Federico Eulogio Ibarguren Díaz, (*)

Federico Eulogio Ibarguren Díaz, (*)[1]

Varón 1832 - 1890  (~ 58 años)

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  • Nombre Federico Eulogio Ibarguren Díaz 
    Sufijo (*) 
    Bautismo 21 Ene 1832  Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 19 Nov 1890  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Enterrado/a 20 Nov 1890  Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I45469  Los Antepasados
    Última Modificación 27 Ene 2018 

    Padre Miguel Antonino Ibarguren Delgado,   n. 1 Sep 1798, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1 Oct 1869, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 71 años) 
    Madre María Elena Díaz Niño,   n. 17 Ago 1810, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Jun 1835, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 24 años) 
    Casado 1828  Molinos, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Familia F5649  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 1 Margarita Magdalena Uriburu Castro,   n. 22 Oct 1848, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 11 Jun 1924, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 75 años) 
    Casado 21 Abr 1867  Parroquia San Juan Bautista de la Merced, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2, 3
    Hijos 
     1. Federico Ibarguren Uriburu,   n. 20 Mar 1868, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 2 Dic 1906  (Edad 38 años)
     2. Antonino Ibarguren Uriburu,   n. 14 Nov 1869, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 9 Nov 1915, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 45 años)
     3. Helena Casiana Ibarguren Uriburu,   c. 10 Dic 1871, Convento La Merced, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 24 Abr 1874  (Edad ~ 2 años)
     4. Anita Ibarguren Uriburu,   n. 14 Jul 1873, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 14 Jul 1873, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 0 años)
     5. María Elena Ibarguren Uriburu,   c. 21 Mar 1875, Convento La Merced, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 22 Nov 1876, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 1 años)
    +6. Carlos Perfecto Ibarguren Uriburu, (*),   n. 18 Abr 1877, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 3 Abr 1956, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 78 años)
     7. María Margarita Ibarguren Uriburu,   c. 4 Mar 1879, Convento La Merced, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 7 Ago 1880, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 1 años)
    +8. Rosa Ibarguren Uriburu,   n. 30 Ago 1880, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 28 Ago 1964, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 83 años)
     9. Juan Ibarguren Uriburu,   n. 13 Jun 1882, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 13 Jul 1882, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 0 años)
    +10. Margarita Ibarguren Uriburu,   n. 9 Feb 1885, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 26 Abr 1972, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 87 años)
     11. Jorge Fabio Ibarguren Uriburu,   n. 11 May 1890, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 15 Jul 1910, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 20 años)
    Última Modificación 29 Sep 2018 
    ID Familia F2613  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 Felisa Diez Gómez 
    Casado Tipo: Unión de hecho 
    Hijos 
    +1. Julio Ibarguren Diez,   n. 1866, Seclantás, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    Última Modificación 2 Feb 2011 
    ID Familia F3344  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Fotos
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio
    por Rafael Domingo del Villar

    Lápidas
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio
    Ibarguren Díaz, Federico Eulogio

  • Notas 
    • Federico Eulogio Ibarguren Díaz Niño (cuyo segundo nombre nunca usó), vino al mundo en Seclantás y recibió las aguas bautismales en la Iglesia de Molinos, el 21-I-1832, día de San Eulógio mártir, diácono familiar del Obispo San Fructuoso, con quien fue quemado vivo en el anfiteatro de Tarragona el año 259, durante el reinado de los Emperadores Galieno y Valeriano, según lo atestigua San Agustín. (La hoja suelta con la anotación del bautismo de mi abuelo se ha perdido, pero el culto y abnegado Padre Redentorista misionero Luis María Lorber, tuvo ese testimonio a la vista en dicha parroquia calchaquí, y así se lo comunico por escrito, el 30-VI-1931, a mi tia Rosa Ibarguren de Zorraquín).
      Durante los años (1847-1854) en que estuvo abierto el "Colegio de la Independencia" en Salta, fundado y dirigido por el Presbítero Agustín Bailón, Federico, "en clase de alumno interno", cursó sus estudios secundarios cuyo plan de materias abarcaba: geografía universal; filosofía (lógica, ética, moral, psicología, estética y teodicea); matemáticas (álgebra, geometría y trigonometría); principios de derecho natural y elementos de constitucional; gramática latina y castellana; e idioma francés. Rindió sus examenes anuales - según lo certifico el propio Rector - "con nota de sobresaliente, siendo el primero de todos sus condiscípulos", y "uno de los mejores ornamentos de la juventud del norte de la Confederación Argentina" (). Por ello, dadas sus positivas aptitudes, en 1850, el alumno fué promovido al rango de maestro director del aula elemental de matemáticas, asignatura que enseñó durante un año, junto con las de filosofía y latín.
      Aquellos exámenes públicos realizados en el colegio del Padre Bailón (cuyas actas se encabezaban con el lema "Viva la Confederación Argentina, mueran los salvages unitarios") se rindieron ante los siguientes examinadores, nombrados por decreto del Gobernador Vicente Tamayo y de su Ministro Nicolás Carenzo, a saber: Facundo Zubiria (que ha pasado a la posteridad con aureola de "víctima de la barbarie rosista"), Pedro Uriburu, Celedonio de la Cuesta, Serapión José de Arteaga, Benjamín Dávalos, Vicente Saravia, Uladislao Velasco, Fenelón Zubiría y José María Zubiría". Asimismo pertenecieron a ese cuerpo docente, Isidoro López y Ramón Paz.

      El Colegio de Concepción del Uruguay

      Cuando el "Colegio de la Independencia" cerró sus puertas, el jóven Ibarguren hubo de proseguir su carrera superior en la Universidad de Córdoba, donde ingresaron sus amigos salteños Rudecindo Aranda, Desiderio Ruiz Lira, Apolonio Ormaechea, Andrés Ugarriza y Bernardo Fábregas Mollinedo - este último que se llevó a "la Docta" dos tomos de "Las Oraciones de Cicerón" que le prestara Ibarguren. Más, en definitiva, nuestro educando resolvió coronar sus estudios en el Colegio del Uruguay, fundado por el General Urquiza, al que entonces acudían los muchachos más preparados de las provincias. Consiguientemente junto a su fraternal amigo Buenaventura Ruiz de los Llanos - "vallisto" de Payogasta, como él lo era de Seclantás-, partió a la entrerriana ciudad de Concepción y quedó incorporado al histórico instituto que dirigía el célebre educacionista francés Alberto Larroque.
      Disponía, por entonces, ese internado, de un escogido núcleo de profesores: los franceses Alejo Peyret, Luis de la Vergne (condiscípulo que fuera de Lesseps) y Alfredo Du Pasquier, enseñantes de historia contemporánea, geometría y física, respectivamente; el hispánico coronel Pedro Andreu y Seguí, geógrafo cosmógrafo; el belga Adolfo Tiberghien Ackermann, catedrático de aritmética comercial e idioma francés; mister Jorge Clark que daba lecciones de inglés; así como el pintor oriental Juan Manuel Blanes de dibujo, el vasco Doroteo Larrauri de música y canto, y el maestro Falconieri de esgrima - florete, sable y palo. Por su parte el coronel Nicolás Martínez Fontes dirigía unos estudios militares accesorios, de cuya academia salió con el grado de alférez de artillería el joven tucumano Julio Argentino Roca, para combatir en la batalla de Cepeda. La atención sanitaria en el establecimiento corría por cuenta del médico Vicente Montero; Felipe Argento era "ecónomo" para los quehaceres "de tejas abajo", mientras los de "tejas arriba" a cargo estaban del seráfico fray Antonio, apropiadamente apellidado Paternostro, capellán del Colegio, el cual, además, aleccionaba a los educandos en latín e italiano.
      Federico Ibarguren ingresó a los 23 años al curso universitario de Jurisprudencia, puesto bajo la responsabilidad pedagógica del Rector Larroque, titular de las cátedras de Derecho Civil (español, que aquí regía en ese tiempo), Comercial, Penal, Economía Política, Derecho Internacional, Canónico y Teología; amén de Literatura Castellana y Gramática (al modelo de Gómez Hermosilla), y Filosofía (conforme a los vigentes programas de París).
      En el examen de ingreso, llevado a cabo en diciembre de 1855, ante un tribunal presidido por el general Manuel Urdinarrian e integrado por los doctores Benjamín Victorica, José F. Monguillot y Alberto Larroque, mi abuelo Ibarguren alcanzó la nota suprema de "sobresaliente por aclamación", junto con sus compañeros Ruiz Moreno, Cipriano Barcos, Manuel César y Secundino Zamora. En pos de este quinteto, el resto de los alumnos fué calificado dentro de las siguientes categorías: "sobresalientes por unanimidad", "sobresalientes por mayoría", "buenos" y "medianos".
      Dos meses más tarde, el 13-II-1856, ante los mismos examinadores, aprobó mi abuelo el primer curso de Jurisprudencia, mereciendo - con 9 compañeros más - la nota de "sobresaliente por unanimidad". Al final de la jornada, el doctor Benjamín Victorica, en acto solemne, despidió a los jovenes alumnos, y dijo entre otros conceptos: "Gozaos en estos primeros triunfos que son imperecederos. El sol del porvenir hará brillar doradas las verdes hojas de las coronas que hoy habéis conquistado. Andrade, Vilche, los Barcos, García, Ibarguren, Zamora, Ruiz Moreno, César y tantos otros nombres que repite hoy el público que ha presenciado vuestros exámenes con entusiasmadores aplausos: no creáis que esos nombre se olviden mañana. Habéis adquirido fama como estudiantes … os debéis a vuestra propia gloria; os debéis en homenaje a la Providencia misma que os dotó, no en vano, de una inteligencia clara; os debéis a la Patria en la alta misión que vuestro genio os destina; os debéis en gratitud al Gobierno ilustrado que os proporciona los medios fáciles de desarrollar vuestras fuerzas en el estudio de las ciencias y las artes …"
      El 2 de septiembre del mismo año, el Presidente Urquiza y su Ministro de Instrucción Pública Juan del Campillo, otorgaron sendas medallas de oro con el escudo argentino en el anverso, y en el reverso la leyenda: "El Gobierno Nacional al talento y aplicación", galardoneando los trabajos jurídicos de varios alumnos: entre ellos los de Federico Ibarguren sobre Derecho Civil. Y en enero de 1857, Ibarguren y otros compañeros, en las pruebas de jurisprudencia, lograron la máxima calificación de "sobresalientes por aclamación".
      Ese año 57 se conmemoró la fecha patria del 25 de Mayo con gran brillantez en los salones del Club de Concepción del Uruguay, y durante la ceremonia pronunciaron discursos el Director del Colegio, Alberto Larroque, y el estudiante Federico Ibarguren. Éste, cinco meses después, recibióse de Abogado, siéndole conferida, por el Vicepresidente de la Confederación, Salvador María del Carril, en ejercicio del Poder Ejecutivo, y el Ministro Juan del Campillo, otra medalla de oro por haber obtenido el primer premio de Derecho Civil de 4º año. ()
      Tanto se había destacado Ibarguren en sus estudios que, desde 1856, lo designó Larroque para que dictara Gramática Latina, a través de los textos clásicos, a los alumnos de los cursos inferiores, asignándole el sueldo de 17 pesos mensuales. "La lengua de Cicerón, de Tito Livio, de Salustio, de Séneca y de Tácito, de Virgilio y de Horacio - le escribió el 2-VIII-1858 el Rector Larroque al Ministro del Campillo -, comprende los modelos más acabados de la manifestación del espíritu humano. Borrar del programa de nuestra enseñanza el esmerado cultivo de esos grandes e inimitables maestros, es desviar la literatura de su verdadero camino; es arrojar al viento los más preciosos elementos de nuestro progreso; es cortar la cadena que une el presente a los hechos gloriosos de la humanidad". En mérito de tales consideraciones, el Rector le informa al Ministro haber confiado la dirección de la clase de latinidad al graduado en jurisprudencia Federico Ibarguren; quien - asegura Larroque - "llevará con pulso ese estudio y trabajará con dedicación a su más perfecto desarrollo. De este modo perpetuaremos en el Colegio el culto de la admiración y respeto que debe la humanidad a los méritos justamente adquiridos de nuestros célebres antepasados". "Mi hermano de corazón Federico Ibarguren, de quien fuí además de discípulo y condiscípulo, ahijado de tesis y amigo íntimo - recordaría medio siglo después Rafael Ruiz de los Llanos -, alternaba el estudio del derecho con el dictado de su clase de latín y con el estudio de los logaritmos, que no se conocían en el Colegio de Salta". Así mi abuelo y varios graduados distinguidos pasaron del banco escolar a la silla del maestro, y, a partir de esa decisión de Larroque, una pléyade juvenil de profesores argentinos empezó a alternar con los educadores europeos en el Colegio de Concepción del Uruguay.
      Resultaron alumnos de mi abuelo en el famoso establecimiento, dos futuros Presidentes de la Nación: Julio Argentino Roca y Victorino de la Plaza; y fueron condiscípulos o educandos suyos: Martín Ruiz Moreno, Onésimo Leguisamón, Joaquín Sagastume, Baldomero García Quirno, el presbítero Aniceto Martínez, el poeta Olegario V. Andrade, Jorge Damianovich, Juan José Soneyra, Romualdo Baltoré, Nabor Córdoba, entre otras destacadas personalidades. Por aquel tiempo, el 3-VIII-1859, ante el Escribano de Concepción Juan María Castro, otorgó Federico Ibarguren un poder a favor de su padre, don Antonino, para que lo demandara al Canónigo Agustín Bailón, que le debía 370 pesos de plata sellada, por haber desempeñado el otorgante, en las aulas salteñas de dicho Canónigo, la enseñanza de matemáticas y filosofía durante un año, a razón de 30 pesos mensuales. Firmaron como testigos en la escritura dos compañeros de Ibarguren: Ventura Ruiz de los Llanos y Wenceslao Pacheco (futuro Ministro de Hacienda de Roca y de Juárez Celman). Cabe señalar que desde noviembre de 1859, don Federico ocupó el cargo de Secretario de la Convención Constituyente, que reunida en Concepción del Uruguay, bajo la presidencia del general Manuel A. Urdinarrain, sancionó, el 15-II-1860, la Constitución de la Provincia de Entre Rios.

