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Coincidencias 51 a 75 de 59,146

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51 Cándido Francisco José de Lasala (n. Buenos Aires, 1770 ? ? 5 de junio de 1807), marino rioplatense, que participó en la lucha contra las Invasiones Inglesas y murió en combate contra la Segunda Invasión, a fines de junio de 1807.
Nació en Buenos Aires en 1770, de familia muy pudiente; su padre sería un funcionario muy influyente en la época de los virreyes. Descendía de la misma familia que Juan Bautista de La Salle ? su apellido era una castellanización del francés ? y era primo del militar José de San Martín, futuro héroe de la Independencia de Argentina.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en España, ingresando al ejército del Rey. Más tarde se inclinó por la navegación, e ingresó a la Real Armada. Regresó en la fragata San Pío al Río de la Plata, donde ésta prestaba servicios en el puerto de Montevideo, en 1790.
Ascendido a teniente de navío, participó en varias de las exploraciones que el gobierno del virreinato organizó por la costa patagónica, a órdenes del capitán Juan Gutiérrez de la Concha y de Alejandro Malaspina. Exploró la Isla de los Estados en detalle, y prestó servicios por dos años en las islas Malvinas. Entre 1793 y 1803 residió en Europa, participando en las guerras contra Francia y Gran Bretaña.
Posteriormente volvió a prestar servicios en Montevideo. Allí estaba cuando se produjo la primera de las Invasiones Inglesas, y colaboró en la formación del ejército reconquistador de Santiago de Liniers. En gran parte, se debió a Lasala el éxito en cruzar el río de la Plata esquivando de noche a la flota británica.
Participó en la Reconquista, y su valor demostrado en combate le valió la estimación general y menciones en partes oficiales. Pasó los meses siguientes organizando el Real Cuerpo de Marina, a órdenes del coronel Gutiérrez de la Concha, del cual era el segundo jefe.
Al producirse la segunda invasión a Buenos Aires, Liniers estableció una línea de defensa insólitamente inadecuada, dando la espalda al Riachuelo, con una avanzada muy alejada, en la zona de Quilmes, al mando del capitán Lasala. Los británicos desembarcaron en Ensenada y chocaron con las fuerzas de Lasala, derrotándolas con facilidad y causando la muerte de su jefe.
No obstante, tanto la resistencia de Lasala como la dificultad de avanzar por una zona de arroyos, forzaron a los invasores a cruzar el Riachuelo aguas arriba de la posición de Liniers, que salvó así sus fuerzas de una segura destrucción; indirectamente, Lasala contribuyó al éxito de la Defensa de Buenos Aires.
La de Lasala fue la muerte más lamentada en esa época en Buenos Aires, porque se trataba de un verdadero héroe popular, y que había muerto como tal.

Fuentes: Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, 7 volúmenes, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985 y Roberts, Carlos, Las invasiones inglesas, Ed. Emecé, Bs. As., 1999. 
Lasala Fernández Larrazábal, Cándido Francisco José de (*) (I90924)
 
52 Capitán de la marina italiana, armador de barcos. Radicado en la Argentina en 1840 se dedicó a la actividad marítima a gran escala siendo propietario de una flota de barcos mercantes con intereses en Asunción del Paraguay, Montevideo y Génova y teniendo en sociedad con su cuñado Anacarsis Lanús el vapor que navegaba en el Plata. Volvió a Génova en 1842, ya casado, donde organizó sus negocios navieros que estaban a cargo de su hermano Buenaventura, volviendo a Buenos Aires en 1846 con dos buques nuevos y elementos para vender valuados en 400 mil pesos, siendo el principal importador de sedas y ropas finas traídas de Italia y Francia, las que facilmente colocaba en el mercado sudamericano. Realizó numerosos viajes a Paraguay y Uruguay, y en 1860 se embarcó nuevamente a Italia donde liquidó la sociedad naviera que tenía con sus hermanos, vendiendo su parte en 2 millones de pesos , volviendo por última vez a la Argentina con un fuerte capital de ventas.
Simón Fidanza fue uno de los más prósperos empresarios de su tiempo, vivió en nuestra Capital en su casa de la calle Artes 385 que era un importante centro social y cultural, cultivando la amistad de numerosas personalidades de la época, tales como los hermanos Varela, Miguel Cané (padre), Anacarsis Lanús, Félix Egusquiza, Adolfo Saguier, Remigio Barros, Manuel de Ocampo, Adolfo Saldías, entre otros. En la localidad de San José de Flores poseía una quinta arbolada de unas 55 hectáreas y en Morón un campo alambrado de 5 mil hectáreas, en Buenos Aires era dueño de las casas de Santa Fe 89 al 93, 25 de Mayo 199 al 201, Victoria 301 al 307, dejando al morir dinero y bienes valuados en 10 millones de pesos.
El 2 de junio de 1853 el Estado de Buenos Aires lo nombró Comandante de la nave de guerra combatiendo a la flota de la Confederación Argentina. El 14 de mayo de 1859 el Estado de Buenos Aires lo reconoció como de la causa porteña y lo nombró Jefe del vapor de guerra , siendo designado el 1 de junio del mismo año como Comandante en Jefe de la citada nave insignia en vísperas de un enfrentamiento armado con las fuerzas de la Confederación Argentina.
En 1864 declarada la guerra entre la Argentina y Paraguay en un acto de generoso patriotismo, ya que no era argentino, Fidanza armó con cañones su flota comercial, siendole reconocido por el gobierno argentino su grado de capitán de la marina italiana y nombrado nuevamente comandante de la nave insigna , combatiendo durante dos años por nuestra bandera en el río Paraguay. En 1866 fue capturado por las tropas paraguayas y tenido como prisionero de guerra en el campamento militar de Lomas Valentinas donde residía el dictador Francisco Solano López, quien dió la orden de su fusilamiento, tres años despues, el 21 de diciembre de 1868, durante la útima batalla de la Guerra del Paraguay, precisamente la de Lomas Valentinas.
Unos meses antes había sido reclamada su libertad por el cónsul general italiano en Asunción del Paraguay, oportunidad en la que recibió ropa nueva y la promesa de su liberación, pero solo fueron autorizados a salir otros cuatro ciudadanos italianos detenidos. 
Fidanza Dery, Simón Antonio (*) (I87189)
 
53 Capitán Santiago Cavenago Patrón, el cual desde 1807 había revistado con el grado de Alférez, y como abanderado en el escuadrón de los Húsares, hasta llegar a "Edecán del Superior Gobierno" en 1812, para retirarse al año siguiente.
por Carlos F. Ibarguren
La partida de bautizo de su hijo Ramón, lo designa como "Capitán de Caballería y Edecán de la Soberana Asamblea Nacional". 
Cabenago Patrón, Capitán Santiago (I79545)
 
54 Casó con el Capitán Diego de Mendoza, vecino de Vera de las Siete Corrientes, del que luego se separó. Testó Ursula en Buenos Aires el 21-XI-1621, ante Roxas de Acevedo, dejando por heredera a su madre, entonces viuda, "Catalina de Guzmán". Riquelme de Guzmán, Úrsula (I23057)
 
55 De la Orden de San Francisco. Rodríguez de la Rosa, Fray Luis (I8439)
 
56 Dedicado a la actividad agrícolas, explota el fundo las Casas en Chimbarongo. Fue regidor de la Municipalidad de Chimbarongo. Miembro del Club polo, a obtenido numeros premios por su actuación en este deporte en los torneos de Buenos Aires y Lima.
por Diccionario Biogr de Chile 
Prado Luco, Hernán (I10734)
 
57 Destacado industrial y comerciante. Uno de los propietarios de la firma Bunge y Born. Hirsch, Alfredo (I15056)
 
58 Al menos un individuo vivo está vinculado a esta nota - Detalles Reservados. Irigoin de Amézaga, Alfredo Miguel (I19798)
 
