Capitán Hernán Mexía Mirabal Méndez de Sosa, (*)[1]

Varón 1531 - 1593  (62 años)


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  • Nombre Hernán Mexía Mirabal Méndez de Sosa  [2
    Título Capitán 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 1531  Sevilla, Sevilla, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 1593  España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    ID Persona I8981  Los Antepasados
    Última Modificación 27 Ene 2018 

    Padre Juan Mexía Mirabal,   n. Villa de Escacena del Campo, Huelva, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Madre Leonor Méndez de Sosa 
    ID Familia F1379  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 1 Isabel Salazar, (*) 
    Hijos 
    +1. Francisco Mexía Mirabal Salazar,   n. 1575, Santiago del Estero, Santiago del Estero, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     2. Hernando Mexía Mirabal Salazar,   n. Santiago del Estero, Santiago del Estero, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +3. Bernardina Mexía de Mirabal Salazar
    +4. Juliana Mexía Mirabal Salazar
     5. Pedro Mexía Mirabal Salazar,   f. 8 Ago 1623
    Última Modificación 13 Mar 2010 
    ID Familia F1369  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 María Mancho,   n. Santiago del Estero, Santiago del Estero, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1600, Córdoba, Córdoba, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Casado
    • Unión de hecho.
    Hijos 
    +1. Juan Mexía Mirabal Mancho
    +2. Isabel Mexía Mirabal Mancho
    +3. Leonor Mexía Mirabal Mancho,   n. 1554,   f. Sí, fecha desconocida
    +4. Ana Mexía Mirabal Mancho,   f. 1595
    Última Modificación 22 Dic 2009 
    ID Familia F1377  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • HERNAN MEXIA MIRABAL - 10º y 13º abuelo mío por las respectivas líneas genealógicas de Ibarguren y de Uriburu - vió la luz del mundo en Sevilla hacia 1531, la luminosa ciudad donde se establecieron sus antepasados desde que fuera conquistada a los moros, en 1248, por el Rey Fernando III "el Santo".
      Siendo niño nuestro personaje - quizás en 1537 llevado por su padre - atravesó el océano en pos de nuevos horizontes, con la esperanza de lograr tras ellos fortuna y renombre. El propio Hernán testificó en 1587 que, a los 14 años de su edad, se encontraba en "Panamá del rreino de Tierra Firme", donde conoció a Juan Gregorio Bazán, otro de mis antepasados.
      Al calor de los trópicos indianos ardía entonces la guerra civil. Las huestes insurrectas de Gonzalo Pizarro - que bajo el mando de Pedro de Hinojosa habíanse apoderado de "Nombre de Dios" y del mar del Sur - se desprendían de la facción rebelde para plegarse al representante del Rey, Licenciado Pedro de La Gasca, quien acababa de llegar de España. En tal circunstancia, el precoz hidalgüelo andaluz de marras, da comienzo a su hazañosa carrera enrolándose como soldado de Carlos V, y marcha a los convulsionados "rreynos del Pirú". Y en esos territorios incaicos contribuye a provocar el desbande de las fuerza pizarristas que la historia recuerda como batalla de Xaquixaguana, el 9-IV-1548.

      Preliminares de la conquista del Tucumán

      Sofocada aquella insurrección (que algunos intérpretes del pasado tildan mal de separatista, cuando solo los conquistadores se rebelaron contra las "Nuevas Leyes" que les retiraban las encomiendas por dos vidas), el delegado Real La Gasca, victorioso y ya establecido en Lima como Presidente de la Audiencia, buscó, so pretexto de "gratificallos", la manera de alejar del teatro de sus correrías a muchos hombres de armas levantiscos, varios de los cuales, "endenantes", habíanse revuelto en disconformidad con la legislación reformista de la Corona, que el abstracto humanitarismo del clamoroso ideólogo fray Bartolomé de las Casas desató.
      Entre el montón de Capitanes disponibles, figuraba un extremeño oriundo de Badajoz; Juan Nuñez de Prado (), el cual, desde un año atrás, desempeñaba el cargo de Alcalde de Minas en Potosí. Y por consejo de los Oidores de la Audiencia charqueña, Polo de Ondegardo y Pedro de Hinojosa, y del Corregidor Juan Alonso Palomino, que asimismo le escribía desde esa cabecera judiciaria, el Presidente La Gasca resolvió confiar al tan recomendado Capitán minero, por considerarlo "hombre cuerdo y de bondad, y con quien se holgaría de ir la gente", la conquista y población de uno o dos pueblos más allá de los términos de Charcas, en "una provincia que se dice Tucumán, donde hay copia de naturales y noticias de gruesas minas de oro, y que se cree las habrá de plata".
      ¿Que entendían por provincia de Tucumán La Gasca y sus consejeros de Charcas?; "Una región muy vasta, sin dejar de reconocer por eso que se aplicaba especialmente a otra mas pequeña" - dice Ricardo Jaimes Freyre, en su Tucumán Colonial. "La única explicación que acaso parezca satisfactoria - agrega este autor - es la siguiente: Los descubridores (Diego de Rojas y sus compañeros) después de vagar entre las dos cordilleras, atravesaron la oriental y cayeron en los llanos, en la comarca que los indios llamaban Tucumán, punto de encuentro de diaguitas, lules y juríes ... Esa fue la tierra cuya conquista y cuyo gobierno encomendó La Gasca a Nuñez de Prado" ().
      Así pues, el 19-VII-1549, el Presidente La Gasca suscribió la providencia que encargaba al Capitán que sabemos la conquista tucumana. El documento - lo puntualiza Levillier - se refería a una vaga región sin límites precisos, por lo que propiamente no implicaba la concesión para regir una provincia, sino tan solo un mandato dado a un Capitán a fin de levantar un pueblo en el difuso territorio aludido. De esta suerte Nuñez de Prado no habría de ir allá en carácter de Gobernador ya que sus atribuciones eran, taxativamente, las de "Capit{án y Justicia Mayor. Esta parquedad en las atribuciones y en la jurisdicción - observa Levillier - parece demostrar la poca importancia de Juan Nuñez de Prado, o puede atribuirse al hecho de que siendo tan vecinas las comarcas de Chile, del Paraguay y del Río de la Plata, temiese el Presidente algún conflicto y no quisiese afrontar el riesgo de marcar fronteras precisas".
      Entre tanto, diligente, el jefe designado para la tucumánica aventura, superando dificultades, dase de lleno a la tarea de organizar la empresa. Con evidente tino - atribuible quizás a su Maestre de Campo Juan de Santa Cruz - reúne en Potosí un plantel de 60 a 80 conquistadores; entre éstos Hernán Mexía Mirabal, que acababa de recibir su bautismo de fuego en los entreveros insurreccionales del Perú; el cual ahora se codea con algunos veteranos de los que "entraron" con Diego de Rojas al Tucumán (1542 a 1545), resueltos otra vez a probar fortuna; Miguel de Ardiles, Nicolás Carrizo, Martín de Rentería, Alonso Díaz Caballero, Juan Vázquez, Juan Bautista Pérez, Diego de Torres, Bautista Berrío, Juan Gutiérrez, Juli{án de Humarán, Juan Méndez de Guevara, Juan Pérez Moreno y Gonzalo Sánchez Garzón.
      También se han enrolado para la expedición, no pocos camaradas antipizarristas de Mexía Mirabal: Bartolomé Mansilla, Juan Gregorio Bazán, Alonso Abad, Santos Blasquez, Juan Rodríguez Juárez, Francisco de Carvajal, Lorenzo Maldonado, Blas Rosales, Garcí Sánchez, Julián Sedeño; además de Juan Cano, Alonso de Orduña, Francisco Valdenegros, Alonso Díaz, Rodrigo Fernández, Alonso Paz, Martín Moreno, Alonso Contreras, Juan Morales, Alonso Martín de Arroyo, Gaspar García, Juan Serrano, Alonso de Rivadeneyra, Pedro Cáceres, Gaspar de Orellana, Pedro Ximénez, Cristóbal Pereyra, Juan Navarro, Alonso Villagómez, Luis de Gamboa, Francisco González, Rodrigo de Palos, Alonso de Villadiego, Pedro Albañés "griego de nación", y como 40 soldados más. Cada uno de ellos dispuesto a servir al Rey "a su costa y minción sin socorro de la hazienda rreal", con armamentos, provisiones y caballos propios; aunque no con "tantas armas ni adereços como la entrada y conquista rrequería, por que en sazón valían en los rreynos del Pirú los cavallos e yeguas a muy subidos precios".