      Mi abuelo recibe su título doctoral en Montevideo y, un lustro después, forma parte del cuerpo docente fundador del Colegio Nacional de Salta

      El Congreso Nacional en Paraná, entretanto, había dictado una ley que suprimía el curso de Derecho en el Colegio del Uruguay a partir del 1-I-1859. "La razón verdadera de esa ley - arguye Martín Ruiz Moreno en su libro El General Urquiza en la Instrucción Pública - fué una especie de conspiración que algunos diputados y abogados se formaron contra las clases que dictaba el doctor Larroque". Así las cosas, muchos de los cursantes de abogacía no aceptaron la alternativa, que les daba esa ley, de terminar su carrera en la universidad de Córdoba, a expensas del Tesoro público. Tal fué el caso de Federico Ibarguren y de su amigo Ventura Ruiz de los Llanos, quienes tenían ya concluídos sus estudios de jurisprudencia en el Colegio entrerriano, y resolvieron trasladarse a Montevideo, a fin de que, debidamente acreditados esos estudios, se los homologaran en la Facultad uruguaya, coronados con el título de Doctor.
      Desde la ciudad del cerro, el 21-VI-1860, mi abuelo le dirigió a su maestro Larroque estas agradecidas líneas: "Según las disposiciones que me dicen haber sido tomadas sobre ese Colegio, no habrá, por supuesto, ni la más pequeña esperanza de que las clases de Derecho se restablezcan. Es muy sensible, porque francamente en ninguna parte se enseñarán esas clases como en Uruguay (en Concepción del Uruguay, se entiende). Acá, por ejemplo, da pena ver cómo están ellas desempeñadas; se toma la lección al que la sabe, y la única explicación que se dá, es decir a los discípulos que la lección no necesita explicarse por ser muy clara … Es ésto todo lo que en la clase de Jurisprudencia se hace. De aquí puede Ud. inferir que si un discípulo por sí mismo no trabaja, poco o nada sacará de su clase. Yo cada día más estoy contento de haber estudiado Derecho en el Colegio del Uruguay, bajo la ilustrada dirección de Ud." Y corridos apenas cuatro días, Larroque le transcribe esa carta de Ibarguren al general Urquiza, calificando a su discípulo de "joven aventajado y de inteligencia despejada", agregándole al entonces Gobernador de Entre Rios: "Es una calamidad, Señor, que las aulas de Jurisprudencia hayan muerto en este establecimiento. No lo digo por mí, ni con la idea de que V.E. vuelva a suscitar esa cuestión que desgraciadamente siempre se perderá por la influencia de los cordobeses y de otros individuos: lo digo por el bien del país, por el bien de la juventud argentina, por la gloria misma de V.E. Aún cuando todo el peso de esa elevada enseñanza haya recaído en mí, cuando en otras partes hay tanto catedrático como ramos distintos encierra la Jurisprudencia, con todo vea V.E. el juicio del señor Ibarguren. Bien conozco que en la oposición que hemos sufrido más ha habido cuestión de personalidad que cualquier otra cosa, pero como amigo del progreso del país y de los verdaderos intereses de V.E., cada día más deploro el terrible golpe que ha experimentado el Colegio en su programa de enseñanza. Es un hecho ya consumado, y otros se felicitan del triunfo, aún cuando ese triunfo envuelva un retroceso".
      Tal como lo tenían previsto, en los claustros de la vecina orilla doctoráronse Ibarguren y Ruiz de los Llanos, apadrinadas las tesis de ambos por el comprovinciano ilustre Facundo Zuviría. La colación de grados tuvo lugar el 26-III-1860, y tres días más tarde, otro ex camarada del colegio entrerriano, Desiderio Rosas, le ponía por escrito al amigo Martín Ruiz Moreno: "Ibarguren y Ruiz están ya doctorados. Siento que Ud. no siga el mismo ejemplo que ellos y se venga a graduar … Ibarguren ha dejado con la boca abierta a los orientales el día del examen"; examen que poco después remató con una disertación, en la Academia de Jurisprudencia montevideana, acerca de la Ley 9a de Toro, en la antigua legislación española, la cual preceptuaba cuando podían, o no podían, heredar a sus madres los hijos bastardos, adulterinos, espúreos o sacrílegos. El diploma de Doctor le fué expedido al disertante, el 28 de septiembre de aquel año 60, con las firmas del Ministro de Gobierno y Patrono de la Universidad, Eduardo Acevedo, del Rector Fermín Ferreyra y del Secretario Martín Berinduage.
      Quiso la suerte que una vez recibido, el flamante abogado se vinculara al estudio jurídico del doctor Vicente Fidel López, exiliado en Montevideo por causa de la revolución porteña del 11 de Septiembre de 1852, que separó a Buenos Aires del resto de la Confederación Argentina. Y el jóven salteños, luego de cuatro años de práctica, prestó el condigno juramento abogadil, el 23-IX-1864, ante el Tribunal Superior de Justicia de la República Oriental, integrado por su presidente Cándido Juanicó y los vocales José María Montero, Bernabé Caraba, Jacinto Susviela y Félix Antuña. Y el 15 de octubre, con un legítimo prestigio conquistado y reconocido, abandonó definitivamente Montevideo el hijo de Salta, para volver a sus lares tras larga ausencia. Un día antes, el coterráneo suyo Eliseo Outes, estudiante en la Universidad uruguaya, en carta dirigida a sus padres - José Manuel Outes y Micaela Lesser - estampaba: "Ibarguren se marcha mañana y aprovecho la oportunidad para escribir. El os dará noticias frescas de mi persona y de mis estudios … Ibarguren es una capacidad de primer orden, aquí ha figurado por su talento y no ha dejado que nadie lo aventaje".
      Seis meses después, el Gobernador de Salta Cleto Aguirre, en carta del 25-IV-1865 al Presidente Mitre, expresaba: "A propósito del Colegio Nacional de esta provincia, le escribí al Doctor Costa (Ministro de Instrucción Pública, a la sazón) que el rector y profesores nombrados no llenan las condiciones de idoneidad requeridas, pero que podían permanecer como interinos hasta tanto se encuentren otros más convenientes. Hoy tenemos aquí un jóven que puede llenar muy bien dichas condiciones para rector de este colegio: es el doctor Federico Ibarguren, de cuyas condiciones y capacidad puede usted tomar informes del doctor Larroque, en cuyo colegio ha estado mucho tiempo".
      Por personales empeños del clérigo Juan Francisco Castro Castellanos - que fundara en 1858, en la ciudad de Salta, el colegio particular "San José" -, el Presidente Mitre había beneficiado a dicho centro de enseñanza convirtiéndolo en Colegio Nacional, mediante decreto del 3-I-1865, refrendado por el Ministro Eduardo Costa. El presbítero Castro fué el primer rector de ese instituto, que empezó a funcionar con 130 alumnos, y entre sus maestros fundadores se contaron Federico Ibarguren, Benjamín A. Dávalos y Andrés Ugarriza, ciudadanos de acreditados méritos que designó el mismo gobierno. El Colegio Nacional de Salta (hoy se llama "Dr. Manuel Antonio Castro" en honor de este tío tatarabuelo mío) tuvo por sede inaugural el edificio del antiguo convento de los frailes mercedarios, próximo a la actual Iglesia de La Merced, en la intersección de las calles Caseros y 20 de Febrero. Entre sus primeros alumnos cabe recordar los nombres de Miguel, Virgilio y José María Tedín, Antonino Díaz Ibarguren, Carlos Costas, Francisco Gurruchaga, Arturo L. Dávalos, Rafael Usandivaras, Juan Güemes, Juan José Cornejo, Francisco Castellanos, Pedro Y. López e Ignacio Ortiz.
      El 29-X-1865, desde Salta, mi abuelo en una carta a su gran amigo y ex condiscípulo Martín Ruiz Moreno, residente en Concepción del Uruguay, aludía a la política instaurada por Mitre después del triunfo porteño en la batalla de Pavón, de esta manera: "Es preciso convencerse que mientras los provincianos no abramos los ojos para defender nuestros propios intereses, o más bien dicho, mientras no nos sacudamos de ese espíritu de miseria o de pequeñez que nos hace tan débiles para resistir a las influencias de Buenos Aires, estamos condenados a ser el juguete y el escarnio de los antojos y caprichos de ese Buenos Aires. Conocemos el sistema de absorción adoptado por este pueblo, nos sentimos absorber a cada instante, y sin embargo de esto y de las lecciones de una larga experiencia, no podemos resistir a su influencia fascinadora y contribuimos a nuestra propia ruina. ¿Dónde encontrar el remedio para tan gran mal? Abate y desalienta el volver los ojos a todas partes y no encontrar sino el vacio. Uno que otro esfuerzo que se hace sentir para contrarrestar a esa fatal influencia es estéril e impotente, a fuerza de ser aislado. Tú, mejor que yo, conoces la verdad de todo esto".

