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El proyecto de monarquía americana... (Parte II)

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MaloBueno 

 

por J. Santiago Castillo – Illingworth

(Leer aqui la primera parte de este artículo)

¿Reconquista o Instauración?

Opina el Internuncio, que la reconquista de América por parte de la Corona española, aunque posible,  no es conveniente porque movería a celos a las demás potencias europeas, en la medida en que afectaría el comercio, que desde la independencia, los países de Europa realizan libremente con América;  el liberalismo económico que impera en occidente en el siglo XIX no podría tolerar unas restricciones comerciales, producto de la dominación política, más aun, cuando esas relaciones se han institucionalizado ya, dando resultados económicos apreciables tanto para los comerciantes singularmente considerados, como para las economías de los países que directamente intervienen en ella:  “por tanto, en el caso de intentar una reconquista, no solo los comerciantes sino las Cámaras, especialmente de Francia e Inglaterra, y todos los escritores públicos alzarían su voz”  (1);  incluso se llegaría al caso, en opinión siempre de Baluffi, de que los monarcas europeos se vieran en la necesidad de defender, directa o indirectamente a las repúblicas americanas y su independencia (2).

Mientras el liberalismo de principios de siglo, con el pretexto de las libertades de los pueblos americanos, coadyuvaron con hombres, armas y dinero a la causa de la independencia, con el único interés de defender la libertad de comercio, ahora no tendrían pretexto que oponer al establecimiento de reinos nuevos, regidos por miembros de diversas Casas reinantes (3).  Por lo demás, la idea de distribuir los nuevos reinos a miembros de varias Casas soberanas, presenta varias ventajas:  supone un timbre de honor para la nación que llegue a poner un rey en América, conserva la utilidad de la libertad de comercio y destruye ese foco libertario que tan funestas consecuencias podría producir contra las monarquías europeas.  Baluffi es de la idea de que un proyecto semejante sería eficacísimo para destruir las maniobras del liberalismo contra la institución monárquica: “...destruyendo esta mecha de libertad, que puede ser tan fatal para Europa si pronto no se aplasta, este proyecto, digo, encontraría fácilmente apoyo en todos los gabinetes, en todos los hombres sensatos, en los escritores de buena fe y podría con muy poca contradicción destruir las maniobras del liberalismo” (4).

Por lo que hace a América, está convencido de que la sola idea de la reconquista sería fatal para la causa de Carlos V:   los partidos normalmente opuestos entre si, se unirían para defender la libertad americana;  incluso aquellos que desean la monarquía, se verían obligados a abrazar el republicanismo para defender la causa nacional.  Los pueblos americanos lucharon por obtener la independencia de España y lucharán ahora unidos para sostener la independencia.  La experiencia relativamente reciente, a la época del informe, de la expedición de Morillo, enviado por Fernando VII para sujetar a las colonias, es lo suficientemente cruel y triste, como para que los americanos estén dispuestos a soportarlas otra vez.  “La opinión republicana en América entonces había cesado – apunta Baluffi – la república había caído en el mayor descrédito, pero esa inhumanidad del todo impolítica y más que todo injusta e irracional, hizo revivir el espíritu republicano, y lo alimentó.  Sin eso las Repúblicas no existirían y serían todas colonias de España” (5).

Prosigue su análisis observando que las condiciones geográficas y topográficas de América no son en absoluto adecuadas para los ejércitos europeos, no acostumbrados a las selvas tropicales, las altas cadenas de montañas, la falta de caminos, los enormes y caudalosos ríos, inmensos territorios prácticamente despoblados, con lo que eso supone de falta de avituallamiento: estas condiciones fatales para los europeos, son ventajas para los americanos (6).

La lucha por la reconquista produciría además dos graves males;  uno inmediato que consistiría en  “...una larga y terrible guerra, y con ella la ruina final de estos países, en lo moral, en la agricultura, en la pobreza, en el extravío de la opinión y Carlos V reinaría sobre las más escuálidas regiones” ;  el otro mal, a más largo plazo “..sería la imposibilidad de conservar tal dominio.  El fuego estaría escondido por algún tiempo, pero reprimido se convertiría en un volcán, que antes o después estallaría impetuoso”.  

