Bernardo Gustavo Juan Petersen Frers, (*)

Bernardo Gustavo Juan Petersen Frers, (*)

Varón 1841 - 1922  (80 años)

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  • Nombre Bernardo Gustavo Juan Petersen Frers 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 2 Nov 1841  Schleswig, Schleswig-Holstein, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 29 Sep 1922 
    ID Persona I17236  Los Antepasados
    Última Modificación 10 Feb 2018 

    Padre Hans Detlef Petersen,   n. 8 Ago 1805, Hütten, Holstein, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 3 Ago 1878, Langwedel, Holstein, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 72 años) 
    Madre Johanne Sophie Emilie Frers Hubrich,   n. 31 Jul 1813, Marne, Holstein, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 31 Dic 1891, Büssun, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 78 años) 
    Casado 2 Feb 1832  Marne, Holstein, Alemania Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Familia F8432  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Isabel Juliana Frers Lynch, (*),   n. 24 May 1857,   f. 24 Abr 1933  (Edad 75 años) 
    Casado 1 Abr 1874  Baradero, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Hijos 
    +1. Laura Emilia Petersen Frers,   n. 1876,   f. 1962  (Edad 86 años)
    +2. Emma Sofía Petersen Frers,   n. 1878,   f. 1961  (Edad 83 años)
    +3. Hans Teodoro Petersen Frers,   n. 1879,   f. 1961  (Edad 82 años)
    +4. Gustavo Eduardo Petersen Frers,   n. 1880,   f. 1956  (Edad 76 años)
    +5. Isabel Ida Petersen Frers,   n. 1882,   f. 1945  (Edad 63 años)
    +6. Germán Juan Petersen Frers,   n. 4 Mar 1884, Lezama, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 4 Sep 1945  (Edad 61 años)
    +7. Berta Julia Petersen Frers,   n. 1885,   f. 1968  (Edad 83 años)
    +8. Sofía Rosario Petersen Frers,   n. 1887,   f. 1982  (Edad 95 años)
    +9. Julia Elisa Petersen Frers,   n. 1889,   f. 1974  (Edad 85 años)
    +10. Juan Carlos Petersen Frers,   n. 1891,   f. 1958  (Edad 67 años)
    +11. Alberto Guillermo Petersen Frers,   n. 1893,   f. 1959  (Edad 66 años)
    +12. Gustavo Adolfo Petersen Frers,   n. 1895,   f. 1981  (Edad 86 años)
    +13. Jorge Héctor Petersen Frers,   n. 1896,   f. 1978  (Edad 82 años)
    +14. Ana Susana Petersen Frers,   n. 1898,   f. 1995  (Edad 97 años)
    Última Modificación 22 Dic 2009 
    ID Familia F8342  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 2 Nov 1841 - Schleswig, Schleswig-Holstein, Alemania Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 1 Abr 1874 - Baradero, Bs. As., Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Petersen Frers, Bernardo Gustavo Juan
    Petersen Frers
    Petersen Frers Lynch
    Petersen Frers Lynch
    Petersen Frers Lynch

