 con Leocadia Riglos, el hogar de su consorte estaba prácticamente descabezado. El viejo Riblos había muerto una década atrás; por tanto el flamante marido (con sus 35 años cumplidos - 15 más que su mujer y 3 menos que su suegrastra; mientras que sus cuñados Miguel y Marcos apenas contaban los 14 y 10 años), vióse de hecho convertido en director y consejero de aquella familia. En adelante, pues, y hasta que sus hermanos políticos alcanzaran la mayoridad, don Nicolás llevó la primacía en todo lo atinente al patrimonio común de los herederos de Riblos. Antes que nada - la caridad bien entendida empieza por casa -, en 1731 De la Quintana entabló demanda contra los bienes del concurso de su suegro por 20.467 pesos, que correspondían a la dote de doña Leocadia, su cara mitad. Después, el 4-XI-1735, ante el Escribano Merlo comparecen don Nicolás junto con su mujer y su suegrastra - ésta tutora y curadora de sus hijos menores - a donar a la Compañía de Jesús "unas tierras en esta banda del río Areco que empezaban desde el Paso de las Piedras, corriendo para abajo, hasta encontrarse con la estancia de los reverendos padres jesuitas". Tratábase de parte del campo "El Bagual", integrante del patrimonio del difunto Riblos, una de cuyas fracciones se permutó por otras tierras de dichos "reverendos", situadas en el pago de Las Conchas, que ampliaron así el llamado "Rincón de Riblos", sobre el río Luján. De ello dejó constancia, al testar en 1768, Josefa Rosa de Alvarado, cuando se refirió a esas tierras "con otras tantas que amplió don Nicolás de la Quintana, como marido y conjunta persona de doña Leocadia de Riglos, mi hijastra, y hacen 900 varas que se recivieron de los Padres de la Compañía de Jesús, en trueque y cambio que hizo don Nicolás por las suertes de estancias de mi marido en esta banda del río Areco" - o sean los campos de "El Bagual".
      Los antiguos protocolos revelan que no obstante ser De la Quintana relativamente joven - contaba 44 años - se creyó morir el 2-I-1738, pues "estando enfermo en cama del accidente que Dios se ha servido de me dar", llamó ese día a su domicilio al Escribano Joseph de Esquivel, ante quien otorgó un poder testamentario a favor de su esposa doña Leocadia, de Juan de Mena y de Fermín de Pesoa, designándolos albaceas en el poder expresado. Al poco tiempo, sin embargo, restablecióse por completo el enfermo del "accidente"; y el 25-IV-1739, ante el Escribano Domingo Lescano, nuestro personaje otorgaba fianza a fin de responder en el juicio de residencia del finado Gobernador Bruno Mauricio de Zabala. Sucedió que en 1717, al recibirse Zabala del mando, salieron de garantes suyos, por 4.000 pesos, Domingo de Acassuso y Tomás de Arroyo y Arteaga; empero, veintidos años mas tarde, el referido mandatario y su amigo Acassuso habían fallecido y Arroyo estaba insolvente, de manera que para reemplazar a tales primitivos fiadores, en los autos residenciales del desaparecido gobernante, su albacea Joseph de Gainza, propuso a don Nicolás de la Quintana (cuya hija natural María Rafaela casaría, más tarde, con un hijo natural del fundador de Montevideo), otorgando la respectiva escritura en 1739.
      El año 1741, don Nicolás fue designado por Su Majestad -no en balde tenía un hermanastro influyente en la Corte de Felipe V - "Veedor del Presidio de Buenos Aires": empleo militar de jerarquía, que en tales tiempos llenaba las funciones de un oficial de administración: hacer pagos "en buena moneda" a la tropa, con derecho a revistarla en presencia de sus Capitanes; además de tener bajo su custodia los dineros, valores y documentos de los cuerpos armados de la ciudad porteña. Cargo de responsabilidad, como se ve, aunque resultaba incompatible con aquella fianza que De la Quintana tenía dada en los autos del ex Gobernador Zabala; por lo cual, nuestro "Bedor", suplicó al Cabildo se sirviera "chancelarse o manda chancelar" dicha obligación; que aún se mantuvo pendiente por varios años, debido a un litigio suscitado entre los vástagos naturales del famoso manco "Mano de Plata", como se le llamó a Zabala cuando reemplazó su brazo tronchado en el sitio de Lérida, por otro de metal que le colgaba a manera de heroica condecoración.