      La expedición rompe la marcha

      Así las cosas, cuando los preparativos se consideraron suficientes, el 8-X-1549, pudo el vecindario potosino despedir a la animosa leva que partía hacía las ignotas regiones del sur; que hollara de paso, en 1535, Diego de Almagro en su tránsito para Chile, y donde, un lustro atrás, Diego de Rojas dejó sus huesos en intrépido recorrido precursor.
      Aquellos expedicionarios subordinados a Nuñez de Prado, sobre los cuales iba a gravitar todo el peso de la conquista, hallábanse en la plenitud de sus años, en la flor de sus días; moral y físicamente "en forma" - para decirlo a la moderna -, y, con optimismo viril, aportaban a la jornada ese enorme caudal de energía que derrocharían todos ellos, caídos la mayor parte en el olvido.
      No está de más consignar la edad justa de algunos integrantes de aquel conjunto humano con el cual confundía su destino Mexía Mirabal, que entonces frisaba en los 18 abriles. Gonzalo Sánchez Garzón declaró tener 37 años; Blas Rosales, 35; Miguel de Ardiles y Francisco de Carvajal, 34; Martín de Rentería, 33; Lorenzo Maldonado, 30; Juan Pérez Moreno y Julián Sedeño, 29; Nicolás Carrizo, 28; Santos Blasquez, 24; Alonso Abad, 23; Garcí Sánchez, 22; Rodríguez Juárez y Juan Navarro, 20; Cristóbal Pereyra, pasados los 18; Gaspar de Orellana, 15 "poco más o menos". Mayor madurez acusaban seguramente el Capellán Hernando de Gomar - que moriría en Chicoana -, y los frailes Gaspar de Carvajal y Alonso Trueno, misioneros domínicos, cuyos blancos hábitos y capuchones negros de lana hacían contraste con los bélicos arreos de los conquistadores en marcha.
      Lanzas, espadas, adargas, morriones y capacetes; hombres a caballo a la vanguardia de unos cuantos arcabuceros y del grueso de soldados que, a pié, preceden al abigarrado tropel de indios yanacoas y a los bagajes con pertrechos, herramientas y materiales indispensables para aquellas jornadas de conquista y "poblazón". Hernán Mexía Mirabal cabalga entre el polvo que levanta la columna guiada por los veteranos que se internaron , antaño, con Rojas, y conocen las rutas escarpadas y el camino del Inca, más allá de Tupiza, a través de la Puna desolada: planicie y escombros de rocas que agrietaron los siglos; médanos y salinas barridas por un viento de hielo; raquítica vegetación sin pasto para las bestias, ni leña para hacer fuego, ni agua dulce para aplacar la sed; aire rarificado que "achucha" a los europeos y provoca vómitos, palpitaciones, hemorragias y un malestar que parece anticipar la muerte.
      Tras esa desolación puneña, por marzo o abril de 1550, alcanza la caravana el país de los diaguitas en el valle Calchaquí, al que desciende, sin duda, por la "Cuesta del Acay" (5.950 metros sobre el nivel del mar), y siguiendo el curso del río se interna en el lugar de "Chicoana". (Los indios "chicuanas" vivían, a la sazón, en el territorio que ahora abarca los departamentos salteños de Cachi y Molinos). En Chicoana, Mexía Mirabal y sus compañeros hacen alto a la espera del Maestre de Campo Juan de Santa Cruz, quien debía llegar de Potosí con refuerzos para la expedición. Corren dos meses y la tardanza de Santa Cruz se prolonga demasiado. Nuñez de Prado, entonces despacha "con poderes" a Miguel de Ardiles y a Nicolás Carrizo a fin de que, retrocediendo el camino, den con el paradero del esperado Maestre de Campo. Pero transcurren otros 40 días sin noticias de los emisarios ni de Santa Cruz, y el jefe ordena proseguir la aventura.
      Echados a andar de nuevo, los exploradores enfilan hacía el oriente, acosados en todo momento por los aborígenes "vallistos", que con escaramuzas les estorban el paso. Salvan peleando los ríspidos declives cordilleranos, y desde las últimas faldas de la sierra divisan una región de fértiles llanuras y bosques frondosos de lapachos, algarrobos, nogales y pacarás; humedecida por riachos descendentes de las montañas. Era el país de los lules; terrígenos de esa floresta maravillosa; flecheros consumados que vivían de la caza y de la pesca, libres de toda rutina civilizada; cuyo lujo masculino consistía en adornarse con plumas de avestruz; en tanto las mujeres andaban paradisíacamente desnudas, salvo unas "pampanillas" que les cubrían apenas las vergüenzas.

      Fundación de la primera "Barco"