  • Notas 
    • Bernardo Gustavo Juan Petersen
      Biografía Histórica

      Quinto hijo de Detlef Hans Petersen y Emilie Frers, nació en Langwedel el 2 de noviembre de 1841. Era este un pueblo en Holstein, donde su padre era maestro de escuela, a la que concurrieron los hijos y también Johannes.
      Siendo jovencito pasó a ser aprendiz en Eckernfoerde, donde aprendió el oficio de tornero. (Queda en poder de su hijo Adolfo Petersen un tintero torneado y tallado por él como único recuerdo).
      Teniendo 21 años emprendió viaje a Buenos Aires en velero con sus hermanos Teodoro y Emma, durando éste más o menos 90 días. Encontrábanse ya en Buenos Aires sus tíos Eduard, Germán y Gustav Frers. Encontrándose su tío Germán Frers en la estancia Rincón Rosario, encomendó a su sobrino Guillermo Paats, ocuparse un poco de los recién llegados.
      En aquel tiempo todavía existía el antiguo puerto con un muelle frente a la calle Viamonte o Corrientes y se cuenta que bañándose un día Juan Petersen, que nadaba muy poco, casi se ahoga. Logró salvarse en parte gracias a Guillermo Paats, que revolviendo con la mano en el agua desde los escalones de bajada, por casualidad, llegó a atraparlo y ayudarle a salir.
      Trabajó en los campos de Gibson, situados en el rincón de Ajó (hoy General Lavalle) en la provincia de Buenos Aires. Tenía a su cuidado majadas de ovejas y allí llegó a conocer muy bien la cría de hacienda lanar y las lanas. Había en esa región cantidad de cangrejales. Dos veces casi se hunde, una vez andando a caballo, éste se echó y arrastrándose se salvaron y otra por sacar un pato que había cazado. Allí en Rincón de Ajó, hizo una vida áspera y de constante trabajo. Absolutamente solo, sin más compañero que un perro fiel y bravo en su rancho frente al mar, en aquellos parajes que hoy, después de casi 70 años son todavía casi desiertos. Había traído sus herramientas predilectas de Europa y entre ellas un torno que le sirvió para reparar las bolas de billar del hotelucho del Puerto de Ajó, lo que le causó la admiración y simpatía de su dueño.
      En cierta ocasión el mar trajo, frente a su rancho en la orilla, una enorme ballena moribunda; se buscó un compañero decidido y entre ambos trabajaron diez días extrayendo grasa y derritiéndola, lo que le produjo una buena cantidad de dinero.
      Muchas veces contó como su perro fiel y bravo, en su propio rancho, un día a una indicación suya se abalanzó sobre un paisano forastero que demostraba a las claras tener quién sabe qué intenciones siniestras. Poco tiempo después de ese episodio, vió desde lejos, estando de recorrida en el campo, que ardía su rancho. Cuando llegó él a toda rienda, su único albergue -con todo lo que poseía- estaba convertido en cenizas. Siempre supuso que su rancho había sido incendiado por aquel mismo individuo. Perdía todo: papeles, ropas y haberes; quedándose con lo puesto.
      A raíz de esto, se fue de la estancia de Gibson y pasó a ser mayordomo en la estancia que Germán Frers y Rosario Lynch de Frers habían heredado de su padre Patricio Lynch; estancia situada en Baradero y llamada ?Rincón Rosario?. Allí conoció también a su prima Isabel Frers, hija mayor de Germán Frers, con quien se casó el primero de abril de 1874 en Baradero. En esta estancia pasó los primeros años de casado, naciendo los primeros hijos, es decir, el primero de todos que era varón, vivió sólo pocos días y después Laura, Emma, Teodoro, Eduardo e Isabel
      Amigo de Patricio Lynch y Germán Frers era el doctor Lino Piñeiro, casado con Eudocia Sorondo. Éste poseía una estancia en el partido de Pueyrredón, provincia de Buenos Aires, llamada ?La Eudocia?. Esta fue comprada por Germán Frers, conservando el nombre, por la amistad que mediaba entre las familias y comprándose también la marca.
      Este campo estaba arrendado por Rodolfo Funke y Teodoro Petersen a Lino Piñeiro, que lo tenían lleno de haciendas, que también vendieron a Germán Frers. (Teodoro Petersen, hermano de Juan).
      Juan Petersen con su familia se trasladó entonces del ?Rincón Rosario? a ?La Eudocia? como mayordomo de ésta, el primero de enero de 1884. Rodolfo Funke, amigo de la familia y Teodoro Petersen estaban en ?La Eudocia?. El tren llegaba entonces sólo a Maipú y Teodoro, que ya poseía su campo en Ayacucho, los fue a buscar a Maipú y los acompañó a ?La Eudocia?, viaje que se hacía entonces en galera. De estos viajes en diligencia y galera sabían contar mis padres muchos cuentos, como aquel, de que pasando un puente se desviaron y quedaron algunos de los caballos colgando sobre el río y papá, resuelto cortó las riendas y demás para que éstos cayeran al agua y la galera con sus pasajeros se salvara. En otro viaje, nuestro padre, que siempre procuraba viajar en el pescante de las galeras, al lado del conductor, yendo ésta a todo galope y a causa de un recio barquinazo, se cayó del pescante, y sólo una rápida virada, que hizo con toda sangre fría con el cuerpo, lo salvó de ser apretado por las ruedas. Era corriente entre los manejantes de las galeras correr carreras, atar potros para amansarlos, etc., lo que hacía -a veces- los viajes bastante desagradables.
      En esa estancia nacieron Germán, Berta, Sofía, Julia y Juan Carlos. Administró ?La Eudocia? para sus suegros hasta que murió su dueña, la señora Rosario Lynch de Frers en 1894. en la repartición de la herencia les tocó el campo del Sud a las tres hermanas: Isabel Frers de Petersen, Laura Frers de Wernicke y Ana Frers de Hosmann y a los demás, el campo del Norte, es decir ?Rincón Rosario?. Juan Petersen siguió administrando las tres divisiones del Sud, en sociedad con sus cuñados. ?La Eudocia? que linda con el arroyo Vivoratá y llegando por el otro lado hasta la Laguna Grande, con el casco de estancia fue adjudicada a Isabel, la otra parte por el norte, también sobre el arroyo, a Ana Frers de Hosmann y lindando con los dos campos, el de Laura Frers de Wernicke. Obra de Juan Petersen fueron los montes ?La Chingolina? de Laura y ?La Germania? de Ana.
      Como todo estanciero, tuvo que batallar a veces contra las inclemencias y rigores del clima y un dicho general suyo era que ninguna profesión dependía tanto del cielo como la suya. Así en Baradero, una noche helada de temporal dejó un tendal de unos dos mil vacunos. El primer año de estadía en ?La Eudocia? fue penoso, pues coincidió con un invierno crudo y seco de aquellos que hacen época. Aunque fue previsto por Juan Petersen, al hacerse la compra de las haciendas, con aquella visión clara de estas cosas que él siempre tuvo, el estado de las haciendas y el invierno crudo ocasionó una mortandad extraordinaria de hacienda ese año, que se elevó a la fantástica cifra de 7000 ovejas y más de mil vacas, con la mitad de la hacienda. Hubo años de sequía espantosa, como en el año 1907, en que pasaron meses sin lluvia, en que la tierra reseca presentaba rajaduras y en que los animales buscaban ya desesperados, las raíces de las matas secas. En esos años de sequías, eran corrientes las quemazones de campo. Recuerdo una en el día de Carnaval en 1913, que se inició del otro lado del arroyo y volando la paja voladora ardiendo, pasó a "La Eudocia", atravesando éste, llegó casi a ?La Germania?. Se encontraban mis padres solos por la fiesta; todos -hasta los peones- se habían ido a divertir fuera y siendo él solo, incapaz de combatirlo.
      Otros años fueron terribles por la aftosa. Pero no todos fueron reveces y hubo años de prosperidad, en que las lluvias, ?bendición que nos cae del cielo?, como decía papá, fueron abundantes, en que las lanas, los animales y los cueros valían. Como Juan Petersen (don Juan viejo, lo llamaban en la comarca) era muy previsor y económico, no sólo pudo mantener con su producto a los catorce hijos que tuvieron con el tiempo, pues a los diez ya nombrados se agregaron Alberto, Adolfo, Héctor y Anita nacidos en Buenos Aires, sino que pudo comprar el campo en Timote, partido de Tejedor, provincia de Buenos Aires, y la casa de Juncal 2141 en Buenos Aires, donde viviéramos veinte años.
      Fundó el pueblo Timote en el año 19?
      Era Juan Petersen incansable para el trabajo, siempre un ejemplo para su peonada; fue secundado durante 35 años por su capataz Daniel Petry, que formó su familia en "La Eudocia".
      Considerado muy entendido en lanas y en general en lanares, formó parte del jurado en la Sociedad Rural Argentina por muchísimos años para las razas Rambouillet.
      Juan Petersen administró las tres estancias en sociedad hasta el año 1912, época en que entregó las estancias Wernicke y Hosmann que administró Federico Wernicke, hijo de Laura F. de Wernicke y se quedó sólo con ?La Eudocia". (Marca de ?La Eudocia? a la izquierda). Muchos años acompañó Eduardo a papá, el que fue después a Timote, luego Héctor, quien se inició también con su padre y por fin en los últimos años lo acompañó su hijo Juan Carlos, quien lo iba reemplazando y ya no volvió a Buenos Aires pues deseaba morir en su estancia. Así sucedió el 29 de septiembre de 1921 a las tres de la mañana, después de una dolencia de veinte días, que empezó con ataque al hígado y terminó por una congestión pulmonar. La única enfermedad que realmente aquejó a mi padre fueron los cálculos al hígado. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y yacen en el cementerio alemán en la sepultura de Germán Frers y familia. Lástima no pudiera realizarse su deseo de que sus restos fueran sepultados en la misma Eudocia, en un sitio que él mismo había indicado como ideal poco tiempo antes, previendo quizá su próximo fin, al pie de un árbol que él mismo plantó.