El análisis del resultado final de la eventual reconquista va más allá, teniendo en cuenta la realidad americana previa a la independencia:

“Los principios políticos ahora vigentes, tan opuestos a los de dos o tres siglos atrás, diseminarían el descontento entre el pueblo:  Entre otras cosas no querrán ser gobernados por un Virrey amovible y por lo tanto casi siempre déspota; no  sufrirían tener un Rey que vive en otro mundo, ni que de tierras lejanas viniesen ordenes para su gobierno;  mucho menos soportarían que los españoles obtuvieran los empleos debidos a los nativos de América, lo que a tanta distancia de la metrópoli sería una necesidad;  estas y muchas otras razones (...) harían que bien pronto el Rey Católico perdiera el fruto de la sangre derramada, del dinero gastado y de tantos trabajos” (9). 

El proyecto de instauración tal como lo concibe Baluffi, supone como condición de éxito la conservación de la independencia de América, bien que bajo otra forma de organización política,  y por lo tanto el mantenimiento de las nuevas nacionalidades. No encuentra obstáculos serios para el éxito del proyecto ni en los políticos republicanos, ni en los militares:  en los primeros porque no solo que la experiencia de la república ha resultado desastrosa, sino porque al acabar el nuevo régimen con el sistema de partidos,  aquellos que han medrado de la revolución no se verían molestados ni en sus bienes, ni en su vida;  por lo que hace a los militares, habiendo disminuido notablemente el número de los llamados Libertadores,  podrán ser atraídos fácilmente a la causa monárquica por medio de los honores y empleos que los nuevos monarcas deberán conferir  “a los menos malos y a los más influyentes de estos” (10).

Las repúblicas americanas frente a la monarquía en opinión de Baluffi

Realiza Baluffi un análisis somero del estado de las diversas repúblicas americanas y del eco que en ellas encontraría la idea de una instauración monárquica:

Respecto a la república mexicana anota que, en 1837, se ve fuertemente combatida por la revolución de Tejas y por el partido de Santa Ana,  por lo demás su tendencia a la monarquía ha sido proverbial, al punto que la Constitución entonces vigente, facilita enormemente la salida a la fórmula monárquica (11).

La Confederación Perú – Boliviana, está gobernada por el Protector Santa Cruz, que es casi un monarca.  Su afición a los hombres cultos y a los extranjeros, lo convierten en presa fácil de las ideas monárquicas si se lo sabe manejar con habilidad (12).

Estas dos repúblicas son en opinión del Internuncio, las principales de América, cuyo ejemplo sería seguido sin mayores dificultades por las otras menores:  en ambas hay muchos nobles y gran afición a las órdenes de caballería;  por lo demás “...el orgullo de los ricos no puede sufrir la igualdad republicana, y anhelan la grandeza y las distinciones del Imperio” (13).

La Confederación Argentina por su parte, está gobernada prácticamente por un solo hombre:  Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires, revestido del título de restaurador de las leyes. Las guerras internas han debilitado mucho a la Confederación,  la república del Río de la Plata ha declarado la guerra a Santa Cruz,  produciéndose el hecho, previsto ya por el Internuncio, de que los soldados argentinos destinados a los confines con Bolivia se pasen al bando de Santa Cruz, haciendo perder credibilidad a Rosas en la opinión pública y favoreciendo por lo tanto a un cambio de régimen (14).

Chile también se encuentra en un momento favorable para un cambio de timón: asesinado Portales, decidido el gobierno a hacer la guerra a la Confederación Perú – Boliviana, contra la opinión de buena parte del ejercito, fácilmente estará dispuesta a abrazar una causa que le asegure el orden y la estabilidad. “Las continuas hostilidades entre estos pueblos – sentencia Baluffi – destruyen en ellos la opinión republicana, los hace reconocerse a si mismos como niños, del todo inhábiles para el gobierno, y vuelven odioso un sistema para el cual deben inútilmente derramar continuamente sangre y sufrir pérdidas cuantiosas”  (15).