      Decidido a "descubrir lo que había de la tierra", Nuñez de Prado funda, por julio de 1550, en el agreste terreno del hoy llamado "Jardín de la República", la ciudad de Barco (bautizada así en honor de La Gasca, nativo de Barco de Avila). A dicha población - se lee en las distintas probanzas de servicios del personaje que me ocupa - "el Capitán Hernán Mexía la ayudó a sustentar, conquistar con mucho travajo, a pié y a cavallo, con grandes necesidades de hambre, sed y cansancio y desnudez. "Me allé - le escribió mi antepasado al Rey - en ayudar a poblar la ciudad del Barco, que pobló vuestro General Juan Nuñez de Prado" - a orillas del río "Escava" o "Ibatín", a legua y media al sudoeste del actual pueblo tucumano de Monteros; justamente en el sitio en que diez años más tarde Pérez de Zorita levantará a Cañete, y posteriormente, Diego de Villarroel a San Miguel de Tucumán; ambas fundaciones, como aquella inicial de Núñez de Prado, realizadas - cual lo veremos más adente - con la activa y personal cooperación del infatigable Hernán Mexía Mirabal.
      Establecido el fuerte, repartido los solares y organizada la autoridad en el flamante reducto (Martín de Rentería y Francisco Valdenebros fueron Alcaldes, y Juan Gutiérrez Algualcil Mayor), Nuñez de Prado despachó a Rentería con 30 hombres a fin de que tomara posesión de la comarca circundante, y sometiera a los salvajes del contorno, cuyos poblachos se llamaban "Collagasta", "Michigasta" y "Mocaca". Esto logróse sin mayores tropiezos; y Rentería, antes de volver al emplazamiento de Barco puso cruces en aquellos cobijos, advirtiendo a los aborígenes que mientras ostentaran tales emblemas sagrados no serían ofendidos por los cristianos.
      Seguidamente Nuñez de Prado salió también con 30 hombres de recorrida por la tierra, alejándose 25 leguas de su precario asiento, hasta el paraje indígena de "Tipiro" o "Tepiro". En tal circunstancia un cacique le avisó que a la localidad de "Toamogasta", 5 leguas más adelante, habían llegado varios individuos de raza blanca. Con la expectativa que es de imaginar, parte Nuñez de Prado al encuentro de sus compatriotas, que acaso fueran los esperados refuerzos que traía Santa Cruz.
      Antes de arribar a destino, el ilusionado Capitán General hubo de desengañarse al recibir información de unos indios, que encontró en el trayecto; dichos blancos eran, según esos nativos, 11 castellanos que se habían introducido allá, matando y robando después de profanar la Cruz al grito sacrílego de; "¿que garabato tienen aquí puesto los de Tucumán?".

      Nuestro primer conflicto jurisdiccional con los "chilenos"

      Resuelto a "prendellos y castigallos", Prado se adelantó con rapidez. fue el 10 de noviembre, "al quarto del alba", cuando cayó sobre "Toamogasta" en son de guerra, para constatar allí que aquellos españoles no estaban mandados por Santa Cruz, sino por Francisco de Villagra, quien sin duda, venía a interferir en la conquista tucumana. Por ello, sin más ni más, en medio de la incierta luz del amanecer, Prado lanza a sus hombres al combate. Villagra sorprendido en su campamento apenas logra contener la arremetida que le lleva un Capitán Méndez de Guevara; pero, a los pocos instantes, el desprevenido jefe es socorrido por los suyos; que no eran 11 sino más de 100, fuertemente armados. En consecuencia, vista la inferioridad de sus efectivos, los "pradistas" pierden la iniciativa y retroceden - fugan mejor dicho - hacia su terrestre Barco.
      ¿Que conflicto se planteaba en el lejano Tucumán?
      Desde casi un año antes, luego de la partida de Nuñez de Prado, su Maese de Campo Juan de Santa Cruz ocupábase en Potosí de enganchar a gente que iría a reforzar la "entrada" tucumana de aquel. Simultáneamente en la villa potosina, Francisco de Villagra, Lugarteniente de Pedro de Valdivia, reclutaba voluntarios destinados a servir en el reino de Chile. Ello perturbó la tarea en que estaba empeñado Santa Cruz, dando lugar a recelos y rozamientos provocados por la mutua rivalidad, y por los medios puestos en juego por Villagra, decidido a engrosar su dotación con los elementos comprometidos de antemano para la jornada conquistadora del otro. A tal punto, que de los 130 soldados con que creyó contar Santa Cruz, solo le respondieron, en definitiva, 30; y con este magro remanente dicho Maestre de Campo tomó rumbo a Chicoana.
      Empero Villagra - no obstante haberle sacado tantos colaboradores a su rival - sale tras de Santa Cruz, y el 24-VI-1550 lo alcanza en Cotagaita, y sin combate lo prende junto con Miguel de Ardiles y Nicolás Carrizo, quitándoles la gente y las "armas e caballos, salitre, azufre, arcabuçes e otros aparejos".
      A los cuatro meses de esto se produjo aquella escaramuza en el rancherío indígena de "Toamogasta", y a los tres días del incidente, llegan los - digamos - "chilenos" de Villagra a Barco, el establecimiento de los "tucumanos" de Nuñez de Prado, quien rehuye toda resistencia y se oculta en los montes vecinos. Intervienen entonces los frailes Carvajal y Trueno y varios pobladores; parlamentan con Villagra y éste se aviene a "remitir lo pasado por concordia y amistad, con la condición - dice el cronista Ruy Días de Guzmán - que Juan Nuñez de Prado se le sometiese, dándole obediencia como a superior, en nombre del Gobernador Pedro de Valdivia". En resumidas cuentas Villagra quería sumar el territorio tucumano a la jurisdicción chilena, convencido de que estaba ese territorio dentro de "las cien leguas la tierra adentro", asignadas por La Gasca al Gobernador Valdivia.
      En cuanto a Nuñez de Prado, dada la superioridad militar de su contendor, resignadamente se sometió a la prepotencia de éste, "por no deservir a Su Majestad, e que la cibdad no se despoblase".
      Conseguido su fácil triunfo, Villagra abandona a Barco y traspasa la cordillera - no sin prometer enviar refuerzos desde Chile. Al propio tiempo Nuñez de Prado, ya libre de la tutela de aquel, reúne al modesto Cabildo tucumano, y a voz de pregonero hace pública renuncia del título de Teniente que le impusieron a la fuerza, revalidando de ese modo los poderes "peruanos" de su nombramiento por La Gasca.
      "Nuevo Maestrazgo de Santiago", denominó Prado la difusa región de su jefatura; que la "gloria mundana mas consiste en vanidad de nombres que en realidad y substancia, subcediendo a veces - discurre al respecto el cronista Guevara -, que se adaptan nombres magníficos de gigantes a pequeñuelos pigmeos"; y "porque nombre tan lustroso no fuese sombra sin cuerpo - prosigue el historiador jesuita -, se aplicó Prado con tesón increíble, a los adelantamientos de la Provincia, mas con suavidad que con rigor y espanto; conquistó la Sierra y el Valle de Catamarca, los ríos Salado y Dulce, los belicosos lules, y la mayor parte de los indios que después se agregaron a Santiago".
      En tales empeños y arriesgadas realizaciones tomó parte Hernán Mexía Mirabal. De ello dan cuenta las probanzas de sus servicios, las cuales, unánimes, aseguran que nuestro Capitán pobló la ciudad de Barco, conquistando la comarca adyacente con grandes sacrificios, a fin de consolidar la estabilidad del precario asentamiento.

