Teniente Coronel Camilo Antonio Rodríguez Carrasco

Varón 1827 - 1859  (32 años)


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  • Nombre Camilo Antonio Rodríguez Carrasco  [1
    Título Teniente Coronel 
    Nacimiento 18 Jul 1827  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Bautismo 26 Jul 1827  Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 9 Nov 1859  Quilmes, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [3
    • Asesinado.
    ID Persona I101126  Los Antepasados
    Última Modificación 25 May 2020 

    Padre Martín Rodríguez Rodríguez, (*),   n. 4 Jul 1771, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 5 Mar 1845, Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 73 años) 
    Madre Manuela María de las tres Caídas Josefa Antonia Gumesinda Carrasco Peralta,   n. 12 Ene 1791, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 5 Feb 1875, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 84 años) 
    Casado 5 Jun 1810  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [3
    ID Familia F11058  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Saturnina Álvarez 
    Hijos 
    +1. Camilo Rodríguez Álvarez,   n. Cir. 1854, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     2. Antonio Octavio Rodríguez Álvarez,   n. 25 Abr 1857, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     3. María Saturnina Rodríguez Álvarez,   n. 14 Feb 1859, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 21 Jul 2019 
    ID Familia F201320  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • Nació el miércoles 18 de julio de 1827, siendo bautizado el día 26, en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, actuando como madrina su abuela materna María del Rosario Peralta. Fueron sus padres el Brigadier General Martín Rodríguez y Manuela Carrasco.
      En 1830, con la llegada de Rosas al poder, emigró junto al resto de su familia a la Banda Oriental. En 1840, siendo todavía muy joven, ingresó en el Ejército Libertador que comandaba el general José María Paz, también unitario y antiguo camarada de su padre. Paz había viajado a Corrientes (mientras Lavalle cruzaba con sus tropas a Buenos Aires a través del territorio correntino, sin permiso previo de las autoridades competentes), y se reunió en San Roque con el gobernador Pedro Ferré. A los pocos días, a principios de agosto, fue nombrado general en jefe del ejército correntino. El ejército del general Paz, instalado en la capital, rompió sus marchas el 5 de febrero, rumbo a Villanueva, para establecer su campamento. El 11 de febrero llegó a Mercedes, pueblo en las inmediaciones del campo de Villanueva.
      Es muy probable que Rodríguez se halla encontrado en la batalla de Caaguazú, el 28 de noviembre de 1841.
      En sus ?Memorias?, el después general Tomás de Iriarte mencionaba a Rodríguez en una de las notas tomadas durante la contienda:
      ?Hemos hablado con el oficial, Dr. Camilo Rodríguez que salió del ejército correntino, acampando en Villanueva, el 9 de julio. Las siguientes son las noticias que él nos ha recogido, y tienen el carácter de autenticidad.
      El ejército consta y tiene reunidos de 5 a 6.000 hombres, sin contar 3.000 que están con licencia en sus hogares; 800 infantes, más un batallón que guarnece la capital; 12 piezas de artillería de hierro y bronce de varios calibres; un buen pie de instrucción y disciplina, y medianamente armado; llegaban continuamente remesas de armas y municiones de San Pedro del Sud, estos artículos se adquirirían por medio de la venta de caballos, que son en Corrientes muy abundantes; se aseguraba en el ejército que se abriría la campaña sobre Entre Ríos en la próxima primavera.
      Las relaciones con el Paraguay eran amistosas, pero no había ningún pacto, ningún tratado; el general Paz encargó al oficial Rodríguez que asegurase que él (Paz) le había dicho que pronto se tendrían buenos resultados en la negociación pendiente con el Paraguay.?
      Por esta época Rodríguez fue ascendido a sargento mayor.
      Es probable que haya estado involucrado en la revolución del 11 de septiembre de 1852.
      Por aquel entonces, el general Hilario Lagos se puso de acuerdo con otros antiguos jefes federales, y el 1º de diciembre de 1852 estalló una revolución contra el gobierno porteño. Contando con casi todas las fuerzas de la campaña, los sublevados atacaron la capital, pero fueron rechazados por las fuerzas leales a Mitre. Entonces Lagos puso sitio a la ciudad, controlando incluso varios barrios porteños. El general Ángel Pacheco, entretanto, organizó la defensa.
