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El proyecto de monarquía americana en la correspondencia del Internuncio Gaetano Baluffi. 1837 (Parte I)

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por J. Santiago Castillo-Illingworth

Los proyectos de restauración monárquica en América  - o de instauración, según se vea -  son hasta bien entrado el siglo XIX, una realidad de la que pocos en su época se atrevieron a hablar directamente y de la que, hasta hace relativamente poco tiempo, casi no se había escrito (1).  Quizá la sola idea de que luego de las largas y dolorosas luchas por la independencia se volviera a pensar en traer la monarquía a América como forma de gobierno, produjera rubor en muchos, una especie de sonrojo por lo que podría parecer un deshacer lo andado, el reconocimiento quizá de la poca reflexión con que los pueblos americanos se lanzaron a buscar su propia manera de vivir y de construir su futuro, sin contar apenas con una estructura política, administrativa o económica adecuada, o en última instancia el temor de parecer retrógrado en medio de una sociedad que pretendía estar a la última en materia de ideas políticas y organizativas, aparte del hecho cierto de que tres siglos de tradición monárquica dejó necesariamente un surco profundo en la mente de muchos de los hombres de la época, a los que otra forma de gobierno parecería idea descabellada o al menos temeraria.  

Pero es un hecho que las ideas de restauración de la antigua monarquía española o de instauración de monarquías nuevas – sobre todo estas últimas -  estuvieron presente en la mente de muchos, americanos y extranjeros, tanto en el momento mismo de la lucha por la libertad - el caso quiteño es en ese aspecto típico, así como el más tardío del Río de la Plata – como en los años posteriores a la independencia (2).  Su rastro, unas veces con claridad meridiana, otras velado por las razones que hemos apuntado,  aparece en los documentos de la época, al punto de que en los últimos años son algunos los autores que se han detenido a estudiar esa realidad.

La idea de la forma monárquica de gobierno, fue planteada al principio tanto como un intento de resolver el problema de la guerra misma, como para solucionar la cuestión del reconocimiento internacional de los nuevos Estados, como bien anota Ana Gimeno (3).  Más adelante, pero dentro también del ámbito temporal de la independencia,  la idea monárquica tuvo como razón principal la de dar solidez a las nuevas repúblicas, haciendo las veces de puente de unión entre la monarquía española  y aquellos regímenes que tendrían como protagonistas a los generales victoriosos de las guerras de independencia (4).

Obtenida la independencia, aquellos que lucharon por ella se vieron muy pronto defraudados en sus esperanzas;  la precariedad de la economía, las luchas intestinas entre los mismos caudillos de la independencia, los mil y un problemas a los que se vieron abocadas las nuevas naciones, fue creando un sentimiento generalizado de pesimismo que se refleja en toda su crudeza en la carta que escribió Bolívar al general Flores pocas semanas antes de morir:

“...Ud. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1ª La América es ingobernable para nosotros;  2ª El que sigue una revolución ara en el mar;  3ª La única cosa que se puede hacer en América es emigrar;  4ª Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas;  5ª Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos;  6ª Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América”. (5)

En muchas de las cancillerías europeas reposan documentos que prueban no solo la existencia de planes monárquicos concretos, sino que - y quizá esto es lo más sorprendente – permiten señalar un amplio arco de tiempo en el que esas ideas estuvieron presentes en la mente de muchos políticos americanos.  La amplitud e insistencia de estas tentativas pueden sin duda ayudar a desentrañar muchos datos acerca de la complejidad y de la a veces torturante realidad, de unas repúblicas que pugnaban por afirmar su personalidad en medio de tremendas tensiones internas, provocadas por los personalismos, las revoluciones, el caudillismo, la pobreza, la desorganización, la falta de rumbo claro, por solo apuntar unas cuantas razones.

Los informes del Internuncio Apostólico

Entre la abundante correspondencia de monseñor Gaetano Baluff (derecha) (6), el primer Internuncio Apostólico enviado a la América Meridional, con jurisdicción sobre toda la América meridional, con exclusión de Brasil y los territorios sujetos a Propaganda Fide (7), conservada en los archivos de la Santa Sede, hemos encontrado varios despachos en los cuales el diplomático pontificio refleja por una parte lo que él percibe en el ambiente político americano, y por otra su personal modo de entender la situación y el camino que las nacientes repúblicas deben tomar para salir adelante con ventaja.  De entre esos documentos hemos entresacado dos, ambos escritos en 1837, es decir a poco más de diez años de distancia de las grandes guerras de independencia comandadas por Bolívar y sus lugartenientes, a siete apenas de la disolución de la Grancolombia, y en la inmediatez de los primeros reconocimientos hechos por la Santa Sede de la soberanía de las nuevas repúblicas americanas (8).

