Notas


Coincidencias 57,551 a 57,575 de 59,022


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57551 Tomamos como fuente la partida de nacimiento de su hijo Droiz Nicanos nacido en 1881. Maidana, Casiana (I127782)
 
57552 Tomamos el dato de la nota insertada en el correspondiente libro parroquial, por la que se hace constar que su hermano mayor, Juan Isidro, fue legitomado por el posterior matrimonio de sus padres. En esa nota consta que Camila Bernardina nacio durante el matrimonio de sus padres. Quesada Rocha, Camila Bernardina (I125290)
 
57553 Tomamos el dato de la partida bautismal de su nieto Nazario Álvarez. Álvarez, Joaquín (I132603)
 
57554 Tomamos el dato de la partida bautismal de su nieto Nazario Alvarez. Fernández, Manuela (I132604)
 
57555 Tomamos el dato de la partida de bautizo de su nieto José Manuel Quintín. Iglesias, Antonio de (I135301)
 
57556 Tomamos el dato de la partida de bautizo de su nieto José Manuel Quintín. Calderón, Agustina (I135302)
 
57557 Tomamos el dato de la partida de matrimonio de su viudo, don Estratón W. Colombres Colombres. Ruiz Huidobro Colombres Alurralde, Catalina (I155482)
 
57558 Tomamos el dato de la partida de matrimonio. Montes Merlo, Apolinar (I138398)
 
57559 Tomamos el dato del índice de matrimonios de la parroquia de Santiago Apostól de Baradero. El acta, según el índice está en el Tomo 2 folio 357. Familia F214984
 
57560 Tomámos los datos de la partida de bautizo de su hija María Josefa, en la que consta su filiación hasta sus abuelos.  Cárdenas González, José María (I136151)
 
57561 Tomamos los datos de la partida de matrimonio, celebrado en la Catedral de Córdoba el 4 de febrero de 1828. No consta en la partida la edad del contrayente, pero si que a la fecha ambos padres habían fallecido. Cantilo Villanueva, Sebastián (I135851)
 
57562 TOMAS DE ARROYO Y PALACIOS HUERTA - apellidado también de Arroyo y Huerta - nació en las postrimerías del siglo XVII. Se casó el 30-IV-1721, "en el pueblo de Santa Fé de los Quilmes", próximo a la estancia de su suegro en el pago de la Magdalena, con Ignacia Jiménez de Paz Parejas (hija de Roque Jiménez de Paz Leal de Ayala y de Luisa o Lucía Parejas - ver los apellidos Benavides y Jiménez de Paz). Bendijo aquella boda el cura de dicha reducción quilmeña - deudo de la desposada - Vicente de Rivadeneyra Leal de Ayala, "siendo testigos los indios del dicho pueblo". Para el casamiento la novia había sido dotada por su padre, entre otros bienes, con 200 ovejas, 20 terneras, 12 yeguas de vientre y 50 pesos plata, más la cama nupcial y el vestuario y menaje caseros. Tomás, a su vez, aportó un capital "como de quinientos pesos", y años después (1744) pastoreaban en esas tierras de la Magdalena, "sobre el arroyo que llaman de Quintana" - que fueran de su suegro -, una majada de 1.500 ovejas junto con "ganados mayores"; y allí vivía, con su familia, nuestro hombre, en casa de adobe y tejas; sin perjuicio de poseer también morada en la ciudad, edificada en medio solar, donde asimismo había levantado una tahona.
Otorgó Tomás de Arroyo dos testamentos, autorizados por Escribano Josef García Echaburu, el 9-VI-1778 y el 25-II-1785; este último documento ante los testigos Juan Antonio González (que firmó a ruego del otorgante), Juan Esteban Suárez y Francisco Javier Lozano (padre de Francisca Lozano Flores, futura esposa de Pedro Antonio Arroyo, nieto del testador). En tales escrituras el causante declaró - impropiamente - ser "hijo legítimo de Don Bernardo Arroyo y de Doña Ursula Palacios, y - con verdad - haber sido casado con "Doña Ignacia Ximénez, difunta", de la cual le quedaban los seis hijos que se consignarán más adelante. Dispuso ser sepultado, con hábito seráfico, en la Iglesia de la Concepción, "a la puerta de ella, en la misma sepultura que fue enterrado mi hijo Alexandro Arroyo". Enumeró luego por sus bienes; una esquina edificada, "en el Alto de San Pedro", donde vivía María Elvira Sosa, viuda de su hijo Francisco. Una quinta, en tierras que compró al finado Domingo Usedo; y la estancia en el pago de la Magdalena, que heredara de su suegro, con casa, muebles, aperos, útiles de labranza y ganado vacuno, lanar y yeguarizo; mulas y potros. Ordenó Tomás dar libertad a tres esclavos de los cinco de su propiedad, y fundar una Capellanía, con 1.000 pesos de principal, para que con sus réditos se dijera una misa todos los domingos del año, permanentemente, en la Iglesia de la Concepción, aplicada al alma suya, a la de su mujer "y demás de mi obligación"; pía entidad "que cuidará mi hijo Pedro Nolasco Arroyo", a quien designó Patrono en 1er lugar de ella, con derecho a elegir a sus sucesores. Finalmente nombró albaceas a sus hijos Pedro Nolasco, e Ignacio Arroyo. La testamentaría respectiva inicióse en noviembre de 1787, ante el Teniente de Gobernador Vicente García Grande y Cárdenas y el Escribano Gervasio Antonio Posadas. 
Arroyo Palacios Huerta, Capitán Tomás de (I2569)
 
57563 TOMAS DE ESCOBAR CASTELLANOS Y ABREU vino al mundo hacia 1631 en Gibraleón, municipio de la provincia andaluza de Huelva. Por 1640, ya huérfano de madre, el muchacho - como se dijo - pasó a Indias con su padre y sus hermanos, avecindándose en Salta antes de 1649. Su progenitor - ya lo sabemos - había contraído 2as nupcias en San Salvador de Jujuy, con Josefa Ortiz de Luyando o Luyando Ortiz de Zárate, la cual, el 4-XI-1652, por escritura pública, en cumplimiento de "lo prometido por estar ya casada con don Juan Castellanos", fue dotada de una finca.Muertos la señora y su marido, los hijastros de aquella, Tomás y sus hermanos - "todos nosotros somos mayores de veinte y cinco años" -, al no dejar herederos la finada, mediante escritura fechada en Salta el 13-VIII-1661, devolvieron esa propiedad dotal de su madrastra a una sobrina de ella, Dorotea del Campo y Zárate, por las muchas atenciones recibidas, y por que estaba cargada de hijos, y "con cuatro doncellas de dar estado". Agrego que a Josefa de Luyando la presumo descendiente (bisnieta?) de los cónyuges, primos entre sí, Pedro de Zárate Salazar y Lucía de Luyando; hijo aquel del Oidor Pedro Ortiz de Zárate (tío materno y tutor de Juan de Garay) y de Catalina de Salazar.

Los feudos de "Chicoana" y "Atapsi"

Poseyó Tomás de Escobar Castellanos, en el valle calchaquí, las encomiendas de "Chicoana" (ahora San Isidro, que hace siglo y medio conformó con Seclantás la estancia de mi bisabuelo Ibarguren) de "Atapsi" (hogaño adyacente a Molinos), concedidas el 4-V-1646 por el Gobernador Gutierre de Acosta y Padilla, por haber vacado a raíz de la muerte de Juan Arias Velázquez, sucesor en segunda vida, de dichos indios y de los de "Payogasta" que fueron encomendados al padre de éste, Hernando Arias Velázquez.
Esas tres encomiendas habíaselas dado primitivamente de merced, en 1588, Ramírez de Velasco a mi remoto abuelo Gonzalo Duarte de Meneses, por lo que la hija de éste, Valeriana, reclamaba su disfrute. Empero el Gobernador Acosta y Padilla resolvió otorgar los feudos a Tomás de Escobar Castellanos "con cargo (sic) de que haya de casar con doña María de Sotomayor" (hija de Antonio Luis de Cabrera y de Valeriana Duarte de Meneses, y nieta de don Gonzalo, primer feudatario de "Chicoana", "Atapsi" y "Payogasta"), "y por defecto de no hacerlo así, se le haya de dar y pagar dos mil pesos de a ocho reales para ayudarle a tomar estado por vía de pensión". Ante este dilema terminante, Tomás no vaciló en formalizar su unión con María de Sotomayor y Cabrera Duarte de Meneses. Por tanto, dichos repartimientos quedaron confirmados por el Rey el 25-XI-1649.

La merced de "Ampascachi" y las encomiendas de "Bombolán" y "Abimaná"

Fue dueño más tarde Tomás de Escobar Castellanos, de las tierras de "Ampascachi", en el valle de "Guachipas, cuyo rio remonta su caudal hasta la confluencia de las aguas del Cajón y el Calchaquí. Tal dominio fuele otorgado a mi pretérito ascendiente el 24-V-1660, y de él tomó posesión edificando una capilla.
A su vez, desde 1660 Tomás de Escobar Castellanos figura como encomendero de los pueblos de "Bombolán" y "Abimaná", en mérito de haber contribuído - con otros vecinos de Salta - a la formación de los contingentes que emprendieron la guerra calchaquí, bajo el estímulo "de que en remuneración de estos servicios se les habría de dar en Encomienda las naciones de dichos indios calchaquíes que se desnaturalizasen". Así ocurrió, y los indios vencidos fueron fueron trasladados a las respectivas estancias de los vencedores, donde se los redujo a "pueblos" y "tuvieron tierras de pan llevar y estuvieron en Doctrina bajo la Cruz y bajo campana". Después de esto, durante el segundo gobierno de Alonso de Mercado y Villacorta, al llegar a su término la guerra aludida (1666), dejóse constancia oficial de que en ella personalmente "se distinguió el Maestre de Campo Tomás de Escobar Castellanos, ayudando a la defensa de la ciudad de Esteco, al frente de los indios Pacciocas, Colalaos y Tolombones". (Una centuria más adelante - 1779 -, Félix Apolinar Arias Rengel, marido de la bisnieta del encomendero Tomás de Escobar Castellanos, litigó ante la justicia salteña contra el portugués José Antonio Cruz - esposo heredero de María Ignacia Martínez Sáenz - a quien el primero acusaba de haberle despojado los indios de su encomienda de los pueblos de "Bombolán" y "Abimaná". El historiador Atilio Cornejo ha resumido ese largo pleito en su libro "Contribución a la historia de la propiedad inmobiliaria de Salta en la época Virreinal").

Otras constancias acerca de mi antepasado. Su matrimonio, testamento y descendencia

En los protocolos que guarda el Archivo Histórico salteño encontré una curiosa y pintoresca escritura que otorgó el "Capitán Tomás de Escobar Castellanos, vecino encomendero de esta ciudad de Lerma, valle de Salta", el 11-XII-1665. En ese documento don Tomás - timbero empedernido, según parece - se obligaba en forma vitalicia, a pagar 250 pesos a cada uno de los Mayordomos de las Cofradías del Santísimo Sacramento y de las Animas del Purgatorio, si incurriese en "juegos de naipes, de pintas y pechigonga o de primera"; amén de abonarle 50 pesos "a la persona que me viere jugar dichos juegos y fuese y denunciase de ello a dichos Mayordomos". Autorizó el solemne compromiso - a falta de "Escribano Real" - "el Sargento Mayor Francisco de Palacios (también antecesor mío), Teniente de Gobernador y Capitán a guerra de Salta", ante los testigos Capitanes Pedro de Toro, Diego Diez Gómez (yerno del otorgante y mi 8º abuelo) y Juan de Aibar y Castro.
Tomás de Escobar Castellanos fue - como se dijo - Capitán, Sargento Mayor, Maestre de Campo y Teniente de Gobernador a guerra de Salta durante los años 1660 a 1681. En 1679 integraba el Cabildo salteño presidido por el Gobernador Juan Diez de Andino, y compuesto, además, por los regidores Melchor Diez Zambrano, Hernando de Villegas, Juan González y el Escribano Antonio Velasco. Ese mismo año el Gobernador Diez de Andino resolvió llevar una guerra ofensiva contra los indios "mocobíes" del Chaco; guerra que costearon los vecinos pudientes de Santiago del Estero, La Rioja, San Miguel de Tucumán, Salta, San Salvador de Jujuy y Talavera de Esteco. Como vecino de Salta, Tomás de Escobar Castellanos cooperó en dicha empresa bélica "gastando mucha parte de su caudal".
El dadivoso personaje - como dijimos - había contraído matrimonio, entre los años 1649 y 1654, con María de Sotomayor y Cabrera, apellidada también Luis de Cabrera, hija del Sargento Mayor, encomendero en La Rioja, Antonio Luis de Cabrera Manrique de Lara Osorio y Chaves, y de su mujer Valeriana Duarte de Meneses Cepeda Villarroel. (Ver los antecedentes genealógicos inmediatos de ambos cónyuges en los linajes de Cabrera y de Meneses). Doña María usó el apellido Sotomayor en recuerdo de la madre de su tatarabuelo Ñuflo de Chaves; la trujillana María de Sotomayor García de Chaves. Para sus esponsales con Escobar Castellanos, ella - huérfana de padre y madre - fue dotada por su abuela y tutora Teresa de Cepeda Villarroel, con la suma de 5.000 pesos. Y el año 1656, ante el Alcalde salteño Sebastián Diez Zambrano, Tomás de Escobar Castellanos, "vecino feudatario y Alcalde ordinario de Salta", y su esposa María de Sotomayor y Cabrera, otorgaron todo su poder a Bernabé Salinas, vecino de La Rioja, a fin de que en esta jurisdicción atendiera sus intereses.
Testó don Tomás en Salta, el 2-XII-1684, ante el Alcalde Vélez de Alcocer y los testigos Juan de Hoces Lavayén, Pedro de Lacerda, Capitán Alonso Castellanos (hermano del otorgante), Agustín Martínez Ratero y Josef Suárez. Cuatro años después (1688), el causante entró en la eterna quietud.
por Carlos F. Ibarguren Aguirre 
Escobar Castellanos Abreu, Maestre De Campo Tomás de (I79880)
 