      Distintas propiedades urbanas y rurales de mi 6º abuelo de la Quintana

      En otro orden de referencias - aparte de "las casas de su morada", linderas con el Cabildo, que se compraron al concurso del viejo Riblos - he aquí los bienes que le correspondieron a don Nicolás en su sociedad conyugal.
      Un solar entero y un cuarto de solar, situados "en la cuadra que cae a la espalda de la Iglesia de San Juan, a la parte del sur" (vale decir, en la actual calle Moreno entre Piedras y Tacuarí); cuyos terrenos recayeron en doña Leocadia por herencia de su madre María Leocadia de Torres Gaete; la cual, a su vez, los heredó en parte con sus hermanos José, Ignacio y Gabriel, de otro hermano de ellos: el presbítero Gregorio de Torres Gaete. Tanto este clérigo como María Leocadia y el tío de ambos, Pedro de Gaete, heredaron anteriormente una fracción mayor indivisa del inmueble en cuestión; fracción que perteneció a Baltasar de Gaete, tío carnal de los dos primeros y hermano del tercer condómino. Mas tarde, las partes convinieron en subdividir el expresado bien, por ante el Escribano Merlo, tocándole a la hija de Riglos el solar entero "que cae a la parte sur, haciendo esquina al poniente" (Moreno y Tacuarí); quedando añadido al cuarto de solar antedicho, de 17 varas de frente y 70 de fondo, sobre la actual calle Tacuarí.
      Con relación a este último inmueble urbano, en una escritura pasada el 11-XII-1730, ante el Escribano Joseph Esquivel, Nicolás de la Quintana dijo; "Que yo y mi mujer tenemos amor y voluntad a Marta Gaete (parda criada en la casa) y a Silvestre y a Josefa Gaete, sus hijos ... y por los buenos servicios que han hecho a la dicha mi mujer ... hago donación (a todos) del dicho cuarto de solar ... para que lo hayan y gocen como suyo propio". Si Silvestre y Josefa fallecieran sin dejar hijos legítimos, el "cuarto de solar" ha de volver a mí y a mis sucesores", pero si hubieran hijos legítimos lo han de heredar "para siempre jamás". Catorce años después - según el censo urbano respectivo - vivían en ese terreno, en "casita propia", Silvestre Gaete, mulato de 30 años, "Maestro Albañil", su madre Marta Gaete y dos sobrinas; Inés y Francisca Azevedo (hijas legítimas, sin duda, de Josefa Gaete); todos ellos con descendencia negroide prolongando también el connotado apellido de Gaete. Estos datos marginales ponen de relieve, con rotunda objetividad, los rasgos generosos de muchos de aquellos individuos que, antaño, formaban nuestra auténtica clase dirigente.
      Poseyeron los cónyuges De la Quintana-Riglos, en el éjido de la ciudad, otro terreno compuesto de "dos cuadras de frente Este y cuatro de fondo al Poniente", que configuraba una quinta, la cual, hogaño, abarcaría las 8 manzanas que atraviesan a lo ancho las calles Bartolomé Mitre, Cangallo y Sarmiento, y a lo largo, Rodríguez Peña, Callao, Río Bamba, Ayacucho, y Junín.
      Llamábase la quinta "De los Olivos", y tenía acceso por la calle recta "de la Piedad", en dirección al "Hospicio de los franciscanos" - que se ubicaría hoy en las esquinas de Bartolomé Mitre y Azcuénaga -. Los esposos De la Quintana-Riglos dieron esa quinta en dote a su hija María Josefa, a raíz de su casamiento con el Caballero de Alcántara Domingo Alonso de La Jarrota, según consta en la escritura que autorizó el Escribano José Herrera, el 13-II-1757; y como tales "cuadras" las recibió la desposada "por vía de mejoras", se tasaron en 300 pesos.
      Dichas "cuadras" pertenecieron a Miguel de Riblos - padre de doña Leocadia - "en virtud de merced que anteriormente le tenían hecha los señores Governadores y posesión que de ellos tuvo ynmemorial". Empero, por habérsele confundido los papeles de dicha merced, se la volvió a hazer - a De la Quintana y a su mujer don Miguel de Salcedo, cuando era Gobernador de esta Plaza, según consta en el decreto (14-VI-1735) cuyos originales se hallan en la oficina del Escribano de folio don Francisco de Merlo", cual lo expresa el título respectivo del terreno.
