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- El Doctor Genaro Sisto nació en Buenos Aires el 2 de febrero de 1870, hijo del distinguido militar italiano Don Francisco Sisto y de Doña Cristina Pallante. Se recibió de maestro en la Escuela Normal de Profesores de la Capital Federal y se dedicó desde entonces a la enseñanza. Director de la Escuela Nº 9 del C. E. 19, aplicó sistemas y prácticas tan personales que en la Capital era famosa la “Escuela de Sisto”.
El amor a la niñez y su afán por evitarle sufrimientos físicos lo llevó a la Facultad de Medicina, donde, a los 26 años de edad, se graduó de Médico con Diploma de Honor.
Con las armas de Maestro y de Médico comenzó su obra silenciosa y fecunda. Por su esfuerzo, su espíritu cultivado, su mentalidad potente, su bondad y generosidad sin límites, su afán de perfeccionamiento, por el bien de sus semejantes y el ejercicio del Bien, por el Bien mismo, aún a costa de sacrificios personales, llevó los prestigios de la Medicina argentina, allende los mares, conquistando numerosos títulos científicos.
Su acción médica y docente es vastísima. Maestro y Director de Escuela primaria, profesor de enseñanza secundaria y de Pediatría en la Facultad de Ciencias Médicas y delegado oficial a numerosos congresos científicos en el país y en el extranjero. Higienista de nota y autor de numerosos trabajos publicados en libros, folletos y revistas, abrió nuevos horizontes a la ciencia nacional y universal.
Desempeñó numeroso cargos con eficiencia y desinterés. Fue jefe del Cuerpo Médico Escolar, Médico en el consultorio de niños, del Patronato de la infancia y de los hospitales: de Clínicas, Italiano, de Niños y Alvear, donde se lo recuerda por el apodo de “Doctorcito” que le dieron los niños.
Su obra en pro de la niñez es grandiosa. A su iniciativa se debe la implantación de horario alterno en las escuelas que permitió recibir mayor número de alumnos. Ensayó la “Asistencia Social” como un deber de caridad y de defensa colectiva. Consiguió la implantación de la copa de leche en las escuelas. Fue el profesor de la fundación de establecimientos preventivos de Higiene Infantil, de las Colonias de Vacaciones, de Colonias para Niños Débiles, de Colonias Escolares de mar, de montaña y de villas de veraneo, haciendo realidad así su prédica continua: “… es necesario proteger al niño contra la enfermedad, el vicio y la miseria, generadores del odio, la envidia y la tristeza, procurándoles luz, alimento y sobre todo alegría, mucha alegría…”
Este maestro y médico argentino después de trabajar tanto por el bien de los niños, en el ejercicio de su profesión contrajo el mal que lo llevó a la muerte, joven todavía, el 23 de agosto de 1923.
La leyenda grabada en la placa que sus amigos colocaron en el mausoleo que guarda sus restos, sintetiza su vida. “Amigo bueno y fiel. Maestro abnegado. Sabio filántropo. Amó a los niños y se consagró a ellos. Fijó su mente a la grandeza de la Patria” [2]
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