59 Dominco Ubeda Jaimes, Fray Alonso de (I12786)
 
60 Don Roque desempeñó la administración del Hospital Real de Santiago y fué legendaria su benéfica actitud en el desempeño de ese cargo. Fuente:Diccionario Histórico Biografico y Bibliografico de Chile. Tomo III de Virgilio Figueroa 1800-1928. Huici Ostolaza, Roque Jacinto (I17981)
 
61 Donador, el año 1764, del hermoso cuadro titulado "La Divina Pastora"; Virgen que se veneraba en Cádiz como protectora de los navegantes. En el ángulo derecho de esa tela al óleo, figura, fielmente pintado, en actitud de orar, Juan Vidart y Linares.
por Carlos F. Ibarguren Aguirre 
Vidart Linares, Juan (I1701)
 
62 Educador, Jurista y Político, cursó estudios secundarios en el Colegio de San Ignacio y los de Derecho en la Universidad de Chile; obtuvo su título de abogado el 5 de enero de 1899. Ingresó a la Administración Pública como funcionario de la Biblioteca Nacional; en septiembre de 1906 fue designado Secretario del Presidente de la República don Pedro Montt, cargo que equivalia al de Secretario General de Gobierno, nombrado Inspector General de Instrucción Primaria el 17 de Junio de 1908, cargo que desempeñó durante dos lustros, reorganizó las Escuelas Normales, preparó con infatigable celo el estudio de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria promulgada el 26 de agosto de 1920: propugnó la creación de numerosas escuelas y la adopción de nuevos planes de enseñanza. A su fecunda labor como Director de Instrucción Primaria se unia en su personalidad la fé del idealista y el empuje del hombre de acción.
En 1910 formó parte de la Comitiva Oficial que representó a Chile en la festividades centenarias de la República Argentina.
Propulsó las escuelas nocturnas para obreros; las colonias escolares "Vida y Patria" y como Director vitalicio de la Sociedad de Instrucción Primaria prestó su filantrópico concurso en forma ininterrumpida.
Fué autor de numerososo estudios y publicaciones, apuntes de clases universitarias, artículos literarios, produciones legales,filosóficas y poéticas; proyectos de reglamentos y de leyes administrativos y penales; colaboraciones de prensa, estatutos y reglamentaciones diversas, que le dictaran sus reconocidas dotes intelectuales y su constante procupación por el progreso cultural. 
Díaz Lira, Rafael Luis (*) (I90470)
 
63 El 10-IX-1792, “Carmen Gallo” fue testigo con el Maestro Francisco Toledo, del casamiento de su sobrina Manuela de Hoyos y Aguirre con José de Uriburu y Bazterrechea, tatarabuelos de quien esto escribe.
por Carlos F. Ibarguren Aguirre 
Ruiz Gallo Arias Rengel, María del Carmen (I47803)
 
64 El apellido Quesada que figura en la República Argentina es de origen andaluz. Según el duque de San Pedro, conde de Benalúa, que reside en Madrid, de una nota tomada de su archivo, la casa de Quesada reconoce por tronco y progenitor a Pedro Díaz de Carrillo de Toledo, adelantado de Cazorla y alcaide de Quesada, primer señor del pueblo de Garciez y de la Torre de Santo Tomé, en el obis pado de Jaén, y hermano de don Gonzalo Palomeque, que fue arzobispo de Toledo en tiempos del rey Fernando IV.
El primero que aparece con este apellido es Díaz Sánchez de Quesada, hi jo del expresado Pedro Díaz Carrillo de Toledo, el cual lo tomó y trasmitió a sus descendientes para perpetuar la memoria de una señalada victoria que alcanzó su pa dre contra los moros en la fortaleza Quesada. Pedro Díaz de Quesada III fue paje del rey don Pedro I, el Cruel, y se crió desde niño en su cámara; fue valeroso caballero en la disciplina militar, como lo mostró en las ocasiones que se ofrecieron contra los moros, particularmente en el cerco de la ciudad de Baeza, el 17 de agosto del año 1407, en que fue sobre ella el rey de Granada, con siete mil caballos y cien mil peones. Se halló después en el socorro de la ciudad de Jaén, que combatía Mahomed Abombalba, rey de Granada, donde mostró su valor y la clara sangre de sus mayo res, entrando valerosamente a pesar de los moros en la ciudad con quinientos caballos, alcanzando la victoria los cristianos con su efi caz auxilio; defendió valero samente este lugar, juntamente con García González de Vadós y otros caballeros, que el rey de Granada lo tenía apretado y puesto en gran necesidad por espacio de tres días, con la gente que había hallado en el cerco de Baeza, el cual teniendo aviso del socorro que el Infante don Fernando le enviaba y de los otros caballeros que con él estaban, que era el famoso condestable don Ruiz López Dávalos y otros caba lleros con muy poderoso ejercito, levantó el rey de Granada el cerco.
Las armas de Quesada son: escudo de gules y cuatro bastones o palos de plata cargados de seis armiños de sable cada uno.
Según E. de Vilches Marín, poco después de la conquista de Córdoba, auxiliado Fernando III el Santo, de su primogénito don Alfonso, al apoderarse del reino de Jaén conquistó en 1240 Cazorla y Quesada, distinguiéndose en estas conquistas Garci Pérez Palomeque y no Pedro Díaz Carrillo de Toledo como dice Piferrer, quien las coloca en el reinado de Fernando IV.
Pedro Díaz Carrillo, adelantado mayor de Cazorla, alcaide de Quesada y primer señor de Garciez y de la Torre de Santo Tomé, era descendiente del citado Garci Pérez y el primero que usó de este apellido en memoria del famoso hecho de ar mas de su antepasado, al decir de Rivarola, valiente caballero que se distinguió en el cerco de Baeza y en el socorro de Jaén, atacada por el rey de Granada, demostrando una vez más su esforzado valor, puesto que consiguió con su bizarría la victoria de los cristianos. De este nació de Díaz Sánchez de Quesada, segundo señor de Garciez y de la Torre de Santo Tomé, cuya cronología se conoce hasta la undécima que fl oreció en el siglo XVII.
De esta casa se han distinguido muchos caballeros, sobre todo en las armas, entre ellos: don Gonzalo de Quesada, conocido por el conquistador; don Vicente de Quesada, valiente general que nació en La Habana en 1782 y se halló en Madrid el 2 de mayo de 1808, peleando con el pueblo contra las tropas de Murat, que usaba el título de marqués de Moncayo y murió en esta corte en 1836; su hijo Don Genaro, marqués de Miravalles, también muy valiente general que combatió a los carlistas y murió en Madrid en I889; don José María Quesada, ilustrado marino que nació en Cádiz; don Vicente de Quesada, sabio jurisconsulto y fecundo escritor, que murió en Buenos Aires en 1830, y otros americanos de entre los cuales: don Vicente Jenaro de Quesada, natural de La Habana, nacido en 1782, bravo y pudoroso militar fi el a sus opiniones realistas; el doctor Gonzalo de Quesada, afamado internacionalista y orador, cubano también, miembro del Congreso Panamericano reunido en Buenos Aires en 1910 y el doctor Vicente G. Quesada, diplomático argentino, primer arbitro único sudamericano, nombrado por los gobiernos de México y los Estados Unidos, que falleció en Buenos Aires el día 19 de septiembre de 1913.
La literatura y la política han sido las preferencias características de esta rama americana de los Quesada, y entre ellos fueron diputados al Congreso de la Nación Argentina, Vicente G. y Héctor C. Quesada (cuyos descendientes es tudiaremos aquí) en los períodos legislativos iniciados en los años 1855 y 1890, res pectivamente.
Algunos de esta familia han usado por armas ocho calderas negras vueltas hacia abajo entre armiños, pero las que corresponden verdaderamente a esta familia son: escudo de gules con cuatro bastones o palos de plata cargado de seis armiños de sable, según describen Rivarola, López de Haro y otros genealogistas (algunos ponen cuatro armiños). 
Los Quesada, (I89535)
 