      En el "Pago de Monte Grande", Leocadia Riglos fue dueña de una "suerte" de chacra de 350 varas de frente mirando al río y su habitual legua de fondo. La propiedad ubicaríase hogaño en una zona totalmente urbanizada de Vicente López, cerca del linde de dicho Partido con la Capital Federal, en un terreno que años antes de su loteada general, fue parte de la chacra denominada "Buenas Vistas", contigua a la quinta que perteneciera, hasta no hace mucho tiempo, a don Benito Bosch.
      La historia del bien de referencia, antes de llegar a poder de la consorte de Quintana, puede sintetizarse así: En 1580 Garay adjudicó esa chacra a uno de sus compañeros: Pedro Isbrán, marido de Ana Díaz, la única mujer en la expedición fundadora de Buenos Aires. Posteriormente el albacea testamentario de los herederos de Isbrán, Cristóbal Luque, le vendió esa propiedad a mi antepasado Pedro de Izarra Gaete, de quien, por su parte, la heredó su hijo Baltasar de Gaete. Muerto Baltasar, el dominio de la chacra recayó en la sobrina carnal de éste: María Leocadia de Torres Gaete, de la cual resultó heredera universal su única hija: Leocadia de Riglos y Torres Gaete, luego esposa de Nicolás de la Quintana.
      Este personaje, por lo demás, explotaba las tierras involucradas anteriormente en el llamado "Rincón de Riglos"; vasta propiedad que se remató en 1720, luego de la muerte de su suegro (ver la biografía de Riblos), siendo adquirido, parte del "Rincón", por de la Quintana y, en parte, por Fermín de Pesoa. El 12-XI-1746, mediante escritura otorgada ante Francisco de Merlo, Pesoa le transfirió a Quintana un contorno cuya ubicación y medidas eran - según título - "seis mil varas de frente en el Río de Luján, a nueve leguas, poco más o menos, de esta ciudad; en las sobras de tierra que empiezan a correr desde la Isla de Escobar, en dicho Rincón, corriendo la tierra adentro por entre los dos ríos de Conchas y de Luján" (dentro del perímetro que hoy encierra a las localidades de Benavidez, José C. Paz, del Viso, Maschwitz, Escobar, Villa Rosa, etcetera); y lindaba "por la parte de abajo", con estancias del propio don Nicolás; 15.200 varas de frente y legua y media de fondo, que el yerno de Riblos poseía en la Cañada de Escobar.
      A propósito de tales tierras en el "Valle de Corpus Christi, que por otro nombre se llama el Río Luxán", Nicolás de la Quintana había solicitado y obtenido, el 4-XI-1733, del Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, la merced de "los Bañados" anegadizos confinantes con dicho río, y "que sirven para que los ganados que tengo en dichas estancias baxen a beber, y por tiempo de seca a pastar en ellos". Esa gran aguada - según dijo mi antepasado - servía a las "quatro suertes de estancia", de media legua de frente cada una, que "el Gral. Dn. Miguel de Riblos, mi suegro", poseyó, y que eran "la primera, segunda, tercera y quarta del primer repartimiento que se hizo en el Río Luján"; vale decir que se trata de la "suerte" que se reservó para sí el propio Juan de Garay y de las linderas que correspondieron, respectivamente, a Pedro Sayas Espeluca, a Hernando de Mendoza y a Juan de Garay "el Mozo", hijo del Fundador.
      En cuanto a los campos sobre el río Areco y la Cañada Honda, en los que don Nicolás pobló estancias "con crecidas haciendas y esclavos", diré que en 1729 el presbítero Jerónimo de Avellaneda, en su carácter de albacea de su abuela materna María Ponce de León Naharro Humanés, (mi antepasada, ver sus apellidos) cedió, por el precio de 500 pesos, a favor de Quintana, los derechos de la testamentaría de su bisabuelo Rodrigo Ponce de León. Años atrás, Miguel de Riblos había adquirido los antedichos campos - o fracción de ellos - a Gaspar de Avellaneda (padre de Jerónimo y marido de Juana de Lavayen, nieta ésta de Rodrigo Ponce de León), y a raíz de esa transferencia, habíase suscitado un litigio sobre los limites del descampado referido. (Ver el linaje de Ponce de León).
