Lázaro Rivera Espinosa de los Monteros, (*)[1]

Varón - Sí, fecha desconocida


Información Personal    |    Notas    |    Fuentes    |    Todos    |    PDF

  • Nombre Lázaro Rivera Espinosa de los Monteros  [1
    Sufijo (*) 
    Nacimiento Málaga, Málaga, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Sexo Varón 
    Fallecimiento Sí, fecha desconocida 
    ID Persona I161691  Los Antepasados
    Última Modificación 27 Jun 2018 

    Padre Lázaro Rivera Espinosa de los Monteros,   f. Sí, fecha desconocida 
    Madre María de los Dolores Espinosa de los Monteros,   f. Sí, fecha desconocida 
    Casado Si  [1
    ID Familia F51117  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia María Francisca de Paula de Sarratea Altolaguirre,   c. 30 Abr 1768, Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida  [1
    Casado 2 Ago 1795  Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Tipo: Canónico 
    • Lº 6 Fº 332vta. Ts.: el padre de la contrayente, don Martín de Sarratea, y sus tíos don Martín José de Altolaguirre y don León de Altolaguirre, entre otros. Casados en la capilla del Obispo Manuel Azamor y Ramírez. [1]
    Última Modificación 26 Jun 2017 
    ID Familia F51116  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • Ex-gobernador de Mojos, nombrado en abril de 1796 Gobernador del Paraguay, y el primer acto de su gobierno fué mandar levantar el censo de la población del Paraguay que hizo elevar el número de habitantes á noventa y siete mil cuatrocientos ochenta, cincuenta y tres parroquias de blancos y mestizos, catorce reducciones de indios y tres pueblos de mulatos libres.

      Miró con sumo interés la suerte dela provincia de su mando persiguiendo y castigando á los indios mbayáes y á los guaicurúes. Estableció escuelas primarias, las cuales eran dirigidas por preceptores legos que enseñaban á leer, escribir y contar, bajo la vigilancia de los curas. Los padres de los niños estaban obligados á enviar sus hijos varones á la escuela, desde la edad de seis años, y cuando la distancia era de consideracion, lo que sucedta con frecuencia, iban á caballo. El catecismo era el único libro que se usaba. Segulase en la escuela el método lancasteriano; los niños mayores enseñaban á los menores, y todos aprendian á escribir en tablillas de un polvo resinoso, sobre el cual se señalaban las letras con un punzon de madera. Cada niño tenia obligacion de llevar á la escuela un saquito con esos polvos, para cuando fuese necesario borrar las letras.

      Invadida la Villa de Concepcion por los indios mbayáes, Rivera envió una espedicion al mando del coronel del regimiento de milicias de costa abajo, comandante polltico y militar de Villa Real, don José Espínola y Peña, quien consiguió escarmentarlos de un modo sangriento y como para que no repitiesen sus invasiones. Éste triunfo, agregado apotro, que el mismo Espínola habia obtenido poco despues sobre los guaicurúes que se habian sublevado, dió tal prestigio al gobierno de Rivera que los charabanaés, hostilizados por los portugueses, quienes, abandonando sus hogares, se adhirieron al Paraguay.

      La nacion guaicurú es una de las más famosas en las historias y en las relaciones de esas comarcas. Ella era tambien una de las mas numerosas, y, quizá, 1a mas fiera, la más fuerte, la mas guerrera, y cuyo talle era de los más grandes. Habitaba el Chaco, casi en frente de la Asuncion: su lenguaje era muy gutural, y diferente de todos los otros: ella no cultivaba la tierra, y vivla de la caza. De esta nacion, tan arrogante y tan poderosa, no existla á fines del siglo pasado mas que un solo hombre, el mejor proporcionado del mundo, alto de seis piés siete pulgadas: tenia tres mugeres, y por no hallarse en una gran soledad, se reunió á los tobas, cuyo vestido y modo de pintarse habia adoptado. El esterminio deplorable de esta valiente y soberbia nacion no proviene solamente de la continua guerra, que ella no cesó de hacer á los españoles y á los indios de toda especie, sino tambien de las costumbres bárbaras adoptadas por sus mugeres, que se hacian abortar, no conservando mas que su último hijo. Las mugeres de los guaicurúes, como las de los mbayáes, se prostituyen fácilmente; pero lo que habia de mas singular es que ellas hubiesen adoptado la costumbre bárbara y casi increible de no criar cada una mas que un hijo ó una hija, y de matar todos los otros. Ellas conservaban ordinariamente el último de que hayan sido embarazadas, cuando ya presumian no tener mas en adelante, atendida la edad y el estado de sus fuerzas. Si ellas se engañaban en su cálculo, y concebian un nuevo fruto despues del que habian conservado, mataban al último. Algunas se hallaron sin hijos, porque creyeron fuera de tiempo, que habian de tener algun otro.

      Se debe ast mismo presumir, que es entre los guaicurúes que este uso inaudito tomara origen antes que alguna otra nacion lo conociera, esto es á lo menos lo que inclina á creer su destruccion total.

      Sin embargo, segun el doctor don Pedro Somellera, fué Espínola el principal instrumento de las violencias del gobernador Rivera, porque en cuanto él podia, no escusaba practicarlas.

      En 1798, Rivera, con las mismas tribus emigradas á cuyo encuentro saliera, fundó la poblacion de San Juan Nepomuceno.

      No obstante, habia en la provincia del Paraguay un abuso inveterado que se pretendia hacer subsistir como ley inviolable, y era el siguiente. Con el aparente pretesto de ser provincia fronteriza del Brasil y del Chaco se reputaron por soldados á todos los hombres establecidos en el Paraguay, y cuando los gobernadores quisieron por una razon ó por otra invadir el territorio indio, ó fingir espedicion contra ellos, convocaban el número de hombres que les sugeria el fin que se proponian con el irregular procedimiento de obligar al que no podia, que pusiese personen) ó diese cierta cantidad en dinero. Esto lo hacian los gobernadores sin estar autorizados para ello, sin espreso permiso de la capitanía general, residente en Buenos Aires; sin contar con otros perjuicios como el de hacerse por lo menos sospechoso de la mala inversion que se hiciera en percibir contribuciones indebidas.

      El gobernador Rivera se empeñaba en aparentar la necesidad que tenia la provincia de una incesante defensa y la presion de que ningun hombre podia distraerse del servicio militar, haciendo decir á sus comandantes lo que él queria para fundar sus informes. Los cultivadores del tabaco se oponian al servicio militar por considerarse exonerados, en virtud de la visita practicada por el inspector respectivo. El número de éstos llegaba á unos quince mil hombres, cuando la provincia del Paraguay contaba como ochenta mil almas, cuyo guarismo pretendia sofísticamente reducir á nada.

      Desde mucho tiempo atras, se estuvo exigiendo, en esta provincia, un derecho denominado de guerra, de que no tenian conocimiento los tribunales de hacienda ni el gobierno general. Han tenido buen cuidado los intendentes de provincia de llevar adelante este abuso con tanto secreto que no pudieron cortarlo las autoridades superiores.

      Para justificar la inversion de tal derecho, se llevaban incursiones al Chaco, tan inútiles como perjudiciales, obligando á los indios á ser enemigos; cuando si se procurase atraerlos con agrado, disimulándoles algo y proporcionándoles reducciones que tantas veces pidieron, se habria conseguido su total sometimiento. Pero esto no convenia á los intereses de aquellos intendentes, sino en incomodar á esos habitantes, ó exijirles una contribucion general. [1]

  • Fuentes 
    1. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).

    2. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com), https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939D-VQS9-L.