57564 Tomás Guido tuvo la suerte de cumplir con aquel viejo principio enunciado por un escritor europeo: "mucho más importante que escribir sobre la revolución, es contribuir personalmente a realizarla". Desde muy joven participo en los sucesos de Mayo, y casi adolescente le tocó actuar en las heroicas jornadas del 3 de julio de 1807, en la defensa de Buenos Aires. Militar, amigo y compañero de armas de San Martín, en sus brazos murió el fervoroso Mariano Moreno, durante el viaje que los llevaba hacia Inglaterra, a cumplir una misión diplomática.
Guido fue el cronista militar más importante de las campañas del ejército libertador. Colorido, profundo en sus juicios, era infatigable en la realización de sus trabajos y de su numerosa correspondencia. En materia historiográfica, los trabajos póstumos que publicó en la "Revista de Buenos Aires", que dirigían Vicente G. Quesada y Miguel Navarro Viola, tienen un significado muy importante como documento y testimonio de la época.
Fue un hombre de la unidad nacional, en el más amplio concepto. En su momento le dijo a Rosas "ayude a constituir la provincia a apaciguar los odios, a buscar en la ley y en el respeto del derecho la única base de la felicidad de la patria".
En el Senado de Paraná -en tiempos de la Confederación-, hablaba con independencia y libertad. Se lo veía levantar su cabeza encanecida para recomendar la templanza y la conciliación, y no por ello abandonaba la firmeza en sus creencias o concepciones políticas.
Como diplomático su habilidad fue proverbial, pudiendo asegurarse que dejó siempre amigos donde el gobierno argentino lo enviara. Comprendía sin grandes esfuerzos las personas que trataba, y sus compañeros recordarían años después que Guido era circunspecto en sus juicios y apreciaciones, dos cualidades fundamentales del diplomático.
Su talento como negociador lo brindó en los terribles días de la guerra de la Independencia, cuando participó personalmente en las negociaciones con el enemigo, en Miraflores, y las conferencias de Torre Blanca y Punchauca.
El cronista de la Revolución
Tomás Guido había nacido en Buenos Aires, el 1º de setiembre de 1788, hijo de Pedro Guido y Sanz, comerciante español, y de doña Juana de Aoiz y Martínez. Realizó estudios en el Colegio de San Carlos, que debió abandonar por falta de recursos económicos.
Muy joven, asistió a las primeras reuniones de los revolucionarios que participarían en el movimiento de Mayo de 1810. Producida la revolución fue nombrado oficial de la secretaría de Gobierno. Al año siguiente acompañó a Mariano Moreno como su secretario. En los brazos de Tomás Guido fallecería el líder de la revolución, y fue Guido quien tuvo la triste misión de arrojar desde la fragata "Fama" al mar, los restos de Moreno.
Comenzaba así para el joven revolucionario una larga vida dedicada a la causa de la liberación americana, cuyo bautismo de fuego lo tuvo, casi adolescente, durante la defensa de Buenos Aires en 1806, rechazando la invasión inglesa.
En 1812, Guido regresó a Buenos Aires, y tras algunas misiones administrativas marchó a Charcas, y luego a Tucumán, donde se vinculó con San Martín y Belgrano.
No fue el mero cronista de la campaña militar libertadora. En más de una oportunidad, su intervención tuvo decisiva importancia para convencer a los hombres de Buenos Aires sobre los proyectos de San Martín. El 20 de mayo de 1816 presentó Guido al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, su célebre "Memoria", surgida a raíz de conversaciones sostenidas con San Martín en la hacienda de Saldán, en Córdoba. Allí el Libertador le había impuesto la necesidad de transportar las armas argentinas a Chile en contra de las ideas de seguir la Campaña por el Alto Perú.
Guido, en su "Memoria", luego de hacer un examen prolijo de la situación imperante, estudió los medios más eficaces para combatir los peligros que amenazaban a la causa americana. Así llegó a la conclusión de que la ocupación de Chile era el objetivo principal que a su juicio debía proponerse al gobierno. En ese informe habla de las medidas defensivas que era necesario adoptar para emprender la ofensiva sobre Chile, señalando la necesidad de apoderarse del mar para obrar en combinación con las fuerzas de tierra, recomendando que se enviasen emisarios secretos al país trasandino para levantar a las poblaciones, medidas que permitirían formar un ejército que atravesaría la Cordillera con 6.000 hombres en dos meses.
Expresaba en la "Memoria" que la sola noticia de una victoria de Chile bastaría para inflamar al espíritu de los pueblos. También desorientaría y desalentaría al ejército de Pezuela. Analizaba después las ventajas financieras que produciría el plan, y la influencia que tendría su realización en las relaciones con el Brasil, para diagnosticar que la independencia de Chile -país aliado a las Provincias- aseguraría la independencia de América.
El general Balcarce, interinamente a cargo del gobierno, le contestó afirmativamente, y Pueyrredón también fue de idéntica opinión.
Las campañas de Chile y de Perú
Después de la batalla de Chacabuco, pasó Guido al país trasandino reclamado por San Martín. El 1º de abril de 1817 fue incorporado al ejército con el grado de teniente coronel, con el que asumió las funciones de secretario de guerra y marina, y de representante ante el gobierno de Chile.
Durante tres años desempeñó esas delicadas tareas, y su pensamiento y acción lo testimonia la copiosa correspondencia que existe sobre su actividad. Aparte de su labor administrativa y diplomática, acompañó a San Martín en toda la campaña de Chile, y colaboró en la proyección de la empresa del Perú.
El gobierno lo promovió a coronel del ejército, el 14 de mayo de 1818. En la misma época, San Martín le otorgó la medalla de Chacabuco, que devolvió por no haber participado en dicha acción, y el gobierno de Chile le concedió la condecoración de la "Legión del Mérito", consejero de la Orden, y el grado de coronel de su ejército por despachos del 20 de junio de 1820. Acompañó Guido a San Martín en la campaña del Perú, en clase de primer edecán y además de su contribución como militar, atendió los negocios que el Gran Capitán no pudo atender, resolviendo la parte económica de la empresa con sus contactos con distintos sectores del país.
Negoció exitosamente con el enemigo realista en Miraflores; participó de las negociaciones en Guayaquil, Torre Blanca y Punchauca. Asistió a la entrada solemne del Libertador en Lima, a los dos sitios del Callao, estipulando en setiembre de 1821 la rendición de la fortaleza, de la que fue nombrado después gobernador.
Perteneció a los fundadores de la Orden del Sol, siendo ascendido a coronel mayor de los ejércitos del Perú, el 12 de julio de 1821. Posteriormente fue consejero de Estado y ministro de guerra. Luego de la histórica entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolívar, del 26 de julio de 1822, en la que el Gran Capitán se retiró de la escena política y militar, Guido dejó personal testimonio de la salida de aquel del Perú. Continuó colaborando con Bolívar y Sucre, en la terminación de la guerra de la Independencia.
En el Perú, fue designado conjuez del Supremo Consejo Militar, el 4 de octubre de 1823. Posteriormente fue jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro y ministro general de Gobierno del General Mariano Necochea, desde el 20 de febrero de 1824. Alcanzó, el grado de general de brigada en los ejércitos del Perú con el que regresó al país en 1826.
Rivadavia le reconoció jerarquía de Coronel mayor, el 7 de julio de 1827, el presidente provisorio, don Vicente López y Planes lo designó ministro de Guerra y fue electo diputado a la Sala de Representantes de Buenos Aires.
El 29 de agosto de 1829, Rosas lo ratificó en su cargo de ministro de Guerra y Relaciones Exteriores, en el cual lo habían designado anteriormente Lavalle y Viamonte. Siguió en el cargo hasta 1830. Tres años más tarde, Guido volvió a ocupar el cargo y desde 1840 a 1851 fue el representante argentino ante el gobierno del Brasil. Al triunfar Urquiza lo llamó a colaborar con su gobierno y en 1855 resultó electo senador por San Juan. En 1857 fue electo vicepresidente del Senado de la Confederación y fue ascendido a brigadier general de los ejércitos de la República.
Acompañó a Urquiza en 1859 al Paraguay e intervino en las gestiones pacíficas entre ese país hermano con los Estados Unidos, enfrentados circunstancialmente. Los Estados Unidos habían enviado una escuadra hasta el Río de la Plata con la intención de desembarcar en Asunción.
Se había casado en Chile con María del Pilar Spano, que le dio cuatro hijos: José Tomás, Daniel, María del Pilar y el poeta Carlos Guido Spano.
Guido falleció en su quinta de Alsina y Cevallos, el 14 de setiembre de 1866. Fue un militar de estirpe sanmartiniana, abnegado, arquetipo de un país libre y pujante. Como San Martín, nunca desenvainó la espada para derramar sangre de sus hermanos.
Fuente: http://www.argenpress.info/perfil.asp?num=000018 
Guido Aoiz, General Tomás Francisco Gil Buenaventura del Rosario (*) (I19511)
 