      Chanchullos electorales del gobierno de Cleto Aguirre

      El 7-I-1866 Ibarguren lo enteraba a Ruiz Moreno, entonces fogoso diputado en el Congreso Nacional con sede en Buenos Aires, de su primera experiencia política como candidato a diputado por Salta a ese Congreso y a la convención reformadora del artículo 4º de la Constitución Nacional - a reunirse en Santa Fé - frente a la candidatura oficialista de Isidoro López. Interesante resulta transcribir trozos de esa crónica vívida y pintoresca de uno de los endémicos y desvergonzados fraudes que - fuera de contadas excepciones - han caracterizado, a través de distintos matices y procedimientos, a nuestras lides sufragistas, antes, durante y después de la Ley Sáenz Peña.
      "Te hablaré de lo ocurrido en las elecciones del 1º de Enero - apuntaba mi abuelo. Tu recordarás que me escribiste, hace algunos meses, animándome para que yo hiciera algo para que se me nombrase Diputado por esta Provincia. Me decías también que con esa misma fecha escribirías al Dr. Aguirre (el Gobernador don Cleto) recomendándole mi candidatura. Recordarás ahora que sobre el punto de la diputación no te contesté una sola palabra, así como no le dije una sola a nuestro amigo Aguirre, desde que guardó éste una absoluta reserva sobre este punto para conmigo; por más que no tenía yo gran interés, y veía que el Gobernador hacía ya sus trabajos por López. Mas poco tiempo después de tu carta, recibí otra del Dr. Zorrilla (don Benjamín) en que se interesaba y aún me exigía, como comprovinciano, que aceptara mi candidatura, recomendándosela a algunos amigos. Es entonces que mi candidatura apareció recién y tuve la satisfacción de verla aceptada por la generalidad, no sólo con interés, sino también con entusiasmo. No tardó en conocerlo el Gobierno, y es entonces que comenzó a redoblar sus trabajos por todos los medios imaginables. Es entonces que el candidato oficial principió a echar mano de sus medios favoritos: la calumnia y la injuria. Como el partido 'uriburista' está desprestigiado en extremo, comenzó a hacer publicaciones en la prensa, en que me presentaba como el candidato de los Uriburu, como que yo en el Congreso no haría otra cosa que trabajar para restablecer a éstos y a su partido". (Ibarguren, a la sazón, hallábase muy lejos de imaginar que al año siguiente se vincularía maritalmente con una Uriburu). "No siendo esto bastante, y conociendo el Gobierno que una inmensa mayoría estaba a favor de mi candidatura, se tocó otro recurso más: y fué expedir órdenes, unas tras otras, a los Jefes militares de Campaña imponiéndoles su candidato, y amenazándolos con la destitución y otras penas a los que votaran por otro. Estas órdenes no eran extrañas, desde que se habían publicado artículos que pueden llamarse oficiales, en que se sentaba como un principio, la imperiosa obligación y el deber imprescindible, en que están todos los empleados civiles y militares, de no separarse del candidato del Gobierno, bajo la pena de ser destituidos de sus empleos, en caso de no hacerlo así. Con tales antecedentes y otros mucho peores, que será largo enumerar, se esperaba el 1º de Enero. Dos o tres días antes de este, se citaron todas las milicias y se las mantuvo acampadas fuera de la ciudad. Desde antes de las elecciones, no se oían sino las amenazas de los Jefes y empleados militares contra los que se atrevieran a dar su voto por otro que no fuera el candidato del Gobierno. Llegó por fin el 1º de Enero, y desde el amanecer de ese día, el Jefe del Principal andaba recorriendo las calles con una partida armada, dando vivas y mueras, insultando, amenazando y estropeando a cuantos creía del partido contrario. Inútil es decirte que el piquete permaneció todo ese día armado en el Cabildo, donde se colocó una de las mesas electorales. En la otra parroquia, donde estaba la otra mesa, se encontraba también una partida de gente armada. Por supuesto que con tales preparativos, y habiéndose puesto en ejecución las amenazas, fué imposible a los de la oposición aproximarse siquiera a dar su voto. Dos o tres veces que lo intentaron, fueron rechazados a palos por el jefe y los agentes militares. Intimidados con esto, abandonaron por necesidad las mesas y se retiraron sin votar. Los partidarios del Gobierno adoptaron un cintillo blanco por divisa, y apaleaban al que no quería llevarlo. Tales son los principales sucesos de las elecciones que acaban de tener lugar. Te los he referido a grandes rasgos, por que sería inacabable el entrar a detallarlos. En ese mismo día se elevó una protesta al Gobierno, con el solo objeto de ponerle en su conocimiento los actos y la conducta de sus empleados. Oportunamente se presentará otra a la Legislatura, que es el órgano competente, para que la eleve al Congreso. Una copia de esta protesta le adjunto al Dr. Zorrilla, con quien quisiera que te pongas de acuerdo, y esto mismo le pido a ese amigo en la carta que le escribo hoy. Te he hablado, pues, de estas elecciones y de la protesta, para empeñarme en seguida contigo y pedirte encarecidamente que tú y tus amigos trabajen con todo empeño para que dicha protesta no sea ilusoria, para que no queden en las Provincias, erigidos en principios, abusos tan escandalosos. Trabaja, en fin, para que ese Diputado que va, no por la Provincia, sino por el Gobierno, y que representará, no a la Provincia, sino a quién más le pague, no sea admitido en el Congreso. Y para conseguirlo tienes, no sólo la ilegalidad de su elección, sino una causa abierta por el Gobierno nacional contra él, a consecuencia de la sublevación que hizo del 8º de línea (ver el capítulo que dedico al linaje de Uriburu), y tienes además la circunstancia de haber sido electo por ciudadanos que no están inscriptos en el Registro Cívico, por que tal Registro no se ha abierto en la Provincia. En fin, te suplico me contestes a esta carta, avisándome cual es el estado de ánimo en que te encuentras sobre el particular, tú y tus amigos. Sobre todo ponte de acuerdo a este respecto con el Dr. Zorrilla".
      Tres meses antes (3-X-1865), el diputado Ruiz Moreno habíale escrito al Gobernador salteño Cleto Aguirre: "Espero que las Provincias mandarán buenos diputados … para renovar la Cámara por mitad. Ud., mi amigo, que está al frente de tan importante Provincia, puede trabajar con buen éxito en ese sentido. Me han dicho que uno de sus candidatos será D. (Delfin) Huergo. Permítame reprocharle su elección, si tal cosa es verdad. A nuestro amigo Huergo no le hallo las condiciones que exige el puesto. Su carácter no le dejaría ser independiente, máxime cuando está ligado por una íntima amistad con R. Elizalde". (Ministro de Relaciones Exteriores, por quien Mitre trabajaba para que le sucediera en la Presidencia de la República). "Creo que Salta tiene bastante en qué elegir sin pensar en Huergo. Allí está el Dr. Federico Ibarguren, jóven de mucho talento y de sano corazón, a quien le ruego a Ud. tenga presente".
      Y tras los vapuleados comicios de que le informó Ibarguren, Ruiz Moreno le escribía (1-II-1866) a Cleto Aguirre: "Respecto a las elecciones que han tenido lugar el 1º de enero, lamento sobremanera que se haya explotado su nombre y su influencia para coartar la libertad del sufragio. No me explico cómo Ud., partidario caluroso de las libertades del pueblo, ha tolerado que se abuse de su valioso prestigio. No es así, por cierto, como hemos de conseguir enseñar al pueblo la buena doctrina, y borrar nuestro malísimo pasado. No condeno el triunfo contra la candidatura del Dr. Ibarguren, sino la manera cómo se ha vencido. Considero muy digno al Dr. Ibarguren de ocupar un puesto en el Congreso, pero nada abría dicho si su candidatura hubiérase vencido legalmente …"
      Mi abuelo, por su parte, le transmitía a su "querido amigo y compañero" Ruiz Moreno estas expresiones: "Me manifiestas el pesar que has tenido en vista de los escandalosos abusos cometidos por el partido del Gobierno en las pasadas elecciones, y agregas que sobre este negocio le escribes a tu amigo el Dr. Aguirre. Puedo presumir, desde ahora, la contestación de éste, y estoy seguro de que ella se reducirá a decirte que no han habido abusos, que las elecciones se han hecho con el mayor orden y con la más amplia libertad. Pero, sean como fueren estos informes, lo que hay de positivo es que en este pueblo jamás se han visto actos de más escandalosa arbitrariedad que los cometidos el día de la elección. Cuando recibas ésta, nuestro amigo el Dr. Zorrilla se hallará en Buenos Aires. El va de acá, ha presenciado los hechos, por decirlo así, ha oído el clamor general, y podrá informarte con toda verdad y exactitud, no solo respecto a las elecciones, sino también al estado en que este país se encuentra. Es forzoso, es de indispensable necesidad, si se quieren tener instituciones, si se quiere que haya progreso en las Provincias, que se corten estos abusos tan frecuentemente cometidos por sus mandones … No me cansaré de repetirte en mis cartas, que me des noticias de los que pasa por esos mundos y del estado de la guerra (del Paraguay), así como de la disposición en que se halla el Congreso respecto a la admisión o nó del Diputado electo por Salta".
      Tocante a éste último asunto, Cleto Aguirre recibió de Ruiz Moren, el 28 de abril, un verdadero sinapismo epistolar: "Tengo - expone don Martín - su apreciable en que me recomienda trabaje en favor de la elección del Sr. López. Debo hablarle con franqueza: he dado mi opinión en contra. Y ésto sin que entre para nada el deseo de favorecer la candidatura de Ibarguren. Sin que ésto envuelva un reproche para Ud., pienso que el Dr. Ibarguren no triunfára aunque la elección se repita muchas veces. La opinión de los Diputados que han hablado conmigo es conforme con la mía. Me dice Ud. que interpretando el espíritu de la ley, dejóse de hacer el Registro Cívico. Deseo ver la nota de ese Gobierno para estudiar los fundamentos de esa rara interpretación. Hacer lo contrario de lo que prescribe el texto claro y explícito de una ley, 'interpretando su espíritu', es una verdadera invención que a ningún jurisconsulto se le ha ocurrido hasta hoy. Debo advertirle que el Dr. Ibarguren se resistía a figurar como candidato: y sólo mi insistencia y la de otros amigos lo decidieron a aceptar ese rol. Lamento muy de veras me recomiende Ud. un asunto en el cual me hallo imposibilitado para hacer algo en su absequio. Pero puede Ud. estar seguro que nada haré en contra. Mañana me voy a Entre Rios por ocho días. Luego que regrese le escribiré. Su sincero amigo: Martín Ruiz Moreno". (Los originales de las cartas transcriptas, se conservan en poder de los descendientes de don Martín, el noble amigo de mi abuelo).
      Después de todo, Isidoro López asistió al Congreso Constituyente, reunido en Santa Fé, junto con los otros representantes de Salta, Delfin Huergo y Juan Solá. Y (12-XI-1866) allá fueron reformados los artículos 4 y 67 de la Carta Magna, en lo relativo a los derechos aduaneros de exportación, que quedaron, definitivamente, como impuestos nacionales.

      Mi abuelo se casa con Margarita Uriburu

      Los avatares de la política - según vimos - alejaron a mi abuelo Federico de Cleto Aguirre, de Pancho Ortiz, de Apolonio Ormaechea y de otros gerifaltes del partido derrocador de los Uriburu. Estos, obviamente, apoyaron con sus parciales a Ibarguren en la elección de diputado contra el oficialista Isidoro López, furioso enemigo y promotor de la rebelión del 8º de línea para voltear a Juan N. Uriburu - mi bisabuelo -, quien calificó a López de "hombre de pasiones violentas y perversos instintos". De tal suerte esa aproximación, o fortuita coincidencia pública, de la otrora poderosa y ahora un tanto descaecida familia de Uriburu con el trampeado candidato a legislador nacional, vino a cuajar, al margen de las pasiones partidistas, en el matrimonio de éste último con Margarita Uriburu, "la Tortóla", niña de 19 años, hija del ex Gobernador en desgracia don Juan Nepomuceno. (Ver el apellido Uriburu).
      La serie de cartas, perpetradas con atroz ortografía, que la señora Gregoria Beeche de García y su hija Deidamia le dirigieron al hijo y hermano de ellas Adolfo García Beeche, forman un amenísimo anecdotario de apostillas, chismes, menudencias y desahogos acerca de la política y la vida social salteña de aquel tiempo. En 13-IV-1867 Deidamia le escribe a su "queridísimo hermanito": "Se ase el Domingo el casamiento del Dr. Ybarguren con la Tortóla Uriburu, nos ha sorprendido esto porque no se a dicho hantes nada. A las cuatro bicitas que le a echo la a pedido, y todos han quedado sorprendidos de la prontitud; que dirá López!" (Isidoro?). Y catorce días después, doña Gregoria (devota de Cleto Aguirre y de Urquiza y tremenda antiuriburista, a pesar de ser suegra de Manuela Uriburu y abuela de los García Uriburu) hacíale saber a su hijo - entre fútiles informaciones lugareñas - que "la Tortóla Uriburu casó el domingo con Ybarguren".
      Corriente al folio 46 del Libro 9 de Matrimonios que se archiva en La Merced de Salta, una partida dice textualmente: "En el domicilio de Dn. Juan N. Uriburu a veintiun días de mes de Abril del año del Señor de mil ochocientos sesenta y siete, habiéndose seguido información de soltería y libertad en que fueron testigos Dn. Liborio Díaz, soltero, mayor de edad, y Dn. Napoleón Latorre, casado, ambos vecinos de esta Ciudad; y no habiendo resultado impedimento alguno; dispensadas las tres proclamas por el Ilmo. Obispo Diocesano Fr. Buenaventura Rizo Patrón; el Presbro. Dn. Matías Linares, con licencia inscriptis del Párroco Presbro. Dn. Uladislao Zerda, pregunté de su consentimiento al Doctor Dn. Federico Ibarguren, hijo legítimo de Dn. Antonino Ibarguren y de Da. Elena Díaz; y a Margarita Uriburu, hija legítima de Dn. Juan N. Uriburu y de Da. Casiana Castro, todos vecinos de esta Ciudad; y expresados por ambos el consentimiento mutuo, por palabra de presente los uní en matrimonio; siendo testigos Dn. Antonino Ibarguren y Da. Casiana Castro de Uriburu". Firma: "Matías Linares".