El momento político en que se escriben los informes, es particularmente tenso, tanto en América como en Europa y en particular en España, convulsionada por las luchas dinásticas, en las que la Santa Sede aun no tomaba un definitivo partido, y que enfrentaban a doña Isabel, hija y heredera de Fernando VII, con su tío el Infante don Carlos María Isidro, al que el Internuncio se refiere constantemente como Carlos V (9).  Por lo que hace a las repúblicas americanas sujetas a la jurisdicción del diplomático, casi todas ellas se tambaleaban, traídas y llevadas por los caudillos y los partidos de nuevo cuño, que pretendían sentar sus reales tras la desaparición de Bolívar de la escena política;  por lo que hace a la situación concreta de la Nueva Granada, Baluffi señala:.

“Una pandilla de jóvenes desenfrenados se ha posesionado de los empleos: en la Cámara de Representantes en cada año, se hacen y se deshacen leyes y siempre leyes peores:  los Jueces de los tribunales son ignorantes y siempre vendidos al dinero y al partido:  no se conoce la justicia, la generosidad, la rectitud, la religión, la humanidad.  El interés, el solo interés privado es el resorte de toda acción (...) la disolución de todas estas Repúblicas es evidente, cuando se observan las guerras intestinas, por las cuales desde la época de la revolución hasta ahora, están siempre inundadas de sangre fraterna estas tierras...”  (10).

Siempre refiriéndose a la Nueva Granada, sostiene Baluffi en sus informes, que a la época existían tres partidos.  Uno que apoyaba al presidente Marques (11), entonces en el poder, derivado del otro que apoyaba al ex presidente general Francisco de Paula Santander (12), enzarzados en una lucha feroz por hacer prevalecer a sus jefes:

“Los partidarios del primero buscan acabar con toda buena opinión respecto al Sr. Santander, descubriéndole todas sus injusticias, sus crueldades que son muchas, sus robos, sus maniobras traidoras, sus inmoralidades (...) los partidarios de este se lanzan contra el gobierno, buscando faltas en cada acto de la administración pública, y acusan al Presidente ante la Nación de abusar de su autoridad..  Los amigos del general Santander, y él mismo, quieren que se continúe con el destructor sistema de una libertad de lo más irreligiosa e inmoral”  (13).

De sus observaciones en la escena de los acontecimientos, el Internuncio apunta que en la Nueva Granada se nota la presencia de un tercer partido, que según su opinión es el mayoritario:  “este claramente dice que luego de la expulsión de los españoles, la infelicidad fue la herencia de estos pueblos...” (14).  No se ven hombres capaces de dirigir la cosa pública, porque los que fueron educados bajo el régimen español “los pocos doctos” a su decir, han muerto, y los educados luego de 1810 no han estudiado ni desarrollado la inteligencia sino solo “...para la intriga, el engaño y la maldad”.  Los que integran ese tercer partido, desorganizado y de hecho, “..miran continuamente a Europa y de allá esperan la salvación.  Están persuadidos de que esta desordenada República, así como las otras Repúblicas americanas, todas las cuales son más o menos semejantes, no encontrarán jamás tranquilidad, si los soberanos de Europa no intervienen directamente para dar a estas unas leyes que las organicen” (15).  Así miran la situación los ancianos sobrevivientes a las guerras de independencia, quienes se arrepienten del grave error cometido y el clero, que no obstante haber cooperado activamente a la revolución, se encuentra ahora oprimido y privado de su antigua riqueza.

El informe de noviembre del 37, se limita a dar una visión de lo que a su juicio sucede en América;  la solución a tan graves cuestiones, la pone el Internuncio en cabeza de los americanos, cuando dice:

“...el mayor número de americanos tiene la esperanza de que estableciéndose Su Majestad Carlos V en el Trono de España, este, haciendo un protocolo en unión de las principales potencias europeas, podría dividir en cuatro o más monarquías esta América ex española, escoger los respectivos soberanos de la familia de España y de las otras Familias reinantes y así muy fácilmente recomponer esta masa desorganizada y confusa.  Tal proyecto encontraría aquí un grandísimo número de cooperadores;  para conseguirlo no se necesitaría mucho esfuerzo, sino solo amenazas y dinero para distribuirse entre el pueblo.”  (16).