57565 Tomás José Grigera (Grijera o Griguera) fue el más destacado agricultor de comienzos del siglo XIX en las Provincias Unidas del Río de la Plata. Extremadamente popular entre los habitantes de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires tuvo un papel protagónico en el llamado 'movimiento de los orilleros' del 5 y 6 de abril de 1811, en apoyo de la facción del presidente de la Junta Grande Cornelio Saavedra, uno de los sucesos que mayor influencia tendría en el desarrollo político de la revolución.
Nació en Buenos Aires en 1753, hijo de Bernardo Grigera, nativo de Menaza, Burgos (España), de profesión peluquero, y de la criolla Clara Romero y Velasco, hija del juez José Romero y de Bernarda de Cáceres Saavedra.
Se dedicó desde joven a la agricultura. El 30 de septiembre de 1777 contrajo matrimonio con Beatriz Margarita Casaballe y Durán (1761-1823), hija del catalán Mariano Gabriel Casadevalle i Grassot Valls y la porteña Ana Xaviera Duran y Salas, con la que tuvo doce hijos: Manuel Antonio(ca 1779-1852), José Mariano(?1818), Basilia Antonia (1785-1869), Paula (?1823), Cipriana (ca 1790-1823), Hipólito (1792-1851), Mariano (?1859), Rufa Rosa (1797-1877), Hilario Mariano, Evaristo (1798-1869), Victorio (1804-1880) y María Inocencia Grijera (1806-1886).
Apenas casados los jóvenes esposos Grigera vivieron sus primeros años de matrimonio en una casona de la calle Belgrano, entre Tacuarí y Piedras. Sus hijos nacieron después de 1778 en la quinta de su propiedad en Monserrat.4
En 1801 se instaló con una gran chacra en la zona del actual partido de Lomas de Zamora. El territorio cedido en 1737 al capitán Juan de Zamora, y que este había vendido en 1765 al colegio jesuítico Nuestra Señora de Belén, al ser expulsada la Compañía de Jesús en 1767 pasó a ser administrada por las Juntas de Temporalidades. El mismo año en que Grigera se afincó, había sido finalmente incorporada a la Real Hacienda con destino a mantener la caballada del Real Ejército, conociéndose también desde entonces como Estancia del Rey.
Al producirse las Invasiones Inglesas Grigera se sumó a las milicias que en 1806 y 1807 vencieron a los británicos. El 13 de agosto de 1807 le fue otorgada una merced de tierras reales en La Magdalena 'paraje nombrado las Cañuelas' de dos leguas de frente y tres de fondo.
Tenía fama de valiente: en ocasión de contemplar una corrida de toros en la plaza de Monserrat, como el matador se mostrara vacilante ante el toro enfurecido, Grigera saltó a la arena, tomó la espada y mató al animal ovacionado por el público. Era también de espíritu generoso y altruista. Grigera 'ejerció sobre sus vecinos una especie de patriarcado bondadoso y servicial', siendo requerido para resolver disputas y por su consejo, tanto en cuestiones de íncole política como especialmente agrarias, ya que era considerado un experto en el oficio. Por esa consideración se le llamaba el alcalde de las quintas o el indiscutible caudillo de los quinteros.
Grigera apoyó la revolución del 25 de mayo. Tenía amistad personal con Cornelio Saavedra y cuando se produjo el enfrentamiento entre Saavedra y Mariano Moreno en la Primera Junta, Grigera adhirió al presidente, no por cuestiones ideológicas, sino por amistad.
El cabildo de Buenos Aires le encargó 'la demarcación de quarteles en las quintas de esta capital, para el arreglo de su policía ... desde Barracas hasta el bajo de la Recoleta', tarea que finalizó en marzo de 1811. Eso le permitió extender su influencia en las orillas, los suburbios de la ciudad.
Tras la formación de la Junta Grande y la partida y muerte de Moreno, el sector que lo seguía quedó en minoría en el nuevo ejecutivo. Pronto se formó la Sociedad Patriótica que nucleó la oposición a la Junta controlada fundamentalmente por Saavedra, el deán Gregorio Funes y el diputado Manuel Felipe Molina.
A los efectos de consolidar la situación y anticipando un posible golpe, a comienzos de abril se produjo un movimiento dirigido por Grigera con el objetivo de purgar el gobierno de los morenistas remanentes, detener a los comandantes del único regimiento que les respondía en la ciudad, el América, a Agustín José Donado sindicado como el responsable de la Sociedad y establecer un estricto control interno.
Cornelio Saavedra, relató que 'se supo que don Tomás Grigera, alcalde de las Quintas, había en aquella mañana citado a los otros de su cuartel'. Por orden de Saavedra, quien era sindicado como responsable último del movimiento, Grigera fue conducido ante la Junta a las dos de la mañana. Saavedra relataría así el interrogatorio: 'previo el juramento que se le recibió, le pregunté: ¿Si era verdad que había procedido a citar y reunir los alcaldes de barrio y tenientes de cuartel? Respondió que sí. ¿He dado yo orden para tal citación? volví a preguntar: No señor, contestó él. ¿Pues de cuya orden, o en virtud de que mandato ha procedido usted a hacerla? De orden del pueblo contestó Grigera. ¡Del pueblo! repliqué. ¿Quién es ese pueblo que le da a usted tales órdenes sin noticia ni conocimiento del gobierno? A lo que no respondía más que el 'pueblo quiere, el pueblo tiene que pedir'.
Grigera fue interrogado luego por el diputado morenista Hipólito Vieytes, sin salirse de su invocación al mandato del pueblo hasta que a las seis o siete de la mañana se formaron las tropas en la plaza con excepción del Regimiento América y una diputación de oficiales encabezada por Martín Rodríguez y Juan Ramón González Balcarce, acompañado por el doctor Joaquín Campana, unos cuarenta hombres entre oficiales y paisanos, hizo liberar a Grigera.
La primera reacción de los miembros de la Sociedad Patriótica se reducía a la risa y la curiosidad por esa 'nueva alianza de charreteras y chiripás que ejercitaba la mordacidad de la servidumbre'. Se mezclaban entre los paisanos de la plaza, que habiendo desmontado 'los unos se mantenían sentados, los otros tendidos en el santo suelo, comiendo o fumando' y les preguntaban a que iban, pero 'no sabían para que los habían traído' sólo se remitían a Grigera. Los jóvenes de la Sociedad luego iban a los cafés a 'comentar y ridiculizar, sin embozo y a carcajadas, las ocurrencias y las grotescas actitudes de estos desvalidos soberanos'.
Pero cerca del mediodía empezaron a tener noticias de los objetivos del movimiento y de su éxito, la deposición de los morenistas de la Junta (Miguel de Azcuénaga, Juan Larrea, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes) y su deportación, junto a Domingo French y Antonio Luis Beruti, comandantes del Regimiento América, Ramón Vieytes, Gervasio Antonio Posadas, Felipe Cardoso y Agustín José Donado.
Grigera era el principal pero no el único alcalde que movilizaba: el petitorio aparecido en la Gazeta Extraordinaria del 15 de abril incluye las firmas de los alcaldes de los cuarteles 8 (Juan Pedro Aguirre, el único cuartel céntrico), 6 y 15 (Martín Grandoli y Miguel Arellano, de la periferia de la Concepción y el Alto), 17 (Rafael Ricardes, entre Monserrat y Lorea) y 20 (Fermín de Tocornal, en el extremo noroeste de la ciudad).
La revolución del 5 y 6 de abril sería con el tiempo unánimemente condenada. Bartolomé Mitre diría que 'es la única revolución de la historia argentina, cuya responsabilidad nadie se ha atrevido a asumir ante la posteridad a pesar de haber triunfado completamente, y esta es la condenación más severa que pesa sobre la cabeza de sus autores'.
El mismo Saavedra afirmaría que 'fuese cual hubiese sido la intención de los que lo hicieron, sus resultados ocasionaron males a la causa de la patria'.
Más allá de la obvia condena por parte de los depuestos y deportados, el movimiento sería criticado por dos razones fundamentales. Una, en tanto temprano antecedente de golpe contra la estabilidad del gobierno de la revolución: con el movimiento 'Cornelio Saavedra abre la caja de Pandora', por cuanto 'en aquella jornada se enseñó al pueblo de Buenos Aires y a todos los pueblos que se podían deponer y desterrar cuatro gobernadores: que en esta escuela se han fraguado otras varias mudanzas de gobierno por iguales medios u otros más o menos atroces.'
La otra razón es la apertura de esa otra caja de Pandora, la apelación al bajo pueblo, a la plebe: 'suponiendo pueblo a la última plebe del campo, con desdoro del verdadero del vecindario ilustre y sensato de esta ciudad', ya que hasta el momento la acción política representativa o revolucionaria había estado limitada a los vecinos principales.
Otro de los deportados, Gervasio Posadas, afirmaría que 'vinieron a la plaza Mayor aquella noche del 5 de abril todos los vecinos de los arrabales y quintas como unos opas y sin saber a que fin eran allí citados y traídos por un tal Grigera condecorado por Saavedra con el nombramiento de alcalde mayor'. Efectivamente, el 12 de abril Grigera fue nombrado alcalde mayor.
Aún tiempo después se hablaría de 'pueblo grigerino' o se diría que hay 'grigerada' cuando se temía un levantamiento en las quintas o suburbios.
Al producirse la caída de Saavedra, Grigera fue detenido por el Cabildo y amenazado de destierro tras la revolución del 11 de septiembre del año siguiente. Finalmente quedó libre y abandonó definitivamente la política, pero sin perder ni su representatividad entre los quinteros, ni la consideración que eso le granjeaba de parte de las autoridades. En 1814 solicitó al cabildo un tercio de manzana en Miserere. El 17 de octubre de 1815 el cabildo le concedió el despacho y título de Tasador Publico de Quintas y Chacras.
Como agricultor tenía un extraordinario éxito. Los productos de sus huertas y frutales eran muy cotizados. Sembró cereales, verduras y frutas, crío cerdos, gallinas, gusanos de seda y ovejas. Era también un innovador: fue el primero en cercar sus chacras y quintas con tunas, en los alrededores de Buenos Aires el primero que importó las mejores flores europeas, plantó frutales, formó montes de leña (la mayor parte de la consumida en la ciudad se recolectaba en el sur o en el delta, sin forestación alguna), inició las primeras sementeras de trigo, etc. Sus injertos fueron célebres: sandías sin semillas, flores originales, especialmente rosas, un durazno que llevaba su nombre, etc.
Grigera llevaba anotaciones detalladas sobre sus tareas, las que trasladó al primer tratado de la materia escrito por un argentino, el Manual de Agricultura. En 1817, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón envió al sabio Aimé Bonpland el borrador del Manual. Bonpland dio su apoyo con un extenso informe y el trabajo de Grigera fue finalmente publicado en la Imprenta de la Independencia en 1819, con el respaldo del gobierno a través de la compra de numerosos ejemplares: Gregorio Tagle el 6 de marzo de ese año escribió a los Alcaldes de la Santa Hermandad para que distribuyeran 72 ejemplares entre los agricultores.
Su carátula detallaba que 'Contiene un resumen práctico para cada uno de los doce meses del año. Es muy útil para labradores principiantes'. En 1831, ya muerto su autor, se publicó una nueva edición, una tercera en 1854 y una cuarta en Rosario en 1856.
En 1821 en su condición de Alcalde de las quintas, y en representación de los vecinos de Lomas, solicitó al gobernador Martín Rodríguez que el gobierno extendiera escrituras de los terrenos que los agricultores ocupaban, ya que en 1810, las tierras de Zamora, de posesión real, habían pasado a propiedad del estado, de 'Estancia del Rey' a 'Estancia del Estado'. A esos efectos Grigera presentó un proyecto de parcelamiento en 30 chacras de 16 hectáreas (cuatro cuadras de lado) cada una. La petición fue concedida por el gobernador Martín Rodríguez y su ministro de gobierno Juan Manuel de Luca, quienes autorizaron a formar un asentamiento de traza ordenada y regular en las Lomas de Zamora y a practicar las correspondientes operaciones de mensura, deslinde y amojonamiento.
Finalizadas las tareas, el 14 de mayo de 1821 Tomás Grigera, actuando como delegado del gobierno, presidió la ceremonia de posesión. Los propietarios de las chacras fueron Francisco Iberra, Pedro Rosas, Manuel de los Santos (esposo de Basilia Grigera), Juan Pablo Rodríguez, (esposo de Paula Grigera, condecorado por el Rey Carlos IV por su heroica participación en el Combate de Perdriel en 1806)16 , Juan de Dios Olea, Tomás Grigera (después Victorio Grigera), Victorio Grigera (después Mariano Grigera), Evaristo Grigera, Rafael Alcaraz, Rafael Portela (esposo de Cipriana Grigera), Francisco Portela (su sobrino), Manuel Antonio Grigera, Juan Grigera, Mariano Grigera, Juan de Dios Grigera, Hipólito Grigera, Eugenio Grigera, Toribio Hernández, Pedro Sosa, Eugenio Suárez, Rufa Grigera, Anselmo Vález, Bruno Bustos, Pascual Romero, Antonio Luciano Ballester, Manuel José Grigera, María Grigera, Petrona Casaballe (su cuñada), Margarita Casaballe(la esposa de Tomás Grigera), Manuel Tobal y José Antonio Tobal (hijos de Francisco Tobal y Calvo de Moya casado con otra de sus cuñadas, Josefa Gabriela Joaquina Casaballe y Duran, y padrino de su boda).
Además de su chacra, Grigera obtuvo dos fracciones de mil varas de frente cada uno que le cedieron sus amigos Viamonte y Rondeau. En efecto, en 1819 parte del fraccionamiento de la estancia de Zamora había sido concedido al general Viamonte y a Felipe Robles, y luego al general Rondeau. Ambos las cederían luego a Grigera.
En 1821, el gobernador Rodríguez encargó a su ministro Bernardino Rivadavia la formación de una junta para fomentar el adelanto de todos los ramos de la industria y Grigera la integró. Falleció en su quinta de Floresta el 24 de septiembre de 1829. Fue inhumado en el primitivo cementerio de Flores, habilitado en 1807 y con frente a la actual calle Rivera Indarte.
Grigera tenía la figura característica de los hombres de las orillas, era alto y delgado, de cabellos y barbas negras de ojos benignos pero retraídos entre dos cejas bastante pobladas. Su modo de hablar y sus conceptos, siempre graves y sentenciosos, revelaban el habito que había contraído de resolver las contiendas de sus convecinos con máximas de moral y de buena ley, según él lo entendía.
Clemente Onelli lo llamó el prócer del trabajo de campo en las Provincias Unidas del Río de la Plata y pidió que se diera su nombre a una de las calles que rodean la Facultad de Agronomía.
 
Grigera Romero, Tomás José (I94852)
 
57566 Tomás Manuel Bailón de Allende y Torres nació en Salta el 30 de agosto de 1778, hijo del sargento mayor Pedro Lucas de Allende, Caballero de la Real Orden de Carlos III, comerciante principal y funcionario, y de María Javiera de Torres y Funes.
Pese a ser sobrino del coronel Santiago Alejo de Allende, quien apoyó al gobernador de Córdoba Juan Gutiérrez de la Concha y a Santiago de Liniers en su contrarrevolución, Tomás apoyó decididamente al movimiento patriota. Cuando el Ejército Auxiliador enviado por la Primera Junta a las órdenes del coronel Francisco Ortiz de Ocampo tomó el control de la ciudad, Tomás de Allende recibió el 2 de setiembre de 1810 de la Junta Gubernativa los despachos de coronel de ejército y el compromiso de recibir un cargo acorde a su rango "y al patriotismo con que se ha consagrado a la causa grande de estas Provincias".
Asegurada la adhesión de la Intendencia de Salta a la Revolución de Mayo, cuando el auditor de guerra de la Expedición Auxiliadora doctor Feliciano Antonio Chiclana, quien había sustituído a Nicolás Severo de Isasmendi, último gobernador realista de Salta, marchó a Potosí el 3 de noviembre de 1810 y tras declinar el puesto Juan José Fernández Campero y Herrera marqués de Valle de Tojo, la Junta nombró a Tomás de Allende.
El 3 de diciembre de 1810 asumió las funciones de gobernador intendente de Salta, pero su mandato sería breve. Pocos días después, el 18 de diciembre la Junta Grande se convertía en el nuevo ejecutivo de la revolución y siguiendo sus directivas para la organización de las provincias, el 8 de marzo de 1811 se estableció en Salta la Junta Provincial Gubernativa integrada por Antonio Arias y Velásquez, Juan José Fernández Cornejo, Francisco Aráoz y Juan Antonio de Moldes, bajo la presidencia de Tomás de Allende en su caracter de gobernador intendente.
Durante ese período tras una invasión de indios del Chaco al territorio de Jujuy, el cabildo de esa ciudad envió detenidos a algunos de los responsables a disposición de la Junta de Buenos Aires. Dado que Jujuy dependía de Salta, Allende declaró cesantes a varios miembros del cabildo jujeño, entre ellos al alcalde de segundo voto Julián Gregorio de Zegada, lo que generó nuevos reclamos populares de autonomía y la designación el 7 de mayo de 1811 de Zegada para que se trasladara a Buenos Aires a plantear el reclamo, que no fue aceptado por la Junta.
Finalmente, debilitada su autoridad en la Junta y comprometido con el partido morenista, dejó el puesto el 11 de julio de 1811 y pasó posteriormente a Buenos Aires.
Tras la formación del Segundo Triunvirato en 1812 Allende ocupó las funciones de Secretario de Estado en el Departamento de Guerra y Comandante de los Escuadrones de Caballería de Buenos Aires. Convocada la Asamblea General Constituyente del Año 1813 fue designado representante por Córdoba. Fue ascendido a sargento mayor y luego a coronel efectivo.
Falleció en Potosí el 9 de abril de 1815. 
Allende Torres, Coronel Tomás Bailón (I54337)
 
57567 Tomás Manuel de Anchorena López Anaya abrió los ojos a la vida en Buenos Aires, y le bautizaron el 29-VII-1783 en la Catedral. Después de aprendidas las primeras letras, cursó en el Real Colegio de San Carlos los estudios - que llamaré secundarios: Gramática de 1796 a 1798; Filosofía de 1798 a 1801; y Teología de 1802 a 1803. El 26-VII-1799 el viejo Juan Esteban de Anchorena le escribía a su hijo mayor Juan José Cristóbal - mi tatarabuelo - que estaba en España: "... Los muchachos salieron bien de su examen filosófico, y a Tomás lo aplaudieron por su desempeño, según me dijo su Lector (el clérigo José Valentín Gómez), y seguirá ahora un poco de aritmética que gusta mucho a los maestros, y me han pedido le haga este singular beneficio ... ".

