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- En 1810 residía en Cachoeira do Sul, donde bautizó a una hija natural, Bonifacia. Se trasladó a Río Grande como oficial de tropas regulares, ya que su nombre no aparece en las organizaciones milicianas.
Ascendió a alférez en 1816 y comandó una de las guerrillas en la campaña de ese año, habiendo probado su valor repetidas veces. Participó en los combates de Carumbé (27 de octubre), Sant'Anna y Catalán (4 de enero de 1817), contra las fuerzas de Artigas, saliendo siempre victorioso.
En el tramo Carumbé, el 7 de agosto, el brigadier Oliveira Alvares dice: “El armamento que pedí a Vuestra Excelencia en mi oficio del día 25 para concertar la salida de Jacinto Guedes de Oliveira, llegó a tiempo y con él salió al ataque. Este partidista merece toda la atención”.
En 1822, Guedes de Oliveira revistaba como teniente en el ejército que ocupaba el territorio cisplatino.
Desde Concepción del Uruguay, el 18 de diciembre de ese mismo año, el gobernador Mansilla iniciaba una reclamación contra Guedes ante Lecor, por robo y asesinato:
"Un oficial delas Tropas brasileras quesegun informes recibidos por este Gobierno se llama Jacinto Guedes Oliveira ha perpetrado últimamente crímenes de tal naturaleza que ya el Gobierno de Entre-Rios creería faltar a sus deberes más
sagrados si contribuyese con su silencio a dejar impune la violacion que ha hecho del derecho de gentes, y de cuanto hay de respetable entre los hombres.
El dia 3 del corriente pasó este hombre olvidado de sus deberes el Uruguay a la cabeza de una partida de salteadores, robó algunas caballadas en el departamento 2. subalterno de esta comandancia general, y sorprendiendo en su casa a un vecino pacífico, él o su partida le asesinó, hiriendo a dos, o tres personas más que se encontraban allí. El día siguiente una partida que con aquel motivo recorría la campaña, quiso reconocer una chalana, y dos canoas que estaban sobre la costa. En el momento fue atacada por los mismos, y dispersándose la partida por escasez de municiones sacrificaron los bárbaros una nueva víctima a su ferocidad.
Esperaba el Gobierno de Entre-Rios la conclusión de la negociacion a que había nombrado al sargento mayor Perea para reclamar de estos atentados, cuando recibe los documentos originales que del numero 1, al 4, acompaña en los que
ese oficial, olvidado de su carácter y del de la nación brasilera, se propone el objeto doble de seducir, si lo halla fácil, al Comandante del departamento antedicho, o cuando menos hacerle perder su buena opinión, fingiendo tener con él relaciones políticas anteriores, tendentes a cooperar las miras que él supone a los jefes de ese Estado; siendo seguro que entre ellos no han existido otras que las necesariamente indispensables para la venta de caballos, a que está facultado dicho comandante.
Cuando todo contribuya a llamar la atención del Gobierno de Entre-rios sobre la conducta de ese immoral, ha observado que su cómplice, pretendido secretario es justamente un fugitivo de esta provincia, cuyos delitos le hicieron escapar de los magistrados que le perseguían; y que hoy los repite nuevos acompañado a ese hombre pernicioso. El Gobierno de Entre-Rios se ha persuadido de que ciertamente los reúne un capricho de la suerte, para hacerles sufrir el castigo ejemplar que merecen por la Ley. A nombre de la humanidad, de la justicia, del derecho de gentes vulnerado, y del respeto que se debe a sí mismo, lo pide a V. E. el Gobierno de Entre-rios, muy cierto de que V. E. les hará sentir por el rigor de las penas que sufran la enormidad atroz de sus maldades.
Extraña mucho el Gobierno de Entre-ríos que el Sr. Brigadier Barreto, a quien sabe positivamente que aseguró Jacinto haber muerto dos hombres de una partida de estas tropas que había pasado a invadirlo, no haya reclamado de aquel atentado en el caso de que lo haya creído, como se lo comunicó aquel; y extraña aún más que si lo ha creido en los términos que ocurrió, y que generalmente entre esos habitantes no haya procedido a la averiguacion, y castigo del hecho. Al Gobierno de Entre-Rios le sería sumamente sensible tener que creer el rumor general de que es tolerado en sus crímenes por este señor aquel malvado: a pesar de lo difícil que es explicar esta conducta de otro modo por ahora, no quiere este Gobierno ofender los principios, moral, y dignidad de este jefe. Pero de cualquier modo que sea, si (lo que no cree posible) en esta vez quedasen sin castigo esos delincuentes, recuerde V. E. que el Gobierno de Entre-ríos está libre de todo cargo si los habitantes de esta costa, desesperados, pasan el Uruguay y aseguran del único modo que les queda, su existencia, y propiedades de los asaltos de estos escandalosos salteadores".
En 1826 fue ascendido a capitán.
Reformado por decreto en 1855, en 1873 residía en São Pedro, municipio del estado de São Paulo.
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