      D. Federico integra la Suprema Cámara Judicial de Santa Fé. Ambiente político del momento

      No llevaba mi abuelo dos meses de casado, cuando con fecha 5-VI-1867 vino a sus manos una carta de Martín Ruiz Moreno, quién - desde el Rosario de Santa Fé, donde se desempeñaba como Jefe político - le ofrecía, de parte del Gobernador de esa Provincia Nicasio Oroño, el cargo de vocal del Superior Tribunal de Justicia santafesino. "Me preguntas, a nombre del Señor Oroño, si pienso ir a recibirme del cargo de Camarista, y me pides te conteste lo más pronto posible" - respondíale el 28 de junio don Federico a su amigo don Martín. "Así lo hago, y en contestación te diré que estoy decidido a ir, y desde este momento principio a prepararme para ponerme en marcha … Me preguntas si me he casado. Sí, mi querido Martín, y pensaba, sin duda alguna, darte parte de mi casamiento; pero ya que lo sabes sin que te lo haya avisado yo, te ofrezco, pués, y espero que cuentes con una nueva amiguita más, y la pongas a órdenes de tu señora (Isidorita Urquiza, sobrina carnal de don Justo José). Siento no poderla llevar ahora conmigo; pero la llevaré otra vez, o la haré llevar cuando sea más conveniente. Sobre candidaturas para la futura presidencia, nada se sabe todavía por acá con certeza; pero no dudo que los del actual círculo trabajarán por la candidatura de Elizalde. Los esfuerzos que hacen para captarse la buena voluntad de Taboada y hacer liga o alianza con éste, me hacen creer que trabajarán por Elizalde … Ayer ha salido una división de cuatrocientos hombres de caballería y cien de infantería, y con los que saldrán de los otros Departamentos, se formará una fuerza de mil doscientos hombres que marchan a destruir las montoneras de Varela que se hallan en Catamarca. No creo que haya motivo para gran temor; pero veo que esta vez se ha puesto en más agitación y alarma esta Provincia, que cuando Varela con todo su poder y toda su influencia se hallaba en Santa María, lugar muy próximo a esta Provincia".
      Convencido don Federico de que la presencia de Felipe Varela en Catamarca no era mayormente peligrosa, despidióse de su mujer, tomó la mensajería y se puso en camino hacia Santa Fé. El caudillo montonero, entretanto, logra eludir aquel contingente armado que, bajo la jefatura de Martín Cornejo, le buscaba para batirlo unido a las tropas nacionales del General Octaviano Navarro. Por los cerros de Tacuil intérnase Varela en el valle Calchaquí; en Amaicha, cerca de Molinos, desbanda a las milicias de Peque Frias, y sin más obstáculos por delante, cáe sobre la capital salteña.
      A todo esto en Santa Fé - un mes antes del referido "varelazo" -, mi abuelo Ibarguren asumía (10 de septiembre) las funciones de vocal de la Superior Cámara de Justicia; presidida por su comprovinciano José Benito Graña - jurisconsulto de nota y notorio urquicista -, e integrada por los doctores Severo Basabilbaso y Manuel Pérez, actuando como secretario Abraham Luque.
      Subrayo, a esta altura del relato, que la posición espiritual de mi abuelo - lo que llamamos ideología - frente al convulso acontecer político de su tiempo, lleno de imprevistos y sobresaltos contradictorios, podría definirse como tendida a armonizar mediante leyes sabias - y con savia - nuestra desbordada vitalidad republicana. Si bien profundamente estudioso, apasionado por la ciencia del derecho, conocedor a fondo de los clásicos latinos, y con aficiones de matemático, a mi abuelo no se lo podría calificar de utópico ni de libresco. Era, ante todo, hombre de realidades, hijo del propio esfuerzo y poseedor de una mentalidad ecuánime, disciplinada y reflexiva; o sea, imbuída de sentido común. Pertenecía a la primera camada de esa generación que la historia recuerda como "del 80" - que directamente sucedió a la "de la organización nacional". En los últimos años de su carrera estudiantil, pudo Ibarguren contemplar la amplia perspectiva del país desde aquel foco impulsor de la Confederación Argentina que fué la provincia de Entre Rios, magnetizada por el prestigio de Urquiza. Allí conoció a casi todas las figuras consulares del litoral y del interior de su patria: funcionarios, legisladores, magistrados, militares. Y en la vecina Montevideo, donde se doctoró, le fué dado alternar con Vicente Fidel López, ilustre porteño desterrado, y con muchos orientales del partido "blanco" - gobernante a la sazón -, tan amigos de los federales argentinos como recelosos de los manejos exteriores de Mitre y de la diplomacia cisplatina del Brasil.
      Resultaba, pués, don Federico, un "provinciano nacional", por decirlo así; cuyo horizonte patriótico se prolongaba más allá de los estrechos localismos, con su política de campanario, en la que estuvo harto enredada la familia de su mujer; y de la que el propio Ibarguren saldría escamado para siempre, después de aquella violenta parodia electoral contra su candidatura a diputado. Por eso también se explica su particular aversión hacia los rudimentarios arrestos montoneros y caudillescos - ya fueran del Chaco y de Varela o de los Taboada - y se comprende, asimismo, la posterior colaboración suya con los gobiernos nacionales de Sarmiento - "provinciano en Buenos Aires y porteño en las provincias" - de Avellaneda y de Roca.
      Pero vayamos a Santa Fé, donde el 8-X-1867 el Gobernador Oroño y su ministro Tesandro Santa Ana comisionaron, mediante decreto, al Dr. Ibarguren para que revisara la ley española de procedimientos sobre negocios de comercio (del 24-III-1830) y le propusiera al gobierno las modificaciones que ella debía tener antes de ser aplicada por los Tribunales santafesinos. Era Oroño un "Rivadavia chico" - según mote de sus admiradores -, el cual, llevado por incoercible reformismo, secularizó los cementerios, quiso convertir el convento de San Lorenzo en escuela de agronomía e imponer el matrimonio civil en menoscabo del religioso, mientras hacía gala de no concurrir a la iglesia. Todo ello le acarreó una fuerte oposición popular, y el fatal conflicto con el Obispo José María Gelabert, quien terminó excomulgándolo.

      La sucesión presidencial. Derrocamiento de Oroño y complicaciones posteriores. Asume Ibarguren el mando en Santa Fé en su carácter de Presidente de la Cámara de Justicia

      Entretanto la atmósfera política de la República se saturaba de nerviosismo debido a las próximas elecciones para la sucesión presidencial. El 28-XI-1867, desde su vivac guerrero de Tuyú-Cué, el Presidente Mitre le escribe una carta - conocida por "testamento político" - a su correligionario José María Gutiérrez, redactor del diario La Nación Argentina. En esa misiva don Bartolo, "valiéndome unicamente de mi autoridad moral", vetaba "las candidaturas reaccionarias" de Urquiza, de Alberdi y de Adolfo Alsina - ésta última calificada como "de contrabando". A trueque de tales postulaciones, Mitre encomiaba, para digno sucesor suyo, el nombre de Elizalde, o sino el de Sarmiento, o los de Rawson, Valentín Alsina y Marcos Paz; pues cualquiera de ellos representaban "fuerza de opinión", opuesta a los "Barrabases" - que así eran aludidos Urquiza y sus adjuntos: "liga inmoral de poderes usurpados por los gobiernos locales".
      Tal epístola fulminante hizo explotar en Santa Fé una revolución contra Oroño - que terminaba su mandato el 23-II-1868 - el cual, a no dudarlo, gravitaría decisivamente tanto en designar al futuro mandatario santafesino, como en el posterior nombramiento de los electores de Santa Fé para la cercana elección presidencial. Los liberales - diminuto partido en la provincia - sostenían la candidatura a gobernador de Marcelino Freire, correligionario de Mitre; los federales la de Mariano Cabal; y Oroño era tildado de mitrista por los urquisistas locales, a par que repelido por el sentimiento católico popular.
      Así las cosas, el 22-XII-1867, el Sargento Mayor Nicolás Denis, jefe de los guardias nacionales de la frontera norte, pone sitio con su tropa a la capital, y exige la renuncia del Gobernador. Oroño, entonces, requiere la intervención federal, y huye en un bote rumbo a las islas, delegando el mando en su cuñado José María Cullen. Apenas dos días más tarde, el Coronel Patricio Rodríguez, el Comandante Leopoldo Nelson y José Fidel Paz; al frente de mil gauchos armados a lanza, que vociferaban "Viva Dios! Abajo los masones!", se apoderan de Rosario, tras breve combate contra las fuerzas del Jefe político de la ciudad, Ruiz Moreno, quien se retira a San Nicolás.
      El Vicepresidente Marcos Paz, en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional y en acuerdo de ministros, visto el movimiento sedicioso, dispone la intervención, y designa Comisionado federal al Procurador General de la Nación Francisco Pico. Este emprende viaje respaldado por algunos batallones de línea, mientras dos cañoneras recorren las aguas del Paraná, a efectos de impedir la ayuda de Entre Rios - léase Urquiza - a los insurrectos santafesinos. En el intervalo Oroño procura arribar a un modus vivendi con los perturbadores del orden;empero los rebeldes rosarinos rechazan todo compromiso con don Nicasio. Por otra parte el Comisionado Pico, advertido de esos fracasos pacifistas, no desembarca en Rosario; torna a San Nicolás con Oroño, y, desde ahí, le reclama al Coronel Julián Martínez - Ministro de Guerra interino - el empleo de las armas para dominar la revuelta; y Rawson - Ministro del Interior - aprueba dicha medida destinada a reponer a Oroño. Tanto Rawson como Pico consideraban que los liberales, si bien constituían una pequeña minoría en Santa Fé, elevaban allí la antorcha de la civilización frente a la barbarie.
      Mas el caos institucional se acentúa en la provincia. El 9-I-1868, una pueblada estrepitosa en la plaza de Santa Fé - azuzada por Pepe Hernández, el futuro autor del Martín Fierro - reclama que el Presidente de la Cámara de Justicia, José Benito Graña, cual lo prescribía la ley, debía asumir interinamente el mando provincial, dada la acefalía del gobierno. Graña acepta la exigencia callejera, y nombra como Ministro a Simón de Iriondo, uno de los conspicuos promotores del alboroto.
      El Presidente Mitre - que a raíz de la muerte del Vice Marcos Paz ha regresado del frente de combate paraguayo - declara revolucionaria la designación de Graña; quien, entonces, abandona sus ocasionales funciones ejecutivas. Oroño, a su vez, en el Rosario, mediante un despótico decreto, suprime al Superior Tribunal de Justicia de Santa Fé, y crea otro en aquella localidad. El 17-II-1868 vence el período presidencial de Graña en el Tribunal santafecino, y la corporación, reunida en su Sala de acuerdos, elije nuevo Presidente al vocal Federico Ibarguren. Este, enseguida, comunica su nominación al Gobernador Oroño, y eleva también una protesta por aquel decreto rosarino eliminatorio de "la Exma. Cámara de Justicia que tengo el honor de presidir … único medio (la protesta) de defensa que le queda para sostener su dignidad e independencia". Así, con serena energía, en medio del hervor de las pasiones, afirmó sus prerrogativas el Presidente del Superior Tribunal Dr. Federico Ibarguren.
      Mitre, a todo esto, reemplaza al Comisionado Pico por su Ministro momentáneo del Interior Eduardo Costa. Ello desagrada a Oroño, que pretendía que la intervención sirviera a sus intereses. Fenece poco después el mandato constitucional de Oroño, y la Legislatura, que sesionaba en Rosario, designa Gobernador provisorio a Camilo Aldao; primo hermano de la mujer de su antecesor. Aldao - uno de los impulsores locales de la candidatura presidencial de Sarmiento - hace elegir a su primo político, el inevitable Oroño, Senador nacional, a despecho de la opinión que le era clamorosamente hostil.
      Ahora bien: al haber Aldao jurado su cargo supletorio ante un cuerpo legislativo sin quórum, esa investidura le fué desconocida por el Comisionado Costa, y, al cabo de mil argucias dilatorias, aquel gobernante no tuvo más remedio que dimitir; coyuntura que aprovechó Costa para tratar de instalarlo en el poder a Luciano Torrent (mitrista neto, definido por la candidatura de Elizalde a la Presidencia). Pero Mitre llega a la conclusión que con artimañas no podrá arreglarse el intríngulis santafesino; él sólo puso empeño en evitar que la provincia cayese bajo la influencia de Urquiza. Con resignada cordura, pués, don Bartolo decide el retiro de la intervención y de las tropas, que se envían al Paraguay a dar batallas. En adelante, el trastorno provincial ha de mudarse en equilibrio dentro del juego de las instituciones locales. En razón de ello, el 28-III-1868, el Presidente de la Cámara de Justicia, Federico Ibarguren, se ve en el caso de asumir el gobierno vacante en Santa Fé.
      Durante su breve lapso ejecutivo, mi abuelo, entre varias designaciones, nombró a Aarón Castellanos Jefe político del Rosario. Y una semana después (5 de abril), bajo la garantía del Gobernador interino, realizáronse los comicios para elegir Gobernador propietario, que dieron el triunfo a Mariano Cabal. Recibió este las insignias del mando de manos de Ibarguren el siguiente 7 de abril. A los cinco días de esto, don Mariano - urquicista cabal - preside la votación de los electores santafecinos que debían sufragar, con los de las demás provincias, por el próximo Presidente de la República. Santa Fé, Entre Rios y Salta, en tal ocasión, sostuvieron el nombre de Urquiza; pero el antiguo adalid del "Ejército Grande" no pudo contrarrestar la victoria aritmética de su ex boletinero Sarmiento, consagrado Presidente de los argentinos en el colegio electoral.