      El teniente coronel Nicasio Biedma se estableció inmediatamente en la Plaza de la Concepción, donde se atrincheró el 2º de Guardias Nacionales, y pocos días después se incorporó 1º, cuya oficialidad se componía de jóvenes distinguidos en su mayor parte. El mayor Camilo Rodríguez y el capitán Avelino Susviela se incorporaron al teniente coronel Biedma, siendo el germen de lo que después sería el escuadrón denominado ?Voluntarios del Orden?, y posteriormente Guerrilla 5º de Caballería, que quedaría al mando del mayor Rodríguez.
      A fines de febrero de 1853, en la madrugada, ocurrió un serio encuentro con el enemigo en el llamado ?Hueco de las Cabecitas? (hoy plaza Vicente López).
      Con motivo de la descubierta que fue a practicar Rodríguez a la cabeza de su escuadrón, logró lancear y arrollar al enemigo, y envalentonado con el triunfo lo persiguió y acuchilló hasta avanzar muchas cuadras por fuera de la línea. El vigía del centro anunció entonces que una gruesa columna enemiga marchaba en protección de sus aliados dispersos, y al mismo tiempo el jefe del batallón 3º de Guardias Nacionales recibió orden de salir inmediatamente para interceptar aquella fuerza y entretenerla mientras llegaban nuevos refuerzos. El mayor Francisco Goyena mandó a Julio Núñez a transmitir con toda celeridad la misma orden y él se colocó al centro de la línea: en esa disposición se marchó algunas cuadras, ganando terreno, y rechazando a las partidas que aparecían a su frente, hasta que llegadas las tropas de línea fueron relevados, avanzando la columna, y protegiendo oportunamente al comandante Rodríguez se obtuvo un éxito total.
      Las hostilidades se renovaron el 14 de abril. En la mañana del 18 las fuerzas acantonadas en la plaza hicieron una descubierta general al frente de toda la línea, desalojando a los enemigos de sus posiciones. La guerrilla del mayor Galán fue destinada a descubrir la izquierda hasta la calle que conducía a la esquina de Pérez, mientras el mayor Rodríguez ocupaba el centro hasta el Hueco de los Sauces y el mayor Musiera sostenía la derecha.
      El 13 de mayo se libró un combate en el Hueco de los Sauces, a fin de desalojar a los enemigos que lo ocupaban. El teniente coronel Emilio Mitre, encargado del mando de la extrema derecha, compuesta del Batallón Nº 2 de línea y de la guerrilla Nº 5 al mando de Rodríguez, recibió del Jefe de Estado Mayor, el entonces coronel Bartolomé Mitre, la orden de avanzar con decisión, tomar al enemigo por el flanco y cargarlo, en la confianza de que sería apoyado eficazmente por las demás fuerzas, cuya incorporación debía buscar corriéndose sobre su izquierda, después de haber conseguido su objetivo principal.
      El teniente coronel Mitre y el sargento mayor Rodríguez marcharon al ataque, dice el parte de aquella jornada, con la fe incontrastable del triunfo que animaba a los defensores de la capital, poniendo al enemigo en completa dispersión en el Hueco de los Sauces, tomándoles su artillería, parte de su armamento, caballos ensillados, prisioneros y matándoles a lanza y bayoneta como treinta hombres de las tres armas.
      Los partes de Emilio Mitre y de Rodríguez sobre este tercer ataque demuestran la superioridad de las fuerzas defensoras y el extraordinario valor de sus jefes y oficiales.
      La columna marchó por la calle de Europa llevando a vanguardia un escuadrón de caballería al mando de Rodríguez, que llevaba la orden de cargar al enemigo cuando lo indicara el toque de corneta. Luego que la caballería llegó a la calle que atravesaba los fondos de la quinta de Rivadavia en dirección al Hueco de los Sauces, se mandó tocar a la carga, lo que Rodríguez efectuó a la cabeza de su escuadrón con un denuedo y arrojo dignos del mayor elogio, sostenidos por el batallón del teniente coronel Mitre, que marchaba al trote sin que los contuvieran el vivo fuego de fusil y la metralla de una pieza de artillería que los enemigos tenían situada en aquel punto, esperándolos a pie firme y haciendo fuego a boca de jarro.