      Fundación de la segunda "Barco"

      Seis meses después de que Villagra abandonara los términos tucumanos, Nuñez de Prado recabó el consenso de los vecinos de Barco para efectuar el traslado de la población a otro sitio, pues en el lugar de su asiento ya comenzaba a escasear la comida, y los indios - decía - "en causa de no sembrar me han puesto en gran necesidad, tanta que me ha de ser forzoso mudar la ciudad adonde pueda sustentar la gente que tengo, e si no lo hicieses perecerían todos de hambre". Pero, mas que nada, buscaba Prado salirse de los límites pretendidos por Valdivia, temeroso de las represalias que este podría tomar contra el, por haber desconocido la soberanía de Chile, luego del alejamiento de Villagra.
      Por mayo de 1551 realizóse la tarea de desmontar el tucumánico Barco, y dos o tres meses mas tarde, a una distancia de 25 o 30 leguas del reducto primitivo, en dirección noroeste, fue erigido un nuevo asiento con el nombre de Barco II. La instalación se levantó en plena región calchaquina; en "zona del valle de Quiriquiri"o "Samalamao", cerca de Cafayate, estima el sacerdote historiador Pablo Fortuny; un poco mas al norte, "entre Molinos y la confluencia de los ríos San Carlos y Guachipas", lo ubica Levillier; "entre Molinos y Angastaco" deduce Atilio Cornejo; nunca en los valles catamarqueños de Andalgalá y Guazán, cual lo suponen Lafone Quevedo y sus seguidores.
      El propio Mexía Mirabal manifestó repetidamente en su probanzas que "el Barco segundo estuvo emplazado a 50 leguas de distancia de Santiago del Estero". Si Santiago del Estero distaba 25 leguas del lugar donde establecieron al Barco I, parece correcto situar a aquel valle de "Quiriquiri" y al segundo real de los "pradistas", muy próximo del presente pueblo salteño de San Carlos.
      Hernán Mexía Mirabal "ayudó a sustentar dicha ciudad (Barco II) con grandes trabajos de hambre y desnudez que padeció allí ... andando siempre en la guerra, unas veces a pie y otras a caballo de noche y de día ... en muchas refriegas que tuvieron con los naturales, andando como andava vestido de cueros de leones y de tigres y descalzo".Así lo aseveraron Juan Rodríguez Juárez, Cristóbal Pereyra y Francisco de Carvajal, testigos en su probanza de méritos. Y en cierta ocasión, "por haverse quemado al comida en dicha ciudad" (en "las chácaras que tenían de mayz, quinua o çapallo"), Nuñez de Prado, urgido a resolver el problema, "salió en persona en busca de comida y llegó hasta el valle de Jujuy, que son mas de cincuenta leguas, pasando grandes hambres y travajos; y el dicho Capitán Hernán Mexía fue en compañía de dicho General ... a pie, por se le aver muerto el cavallo que llevaba, y de pura hambre comió cigarrones y cueros y semillas de paja, por falta de comida".
      Día tras día las penurias se acrecentaban para esos sufridos conquistadores. Estrechados en su escaso recinto por miles de feroces diaguitas, "sembravan lo que comían con sus propias manos", por no poder domeñar a dichos salvajes; los cuales - el Capitán Juan Pérez Moreno lo recuerda - "así en los llanos como en las sierras les dieron muchas guaçabaras, donde pasaron muchos trabajos de anbre y sed e desnudez y cansancio, y se derramó mucha sangre en las heridas que les davan".

      Fundación de la tercera "Barco", que Francisco de Aguirre venido de Chile, remuda con el nombre de Santiago del Estero

      Dicha sucesión inacabable de ocurrencias adversas, obligó a los españoles a ambular de nuevo con los materiales de su portátil instalación a cuestas, para rehacerla en otra parte. Consecuentemente, esta vez, emplazaron su tercera "Barco del Nuevo Maestrazgo de Santiago" en tierras de indios juríes, a orillas del río Dulce o Estero, en junio de 1553.
      A poco de instalado Barco III, tuvo Nuñez de Prado aviso que en un pueblo llamado "Meaja" más de 4.000 indios de guerra se habían reunido con propósito de destruir la fundación española. Ni que decir que sin tardanza, "para desbaratar el dicho pueblo", fueron enviados allí 30 hombres a las órdenes del Capitán Juan Vázquez Pacheco, entre los que se contaba Hernán Mexía Mirabal; "a cavallo con todas sus armas"; quien en la emergencia peleó con su acostumbrada intrepidez, resultando "uno de los que entraron en el fuerte de los yndios a desbaratallos, como los desbarataron, e dieron lugar que los demás soldados e gente de a caballo entraran en él"; lo que frustró por completo el bárbaro plan de arrasar con el refugio castellano.
      Algo mas tarde, cierta noche del mes de mayo de 1553, aparece de súbito en Barco III Francisco de Aguirre, el cual, a la cabeza de 60 o 70 hombres - luego de algunas exploraciones por las comarcas aledañas y de varios entreveros con los indios calchaquíes - venía de Chile, enviado por Valdivia, a consumar la acción que iniciara Villagra años atrás; sujetar el Tucumán al dominio chileno, previo desalojo de Nuñez de Prado.
      "Llegó Francisco de Aguirre - registran las probanzas de Mexía Mirabal - y se apoderó de la dicha ciudad de Santiago del Estero (aún llamábase Barco); quitó las armas a los vecinos de aquella ciudad, y prendió a los justicias" (al Teniente Vázquez Pacheco y a otras personas). Nuñez de Prado, ausente, "andava conquistando la tierra" (en Famatina, con 30 o 40 soldados, y a la busca de minas de oro). El jefe trasandino, en consecuencia, "ynbió gente de guerra para que le traxesen antél, y la dicha gente traxo al dicho Joan Nuñez de Prado". Aguirre entonces, "le echó de la tierra (confinándolo a Chile) ... hizo que los Cabildos lo rrecibiesen por Justicia ... y dió por ningunas todas las encomiendas y mercedes que avía fecho el dicho Joan Nuñez de Prado; y encomendó la tierra de nuevo en las personas que él quiso, quitando títulos y rregistros a las personas que los tenían y a los Escrivanos de gobernación. Y estando en la tierra solamente un año governándola, se fue a las dichas provincias de Chile, y llevó consigo todos los dichos títulos y rregistros, y mucha gente y armas de la tierra, y echó della a los frailes que avía" - los predicadores dominicanos Carvajal y Trueno. Pero antes de repasar la cordillera, don Francisco, "por yncombeniente de las avenidas del rrío", mudó a Barco III de "donde dizen el pueblo viexo", trasladando la ciudad, siempre sobre la orilla del Dulce o Estero, una legua mas al norte.
      "Me allé en poblar la ciudad de Santiago del Estero al tiempo que la pobló vuestro Gobernador Francisco de Aguirre", ha de recordárselo Hernán Mexía Mirabal a su Rey Felipe II el 15-II-1585. Aquello tuvo lugar 32 años atrás, un 25-VII-1553, día del Santo Apóstol patrono de las Españas, en cuyo loor Aguirre "le mudó el nombre (de Barco) y le llamó a la ciudad Santiago del Estero, tierra de promisión"; quedando solemne y jurídicamente organizado, como núcleo urbano, ese rústico caserío de paja y barro en pleno "país de la selva".