El 14 de diciembre del mismo año, esto es poco menos de un mes después de escrito el informe anterior, vuelve Baluffi sobre el mismo tema, esta vez para perfilar su plan.  No se trata ya de lo que opinan los que componen ese “tercer partido”, sino de lo que es fruto de su reflexión personal:  “... pensando que mi razonamiento pueda haber producido maravilla en el espíritu de Vuestra Eminencia reverendísima, me creo en el deber de exponerle algunas de mis opiniones” (17).  Quiere adelantarse  a malos entendidos por parte de la Secretaría de Estado.  La idea que ha apuntado en el informe anterior, no puede, en su opinión referirse a una reconquista de las posesiones americanas por parte de la Corona de España:  no hay en la Nueva Granada, un partido fuerte que sostenga la opinión de una reconquista por parte del rey católico, sirviéndose de la fuerza de las armas,  pero no solo esto, sino que:

“No he dicho nada de la absoluta reconquista, porque si bien esta no me parece absolutamente imposible, no me parece oportuna, teniendo en cuenta sea los intereses de las naciones europeas, sea se mire la opinión americana...”  (18).

Este es el punto de partida del desarrollo de la tesis de Baluffi respecto a la vuelta de la monarquía como forma de gobierno americano y como único modo de lograr a corto y largo plazo el bienestar y desarrollo de las nuevas repúblicas, así como la seguridad futura de las monarquías europeas.

La tesis del Internuncio queda clara en el primer párrafo del segundo informe, cuando dice:

“...que Su Majestad Carlos V, subiendo al solio de sus mayores, pueda con un protocolo suscrito en común acuerdo con las Potencias, establecer cuatro o más monarquías en este nuevo mundo ex español, nombrando o escogiendo a los respectivos soberanos de su Augusta Casa y de las otras Casas reinantes de Europa” . (19).

Habla pues el Internuncio: a) de una renuncia definitiva por parte de España a la posesión per se de sus antiguos territorios de ultramar;  b) de una instauración monárquica, no de una restauración y, c) de la división de los territorios americanos entre las diferentes Casas reales de Europa, al menos de las llamadas grandes Potencias.

  (Leer aquí la continuación en Parte II)

 

Notas

(1) Sobre el tema de los proyectos monárquicos en América, pueden consultarse entre otras:  C. Destruge, La expedición Flores. Proyecto de monarquía americana 1846 – 1847 (Guayaquil 1906); C. Villanueva, La monarquía en América,  (París 1911);  J. Jijón y Caamaño, La expedición floreana de 1846 (Quito 1943); Ana Gimeno, Una tentativa monárquica en América. El caso ecuatoriano (Quito 1988); M. Van Aken, El Rey de la noche (Quito 1995)  H. Vázquez – Machicado, La monarquía en Bolivia en Revista de Historia de América N. 32 (México 1951);  C. Parra – Pérez, La monarquía en la Gran Colombia, Cultura Hispánica (Madrid 1957),  C. Muñoz – Oraa, Pronóstico de la Independencia de América y un proyecto de monarquía en 1781 en Revista de Historia de América N. 50 (México 1960);  J. Delgado – Martín,  España y el monarquismo mexicano en 1840, en  Revista de Indias, N. 51 (Madrid 1953).  E. Ocampo, La última campaña del Emperador. Napoleón y la independencia de América. (Buenos Aires 2007).

(2) Ana Gimeno, o.c., p. 25, señala que hasta 1816, en el Río de la Plata se hablaba del Rey y se expedían decretos en su nombre. Sobre la revolución quiteña de 1809, vid. C. de la Torre – Reyes, La Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809 (Quito 1961).

(3) Ana Gimeno, o.c., p. 25 ss.

(4) Demetrio Ramos ha desarrollado un interesante estudio acerca de los planes napoleónicos respecto a América.  En efecto, Napoleón se interesó pronto por los asuntos americanos relacionándolos entre otros con las cuestiones inherentes a Inglaterra:  para Napoleón era de vital importancia sacar a América de la órbita de influencia inglesa y en este sentido elaboró un vasto plan que incluía la utilización de los caudillos militares como eje de transición entre la monarquía española y la proyectada hegemonía francesa:  “El intento de dominación de América, como el de propiciar su independencia de España para asegurar los mercados americanos para Francia en detrimento de Inglaterra, fracasaron rotundamente junto con el desgraciado reinado de José Napoleón I y el deslumbrante imperio napoleónico.” D. Ramos,  América en los planes napoleónicos, en Historia general de España y América, T. XIII, Emancipación y nacionalidades americanas, RIALP (Madrid 1992) pp. 107 – 120. 