      Juan Petersen (datos dados por su hija Laura)

      Debido a la soledad y a la dificultad de llegar al entonces todavía pueblo de Mar del Plata, como por la falta de un buen médico en esa localidad, ante todo en los primeros años de estadía en "La Eudocia", no faltaron también en la vida familiar momentos angustiosos. Siendo los hijos todavía chicos, repetidas veces le tocó a nuestro padre actuar como enfermero y se debió a su acertada intervención como tal, que en un momento crítico, hasta salvó la vida de nuestra madre. Siendo esposo y padre sumamente cariñoso, se dedicaba al cuidado de su enfermo con una abnegación conmovedora, hasta su completo reestablecimiento.
      Amaba sobre manera la música nuestro padre, y en los años en que era joven todavía, a menudo, acompañado por nuestra madre en el piano, cantaba con voz, que aunque no era amaestrada, era bastante linda, cantaba canciones que eran el deleite de sus hijos. (nota de J. P. de W.: así se hizo la costumbre de cantar canciones alemanas que conservamos hasta los menores.
      Era tan respetado nuestro padre, que habiéndose sublevado cierto día los esquiladores, tirando las galletas por el suelo, y alegando que la comida estaba mal preparada, bastó que se presentara solo, sin ningún acompañante en la cocina, les mandara alzar sus galletas y sentarse a comer, lo que todos hicieron sin protestar. Hecho consumido les prometió investigar el asunto.
      También en otra ocasión demostró de cuanto aprecio gozaba. Habiendo una tropa de carros, sin previo permiso, desatado y soltado sus caballos al lado mismo del casco de la estancia, no permitió nuestro padre que ningún hijo lo acompañara para reprender a la gente y se fue solo a hacerlo, consiguiendo, sin la más mínima réplica, que los carreros volvieran a atar y llevar los carros al sitio que él les indicara, soltando después sus animales.
      Solamente una vez se atrevió un puestero a acusar a nuestro padre ?por calumnia?; a él, el hombre más severamente recto que pudo imaginarse. Casi habría parecido ridículo, si no hubiera sido tan indignante, y esto de parte de un hombre, al cual papá, habiendo descubierto que tenía en su casa una respetable cantidad de cueros secuestrados, con la marca de la estancia, en vez de denunciarlo, sólo se limitó a despedirlo.
      Era tan conocido ?don Juan? por su rectitud y bondad, que aún gente que había vivido en su vecindad comentaba, después de años, que bastaba ir a pedirle, para que regalara con todo desprendimiento. El exceso de fruta fue vendido durante varios años a beneficio del Hospital de Mar del Plata.