      Desvalimiento físico y desamparo espiritual de aquellos hombres de hierro

      Vuelto Aguirre a Chile en 1554, con esperanza de obtener el gobierno de ese "Reyno" por haber muerto Valdivia, dejó a su deudo y paisano Juan Gregorio Bazán - mi antepasado - a cargo del comando santiagueño como Lugarteniente suyo. La situación del baluarte levantado en la inmensidad desconocida del Tucumán, no podía ser más crítica. Aguirre al partir, "sacó consigo alguna gente española y muchos indios naturales de esta tierra, e cavallos", por lo que su solitaria y lejana fundación quedó casi desamparada. Si bien, en los papeles, había repartido encomiendas entre 56 conquistadores, los favorecidos arrostraron, durante dos interminables años, la mayor pobreza. Una indigencia tal - se lee en la Información levantada por Alonso Abad - que "vestían cueros e sacaban una cabuya (fibra) a manera de esparto de unos cardones y espinos, a puro trabajo de manos, que hilándolo hacían camisas".
      Ese desamparo a que los condenaba la naturaleza salvaje, hubiera justificado la despoblación de aquella base conquistadora, en hombres de otra complexión física y con otro temple moral. Pero el sentimiento de la propia responsabilidad, del altivo amor propio, les impelía a quedarse, a no proclamar su fracaso, a no dejar en la estacada a los amigos juríes, expuestos siempre a la venganza de los lules que, irreductibles, los acorralaban dentro de sus "fuertes de paliçadas".
      Hambres - hasta "comían algunas sabandijas silvestres que nunca los españoles suelen comer sino con mucha necesidad" -, miserias sin cuento, desconección total con el mundo civilizado; todo fueron capaces de soportar esos varones de rompe y rasga; todo menos la falta de un sacerdote que le suministrara los auxilios espirituales, tan necesarios para sus fervorosas almas católicas. Por esto, casi "estuvieron por despoblar esta ciudad e yrse al Pirú".
      Ya se dijo como los frailes Alonso Trueno y Gaspar de Carvajal, que acompañaron a Nuñez de Prado, al imperar Aguirre habían abandonado al población tucumana. Si voluntariamente o no, conocemos los testimonios contradictorios de Mexía Mirabal, de Antonio Alvarez, de Francisco de Carvajal y de Cristóbal Pereyra. Por su parte Rodríguez Juárez manifestó al respecto, que ambos dominicanos, "visto la pobreza de esta tierra, y que no avía ni oro ni plata ni otra cosa alguna, mas solo mayz, se bolbieron al Perú, sin quedar en la tierra sacerdote". De tenor semejante resultan las declaraciones de Miguel de Ardiles, de Gonzalo Sánchez Garzón, de Santos Blásquez, de Juan García, de Pedro Jiménez y de Juan Pérez Moreno.
      Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que desde el alejamiento de los frailes de grado o por fuerza, quedó sin clérigos Santiago del Estero, y que por tan poderosa razón, los fervorosos vecinos en las ceremonias religiosas, y "todos los lunes e sábados", andaban "en prosición de la yglesia a las hermitas e cruzes, cantando letanías e suplicando a Nuestro Señor les enbiase sacerdotes que les administrasen los sacramentos". Si alguno de ellos moría, "lo llevavan a enterrar los españoles con hartas lágrimas e con harto desconçuelo, rogando a Dios por él en sus oraciones".

      Cinco valientes cruzan los Andes de ida y vuelta, traen un sacerdote e introducen en el Tucumán cereales, plantas y ganados de Chile

      Aquellos conquistadores cansados de esperar mas de dos años, "ansí sin sacramentos, no pudiéndolo sufrir, despacharon cinco ombres que fueron al rreyno de Chile a traer sacerdotes". Y para allá se ponen en movimiento los antepasados Hernán Mexía Mirabal y Bartolomé Mansilla, junto con Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres.
      Corajudos, aguantadores de "nieves, fríos y hambres" esos cinco Capitanes recorrieron leguas y leguas acosados "por la mucha gente de guerra muy velicosa que ay en el camino", y cruzaron "con gran riesgo de sus vidas", los Andes "fragosos y tempestuosos". Al otro lado de "la cordillera de Chile" los indios "alçados" de Copiapó les cierran el paso. Esto produce desánimo en algunos componentes del quinteto temerario, que insinúan el regreso al pago santiagueño, lo cual frustraría los propósitos del viaje; pero "el averse atrevido el dicho Capitán Hernán Mexía solo a adelantarse", logró que los indecisos le siguieran, y al cabo de "muchos meses, con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo que los faboreció", pudieron tornar los expedicionarios al punto de partida, trayendo, desde La Serena, un sacerdote; el padre Juan Cidrón.
      En tan abnegada como conmovedora hazaña - que si no tuviera a su favor los documentos de la historia tomaríase por leyenda hagiográfica o novela de caballería - Hernán Mexía Mirabal, Bartolomé Mansilla, Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres, no olvidaron que, amén de los espirituales, el hombre necesita otros sustentos para vivir. En consecuencia, junto al clérigo Cidrón, "traxeron algunas semillas de trigo, cevada y otras cosas de Castilla; e algodón, que es de que al presente los naturales se bisten e cubren, haziendo mantas e camisetas"; y "plantas de ubas e árboles frutales, obejas, bacas e otros ganados"; conjunto de bestias y especies botánicas que se introducían, por primera vez, en aquella agreste región de los juríes.
      Así fue como esos desamparados conquistadores santiagueños - para decirlo con palabras de uno de ellos, Santos Blasquez - "se dieron a sembrar muchas semillas ansy de trigo como cebada, plantando viñas e otros árboles de Castilla, e fueron criando ganados, yeguas, vacas y ovejas, con que fue la tierra adelante, e se a sustentando con todos sus travajos, e dende este tiempo se comenzó a comunicar esta provincia con el Pirú e Chile".
      De tal suerte, a los fieros arrestos de la guerra se sumaron, a partir de entonces, las mansas actividades agropecuarias, con su consecuente industria rudimental. Y quedó establecido, con regularidad relativa, un intercambio de colaboración entre aquel núcleo de cultura, que se iba desarrollando en Santiago del Estero, y los otros centros ya evolucionados peruanos y chilenos; desde donde había venido el inmediato impulso conquistador: hombres y recursos que casi siempre aportaba un Capitán empresario, "a su costa y minción"; con fundadas esperanzas - claro está - de que gastos y desvelos, ocasionados en el "real servicio", le vendrían a ser retribuídos con creces, más tarde, por la Corona.
      Y no es impertinente repetir, que aquellas expediciones - gajes de hombres de acción, como Mexía Mirabal -, que incursionaban dispersas, generalmente desconectadas las unas de las otras, dentro de un área de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados, lejos de responder a las viarazas empíricas de sus respectivos caudillos - cual se ha dicho tan a menudo con ligereza - encontrábanse subordinadas, en primera instancia, a las directivas precisas de ciertos funcionarios con dotes de estadistas; cuyos planes de gran envergadura - "ideologías" los llama Levillier - demuestran hoy, a quienes estudian historia, la coherencia con que fue llevada a cabo la empresa fundacional de España. Tanto Vaca de Castro y La Gasca en el Perú, como Valdivia y Hurtado de Mendoza en Chile, y el excepcional realizador Francisco de Aguirre en el mismo campo de sus hazañas, y el Virrey Toledo en Lima, y en Charcas el Oidor Matienzo, resultan, en definitiva - cuando no, a la vez, ejecutores prácticos -, los creadores intelectuales, los formidables estrategas que concibieron el gigantesco designio de incorporar el Tucumán y el Río de la Plata a la Corona de España; vale decir, a la civilización occidental.
      Sin aquellas ciudades fundadoras - puntos fortificados adecuadamente dispuestos - los conquistadores españoles hubieran sido física y moralmente aniquilados por los indios salvajes. Bien dice Romualdo Ardissone al respecto: "Al transcurrir la existencia del conquistador en el campo, separado de sus semejantes, en contacto diario con el indio, pierde su cultura, sus elementos europeos se atenúan, y a la larga se barbariza; el indio y la naturaleza que lo rodean, lo embisten, lo barnizan, lo conquistan. Grave es el problema para el europeo, más grave aún para sus hijos cuya educación progresivamente y con rapidez alarmante, cobra caracteres indígenas, intensificados por la mezcla de sangre que se hace poco menos que imposible impedir. En cambio, la existencia de ciudades trae la convivencia, el trato continuo o frecuente, el roce con los semejantes; la vida social logra salvar el caudal de costumbres e ideales traídos de Europa. El conquistador puede conservar y aún intensificar la superioridad con respecto al indígena, al cual sirve de ejemplo para que se le acerque siempre más en sus costumbres. La función educativa, política y militar de las ciudades es de primer orden, de aquí el interés de fundarlas".