      El mayor Rodríguez dio ese día asombrosas pruebas de valor. Arrojándose personalmente con unos pocos hombres sobre el cañón enemigo, llamado ?Chimborazo?, cuando acababa de disparar el último tiro, dejó tendidos a lanzazos a los artilleros que lo defendían, quedando en su poder la pieza con la dotación y algunos paquetes de fusil a bala que se hallaron en el armón.
      Este valeroso hecho llenó de admiración al pueblo de Buenos Aires, fijando definitivamente la reputación militar del joven Camilo Rodríguez como uno de los primeros soldados de la defensa, caracterizado por su valor y decisión en la noble causa que defendía.
      El capitán de caballería Francisco Seguí arrastró a brazo la pieza de artillería tomada al enemigo, mientras Rodríguez se ocupaba de perseguir y acuchillar por dentro de los cercos a los dispersos, que huían despavoridos en todas direcciones.
      El Gobierno reconoció como debía el importante mérito contraído por el sargento mayor Camilo Rodríguez, confiriéndole el grado de teniente coronel por su participación en aquella jornada.
      En la edición Nº 2 de ?Aniceto el Gallo?, periódico escrito por Hilario Ascasubi, y fechado el 25 de mayo de 1853, el autor se refirió al episodio ocurrido el 13 de mayo, en el brindis que el 16 pronunció en la comida ofrecida a Rodríguez: En este brindis se dijo: ?A salú del escuadrón / y del señor comandante / que se llevó por delante / el día trece un cañón / y del criollo guapetón / que al tiro le prendió el lazo / pues debe ser fuerte el brazo / que tal armada logró, / como el pingo que arrastró / a la chincha del Chimborazo?.
      En la noche del 31 de mayo los enemigos dieron principio a la construcción de una trinchera en los potreros de Langdon, y al descubrirlo el general Paz en la mañana del 1º de junio, lo comunicó a su jefe de estado mayor, quien al día siguiente inició el reconocimiento de la posición por las inmediaciones de la quinta de Balcarce con una columna formada por el 2º de infantería, el escuadrón de caballería que mandaba el comandante Rodríguez y las guerrillas de Juan Henestrosa y Liborio Musiera.
      Estas fuerzas se dividieron en dos columnas a fin de atacar al enemigo por el frente y la izquierda y, mientras el 2º de infantería se disponía a esperar el momento oportuno para lanzarse a la acción sobre pie de la barranca de Balcarce, el coronel Mitre se adelantó con la caballería, manteniendo fuertes guerrillas con el enemigo.
      El 2 de junio de 1853, a las ocho de la mañana, el coronel Mitre se dispuso a salir de la ciudad, para realizar un reconocimiento ofensivo sobre algunas fortificaciones que estaban construyendo los sitiadores. Llevaba a sus órdenes, como jefe de las unidades que integran la columna a su mando, a su hermano Emilio, al teniente coronel Rodríguez, a los sargentos mayores Henestrosa y Musiera y al capitán Benito Nazar.
      Antes de poder atacar de manera efectiva las fortificaciones adversarias, la columna tenía que atravesar un lugar conocido como ?el campo de nadie?, que comprendía la zona ubicada hacia el sudeste de la actual estación Constitución. Fue precisamente mientras comenzaban a movilizarse por este lugar, cuando un graneado fuego de fusilería los puso en guardia y en la necesidad de proceder con cautela, hasta que los alcanzara la artillería, que se encontraba retrasada, para que también pudiera tomar parte en el combate.