      Ibarguren Ministro de Gobierno en Salta y Senador Nacional en Buenos Aires

      Tras los movidos sucesos expuestos, mi abuelo solicita una licencia de 6 meses al Tribunal de que formaba parte, para volver a Salta. Antes de allegarse a su terruño, Ibarguren se corre a Buenos Aires. Aquí, el 5-V-1868, inscribe el título suyo de "Abogado de la República Oriental del Uruguay" en el Supremo Tribunal de Justicia, que preside el Dr. Benito Carrasco; presta el juramento de estilo y toma "posesión de los Estrados", con facultad conferida para ejercer la abogacía en toda la provincia bonaerense. (De esto se tomó razón a fojas 106 del "Libro de Matrícula" respectivo). Vencido luego el plazo de su licencia, don Federico renuncia a su judicatura santafesina, siendo reemplazado en la función por el Dr. Tomás Puig. Y el 13-VI-1869, en Salta, Benjamín Zorrilla asume el cargo de Gobernador, y designa Ministro de Gobierno al Dr. Federico Ibarguren. Este, durante su gestión, establece en la provincia una oficina de Registro de la Propiedad, fomenta la instrucción pública en los distintos departamentos y, entre otros logros, pone en marcha, desde la sede gubernativa salteña, a tres líneas de correos que la comunicaban: una con Campo Santo y Orán; otra con Chicoana, Viña de Guachipas, San Carlos y Cafayate; y la tercera iba hacia Molinos, a través de Cerrillos, Rosario de Lerma, la cuesta del Obispo y Seclantás.
      El 13-III-1871 Ibarguren abandona el ministerio provinciano para ocupar una banca en el Senado Nacional. Reemplazaba, en la alta Cámara, al Senador Pedro Uriburu Hoyos - avezado político y tio carnal de su mujer -, y tenía por compañero de representación salteña a José Manuel Arias - parlamentario veterano, doctorado en Chuquisaca. El 1º de julio aprobose en el Senado el diploma del legislador electo, quien incorporado al cuerpo ese mismo día, quedó como integrante de la Comisión de Negocios Constitucionales, junto con los Senadores Benjamín Villafañe, de Tucumán, y Daniel Araoz, de Jujuy.

      "La Cuestión Capital"

      El problema institucional más delicado a solucionar entonces por los legisladores era el darle a la República su Capital definitiva. A vuelta de sucesivos intentos fracasados, esa cuestión, verdaderamente "capital", permanecía latente sin resolverse, desde la época en que el país se emancipó de España.
      Buenos Aires, antigua sede de Virreyes, a partir de 1810 fué el virtual asiento gubernativo de "las Provincias Unidas del Sur". El Congreso unitario de 1826, bajo el influjo presidencial de Rivadavia, legalizó para Capital del Estado a la ciudad porteña, con un territorio comprendido, a lo largo, desde la ensenada de Barragán hasta el puerto de Las Conchas, y, a lo ancho, desde la costa del Rio de la Plata hasta el Puente de Márquez. La caida de Rivadavia dió al traste con ese improvisado distrito capitalino; aunque, de hecho, con aquel alto rango, Buenos Aires se mantuvo a través del dilatado y férreo período cumplido por Rosas. Al sobrevenir Caseros y el desgarrón separatista bonaerense, el Congreso constituyente de 1853 designó Capital de la República a Buenos Aires, a fin de atraer esta provincia separatista a la histórica unión. Todo fué en vano: terca, "la reina del Plata", no quiso unirse, ni presidir como Capital a la Nación Argentina. Urquiza, ante esa repulsa, estableció los poderes y el aparato burocrático de la Confederación en la entrerriana Paraná; si bien, después de la batalla de Cepeda y del "Pacto de Noviembre", la Convención Nacional constituyente dispuso que la futura capital sería la ciudad que el Congreso declarase, previa cesión hecha por la Legislatura del territorio a federalizarse. Luego de Pavón, el Congreso Nacional, en 1862, pensó, otra vez, en federalizar a la provincia bonaerense; pero la Legislatura local se negó aceptar el desprendimiento de su soberanía; votando, en cambio, la llamada "ley de compromiso", consistente en fijar por cinco años una residencia federal transitoria, sólo en la cuidad de Buenos Aires; residencia triplemente compartida por las autoridades nacionales, provinciales y municipales, con vencimiento en 7-X-1867. Próximo el término de este plazo, proyectó el Congreso instalar la Capital en Fraile Muerto, provincia de Córdoba; mas el designio nació muerto, y las cosas quedaron como antes. Ese año, el Congreso votó una ley que declaraba a la ciudad de Rosario para definitivo acomodo de los gobernantes federales; la ley, sin embargo, fué vetada por Mitre. En 1869 insistió el Parlamento en capitalizar a Rosario, dentro del espacio comprendido entre los arroyos Saladillo y Ludueña, con tres leguas de fondo, desde la costa del Paraná hacia el Oeste, conforme a la iniciativa del senador santafesino Joaquín Granel; empero el Presidente Sarmiento rechazó dicho proyecto.
      Entretanto los poderes supremos de la República - huéspedes sin imperio alguno en la jurisdicción porteña - convivían, casi de favor, con los celosos dueños de casa. Excusado es decir que al ingresar Ibarguren a la alta Cámara, el tan debatido asunto de la Capital Federal hallábase de nuevo en disyuntiva. Interpelada en el Senado la Comisión de Negocios Constitucionales, a la que pertenecía mi abuelo, sobre el famoso proyecto de capitalidad, los colegas Federico Ibarguren y Daniel Araoz estimaron conveniente substituir aquella proposición rosarina de Granel, por otra que declaraba Capital de la República a la ciudad de Buenos Aires, dentro de los límites de su municipio. Dicha ley habría de comunicarse a la Legislatura porteña, y si ésta asamblea rabiosamente localista no cediera el histórico distrito, Ibarguren y Araoz proponían a la ciudad de Córdoba como sede de los poderes federales. El senador Villafañe, por su parte, optó por Villa Constitución para Capital; pobrísimo caserío en aquel tiempo, sobre la ribera del Paraná, equidistante de Buenos Aires, de Santa Fé y de Entre Rios.
      Tras largas discusiones, Córdoba fué desechada por 15 votos contra 8; Rosario igualmente por 12 contra 11; y la alta rama parlamentaria, por 13 sufragios contra 10, eligió a la cordobesa Villa María para futura metrópoli de la Nación Argentina; cuya localidad trocaría su virginal nombre por el socorrido de "Rivadavia". A ultranza, el senador Villafañe clamaba, discrepante y solitario, que la cabecera ideal para la Nación debía levantarse en el desierto. Cuerdamente el Poder Ejecutivo vetó, el 27-IX-1871, tal fantasía, mientras el harto peliagudo asunto vino a quedar una vez más en veremos.

      Proyecto sobre ley electoral. Ibarguren Presidente del Senado y de la República para el caso de acefalía. Renuncia y es nombrado Juez Federal en Salta

      En 1873, el senador Ibarguren integró la comisión de Legislación con los representantes de Corrientes y La Rioja, Wenceslao Díaz Colodrero y Abel Bazán, respectivamente. Y el 2 de abril, cuando se debatió una ley sobre elecciones, mi abuelo, apoyado en la propia experiencia, tomó la palabra y dijo: "Antes de dictarse la ley de enrolamiento de la Guardia Nacional, había en manos de los comandantes militares, y aún de los Gobernadores de provincia, armas poderosas para ejercer presión sobre el ciudadano. Una de ellas consistía en mandar a la frontera, o a formar parte de los contingentes de sangre, a los que habían tenido la desgracia de contrariar sus insinuaciones" ("y usté quiera o no quiera, lo mandan a la frontera o lo echan a un batallón", cantaba al mismo tiempo El Gaucho Martín Fierro, cuya 1º parte corría impresa desde tan solo cuatro meses atrás). A objeto de evitar los fraudes que cometían "las mesas calificadoras", que según el espíritu de partido que dominaba en ellas admitían o desechaban la calidad de los ciudadanos para poder votar, el legislador salteño - en disidencia con sus colegas - propugnaba formar el padrón electoral en base al Registro Militar de la Guardia Nacional, y que la respectiva papeleta de enrolamiento (antecedente de la moderna libreta cívica) fuera el comprobante identificador de quienes participaban en el acto comicial.
      En la sesión del 9 de septiembre, sus pares eligieron a mi abuelo Presidente del Senado y de la República para el caso de acefalía, a los efectos de la ley del 10-IX-1868. "Esa votación en la que él no estuvo presente, por delicadeza - escribe Carlos Ibarguren en La historia que he vivido - fué el resultado de una ardiente lucha política entre los dos bloques senatoriales: el opositor al presidente Sarmiento, o sea el mitrista, que tenía por candidato al doctor Manuel Quintana, y el sarmientista que sostenía el nombre de Ibarguren, quien fué elegido por once votos". Este, "dejando de lado el gran interés político que significaba el triunfo de su candidatura, y obedeciendo al dictado de su conciencia y de su convicción legal, al abrirse la sesión del 11 de septiembre - la primera que se celebraba después de haber sido elegido presidente - tomó la palabra para observar su nombramiento, porque no había sido hecho por mayoría absoluta de votos, como lo requiere la ley, sino por pluralidad de los mismos, y sometió el caso a consideración del cuerpo. Después de un debate entre varios senadores, suscitado por la observación del propio interesado, el nombre de éste fué confirmado por doce votos contra diez que tuvo el doctor Manuel Quintana".
      Más adelante volvió a ponerse sobre el tapete, en el Senado, "la cuestión Capital". El Presidente Sarmiento pasó una comunicación al Congreso, refrendada por el Ministro del Interior Uladislao Frias, por la cual se vetaba un reiterado proyecto de ley que designaba a la ciudad de Rosario Capital de la República. Debatida esa resolución del Poder Ejecutivo en la alta Cámara (30-IX-1873) se dispuso votar si se debía insistir en la sanción de aquella ley; y al no alcanzarse la mayoría de los dos tercios de votos para invalidar las objeciones del Poder Ejecutivo, el cuerpo no insistió en la demanda. Sufragaron por sí, 15 senadores, y por nó 9; uno de estos nones fué el de mi abuelo, con opinión opuesta a la de su colega salteño Arias, a la del porteño Manuel Quintana, a la del santafecino Oroño, y a la de los otros sostenedores de la capitalidad rosarina.
      Al año siguiente, Ibarguren renunció a su banca por razones personales: en un lapso de nueve meses habían muerto en Salta, de difteria, dos hijitas suyas. Debido a esta desgracia don Federico decidió regresar a su provincia. "En ese momento - dice Carlos Ibarguren en su libro "de historia y de recuerdos" - estaba vacante el cargo de juez federal en Salta, y mi padre le pidió a su amigo el Presidente lo designara para ese puesto; Sarmiento se empeño para que no se retirara del Senado, pero ante la insistencia del peticionante, que no tenía vocación por la política y sí por la magistratura judicial, el Poder Ejecutivo solicitó al Senado el acuerdo para ese nombramiento".
      Don Federico sucedería en dicho Juzgado a José Evaristo Uriburu - primo hermano de su mujer - quien acababa de ser promovido a Ministro plenipotenciario en Bolivia. Así pués, al tratar el Senado (2-VI-1874) el acuerdo pedido para Juez Federal en Salta, el senador jujeño Daniel Araoz calificó a mi abuelo de "persona altamente caracterizada y respetable, y supongo que a nadie se le ocurrirá ponerlo en tela de juicio y hacer investigaciones sobre sus diplomas de abogado. Creo - dijo Araoz - que el Senado en masa piensa acordar con plena convicción ese acuerdo". A su turno el senador correntino Díaz Colodrero agregó: "Es de notoriedad pública la competencia del señor Senador Ibarguren, miembro conspicuo del Senado; yo creo que sería mucho mejor a la Nación en su puesto de Senador que como Juez Federal. Y cuando se trata de proveer a un puesto público, debe consultarse, ante todo, el mayor servicio a la Nación; y por eso mismo que el doctor Ibarguren es una persona de mucho mérito, trepido en aconsejar el acuerdo, porque como he dicho, prestaría servicios mucho más importantes en el seno del Senado que en la Provincia de Salta, donde puede ir otra persona con menos aptitudes que el doctor Ibarguren, pero que podría llenar debidamente el puesto de Juez Federal".
      En la sesión siguiente (6 de junio) la Comisión de Legislación (Wenceslao Díaz Colodrero, José Manuel Arias y Abel Bazán) aconsejó al cuerpo que aprobara sobre tablas la promoción de Juez Federal en Salta. El senador Ibarguren, entonces, manifestó: "Como va a tratarse de un asunto que me es personal, me voy a retirar con permiso de la Cámara". Hízolo así el interesado; y el nombramiento correspondiente se aprobó por afirmativa, contra un voto - sospecho que el del porteño Manuel Quintana, antisarmientista irreductible.
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    • Los jardines y el paseo de Palermo