      El complot inicial ocurrido en el norte argentino

      Volviendo a Santiago del Estero, diré que el 25-IX-1557 sucedió "questando la ciudad en paz y sosiego" entraron en ella de noche, con las armas en la mano, estrepitosamente, Alonso de Salazar, Luis Gómez, Garcí Sánchez y otros conjurados. Se trataba de un motín promovido por los parciales de Nuñez de Prado, quienes, invocando la sentencia de los Oidores de Lima sobre la gobernación, favorable a aquel, proclamaban "que traían recados para quitar" al Teniente y Justicia Mayor Rodrigo de Aguirre - sobrino de don Francisco -, y sustituirlo por otro, en nombre del Virrey Marqués de Cañete, "tomando - dice el testigo Gaspar de Orellana - por apellido de que venía a mandar Joan Nuñez de Prado".
      "So color de que trayan governador", los motineros "pusieron la ciudad en confusión", prendiendo a Rodrigo de Aguirre, quien fue encerrado en las casas del Alcalde ordinario Blas Rosales, a la que rodearon mediante una guardia armada con arcabuces que traían las mechas encendidas.
      A la mañana siguiente, dicho Alcalde y los capitulares Nicolás Carrizo y Alonso Díaz Caballero (ambos antepasados míos, ver los respectivos linajes de Argañaraz y de Luna y Cárdenas) con sus colegas Miguel de Ardiles y Julián Sedeño, juntáronse en "Cabildo abierto" a fin de encarar aquel conflicto. En eso se estaba, cuando Luis Gómez, Alonso de Salazar, Garcí Sánchez y otros revoltosos irrumpieron en la sala de las deliberaciones a notificar a los Regidores que ellos venían con órdenes virreinales para que Nuñez de Prado reasumiera el poder en reemplazo del "tirano Francisco de Aguirre". Mas viendo los vecinos que no aparecía el tal recado del Virrey Cañete, prendieron a Gómez, a Salazar y sus aliados, y repusieron a la autoridad derrocada.
      Así se aplastó la primera asonada santiagueña; el cabecilla Alonso Salazar fue inmediatamente ejecutado. También en sus cómplices recayó la pena de muerte, aunque con derecho de apelarla ante el gobernador Hurtado de Mendoza, por lo que fueron remitidos a Chile.
      Hernán Mexía Mirabal - el baqueano de los Andes - se encarga entonces de conducir a aquellos insurrectos tras las montañas. De consiguiente parte de Santiago del Estero a la cabeza del respectivo convoy. A las pocas jornadas del trayecto, en el "Valle Vicioso" (hoy departamento de Pelagio Luna en La Rioja, antes "San Blas de los Sauces"), se topa inesperadamente con el General Juan Pérez de Zorita, "que venía a mandar la tierra enviado por don García de Mendoza, Gobernador de Chile". Desde atrás de la cordillera acompañaban a Zorita, entre otros conquistadores; Blas Ponce, Luis de Luna, Diego de Herrera, Juan Nuñez de Guevara, el Escribano Jerónimo Vallejo y mi antepasado Sebastián Príncipe de Dueñas Bobadilla (ver el apellido Mansilla). Zorita, en esa circunstancia, se hace cargo de los presos, y dispone que Mexía Mirabal vuelva a Santiago del Estero "a dar aviso de como venía".