El viaje a Chuquisaca

A principio de noviembre de 1803, Tomás Manuel salió, por la ruta de Córdoba, con destino al Alto Perú, a fin de ingresar en la Universidad de Chuquisaca, y, de paso, familiarizarse con las operaciones mercantiles que su padre mantenía en aquellas provincias norteñas. Acompañaban al mozo los hermanos Tomás y Ramón Saravia; éste último apoderado del viejo Anchorena en Potosí, y con negocios comunes con él.
He aquí algunas precisiones sobre el itinerario y duración de ese viaje, extraídas de la correspondencia de Tomás Manuel: El día 9 de noviembre, éste y sus compañeros llegan - en "el carricoche" de Ramón Saravia, a "la estancia de los Velermos" (Fontezuelas, de los frailes Bethlemitas) distante una legua "del Arrecife", donde hubo que reparar el vehículo que había sufrido averías. Tras una demora bastante prolongada se sigue camino adelante, y el 10 de diciembre, a las dos de la mañana, alcanzan los viajeros la posta de "Impira" (hoy localidad en Río Segundo); luego otra parada en la "Punta del Monte", en mitad del trayecto hacia la ciudad de Córdoba, adonde hacen su entrada el 17 de diciembre. Allí descansan los trajinantes unos días, y el 2 de enero (1804) pasan por la ciudad de Santiago del Estero; el 6 por San Miguel de Tucumán; y el 24 ya están en Salta, en la que permanecen hasta después de "la semana de cuasimodo" - o sea la semana posterior al domingo de la Pascua de Resurrección.
Puesto de nuevo en camino, el 24 de abril llega Tomás Manuel a Jujuy. Allí el vizcaíno Manuel de la Quintana - que tenía negocios con el viejo Anchorena - lo aloja en su casa; y el viajero es atendido a cuerpo de rey por la esposa del anfitrión doña Rosa del Portal Frías Castellanos. Sólo una semana disfrutaría el joven porteño esa solícita hospitalidad: el lunes 30 se despide de sus amigos y reanuda la marcha rumbo a Potosí. De la Quintana, por su parte, el 3 de mayo se presura a escribirle a don Juan Esteban que su andante muchacho "se halla robusto, rosado y ermoso".
El 15 de mayo Tomás Manuel estaba ya en Potosí, y de ahí sigue para Chuquisaca, adonde arriba trece días mas tarde, alojándose en casa de Sebastián Toribio Caviedes. Este le escribió entonces el 30 de mayo a Joaquín de Obregón Zevallos - factor de la empresa mercantil de los Anchorena en Potosí - unas líneas que decían: "Estimado Paysano: Recibí la de Vmd. de 29 del corriente que me entregó su recomendado D. Thomas Manuel de Anchorena, hijo de su amigo el Sr. D. Juan Estevan de Anchorena, y viendo su recomendación, le he dicho que en caso de no entrar en colegio, le daré vivienda en mi casa, y comida, y por lo tocante a la ropa le buscaré una labandera que le cuide bien. Estoy pronto a franquearle la plata que necesite y los demás gastos que sean necesarios, y lo miraré como a hijo mío, pués aprecio mucho la recomendación de Vmd.".

Cartas chuquisaqueñas de Tomás Manuel a su padre. Su paso por la Universidad

Después de una primera misiva del hijo ausente a su progenitor, la segunda carta (datada en "La Plata" el 26 de junio) es larga y por ella nos enteramos, al detalle, como en Chuquisaca vivía y tramitaba su ingreso a los claustros universitarios un escrupuloso estudiante de Buenos Aires. Esa carta dice así: "Mi muy estimado Padre: Estamos ya a 26 a las once del día y aún no aparece correo. Celebraré con Vmd., mi Madre y demás de esa se hallen al recibir esta disfrutando de salud. El 28 del pasado llegué a ésta en compañía de don Ramón (Saravia), y por recomendación del Sr. don Joaquín (Obregón) el Sr. don Sebastián Toribio Cabiedes me ha facilitado en su casa un cuarto bastante cómodo, me franquea su mesa y me suministra el dinero que necesito. Es un sujeto muy llano y de muy buenas prendas, según estoy informado, de modo que en la casa todos me tienen hasta el presente grande estimación, y él y su Señora (Agustina Ruiz Llanos Bereja) me miran como hijo propio. Sin embargo que la disposición del Sr. don Joaquín (Obregón) era que se me diese todo el dinero que necesitase, que con mi recibo sería bien entregado, enterado de que la mesada que regularmente se les pasa a los que estudian en ésta es de 25 o 30 pesos, dándoles por separado la ropa, libros y otras cosas de este tenor, he pensado recibir solamente a razón de 25 pesos por mes, pues con ellos me parece que podré sostener los gastos que se me ofrezcan, en atención a que me dan casa y mesa sin interés, y aunque ahora he gastado algo más, por tener que comprar algunas cosas que necesitaré mientras esté en ésta, no ha sido mucho ... En el correo pasado le escribí a Vmd. las advertencias siguientes: Para ingresar en la Academia de practicar, es necesario que Vmd. saque del cura mi fé de Bautismo y la partida de su casamiento, y que la firma de éste la haga Vmd. autorizar con tres escribanos, como se hizo con mi certificado de estudios. Después debe Vmd. presentarse al Cabildo, ante alguno de los Alcaldes, pidiendo declare judicialmente, el Cabildo, ser Vmd. conocido y tenido por hijo legítimo de don Fulano de tal y de doña Fulana de tal, nobles, y que como tal a obtenido Vmd. estos y otros empleos concejiles. Si Vmd. tiene los documentos que comprueban su noble descendencia, puede Vmd. pedir entonces que declare el Cabildo saber positivamente, por documentos que Vmd. presenta, que es hijo legítimo de don Fulano de tal y de doña Fulana de tal, nobles, y que declare también ser mi Madre conocida y tenida por hija legítima de don Fulano de tal y de doña Fulana de tal, también nobles. Evacuadas estas diligencias, me remitirá Vmd. todos los papeles, para poder acreditar todo esto al tiempo de ingresar. Por no hallar en esta la obra de Vinio - castigado por Salas, expositor de Justiniano () - sino por 25 pesos, y no poder venir de esa para el tiempo en que lo necesito (al libro de Vinio), suplico al Sr. don Joaquín (Obregón), en esta fecha en la que le he de escribir, que me haga el favor de comprarlo en Potosí, si lo hallan por un precio más cómodo. Pero Vmd. siempre que pueda no deje de mandármelo, pues es tal la escases de libros que hay acá que tal vez no se halle ... Por recomendación del Sr. de Elorriaga, vecino de esa (marido de Leocadia de Segurola y Lezica), a don Domingo Anivaro y a don Francisco Ortiz Verea, y del señor de Arana (José Joaquín), a su sobrino don Sebastián de Arana, se me han brindado estos sujetos, ofreciéndose a servirme en todo lo que se me ofrezca, y así no deje Vmd. de darles mil gracias aún de mi parte. Quedo rogando a Dios por la salud de Vmd. y de mi Madre venerada, y que me conceda volverlos a ver. Su affmo. hijo Thomas Manuel de Anchorena.
Por su parte el 16 de julio en Buenos Aires, el padre del estudiante presentó al Administrador de la Real Aduana virreinal Justo Pastor Lynch (mi 4º abuelo) la siguiente nota: "D. Juan Esteban de Anchorena, vecino de esta ciudad, con la correspondiente atención, hago presente a V. que por la Administración de Correos de aquí, tengo que remitir, en el corriente mes, a mi hijo Tomás Manuel de Anchorena, que ha pasado a Chuquisaca a concluir sus estudios de Teología y demás, y graduarse en aquella Universidad, cinco libros o tomos usados que contienen la obra latina del R.P. Antonio Castel, y para poderlo ejecutar, suplico a V. se sirva darme permiso con el pase correspondiente".
Un mes después, en un verdadero veni, vidi, vincit, el alumno aprobaba el curso de Teología. Así se lo comunicó el 20 de agosto a don Juan Esteban, su representante en Potosí, Joaquín Obregón Zeballos: "... El Sr. D. Thomas Manuel dió su exámenes en la Universidad con lucimiento en Sagrada Theología y recibió el grado de Doctor en 15 del presente mes, como me lo comunica dicho Sr. y don Sebastián Caviedes, de lo que le he dado parabien, como igualmente se lo doy a Vmd. ...". Mientras tanto el viejo Anchorena - a los fines requeridos por la Universidad altoperuana - gestionaba ante el Cabildo bonaerense la certificación de su conducta y calidad, la de su mujer doña Romana López de Anaya, y la filiación de su hijo Tomás Manuel". Y el 19 de septiembre el Ayuntamiento, conforme al dictámen del Síndico Procurador General Ignacio Rezábal, despachó favorablemente el pedido de don Juan Esteban, "por la notoriedad de los hechos, sin embargo de que los documentos no están revestidos de los requisitos necesarios.

La célebre institución educativa charqueña

La universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (en quichua "Chuqui Chaca" significa "Puente de Oro"), había sido fundada en la capital de Charcas en 1624 por la acción civilizadora de la Compañía de Jesús. Ocurrida la expulsión de los jesuitas en 1767, quedaron abolidos los estatutos y constituciones de dicha casa de altos estudios, que fué regida interinamente en adelante por su similar, la de San Marcos de Lima; hasta el 10-IV-1798, en que en una Real Cédula de Carlos IV le concedió privilegios iguales a los de Salamanca. Desde casi dos siglos antes del ingreso de Anchorena, concurrían a aquellas aulas altoperuanas jóvenes del conjunto de ciudades escalonadas entre Arequipa y Buenos Aires. El historiador boliviano Gabriel René Moreno - en su libro Ultimos días coloniales en el Alto Perú - apunta que "la juventud argentina concurría a la Universidad de Chuquisaca, porque en la de Córdoba no se cursaba entonces jurisprudencia, ni se daban grados en esta facultad seglar ...; lo que atraía mayor número de estudiantes era la existencia en Chuquisaca de una escuela importante en jurisprudencia teórica y práctica. El auge que alcanzó la academia Carolina, es por eso comparable en la América meridional al de la de Lima. En Buenos Aires hubo a lo último Audiencia, más no Universidad".
Dos opciones se presentaban para doctorarse en Chuquisaca en Teología y leyes: o en la Universidad o en el Colegio San Cristóbal, que era el seminario charqueño. Respecto de este instituto religioso, Tomás Manuel, en carta sin fecha, posiblemente escrita desde Salta, le había expuesto a su padre, con su habitual respeto, las siguientes atinadas razones ... "Tres conocidos que bajaban recién graduados ... me dicen ... que ir al Colegio no me sirve sino para pensionarme en más estudio, y de consiguiente en mayor dilación, porque me pedirán un examen literal, o como se dice ad pedem lettere, que es mucho más oneroso, y nada mayormente útil ... Que además de esto, en el Colegio es casi imposible aprovechar el tiempo, pues en lugar del buen orden, recogimiento y sujeción, reinan el desorden y la libertad, impidiendo unos y otros el desempeño de sus tareas ... Me significaron, al mismo tiempo, que si en cualquiera de los Colegios necesitaban un año para graduarse, en la Universidad me bastaban cuatro meses, y que era una locura lo que iba a hacer ... Si es verdad el desorden en que se halla el Colegio que es lo que especialmente me han ponderado, se me presenta un obstáculo insuperable para la accesión de los fines que Vmd. y yo nos hemos propuesto, como son el aprovechamiento y el abrevio del tiempo. Yo lo que le puedo prometer, he prometido y prometo a Vmd. es el poner de mi parte todos los medios que me sean posibles para conseguir una y otra cosa. En cuanto a lo que a Vmd. pertenece, yo no me meto en sí ni en nó, sino será lo que Vmd. dispusiese; y así le hago ésta advertencia porque la he considerado necesaria para el arreglo de sus ideas y conducente a mi propia utilidad ... Yo no pretendo que Vmd. se arregle por mis deseos ... haré aquello que fuese su voluntad ...". Por cierto que don Juan Esteban dispuso que su hijo entrara directamente a la Universidad.
El 26-IX-1804, Tomás Manuel le manifiesta al autor de sus días: "... Vmd. puede tener conmigo la satisfacción que nadie dirá que me ve botar ni botaré a Vmd. un medio real en enamorar, jugar y fandanguear, que es lo que por aquí reina, o en cualquier otro vicio semejante; y cuando no fuese así, Vmd. por mi parte es libre, no digo para cortarme las asistencias, sino aún para negármelas del todo, en su mano está el que yo con tales gastos desordenados no perjudique en algún modo a mis hermanos. No debe Vmd. extrañar estas expresiones, porque uso solamente de ellas para dar pruebas de mi conducta, y por apaciguar la ingratitud de ánimo que ocasionan los deseos que un padre amoroso, como Vmd. debe tener del logro de sus hijos ... ".
En la misiva siguiente del 2 de octubre, el estudiante le participaba a su padre "que estando esta Academia de practicantes a dirección de la Audiencia, y habiendo venido el Doctor Cañete (el Oidor Pedro Vicente) a ésta, y promovido la reforma del estudio de leyes", esto "me ocasionará precisamente una notable demora; pero si se retardan dos meses (en implantarse dichas reformas), me parece que podré libertarme de cursar, por lo que haré todo lo posible a fin de graduarme en dos exámenes ... ".