(5) S. Bolívar – J.J. Flores, Barranquilla 9.XI.1830, en Boletín Histórico N. 1, Fundación John Boulton (Caracas 1962) 17 – 21.

(6) Gaetano Baluffi, Obispo titular de Bagnorea, nació en Ancona, el 29 de marzo de 1788 y murió en Imola el 11 de noviembre de 1866.  Fue el primer representante pontificio estable en la América meridional, y el segundo en América, luego de la misión temporal de monseñor Muzzi en Chile.  Estuvo al frente de la misión pontificia hasta 1842.  Sus informes relativos a la situación política de los Estados americanos en los primeros años de la independencia son fuente de singular valor para la historia de la época. Sobre la internunciatura de Baluffi en Nueva Granada, vid. A.M. Pinilla Cote, Del Vaticano a la Nueva Granada. La Internunciatura de Monseñor Cayetano Baluffi en Bogotá 1837 – 1842.  Biblioteca de la Presidencia de la República (Bogotá 1988). 

(7) En efecto, por el Breve de facultades Ubi arcano Divinae Providentiae Consilio, Gregorio XVI  constituía a Baluffi “... para internuncio nuestro  y de esta sede apostólica cerca de los gobernantes de la República de la Nueva Granada, y delegado apostólico, así en dicha República como en todos los países de la América meridional (exceptuados solamente el imperio del Brasil y demás regiones en que exista ya alguno diputado por nos en calidad de Vicario apostólico por medio de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide (...) durante el beneplácito nuestro y de la misma sede apostólica”. (Traducción de Pinilla Cote, o.c.).  De este modo, la Santa Sede quitaba al Internuncio en el Brasil la jurisdicción sobre los territorios de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile que antes le habían estado sujetos.  Sin embargo las dificultades ocasionadas por la distancia y los reclamos tanto de la internunciatura del Brasil como de algunos obispos de los países del cono sur, obligaron a la Santa Sede a rectificar su providencia y dejar a Baluffi las repúblicas de Nueva Granada, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. Vid. D. 20653 Lambruschini – Baluffi, Roma, 30.VII.1840. Publicado por W.J. Coleman, The first Apostolic Delegation in Rio de Janeiro (Washington 1950).  La incerteza de la Santa Sede respecto a la realidad de los territorios americanos queda reflejado en el billete que el Cardenal Frezza dirige al Secretario de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios, respecto a la extensión territorial de las facultades del nuevo Internuncio.  Luego de repetir lo que dice el Breve de facultades al respecto, añade: “.. sará peró difficile, e forze anche imposibili, che Egli possa esercitarla nella parte orientale ed anche in alcuni Paesi della parte meridionale per l´enorme distanza;  al contrario forze potrá avere qualche comunicazione colla parte settentrionale, e precisamente colla republica dell´America Centrale, che confina colla republica della Nuova Granata per mezzo dell´itsmo di Panama;  nell´istruzione si é detto che potendovi avere comunicazione eserciti anche ivi le sue facoltá, ma ció non é nel senso letterale del Breve, quindi si rende necessario di ottenere dal S. Padre l´estensione delle facoltá anche per questa parte di America che in qesti momenti é la piú bisognosa”.

(8) Por lo que respecta al Ecuador, la Santa Sede lo reconoció como república independiente, al recibir al marqués de San José como Encargado de Negocios con carácter diplomático en agosto de 1838, luego de que este, desde París le había solicitado el reconocimiento de la república en julio del mismo año. Vid.  Marqués de San José – L. Lambruschini, París 9.VII.1838, ASV.SS (279), B. 594, fasc. 5, y, L. Lambruschini – Marqués de San José, Roma, 28.VIII.1838, ASV.SS (279), B. 594, fasc. 5.

