| Notas |
- Lily Sosa de Newton, autora del Diccionario de Mujeres Argentinas, expresó sobre Carmen Arolf: "Tuvo una notable actuación en el mundo literario de su época por su importante producción conocida a través del libro y de diarios y revistas". Sus cuentos y leyendas en especial sobre la Patagonia Argentina, fueron elogiados por sus aportes a la toponimia local y tomados como modelos de ficciones de proyección folclórica por autoridades de la talla del antropólogo y médico doctor Gregorio Alvarez y del investigador profesor Félix Coluccio, que en tres oportunidades la cita en su Diccionario folclórico argentino.
Cabe enumerar entre sus libros: Ana Teresa (novela) (1925), Haz de añoranzas (1935), Matices sureños (1936), El hada del Famatina (1937) y Evocaciones argentinas (1948); aparte de comedias infantiles representadas por el grupo teatral Aladino a cargo de la profesora María Lidia Barone del Curto y hasta de su incursión en 1953 en la historieta con Agripín y el caballito veloz que publicaba semanalmente el diario El Pueblo.
Juan José de Soiza Reilly destacó su labor en un ensayo sobre las mujeres escritoras argentinas dado a conocer en Caras y Caretas. Asimismo Carlos Paz la menciona en Efemérides Literarias Argentinas (1999), Nicolás Matijevic en su Bibliografía Patagónica (1973-78) y Mario Tesler la incluyó en su diccionario Seudónimos de autoras argentinas (1997). Pero sobre todo se advierte la valoración por su obra al recorrer la correspondencia que cursó en diferentes momentos con los académicos de letras Gustavo Martínez Zuviría, Carlos Ibarguren, Carlos Obligado, Juan P. Ramos, Eleuterio Tiscornia, Manuel Peyrou; también con Ricardo Rojas, con Ataliva Herrera, el poeta de "Bamba", con el filólogo Aurelio García Elorrio quien incluyó páginas suyas en sus textos de gramática para alumnos del colegio secundario, con el historiador Enrique Udaondo, con Juan Carlos Moreno el autor de Nuestras Malvinas escrito luego de visitar el archipiélago en 1937, con el educador Enrique Julio fundador de La Nueva Provincia en 1898, con el poeta y comediógrafo rosarino Anibal F. Chizzini Melo, con el político y legislador Manuel Carlés, fundador de la tristemente célebre Liga Patriótica Argentina y que curiosamente fue impulsor en el Congreso Nacional de leyes sociales elogiadas por Alfredo Palacios, con el jurista y escritor Enrique E. Rivalora, con el magistrado y genealogista Jorge de Durañona y Vedia, con el doctor Fernando Jáuregui, organizador y director del Museo de Armas de la Nación, con el escritor y político Arturo Jauretche, con el lunfardólogo y periodista José Gobello o con el dramaturgo y director teatral Joaquín de Vedia, que solía memorar su vieja amistad con un tío de la escritora: Felipe Torcuato Black, el poeta de simpatías revolucionarias patentes en el poemario lujosamente editado en París en 1905: Cantos de bronce y concurrente al círculo de los Inmortales a fines del siglo XIX e inicios del XX, en una bohemia artística porteña que revivió Vicente Martínez Cuitiño en su libro El Café de los Inmortales.
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