De Temis a Mercurio

En carta del 25 de noviembre el jurista en cierne, doctorado ya de teólogo, casi desaparece para dar paso al activo mercader propio del ambiente en que se había criado: "Mi muy estimado Padre" - escribía Tomás Manuel - "Le adjunto el empaque de los cinco cajones de sedas ... La fé de su casamiento, de mi bautismo y confirmación y la certificación de ese Ilustre Cabildo sobre la legitimidad de nacimiento y noble descendencia la recibí en el correo pasado ... Sin embargo que no me considero capaz de dar consejo alguno en materia de comercio, por carecer de motivos para ello, no pudiendo prescindir de lo que estoy oyendo y palpando en esta ... se me hace preciso el manifestarle a Vmd. de vender todo cuanto pueda en esa (Bs.As.) ... y que Ezcurra (Juan Esteban Crisóstomo, agente de Anchorena para ajustar contratos en el norte virreinal ) haga esto mismo con los efectos que Vmd. le remite, porque además de que está Potosí y ésto, lleno de efectos, a excepción de las lanas, se hallan también en una gran inopia. En las tiendas se vende poco más que nada, y de esto lo más al fiado. Muchos comerciantes están debiendo a cuenta de lo que compran, y no hay forma de que sus deudores les paguen, de lo que nace que ni pueden ellos cumplir los plazos, ni se animan a comprar efectos, aunque sea con comodidad, porque la escasez de dinero no lo permite, y aunque los compraran serían al fiado para nunca pagarles. Escasean los víveres, abunda la gente y prevalece el robo. En varias partes se han sublevado los indios, y aunque pudieran guardarse los efectos para el tiempo oportuno, de aquí a allá desmerecen en sí mucho y descaecen de la estimación de los hombres ... Los medios listones no tienen estimación en ésta, pues don Sebastián (Caviedes) de una partida que le compró a don Joaquín Obregón, todos buenos colores, los dá a elegir al costo por no poderlos absolutamente vender ... He recibido en este mes 120 pesos, porque el día 22 obtuve el grado de Bachiller en Cánones y Leyes, con lo que tengo conseguido lo principal de mis intentos, y considero que mucho antes que lleguen los libros habré ingresado en la práctica ...".
(En las listas de graduados en la Universidad chuquisaqueña, publicadas por los historiadores bolivianos Samuel Velasco Flor y Valentín Abesia - que unificó el argentino Vicente Osvaldo Cutolo en su libro Argentinos Graduados en Chuquisaca - figura anotado Tomás Manuel de Anchorena como recibido de Bachiller en Cánones y Leyes, nó el 22 de noviembre, sino el 2 de diciembre de 1804; y de Doctor en Teología el 15 de agosto anterior).
Diciembre 25 lleva por fecha la última carta de Tomás Manuel del año 1804, que así pinta el estado comercial y social altoperuano: "Mi muy estimado Padre: ... En el correo pasado le insinué a Vmd. el estado lamentable en que se hallaba esto ... Se dice que no hay azogues porque el que se repartió entre los azogueros de Potosí lo habían vendido. Se sabe que en esa Villa amanece diariamente mucha gente muerta de hambre. Cincuenta leguas de aquí, por un lugar que llaman la Laguna, se han sublevado los indios, han robado mucho ganado, y se trata de contenerlos. Las ventas están muy paradas en todos estos lugares. En los pueblos interiores se encuentran los efectos más baratos que en el mismo Potosí ... De Cochabamba ... se han pasado quince días sin vender un medio real. Potosí y esto (Chuquisaca) se hallan infestados de efectos, de modo que ya no se trata más de sacar plata aunque no se saque utilidad. Nos esperan unos tiempos aún más lastimosos que los antepasados, porque la escasez de dinero y alimentos, la abundancia de efectos, la pobreza y la multitud de males que se experimentan en muchas partes, dejan a todos en tal inacción que vendremos tal vez a ser testigos del espectáculo más lúgubre que se haya visto en estos siglos. Le hago a Vmd. presente esto, para que, como cierto, arregle Vmd. sus ideas, y que por falta de noticias, o por juicios temerarios, no vengamos nosotros a ser víctimas de esta tragedia. El 12 comencé a oír práctica en esta Academia, en calidad de Académico honorario, en el inter que voy estudiando para el ingreso, el que verificaré en breve ...".

Prosiguen las noticias y apreciaciones del jóven estudiante

El 25-II-1805, Tomás Manuel le pone a su padre: "... En el correo pasado le avisé a Vmd. que ya había ingresado en la Academia, y que me hallaba absolutamente sin un libro en que estudiar; por lo que si acaso no pueden pasar a Jujuy los que Vmd. me remite, por las muchas aguas, disponga que cuando menos me remitan a 'Martínez, Librería de Jueces', del modo que sea posible, pero no por la Administración (de Correos) sino más bien que se le dé algo al chasquero para que lo conduzca hasta Potosí, y de allí me lo remitan a ésta; y si así no se puede remitir por un costo moderado que no arriesguen éste ni los demás (libros) a las aguas y los ríos, pués en tal caso será mejor esperar. Juan José me dice que por España abundan las calamidades, que había escrito a Madrid para que le comprasen los libros que nosotros necesitamos, de los cuales no tiene Vmd. que remitirme ninguno, por que tengo de sobra con los que me vienen. Pero como los dos hermanos que vamos siguiendo estudios (Tomás y Nicolás) no sabemos si alguno seguirá por la Iglesia (posibilidad que no se cumplió, y ningún biógrafo de ellos llego a sospechar), puede Vmd. retener las mejores obras de Filosofía, Teología y exposición de las escrituras, supuesto que en esto nada se pierde".
El 25 de marzo Tomás Manuel le expresa a don Juan Esteban: "... No le he dicho a Vmd. hasta ahora de qué sujetos me hallo favorecido, por que son ninguno. De aquellos a quienes estoy recomendado, solamente al Sr. Canónigo Areta y a don Domingo Anivarro les he merecido cariño, he ido a verlos, pero jamás los he ocupado. Todos los pasos y diligencias que han sido necesarias para llegar al estado en que estoy, los he hecho a costa de mi trabajo sin tener que merecerle a nadie el más leve favor; máxima que abracé desde el principio y que seguiré en lo sucesivo hasta el fin. Yo no reconozco aquí otro Padre ni otro favorecedor que a don Sebastián (Caviedes), a la Sra. y a toda su casa. Con sólo ellos, sin necesitar de otros, lo paso bien, por que me dispensan todo el obsequio y favor que puede apetecer un extraño. Me persuado que no hicieran más aprecio a un hijo propio, que el que hacen de mí, y cualquier cosa que le dijera a Vmd. en orden a lo que me estiman, nada tendrá de exageración ... Le aseguro no me será fácil con el tiempo recompensarles el mérito que tienen contraído para conmigo, pués el amor y buena voluntad que continuamente me están manifestando, y los efectos de su sinceridados suficientes para proseguir mis estudios con algún fruto, y de modo que pueda al instante encaminarme a esa, luego que concluída la práctica me reciba de Abogado ...". Y lo mismo habla el 26 de junio de su aprendizaje abogadil en este párrafo: "... En la actualidad estoy asistiendo diariamente al estudio de un buen Abogado para imponerme mejor en los trámites judiciales y posesionarme del estilo forense ... ".
"Los libros han llegado bien - escribe el muchacho a su padre el 26 de julio -, algo torcidos y maltratadas las pastas, sin duda de venir en el almofrej (funda de viaje de la cama), y por si acaso remite Vmd. algunos a ésta, le prevengo a Vmd. el que los acomoden con mucho cuidado, pues por ponerlos muy ajustado suelen rozarse y doblarse los forros, y por acá ponen en eso especial reparo para comprarlos ... ".
De ocurrencias alarmantes da cuenta la carta del 26 de agosto: "... Aquí corren noticias muy importantes que indican sublevación de indios, pues afirman que en el Cuzco han preso veinte y tantos cabecillas de motín, que con tiempo fueron descubiertos; que varios pueblos se han conmovidos aunque los han procurado contener; que de Lima han enviado 500 hombres de tropa auxiliares; que en la Paz se va experimentando esta novedad; que se hallan los víveres muy escasos y que por el gobierno se estaba acopiando en los conventos todos los que podían ... Si Dios no lo remedia no sé como nos irá ...".

De donde los libros también resultan negocio

El 26 de setiembre comunica el corresponsal a su padre: "No obstante que los libros no se podrán vender por junto por estar esto muy pobre, soy del parecer que tantos estos como cualesquiera otros que vengan los remita Vmd. a ésta, por que al menudeo, aunque con alguna demora, proporcionarán más utilidad que en esa ... y en el interín que sigo mis estudios puedo también ir procurando su venta ... Además de la nota de los precios a que los he de vender, me pondrá Vmd. ... el costo hasta ésta, para que pueda formar yo una idea completa de esta naturaleza de negocio; pues sin embargo de ser en algún modo incompatible con mi carrera, deseo tener ocasión de tomar alguna idea en estas materias de comercio, y voy llegando a aquella en que, o no podré sujetarme a la dirección de nadie, o que en caso de sujetarme será exponiéndome a los peligros del engaño y de la intriga, y si por algo quisiera que llegara Juan José (su hermano mayor) es para que si viniese por acá pudiera en su compañía adquirir algunas luces, mediante la unión amigable de fieles hermanos ... ".
Cabe apuntar que los Anchorena - como luz para cualquier negocio - vislumbraron enseguida que en la universitaria Chuquisaca, sinó faltaban, escaseaban los libros de texto y las obras clásicas de Teología, Religión, Filosofía, Jurisprudencia y Literatura, necesarias a profesores y estudiantes; quienes, por su cuenta, debían encargar dichas publicaciones a algún librero de Lima o de Buenos Aires; lo cual encarecía enormemente el costo de cada volumen, debido al flete que cobraban los chasques o el correo. Entonces, a Tomás Manuel se le ocurrió importar libros en gran escala, y ponerlos a precios más baratos al alcance de los estudiosos lugareños. Para esto tenían los Anchorena perfectamente organizado su tráfico importador al Alto Perú: Así, junto a los efectos y mercaderías habituales que introducían de ultramar para enviarlos en distintos convoyes desde el puerto de Buenos Aires al norte virreynal, se agregaron remesas de libros que Juan José Cristóbal compraba a España - con dinero de su padre, el capitalistas del asunto - para que Tomás Manuel los revendiera en Chuquisaca ().