65 El primero de la familia nacido en Tucumán, en 1801 Don Miguel ocupó el cargo de Alcalde de la Hermandad. Era hijo de don Manuel Pérez Padilla, nacido en Cabreras del Pinar, Soria, Castilla la Vieja, en 1748, y de doña María Rosa Pariente y Argañarás de Murguía.
Hallándose enfermo su suegro Don Juan García Cárdenas, hombre acaudalado, y que perteneció muchos años al Cabildo tucumano, en virtud de la legislación vigente, renunció a favor de su yerno al cargo de Regidor Perpetuo o Regidor XXIV, lo que provocó un voluminoso y prolongado juicio que consta en el Archivo General de la Nación.
En él Pérez Padilla hizo que se certificase su nobleza y limpieza de sangre, lo cual fue corroborado por los principales vecinos de la Ciudad. Los cabildantes hicieron furiosa oposición al nombramiento, basándose primero en la falta de fortuna de Pérez Padilla, y cuando éste probó ante el Gobernador Intendente de Salta que esto era inexacto, en su carácter ambicioso y prepotente, manifestando que "si se proclamase Padre de la Patria, los pueblos gemirían bajo su yugo".
Finalmente, el 1º de Enero de 1810, Pérez Padilla con su mano sobre los Santos Evangelios, prestó juramento como regidor del Cabildo de Tucumán. Poco tiempo después, el Alcalde de Primer Voto, Don Clemente de Zavaleta debió ausentarse de la Ciudad, correspondiendo reemplazarlo a Don Miguel, el cual presidió por ello el Cabildo Abierto que se reunió el 11 de Junio de 1810 para escuchar los comunicados enviados a Tucumán por la Primera Junta instalada en la capital del antiguo virreinato.
En 1816 Don Miguel Pérez Padilla se dirigió al General Belgrano, a la sazón en Tucumán. En su presentación Pérez Padilla decía: …"desde los primeros movimientos de nuestra gloriosa Revolución desplegué los más religiosos sentimientos de amor a la Causa, de unión y concordia a la Capital, influyendo a toda costa en el reconocimiento de la Superior Junta Gubernativa que se instaló. Sucesivamente sostuve con energía y constancia la Justicia de nuestro común reclamo y sin arredarme los peligros del momento, hacía ostentación de mi comprometimiento. Me había casi desprendido de mis particulares atenciones para entregarme del todo a servicios de la Patria…"
La nota que el General Manuel Belgrano elevó al Director Supremo está fecha 1º de Noviembre y está concebida en los siguientes términos:
"Excmo. Señor: Los documentos con que instruye su solicitud D. Miguel Pérez Padilla, y la constancia que fuera de ellos me asiste de su esmero y eficacia en las comisiones en que actualmente lo ocupo, me estimulan a recomendarla a la justificación de V.E. Bien es que no designe objeto, pero en mi concepto será compensado adecuadamente con los honores de Comisario de Guerra o lo que sea del supremo agrado de V.E. Dios guarde a V.E….Tucumán Noviembre 1 de 1816. Fdo: M. Belgrano." De costado figura esta resolución: "Expídanse Despacho confiriéndole honores de Comisario de Guerra". Lleva fecha 18 de noviembre.
Figura luego el siguiente certificado:
"Don Juan Ramón Roxas, Teniente Coronel y Comandante en Jefe del 1º y 2º Escuadrón de Granaderos a Caballo.
Certificado que habiendo venido con mi cuerpo al convento de Los Lules, por orden del Señor General del Ejército, el 11 de febrero; en la estrechez en que se hallaba la tropa, me ví obligado a construir algunos galpones y formar en hospital capaz de contener 100 enfermos, como así mismo un edificio para los diferentes talleres del cuerpo; y por las noticias que adquirí, confié la dirección de estas obras al vecino Don Miguel Pérez Padilla, quien no sólo ha desempeñado a satisfacción mía estas comisiones, y con el mayor desinterés, sino que en el abasto y cuidado que ha tenido de los caballos del Estado que han servido para la instrucción de mi tropa, ha manifestado el mejor celo y actividad, y para que conserve siempre un testimonio a que es acreedor de justicia, le doy éste, sin exigirlo el interesado, en Tucumán al 31 de abril de 1814.
Fdo.: Juan Ramón Roxas."
Luego se encuentra una autorización firmada por el General Ortiz de Ocampo con fecha 28 de Octubre de 1810, en la que consta que "El Señor Regidor" es el "encargado del acopio de monturas", y luego con fecha 26 de Octubre de 1812 una orden, firmada por Don Domingo García a los Alcaldes Ordinarios de la Hermandad, Comisionados y vecinos de las ciudades de Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Catamarca para que presten su colaboración a Don Miguel Pérez Padilla, comisionado por el General Belgrano para el abasto de carnes.
Sigue una orden del Teniente Gobernador, Don José Gazcón, concebida en los siguientes términos:
"Todos los Alcaldes de Partido y Comisionados de esta jurisdicción y demás vecinos de ellas prestarán cuantos auxilios necesite Don Miguel Pérez Padilla para el cumplimiento de las órdenes que tiene del Señor General en Jefe y de este Gobierno para el mejor servicio del Estado y abasto del Ejército haciéndolos responsables de cualquier falta a la que por demora o negligencia no presten los servicios necesarios al expresado Don Miguel en caso de necesitarlos".
Dos notas escritas de puño y letra del General Don Manuel Belgrano. La primera de ellas, con fecha 20 de Octubre de 1812, está dirigida al "Sr. Dn. Miguel Padilla". La segunda dice así:
"Por el de V. fecha de hoy quedo impuesto de las noticias que me comunica Ud. acerca de los movimientos de los enemigos. No hay duda que ellos procuran buscar todos los auxilios que proporcionan esos lugares comentiendo las mayores tropelías. De los 25 hombres que V. me dice los pondrá a caballo, y arma blanca, me parece conveniente se efectúe, y que estén éstos para recibir órdenes mías.
Dios guarde a Vd. muchos años. Fdo. M. Belgrano".
Un certificado que lleva la firma del ilustre militar Don José María Paz, que en aquel tiempo tenía el grado de Sargento Mayor y Comandante Interno del Regimiento de Dragones de la Nación. El texto es el siguiente:
"Certifico que habiendo sido destinado con mi Regimiento a este convento de Los Lules y siendo encargado por el Exmo. Señor General en Jefe, Capital General de estas Provincias, para proveer de todo lo necesario a las tropas a mi cargo, Don Miguel Pérez Padilla, está cumpliendo y ha cumplido antes sus atenciones, con un emulable empeño, exactitud y puntualidad no sólo en la provisión de abastos de toda clase, sino también en la construcción de galpones y de cuantos útiles han sido precisos a la regular comodidad de los oficiales y tropa, sin que hasta ahora se le haya notado la más mínima omisión, pues me consta por haberlo visto muy de cerca que con abandono de sus particulares negocios se contrae a estos servicios dando con esto prueba nada equivocada de su patriotismo desinteresado, y digno hijo de América. Todo lo que lo hace acreedor a la consideración de los Jefes Superiores y al reconocimiento y gratitud de todo este Regimiento. Y para su satisfacción y sin exigirlo él, le doy éste en Los Lules, a 11 de Octubre de 1816".
La importante documentación presentada por Pérez Padilla y el deseo expresado por el General Belgrano, tuvieron eco favorable en Buenos Aires, donde se expidió el siguiente decreto:
"Noviembre 18 de 1816. El Director Supremo de las Provincias Unidas de Sudamérica: Por cuanto atendiendo a los méritos y distinguidos servicios que ha contraído en obsequio de la justa causa de la libertad el ciudadano con Miguel Pérez Padilla, he venido en conferirle los honores de Comisario de Guerra. Por tanto ordeno y mando se le guarden y hagan guardar las gracias, exenciones, y prerrogarritvas que por este título le corresponden, por lo cual le hice expedir el presente, firmado de mi mano y sellado con el sello de las armas del Estado y refrendado por mi Secretario de Guerra, del cual se tomará razón en el Tribunal de Cuentas…
Dado en la Fortaleza de Buenos Aires a 18 de noviembre de 1816. Fdo. JUAN MARTIN PUEYRREDON.- Juan Florencio Terrada". 
Pérez Padilla Pariente, Miguel Andrés (*) (I57917)
 