      Juan Petersen (datos dados por su hijo Juan)

      A estos apuntes de mi hermana Laura agregaré yo los siguientes:
      Como lo dice mi hermana Laura, papá era efectivamente un hombre sumamente valiente, hasta lo temerario. Muchos son los casos en que lo demostraba y las anécdotas que se podrían relatar.
      Había en el campo muchos ñandúes cuyas plumas en un tiempo tenían mucho valor. Esto dio lugar a la frecuencia con que se encontraban boleadores de avestruces sin permiso, que estropeaban el campo. Una vez papá acorraló en un rincón de un potrero a tres de ellos reincidentes, que al intimidarlos a que dejaran las aves muertas que llevaban en las ancas, no obedecieron, por lo que dio la orden que alzaran las manos y se dirigieran alas casas; ?irá la osamenta pero no la vida? contestaron como desafío. Sin embargo, viendo que con papá no se jugaba, lo siguieron con el pedido, ?no nos mate, don Juan? porque lo veían armado. Días después pasaba la policía por "La Eudocia" y se la puso sobre la pista de los cazadores de avestruces, conocidos como cachafaces.
      Casos parecidos sucedieron con cazadores de nutrias y muy a menudo se repitieron los casos en que tenía que observar a carreros, como el ya mencionado antes, sobre todo junto al camino de Mar del Plata a Balcarce, donde solían cortar los alambrados para internarse en el campo, porque el camino estaba malo o por dejar pastar a su caballada. Sólo se hacía acompañar a veces por su capataz Daniel Petry. Así lo hizo en cierta ocasión que pasaré a relatar. Tenía papá un potrero reservado sobre el camino, sabía que una tropa de carreros pernoctaba a veces, soltando los caballos en el reservado, a pesar de la prohibición expresa. Encargó a un puestero que le avisará cuando se repitiera el hecho y así una noche se fue con Daniel Petry, ataron su caballo a distancia, y papa a pie, para no ser notado arreó la tropilla montando recién otra vez a caballo, estando a distancia prudente, los llevaron hasta el casco de la estancia. A la mañana siguiente, como a las 10 horas se aparecieron los 3 carreros a pie, pidiendo los animales. Papá, armado de pistola, les intimó que se pararan a 10 metros de distancia uno de otro, y después les manifestó que debían purgar el delito pagando una multa de 100 pesos cada uno a beneficio del Hospital de Mar del Plata, lo que con todo era menos que si los denunciaba por daños y perjuicios. Pidieron clemencia, entonces por ser carros de Alonso, vecino de campo, les pidió sólo 50 pesos por cabeza. Téngase en cuenta que por regla general los carreros eran matreros muy valientes y rápidos para desenvainar la cuchilla.
      Sí, Juan Petersen era hasta temerario, lo demostraba también cuando separaba yendo a pie, los toros enojados que se peleaban. Nunca olvidaré una vez que yendo en coche, había siete toros alrededor de una tranquera, bramando, peleando y levantando una polvareda con las patas. Papá bajó, los separó hablándoles y metiéndose entre ellos, y cuando consiguió retirarlos del alambrado para que no lo destrozaran y no se asustaran, volvió muy tranquilo, riéndose del temor de mamá y nuestro.
      Enseño a todos sus hijos a no tener miedo ya de pequeños y creo que lo ha conseguido.
      Juan Petersen era correctísimo en cuestiones de dinero y comercialmente gozaba de un nombre intachable. Como ya lo dije en otra parte, era trabajador incansable y económico. Pudo ayudar pecuniariamente a más de un hijo o yerno. Su último préstamo fue a Alberto y Adolfo a quienes dio la pequeña cantidad de ???$ a cada uno para empezar a trabajar, diciéndoles ?Gerarde genug zum verlieren? aludiendo a malas experiencias que había hecho en otros casos.
      Era conservativo. No variaba nada en su vida, ni en sus costumbres por muchos años. No permitía que cambiara nada en su casa de la estancia. Tan es así que Otto Wernicke, su cuñado, volviendo a la estancia después de veinte años que no había estado, se asombró de encontrar todo, muebles, cuadros, etc., igual y en el mismo lugar de antes.
      Amaba los árboles, las plantas y las flores. Plantaba y cuidaba personalmente el monte de la estancia. Tenía una variedad muy grande de plantas y árboles que eran su orgullo y de todos conocía el nombre. Se enorgullecía de su variedad de rosas, de sus lilas, de sus flores de jardín, de sus árboles forestales, europeos sobre todo, de hojas perennes: pinos, robles, cedros, alerces, abetos, hayas, cipreses, olmos, tilos. Se enorgullecía con justicia de la fruta que producían los frutales, los primeros en la región. Las peras, manzanas, duraznos, ciruelas, guindas y cerezas de la estancia eran famosas. Tal era la abundancia que alcanzaban y debían alcanzar según decía papá: ?1° para el ladrón, 2° para el peón y si sobra para el patrón?.
      Juan Petersen nació en Langwedel, Holstein, pequeña aldea cerca de Nortorf. Como todas las regiones fronterizas, contínuamente en litigio, pertenecía unas veces a Dinamarca, otras a Alemania. Cuando nació Juan Petersen en 1841, Schleswig-Holstein conjuntamente con Lauenburg eran ducados independientes bajo el protectorado de Dinamarca, por lo que papá solía decir que de nacimiento era danés. Pero nunca se consideró como tal, hablaba sólo el idioma alemán y se consideró siempre como de esta nacionalidad porque todos los habitantes de esta región lo eran. Este fue uno de los motivos por el que emigró con 21 años, es decir en 1862, cuando la opresión en los ducados Schleswig-Holstein se hacía insoportable. Quizá no lo hiciera si hubiera sabido que en 1864, después de la guerra de Prusia y sus aliados austriacos contra Dinamarca por los ducados Schleswig-Holstein, estos pasaron a formar parte de Alemania. Desde 1864, Holstein es territorio alemán y la nacionalidad de Juan Petersen legalmente es la misma. Estuvo 59 años en la argentina sin volver a su patria. Se adaptó muy bien al país de adopción, donde formó su hogar y donde nacieron sus hijos, sin embargo no se naturalizó y quedó alemán de corazón, como lo pude notar, al estallar la guerra mundial de 1914, al ver como se reavivaba su patriotismo.