      Con relación a las actividades ganaderas de De la Quintana, éste presentó, el 3-X-1750, un memorial al Cabildo pidiendo licencia de matanza a favor de Joseph Cordero, a quien había vendido "todos los toros y novillos que tiene en sus estancias de Areco". Así mismo, el 21-VIII-1752, mi antepasado elevó otra solicitud de faena al Gobernador Andonaegui, el cual al requerirle opinión al Cabildo sobre el asunto, los Regidores manifestaron "que por lo que mira a los toros no encuentra este Cavildo ynconveniente en que Su Señoría conceda la lisensia ... cumpliendo don Nicolás con lo que ofrece de traer a la Plaza los cueros, cevo y grasa que fabricare ... y por lo que mira a los novillos, allándose esta ciudad tan escasa de abasto de la carne, que en muchas ocasiones no se encuentra, podrá (el Gobernador) mandar se reserven para el abasto".
      Otra vez, el 11-III-1757, De la Quintana solicitó la venia del Gobernador Ceballos para llevar a cabo matanzas, porque - dijo el postulante - "todo el ganado que tiene en el río Areco le es perjudicial (por cimarrón) y nunca ha podido suxetarlo, y le a causado muchos costos". Reclamaba el estanciero licencia "para matar todos aquellos novillos, bacas y toros que no pudiere suxetar a corral". El Cabildo no opuso reparo a esto, salvo en lo prescripto por una Real Cédula que acababa de recibirse, "que proíve la matanza de bacas embraz"; excepción que solo "a su Señoría (el Gobernador Ceballos) le es facultativo disponer".
      En orden a sus intereses rurales, Nicolás de la Quintana otorgó, el 25-IV-1758, ante el Escribano José Ferrera, un poder al procurador Pedro Berbel, a fin de que siga, medre y fenezca el pleito que le va a iniciar a Juan Ignacio San Martín - jefe de fronteras entonces -, sobre los excesos que esta cometiendo en los Partidos de Areco y Arrecifes, en los ganados vacunos orejanos y señalados". (Juan Ignacio era hijo natural de mi antepasado el Maestre de Campo Juan de San Martín Gutiérrez de Paz, de quien me ocupo en el linaje respectivo).
      El 13-XI-1762, ante el Escribano Francisco Xavier Conget, Nicolás de la Quintana y su esposa Leocadia de Riglos, le vendieron a su yerno Francisco de Espinosa "tres mil varas de tierra para estancia, de las que tenemos y poseemos en el pago de Areco y cañada Onda, las que tienen por fondo el río Areco y a su frente el camino Real; y se empezarán a medir desde el paso que llaman de la Cruz, tirando para Areco, con el fondo y cavesadas que les corresponde, y los linderos que de ellas constaren al tiempo de la medición que se hiciere y de los instrumentos que se hallen en poder de don Marcos José de Riglos, que al presente está ausente ... Las dichas tierras las tuvimos - agregaban los vendedores - por fin y muerte el General don Miguel de Riblos, padre de la otorgante, por cuyos títulos nos pertenecen; y vendemos por el precio de dos pesos la vara, que importan setecientos cincuenta pesos corrientes de a ocho reales".
      Con esa suma o capital los expresados cónyuges, en el mismo acto, fundaron una Capellanía a favor, en primer término,de Nicolás, un hijo de ellos seminarista que "se halla en el Colegio de Córdoba"; y hasta tanto este neófito se ordenase y celebrase su primera misa, el mencionado "capital" habría de quedar en poder de Espinosa, sin interés. En caso de morir dicho candidato a Capellán (que en vez de abrazar el sacerdocio se desposó luego con su sobrina Francisca Espinosa), le sucederían los hijos de Francisco Xavier de la Quintana que fueran clérigos, o sino los nietos de él, por orden de varón. (No tuvo Francisco Xavier más que una hija natural que casó con Pedro Núñez Chavarría). Finalmente, al aceptar Espinosa aquella venta subordinada a la Capellanía, obligábase a no enajenar esas tierras mientras "no estén libres de pensión".

