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Barrios de Buenos Aires: Caballito

Entre tantos errores que cometemos los porteños, solemos decir que vamos “al Centro” cuando nos acercamos a la zona del Obelisco o a la “City” porteña. En realidad, lo correcto, cuando uno dice que va “al Centro” es venir a este barrio, a Caballito, que se encuentra exactamente en el centro de Buenos Aires.

Caballito debe su nombre a la pulpería inaugurada en 1821 por el genovés Nicolás Vila en la esquina de Rivadavia y Emilio Mitre. La veleta del comercio pertenecía a una antigua nave ballenera fondeada en el puerto de la ciudad, y tenía la forma de un pequeño caballo. Las carretas que iban hacia el oeste hacían una parada “en el caballito”, y así le quedó entonces el nombre a este rincón de Buenos Aires. Hoy la veleta original se encuentra en el Museo del Transporte de Luján, aunque hay un proyecto para que sea devuelta al barrio, para ser exhibida en el Museo Luis Perlotti, en la calle Pujol. En la plazoleta Primera Junta, frente a su emplazamiento original, se encuentra una réplica de la figura, realizada por el propio escultor Perlotti. También se ubica allí el monumento a Miguel de Azcuénaga, uno de los vocales de la Primera Junta.

Caballito limita con otros siete barrios: La Paternal y Villa Crespo, al norte; Almagro y Boedo al este; Parque Chacabuco al sur; y Flores y Villa General Mitre, al oeste. Los límites los constituyen las avenidas Juan B. Justo, San Martín y Ángel Gallardo, la calle Río de Janeiro, las avenidas La Plata y Directorio, y la calle Curapaligüe y su continuación, Donato Álvarez.

Unos párrafos atrás hablábamos del Centro. Exactamente el centro geográfico de Buenos Aires se encuentra en la calle Avellaneda 1023, y una placa así lo señala. Conviene aclarar que, desde que se ganaron tierras al río de la Plata con la Reserva Ecológica, la ciudad aumentó su superficie y, por ende, se corrió el centro unos metros hacia el este.

El barrio fue en sus orígenes una zona de quintas, comunicadas entre sí por el Camino Real (la actual avenida Rivadavia) y algunos caminos vecinales. El estado de estas vías era lamentable, situación que se agravaba cuando llovía mucho. Durante varios años, distintas comisiones vecinales se reunían para paliar este problema, tapando los baches o directamente pequeños pantanos que se formaban con agua estancada. En una memoria municipal consta que “(El vecino) Gervasio Castro eliminó dieciocho pantanos grandes y chicos que se extendían entre Caballito y La Floresta”.

Sólo se mejoró el camino a partir de 1870, cuando se estableció un sistema de cobro de peaje a las carretas y diligencias que se dirigían al vecino pueblo de San José de Flores, o más allá, a Luján e incluso hasta Córdoba, Mendoza o Salta.

Una de las quintas más importantes era la de Ambrosio Lezica, quien plantó en la década de 1850 en el lugar varios ejemplares de eucaliptos, en ese momento una novedad en el país. Ese espacio verde, que quedó abandonado y con un aspecto tétrico con el correr de los años, fue donado por sus herederos a la Municipalidad y dio origen al parque Rivadavia, inaugurado en 1928, y convertido en uno de los pulmones del barrio de Caballito junto al parque Centenario.

Este último parque se libró al público en 1910, de ahí su nombre, “Del Centenario”, que es su correcta denominación. Está circundado por la avenida Patricias Argentinas, de forma circular, y pequeñas callecitas con nombres de científicos se acercan hasta el centro del parque. Está rodeado por diferentes instituciones: el Hospital de Oncología “Marie Curie”, el Hospital Naval “Pedro Mallo”, el Observatorio de la Asociación de Amigos de la Astronomía, la Fundación Campomar, el Instituto Pasteur, y el Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Es notable el tamaño del lago, recientemente recuperado, igual que el anfiteatro.

En 1931 la colectividad catalana donó a la ciudad una estatua, “La fuente de la doncella”, para emplazarla en el parque Rivadavia. La escultura, que muestra a una mujer desnuda inclinada sobre un surtidor de agua, le pareció osada a un sacerdote, y solicitó, con la anuencia de vecinos y feligreses de las iglesias cercanas, que la trasladaran a otro lugar. Fue así que en 1971 la fuente pasó a formar parte de la plaza San Martín, en Retiro. Recientemente se dispuso nuevamente su traslado; esta vez a su emplazamiento original.

En el parque quedó el imponente monumento a Simón Bolívar, de 5,5 metros de altura, realizado por el escultor argentino José Fioravanti. En el parque es famosa también la feria de libros y discos antiguos, con joyas que atesoran los dueños de los puestos.

Otras quintas famosas, con sus respectivos caserones, eran las de los hermanos Tomás y Cayetano Devoto, hermanos del impulsor del barrio de Villa Devoto, y la de Gervasio Videla Dorna.