      Nuevas fundaciones en el Tucumán y captura del cacique Chumbicha

      Ya instalado en el mando, Pérez de Zorita no tarda de poner de relieve sus dotes sobresalientes de fundador, al establecer a mediados de 1558 en el valle catamarqueño de "Quinmivil" - distante 60 leguas de Santiago del Estero, al sudoeste del actual pueblo de Belén -, el núcleo urbano de "Londres"; curioso homenaje a la segunda mujer de Felipe II, María Tudor, en suelo diaguita; suelo exóticamente rebautizado también por Zorita como "Nueva Inglaterra", en vez de "Nuevo Maestrazgo de Santiago" y "Tierra de Promisión".
      En tal oportunidad, Hernán Mexía Mirabal llegó a participar con sus compañeros y 1200 indios de encomienda en el asentamiento de "Londres". Tiempo atrás había salido de Santiago "con sus armas y cavallos y muchos pertrechos de guerra y servicios y ganados para yr al valle Calchaquí" por mandado del nuevo Gobernador. Esa misión mi antepasado la cumplió a las órdenes del Maestre de Campo Julián Sedeño, entre inexplorados vericuetos orográficos, en enérgica batida que infundiera respeto a las numerosas parcialidades diaguitas, a fin de preparar el terreno en que habrían de erigirse las proyectadas fundaciones de Zorita, de acuerdo a los planes del Gobernador de Chile García de Mendoza.
      El éxito conseguido por Mexía Mirabal en esa jornada resultó completo y sensacional. En el "pueblo que dizen de los Tolombones", mediante un afortunado golpe de audacia, mi antepasado atrapó con sus propias manos al cacique Chumbicha, hermano del terrible dueño y señor de la comarca; Juan Calchaquí; cuyo nombre, amplificado por los españoles sirvió de toponímico nominador para el extenso territorio diaguita, y se hizo también extensivo al conglomerado de "naciones" aborígenes que respondían a la influencia del poderoso curaça.
      "Prendí al cacique Chumbicha, hermano de Calchaquí, por cuio rrespeto sirvió toda la tierra" - recalcará con orgullo veintisiete años después el propio interesado en la probanza de sus servicios. Y no era injustificada esta ufanía del veterano conquistador; la captura de aquel autócrata nativo, gracias al arrojo del aprehensor, paralizó momentáneamente la belicosidad de las tribus circundantes, y "Londres", que jalonaba el camino de Tucumán a Chile, pudo ser por ello establecida sin que se derramara ni una gota de sangre.
      El trato benévolo de Zorita para con Chumbicha reveló el tino diplomático del Gobernador, quien supo sacar ventaja para afianzar su política conquistadora hasta entonces seriamente obstaculizada por la resistencia de Juan Calchaquí. Y como este indomeñable régulo tuviera que pedir la libertad del hermano suyo, Zorita - contra la opinión de la mayoría de sus Capitanes - no solo liberó a la "buena presa" de Mexía con grandes honores, sino que pactó además con su feroz enemigo un tratado de alianza - que el bárbaro supo cumplir mientras su adversario estuvo al frente del Tucumán. Por eso Zorita se jactó en un documento posterior, diciendo; "tube aquellas cibdades al tiempo que a mi cargo fueron, en tanta paz, quietud y justicia, que yba deste rreyno (el Perú) y del de Chile a ellas, y salía dellas a este rreyno un hombre o una mujer solos y seguros, sin correr ningún riesgo". Y ese corto lapso de tregua con el referido cacique fue aprovechado por Zorita para asentar a la ciudad de Córdoba de Calchaquí, por febrero o marzo de 1559; mas o menos en el lugar donde, ocho años antes, Nuñez de Prado - y con él Mexía Mirabal - levantara a Barco II. Del Cabildo de la renovada ciudad calchaquina se lo nombró Regidor a Hernán Mexía Mirabal.
      Poblado el valle Calchaquí, Zorita volvióse a Santiago del Estero, "donde luego que llegó a la ciudad se alzaron los yndios naturales y muchos pueblos, en cantidad de más de seys mill yndios, y se hicieron fuertes en las ciénagas del rrío Salado". Allá acudió el Gobernador en persona con 50 hombres, entre ellos el personaje de esta historia, "el qual le ayudó a la dicha conquista y allanamiento, dando muchas batallas a los dichos naturales, en partes peligrosas, hallándose Hernán Mexía Miraval, como buen soldado, siempre de los delanteros peleando, procurando aventajarse hasta tanto fue herido de heridas peligrosas de yerva" - es decir, con flechas envenenadas.
      Repuesto de los flechazos, el hombre asiste, en agosto de 1560, a la fundación de la ciudad de Cañete - llamada así en honor del 3er Virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. Levantóse Cañete "en un asiento llamado Gualán", y - estampan las probanzas respectivas - "en la dicha población se halló el Capitán Hernán Mexía Miraval, con sus armas y cavallos, a la ayudar a poblar y conquistar a los naturales della". Posteriormente Hernán acompañó a Zorita "en el allanamiento de las provincias de Guatliguala, Holcos y Socotonio, provincias de muchos yndios", y cooperó asimismo en la conquista de "la nación de yndios Lules".
      En 1561 prodújose en "Londres" un intento de insubordinación contra la autoridad de Pérez de Zorita. En la emergencia, este marchó desde Santiago del Estero al frente de un grupo de soldados, a fin de averiguar que maquinaciones se tramaban en el valle de "Quinmivil". Allá era Alcalde ordinario de "Londres" Rodrigo de Aguirre - sobrino de don Francisco, enemigo por tanto de Zorita -, quien, sostenido por unos pocos partidarios, se dispuso a resistir al Gobernador fortificando el rancherío a su cargo, donde había acopiado armas y bastimentos. Comoquiera, Zorita rápidamente desbarató esa revuelta, y con tremenda severidad, sin escuchar los pedidos de clemencia que se le formularon, mandó ahorcar a Rodrigo de Aguirre y al Regidor Baltasar Hernández, condenando "a galeras" a los demás secuaces del motín. Estos rigores extremos provocaron protestas que se conocieron en Chile - "Reyno" del que Tucumán dependía en ese tiempo - y Francisco de Villagra, gobernante de turno a la sazón del otro lado de los Andres, dispuso el relevo de Zorita - hechura del ex Gobernador García de Mendoza -, reemplazándolo en el Tucumán por Gregorio de Castañeda; el cual, tras humillar y apresar a Zorita, lo despachó tras la cordillera.

      Actuación de Mexía Mirabal durante la arbitraria jefatura de Castañeda

      Gregorio de Castañeda asume el gobierno del Tucumán dispuesto a borra las huellas de Zorita, su antecesor. Como resoluciones iniciales sustituye nombres: la provincia de "Nueva Inglaterra" será en adelante "Del Nuevo Extremo"; y el asiento calchaquino de "Córdoba" ha de llamarse "Ciudad Nueva del Espíritu Santo; y "Londres" es convertida en "Ciudad de Villagra"; y "Cañete" en "Ciudad de Orduña". En el valle de Jujuy se concreta la fundación de "Nieva" - ya ordenada por Zorita - denominándosela así en homenaje al 4º Virrey del Perú Diego de Acevedo y Zúñiga, Conde de Nieva. La traza de la efímera población concluyóse el 20-VIII-1561, y al frente del reducto quedó como Teniente de Gobernador el Capitán Pedro de Zárate.
      Dos años mas tarde, a mediados de 1563, "Nieva" debió de ser desmantelada a causa de la rebelión de indios que las probanzas de méritos de Mexía Mirabal dan cuenta en los siguientes párrafos; "Entró el General Gregorio de Castañeda por Teniente de don Francisco de Villagra, Gobernador de Chile", y "por negligencia del dicho Gregorio de Castañeda se alzaron los naturales de las tres ciudades (Londres, Córdoba y Cañete), y las quemaron, y por fuerza de armas echaron a los españoles que bibían en las dichas tres ciudades; en socorro de las quales el dicho Capitán Hernán Mexía fue muy bien adereçado de armas y cavallos y servicios y otros pertrechos de guerra; donde andando peleando con los dichos yndios como buen soldado, fue herido de heridas peligrosas, y estuvo en gran aprieto de perder la vida".
      Refiere el padre Lozano que nuestro guerrero estaba en Córdoba de Calchaquí cuando la cercaron para asaltarla los salvajes, y que "peleando los cristianos con extremo valor, vendiendo caras sus vidas, casi todos perecieron ... Solo seis que arrojados de la desesperación se vinieron con el Maese de Campo Hernando Mejía de Mirabal, y ensangrentando la peligrosísima retirada se abrieron camino por la multitud de los bárbaros, hasta verse libres de su opresión; con cuya heroica diligencia, al amparo de las sombras, que sirvieron a su seguridad, pudieron escapar estas tristes reliquias de la ciudad de Córdoba del Calchaquí, porque los demás perecieron miserablemente".
      "Caminó Hernando Mejía por sendas incógnitas con seis compañeros, encontrando a cada paso nuevos peligros - prosigue Lozano - en los precipicios que ofrecía la derrota nunca hasta allí trillada que seguían, y fue mayor el que padecieron dando en algunos lules hacia el valle de Salta, de cuyas manos al cabo escaparon con felicidad, y llegaron a la nueva ciudad de Nieva tan espantosamente desfigurados, que ninguno los conoció por el semblante, aunque todos eran antiguos amigos y conocidos".
      En la probanza de méritos y servicios del conquistador de esta historia, el testigo Gaspar de Orellana declara que "se alçaron las dichas tres ciudades y (los indios) mataron en ellas algunos españoles"; y entre la gente que se envió a socorrer el valle calchaquí fue "el Capitán Hernán Mexía Mirabal ... y tuvo muchos encuentros y guaçavaras muy peligrosas, de donde estuvo a punto de perder la vida de heridas que le dieron los yndios". Antonio Alvarez, por su parte, testifica que "vino la nueva como se avía alçado Calchaquí y muerto el Capitán Julián Sedeño y otros soldados". El Gobernador Castañeda que estaba en Londres, se dispuso a socorrer a la asediada Córdoba. Para ello ordenó se le reuniera el Capitán Juan Pérez Moreno con 40 hombres. Con estos marcharon de Santiago a Londres el propio Alvarez y Hernán Mexía Mirabal. Desde esta última población, con la gente que pudo movilizar, Castañeda partió al castigo de los rebeldes calchaquíes. Junto a él iba Mexía Mirabal, a quien, en los reencuentros que hovo con los naturales, en unas quebradas fragosas, le dieron dos o tres heridas peligrosas". La probanza referida señala, además, que Castañeda al ver "las dichas tres ciudades despobladas por su mala horden (Córdoba de Calchaquí, Cañete y Londres), y la tierra perdida, y que no quedaba en pié mas ciudad que la de Santiago del Estero", emprendió viaje a Chile, llevando consigo mucha gente, dejando a Santiago del Estero en "gran riesgo y peligro por las desvergüenças y atrevimientos que los yndios tenían, por aver visto las demás ciudades despobladas y muchos españoles muertos". En tan dramáticos momentos, Mexía Mirabal "fue uno de los que quedaron en guarda y amparo de la dicha ciudad ,ayudando siempre ,como buen soldado, a la conquista y sustento de ella".