      Lazos indestructibles de mi antepasado con su país natal

      Pese a su arraigamiento rioplatense, nuestro bilbaíno nunca perdió contacto con su familia peninsular, en cuyos patrios lares, como sabemos, en 1738 su hermano mayor José de la Quintana fue nada menos que Secretario de Estado en el ramo de Indias y Marina. Y bien, acerca de su parentela solariega vizcaína, en una escritura fechada en Buenos Aires el 10-VII-1753, que autorizó Francisco de Merlo, don Nicolás por sí y sus hijos varones; Manuel José, José Ignacio, Nicolás y Francisco Xavier, otorgó todo su poder a Manuel de la Quintana, hermano suyo, a Nicolás Zubiriche y Zabala y a Francisco Antonio de Suasso, los tres vecinos de Bilbao, "para que en su nombre y en el de sus hijos, puedan ellos tomar y tomen posesión del vínculo y mayorazgo que dejó fundado en la villa de Bilbao (sobre el Palacio de Quintana) mi hermano el señor don Joseph de la Quintana, del Consejo de la Cámara de Su Majestad, en caso del fallecimiento de don Gabriel de la Quintana mi sobrino, actual poseedor del referido mayorazgo". A tal fin, el otorgante facultaba a aquellos mandatarios para que realizaran todas las diligencias que fuesen necesarias.
      También en distintas oportunidades, los años 1755 y 1761, don Nicolás, que mantenía sus vínculos con la madre patria, suscribió sendos poderes, ante los Escribanos García Echaburu y Conget, a favor de Nicolás de Sagarmínaga y de Manuel Díaz Saravia, vecinos de Madrid y de Cádiz, respectivamente, con el objeto de que ambos, en su nombre, comparecieran ante el Rey, su Consejo de Indias y demás Tribunales competentes, a solicitar las gracias y mercedes a las que el Veedor del Presidio de Buenos Aires se creía con derecho, en mérito de los servicios que había prestado.
      Posteriormente, tras la muerte del solicitante, su viuda Leocadia Riglos y demás albaceas testamentarios; José Ignacio de la Quintana y Francisco Espinosa, ante el Escribano Conget el 3-II-1772, dieron poder a Nicolás de Zubiriche, vecino de Bilbao, para que los representara ante cualquier Justicias y Jueces de ambos fueros, e hicieran "informaciones de testigos condecorados y personas de establecida prosapia", que dejaran constancia de la "Hidalguía y esclarecido nacimiento del citado don Nicolás de la Quintana". A ruego de la señora otorgante, que no sabía escribir, firmó el instrumento notarial Ignacio de Irigoyen, uno de sus yernos.

      La hija extramatrimonial de don Nicolás. Testamento y deceso de éste

      Dije al comienzo de la presente monografía que, poco antes de casarse el 20-I-1729 con Leocadia Riglos, mi 6º abuelo había tenido una hija natural llamada María Rafaela Narcisa, y voy a probarlo.
      El hecho de que la criatura fuera bautizada el 3-XI-1729, es decir 9 meses después del matrimonio de su padre, indujo a los genealogistas que se ocuparon del linaje de Quintana a considerarla a María Rafaela, hija legítima primogénita de don Nicolás y la señora de Riglos. Así lo creyeron Lafuente Machain, Calvo y el peruano Varela Orbegoso, como después Hubertina de Gomensoro en un estudio sobre el fundador de Montevideo. Sin embargo la verdad a ese respecto es distinta.
      En efecto: el 17-VII-1754 Nicolás de la Quintana, ya con 69 años encima, juzgó prudente, para el caso de su muerte, dejar establecido que los deudos suyos de mayor confianza redactaran su testamento. Con tal motivo compareció ante el Escribano Merlo y otorgó poder a su esposa, a su cuñado Marcos José de Riglos (mi ascendiente), y a sus dos yernos, Marcos José de Larrazabal y Francisco de Espinosa. Luego de ordenar sepultasen su cadáver en el convento de San Francisco, amortajado con hábito seráfico, declaró el compareciente tener una hija natural, que alimentó, crió y casó con el Alférez José Ignacio de Zavala (hijo bastardo, asimismo, del Fundador de Montevideo); a la cual hija - puntualizaba don Nicolás - "le dí todo lo que pude dar, por lo que no tiene acción ni derecho a cosa alguna".