      Las vísperas de abandonar Ibarguren sus fueros parlamentarios, tuvieron lugar en el Senado los encendidos debates (20, 25 y 27 de abril de aquel año 74) acerca del proyecto de ley que ordenaba construir un parque en los terrenos de Palermo, cuya aprobación se alcanzó ? para perdurable ornato, gracia y belleza de Buenos Aires ? merced al voto decisivo de mi abuelo.
      En efecto: el expirante gobierno de Sarmiento remitió al Congreso ese proyecto, firmado por los Ministros Uladislao Frias (Interior), Martín de Gainza (Guerra y Marina), Santiago Cortines (Hacienda) y Juan C. Albarracín (Instrucción Pública y Justicia). Dicha ley facultaba al Poder Ejecutivo, previo asentimiento de las autoridades bonaerenses, a levantar en Palermo, bajo la dirección del Departamento Agronómico y de varios profesores de la Escuela Militar, un vasto paseo público y jardín zoológico: con plantas exóticas y árboles del país, y toda clase de animales de las más raras especies. Tal parque ? muy al gusto estridente de Sarmiento, que por suerte no llegaría a prevalecer ? iba a adornarse también con reproducciones esculturales, en tamaño natural, de los grandes saurios antediluvianos peculiares de nuestras pampas: pedagógicos modelos a cargo ? su supervisión ? de expertos geólogos y paleontólogos movilizados por el capricho imaginativo del Presidente de la República.
      A tan ambicioso logro se destinaba un millón y medio de pesos corrientes, depositados en el Banco Provincial, que fueron recaudados para enganches durante la guerra del Paraguay; con más la cantidad de "hasta doscientos mil duros", provenientes de las rentas nacionales. Si dichos fondos se agotaran durante la ejecución del plan, el Gobierno de la Nación contribuiría con una cantidad igual a la que se entere en tesorería por suscripciones particulares; y, a la vez, el Poder Ejecutivo nombraba una Comisión de ciudadanos a fin de conservar y proseguir la obra reglamentando sus funciones y duración.
      Allí pués, en los terrenos de la antigua quinta que se confiscó a Rosas, planeaba Sarmiento crear el parque más importante de Buenos Aires; en ese "Versalles criollo" ? Palermo de San Benito ?, escenario político y social levantado por don Juan Manuel; con el caserón de amplios patios y corredores de arquería convertidos ya ? por el propio Sarmiento ? en Colegio Militar; al que aún formaban marco las plantaciones hechas por el ilustre Restaurador de las Leyes: la típica calle de ombúes; el bosque fresco de sauces y ceibos a orillas del rio; el estanque angosto frente a la casa principal; el legendario "aromo del perdón" de Manuelita, y los naranjos que Rosas, en persona, podaba tijera en mano cual experto horticultor.
      Traído al Senado el asunto del "Parque de Palermo", surgió en seguida a la discusión la faz política en su cariz más mezquino. Brotó primero el pretexto de que el sitio elegido no reunía las condiciones saludables mínimas para paseo público, por ser anegadizo y expuesto a las constantes emanaciones húmedas del rio. "Tengo a mi favor ? argumentó el representante sanjuanino José María del Carril ? la opinión del mismo señor Presidente de la República, que en sus cartas de Chile, en época anterior, al recordar a Palermo y las obras que hacía allí don Juan Manuel de Rosas, censuraba con bastante razón que éste hombre se ocupara de hacer allí un paseo: lo llamaba ignorante y bárbaro por eso, y le decía que al fin iba a convertirse en un sapo de pantano".
      "No conozco Palermo" ? enfatizaba Rawson, higienista en medicina y en política sectario a más no poder. "Una prevención adversa me ha impedido hasta ahora acercarme a ese lugar ? y con un sentimiento de repugnancia que jamás pude vencer ? pero yo pido a Dios, todos los días, que conserve en mi pecho, hasta el último suspiro, este santo horror de la tiranía, de sus símbolos y de sus tradiciones; no puedo ver a Palermo, por eso no he ido allí jamás, no lo conozco! ? no es sólo en vista de esa repulsión, que he confesado tener hacia ese terreno, donde Rosas dominó y ensangrentó esta ciudad, que hago oposición a este proyecto ? yo me imagino el placer que tendrá Rosas cuando sepa que él, hace 35 años, tuvo la famosa previsión del genio de acertar con un punto excelente al derredor de la ciudad de Buenos Aires, para establecer un paseo público que él empezara a formar, luchando con la naturaleza, gastando su plata y la ajena en crear, palmo a palmo, el terreno que debía servir para sus árboles ? Rosas se ha de encontrar muy satisfecho con esta noticia de que ha venido a descubrirse en el año 74, que él, el hombre práctico y previsor, él, el hombre de intuición, Rosas, era el que había fundado a Palermo".
      A esta estulta perorata replicó del Carril con sencilla lógica de Perogrullo: "Si hubiéramos de desalojar todos los lugares que el tirano habitó, tendríamos que decretar la despoblación de la ciudad de Buenos Aires". "Palermo es sano ? terció Nicolás Avellaneda ? porque vemos lozana la salud de sus habitantes, porque llegamos al Colegio de Palermo y preguntando al médico que asiste a los cien alumnos que viven allí permanentemente, nos contesta que los niños sometidos a las influencias perennes de aquella localidad, no sufren ni más ni menos que cualquier otro niño en algún otro punto de Buenos Aires". Que Rosas ? terminaba Avellaneda ? "no concluya efectivamente diciéndonos: Veis ese Palermo de San Benito? ? han destruído los árboles, han dejado crecer la hierba en los caminos, han disecado el lago hasta convertirlo en un pantano. ? Es necesario que lo obliguemos a retractarse, mostrándole que el Palermo de San Benito ? es paseo favorito de Buenos Aires, mejorado y embellecido por todos los maravillosos encantamientos de las artes, de las ciencias, de la elegancia y del buen gusto, que el tirano no pudo aprender en los aduares de la Pampa del Sur".
      "¿Es posible, Señor Presidente, que se venga a decir a nuestro rostro, que la Provincia de Buenos Aires necesita del ídolo que hoy gobierna nuestro país, para tener un Parque?" ? preguntaba sarcástico el porteño Quintana aludiendo a Sarmiento!
      Por fin, tras un debate de tres días, se puso a votación el artículo 1º de la ley que señalaba el lugar de Palermo para parque público, con el resultado de 11 votos a favor y 11 en contra. En eso entró al recinto mi abuelo Federico, apresuradamente llamado a desempatar la controversia. "El señor Ibarguren vota por la afirmativa?", hizo la pregunta el Presidente del cuerpo Adolfo Alsina. "Sí, señor" contestó el legislador por Salta; y el diario de sesiones consigna que "los demás artículos del proyecto fueron aprobados por igual mayoría ? 12 a 11 ?, quedando definitivamente sancionado para ser comunicado al Poder Ejecutivo".
      De esta suerte, gracias al lacónico "si, señor" del representante salteño, el 25-VI-1874, para solaz y deleite de los habitantes de Buenos Aires, vino a convertirse el viejo Palermo en flamante parque "Tres de Febrero", cuyo nombre ? jamás popularizado ? se debió a una sugerencia poco feliz del historiador Vicente Fidel López.

      El Juez Federal en Salta e Interventor en Jujuy

      Vuelto mi abuelo a Salta como Juez Federal, le sucedió en el Senado un primo hermano de su suegra, Segundo Linares Sacetenea ? marido de Lucía Uriburu Arias, a su vez prima hermana de la mujer de don Federico. Era, a la sazón, Gobernador de Salta Juan Pablo Saravia, quien, el 5-III-1875, designó una comisión de juristas, compuesta por Ibarguren, Vicente Anzoategui y Eugenio Caballero, para que organizara el Poder Judicial provinciano y estableciera un Código de Procedimientos en materia civil y criminal, lo que dichos doctores realizaron cabalmente. También ese año 75 se reformó la Constitución de la provincia, y mi abuelo fué designado convencional junto con mis tios Pio y José Uriburu. Presidía la Asamblea Segundo Díaz de Bedoya y, además de los nombrados parientes míos, señalo, entre otros, a estos constituyentes: Delfin y Juan Martín Leguizamón, José M. Tood, Angel Zerda, Mariano Zorreguieta, Genaro Feijoo, Miguel Araoz, Alejandro Figueroa, Mariano, Pedro, Adrián y Juan Cornejo, David Saravia y Wenceslao Gorriti.
      Mientras fué senador nacional, don Federico había hecho periódicas escapadas de Buenos Aires al terruño, sobre todo durante los meses del receso parlamentario. En esos intervalos mi abuelo, a parte de reanudar la siempre deseada vida familiar, pudo resolver directamente algunos asuntos particulares. Así, el 9-IV-1872, comparecieron, ante el Escribano Manuel N. Quijano, Federico Ibarguren y su cuñado José Díaz. Y el primero le transfirió al otro la parte que le correspondía de la herencia paterna sobre el "Potrero del Brealito", en Seclantás, por la suma de 2.650 pesos, pagaderos en esta forma: 1.000 pesos, que representaban el valor de los derechos de la esposa de Díaz a la finca "Monte de Nieva", que Díaz cedía al transmitiente; 700 pesos que el adquiriente habría de entregar a Félix Mena, a fin de cancelar un documento de Ibarguren; y el saldo de 970 pesos, Díaz se obligaba a abonarlo a los doce meses firmando un pagaré. Y al año siguiente, el 13-XII-1873, Félix Mena, por intermedio de su apoderado Ciriaco Prado, le vendió a don Federico unas tierras situadas en Seclantás, en el lugar denominado "La Bolza", mediante el precio de 1.500 pesos.
      Establecido de nuevo en Salta, y consagrado nuestro Juez Federal a producir fallos, autos y considerandos, recibe, de improviso, el nombramiento del Presidente Avellaneda de Interventor en la provincia de Jujuy, conforme al siguiente decreto fechado el 26-II-1877: "Vista la requisición hecha por el Gobernador de la Provincia de Jujuy, así como la comunicación de los Diputados de la Legislatura en que piden que el Gobierno Nacional intervenga en esa Provincia, a los objetos que la Constitución expresa. El Presidente de la República, en acuerdo general de ministros, Decreta? Artículo 1º. Queda sometida a la intervención nacional la Provincia de Jujuy. Artículo 2º. Nómbrase Interventor al Juez Federal de la Sección Salta, doctor Federico Ibarguren. Artículo 3º. El objeto de esta intervención es garantir el órden público en la Provincia, la autoridad del Gobernador y la libertad de la Legislatura en el pleno ejercicio de sus funciones. Artículo 4º. Por los Ministerios respectivos se tomarán las medidas necesarias para la ejecución de este decreto. Artículo 5º. Comuníquese, publíquese, dése al Registro Nacional".
      ¿Qué había ocurrido en Jujuy? El iniciarse ese año 77 la Legislatura se aprestaba a nombrar senadores nacionales. Algunos de sus miembros tenían convenido sostener para ese cargo la candidatura del Gobernador Cástulo Aparicio; no así once legisladores en mayoría, dispuestos a votar por los doctores Pablo Carrillo y José Benito Bárcena. A estos dos candidatos respaldaba también el Comandante de la Frontera del Chaco y Jefe del regimiento 12 de caballería, Teniente Coronel Napoleón Uriburu, yerno, precisamente, de José Benito Bárcena, el caudillo del partido contrario al Gobernador. Con propósito de coadyuvar a las miras políticas de su suegro, Uriburu realizó un amago admonitorio, disponiendo que el contingente suyo se corriera desde el Chaco hasta Humahuaca. El Gobernador Aparicio, por su parte, resuelto a todo trance a imponer su postulación senatorial, puso en pie de guerra a las milicias lugareñas, a fin de impedir todo pronunciamiento adverso de la Cámara; mientras intimaba a Uriburu se marchase al Chaco; y se dirigía, en queja, al Poder Ejecutivo Nacional por la ingerencia napoleónica del Comandante del 12 de línea en la política jujeña.
      Uriburu respondió entonces al Gobernador que él solo obedecía al Presidente de la República; acusándolo a Aparicio de ejercer actos de violencia contra el libre juego legislativo, en contraste con "el edificante espectáculo de un Jefe del Ejército Nacional que defiende con las armas en la mano la Constitución que el Gobernador de Jujuy pretende conculcar".
      Faltaban apenas diez días para el 26 de febrero, fecha en que debía realizarse aquella elección controvertida, cuando recibe Uriburu la visita de un emisario, llegado a Humahuaca por "extraviados caminos", el cual le entrega un frasco de remedio cuya etiqueta decía "drogas", pero que encerraba una nota del presidente de la Legislatura, presbítero Antonio Mas Oller, requiriéndole acudir a la ciudad con las tropas para garantizar el funcionamiento del cuerpo deliberante. Entretanto el Gobernador Aparicio lo ha puesto preso al cura Mas Oller, acusado de sedicioso. Avanza al propio tiempo Napoleón a la cabeza de sus soldados; los milicianos de Aparicio se desbandan en Tilcara, y el Jefe del 12 de caballería entra en la capital el 22 de febrero. Mas Oller, ipso facto, recobra su libertad; la Legislatura aprueba la conducta de éste, y recurre al Gobierno nacional pidiendo que las fuerzas de Uriburu permanezcan en Jujuy para su resguardo.
      A todo esto en Buenos Aires las supremas autoridades de la República, sorprendidas, se muestran contradictorias. Por un lado el Ministro de Guerra le comunica al mandatario jujeño que la presencia de Uriburu representa allá una garantía de legalidad y no de amenaza: "los jefes nacionales ? decía Adolfo Alsina ? mueven las fuerzas de que disponen, las distribuyen y las estacionan donde mejor convenga al servicio público, sin reconocer otro superior que el Gobierno Nacional". Por otra parte el Ministro del Interior, Simón de Iriondo, recordábale al Comandante Uriburu que le estaba vedado comprometer a la tropa en asuntos provinciales y obedecer llamamientos de personas de quienes no dependía. Ello porque Napoleón justificaba su participación armada, apoyado en una circular que el Presidente Sarmiento había cursado en 1873 a los Gobernadores, previniéndoles que las Legislaturas podían "disponer de las fuerzas nacionales para conservar y defender su existencia".
      Vacilante, el Presidente Avellaneda telegrafió a Uriburu: "Mi opinión personal es que usted debe concentrar las tropas sobre la frontera"; y al Gobernador Aparicio, el Primer Magistrado le advertía: "Vuesencia no puede dar ordenes sobre las fuerzas nacionales, ellas no se comprometen en ningún movimiento revolucionario".
      Planteadas así las cosas, el mismo día (26 de febrero) que la Legislatura en Jujuy nombraba senadores a José Benito Bárcena y a Pablo Carrillo, Avellaneda y sus ministros se definían decretando la intervención a dicha Provincia, a cargo del Juez Federal Federico Ibarguren. Y el Presidente de la República le expresaba a Uriburu en un telegrama: "Voy a reunir a los Ministros en acuerdo para deliberar sobre los asuntos en Jujuy. Necesito, sin embargo, manifestarle desde el primer momento que desapruebo del modo más completo su conducta. Usía ha recibido mando de fuerzas para cuidar las fronteras y no para cuidar Legislaturas, sin que pueda justificarlo la requisición de un Presidente que no representa ninguna autoridad exterior, y que sólo es un funcionario interno en el régimen de nuestras Cámaras. La intervención, aún legítimamente pedida, sólo puede ser acordada por el Gobierno Nacional, y el ejercicio de esa alta facultad no se halla en ningún modo delegado en los Comandantes de fronteras. Ordeno a Usía salir inmediatamente de la ciudad de Jujuy con las fuerzas de su mando y situarse a dos leguas de distancia, donde aguardará las órdenes que le serán comunicadas por los Ministerios respectivos". Este mandato perentorio fué obedecido por Uriburu con calmosa puntualidad.
      También el Ministro del Interior Iriondo notificaba al Gobernador Aparicio el nombramiento del Interventor Ibarguren, "que lleva la misión de hacer guardar el orden en la Provincia de su mando, de hacer respetar la autoridad que Vuecelencia ejerce y de garantir a la Legislatura el ejercicio de sus funciones. Tengo encargo especial de que Vuecelencia, sin facultad y sin derecho, ordenó la salida de las fuerzas nacionales de esa provincia, y que el Comandante Uriburu hizo perfectamente en resistir esa intimación. El Presidente no quiere que un hecho de esa clase pase desapercibido y sin ser contradicho con la debida protesta".
      El Gobernador Aparicio contestó al Ministro que acataba la intervención decretada, "pero creo de mi deber ? ponía en claro ? hacer presente a Vuecelencia que, sin dudar un momento de la honorabilidad del interventor nombrado, él esta ligado por miembro de parentesco y por estrechas afinidades políticas al Comandante Uriburu, autor principal de los trastornos que han motivado el requerimiento de la intervención".
      El 4 de marzo mi abuelo arribó a Jujuy ? la vieja ciudad fundada por su antepasado Argañaraz de Murguía ? investido con las funciones y el título de "Interventor": "nombre por primera vez empleado en un decreto, aunque usual en documentos oficiales" ? señala Luis H. Somariva, en su Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias. En esos momentos, el bloque de diputados que en la Legislatura acababa de elegir senadores a Bárcena y a Carrillo, se proponía destituir al Gobernador Aparicio; a cuyo propósito, y para lograr la necesaria mayoría de dos tercios de votos, expulsó a un legislador adicto a aquel mandatario. Frente al nuevo embrollo, el 13 de marzo, el Presidente Avellaneda le envió a mi abuelo las siguientes instrucciones: "Debo repetir a V.S. que el objeto de la Intervención ha sido garantir a la Legislatura y al Poder Ejecutivo el ejercicio de sus facultades constitucionales. La intervención ha sido solicitada por ambos Poderes que se encuentran en colisión, y si a pesar de sus esfuerzos no consigue V.S. llegar a un acuerdo prudente, no debe vacilar en declarar terminantemente que se retirará de esa ciudad dando por concluída su misión. V.S. ha sido nombrado para traer la calma a los espíritus, para asegurar el orden público y el libre ejercicio de las instituciones, pero no para ser testigo de desmanes, mirando como se desahogan pasiones personales. Era malo que el Gobernador aprisionase Diputados, pero no es bueno que la Legislatura organice mayorías artificiales, expulsando Diputados. V.S. debe hacer servir la Intervención para fines de concordia, y no para dejar el triunfo violento de los unos sobre los otros. Y es lo que espero de su rectitud, probado criterio y patriotismo".
      Ibarguren sin pérdida de tiempo congrega en su casa al Gobernador Aparicio y a los legisladores de la oposición, con Bárcena en primer término, persuadiendo a las partes celebrar el siguiente arreglo: la Legislatura retiraba sus acusaciones, dejando sin efecto el juicio político al Gobernador y reincorporaba al diputado expulsado; y el Gobernador comprometíase a respetar las inmunidades del cuerpo legislativo y a sostener un candidato común en la próxima renovación parlamentaria. "Para constancia y mayor solemnidad de este acuerdo bajo las precedentes bases, firmaron dos ejemplares del mismo tenor todos los presentes y el Señor Comisionado nacional" ? concluye el acta pertinente. Mediante tal pacto terminó su gestión el Interventor Ibarguren; y el 25 de marzo las fuerzas de línea que lo respaldaban partieron de Jujuy. El Presidente Avellaneda entonces, con viva complacencia, el 31 de marzo se dirigió mi abuelo en estos términos: "Recibí su telegrama. Es la primera vez que una Provincia queda tranquila tras los pasos de una intervención. Apruebo plenamente su conducta y lo felicito por el éxito de su misión". Y veinte días más tarde, el Presidente de la República exhortábalo así al Gobernador Aparicio: "Deseo que usted se reconcilie con sus antiguos amigos; que se ponga de acuerdo con el doctor Bárcena para reconstituir la situación de la Provincia; que tenga todas las consideraciones debidas a los Diputados, cumpliendo lealmente el compromiso contraído con el Interventor. Son los votos y el pedido de su amigo: Avellaneda".