Centroamérica y en concreto Guatemala, ha estado siempre envuelta en la guerra civil;  por lo demás, el cólera - morbo ha diezmado considerablemente su población:  “¿Qué cosa más hacedera entonces que obtener que esta República se vuelva devota de un Rey, que conservando la independencia, le permita el olvido del pasado, la conservación de la paz y las ventajas de las artes y del comercio?”  (16).

“El Ecuador es la República más infeliz de todas...”. Refiere Baluffi, que las únicas personas de mérito en el Ecuador son el presidente Rocafuerte y el general Juan José Flores, primer presidente de la república, quién a su entender “...cuando lo desee, puede dominarla a su arbitrio”. Militar lleno de ingenio y orgulloso al decir del Internuncio, es aficionadísimo a su familia y deseoso de gozar en paz de los bienes adquiridos, “... por lo que fácilmente puede ser persuadido o comprado  a favor de la buena causa.”  (17)

Venezuela, “..que siempre estuvo en el pasado sujeta por las revoluciones y donde me parece que muy pronto está por estallar otra, posee, es verdad, los más feroces, incansables y aguerridos soldados de toda América” (18).  Gobernada por entonces por el general Manuel Antonio Páez, que cuenta con el apoyo incondicional de sus soldados,  el malestar existente contra el sistema imperante, hará que caiga la república.  Páez, en opinión de Baluffi puede ser fácilmente vencido con promesas de honores y dignidades.

Uruguay y Paraguay en el decir del Internuncio, no cuentan:  no pueden oponer la menor contradicción.

Por lo que hace al clero “...que por muchísimo tiempo influyó para sostener la causa de la independencia, ahora, oprimido por los Gobiernos, perseguido, empobrecido, sería, como lo he dicho otras veces, el más sólido apoyo para la erección de varias monarquías” (19).

 (continúa en Parte III)

  

Notas

(1) D. 322.

(2) Sobre el problema del libre comercio como causa determinante de la independencia americana  y las diversas fórmulas adoptadas por España para facilitarlo, vid. D. Ramos, Los americanos ante los problemas de su tiempo, en vísperas del desencadenamiento del proceso emancipador en Historia General de España y América, T. XIII, Emancipación y nacionalidades americanas, RIALP (Madrid 1992) pp 29 – 45. A. Martínez de Velasco, España, 1808 – 1833, cap. VII, en Manual de Historia de España,  Vol. V,  Historia 16  (Madrid 1990)

(3) “L´odierno liberalismo poi muoverebbe tutte le sue furie. Sebbene fosse altro lo spirito che commosse i liberali europei nel 1810 e negli anni successivi a proteggere la rivoluzione americana, nondimeno la ragione della libertà di commercio si fece prevalere presso tutte le corti, e singolarmente in Inghilterra.  Ese allora i liberali europei non solo mandarono qua uomini, che guerreggiassero per la libertà americana, ma col pretesto dell´utile del traffico ottennero dalle ricche case di commercio di qua mandare immense somme di denaro, ed armi, e minizioni:  assai più facilmente, e con più sicuro effetto ora lo tentarebbero, essendo molto più agevole conservare adesso a questi popoli l´acquistata libertà, che allora non fu il fondarla e stabilirla.  (...) il liberalismo d´Europa non potrà ora coprirse della maschera della libertà di commercio,  qual maschera non può adottarsi nel mio progetto di erigersi varii Regni;  in tal caso le altre ragioni, che esso addurrà, onde porgere aiuto a questi suoi fratelli republicani, saranno sempre di poca forza, e non potranno certo influire nè sulla publica opinione, nè nei consigli dei Re” D. 322.

(4) D. 322.