      Era cierto que María Rafaela había sido alimentada, criada y casada, sin hacer diferencias con sus demás hermanos legítimamente nacidos; y no solo fue su padre quien le prodigó atenciones y cariños, sino que Leocadia Riglos también la trató siempre como si hubiera sido fruto de sus entrañas. Y así, el 15-I-1750, por escritura pasada ante Francisco de Merlo, dicha señora le donó a Rafaela de la Quintana su hija" (sic), un esclavito llamado "Bisente"; cuya donación firmó a ruego de la donante - que no sabía escribir - su marido Nicolás de la Quintana. Y quince años más tarde, el 5-IX-1761,en el Registro del Escribano Felipe Vazquez Pelayo, los cónyuges de la Quintana-Riglos manifestaron el "mucho amor que tienen a Rafaela de la Quintana, hija natural del otorgante y mujer legítima de Joseph Ignacio de Zabala"; y le hicieron "gracia y donación" de un "solar de tierra que hace esquina al Sur y Poniente, en el barrio de San Juan Bautista (hoy la esquina de las calles Moreno y Tacuarí), de 70 varas en cuadro". (Solar al que nos referimos más atrás, con el mismo origen que aquel otro terreno, dado en propiedad por los dichos señores, en 1730, a sus antiguos esclavos cuarterones).
      En aquellos pasados tiempos, nuestros mayores creían en la excelencia de las instituciones sociales dentro de las cuales vivían, y jamas se les hubiera ocurrido poner en tela de juicio, por ejemplo, el derecho de propiedad del régimen de familia. No en vano las "partidas" de Alfonso el Sabio prescribían; "poder y sseñoría han los padres sobre los fijos, segund razón e segund derecho. Lo uno porque nascen dellos, lo al porque han de heredar lo suyo". En virtud de tales normas, que jurídicamente regían entonces la vida civil de los españoles, europeos y americanos, era preocupación corriente de toda persona afincada - vale decir, con patrimonio propio y herederos a él - testar, a fin de darles destino a sus bienes después de haber desaparecido del mundo. Y Nicolás de la Quintana no fue excepción a tal costumbre.
      Este, en consecuencia, otorgó escrituras de última voluntad en cuatro oportunidades. En 1738 - ya lo apuntamos -, cuando creyó morir "de un accidente que Dios se ha servido de me dar". En 1754 - también lo sabemos -, en cuyo testamento reconoció tener una hija natural. Mas tarde, el 3-XII-1761, ante Félix Xavier Conget, en que don Nicolás declaró que "estando como estoy en pié, aunque achacoso de salud por mi abanzada edad (68 años), pero en mi sano y entero juicio", daba poder a su esposa, a sus hijos Manuel y José Ignacio y a su yerno Francisco Espinosa, para que ellos extendieran su testamento después de su muerte. Dispuso ser sepultado en la Iglesia de San Francisco, de cuya orden era hermano terciario; instituyó por únicos herederos a sus vástagos legítimos; y encomendó a Espinosa se hiciera cargo "de la hacienda que tiene en sus estancias". El 13-VII-1765, finalmente, "estando en las casas de su morada", el veterano Veedor de la guarnición porteña suscribió ante José Zenzano, un "codicilo" por el cual añadía a sus anteriores manifestaciones, el nombramiento de su consorte, doña Leocadia, como tutora y curadora de sus hijos menores; disposición que "antes no la había hecho por olvido".
      Nicolás de la Quintana dejó de existir el 8 ó 9-III-1767 a los 74 años de edad. A raíz de su muerte el Cabildo "en atención a que se debe considerar al expresado difunto Bedor con el mismo derecho que tienen los Oficiales Reales", resolvió asistir al entierro en corporación. Las "onrras" fúnebres tuvieron lugar el día 10 del antedicho mes en la Iglesia de San Francisco, con la presencia - a más de los deudos y amigos del finado - de los cabildantes en pleno, encabezados por el Alcalde de 1º voto Vicente de Azcuénaga; amén del par de "Mazeros" cabildeños a quienes, como es sabido, se les abonaba un peso por barba luego de sus servicios protocolares.

      por Carlos F. Ibarguren Aguirre

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito).

    2. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).

    3. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito), Tomo VIII, Los De la Quintana (Confiabilidad: 3).