| Notas |
- Capitán. Vecino de Arequipa. Conquistador y poblador de Esteco. Participó en la comitiva de doña Catalina de Plasencia, mujer de don Gregorio Bazán de Pedraza, cuando llegó a Indias, en su viaje desde la ciudad de Los Reyes (Lima), con destino a Chile. En julio 1570 emprendieron el camino rumbo a Santiago del Estero. La comitiva iba compuesta por Juan González, Manuel de Acuña, Pedro Gómez de Balbuena, Pedro Jiménez, Sancho de Castro y otros vecinos que regresaban a sus hogares desde el Perú volvían. La caravana llevaba "más de treynta cavallos, muchos dellos cargados de armas y ajuar e bajilla de plata e otras muchas joyas e preseas de oro y plata", que todo valdría ?más de diez mill pesos" ? según posterior estimación de doña Catalina. "Catorce o quince cavallos cargados de ropas y mercaderías de Castilla" ? calculó el esclavo Francisco Congo, sin contar las mulas. Echaron por el camino de la cordillera ? relata el padre Lozano -, "y al llegar a Siancas, en una estrechura que llaman el Maíz Gordo, vieron la novedad de estar obstruidos los caminos con palizadas de árboles muy corpulentos, y no se recobraron de la sorpresa, cuando vieron acercarse un tropel de indios enemigos." Bazán y su gente ? testificó Congo ? "pasaban por una espesa montaña con espinos e árboles atravesados?, cuando los indios les salieron al encuentro. Inmediatamente se preparan los españoles para la lucha; el jefe ordenó antetodo que su mujer, su hija y sus pequeños nietos, acompañados del declarante, se pusieran a salvo, huyendo por la parte contraria a la de los atacantes, ?omaguacas y puquiles del valle de Purmamarca". Se trabó una fuerte refriega contra los indios, muy superiores en número, hasta que Bazán cayó de su caballo acribillado a flechazos. Viendo que se desangraba, algunos compañeros lo arrastraron hasta un bosque cercano, donde sin soltar las armas, y perseguido de cerca por los indios, murió peleando. Los demás españoles siguieron luchando y consiguieron salvar sus vidas, aunque todos salieron mal heridos. Gómez de Balbuena perdió un ojo de un flechazo, y los atacantes se apoderaron de todo lo que transportaban sus víctimas. En 1580 residía en la ciudad de Córdoba. [1]
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