      (Biografía escrita por su hija Julia, con datos suministrados por Emma, Juan Carlos, Laura y Germán, hermanos de la que escribe ?y con los datos que ésta misma recuerda. ?Puede haber errores de menor cuantía, por falla de memoria) ?14 de Febrero de 1939.
    • Bernardo Gustavo Juan Petersen
      Biografía Histórica

      Quinto hijo de Detlef Hans Petersen y Emilie Frers, nació en Langwedel el 2 de noviembre de 1841. Era este un pueblo en Holstein, donde su padre era maestro de escuela, a la que concurrieron los hijos y también Johannes.
      Siendo jovencito pasó a ser aprendiz en Eckernfoerde, donde aprendió el oficio de tornero. (Queda en poder de su hijo Adolfo Petersen un tintero torneado y tallado por él como único recuerdo).
      Teniendo 21 años emprendió viaje a Buenos Aires en velero con sus hermanos Teodoro y Emma, durando éste más o menos 90 días. Encontrábanse ya en Buenos Aires sus tíos Eduard, Germán y Gustav Frers. Encontrándose su tío Germán Frers en la estancia Rincón Rosario, encomendó a su sobrino Guillermo Paats, ocuparse un poco de los recién llegados.
      En aquel tiempo todavía existía el antiguo puerto con un muelle frente a la calle Viamonte o Corrientes y se cuenta que bañándose un día Juan Petersen, que nadaba muy poco, casi se ahoga. Logró salvarse en parte gracias a Guillermo Paats, que revolviendo con la mano en el agua desde los escalones de bajada, por casualidad, llegó a atraparlo y ayudarle a salir.
      Trabajó en los campos de Gibson, situados en el rincón de Ajó (hoy General Lavalle) en la provincia de Buenos Aires. Tenía a su cuidado majadas de ovejas y allí llegó a conocer muy bien la cría de hacienda lanar y las lanas. Había en esa región cantidad de cangrejales. Dos veces casi se hunde, una vez andando a caballo, éste se echó y arrastrándose se salvaron y otra por sacar un pato que había cazado. Allí en Rincón de Ajó, hizo una vida áspera y de constante trabajo. Absolutamente solo, sin más compañero que un perro fiel y bravo en su rancho frente al mar, en aquellos parajes que hoy, después de casi 70 años son todavía casi desiertos. Había traído sus herramientas predilectas de Europa y entre ellas un torno que le sirvió para reparar las bolas de billar del hotelucho del Puerto de Ajó, lo que le causó la admiración y simpatía de su dueño.
      En cierta ocasión el mar trajo, frente a su rancho en la orilla, una enorme ballena moribunda; se buscó un compañero decidido y entre ambos trabajaron diez días extrayendo grasa y derritiéndola, lo que le produjo una buena cantidad de dinero.
      Muchas veces contó como su perro fiel y bravo, en su propio rancho, un día a una indicación suya se abalanzó sobre un paisano forastero que demostraba a las claras tener quién sabe qué intenciones siniestras. Poco tiempo después de ese episodio, vió desde lejos, estando de recorrida en el campo, que ardía su rancho. Cuando llegó él a toda rienda, su único albergue -con todo lo que poseía- estaba convertido en cenizas. Siempre supuso que su rancho había sido incendiado por aquel mismo individuo. Perdía todo: papeles, ropas y haberes; quedándose con lo puesto.
      A raíz de esto, se fue de la estancia de Gibson y pasó a ser mayordomo en la estancia que Germán Frers y Rosario Lynch de Frers habían heredado de su padre Patricio Lynch; estancia situada en Baradero y llamada ?Rincón Rosario?. Allí conoció también a su prima Isabel Frers, hija mayor de Germán Frers, con quien se casó el primero de abril de 1874 en Baradero. En esta estancia pasó los primeros años de casado, naciendo los primeros hijos, es decir, el primero de todos que era varón, vivió sólo pocos días y después Laura, Emma, Teodoro, Eduardo e Isabel
      Amigo de Patricio Lynch y Germán Frers era el doctor Lino Piñeiro, casado con Eudocia Sorondo. Éste poseía una estancia en el partido de Pueyrredón, provincia de Buenos Aires, llamada ?La Eudocia?. Esta fue comprada por Germán Frers, conservando el nombre, por la amistad que mediaba entre las familias y comprándose también la marca.
      Este campo estaba arrendado por Rodolfo Funke y Teodoro Petersen a Lino Piñeiro, que lo tenían lleno de haciendas, que también vendieron a Germán Frers. (Teodoro Petersen, hermano de Juan).
      Juan Petersen con su familia se trasladó entonces del ?Rincón Rosario? a ?La Eudocia? como mayordomo de ésta, el primero de enero de 1884. Rodolfo Funke, amigo de la familia y Teodoro Petersen estaban en ?La Eudocia?. El tren llegaba entonces sólo a Maipú y Teodoro, que ya poseía su campo en Ayacucho, los fue a buscar a Maipú y los acompañó a ?La Eudocia?, viaje que se hacía entonces en galera. De estos viajes en diligencia y galera sabían contar mis padres muchos cuentos, como aquel, de que pasando un puente se desviaron y quedaron algunos de los caballos colgando sobre el río y papá, resuelto cortó las riendas y demás para que éstos cayeran al agua y la galera con sus pasajeros se salvara. En otro viaje, nuestro padre, que siempre procuraba viajar en el pescante de las galeras, al lado del conductor, yendo ésta a todo galope y a causa de un recio barquinazo, se cayó del pescante, y sólo una rápida virada, que hizo con toda sangre fría con el cuerpo, lo salvó de ser apretado por las ruedas. Era corriente entre los manejantes de las galeras correr carreras, atar potros para amansarlos, etc., lo que hacía -a veces- los viajes bastante desagradables.