      Renovado trastorno en Jujuy

      El idílico connubio político entre Aparicio y Bárcena duraría lo que el lirio. El adversario más temible de aquel seguía siendo el Comandante Napoleón Uriburu ? yerno de Bárcena y primo hermano de mi abuela Ibarguren ?, suerte de procónsul casi autónomo en su reducto chaqueño, que amparaba o desfacía gobiernos en las provincias circundantes, con su regimiento 12 de caballería. Y como el tio Napoleón despertara también zozobras en el Gobernador de Salta, Juan Solá ? acérrimo enemigo de "los oligarcas Uriburu", cual él los adjetivó en carta a Avellaneda ?, Solá y Aparicio decidieron de consuno neutralizar la influencia de Bárcena y del impulsivo hijo político de éste, prohijando la candidatura de Martín Torino, jefe de la policía salteña, para Gobernador de Jujuy.
      En la madrugada el 23-II-1878, día de votar electores de Gobernador, quienes junto con los diputados formarían Colegio Electoral para elegir al sucesor de Aparicio, numerosos adeptos de Bárcena se hallaban concentrados en su comité con ánimo de dirigirse luego a las mesas del comicio. En eso, frente al dicho local, aparecen grupos de "aparicistas" y varios vigilantes armados de remington que, sin más ni más, dispersan a balazos la reunión, con el triste saldo de 14 muertos y muchos heridos. Superfluo es decir que, después de esto, los parciales de Aparicio triunfaron en las elecciones, cuyo desenlace debía ser aprobado por la Legislatura, donde el oficialismo no tenía mayoría, por lo que se rumoreaba que esa Cámara iba a ser disuelta. A fin de impedir tal desmán, diez diputados solicitan al Poder Ejecutivo Nacional la intervención, mientras huyen de la ciudad para no caer presos. En ese estado de cosas, los cuatro legisladores que responden a Aparicio, deponen (20 de marzo) a sus colegas ausentes, y el Gobernador, sin andarse con vueltas, convoca a elecciones para reemplazar a los representantes opositores fugitivos.
      Ante el pandemonium producido, el Ministro del Interior Bernardo de Irigoyen, le pidió a mi abuelo Ibarguren se trasladara de nuevo a Jujuy, ahora como Comisionado amigable del Gobierno Nacional, a informarse sobre la real situación lugareña e interponer sus buenos oficios en procura de serenar los ánimos y templar las disidencias que ardían allá al rojo vivo.
      Ibarguren fracasó en su intento sosegador. Fué a Jujuy, y durante diez días hizo los mayores esfuerzos para arribar a una avenencia entre los poderes en pugna. Estudió el asunto y los hechos que se consignaban como fundamentos para pedir la intervención; interrogó a ciudadanos alejados de los partidos militantes, en aptitud de dar un juicio imparcial y verdadero ? entre ellos el ex Gobernador y Senador Plácido Sánchez de Bustamante; y llegó al convencimiento de que era imposible concretar un acuerdo medianamente aceptable. El Gobernador Aparicio temía que si los diputados destituidos entraran en funciones, la elección del 23 de marzo sería desaprobada. José Benito Bárcena, vocero de los legisladores cesantes, le manifestó a mi abuelo que, como paso previo a cualquier arreglo, se repusiera la Legislatura depuesta. Ibarguren les propuso, en vano, a Aparicio y a Bárcena levantar otra candidatura ? que no la de Martín Torino ? para Gobernador. "Nadie, con excepción del círculo del gobierno, acepta como legal el procedimiento de la minoría ? le informaba don Federico al Ministro don Bernardo ?, temo, Exmo. señor, que un gobernante nacido de este nuevo orden de cosas, que no llevaría al gobierno ni el prestigio de la opinión, ni de la ley, y que en concepto de todos sería un gobernante de hecho, sea causa de graves trastornos en la Provincia. Por lo demás, habiendo llenado la misión con que se sirvió honrarme V.E., creo que mi permanencia en ésta no tiene objeto; y aunque me es muy sensible no haber podido salvar el conflicto que existe entre los Poderes Públicos, por medio de un acuerdo amistoso, me cabe al menos la satisfacción de haber agotado todos los medios conciliatorios para conseguirlo".
      En tales circunstancias, la Legislatura urdida por el oficialismo formó quorum con 9 legisladores que, en el Colegio Electora, aprobaron la elección cumplida. El 25 de abril, Martín Torino inaguró su período y, dos meses más tarde, en Buenos Aires, el senador Pablo Carrillo fundó un proyecto de intervención en la Alta Cámara, a los fines de reponer, en Jujuy, a la anterior Legislatura desbaratada: "caso único en los anales parlamentarios" ? apunta el publicista Sommariva. El Senado aprobó esa intervención por 15 votos contra 7; pero la Cámara de Diputados la rechazó por 46 contra 16.

      Escueto intermedio notarial

      Cabe acotar que por esas fechas don Federico había comprado en la ciudad de Salta, para vivir con los suyos, la casa que hoy se ubica en la calle Mitre 389, entre las de Güemes y Santiago del Estero; casa que al trasladarse su dueño a Buenos Aires se vendió a la familia de Usandivaras, y que actualmente pertenece a la "Peña Española". Y el 13-XII-1881, la víspera de su definitiva radicación porteña, mi abuelo, ante al Escribano de Salta Mariano H. de Mendoza, otorgó un poder general a favor de su cuñado Juan A. Uriburu, a fin de que interviniera en todos los asuntos personales que tenía pendientes en la provincia.
      En los protocolos de Salta se asientan algunas escrituras en las que fué parte mi abuelo, por aquellos años, a saber: El 25-VII-1878, ante Pablo Villalba, Dolores Usandivares de Linares e Hilario Duponts nombraron árbitro al doctor Federico Ibarguren en un juicio, que tramitaban sobre cobro de pesos por un contrato de venta de ganado. El 22-VII-1879, ante el mismo Villalba, adquiere mi abuelo de Luis Peña, por la suma de 352 pesos de plata sellada, el boleto de compra de un terreno que medía 20 varas de frente y 75 de fondo, formando dos esquinas a las calles "de la Libertad" (Alberdi) y "Florida" (Balcarce), y sobre otra calle "que debe abrirse". Peña hubo ese baldío del Colegio de Maestras de Jesús, en un remate; y el apoderado de dicho Colegio, José Benjamín Dávalos, le transfería directamente el dominio del terreno a Ibarguren en aquel acto.
      El 20-I-1880, ante Mariano H. de Mendoza, don Federico le vendió a Salomón Michel, soltero, vecino de Molinos, sus derechos a la propiedad de la finca "Monte de Nieva", ubicada en Seclantás, que su padre había comprado a los herederos "del finado Salas"; y le vendió además a Michel, unos terrenos contiguos a esa finca que mi abuelo adquiriera de Félix Mena. Todo le fué transferido a don Salomón mediante el justo precio ? sin duda "salomónico ? de 8.000 pesos moneda corriente.
      El 8-IV-1880, ante Mariano Mendoza, Ibarguren sustituyó a favor de José María Cabezón, vecino de Buenos Aires, el poder que siete días atrás le habían conferido, en Seclantás, los "labradores" Gregorio Escobar, "de más de 90 años, criollo de 'Huracatao'", y Policarpo López, "de más de 80 años", vecino de Seclantás, para cobrarle a la Nación los derechos de ambos como guerreros de la independencia. Asimismo ante Mendoza, el 14-I-1881, el Juez Federal Ibarguren otorgó un poder especial al Procurador Adrián Quintero, para que éste percibiera sus honorarios, con las costas e intereses, que le adeudaban Juan Martín Leguisamón y Benjamín Dávalos. Y el 18-I-1883, ante Pelayo Villalba, las hermanas Rosa, Egidia y Benjamina López, otorgáronle poder especial al Dr. Ibarguren, "residente en la Capital Federal", a fin de que procurara el pago de los haberes devengados que se le adeudaban al padre de ellas, Angel López, como guerrero de la independencia. Al año siguiente, Federico Ibarguren compareció ante el Notario Manuel Salas, a darle poder especial a su cuñado Pio Uriburu, quien debía venderle el último bien que poseía en la ciudad de Salta: la casa de la calle "de la Libertad" nº 244 al 248, "al sur de la Plaza de la Victoria"; inmueble que el compareciente heredó de su madrastra Isabel Torán, la cual, a su vez, habíalo heredado de su marido Antonino Ibarguren. En consecuencia, el 18-IV-1884, ante el Escribano salteño Mendoza, Pio Uriburu le transfirió aquella vivienda, previo pago de 15.000 pesos moneda corriente, al Juez Federal que sucedió a don Federico, Benjamín Figueroa.