66 El Servicio de Voluntarias para Hospitales "Damas Rosadas", que brinda cuidado y apoyo al recién nacido, niños y enfermos más vulnerables internados en hospitales, fue fundado en septiembre de 1959 por Eloisa Collardín Mihura de Casal, a pedido del entonces intendente de San Isidro, Melchor Posse, para que prestara su servicio solidario en el viejo Hospital Municipal de la calle Juan José Díaz.
Luego, este generoso trabajo se extendió al Hospital Municipal Materno Infantil "Dr. Carlos Arturo Gianantonio, al Hospital Rivadavia, a la Maternidad Sardá, ambos en la ciudad de Buenos Aires, y desde su inauguración brindan su servicio en el Hospital Central de San Isidro. 
Collardin Mihura, Eloísa (*) (I92755)
 
67 Al menos un individuo vivo está vinculado a esta nota - Detalles Reservados. Brown Marino, Alicia Beatriz (I10082)
 
68 Al menos un individuo vivo está vinculado a esta nota - Detalles Reservados. Vercelli Vigil, Alfredo José (I9856)
 
69 En la ciudad de Catamarca y de la unión de D. Nicolás de Avellaneda y Tula, y de doña Salomé González Espeche, nació, el 18 de junio de 1813, Marco Manuel de Avellaneda y González. En 1817 el gobernador de Tucumán Mota Botello designó a D. Nicolás teniente gobernador de Catamarca. En 1819, dicho gobernador es derrocado por Felipe Heredia y otros oficiales, deponiendo, también en Catamarca, el coronel Soria al teniente gobernador Avellaneda.
A partir de allí comienza en la región una anarquía protagonizada por los enconos de los caudillos Güemes y Aráoz que finalizan con la inesperada muerte del primero. Tucumán es el país del desorden y arrastra en su anarquía a Catamarca.
Derrotado Bernabé Aráoz, cae su república del Tucumán. El 25 de agosto de 1821 el gobierno de Catamarca, presidido por don Nicolás, convoca a Cabildo abierto y declara la autonomía de la provincia. En la misma sesión se lo designa primer gobernador propietario. Más tarde, se aleja definitivamente de la política y se instala en Tucumán. Luego de la derrota de Faimallá, emigra a Bolivia, donde permanecerá hasta 1844, en que regresa a Tucumán y se dedica a asistir y educar a sus nietos hasta su fallecimiento, ocurrido en 1855.
Marco recibe los genes de su progenitor y abraza la política con romántico ardor. Pasa en Catamarca sus primeros años estudiando en el colegio de los franciscanos, trasladándose a los 10 años a Tucumán, para partir a completar sus estudios a Córdoba en el año 1825.
Muchos autores señalan que el joven Marco fue uno de los beneficiarios de las becas creadas por inspiración de Rivadavia, lo cual le permitiera estudiar en el Colegio de Estudios Eclesiásticos de Buenos Aires junto a Alberdi, donde se recibe de abogado, luego de trabajar en la misma universidad para lograr su sustento. Termina sus estudios con notas sobresalientes, obteniendo el grado de doctor el 5 de mayo de 1834 y en los comienzos visibles del gobierno despótico de Rosas.
En Buenos Aires incursiona en el periodismo que luego ejercerá en Tucumán. Poco después, parte para Tucumán haciendo una etapa en Córdoba, donde presencia el examen final del joven Alberdi, con quien prosigue luego su viaje a Tucumán.
El 9 de julio de 1834 a los 21 años, luego de 7 años de ausencia, llega Marco al lugar donde se desarrollaría su corta vida. Su provincia recibirá de este hombre iluminado sólo 7 años más de su fructífero intelecto.
Otro aspecto de su extraordinaria personalidad es su veta literaria y poética. Juan María Gutiérrez lo incluye en la lista de poetas americanos publicada en la Revista del Río de la Plata. Juan Cruz Varela pondera sus románticos versos, que según los expertos, siendo aceptables no eran de una calidad superior.
Al poco tiempo de regresar, empieza a sobresalir en la vida pública de la provincia. Es elegido diputado y luego síndico procurador, desempeñando más tarde diversos cargos públicos. En agosto de 1834 recibe la autorización del gobernador Heredia para ejercer -junto con Alberdi- la profesión de abogado. La protección de Heredia deparada a Alberdi por su amistad con éste beneficia al joven Marco. Terminada la sucesión de sus padres, que lo llevara a Alberdi a Tucumán, éste regresa a Buenos Aires, dejando desconsolado a Marco. La amistad de Alberdi y Avellaneda se había cimentado más aún con el trato diario que mantuvieron durante los meses que éste permaneció en Tucumán. En las cartas de Avellaneda a Alberdi le manifiesta su pena por tener que acompañar a sus padres y encontrarse en un ambiente chato y reducido como era entonces Tucumán, expresando: "... cómo le envidio cuando veo su cabeza llena de proyectos y de esas nobles ilusiones de la juventud que algunas veces ocuparon mi mente". Y continúa: "...así yo no hablo más que conmigo mismo. Indiferente a cuanto me rodea, abandonado a mí mismo y a mis propias fuerzas, siento una abundancia de vida que me desespera. En otros tiempos leía libros: tenía avaricia de instrucción: ya los detesto: ¿de qué me servirían ellos? Sin estímulos y sin esperanzas, sin un hombre con quien estudiar y discutir. ¿Qué podría hacer?" No obstante la frustración manifestada en las cartas transcriptas, su actuación es destacada en el foro, en la sociedad tucumana o en la Legislatura.
El 3 de enero de 1836, el vicario de la matriz de la ciudad de Tucumán, José Colombres, celebra el matrimonio de Dolores Silva Zavaleta con Marco de Avellaneda González. Su suegro, Manuel Silva, era uno de los hombres más ricos de Tucumán. De esta unión nacieron Nicolás, a fines de 1836 -luego presidente de la república- en 1837 Marco Aurelio Martín, también candidato a presidente y destacado político, en 1838 Dolores tuvo su tercer hijo, Manuel José y en 1840 nació el cuarto varón Eudoro José.
Según Terán: "Marco Avellaneda vivió apenas lo necesario para que tuviéramos de su vida la impresión de un relámpago en medio de la tempestad. Pues bien, en esos breves años azarosos tuvo tiempo para hacer la expresión más brillante de una jornada histórica, su numen y su brazo para dejar escritos, para dejar páginas políticas y una vibración extraordinaria y de belleza clásica. Ellas nos permiten, ante su carrera deslumbrante y su destino, decir hoy cuán grande espíritu tenía en su pecho de héroe".
Avellaneda fue un auténtico federal doctrinario, que bebiera sus ideas en el federalismo aplicado de los Estados Unidos. Los excesos cometidos a la sombra del titulado federalismo llevaron a Avellaneda, sin serlo, al bando unitario.
Proyectó una constitución para Tucumán, que fue rechazada por el gobernador Heredia. Rodeado de un manto siniestro en su provincia, presencia absorto los degüellos y fusilamientos de familias enteras, al incorporar y someter Heredia las provincias del norte. Según Peña en esos momentos: "Se anida en él una nostalgia desesperante. Pregona frases que no reciben eco: la civilización es el más firme apoyo de la libertad y el enemigo más irreconciliable del despotismo".
Alberdi le escribe y le habla de fundar una sociedad análoga a la llamada de mayo con filiales en cada ciudad importante. Más tarde, le escribiría al mismo Alberdi: "Mientras ustedes nos fastidian con sus vivas a la federación y mueran los salvajes unitarios, nosotros empezamos nuestros mensajes con esta hermosa frase: "Ya no hay divisiones, ni odio de partido, ni anarquía". Pero íntimamente el tribuno sabía que no existían mayores esperanzas de poder organizar la nación que deseaba.
Asesinado Heredia, comienza a acentuarse la influencia del joven político. Las notas de Tucumán ya no llevan el encabezamiento concebido, no hay mueras, no hay vivas.
Diversos historiadores, sobre todo revisionistas, han sostenido que Heredia, fue asesinado víctima de una conjura de los jóvenes liberales con Avellaneda como su promotor. Esta tesis nunca pudo ser demostrada y se basó en conjeturas y en cartas, que nada lo incriminan, dirigidas a Alberdi, Carranza y Tedín. Lo cierto es que Marco Avellaneda en carta sin su firma, que se le atribuye, enviada a Pío Tedín en mayo de 1839, coloca en ella una frase de aplauso a los asesinos de Heredia. Esta teoría fue usada políticamente por sus enemigos, y en especial para justificar la criminal muerte que recibiera en Metán. Alejandro Heredia fue asesinado el 12 de febrero de 1838. Al desaparecer los Heredia, Rosas pierde aliados poderosos en el norte, quedando solamente Ibarra en Santiago del Estero como su personero. Este gobernador se dirige a Cubas el 4 de mayo de 1839 en esta forma: "El tal Avellaneda no cesa de proseguir en sus maquinaciones y es notable que para darles algún colorido aparenta en Tucumán estar apoyado por usted. También ese infame botarate se ha atrevido a declararse enemigo del amigo Brizuela y mío, insultándonos desvergonzadamente cuando se presenta la ocasión. Y aunque todo lo que sale de su inmunda boca es tan despreciable como su persona, no me ocuparía yo de ello si usted lo tratase con el mismo desprecio que yo; pero desgraciadamente veo que no es así, y esa intimidad que dice tiene con usted le perjudica en gran medida y le traerá su perdición".
Mientras que sus compañeros de causa política de Buenos Aires habrían de hacer su lucha contra la tiranía por medio de la prensa desde la emigración, Avellaneda la desafiaba en su propio teatro, buscando en la acción militar y política, la liberación del país.
A Rosas le sorprende la actitud de este mozuelo de 26 años que no se intimida ante él ni le teme.
Su accionar logra la coalición de las provincias del norte y el pronunciamiento de Tucumán, que le retira al gobernador de Buenos Aires las facultades para atender las relaciones exteriores.
Según sus palabras: "El volcán había comenzado a echar humo". Marco, consciente del peligro escribiría: "Me siento con más fuerzas que nunca para recorrer con honor la corta distancia que me separa de la tumba".
La proclama del 4 de mayo de 1840, redactada por Avellaneda y firmada por Piedrabuena, es uno de los más hermosos testimonios de la altivez y del honor de los argentinos.
Principalmente este pronunciamiento cuyo fin era terminar con la tiranía de Rosas, era eminentemente regional y nada tenía que ver con los antiguos adversarios del caudillo, ni tenía apoyo alguno de los extranjeros.
A los pocos días del pronunciamiento toman igual actitud Salta, Catamarca, Jujuy y La Rioja, declarando todas su deseo de luchar contra el tirano de Buenos Aires. El 10 de abril Piedrabuena había notificado a Rosas que se le habían revocado las facultades a él delegadas.
En la fecha señalada anteriormente se lanza la proclama que anuncia al pueblo de la provincia el comienzo de la campaña contra Rosas: "¡Compatriotas! El cañón de nuestros viejos soldados de Maipú y Ayacucho ha empezado ya a romper las nubes que enlutecían el cielo de la Patria, y ha sonado ya su última hora para el déspota que manda en Buenos Aires... ¡Tucumanos!, un esfuerzo: y muy pronto el sol de la libertad proyectará sus rayos sobre las ondas del Plata, como sobre las cumbres de la Aconquija... El asiento de sus legisladores (los de Buenos Aires) está manchado con la sangre de su presidente y los templos han sido profanados colocándose en sus altares para ser adorada la odiosa imagen del tirano. ¡Tucumanos! El sol de mayo nos alumbra y la América entera nos está mirando".
La guerra corre ya por diversos caminos del país ensangrentándolos y multiplicando la miseria. El lema de los coaligados: "Libertad, constitución o muerte", se conoce por doquier.
El general Lamadrid, que junto con Lavalle cometieran el desatino de no unir sus fuerzas, es designado gobernador de Tucumán. Preciso es declarar, sin embargo, que durante su gobierno, si bien ejerció las "facultades extraordinarias" que le otorgaron, lo hizo en lo concerniente al ramo militar, quien lo usó en todo lo demás y se convirtió en el alma del gobierno, fue Avellaneda, que continuó como ministro universal, siendo él, el verdadero gobernador, tanto por su energía administrativa e influencia que ejercía en la población, como también porque las necesidades del momento multiplicaban las salidas de Lamadrid.
Fue aquél un espectáculo histórico conmovedor. La revolución unitaria era popular en las clases ilustradas tucumanas, y las masas inferiores la había aceptado sin mayor resistencia, porque se había producido sencillamente por la evolución de las personas que ocupaban los puestos de gobierno. El alma del movimiento preparatorio, de la crisis del pronunciamiento, y de la dirección política y administrativa subsiguiente, había sido Marco Avellaneda. Refiriéndose a su acción, Paul Groussac, en su Ensayo Histórico escribiría:

"Y el ayer joven de existencia oscura
sin nombre ni prestigio,
se levantó gigante en estatura
para dejar de gloria hondo vestigio".