      Pero la artillería tardaba, y el momento se tornaba angustioso, pues no existía ninguna posibilidad de superar la situación creada sin que interviniera aquella. En estas circunstancias, Mitre y sus ayudantes buscaron un punto de observación, deteniéndose al borde de un barranco desde donde podían seguir las alternativas de la lucha y dar las órdenes correspondientes. El lugar era muy adecuado para todo eso, pero tenía el inconveniente de ofrecer demasiado blanco, y de estar, inclusive, al alcance de los fusiles del enemigo. A poco de haberse instalado en el borde del barranco, los sitiadores los descubrieron ?comenzando contra ellos un fuego graneado que intranquilizó a todos menos a Mitre, que seguía impávido el combate desde su caballo?. No se hizo esperar el castigo a la imprudencia o a la temeridad; un proyectil de fusil dio en la frente del jefe, incidiendo en la escarapela del kepi, que perforó el galón, los paños y los contrafuertes que dan forma a la prenda militar, pero seguramente sin encontrar un plano de resistencia, ya que siguió una trayectoria irregular. Mitre se retiró inmediatamente del campo de batalla.
      En la formación militar del 9 de julio el teniente coronel Rodríguez desfiló al frente de sus Coraceros.
      Levantado el sitio de la ciudad, el 12 de julio de 1853, pasó al Regimiento Coracero de la Guardia del Gobierno, cuyo mando asumió de forma efectiva el 1º de marzo de 1854. Después, el 9 de mayo, se le confió la organización del cuerpo Voluntarios del Plata.
      Fue designado comisario pagador de los departamentos norte y centro, y en octubre del mismo año ocupó ese mismo cargo para todos los cuerpos de la campaña.
      En 1854 marchó a campaña bajo el mando del general Manuel Hornos. Asistió a la batalla de Tala, el 8 de noviembre de 1854, mandando su escuadrón junto con el sargento mayor Manuel Sanabria.
      Reorganizado en el año 1855 por el Gobierno del Estado de Buenos Aires, el Nº 3 de Caballería guarneció la frontera norte de la provincia, sucesivamente al mando del coronel Eustaquio Frías y de los tenientes coroneles Camilo Rodríguez, Adolfo Cortina, Benito Villar y Emilio Vidal.
      Bajo la presidencia de Urquiza, que había sido designado jefe del estado por el Congreso el 20 de febrero de 1854, se realizaron las elecciones para elegir gobernador de Buenos Aires el 30 de marzo de 1857. Se enfrentaban federales y liberales; y si triunfaban los primeros, Buenos Aires se reincorporaría a la Confederación, mientras que el triunfo de los partidarios de Mitre, significaría postergar la unidad nacional.
      El 25 de enero de 1857, desde Rojas, Francisco Roca escribía a Mitre: ?He visto pasar la fuerza que condujo el teniente coronel don Camilo Rodríguez; me ha reanimado el espíritu de disciplina en sus oficiales y soldados; pero temo mucho el contagio, tan susceptible en estos casos.?
      En elecciones que fueron caracterizadas por muchos como fraudulentas, triunfó el Partido Liberal, y el 3 de mayo de 1857, Valentín Alsina fue designado por la Asamblea porteña para ocupar la gobernación.
      El 20 de julio de 1857 Rodríguez asumió el mando del 3° de Dragones.
      En las elecciones llevadas a cabo el 25 de marzo de 1858, los federales se abstuvieron de participar, posiblemente confiados en la acción militar de Urquiza; pero los triunfadores no se conformaron con esperar, sino que comenzaron a actuar, y una forma de hacerlo fue suspender a empleados civiles y militares que podían servir de apoyo a un Urquiza triunfante, así como obligar a salir de la ciudad a elementos ponderables de la oposición.
      Como la mayoría del pueblo de Buenos Aires tenía afinidades con el partido federal, las autoridades temían que una vez abiertas las hostilidades, aquél aprovecharía la oportunidad para conquistar el poder. El temor no era infundado pues ya se habían iniciado los trabajos, y tanto fue así, que en abril de 1859 y a raíz de su adhesión a una publicación en la que se pedía la unión nacional, suscrita por personas distinguidas, el gobierno resolvió apresar a muchos dignos ciudadanos y dio de baja del ejército a los generales Manuel Escalada, José María Pirán, Tomás de Iriarte, Gervasio Espinosa y a los tenientes coroneles Camilo Rodríguez, Juan Andrés del Campo y José N. Pelliza y se destituyó a los doctores Mariano Marín y Luis Gómez, ?por haberse asociado a actos que tienen por objeto desvirtuar la acción saludable de las leyes y de las sentencias de los tribunales constituidos por ellas?.