(5) Ibídem. Cfr. D. Ramos, "El proceso de regreso de Fernando VII a España en el proceso emancipador:  las expediciones marítimas en Historia General de España y América", l.c., pp. 269 – 292.  Según los datos que aporta Ramos, la expedición de Morillo constaba de 500 Oficiales y 10.000 soldados, 18 barcos de guerra y 42 transportes; y se pregunta el autor ¿Quién inclinó decisivamente al Rey hacia esa solución, sin haber pensado en otra medida mejor de entendimiento con los que en Nueva Granada, en el Río de la Plata o en Chile habían sostenido justas causas para llegar al autogobierno?”.  El Internuncio se refiere sin duda a las atrocidades del sitio de Cartagena, que se inició en agosto de 1815:  Cartagena resolvió morir antes de rendirse y así resistieron el sitio “...al pasar los días y desaparecer los víveres, apelaron los defensores a comer carne de caballo y de burro, como también consumieron todos los perros y gatos de la plaza, pues solo podían encontrar para el sustento raíces, hojas de parra y hierbas.  (...) el 5 de diciembre fueron enterradas 180 personas (...) al fin, las tropas de Morillo entraban en la plaza, cuando esta se había convertido en un vasto cementerio, pues por todas partes se veían hacinados los cadáveres (...) durante el sitio habían muerto 3125 personas y gran parte del ejército sitiador fue víctima de las enfermedades tropicales.”

(6) Estas mismas razones son las que provocaron la queja del virrey Abascal, cuando se enteró de que la expedición de Morillo se dirigía a las costas de Venezuela, en lugar de ir al Río de la Plata: mientras Baluffi observaba la realidad humana y topográfica desde los Andes colombianos, y teniendo experiencia de las tierras bajas de los trópicos, Abascal tenía en mente las extensas pampas argentinas y el escudo protector de los Andes a sus espaldas. Vid. D. Ramos, "El proceso de regreso de Fernando VII a España..." cit.

(7) D.322.

(8) Ibídem.

(9) Ibídem.

(10) Ibídem.

(11) Vid., J. Delgado, "España y México en el s. XIX, 1820 – 1830" (Madrid 1950); Marta González Quintana, Nueva España en la época del imperio mexicano, en Historia General de España y América, T. XIII, Emancipación y nacionalidades americanas, RIALP (Madrid 1992) pp 339 – 367; O. Gil Munilla, Iturbide, el sentido de la emancipación americana, Anuario de Estudios Americanos, 23 – 24, (Sevilla 1953);   W.H. Callcott, Santa Anna: The Story of an Enigma. Who Once Was México.  University of Oklahoma Press (1936); C. Vázquez Mantecón, Santa Anna y la encrucijada del Estado. La Dictadura 1853 – 1855  (México 1986).

(12) Sobre la historia contemporánea a  la independencia de Perú y Bolivia y en especial sobre la Confederación Perú – Boliviana, cfr. A. Arguedas, Historia de Bolivia:  los caudillos letrados, la Confederación Perú – Boliviana, Ingaví o la consolidación de la nacionalidad, 1828 – 1848, (Barcelona 1928);  J.R. Echenique, Memorias para la historia del Perú (1808 – 1878) (Lima 1952) J. Basadre, Historia de la República del Perú, 10 vols. (Lima 1962-64).

(13) D. 322.

(14) Sobre los proyectos de organización de la república en la época de la independencia, vid. D. Ramos, El movimiento de “supervivencia” de mayo de 1810 en Buenos Aires y sus repercusiones en el interior y en la Banda Oriental,  en Historia General de España y América, T. XIII, Emancipación y nacionalidades americanas, RIALP (Madrid 1992) pp. 165 – 180;  C. García Belsunce, El proceso de la emancipación argentina, ibídem, pp 541 – 565. C.A. Floria y C.A. García Belsunce, Historia de los Argentinos Ed. Larousse (Buenos Aires 1992);  F. Luna, Historia Integral de la Argentina,  Editorial Planeta (Buenos Aires 1996).

(15) D. 322.

(16) Ibídem.

(17) Sobre el general Flores y en particular sobre su intento de restauración monárquica son sumamente sugestivas las obras citadas en la nota 1:  El rey de la noche  de Van Aken y Una tentativa monárquica en América de Ana Gimeno. Vid. G. Vazconez, El General Juan José Flores. La República 1830 – 1845, (Quito 1984);  J. Villalba,  El General Juan José Flores, fundador de la República del Ecuador, (Quito 1993).

(18) D. 322.

(19) Ibídem.