Inspirador primero de Piedrabuena, ministro de Gobierno de Garmendia después, se convierte en el ministro universal de Lamadrid y despliega entonces una actividad maravillosa. Su extrema juventud le permitió desplegar un empuje bravío y altivo, a la par que lo templaba con la insólita mesura de una madurez casi incomprensible en tan pocos años. Paul Groussac en la misma obra señalaba: "Tenía 25 años y debía morir a los 26, el destino le dio un año de vida para hacerse inmortal, y Avellaneda cumplió su pacto secreto con la gloria, trazando con su sangre en la historia argentina una huella que el tiempo no borrará".
Ernesto Quesada, en su obra "Pacheco y la campaña de Cuyo", nos dice: "Los reveses de los ejércitos unitarios y la proximidad del peligro, retemplaron los ánimos. Avellaneda se puso a la altura de la situación: pero era tarde. La parte militar del movimiento fue entregada a Lamadrid, quien se encargó de ella con la ley marcial; Avellaneda se ocupó del resto -y no era poco-. Todo había que improvisar, a todo que proveer. Por de pronto, se ordenó el servicio militar obligatorio. Además de los que voluntariamente se enrolaban en los diversos cuerpos, se creó un batallón "Constitución", al que fueron destinados todos los recalcitrantes sin distinción de colores políticos. Había que hacer héroes por la fuerza y los momentos no admitían contemplaciones: no quedaban a los federales o a los tibios, más recurso que ocultarse o fugar. Avellaneda proveyó a esto: se creó un destacamento especial de policía a ese solo efecto. Es decir: se echó mano de los mismos recursos de que abusaban los gobiernos federales, lo cierto es que aquella época calamitosa imponía a unos y otros los mismos procedimientos y los obligaban a los mismos abusos. El medio circulante era escaso y sin dinero, ese nervio de la guerra no era posible realizar milagros. Se apelaba al patriotismo de los particulares, y éstos daban lo que tenían, pero el recurso era precario. Avellaneda tuvo entonces un pensamiento genial y audazmente lo puso en práctica. Aprovechando el precedente de un banco de rescate y amonedación, cuya creación fue ordenada en 1820, cuando Tucumán era "republiqueta independiente", hizo sancionar el 28 de febrero de 1841 por el congreso de la Liga, la creación de un Banco Hipotecario para facilitar las contribuciones patrióticas de los ciudadanos que, careciendo de moneda, ofrecían sus bienes raíces para contribuir al tesoro público. Enseguida se dio el carácter de curso forzoso a los billetes que emitió el banco, estableciendo que se consideraría como a conspiradores contra el orden público y la sagrada causa de la libertad argentina a todos los que se negasen a recibir los billetes del banco por su valor escrito. Y para dar más fuerza a esa prescripción, se ordenó que los acusados de ese delito serían juzgados breve y sumariamente por el Consejo Militar Permanente, siendo castigados con la pena de muerte".
El giro de la guerra, que era desfavorable a las fuerzas coaligadas, el avance de las fuerzas federales, la partida de Lamadrid a La Rioja y el triste fin de Lavalle en Faimallá, determinó que el 18 de mayo de 1841, después de la declaración del curso forzoso de esa moneda, las autoridades dispusieron su abolición.
El inicial fervor se ve empañado por traiciones y deserciones. Al irse Lamadrid de Tucumán con destino a La Rioja, Marco Avellaneda se encuentra sumamente debilitado en el aspecto militar. El tribuno empuña la espada y combate a los revoltosos.
Oribe está llegando a Tucumán y Avellaneda da su proclama al pueblo en la que dice: "Los bárbaros no dominarán a Tucumán sino después de haber pisoteado mi cadáver". Agregando: "¿Quién podrá vencernos?, si vamos a combatir entre los sepulcros de nuestros padres y las cunas de nuestros hijos".
Paul Groussac citado por Méndez Avellaneda refiere: "... que Marco había desplegado una gran actividad reuniendo milicianos y llegando a formar con los 'Mayos' de Lavalle un ejército de 1800 hombres, pero cuando los tucumanos presenciaron la indisciplina y el desorden que reinaba en el ejército de éste, una gran decepción dominó todos los ánimos. Un solo detalle pero es enorme: no se pasaba lista a ninguna hora. Las pulperías de la ciudad y el campamento retumbaban con la algaraza de la soldadesca. Los invencibles 'mayos' habían enseñado a los milicianos, en lugar de maniobras, una célebre canción llena de promesas y terribles amenazas:

Bravos hijos de mayo glorioso
Levantad, destrozad, desplegad!

La batalla no fue sino un gran desastre. Las divisiones se disuelven como el humo. A las 6 de la mañana en punto se disparó el primer cañonazo y comenzaron las cargas de caballería. El choque duró muy poco, pero la persecución fue tenaz hasta las 8:30. La mortandad por parte de las fuerzas de Lavalle fue horrorosa. El ejército federal perdió 20 hombres. Toda la infantería de sus enemigos fue prisionera y cayó toda la artillería, que eran 4 piezas. La matanza fue terrible, don Manuel Oribe mandó ejecutar en su presencia los oficiales que le entregamos rendidos, cayeron degollados entre las patas de sus caballos".
Concluye la derrota y la retirada se generaliza sobreviniendo una sangrienta represión. Señala el capitán García citado también por Méndez Avellaneda: "Todo cuanto cayó en poder del general Oribe en clase de oficial, fue degollado y no se movió del campo de batalla sin haber ultimado a todos los jefes y oficiales rendidos; fue uno de ellos el coronel Bordas, al que traje en ancas desnudo". Añade que luego de concluida la batalla: "Marchamos con dirección a Tucumán haciendo un pequeño alto en la reducción para dar de comer a los caballos. Campó esa noche el ejército en la esquina cerca del ceibal. Al día siguiente se toman innumerables prisioneros. La mayor parte de éstos han sido degollados. En el rincón de Ugarte, el general Oribe manda hacer una gran degollación, fueron pasados a cuchillo todos los soldados prisioneros cordobeses y correntinos que se encontraron, que pasaban de 350 hombres. Enseguida el general Oribe entró en la capital de Tucumán donde fue bien recibido de miedo".
Con la derrota de Faimallá, el 19 de septiembre de 1841, quedó destruida la Coalición del Norte. Los pueblos volvieron a enmudecer. Lavalle tomó el camino de Salta para encontrar su fin poco después en Jujuy.
Según Solá en su libro "La Liga del norte": "Lavalle manda a Sandoval, jefe de su escolta, con ciento cincuenta hombres a reunirse a Avellaneda para que siga con él la marcha a Salta por el camino de las cuestas. El traidor manda avisar a Oribe el plan trazado, avisándole que entregará al gobernador en Pozo Verde. Llega a la estancia La Alemania, departamento de Guachipas, el día 30 de septiembre a las 8 de la noche y ocupa la casa de la posta y un alfalfar donde echa la caballada.