      ?Por lo tanto, el Gobierno ha venido en resolver - rezaba el decreto -: 1º - Que los mencionados generales queden suspendidos de su empleo desde la fecha en que suscribieron el papel a que se ha hecho referencia, y que desde el día se les deje de pasar el santo y la orden general, hasta tanto que la asamblea general resuelva lo que corresponde. 2º - Que igualmente sean suspendidos de sus empleos el teniente coronel don Camilo Rodríguez y el sargento mayor con grado de teniente coronel don Juan Andrés del Campo, que suscribieron igualmente el referido papel.?
      El hacendado Fernando Alfaro desempeñaba el cargo de juez de paz y prefecto de policía del partido de San Vicente cuando se produjo la batalla de Cepeda y el sitio de Buenos Aires por las tropas del general Urquiza en 1859. El sitiador ordenó el reemplazo de los prefectos pero Alfaro, adicto al mitrismo, permaneció en su cargo hasta que fue depuesto y reemplazado por el mercenario y bandido Coriolano Márquez en noviembre de 1859.
      Alfaro, tras ver su casa saqueada, llegó a huir en compañía del teniente coronel Rodríguez, Adolfo Chueco, Pedro Esquivel y Felipe Olivera con el objetivo de embarcarse en las playas de Quilmes rumbo a Colonia del Sacramento.
      El grupo legó a Quilmes el 8 de noviembre; Coriolano Márquez al día siguiente. Este había reclamado un cajón de armamento y un fardo de equipo, que ya había recibido Rodríguez, del prefecto Alfaro. Márquez reunió en Quilmes cerca de 600 hombres, y con esa fuerza entró al pueblo. Mandó a prender a Camilo Rodríguez, a Alfaro, y a dos o tres más, y entregándolos a un oficial le ordenó que los condujera por el camino de San Vicente, pero que los fusilara antes de llegar a destino, orden que fue ferozmente cumplida, recibiendo Rodríguez antes del suplicio varias lanzadas por la espalda, por haber intentado huir. Fueron fusilados el martes 9 de noviembre de 1859. Los asesinos huyeron.
      En la noche del 10 llegó a Quilmes el padre Mariano Marín, con un piquete de 25 hombres, acompañado por el coronel Laprida: Marín se trasladó a la casa donde se velaba el cadáver de Rodríguez, y salió de allí pidiendo que fuese preso Márquez y sometido a juicio; siendo este jefe detenido y conducido ante Urquiza, quien lo entregó a un tribunal competente.
      Camilo Rodríguez fue sepultado el 13 de noviembre en el Cementerio General, previa licencia del cura párroco que dejó registrado en la partida de defunción que el muerto había sido ?asesinado en el campo?.
      De su matrimonio con Saturnina Álvarez tuvo tres hijos: Camilo, nacido en 1854; Antonio Octavio, bautizado el 21 de agosto de 1857 y María Saturnina, el 25 de abril de 1860.
      Su viuda pidió pensión a la Legislatura y su solicitud fue tratada en la sesión del 22 de mayo de 1861. Finalmente les fue otorgada a ella y a sus hijos, con el agregado de ser nietos del benemérito Brigadier General Martín Rodríguez. [3]

  • Fuentes 
    1. [S878] Argentina Baptisms, 1645 to 1930, www.familysearch.org.

    2. [S378] Espel Polisena, Juan Ignacio, Espel Polisena, Juan Ignacio, (juaniespel(AT)gmail.com), https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-XR3R-74?i=608&cc=1974184&personaUrl=%2Fark%3A%2F61903%2F1%3A1%3AXN3N-DL8.

    3. [S378] Espel Polisena, Juan Ignacio, Espel Polisena, Juan Ignacio, (juaniespel(AT)gmail.com).