      En esa estancia nacieron Germán, Berta, Sofía, Julia y Juan Carlos. Administró ?La Eudocia? para sus suegros hasta que murió su dueña, la señora Rosario Lynch de Frers en 1894. en la repartición de la herencia les tocó el campo del Sud a las tres hermanas: Isabel Frers de Petersen, Laura Frers de Wernicke y Ana Frers de Hosmann y a los demás, el campo del Norte, es decir ?Rincón Rosario?. Juan Petersen siguió administrando las tres divisiones del Sud, en sociedad con sus cuñados. ?La Eudocia? que linda con el arroyo Vivoratá y llegando por el otro lado hasta la Laguna Grande, con el casco de estancia fue adjudicada a Isabel, la otra parte por el norte, también sobre el arroyo, a Ana Frers de Hosmann y lindando con los dos campos, el de Laura Frers de Wernicke. Obra de Juan Petersen fueron los montes ?La Chingolina? de Laura y ?La Germania? de Ana.
      Como todo estanciero, tuvo que batallar a veces contra las inclemencias y rigores del clima y un dicho general suyo era que ninguna profesión dependía tanto del cielo como la suya. Así en Baradero, una noche helada de temporal dejó un tendal de unos dos mil vacunos. El primer año de estadía en ?La Eudocia? fue penoso, pues coincidió con un invierno crudo y seco de aquellos que hacen época. Aunque fue previsto por Juan Petersen, al hacerse la compra de las haciendas, con aquella visión clara de estas cosas que él siempre tuvo, el estado de las haciendas y el invierno crudo ocasionó una mortandad extraordinaria de hacienda ese año, que se elevó a la fantástica cifra de 7000 ovejas y más de mil vacas, con la mitad de la hacienda. Hubo años de sequía espantosa, como en el año 1907, en que pasaron meses sin lluvia, en que la tierra reseca presentaba rajaduras y en que los animales buscaban ya desesperados, las raíces de las matas secas. En esos años de sequías, eran corrientes las quemazones de campo. Recuerdo una en el día de Carnaval en 1913, que se inició del otro lado del arroyo y volando la paja voladora ardiendo, pasó a "La Eudocia", atravesando éste, llegó casi a ?La Germania?. Se encontraban mis padres solos por la fiesta; todos -hasta los peones- se habían ido a divertir fuera y siendo él solo, incapaz de combatirlo.
      Otros años fueron terribles por la aftosa. Pero no todos fueron reveces y hubo años de prosperidad, en que las lluvias, ?bendición que nos cae del cielo?, como decía papá, fueron abundantes, en que las lanas, los animales y los cueros valían. Como Juan Petersen (don Juan viejo, lo llamaban en la comarca) era muy previsor y económico, no sólo pudo mantener con su producto a los catorce hijos que tuvieron con el tiempo, pues a los diez ya nombrados se agregaron Alberto, Adolfo, Héctor y Anita nacidos en Buenos Aires, sino que pudo comprar el campo en Timote, partido de Tejedor, provincia de Buenos Aires, y la casa de Juncal 2141 en Buenos Aires, donde viviéramos veinte años.
      Fundó el pueblo Timote en el año 19?
      Era Juan Petersen incansable para el trabajo, siempre un ejemplo para su peonada; fue secundado durante 35 años por su capataz Daniel Petry, que formó su familia en "La Eudocia".
      Considerado muy entendido en lanas y en general en lanares, formó parte del jurado en la Sociedad Rural Argentina por muchísimos años para las razas Rambouillet.
      Juan Petersen administró las tres estancias en sociedad hasta el año 1912, época en que entregó las estancias Wernicke y Hosmann que administró Federico Wernicke, hijo de Laura F. de Wernicke y se quedó sólo con ?La Eudocia". (Marca de ?La Eudocia? a la izquierda). Muchos años acompañó Eduardo a papá, el que fue después a Timote, luego Héctor, quien se inició también con su padre y por fin en los últimos años lo acompañó su hijo Juan Carlos, quien lo iba reemplazando y ya no volvió a Buenos Aires pues deseaba morir en su estancia. Así sucedió el 29 de septiembre de 1921 a las tres de la mañana, después de una dolencia de veinte días, que empezó con ataque al hígado y terminó por una congestión pulmonar. La única enfermedad que realmente aquejó a mi padre fueron los cálculos al hígado. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y yacen en el cementerio alemán en la sepultura de Germán Frers y familia. Lástima no pudiera realizarse su deseo de que sus restos fueran sepultados en la misma Eudocia, en un sitio que él mismo había indicado como ideal poco tiempo antes, previendo quizá su próximo fin, al pie de un árbol que él mismo plantó.