"El desgraciado Avellaneda arribó al referido lugar por la tarde con 300 hombres de caballería. Sandoval se había anticipado a recibirlo acompañado de los oficiales de su escolta. Avellaneda y su fuerza campó sobre el bajo o la margen del río desde el corral de piedra de la posta hasta el camino de la cuesta. De la casa que ocupaba Sandoval hasta el corral de piedra solo dista una cuadra. Nada revelaba esa noche la escena de infamia que debía producirse: todo era quietud y orden. Al amanecer del día siguiente 1º de octubre, Sandoval destacó sigilosamente 55 hombres sobre la margen del río y otros 55 hombres sobre el alto en dirección al corral de piedra, donde dormía Avellaneda; de repente se oye en el bajo la voz de ¡A las armas, el enemigo!, que dieron dos de los oficiales a cuyo cargo estaba esa fuerza y la detonación de una descarga; los tiros de la gente de Sandoval mataron a los dos oficiales que después fueron encontrados y sepultados por el propietario de dicha casa. Después de tomar preso y atar a Avellaneda y sus compañeros, a las 2 de la tarde movió Sandoval la división, regresando por el mismo camino, el de la posta de Romero y el Brete a Metán donde se encontraba Oribe".
A fin de conocer quien era este sujeto, oigamos el perfil que sobre su persona efectúa el general Tomás de Iriarte en sus memorias: "El tal Sandoval, protegido y predilecto del general Lavalle tan sólo por tener un porte y maneras montoneras, era un alarife de cuentas y todos sabíamos en el ejército que cuántas veces, y eran muy frecuentes, se le daban comisiones fuera de la vista del ejército, cometía los mayores excesos: robos, estupros; sangre y toda clase de violencias marcaban por doquiera la huella de Sandoval. El general Lavalle o no lo creía o aparentaba no creerlo. Sandoval era un cáncer que devoraba al ejército, un mal ejemplo vivo y de desmoralización e indisciplina: todos querían servir a sus órdenes porque sabían que autorizaba el robo; y cuando Sandoval deseaba incorporar a su partida soldados de los demás cuerpos bastaba que se lo indicase al general: éste ordenaba el pase inmediatamente, aún cuando el jefe del cuerpo representase y pidiese que revocase la orden, porque en lo que pertenecía a Sandoval no había apelación".
Méndez Avellaneda en su libro citado menciona este relato del teniente Juan Farías que participó como oficial del Batallón Libertad en la campaña del año 40 bajo las órdenes del coronel Maza. Oigámoslo: "El comandante Sandobal, uno de los decididos guerrilleros del ejército unitario, el hombre más mimado de Lavalle y del mismo Avellaneda, de quien era jefe de su escolta, acaba de entregar como Judas a Cristo al joven doctor que derrotado después de la batalla del Monte Grande (Famaillá), buscaba empeñosamente la reunión del general Lavalle y a ese efecto marchaba por su camino forzoso con 200 hombres a las órdenes de Sandobal, cuando éste se adelanta y le dice: 'Dése usted preso que voy a entregarlo al general Oribe'. El doctor Avellaneda echa entonces una mirada a la pequeña columna que le seguía y encuentra en aquellos soldados no defensores sino ejecutores de la traición del comandante de su escolta. Ayer entró Sandobal a este cuartel general conduciendo preso a su gobernador, coronel Videla y demás jefes y lo más repugnante que a nuestra vista ofreció este hombre fue su descaro al presentarse -venía montado en el caballo del gobernador, con sus lujosos aperos, todavía puestas las espuelas, la gorra bordada y un poncho de paño bordado de oro que usaba el gobernador. El general Oribe recibió gozoso a este traidor y mandó a los presos a la guardia de prevención de Maza que acababa de incorporarse con la división de Andrade. Maza fue el encargado de levantar una ridícula información sobre el gobernador Avellaneda, éste fue interrogado por Maza que le había hecho subir casi desnudo sobre la galera. El gobernador estaba descalzo, envuelto en una frazada de picote y sentado tranquilamente sobre la entrada de la galera de Maza, éste lo interrogaba y Avellaneda contestaba con entereza y moderación, poco después fueron ejecutados los seis del modo siguiente: seis soldados con sus cuchillos en mano les cortaron la cabeza estando de pie, los cuerpos cayeron, el de Avellaneda, con la cabeza completamente separada se afirmó en las manos apenas cayó y por largo rato estuvo como quien anda a gatas. Mientras tanto, la cabeza separada y tomada por un soldado de los cabellos hacía las más extrañas gesticulaciones: los ojos se habrían y cerraban girando de izquierda a derecha y echando de frente, sin apagarse mientras el labio inferior se colocaba muchas veces debajo de los dientes con un movimiento natural y poco forzado como cuando la ira nos hace contraer de ese modo la boca. La cabeza vivió de ese modo 12 minutos y el cuerpo del mismo después de estar inmóvil presentó otro fenómeno de vitalidad. Un tal Bernardino Olidén, capitán allegado al general Oribe y uno de los hombres más feroces y carniceros sacó el cuchillo y observando la blancura y delicado cutis de Avellaneda: de este cuero dijo quiero una manea y dando un tajo todo a lo largo del cuerpo del decapitado señaló la piel haciendo correr por el lomo lentamente el cuchillo: el cadáver se enderezó nuevamente apoyado en las palmas de las manos y hasta donde le es posible a un hombre vivo levantarse en esa actitud se mantuvo por más de tres minutos -finalmente Olidén corrió nuevamente el cuchillo y sacó la lonja para la manea, el cadáver ya no se movió. El cuerpo de Avellaneda fue despedazado y así fueron los demás esa noche. La cabeza de Avellaneda ha sido acomodada por Maza y el general Oribe en un cajón con cal y remitida a Tucumán con orden al general Garzón de que se la ponga en la plaza pública clavada en un palo y a la altura de un hombre".
No hay documentación que lo avale pero sí diversas referencias que señalan que al heroísmo de doña Fortunata García, se debió que la cabeza de Marco Avellaneda descanse hoy en el cementerio de la Recoleta.
Según un parte de Oribe al gobernador Otero del 8 de noviembre de 1841, le comunica que Sandoval y sus cómplices fueron apresados por asesinatos y demás excesos cometidos en la Lagunilla, donde fueron ejecutados en la plaza y en presencia de la tropa. Sandoval tanto en las filas contrarias a Rosas o en el ejército federal continuó cometiendo crímenes que lo llevaron a su trágico fin.
Marco Avellaneda, el lector de Cicerón, de Tácito y de Tito Livio, el político, jurista, esclavo de sus ideas, marido y padre ejemplar, añadía a su talento una belleza varonil y seductora que Sohle describe así:

"Su estatura arrogante aunque pequeña,
el ojo grande y la mirada ardiente.
Su cabeza poblada de cabellos renegridos.
Su nariz aguileña el aire aspira con anhelante
ardor, mientras su labio grueso,
elocuencia y persuasión respira".

Su prematura muerte privó a la organización nacional del más elocuente y ardiente tribuno. Y en tal sentido señala Terán: "¡Oh! Si hubiera alumbrado el sol de Caseros para esa frente y esos labios -todavía en horas de plenitud y arrebato- de qué gran fuerza se habría dispuesto a favor de la organización de país".
Para Echeverría: "Marco Avellaneda es el primogénito de la gloria entre la generación de su tiempo, cabeza sublime que los verdugos levantaron más alto que ninguna de las que cayeron por la patria". "No debió ser soldado y si no hubiera nacido un tirano, la reflexión y la ciencia habrían absorbido su preciosa vida".
La absurda y trágica muerte de Marco Manuel de Avellaneda y González, el mártir de Metán, degollado a los 28 años en defensa de sus ideas y de la libertad de su patria, nos impone el deber de difundir en las nuevas generaciones argentinas su figura luminosa -que debe ser un modelo y ejemplo- para los argentinos.
Por Alberto Allende Iriarte en Historias que Hacen Historia 
Avellaneda González, Marco Manuel (*) (I534)
 
70 Encomendero de Ayanpitíny, dueño de la estancia de Alaen, Regidor y Alcalde de Córdoba. Soria Bustos, Felipe (I4461)
 
71 Encomendero de Marapa. Uno de los fundadores de San Miguel de Tucumán. Martín Arroyo, Alonso (I78871)
 
72 Encomendero en segunda vida, por herencia materna, de los pueblos de Guasangasta, Vichigasta y Fiambalá; Maestre de Campo, Alcalde y Regidor en La Rioja. Luna y Cárdenas Albornoz, Maestre de Campo Álvaro de (I10195)
 