Continúan las noticias desde la norteña sede universitaria

El 26 de diciembre el joven cursante esribíale a su padre: "... Hemos tenido noticias de que han ahorcado al asesor del Cuzco (Manuel Ugalde) y a otro que era profesor de Matemáticas (José Gabriel Aguilar) por cómplices en la sublevación que se intentaba; que han desterrado a varios eclesiásticos y a otros europeos bajo partida de registro...". (Dicha conspiración - secuela del alzamiento de Tupac Amarú - tuvo el propósito de establecer una monarquía independiente peruana. El mineralogista Aguilar, el asesor de la Intendencia Ugalde, el Regidor Manuel Valdeverde Ampuero, el fraile recoleto Diego Barrancos, el abogado Marcos Dongo, el capellán del Hospital Bernardino Gutiérrez y el comisario de indios nobles Casiguamán, fueron denunciados por un tal Mariano Lechuga. Aguilar y Ugalde murieron ejecutados en la plaza Mayor cuzqueña el 5-XII-1805; a algunos conjurados se los desterró a España; otros resultaron condenados a presidio; y Casiguamán, remitido a Lima, siguió propagando allí sus ideas revoltosas).
Seguidamente transcribo los párrafos que considero de alguna significación contenidos en las cartas chuquisaqueñas que Tomás Manuel dirigió a su progenitor durante los años 1806 a 1807. A saber:
Enero 16: "... Por lo que hace a resarcir las pérdidas experimentadas en la guerra (europea) no tiene Vmd. que fatigarse, pues que no debe Vmd. pensar sinó en gozar de sus días con quietud, porque ni a Vmd., ni a nosotros nos hace falta nada de lo perdido, y aunque nos hiciera, aún no se ha acabado la Divina Providencia y, sobre todo, los intereses se deben procurar adquirir para usar y disfrutar de ellos a proporción de su cantidad, y no para sentir su pérdida, y mucho menos cuando, como he dicho, no hacen ninguna falta, en cuyo caso no debemos anhelar por tenerlos y poseerlos. Aquí parece que tendremos un año abundante, según dicen hallarse las huertas y sembradíos: quiera Dios que así sea, porque sino no sé como les irá a tantos pobres que hay en el día. Yo lo paso sin novedad, prosiguiendo como siempre mis estudios ...".
Febrero 26: "... Recibí la apreciable de Vmd. del 26 del pasado con el adjunto empaque de libros y copia de la guía conque vienen los cajones, los que ha hecho Vmd. muy bien de procurar remitirlos en el mejor tiempo, sin apurarse ... He mostrado la factura a algunos y no le han puesto reparos, aún que han reprochado algunas obras, pero les he dicho que aún no sé los precios, para dejarlos perplejos ...".
Marzo 26: "... Hasta el día, a las nueve y media de la mañana, no ha llegado la correspondencia de esa, acaso por la multitud de aguas, por las grandes crecientes de los ríos y por los dos días menos del mes pasado ... Hoy me hallo de tornapurga de resultas de una gran calentura que me acometió ahora seis días con gran aparato, proveniente de un resfrío y asiento en el estómago, que dió que temer un tabardillo (fiebre tifoidea), pero ya estoy muy mejorado y fuera de cuidado, aunque muy débil de la cabeza, pues con bastante dificultad escribo esta ...".
Abril 26: "... He celebrado infinito el que haya Vmd. tenido carta de Juan José, y deseara ciertamente que se hicieran cuanto antes las paces (en España) para verlo ya libre de todo peligro ... En orden a mi regreso no le puedo a Vmd. decir cosa cierta, pues aunque el diecinueve de Enero se cumplen los dos años de práctica, tengo que reemplazar algunas faltas, aunque pocas, que he hecho con motivo de mis continuas enfermedades, y como después he de dar cuatro exámenes, y en estos suelen demorarnos por varias ocurrencias que intervienen, de aquí es que no puedo designarle a Vmd. cuando he de regresar. Juan Ramón Saravia (redomado pillo, hijo del apoderado del viejo Anchorena), ahora cosa de 18 días, se huyó habiendo robádole al Rector de su colegio mil trescientos y tantos pesos, con motivo que dicho Rector le tenía en su casa, dándole la mesa y algunos reales para el bolsillo, a fin de que corriese con el gobierno mecánico de ella ...".
Mayo 26: "... En el correo pasado se me olvidó avisarle a Vmd. que el Jueves Santo, a las 2 de la noche, hubo aquí un terremoto que duraría casi un minuto; pero por un momento se conmovió con tal ímpetu la tierra, que si dura el minuto hubiera experimentado esta ciudad unos estragos muy considerables ...".
Junio 26: "... Debo avisarle haber recibido ayer los seis cajones de libros ... He propuesto la venta de ellos con arreglo a los precios que Vmd. me designa y con aumento de 10% según me lo previene Vmd. ... las Artes de Nebrija se venden al menudeo a lo mismo más o menos de lo que Vmd. los pone. Las Instituciones de Justiniano son muchas, y a un precio bastante excesivo. Los misales no tienen mayor consumo, pues los antiguos suplen con el auxilio de los cuadernillos ... Los calepinos de Salas se usan poco por aquí. Del Ligorio, que está puesto a catorce pesos, se ha vendido, ahora poco, en diez ... Habiéndome franqueado don Sebastián (Caviedes) el que los ponga, si quiero, en su tienda, he determinado menudearlos allí, procurando resarcir en las obras generales el desmerecimiento de las otras ... ".
Julio 26: La caída de Buenos Aires en poder de los invasores ingleses motiva esta líneas angustiosas de Tomás Manuel a su padre: "Triste y confuso tomo la pluma, no tanto para contestar la apreciable de Vmd. de 26 del pasado, como para participarle que por cartas del 28 del mismo mes hemos tenido noticias que esa Capital se halla en poder de los Ingleses y el Virrey fuga para Córdoba. En vano sería quererle expresar cuanto es el sentimiento conque me hallo, pudiendo dejarlo a la mediatación de Vmd. Pero la esperanza grande que siempre he tenido de la misericordia de Dios, me hace creer que tal vez no haya dejado de protegerlos en este lance apurado El interés de la sangre es el que más me aflige, y así sabiendo la permanencia de Vmds., todo lo demás no me será de tanta consideración, pues siempre lo he mirado como una cosa muy perecedera. No me extiendo más porque hay orden para que este correo no pase de Córdoba hasta nueva disposición. Dios Nuestro Señor le conserve a Vmd. la vida por muchos años en compañía de mi Madre, hermano y demás de esa. Su affmo. hijo Tomás Manuel de Anchorena". Con letra de don Juan Esteban se lee arriba de la carta: "Recibida esta en 30 de agosto de 1806".
El 26 de octubre, el joven Anchorena le encarece a su progenitor, entre otros temas, la bondadosa solicitud de Caviedes para con él, merecedora de un importante regalo: "He sabido que en estos tiempos pasados han estado los negros bozales baratos, y contemplando que esta es ocasión oportuna para manifestarle a don Sebastián el reconocimiento que corresponde por haberme tenido en su casa tanto tiempo - fuera del que he de permanecer - dispensándome los más distinguidos favores, proporcionándome las mayores comodidades, y ahorrándome de unos crecidos gastos, que me hubieran sido indispensables, y que por grandes que fueran jamás me hubiera facilitado el descanso, tranquilidad y reposo de que he disfrutado en su casa, como se deja de ver, tanto por la necesidad de vivir solo, como por las continuas enfermedades e indisposiciones que he experimentado; me parece que será conveniente, y en cierto modo necesario, el que en la actualidad que tiene en venta dos esclavos, porque no lo acomoda su servicio, le mande Vmd. de regalo dos negras bozales de trece a dieciseis años, a fin de recompensarle los beneficios que tengo recibidos; pues además de que esto no le es a Vmd. muy gravoso, y de ser una futeza respecto del bien que puede resultar, parece ser debido por ley de gratitud y mutua correspondencia … y sobre todo el servicio se me ha hecho a mí, y por este medio a Vmd. y a toda la Casa … Omitiendo un paso de esta naturaleza, en primer lugar me veré abochornado al salir de esta, considerando que no ha habido suficiente insinuación de agradecimiento, y habrá sobrado motivo para que de aquí a mañana digan que siendo Vmd. de superabundantes capacidades y caudal conocido, vine yo a pasarlo aquí de gorrón, y mucho más si se considera el odio mortal que nos tienen, todos los de por aquí, a los de abajo, especialmente a los nativos y habitantes de esa, y la fama que Vmd. tiene de rico y poderoso. Estas razones que bien examinadas no son de poco momento, me han movido a hacerle a Vmd. esta prevención ...".
Noviembre 26: "... Debo participar a Vmd. que en la actualidad me hallo estudiando los exámenes: pues para el 19 de Enero se me cumplen dos años de práctica y pienso hacer toda diligencia a fin de evacuar los cuatro exámenes en todo el mes de febrero, de los que espero en Dios salir con felicidad mediante su favor y los esfuerzos que hago de mi parte ...".
Aquella aludidas prácticas forenses - con estudio de las leyes reales y procesales que aplicaban los juzgados y la Audiencia - realizábalos en la Real Academia Carolina (creada en 1776) los estudiantes de Chuquisaca. En 1806, nuestro Tomás Manuel integró la comisión directiva de esa corporación de practicantes juristas, venidos a estudiar los más - como él - de diferentes y lejanas ciudades del Virreinato. Las autoridades de dicha Academia fueron, durante el año 1806, las siguientes: Director, el Ministro de la Real Audiencia José Agustín de Ussoz y Mozi; Presidente: Mariano Navarro Fariña: Vice: José Agustín Ossa, reemplazado más tarde por el jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante; Secretario: el santafesino Pedro Aldao; Censores: Baltazar Alquiza y el salteño Manuel Antonio de Castro (tío tatarabuelo mío); Celador Fiscal: Francisco Remigio Castellanos, salteño también; Procurador y Tesorero, el porteño Tomás Manuel de Anchorena; y Prosecretario: Crispín de Santos Diez de Medina.
Diciembre 26: Tomás Manuel discurre acerca de las graves consecuencias que traerá para su familia la segunda invasión inglesa que acababa de apoderarse de la boca del Río de la Plata, en la Banda Oriental. La madurez de ese muchacho de 23 años se revela en esta carta, a su padre, donde elevadas reflexiones morales se entremezclan al cotidiano pane lucrando del mercader: "... Por la apreciable de 26 del pasado veo la suma alteración con que prosiguen todos en esa; la toma que han hecho los Ingleses del puerto de Maldonado; las continuas incomodidades que experimenta Vmd., tanto por su edad como por el estado confuso en que se halla todo, y el detrimento que padecerán sus intereses; pero de todos estos puntos, el último es el de menos consideración, pues habiendo bienes bastantes para subsistir, todos los demás son superfluos. Por mucho que se disminuyan, jamás le faltarán a Vmd. los necesarios para la vida, y por lo que hace a nosotros, estamos ya en una posesión inalterable de la mayor y más interesante de la herencia, que son los cortos conocimientos que Vmd. nos ha proporcionado; así lo que importa es que Vmd. deseche todas estas tristes ideas de la imaginación, y procure dilatar los días de su vida, pasándolos con todo el desahogo que le sea posible. Quedo impuesto del motivo que ha impedido la compra de las negras. No le digo a Vmd. nada de los libros porque está muy pesada su venta; para principios del que viene entrará aquí el Sr. Arzobispo, con cuyo motivo vendrán algunos curas, y se proporcionará tal vez el salir algo ...".
Febrero 26 de 1807: "... No omitiré sacar la licencia para mi regreso a esa en la forma que Vmd. me dice. También cumpliré con lo que me ordena Vmd. acerca de los libros, cuya venta prosigue con la misma lentitud que siempre, no obstante la venida del Sr. Arzobispo, porque no deja pasar por acá a ningún cura, sino que a todos los hace ir con cajas destempladas a sus curatos. Dicho Sr. Arzobispo es el mismo don Benito Moxó, mozo de muy buena presencia. Las gentes están algo descontentas con él, porque además de estar muy unido con el Sr. Presidente y el Sr. Cañete (Oidor y oráculo jurídico local), a quien no lo pueden ver, por ser hombre caviloso, caprichudo y revoltoso, según el concepto de todos; no ha dado hasta ahora (el Arzobispo) una limosna ascendiendo su renta y entrada a más de sesenta mil pesos".
Marzo 26: " ... He recibido su muy apreciable de 26 del pasado en que me participa Vmd. la toma de Montevideo por los Ingleses, y me repite con instancia en que procure regresar cuanto antes dándole a Vmd. aviso con anticipación, lo cual si hubiera consistido en mí solo ya lo hubiera verificado en este correo, pero como, según le he dicho a Vmd., tengo que rendir cuentas de la Procuraduría, habiendo presentado un escrito pidiendo una certificación del Secretario de la Academia (Casimiro Escudero, a la sazón), para poner el Sr. Director (Ussoz y Mozi) una providencia de cajón, me ha tenido cerca de veinte días, y todavía nada he conseguido. Vmd. no ignora lo que es lidiar con jueces y superiores, y más con estos magnates de aldea, o por mejor decir mendrugos, que ponen especial cuidado en molestar a los pretendientes, para que con eso quieren hacer ver su autoridad, y encarecer por favor y gracia lo que es justicia ... ".
Mayo 26: "... Sin embargo que pensaba dar en este mes el segundo (examen) no lo he podido verificar, pues por más que me insinúo con el Secretario (Escudero) que es el que más me demora, nada puedo conseguir, porque me sale con que no puede, que hay otras cosas que atender y otros primeros que despachar, y como es correchepillo y adulón de la casa del Sr. Director, no se le puede decir nada, porque sería empeorar la cosa. Cuando me he insinuado con el Sr. Director (Ussoz y Mozi), me ha salido con el mismo emblema, de modo que casi no hallo medio que tomar ... He sentido mucho la novedad que tuvieron Vmds., en casa con los ladrones, y he dado mil gracias a Dios de que hubiese Vmd. escapado con felicidad, que solo a un especial favor suyo debe atribuirse el que no hubiesen hecho daño alguno de consideración ... ".
Julio 26: "... El diez del (mes) que viene pienso ya estar recibido de Abogado mediante el favor de Dios. Si Vmd. me necesita en esa iré con mucho gusto ... me será mucha fortuna el acompañarlos a Vmd. y a mi Madre, y si me fuese posible aliviarlos en unas incomodidades que según el aspecto de las cosas les han de ser indispensables ... ".
Agosto 26: Desborda en esta carta el alborozo de Tomás Manuel por el "Triunfo Argentino sobre los ingleses, y por haberse, al fin, doctorado en abogacía ... Es inexplicable el gusto que he tenido al saber la victoria que han conseguido los nuestros, y que en medio de tantos riesgos y de tantas atrocidades, que ha cometido el enemigo, hayan salido con toda felicidad los de casa. Aquí no acaban de admirar el éxito tan favorable de una empresa que nunca se imaginó, y debemos confesar que Dios, en esta ocasión, nos ha dispensado una protección especial … El 20 del corriente me recibí de Abogado, y sin duda como estos Señores no han podido tener en mí, como en muchos de los Practicantes, un criado de balde, algunos han procurado molestarme y demorarme, hasta el extremo de obligarme el Señor Regente a hacer traje de Abogado (birrete o capirote azul con borla y la clásica garnacha, o sea el ropón de paño negro de los togados), que me ha costado buenos pesos, y esto fue el día mismo en que me recibí, sabiendo que no he de permanecer aquí; de modo que recién hoy día de la fecha voy a posesionarme ... ".
Septiembre 26: "... El primero del mes que viene pienso dirigirme por Potosí a Salta, y de allí a esa Ciudad. Cumpliré exactamente lo Vmd. me previene sobre el asunto de Fernández (el finado Manuel Salvador, deudor moroso de Anchorena), y procuraré abreviar mi viaje en todo lo posible. Sin embargo de la recomendación para Archondo, como es una casa que yo no conozco, y en lo poco que he estado fuera de la propia he visto los varios inconvenientes que se siguen de hospedarse en las ajenas, después de quedar reconocido y obligado por el favor con que se me recibe, he escrito a un amigo de Salta que me busque un cuarto de alquiler para los pocos días que he de estar allí ...".
La última carta norteña de Tomás Manuel a su padre, fechada en Salta el 4-XI-1807, expresa: "... Habiendo salido de Chuquisaca el seis del pasado y entrado en Potosí, estuve a ver al Sr. don Joaquín de Obregón y le entregué una razón de todos los libros existentes, con los precios que Vmd. me designó y con distinción de los de venta y de mi uso ... Seguí a Jujuy el 23, y por instancias repetidas del Sr. don Manuel de la Quintana, me fué preciso detenerme hasta el 28, cuyo día arribé a esta ciudad, donde lo paso sin novedad, y pienso permanecer hasta que llegue el correo de esa, para ver si entretanto se proporciona un compañero para camino, porque de lo contrario me retiraré solo ... ".