      Juan Petersen (datos dados por su hija Laura)

      Debido a la soledad y a la dificultad de llegar al entonces todavía pueblo de Mar del Plata, como por la falta de un buen médico en esa localidad, ante todo en los primeros años de estadía en "La Eudocia", no faltaron también en la vida familiar momentos angustiosos. Siendo los hijos todavía chicos, repetidas veces le tocó a nuestro padre actuar como enfermero y se debió a su acertada intervención como tal, que en un momento crítico, hasta salvó la vida de nuestra madre. Siendo esposo y padre sumamente cariñoso, se dedicaba al cuidado de su enfermo con una abnegación conmovedora, hasta su completo reestablecimiento.
      Amaba sobre manera la música nuestro padre, y en los años en que era joven todavía, a menudo, acompañado por nuestra madre en el piano, cantaba con voz, que aunque no era amaestrada, era bastante linda, cantaba canciones que eran el deleite de sus hijos. (nota de J. P. de W.: así se hizo la costumbre de cantar canciones alemanas que conservamos hasta los menores.
      Era tan respetado nuestro padre, que habiéndose sublevado cierto día los esquiladores, tirando las galletas por el suelo, y alegando que la comida estaba mal preparada, bastó que se presentara solo, sin ningún acompañante en la cocina, les mandara alzar sus galletas y sentarse a comer, lo que todos hicieron sin protestar. Hecho consumido les prometió investigar el asunto.
      También en otra ocasión demostró de cuanto aprecio gozaba. Habiendo una tropa de carros, sin previo permiso, desatado y soltado sus caballos al lado mismo del casco de la estancia, no permitió nuestro padre que ningún hijo lo acompañara para reprender a la gente y se fue solo a hacerlo, consiguiendo, sin la más mínima réplica, que los carreros volvieran a atar y llevar los carros al sitio que él les indicara, soltando después sus animales.
      Solamente una vez se atrevió un puestero a acusar a nuestro padre ?por calumnia?; a él, el hombre más severamente recto que pudo imaginarse. Casi habría parecido ridículo, si no hubiera sido tan indignante, y esto de parte de un hombre, al cual papá, habiendo descubierto que tenía en su casa una respetable cantidad de cueros secuestrados, con la marca de la estancia, en vez de denunciarlo, sólo se limitó a despedirlo.
      Era tan conocido ?don Juan? por su rectitud y bondad, que aún gente que había vivido en su vecindad comentaba, después de años, que bastaba ir a pedirle, para que regalara con todo desprendimiento. El exceso de fruta fue vendido durante varios años a beneficio del Hospital de Mar del Plata.

      Juan Petersen (datos dados por su hijo Juan)