73 Enrique Rodríguez Larreta fue un escritor, académico y diplomático argentino representante del modernismo en la literatura hispanoamericana. Es conocido por su novela histórica La gloria de don Ramiro.
Larreta era miembro de una antigua familia de fortuna y contrajo matrimonio con una hija de la más emblemática de las familias aristocráticas de Argentina, la de Anchorena. Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional Central. Estudió Derecho y trabajó como profesor de historia. Se desempeñó como embajador en Francia y ante la Exposición Iberoamericana de Sevilla, en 1929. En 1915-16, residió en Biarritz, Francia, y frecuentó Ávila, en España, donde actualmente una calle lleva su nombre. Se vinculó allí con Miguel de Unamuno, al que admiraba. Colaboró en publicaciones periodísticas de su época y estudió minuciosamente la historia española. Se nutrió literariamente de la Antigüedad clásica y del Siglo de Oro español, que lo obsesionaba.
En 1896 apareció su primera obra literaria, el cuento Artemis, ambientado en la Grecia antigua. En 1908 publicó La gloria de don Ramiro, reconstrucción histórica y literaria de la España del siglo XVII, que ilustró Alejandro Sirio. En 1926, apareció Zogoibi, que significa "el desventurado", apodo con que fue conocido el rey Boabdil tras la pérdida de Granada,nota 1 y en 1953, Gerardo o la torre de las damas. Escribió ensayos sobre la actualidad española, agrupados en Las orillas del Ebro, y el libro de sonetos La calle de la vida y de la muerte, en el que se percibe el impacto del clasicismo español así como la influencia del simbolismo francés. Escribió también las obras de teatro La que buscaba don Juan, El linyera, Santa María del Buen Aire, Pasión de Roma y Las dos fundaciones de Buenos Aires.
El Museo de Arte Español Enrique Larreta instalado en la que fuera casa del escritor.
Fue el primer escritor que intentó hacer cine argentino al dirigir el filme El linyera, según un guion a partir de su obra teatral homónima, que se estrenó el 12 de septiembre de 1933 y que tuvo como protagonistas a Nedda Francy, Julio Renato, Domingo Sapelli y Mario Soffici.
Fue miembro de la Real Academia Española y de la Academia Argentina de la Historia. Su casa de estilo renacentista español, en el barrio residencial de Belgrano (Buenos Aires), es actualmente el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Ubicada en la que fuera alguna vez zona de quintas de veraneo, tiene un jardín de alcázar andaluz, único en su estilo en esta capital. Dentro pueden apreciarse el mobiliario y las colecciones de obras y objetos de arte que testimonian su pasión por España. Una calle en la localidad de Sáenz Peña (partido de 3 de Febrero) lleva su nombre.
Desde el año 1962 la casa de Enrique Rodríguez Larreta Maza se ha convertido en el Museo de Arte Español que lleva su nombre y puede visitarse en la siguiente página: http://www.museos.buenosaires.gov.ar/larreta.htm 
Rodríguez Larreta Maza, Enrique (*) (I1198)
 
74 Entre junio de 1865 y diciembre de 1867, Marcos Paz ejerció la presidencia en reemplazo de Bartolomé Mitre, quien había delegado el poder en su vicepresidente para marchar al frente de batalla. La relación entre ellos era de absoluta confianza y respeto.
El desempate del vicepresidente de la Nación, en su condición de titular del Senado, adverso al proyecto de ley de retenciones enviado por el Poder Ejecutivo, puso sobre el tapete el papel que realmente le cabe a quien la Constitución designa como el reemplazante del primer mandatario en los casos "de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución", a la vez que le otorga la conducción de la Cámara alta y el voto, sólo para romper la paridad del sufragio.
Como no podía ser de otro modo, se han invocado en estos días, con bastante frecuencia, los ejemplos que brinda la historia argentina de vicepresidentes que, puestos al frente del Poder Ejecutivo por alguna de las causas arriba mencionadas, ejercieron en plenitud sus cargos, y en algunos casos lograron corregir graves errores de los jefes del Estado.
Pero, que sepamos, no se ha hecho referencia al coronel doctor Marcos Paz, vicepresidente del general Bartolomé Mitre. El primer mandatario, convertido en comandante en jefe de los ejércitos de la Argentina, Brasil y Uruguay como consecuencia del Tratado de la Triple Alianza contra el gobierno del Paraguay, delegó el mando, el 12 de junio de 1865, en quien se hizo cargo a partir de entonces de la pesada conducción de un país aún sacudido por disensos fratricidas y carente de recursos para atender al esfuerzo bélico y subvenir necesidades elementales de la administración pública.
Mientras Mitre comenzaba a levantar de la nada un ejército en Concordia, recurriendo a sus escasas unidades de línea y apelando a la movilización de la guardia nacional de las provincias, cuyo demoroso alistamiento también fue responsabilidad de Paz, éste optaba por mantener a los ministros que habían acompañado al Presidente, convencido de que no convenía hacer cambios pues la lucha no sería duradera. La realidad lo convenció amargamente de su error. Pero, lejos de amilanarse, comenzó a desarrollar una labor incansable. Su correspondencia frecuente con los gobernadores de provincia, y sobre todo con Mitre, refleja las penurias que soportó para vestir, armar y alimentar a miles de hombres, poner en vereda a los proveedores que pretendían lucrar en exceso sin importarles la situación de la República sometida a un sangría interminable, y afrontar otras erogaciones de la administración.
Aquel tucumano, que había ocupado altos cargos públicos y ejercido el gobierno de su provincia natal, luego de formar parte del Senado de la Confederación Argentina tuvo que doblegar sus deseos de participar personalmente en la campaña, luciendo su uniforme de coronel y mandando alguno de los cuerpos de la Guardia Nacional. Sin embargo, brindó lo más entrañable que podía ofrecer, aceptando que su hijo Francisco se incorporara como capitán de un batallón veterano. Aquel joven promisorio moriría muy cerca de su amigo Domingo Fidel Sarmiento en el aciago asalto de Curupaytí.
Dice Carlos Heras que las relaciones entre Mitre y Paz estaban regidas por la mutua comprensión, la absoluta confianza y el profundo respeto hacia la opinión del otro. Nada de alguna importancia hicieron, en lo político o en lo militar, sin previa comunicación o consulta. "Cuando hubo divergencia, fue señalada con sinceridad y respeto; cuando alguno de los dos sintió tocada su investidura, hubo, sin reticencia, el llamado de atención, siempre acogido con el ánimo dispuesto a la explicación capaz de borrar todo vestigio inamistoso". Paz, abrumado por los ataques de algunos amigos del Presidente, incluso de la prensa "nacionalista" que le respondía, quiso renunciar en dos ocasiones, pero el Presidente no sólo desautorizó acusaciones temerarias sino que le manifestó su consideración y respaldo, rogándole que permaneciera en el cargo.
Se peleaba en el Paraguay y se luchaba contra los alzamientos en el interior. Mitre le confiaba intimidades de la lucha que libraba no sólo contra el aguerrido adversario sino para superar desinteligencias con los propios aliados. Paz le respondía solícito, y sabiéndolo gran fumador de cigarros, le enviaba cajas y cajas que se sumaban a las que le remitían otros amigos para mitigar las privaciones que vivía.
Hasta que ocurrió lo inesperado. El cólera, que había hecho estragos en el Ejército, llegó a las ciudades ribereñas del Paraná y se introdujo en Buenos Aires. El 28 de diciembre de 1867, el vicepresidente sintió los fulminantes síntomas del mal. Y el 1º de enero, Guillermo Rawson, ministro del Interior y médico eminente, le transmitió al primer mandatario, que se hallaba en el campamento de Tuyú Cué, este mensaje descorazonador: "Apenas tengo esperanzas de salvarle la vida". Al día siguiente falleció en su residencia de San José de Flores, y pese a que la ciudad estaba casi despoblada por el éxodo de sus habitantes, un silencioso e imponente cortejo acompañó sus restos hasta el cementerio de la Recoleta. Contaba con sólo 51 años de edad.
Entonces, Mitre debió "bajar" con urgencia desde el Paraguay para retomar el mando y concluir el período que había comenzado el 12 de octubre de 1862.
Por Miguel Angel De Marco
Domingo 10 de agosto de 2008 | Publicado en diario de hoy Ya votaste (1) 
Paz Pereyra Mariño, Marcos (*) (I21115)
 
75 Estudió medicina en España y ejerció como cirujano de los Reales Ejércitos. Se radicó en la ciudad de Santa Fe a comienzos del siglo XIX, siendo uno de los pioneros de la medicina local. En tiempos de Bernardino Rivadavia fue fundador de la Academia Nacional de Medicina (figura en la puerta de acceso) tambièn fue enviado a atender los heridos en la Batalla que dio San Martin en San Lorenzo, pues no tenian mèdicos y viajo desde Santa Fe para hacerlo. Por ùltimo, por orden del Gobernador Estanislao Lòpez, embalsamo la cabeza del caudillo Francisco (Pancho ) Ramirez, que luego fue expuesta en la puerta de la Iglesia Catedral de Santa Fe. Rodríguez Sarmiento, Manuel (I8547)
 

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