Cabildante en 1810 las vísperas y durante los días revolucionarios de Mayo

De vuelta en la capital del Virreinato con su flamante título de Abogado bajo el brazo, Tomás Manuel tiene la desgracia de perder a su padre en 1808, y dos años después, el joven doctor, se inicia en la carrera de los honores al ser nombrado Regidor y Defensor de Pobres en el Cabildo bonaerense.
En efecto: el 1-I-1810 el Ayuntamiento porteño, para todo el transcurso del año, quedó integrado por 5 criollos y 5 europeos, así: Alcaldes de 1º y 2º voto Juan José de Lezica (criollo) y Martín Gregorio Yaniz (navarro); Regidor Alférez Real, Manuel José de Ocampo (criollo); Alguacil Mayor, Manuel Mansilla (criollo); Regidores, Juan de Llano (guipuzcoano), Jaime Nadal y Guardia (catalán), Andrés Domínguez (gallego), Tomás Manuel de Anchorena (criollo), Santiago Gutiérrez (cántabro); y Síndico Procurador general, Julián de Leiva (criollo).
En la sesión capitular del 25 de Abril el Regidor Anchorena leyó un discurso "sobre el peligroso estado en la Metrópoli", instando al Virrey Cisneros adoptar "con anticipación los medios que conduzcan al sostén de los Derechos Soberanos, defensa, conservación y tranquilidad de la Patria, para el caso desgraciado en que aquella sucumbiese por los triunfos y ocupación enemiga". He aquí las partes sustanciales de esa alocución premonitoria: "Voy a hablar a V.E. sobre un asunto que no puedo recordar sin gran dolor ... pero no puedo prescindir de él porque se interesa nuestra seguridad. Nos hallamos en la situación de un hombre que es amenazado de un accidente mortal ... y el deseo de precaverlo lo hace adoptar un remedio que mira con horror, pero que a él solo le lisonjea la esperanza de su conservación. La Suprema Junta Central en su manifiesto de 28 de octubre próximo pasado, nos previene ... que la creación, reparación y subsistencia de los Ejércitos, han absorvido, y con exceso, los fondos considerables que han ido de las Américas; que el egoísmo de los unos y la ambición de los otros debilitan y entorpecen la acción del Gobierno, por su oposición he indiferencia; que se aspira a destruir por sus cimientos el principio esencial de la Monarquía, que es la unidad; que la hidra del federalismo, acallada tan felizmente el año anterior con la creación del poder central, osa otra vez levantar sus cabezas ponzoñosas, y pretende arrebatar la nación a la disolución de la anarquía; y finalmente que la astucia de nuestros enemigos está acechando el momento de romper las divisiones para arrojarse a destruir el Estado, y sentar su solio sobre la cima del oprobio que le proporcionen los debates ... Sabemos con la mayor certeza que los Enemigos ultimamente se han apoderado de Gerona, plaza en que fundábamos gran parte de nuestras esperanzas, e igualmente han ocupado a Almadén. Estos son unos datos muy suficientes no para desesperar de la empresa, pero sí para graduar de inminente el peligro ... Considere V.E. el momento en que sepamos que el poder del Enemigo, ayudado de la suerte y de las intrigas de los facciosos, ha eludido los efectos de nuestra constancia. Cuál será nuestro dolor! y cuál nuestra consternación!. El hombre justo vería, todo lleno de confusión, desaparecer en un momento la autoridad del Magistrado y el respeto a las Leyes. El malévolo no querrá perder ocasión tan oportuna de cometer impunemente toda clase de delitos. Todos querrán mandar, ninguno obedecer, y la ley del más fuerte se subrrogará a la razón y a la justicia. Nos hallamos, sin saber como, envueltos en la confusión y el desorden; y el horror de nuestras propias miserias y calamidades nos hará ceder a las asechanzas de cualquier Tirano déspota que nos quiera esclavizar. Y ¿será posible que previendo desde ahora todo este conjunto de desgracias, no procuremos fabricar con tiempo un muro inexpugnable que llegado el caso contenga la osadía de los malvados, imponga respeto a cualquier Tirano, sea el apoyo de nuestra seguridad y el sostén de nuestra libertad? No Señor Exmo. V.E., no podría dar un comprobante cierto de su lealtad a nuestro Soberano, y del amor que profesa a la Patria ... si en circunstancias tan críticas no tratara de preservarla de los riesgos que la amenazan ... V.E. debe observar al presente la conducta del experto piloto que navegando en alta mar ve de repente que se prepara una terrible tempestad. Yo, aunque individuo de este Exmo. Ayuntamiento, no me atrevería por ahora indicar a V.E. lo que debe hacer en particular; pero suplico encarecidamente se sirva V.E. fijar por un momento toda su atención y meditación sobre nuestra situación actual, y la que nos espera, y ... se servirá acordar las medidas que su notoria justificación y prudencia considere más adecuadas y oportunas para nuestra conservación y seguridad. Los pasos de V.E. deben ser, sí, muy sigilosos, muy medidos y muy pensados, para lograr el acierto y precaver las intrigas de los hombres malos, que por desgracia nunca faltan en las sociedades, y que se valen de los peligros para eludir el remedio de los males, causar el desorden y cimentar su suerte en la ruina de los Pueblos ... Yo he considerado propio de mi deber hacer esta exposición a V.E., a la que solo me han animado los sentimientos más puros de lealtad y patriotismo; y para que exista un testimonio público con el que pueda yo responder de mi conducta en cualquier tiempo, pido a V.E. se sirva mandar se inserte literalmente en el Acuerdo de este día".
A las pocas semanas de haber hablado así Anchorena, las gacetas y cartas traídas desde la Península en buques llegados a nuestro puerto, daban cuenta de la verdadera situación de España; de la toma de Andalucía por los ejércitos napoleónicos, de la disolución de la Suprema Junta Central en Sevilla; del establecimiento de un Consejo de Regencia que se hallaba acorralado en la isla gaditana de León. Todo ello - como es sabido - provocó en Buenos Aires el sacudón revolucionario de Mayo, a partir del cual se extiende y desarrolla a lo largo de todo el Virreinato, un cruento y anárquico proceso político - guerrero que, después de nuestra independencia, seguirá fluctuante para culminar - aventuro una fecha - en 1860; en que comienzan otros bailes con distintas músicas. Más volvamos a aquella cabildada abierta de 1810 donde la asamblea, mediante pluralidad de votos, se pronunció por la cesación del Virrey Cisneros en el mando, con encargo al Ayuntamiento porteño de designar una Junta gubernativa en reemplazo del mandatario depuesto, hasta tanto un futuro Congreso de Diputados de las Provincias, resolviera, en definitiva, la forma del gobierno virreinal. Y al día siguiente del pronunciamiento antedicho, el Ayuntamiento designó una Junta ejecutiva provisoria con el propio Cisneros como Presidente, acompañado por Saavedra, Castelli, Solá e Incháurregui, como Vocales. Y fueron los Regidores criollos Tomás Manuel de Anchorena y Manuel José de Ocampo, los encargados de informar a Cisneros de su designación. Empero dicho gobierno provisional apenas duraría 24 horas. Enterado el Cabildo del alboroto producido en el cuartel de Patricios, destacó a los Regidores Anchorena y Mansilla para notificar a la Junta en la Fortaleza: "que era de necesidad para la salud del pueblo, que el Excelentísimo Señor Presidente se separe del mando, y que en caso de avenirse, sea sin protesta alguna para no exasperar los ánimos". A lo que Cisneros se avino a más no poder.
"Tomás Manuel de Anchorena - consigna Julio Irazusta en su ensayo sobre el prócer - era tan partidario como el que más de emancipar a su país de la sujeción a España, y de que en él se creara una nueva nación. Pero sus móviles no eran de un ambicioso resentido, ni de un ideólogo extraviado por el espíritu del siglo. No podía tener agravios personales contra el régimen colonial, que a edad tan temprana le diera acceso a encumbradas posiciones directiva; y su rectitud moral le impediría fingirlas, a posteriori, como instrumentos de una lucha emancipadora que siempre debió considerar justa, desde que fué uno de los primeros promotores. No se asimiló jamás ninguna de esas ideas abstractas acerca de las formas de gobierno, que tanto perturbaron a sus mejores contemporáneos del mundo entero, sobretodo a sus compatriotas criollos haciéndoles malograr una empresa política viable".
Pocos meses antes de morir, Tomás Manuel escribió a su primo Juan Manuel de Rosas los siguientes conceptos acerca de los móviles que animaron a la mayoría de los protagonistas de las jornadas de mayo del año 10: "El 25 de mayo de 1810, o por mejor decir el 24, se estableció por nosotros el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII, y que bajo esta denominación, reconociendo por nuestro rey al que lo era de España, nos poníamos sin embargo en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles, apurados por Napoleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También lo exigimos, a fin de aprovechar la oportunidad de crear un nuevo título para don Fernando VII, y sus legítimos sucesores, conqué poder obtener nuestra emancipación de la España; y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la península española; pues a todo eso nos daba derecho no solo el habernos defendido de los ingleses sin auxilio alguno de España, manteniéndonos siempre fieles y leales al soberano que lo era de la España, sino también al nuevo sacrificio y esfuerzo de lealtad que emprendíamos hacer, erigiendo un gobierno a nombre del rey cautivo que conservase bajo su obediencia todas estas provincias durante su cautiverio, para continuar después prestando el debido homenaje, luego que recobrase su libertad. De este modo era como yo oía discurrir entonces a los patriotas de primera figura en nuestro país; y todos los papeles oficiales no respiraban sino entusiasmo por la obediencia a Fernando VII, pero con tal sinceridad a juicio de los patriotas de buena fé, que el Dr. Zavaleta (Diego Estanislao) en el sermón que predicó en presencia de la Primera Junta en celebridad de su instalación, hablando de la imputación que nos hacían nuestros enemigos, quienes decían que todas esas protestas de obediencia y sumisión a Fernando eran fingidas, y que nuestra intención era sublevarnos contra su autoridad, les contestó con un esforzado, mienten! ... Por todas partes resonaban en boca de los patriotas Viva Fernando!, y esta aclamación duró hasta que reunida la Asamblea General de todas la provincias se erigió un supremo Director del Estado, y se encomendó este elevado cargo al notario de nuestra curia eclesiástica don Gervasio Posadas".

Remoción de los Señores del Cabildo

Después que la Junta revolucionaria bonaerense expulsara y remitiera a España al ex Virrey y a los Oidores de la Real Audiencia (22 de junio), los Señores del Cabildo, en acuerdo "reservado" del 14 de julio (Tomás Manuel de Anchorena no asistió a esa sesión), juraron secretamente reconocer como gobierno legítimo de la Monarquía al Consejo de Regencia de Cádiz. La Junta porteña se enteró del hecho (que fué comunicado por el Ayuntamiento a su equivalente de Montevideo y a la Regencia gaditana) guardando un silencio reticente en el curso de tres meses, hasta que las autoridades patrias reaccionaron por sorpresa, mediante un decreto fechado el 17 de octubre, que removía, desterraba y sometía a proceso a los capitulares, con expresa declaratoria que jamás pudieran ejercer cargo consejil en la ciudad, ni en parte alguna de su distrito.
Cornelio Saavedra apunta en sus Memorias que: "... cuando se trató de sentenciar la causa de los capitulares del año 1810 por el reconocimiento que hicieron secretamente del Consejo de Regencia", Moreno propuso a la Junta la "decapitación" inmediata de los ediles recalcitrantes. "Yo que conocía el influjo de este individuo y partido - prosigue don Cornelio -, que ya venía horrorizándome de los fatales resultados que podrían originarse por la muerte de diez individuos relacionados y emparentados con parte muy considerable de la sociedad, tomé la palabra, y dirigiéndome con entereza a Moreno le dije: Eso sí, doctor, eche Ud. y trate de derramar sangre; pero esté usted cierto que si esto se acuerda no se hará. Yo tengo el mando de las armas, y para tan perjudicial ejecución protesto desde ahora no prestar auxilio".
El hábil cronista que resultó ser Juan Manuel Beruti, nos refiere en sus Memorias Curiosas: "Como a la medianoche - del 16 de octubre - de orden de la exelentísima Junta, fueron presos, cada uno en sus casas, los Señores Alcaldes y Regidores del exelentísimo Cabildo de esta capital, cuyos individuos a esa misma hora, bajo una buena escolta de húsares, fueron sacados en coches de esta ciudad, y conducidos al interior del reino, confinando a los Señores Alcaldes (Lezica y Yaniz) a la Villa de Luján; al Síndico (Leiva, con Santiago Gutiérrez) a las minas de Famatina en Córdoba; y los demás repartidos a diversos lugares (Llano, Ocampo y Anchorena al Salto; y Domínguez y Nadal a Ranchos). El motivo que han dado para ello - continúa Beruti - no se sabe, pero la voz del público es, que tenían correspondencia con Montevideo, que se halla actualmente sin obedecer a la Junta, y de haber privadamente jurado al Consejo de Regencia de España. Lo cierto es que, cuando la excelentísima Junta los ha expatriado tendrá suficientes probados motivos para haberlo hecho: solo sí quedaron dos que no han ido, y se cree no habrán entrado en ello, que son el Alguacil Mayor (Manuel Mansilla) y el Escribano (Justo José Núñez)".
Aquel mismo día 17, la Junta nombró por decreto a estos cabildantes partidarios del "nuevo sistema"; Alcaldes de 1º y 2º voto, Domingo Igarzábal y Atanasio Gutiérrez; Regidor Alférez Real, Manuel Hermenegildo de Aguirre (ver mi monografía sobre este tatarabuelo); Regidores: Francisco Ramos Mexía, Ildefonso Paso,Eugenio Balbastro, Juan Pedro Aguirre, Pedro Capdevila, Matías Grandoli y Juan Francisco Seguí; Síndico Procurador, doctor Miguel Villegas.