(9) No obstante haber fallecido Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, y haber sido proclamada inmediatamente doña Isabel como reina de España bajo la regencia de su madre doña María Cristina, la Santa Sede no reconoció el nuevo orden de cosas, alegando no poder hacerlo “... senza prima apprezzare i titoli per cui sa che queste ricusano di riconoscere l´ordine di successione che ora si è sostituito al´antico nella monarchia di Spagna”.  En efecto, mientras Francia e Inglaterra se apresuraron a reconocer a la Reina, Austria, Prusia y Rusia no se habían definido aun, abriendo un paréntesis peligrosísimo para la paz europea: así la Santa Sede prefería no tomar partido antes de conocer detalladamente las razones que uno y otro grupo tenían para adoptar una postura ante el nuevo régimen.  En 1837, la Santa Sede no había reconocido aun a la reina Isabel, y la política liberal de sus partidarios y los diversos incidentes surgidos en las relaciones Iglesia – Estado, la mantenía a la expectativa.  Es evidente que Baluffi se inclinaba por la “legitimidad” encarnada por don Carlos.  Cfr. V. Cárcel , Correspondencia diplomática de los Nuncios en España. Vol. I,  Nunciatura de Tiberi 1827 / 1834, EUNSA (Pamplona 1976) y Vol. II Nunciatura de Amat 1833/1840, EUNSA (Pamplona 1982).  

(10) D. 279.

(11) José Ignacio de Marques Barreto, nació en Ramiriquí (Boyacá) el 9 de septiembre de 1793;  participó como diputado en el Congreso de Cúcuta, del que fue presidente varias veces;  presidió la Convención de Ocaña; Prefecto de Cundinamarca y miembro del Congreso que organizó la república de la Nueva Granada en 1830, luego de la desmembración de la Gran Colombia.  Encargado del Poder en varias ocasiones, en algunas de las cuales sustituyó a Santander, fue Presidente de la República entre 1837 y 1841.  En 1838 dio los primeros pasos para reconciliar a Colombia con España.  Durante su gobierno estalló la guerra civil llamada de los “Supremos”.  Luego de su periodo presidencial, fue Rector de la Universidad Nacional, Diputado y miembro de la Corte Suprema de Justicia. Falleció en Bogotá el 21 de marzo de 1880. Cfr. A. Plazas, Presidentes de Colombia, Panamericana Editorial (Santa Fe de Bogotá 1993) p. 59 ss.

(12) Santander nació en la Villa del Rosario de Cúcuta el 2 de abril de 1792.  Entró a la milicia a los 18 años y en 1818 el Libertador lo ascendió a General de Brigada.  Ascendido más tarde a General de División y Comandante de la Vanguardia, participó en las batallas de Paya, Gámeza, Topaga, Pantano de Vargas y Puente de Boyacá.  En Agosto de 1819, a los 27 años fue nombrado Vicepresidente de la República y ejerció la Presidencia en ausencia de Bolívar hasta 1826.  Acusado como autor intelectual de la Conspiración Septembrina que pretendió acabar con la vida de Bolivar el 25 de septiembre de 1828,  fue exiliado, regresando a Colombia en 1832 para asumir la Presidencia de la Nueva Granada. Murió en mayo de 1840. Cfr. A. Plazas, o.c. p. 45 ss. 

(13) D. 279.  “...mentre gli amici del Governo, ed il Presidente medesimo, sebbene non siano nè buoni politici, nè uomini religiosi, pure non vogliono andare ad eccessi, desiderano porre un freno alla libertà disorganizata, e vorrebbero la religione (sebbene a loro modo) della quale nelle loro opere conservano le steriore apparenze”.

(14) D. 279.

(15) Ibídem.

(16) Ibídem. Esta idea persiste en la mente de Baluffi un año después de escritos los informes que comentamos.  En octubre del 38, escribía al cardenal Lambruschini que la causa de los desordenes y el desgobierno que observaba en Nueva Granada era ".el abandono espontáneo, por parte de muchos, de la cosa pública, porque no gustan de la forma republicana y esperan siempre un orden nuevo”.  D. 830. Baluffi – Lambruschini, Bogotá, 24.X.1838.

(17) D. 322.

(18) Ibídem.

(19) El párrafo completo del original italiano dice:  “Nel mio N. 279 in data 24 dello scorso Novembre avendo l´onore di umiliare a Vostra Eminenza Reverendissima un quasi prospetto dei partiti politici, che dividono questa Republica;  io la feci avvisata como qui v´ha una classe di persone ben numerosa, che odiando le massime Republicane, e sperando solo la salvezza dall´Europa, si lusinga, che Sua Maestá Carlo V, ascendendo il soglio dei suoi maggiori, possa con un protocollo esseguito di concerto delle altre Potenze, stabilire quattro o piú monarchie in questo nuovo mondo ex spagnolo, nominando e scegliendo i respettivi sovrani dalla Sua Augusta casa, e dalle altre Case regnanti d´Europa.” D. 322.