      A estos apuntes de mi hermana Laura agregaré yo los siguientes:
      Como lo dice mi hermana Laura, papá era efectivamente un hombre sumamente valiente, hasta lo temerario. Muchos son los casos en que lo demostraba y las anécdotas que se podrían relatar.
      Había en el campo muchos ñandúes cuyas plumas en un tiempo tenían mucho valor. Esto dio lugar a la frecuencia con que se encontraban boleadores de avestruces sin permiso, que estropeaban el campo. Una vez papá acorraló en un rincón de un potrero a tres de ellos reincidentes, que al intimidarlos a que dejaran las aves muertas que llevaban en las ancas, no obedecieron, por lo que dio la orden que alzaran las manos y se dirigieran alas casas; ?irá la osamenta pero no la vida? contestaron como desafío. Sin embargo, viendo que con papá no se jugaba, lo siguieron con el pedido, ?no nos mate, don Juan? porque lo veían armado. Días después pasaba la policía por "La Eudocia" y se la puso sobre la pista de los cazadores de avestruces, conocidos como cachafaces.
      Casos parecidos sucedieron con cazadores de nutrias y muy a menudo se repitieron los casos en que tenía que observar a carreros, como el ya mencionado antes, sobre todo junto al camino de Mar del Plata a Balcarce, donde solían cortar los alambrados para internarse en el campo, porque el camino estaba malo o por dejar pastar a su caballada. Sólo se hacía acompañar a veces por su capataz Daniel Petry. Así lo hizo en cierta ocasión que pasaré a relatar. Tenía papá un potrero reservado sobre el camino, sabía que una tropa de carreros pernoctaba a veces, soltando los caballos en el reservado, a pesar de la prohibición expresa. Encargó a un puestero que le avisará cuando se repitiera el hecho y así una noche se fue con Daniel Petry, ataron su caballo a distancia, y papa a pie, para no ser notado arreó la tropilla montando recién otra vez a caballo, estando a distancia prudente, los llevaron hasta el casco de la estancia. A la mañana siguiente, como a las 10 horas se aparecieron los 3 carreros a pie, pidiendo los animales. Papá, armado de pistola, les intimó que se pararan a 10 metros de distancia uno de otro, y después les manifestó que debían purgar el delito pagando una multa de 100 pesos cada uno a beneficio del Hospital de Mar del Plata, lo que con todo era menos que si los denunciaba por daños y perjuicios. Pidieron clemencia, entonces por ser carros de Alonso, vecino de campo, les pidió sólo 50 pesos por cabeza. Téngase en cuenta que por regla general los carreros eran matreros muy valientes y rápidos para desenvainar la cuchilla.
      Sí, Juan Petersen era hasta temerario, lo demostraba también cuando separaba yendo a pie, los toros enojados que se peleaban. Nunca olvidaré una vez que yendo en coche, había siete toros alrededor de una tranquera, bramando, peleando y levantando una polvareda con las patas. Papá bajó, los separó hablándoles y metiéndose entre ellos, y cuando consiguió retirarlos del alambrado para que no lo destrozaran y no se asustaran, volvió muy tranquilo, riéndose del temor de mamá y nuestro.
      Enseño a todos sus hijos a no tener miedo ya de pequeños y creo que lo ha conseguido.
      Juan Petersen era correctísimo en cuestiones de dinero y comercialmente gozaba de un nombre intachable. Como ya lo dije en otra parte, era trabajador incansable y económico. Pudo ayudar pecuniariamente a más de un hijo o yerno. Su último préstamo fue a Alberto y Adolfo a quienes dio la pequeña cantidad de ???$ a cada uno para empezar a trabajar, diciéndoles ?Gerarde genug zum verlieren? aludiendo a malas experiencias que había hecho en otros casos.
      Era conservativo. No variaba nada en su vida, ni en sus costumbres por muchos años. No permitía que cambiara nada en su casa de la estancia. Tan es así que Otto Wernicke, su cuñado, volviendo a la estancia después de veinte años que no había estado, se asombró de encontrar todo, muebles, cuadros, etc., igual y en el mismo lugar de antes.
      Amaba los árboles, las plantas y las flores. Plantaba y cuidaba personalmente el monte de la estancia. Tenía una variedad muy grande de plantas y árboles que eran su orgullo y de todos conocía el nombre. Se enorgullecía de su variedad de rosas, de sus lilas, de sus flores de jardín, de sus árboles forestales, europeos sobre todo, de hojas perennes: pinos, robles, cedros, alerces, abetos, hayas, cipreses, olmos, tilos. Se enorgullecía con justicia de la fruta que producían los frutales, los primeros en la región. Las peras, manzanas, duraznos, ciruelas, guindas y cerezas de la estancia eran famosas. Tal era la abundancia que alcanzaban y debían alcanzar según decía papá: ?1° para el ladrón, 2° para el peón y si sobra para el patrón?.
      Juan Petersen nació en Langwedel, Holstein, pequeña aldea cerca de Nortorf. Como todas las regiones fronterizas, contínuamente en litigio, pertenecía unas veces a Dinamarca, otras a Alemania. Cuando nació Juan Petersen en 1841, Schleswig-Holstein conjuntamente con Lauenburg eran ducados independientes bajo el protectorado de Dinamarca, por lo que papá solía decir que de nacimiento era danés. Pero nunca se consideró como tal, hablaba sólo el idioma alemán y se consideró siempre como de esta nacionalidad porque todos los habitantes de esta región lo eran. Este fue uno de los motivos por el que emigró con 21 años, es decir en 1862, cuando la opresión en los ducados Schleswig-Holstein se hacía insoportable. Quizá no lo hiciera si hubiera sabido que en 1864, después de la guerra de Prusia y sus aliados austriacos contra Dinamarca por los ducados Schleswig-Holstein, estos pasaron a formar parte de Alemania. Desde 1864, Holstein es territorio alemán y la nacionalidad de Juan Petersen legalmente es la misma. Estuvo 59 años en la argentina sin volver a su patria. Se adaptó muy bien al país de adopción, donde formó su hogar y donde nacieron sus hijos, sin embargo no se naturalizó y quedó alemán de corazón, como lo pude notar, al estallar la guerra mundial de 1914, al ver como se reavivaba su patriotismo.

      (Biografía escrita por su hija Julia, con datos suministrados por Emma, Juan Carlos, Laura y Germán, hermanos de la que escribe ?y con los datos que ésta misma recuerda. ?Puede haber errores de menor cuantía, por falla de memoria) ?14 de Febrero de 1939.