Cartas del confinado Anchorena a los de su casa

No ofrece por cierto, esta correspondencia, una importancia histórica trascendental, pero como el presente trabajo abarca también la vida de una familia argentina muy representativa en su tiempo, creo que sus intimidades, sus pequeñas cuestiones y ocurrencias adjetivas despiertan interés, exteriorizan estados de ánimo, ventilan episodios ignorados y evocan un ambiente. Por ello no vacilo en transcribir algunos párrafos de estas cartas de Tomás Manuel a su madre y hermano mayor, cuyos originales guardamos sus descendientes.
"Luján y Octubre 17 de 1810, a las doce del día. Estimado hermano Juan José: Desde la puerta de casa nos han conducido directamente a esta Villa en un coche, a don Manuel Ocampo, a Llano y a mí; en otro han venido los dos Alcaldes (Lezica y Yaniz), y en otro el Síndico Procurador (Leiva), don Santiago Gutiérrez y el clérigo Colina. Nos dicen que los primeros vamos al Salto, que los segundos quedan aquí, y que los últimos serán conducidos a Córdoba. Todos vamos sin novedad, aunque destituídos de ropa; pero el marido de la Francisca me ha prestado para que lleve en el camino un poncho, una fresada y un cuero de carnero para los pies. Me ha franqueado sábanas, almohada y otras cosas, pero no he querido admitirlas por no tener donde llevarlas y no ser mayormente necesarias ... Mi Madre que no tenga cuidado que en la primera oportunidad me mande ropa y con abundancia de la blanca ...". Luego la misiva trata de negocios; de deudas y deudores; de asuntos comerciales con Europa y América; de las cuentas corrientes de la testamentaría paterna. "Repito - termina el forzado turista - que vamos sin novedad, que no hay cuidado, y que aquí me he provisto de cuanto puedo necesitar de pronto. Don Antonio José de Escalada nos ha obsequiado para comer y para lo que hemos necesitado de él ... es cuanto ocurre y que mandes a tu affmo. hermano: Thomás." ()
"Posta de las chacras de Ayala - Octubre 18/1810 - a las dos de la tarde. Mi muy estimada Madre: desde Luján escribí a Vmd. ayer avisándole que veníamos sin novedad los compañeros y yo; que nuestro destino es la guardia del Salto; que en Luján, con motivo de hallarse ultimamente confinado allí don Antonio José de Escalada y hospedado en la casa de doña María Mercedes Lamadrid y de don Gaspar Contreras, recibimos muy buen hospedaje y mucho obsequio de uno y otros Señores, y así deberá Vmd. mandarle un recado a la mujer de Escalada (Tomasa de la Quintana y Aoíz), dándole por su parte las gracias. También le escribí a Vmd. avisándole lo mucho que me sirvió Francisca y su marido, franqueándome sin interés un poncho y una fresada que me van sirviendo para dormir, con otras frioleras, y haciéndome las diligencias y mandados que fueren necesarios. Cuando me remita mi equipaje mándeme chocolate bastante, chocolatera, molinillo y posillo, aujas de todos números, sedas de los colores más necesarios, como el negro, hilo de número para la ropa blanca y de algodón ingles. Mándeme los dos pares de zapatos con las evillas de oro y charreteras, todas las medias de seda y los calzones de casimira cortos, con todos los pantalones de verano. Mándeme también las botas de una costura que me solían servir para montar a caballo, haciéndolas estirar primero muy bien del ancho, con el maestro Tomás, pues me estaban ya muy angostas; lo mismo hará con el par de zapatos que estaban sin estrenar. Proseguimos hasta ahora sin novedad. Vmd. no tenga cuidado por mí, que la vida del campo es más apetecible que la de la ciudad. No haga caso de cuanto digan o escriban, que la sinceridad y la inocencia quedan entonces más satisfechas, y deje Vmd. correr las cosas, que este mundo es una pura comedia, que al fin ha de quedar en nada. Muchas expresiones a mis hermanos, que tendrán esta por suya, a todos mis primos y primas, a Antonina y al Dr. Echevarría (don Vicente Anastasio y ella su esposa), y demás amigos. Mandará Vmd. la adjunta a la casa del doctor Leyba; y siendo cuanto por ahora ocurre, le desea la más perfecta salud su affmo. hijo Thomás". Posdata: "La pobre doña Benedicta me sirvió también en cuanto pudo, y al fin me ofreció un sinnúmero de padrenuestros, salves, misas, etc.etc.etc. Procuren remitirme los impresos de noticias que salgan, especialmente los que hablan sobre nuestra confinación".
"Guardia del Salto, Oct 19/1810. Mi muy estimada Madre: hoy a las doce del día hemos llegado a este nuestro destino, y hemos hallado un pueblo muy regular, el mejor de todas las guardias, y abundante de todo lo necesario para una mediana comodidad. El comandante es un hombre amable, y esta cualidad les asiste a todos los vecinos. En todo el camino hemos recibido obsequios de las gentes que nos han hospedado y esperamos pasarlo aquí como unos príncipes ... En la primera oportunidad mándeme Vmd. el Chorntrow (?), y los diccionarios franceses, los rudimentos históricos, el Delicias de la Religión, que está en poder del doctor Echevarría, a quien le volverán el tomo de la medicina legal de Foderé, que está en el estantito del escritorio. Mándeme también paños para barba, y un peine como el que yo usaba; unos anzuelos de pescar para peces medianos, como bagres y dorados, empezando por los más pequeños en su especie, pues tenemos río en donde divertirnos; platos y fuentes de loza y dos o tres cubiertos, de modo que tengamos servicio de mesa si se ofrece convidar algunos amigos, y obsequiar algunos que vengan de esa; y a proporción un buen mantel con media docena de servilletas, unos vasos de agua, otro tanto de vino, dos posillos o tres, y dos limetas, y todo lo demás que Vmd. considere que pueda serme útil. Mándeme Vmd. hacer unos pantalones bien anchos de mahón, y una chupa de lo mismo también ancha, y mándemela luego que haya ocasión ... Ya le he escrito a Vmd. que no tenga cuidado por mí, esperamos pasarnos una gran vida en este lugarsito, libres de los bullicios de la corte; Llac (Gerardo Esteve y Llac, el terrorista catalán de las invasiones inglesas) es uno de los compañeros, y todos de un famoso humor ... ".
La cubierta de la siguiente carta trae esta, nombre y dirección: "Don Juan José de Anchorena, vive enfrente del convento de la Merced en la calle de Liniers en Bs. Ays." y expresa: "Guardia del Salto y Noviembre 2 de 1810. Estimado hermano: Recibí tu muy apreciable del 30 p.pdo. y quedo impuesto de cuanto en ella me previenes. Por más convencidos que estén todos de la rectitud de mis procedimientos, creo que no volveré a esa hasta el año 811. No sé que motivo haya para suponer que por haber oficiado el Cabildo a la Junta sobre el Fiel Ejecutor hayamos sido confinado". (Tomás Manuel, según surge de esta carta íntima, ignoraba que sus colegas habían reconocido en secreto al Consejo de Regencia; creía que el Cabildo al contestar "un suplemento" de la Junta contra el Fiel Ejecutor Santiago Gutiérrez, había provocado la drástica reacción de ésta). Agregaba el desterrado que el Cabildo "lo hizo con toda moderación y respeto ... exponiéndole (a la Junta) la conducta del Fiel Ejecutor, haciéndole ver la ilegalidad con que procedía en aquel caso, y cuán perjudicial era usar de tan poca consideración con un Juez … Si aquel oficio hubiera sido insultante - añadía Anchorena -, no hubiera rehusado la Junta publicarlo, pues su tenor hubiera ministrado una prueba decisiva del delito que se atribuye al Cabildo. Si pues no lo ha querido publicar, seguramente es porque no comprende ningún delito, ni lo considera conveniente". Mas adelante el corresponsal se refiere a una deuda, "en plata fuerte" del tío Juan de Anchorena y Zundueta, residente en España, a quien parece que los sobrinos americanos le vendieron "un sitio" de la heredad familiar en el país vasco. "Solo una partida ha entregado el tío en pago de lo que debe, y esta fué de seis onzas, según me parece, pues yo la apunté pero no me acuerdo donde. Aquí lo paso sin novedad con los demás compañeros, gozando de una perfecta tranquilidad y completa salud. Mi madre y Nicolás que tengan esta por suya. Mis presentes a todos los primos, mientras ruego al Señor les conceda la mejor Salud. Tu affmo. hermano: Thomas."

Rehabilitación del Regidor Anchorena

El 30 de octubre, doña Romana López Anaya se había dirigido a la Junta gubernativa a efectos de acreditar la lealtad y el patriotismo de su hijo, demostrando que este no asistió al acuerdo capitular secreto del 14 de julio, y que ignoraba que allí se hubiera jurado reconocer al Consejo de Regencia como autoridad soberana de estas provincias rioplatenses. Aclarada entonces la conducta y situación de Tomás Manuel, la Junta se dirigió por oficio al nuevo Cabildo el 30 de noviembre, transcribiéndole el auto pertinente que decía así: "Visto este expediente con lo que resulta de las actuaciones y demás documentos que se han traído a la vista, se declara que el Regidor Tomás Anchorena ha llenado todos los deveres de su empleo, manejándose con el celo de un verdadero patriota; en su consecuencia se le restituye a su empleo, en que deverá continuar hasta la conclusión de este año, reponiéndolo en todos sus honores, buena opinión y fama a que justamente es acrehedor, y se le reserva su derecho contra los demás Capitulares por los daños y perjuicios que se le han ocasionado. A los demás Capitulares, incluso el Síndico Procurador general, se les declara malos patriotas, e incapaces de obtener ningún empleo público en estas Provincias; y aunque el crimen de Estado de reconocer furtivamente y sin representación competente una autoridad Soberana exigía otros exemplares castigos, por equidad y contemplación a sus familias, sobreséase en la prosecución de la causa, multándose a cada uno en mil pesos, que deverán entregarse dentro de tercero día, vajo apercivimiento de embargo con destino a los gastos de la Expedición, sin que en el término de seis años puedan pisar en esta Ciudad, ni en doce leguas alrededor, deviendo residir el Síndico Leyva, por todo este tiempo, en la Ciudad de Catamarca". Y los capitulares del nuevo sistema - entre ellos Manuel Hermenegildo de Aguirre - acordaron se tenga presente para quando regrese el Doctor Don Tomás Manuel de Anchorena, y mandaron se copie el oficio y archive el original".
Corridos 45 días, el 14 de diciembre, se apersonó a la Sala del Cabildo Tomás Manuel, y conforme a la transcripta resolución de la Junta gubernativa, los munícipes porteños le dieron "posesión de su empleo de Regidor defensor de Pobres; y mandaron los S.S. se dé cuenta por oficio a la Excelentísima Junta de haverse así ejecutado".

Las cartas arribeñas de Tomás Manuel a sus hermanos

Por el mes de junio de 1811 Tomás Manuel emprende desde Buenos Aires otro viaje al norte del país. Los 
Anchorena López de Anaya, Tomás Manuel de (*) (I6903)
 
57568 Tomasa Merlo de la Mota hija de Alejandro Fco. de Merlo Lafuente cm 1654 c. Teresa de la Mota y Ardiles n. Córdoba, hija de Martin Mitre n. 1607( de Juan de Mitre m.1570 ( hijo de Juan de Mitre y Constanza de Lugo) e Isabel de Ardiles, hija de Miguel de Ardiles (h. nat. de Miguel de Ardiles) y de India Constanza) y Antonia de la Mota n. Córdoba. Mota Ardiles, Teresa de la (I23537)
 
57569 Tomasa testó el 24-III-1770, ante el Escribano salteño López Zeballos, declarando no haber logrado sucesión en sus dos matrimonios. Pidió la sepultaran en la Iglesia Matriz con hábito franciscano, y fundó una Capellanía, para lo cual nombraba primer Capellán al primero de los hijos de su hermano Bonifacio que se ordenase sacerdote.
por Carlos F. Ibarguren Aguirre 
González de Hoyos del Hoyo, Tomasa (I22512)
 
57570 Tomasa testó por codicilio del 22-IV-1808 (centenaria), ante Mariano García Echaburu. Larrazábal Avellaneda, Tomasa de (I10527)
 
57571 Tomó el apellido de su abuelo materno. Ramírez de Contreras, Pedro (I39719)
 
57572 Tomó el velo monjil de las Catalinas de Córdoba. Tal como su madre fue Priora del Convento catalino porteño. Armaza Arregui, Gertrudis de (I9289)
 
57573 Tomo I folio 51, recto. Nicolás Becar, Sargento mayor de Dragones del Reino de Belgia, falleció el seis de febrero dde este año ( 1757), enterrado a siete mismos en la Iglesia Parroquial. Testó. Autorizo Francisco Trifú (el testamento), escribano en 10 junio de 174¿? (parece un siete , pero es imposible, he mirado varios fallecimientos y gente muerta durante este año 1747 y anteriores pone testó en el 174¿? Y parece un siete aunque podría ser un cinco). Beccar Sutart, Nicolás de (I37914)
 
57574 Tomo IV nacimientos. En abril 1676 es bautizado Pere Joseph Juan Batiste FEBRER, fill (hijo en valenciano) de Joan Batiste Febrer, menor y de Margarida de la Torre, cónyugues, padrins Pere de la Torre y María Rabaça y de Febrer. Febrer de la Torre, Juan Bautista (I42768)
 
57575 Al menos un individuo vivo está vinculado a esta nota - Detalles Reservados. Castellanos Aubone, Domingo Telasco Nicanor (I26676)