      Ibarguren es llamado por Roca para organizar los Tribunales capitalinos

      La revolución del 80 y sus consecuencias inmediatas, al imponer por ley a la ciudad de Buenos Aires como Capital Federal de la Nación y rematar con el ascenso de Roca a la Primera Magistratura de la República, gravitaron decisivamente en el destino de mi abuelo Federico. Aquel su amigo tucumano, ex condiscípulo y alumno suyo de matemáticas y latín en el Colegio del Uruguay, era ahora la más alta figura política del país, frente a una infinidad de problemas a resolver. Sin pérdida de tiempo había que crear los Tribunales de Justicia capitalinos, y a ese fin el Jefe del Estado, y su Ministro de Justicia Manuel Dídimo Pizarro, nombraron, el 30-XII-1881, primer Presidente de la Cámara de Apelaciones en lo Civil de la flamante capital, al salteño doctor Federico Ibarguren, junto con los demás vocales: Filemón Posse y Salustiano Zavalía, tucumanos, Jorge Damianovich, de Entre Rios, y Abel Bazán, de La Rioja; todos "bárbaros del norte", cual algún porteño rencoroso motejaría a sus compatriotas de provincias instalados en Buenos Aires, como en su propia casa, a partir de 1880.
      Corrido más de medio siglo, el 20-V-1933, aquel Tribunal en acuerdo extraordinario expresó a través de su Presidente: "Que en la fecha se cumple el centenario del nacimiento del señor Doctor don Federico Ibarguren, organizador y primer Presidente de esta Exma. Cámara de Apelaciones en lo Civil". (En realidad mi abuelo había venido al mundo dieciocho meses antes, el 21-I-1832). "Que con este motivo, el Tribunal estima un deber el recordar al preclaro ciudadano que en las destacadas posiciones en que actuara, sirviendo con eficacia al país, evidenció, junto con sus conocimientos de profundo jurista, la honorabilidad sin tacha, el sano patriotismo y la humana comprensión que ha caracterizado a los mejores Jueces que, en esta casa, dando a cada uno lo suyo, cumplieron la augusta tarea de aplicar el derecho. Que por ello, los señores miembros del Tribunal resolvieron exteriorizar su recuerdo y homenaje a la memoria del señor Doctor Ibarguren, por medio de esta acordada, ordenando asimismo que se transcriba el texto de la misma en nota que ha de dirigirse al hijo de aquel, señor Dr. Carlos Ibarguren. Con lo que terminó el acto, firmando los señores Camaristas y Fiscal de Cámara por ante mí: E. Coronado, M. Grandoli, G.F. Tobal, Suaze, Barraquero, César A. Fauvety".

      Ibarguren Ministro de la Corte Suprema. Su muerte y entierro en la Recoleta

      Tras haber sido asesor jurídico del Presidente Roca en el arbitraje sobre límites entre las provincias de San Luis y Córdoba, el Dr. Federico Ibarguren fué nombrado, en 1884, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en reemplazo del Dr. Manuel Dídimo Pizarro (ex Ministro en el gabinete de Roca, que actuó solamente un año como vocal de la Corte, y, aunque cordobés, pasaba al Senado nacional como representante de Santa Fé). Presidía entonces el máximo poder juzgador del Estado, el Dr. José Benjamín Gorostiaga (santiagueño), y lo integraban los doctores Saturnino Laspiur (sanjuanino), Uladislao Frias (tucumano) y José Domínguez (porteño). "En la Corte ? escribe Clodomiro Zavalía en su Historia de la Corte Suprema de la República Argentina ? desempeñó el doctor Ibarguren un papel prominente, quedando de su redacción un grán número de sentencias reveladoras de su gran capacidad jurídica, al par que de la gran rectitud de su juicio".
      Desde 1882 mi abuelo hallábase radicado con su familia en Buenos Aires, y a ese efecto adquirió la amplia vivienda de la calle Charcas, frente a la Plaza Libertad. (Acerca de La Casa de Ibarguren en la calle Charcas, transcribo su referencia histórica y evocativa al final de la presente monografía). Posteriormente compró don Federico una quinta de veraneo en el pueblo de Quilmes (peregrina reminiscencia calchaquí a orillas del Plata), a cuya superficie ? 7.143 metros y 62 centímetros cuadrados ?, alambrada y con cercos de follaje tupido, recuadraban las calles Belgrano, 3 de Febrero, Libertad, y Garibaldi. Frente a la primera de esas calles, levantábase el sólido edificio bajo compuesto de nueve habitaciones espaciosas y galerías al jardín, con su huerta de árboles frutales en el fondo, donde un pequeño galpón hacía a la vez de cochera. En 1891, los herederos de don Federico, vendieron la referida casa-quinta, en 30.000 pesos, a cierto mister Cordner, gerente del Banco de Londres.
      El dignísimo abuelo paterno, inesperadamente, había muerto en su domicilio de la calle Charcas, el 19-XI-1890. El Censor ? diario que fundara Sarmiento y dirigía a la sazón Luis María Gonet ? publicó la crónica necrológica que, por detallada y fiel, reproduzco en su integridad: "Ayer a las tres de la tarde dejó de existir repentinamente el Dr. Federico Ibarguren, Ministro de la Suprema Corte de Justicia Nacional. Encontrábase en la biblioteca de su casa dando conveniente colocación a un retrato de su señor padre. Luego se retiró hacia el frente para observar a la distancia el efecto de la posición del cuadro, sentándose en el sillón del escritorio. Su esposa, que se encontraba en la misma pieza, notó que el semblante del Dr. Ibarguren se tornaba pálido y que poco a poco aquel inclinaba la cabeza, como si fuese víctima de un desvanecimiento. Acercóse precipitadamente y lanzó un grito de horror: su esposo acababa de exhalar su último suspiro. Llamados varios médicos entre ellos el Dr. Güemes, comprobaron el fallecimiento, que había sido ocasionado por la rotura de un vaso. El Dr. Ibarguren era un hombre íntegro. Durante los largos años que desempeño los más elevados cargos de la magistratura, dió inequívocas pruebas de su rectitud y honradez. Enviamos a la distinguida familia del extinto nuestro más sentido pésame. Anoche a las 11 la Suprema Corte no había dado aviso oficial al Ejecutivo del fallecimiento del Dr. Ibarguren. El decreto disponiendo los honores que deben tributarse al extinto estaba redactado, pero el Presidente de la República no lo había firmado a la hora ya indicada. Asistirán al entierro el Ministro de Justicia, en representación del Poder Ejecutivo, y los miembros de la Suprema Corte en corporación. Los edificios públicos pondrán a media asta la bandera nacional en señal de duelo. El decreto encomienda al Ministro de la Guerra la parte referente a los honores militares".
      Ese mismo día, el diario La Prensa de José C. Paz informaba a sus lectores: "Ayer falleció en esta Capital el respetable ciudadano Dr. Federico Ibarguren que ha ocupado altos puestos en la magistratura y deja un nombre tenido en gran estima por cuantos conocían sus relevantes prendas de integridad y carácter. Durante varios años desempeñó el Juzgado Federal en Salta, fué también Interventor Nacional en la Provincia de Jujuy y actualmente era miembro de la Suprema Corte. Abogado distinguido y magistrado incorruptible, el Dr. Ibarguren figuraba entre los que quedaban del antiguo y honorable patriciado de la República, de aquella raza de varones austeros no contaminada del positivismo sensualista de nuestros días. Sus restos mortales serán conducidos esta tarde a las 5 al cementerio del Norte, desde la casa mortuoria, Carcas 1173".
      A esa hora, frente a la Recoleta, encontrábanse formados un batallón del 2 de infantería, otro de zapadores y una batería del 2 de artillería, que rindieron al cadáver de mi abuelo honores de General. Junto a la familia del muerto, una concurrencia numerosa asistió al entierro: El Presidente de la República Carlos Pellegrini, los Ministros: del Interior general Roca, de Justicia Juan Carballido, de Guerra general Levalle, de Relaciones Exteriores Eduardo Costa, el Presidente de la Suprema Corte doctor y general Benjamín Victorica, y los señores José Benjamín Gorostiaga, Antonio Malaver, Uladislao Frias, Francisco Seguí, Martín Bustos, Nicanor González del Solar, Jorge Damianovich, Manuel Escobar, Joaquín Granel, Virgilio Tedín, Andrés Ugarriza, Salustiano Zavalía, Filemón Posse, José Victorica, Manuel Peña, Amancio Alcorta, Eduardo Bidau, Adolfo Orma, Leopoldo Basavilbaso, Pedro Acuña, Carlos Saavedra Zavaleta, los generales Uriburu (Napoleón), Campos (Luis María) y García (Teodoro), Eduardo Madero, Martín Alzaga, Nicanor Zenón Elía, José M. Lagos, Víctor Victorica, Marcelo T. de Alvear, Francisco P. Bollini, M. Basail, Guillermo Cranwell, Julián Martínez, Francisco y Alberto Argerich, Leoncio Villar "y muchas otras personas que nos es difícil recordar", agrega el cronista el El Censor.
      El doctor Benjamín Victorica, Presidente de la Corte Suprema, habló al ser depositados los restos de su colega en el sepulcro: "Ciudadano honorabilísimo, Juez ilustrado y recto -- dijo --, su muerte prematura es una gran pérdida para la patria, para la magistratura y para el foro, donde sus opiniones eran escuchadas como la manifestación de un conocimiento que ilustraba la ciencia, unida a la rectitud acrisolada de un espíritu superior ? Dr. Ibarguren ? terminó Victorica ?, el Dios de la justicia habrá recogido vuestra alma entre los buenos. Vuestro recuerdo y vuestro ejemplo serán imperecederos. Los que llevan vuestro nombre pueden honrarse siempre con este testimonio, que grabo solemnemente en el bronce de vuestra tumba y en el corazón de vuestros conciudadanos".
      Reemplazó a mi abuelo en la Corte el Dr. Luis Sáenz Peña, futuro Presidente de la República. La actual calle "Donado", situada en Villa Mazzini, que nace en la Avenida Donato Alvarez al 3001 y termina en la Avenida General Paz al 2900, se llamó un tiempo Ibarguren en honor a don Federico. Y el poeta salteño Juan Carlos Dávalos, en una estrofa de su Canto a Salta, recordó "a los sesudos varones que al país ennoblecieron ... a Ibarguren, dechado entre los jueces".

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito), Tomo I, Los Ibarguren (Confiabilidad: 3).

    2. [S784] Chirico, Gabriel, Chirico, Gabriel, (gabrielchirico(AT)hotmail.com).

    3. [S892] Augier, Martin Javier, Augier, Martin Javier, (martin_augier99@hotmail.com).
      En el domicilio de D. Juan N. Uriburu, a 21 días del mes de abril de 1867, habiéndose seguido la información de soltería, y libertad en que fueron testigos don Tiburcio Díaz, soltero mayor de edad, y don Napoleón Latorre, casado, ambos vecinos de la ciudad, y no habiendo resultado impedimento alguno, dispensadas de las proclamas, el obispo diocesano Fray don Buenaventura Rizo Patrón, el Presbítero don Matias Linares..."
      https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-HZVM-R?