Otro hito del barrio es la Asociación Amigos del Tranvía que, desde 1980, hace rodar por las calles de Caballito antiguos vagones del tranway, que fueron recuperados y restaurados por los amantes de este medio de transporte. Gran cantidad de personas se reúne sábados y domingos en la estación Polvorín, en Emilio Mitre y José Bonifacio, y disfrutan del paseo gratuito. Los grandes recuerdan antiguas épocas; los chicos, se enteran de cómo viajaban sus abuelos hasta hace cuarenta años. Originalmente el tranvía había llegado al barrio en 1871, en una ceremonia presidida por el entonces presidente Domingo F. Sarmiento.

La estación Polvorín es una antigua estación de tranvías, devenida en cochera de la línea de subtes A. Los vagones suben a la superficie desde Primera Junta, y por unos antiguos rieles llegan hasta la estación. ¡Más de un desprevenido pensó que tenía alucinaciones cuando vio pasar por la calle a una formación del subte!

El barrio tiene varias iglesias importantes. Se destacan Nuestra Señora de los Buenos Aires, en la avenida Gaona, con el camarín de la Virgen de la Merced; y Nuestra Señora de Caacupé, patrona de la hermana república del Paraguay, en Rivadavia, frente al parque homónimo. Este templo fue originalmente la capilla del vecino colegio de la Santa Unión. Otras parroquias son Santa Julia, en Juan Bautista Alberdi y Víctor Martínez; Nuestra Señora de los Dolores, en Díaz Vélez y Campichuelo; y San José de Calasanz, en La Plata y José Bonifacio.

Caballito fue uno de los primeros barrios porteños en tener acceso al ferrocarril. Cuando en 1857 se inauguró el servicio del Ferrocarril del Oeste, esta fue la segunda estación, en el ramal que conectaba la estación Del Parque, donde se levanta actualmente el Teatro Colón, con el suburbio de La Floresta. Años más adelante, un tendido ferroviario empalmaba esas vías con el Ferrocarril Urquiza, en Chacarita. Sin embargo, éstas se levantaron y en su lugar se abrió una avenida: Parral, convertida luego en Honorio Pueyrredón.

La presencia del tren es insoslayable en Caballito. De hecho, el club de fútbol local lleva el nombre de aquel: Ferrocarril Oeste, apocopado en “Ferro”, fundado en 1904, y que ocho años más tarde ya jugaba en Primera División.

Además del fútbol, en Caballito se jugó al polo. En este barrio nació el primer club argentino de este deporte, el “Buenos Aires Polo Club”, fundado en 1882 y transformado luego en el “Flores Athletic Club”. La cancha se encontraba en las actuales Fragata Sarmiento y Avellaneda.

El principal hospital del barrio es del Doctor Carlos Gervasio Durand, en la avenida Díaz Vélez. Durand, un respetable médico obstetra de Buenos Aires, antiguamente un hombre afable y cariñoso, se tornó irascible y huraño. Desheredó a su mujer, Amalia Pelliza, que, ante lo difícil de la convivencia y las amenazas de su marido, huyó al Uruguay. Entonces Durand legó su fortuna personal para la construcción de un centro de salud, que es el que lleva su nombre. Se inauguró en 1913.

Cerca de allí se levanta el monumento al Cid Campeador, en el límite con Villa Crespo. Ese punto tiene la particularidad de tener once esquinas: es el cruce de las avenidas Gaona, San Martín, Díaz Vélez, Ángel Gallardo y Honorio Pueyrredón, y la calle Martín de Gainza. La escultura fue realizada por la artista estadounidense Ann Hyatt Huntington y se dice que es una de las obras más grandes del mundo realizada por una mujer.

Otra curiosidad del barrio es la presencia de una calle que, en tres cuadras, lleva tres nombres diferentes: es Hidalgo que, cuando cruza Rivadavia, cambia su nombre a Ángel M. Giménez y, luego de Rosario, la primera cuadra, cambia nuevamente a Riglos. En la esquina de Giménez y Rivadavia se alza una gran torre, mandada a construir por la desaparecida cooperativa “El Hogar Obrero”. Justamente ellos pidieron a la Municipalidad que, ya que se abría una calle nueva en el lugar, sería conveniente bautizarla como uno de los dirigentes de la entidad, ya fallecido.

Durante décadas la cabecera oeste del subte A fue la estación Primera Junta, en Rivadavia y Del Barco Centenera. En 2008 el servicio se extendió otras dos estaciones: Puán, dentro de Caballito, y Carabobo, ya en Flores. También el subte E llega al barrio, justo en el límite con Parque Chacabuco.

Los primeros colectivos porteños, allá por 1928, partían de Primera Junta y llegaban hasta Rivadavia y Lacarra, en el barrio de Vélez Sársfield.

Un hito del barrio es el Mercado del Progreso, frente a la estación Primera Junta. Originariamente pertenecía a David Spinetto, fundador del mercado que llevó su apellido, en el barrio de Balvanera. Las mercaderías se ingresaban a los comercios por un pasaje trasero, que fue bautizado Coronda. Hace unos años esta callecita se embaldosó y se transformó en peatonal.


Propietario/Fuentepor Diego M. Zigiotto

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