      Vuelve Aguirre como Gobernador y ordena fundar San Miguel de Tucumán a Diego de Villarroel, quien es secundado por Mexía Mirabal

      El desastre, la destrucción del Tucumán era casi completo cuando las autoridades de Lima nombraron a Francisco de Aguirre Gobernador y Capitán General de ese territorio, que regiría por segunda vez, con encargo de prestar urgente auxilio a los maltrechos pobladores españoles, y aplicarle al enardecido indiaje cerril un escarmiento ejemplar. Por esa fecha (29-VIII-1563) el Rey Felipe II separó definitivamente la provincia de Tucumán de Chile, adscribiéndola, en lo judicial, a la Audiencia de Charcas - que funcionaba desde dos años atrás -, en tanto las supremas cuestiones de gobierno quedaban a cargo del Virrey del Perú.
      Aguirre vino de Chile y sin allegarse a Santiago del Estero fue directamente al valle Calchaquí, "con designio de fundar una ciudad" - según declaró Miguel de Ardiles -; pero "en el dicho valle le desbarataron los naturales y le mataron un hijo llamado Valeriano y otros cinco o seis soldados, lo cual fue causa que se retirase y viniese a esta ciudad (Santiago) donde envió ... por estar la tierra y naturales della muy alborotados y alçados ... por su Capitán a Nicolás Carrizo, el cual corrió y conquistó las provincias de Tucumán, Guatiliguala y Lules ... y en su acompañamiento fue el dicho Capitán Hernán Mexía Miraval, y travajó mucho en la dicha conquista en servicio de su Magestad".
      Seguidamente Aguirre encargó a su sobrino (y ancestral abuelo mío) Diego de Villarroel levantar - en el mismo lugar donde estuvieron Barco I y Cañete - la ciudad de San Miguel de Tucumán. Antonio Alvarez lo vió partir de Santiago con muchos soldados, entre ellos Hernán Mexía Mirabal; "el qual ayudó a poblar dicho lugar con su persona y hazienda, para lo qual gastó mucha suma de pesos oro en armas, cavallos, ganados y otros pertrechos de guerra".
      Fundada San Miguel el 31-V-1565, con la cooperación personal de Mexía Mirabal, éste - opina Levillier - debe haberse luego ausentado a Charcas, ya que no figura en la traicionera jornada contra Aguirre en los Comechingones. Sin embargo, dos años más adelante, nuestro hombre retorna al teatro de sus conquistas. Y lo hace "desde el valle de Talina", acompañando a la expedición de Diego Pacheco; quien había sido nombrado Gobernador interino para el Tucumán, en reemplazo de Aguirre - encausado, a la sazón, inquisitorialmente en Charcas por sus políticos enemigos.
      Era Mexía Mirabal adversario de Francisco de Aguirre. En una información que hizo levantar en el Cuzco, el 17-IX-1571, el Virrey Toledo para averiguar los excesos cometidos por los Gobernadores del Tucumán, Hernán declaró contra Aguirre afirmando que éste "dió por ningunas todas las encomiendas y mercedes que avía fecho Nuñez de Prado, y encomendó la tierra de nuevo a las personas que él quiso"; y que (tanto Aguirre como Pacheco) "cobraron sus salarios o parte dellos ... de los diezmos que se metían en la caxa, al tiempo que no avía Vicario, y después los novenos pertenecientes a Su Magestad"; y que Aguirre "havía encomendado a un hijo suyo y quitado a una menor, hija de Julián Sedeño (la encomienda de Soconcho y Manogasta), sobre que ay pleyto entre la dicha menor y el dicho Francisco de Aguirre". También Zorita "rrebocó lo que Francisco de Aguirre avía fecho y tornó a encomendar la tierra". Asimismo Castañeda "rremovió algunas encomiendas ... y a la sazón se rrevelaron los yndios de aquella tierra y se despoblaron tres ciudades, y el dicho Castañeda se salió de la tierra". En la mencionada información declararon además los testigos Pedro Sánchez de Alcayaga, Antonio de Lezcano y Juan Mexía Mirabal - hermano de Hernán -, quien dijo, entre otras cosas, que Diego Pacheco "rrevocó a Hernán Mexía Mirabal, hermano deste testigo, una encomienda de yndios que tenía por el Capitán Joan Nuñez de Prado".

      Con Diego Pacheco, Mexía Mirabal refunda la ciudad de Nuestra Señora de Talavera en Esteco

      Como dijimos, Hernán Mexía Mirabal retornó al Tucumán desde Talina con Diego Pacheco, "sirviéndole como a Governador del Rey, y ayudando con su persona a todo lo que le fue mandado ... y se halló en su acompañamiento al tiempo que pobló la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, que se pobló en la provincia Desteco". En efecto; Pacheco se dirigió en primer término a Esteco, a la incipiente población de "Cáceres", reducto de los motineros derrocadores de Aguirre. Ahí, dada la importancia estratégica del lugar, el 15-VIII-1567, el referido gobernante interino mantuvo en pié las instalaciones de "Cáceres", aunque refundando el rancherío con el nombre de Nuestra Señora de Talavera - en un doble homenaje a la Asunción de la Virgen y a la villa de Talavera de la Reyna, de donde Pacheco era oriundo. En aquella información protocolarizada en el Cuzco en 1571, Mexía Mirabal, declaró haber acompañado a Pacheco, "que reformó un pueblo de españoles (Cáceres) que se llama Nuestra Señora de Talavera"; y en otras testificaciones recuerda "averse hallado este testigo presente en la dicha poblaçón de Nuestra Señora de Talavera".
      Más tarde mi antepasado desempeñóse como baqueano y protector de dos importantes convoyes que despachó Pacheco al Perú, a cargo de los Capitanes Nicolás Carrizo y Luis Chasco. En dichas oportunidades se "enbió mucho número de haziendas y cavallos cargados de mercaderías, para traer cosas necesarias para el sustento de la governación, como es herraje, plomo, pólvora; y aviendo a la sazón en el camino muchos yndios de guerra, fue necesario salir con la dicha hazienda mucha gente, y el dicho Hernán Mexía salió entranbas veces, donde ofresciéndose muchas guaçavaras con los yndios en el camino, el dicho Hernán Mexía peleó mucho como buen soldado y salió hasta el Pirú".

      Mexía Mirabal opositor de Aguirre y adicto a Jerónimo Luis de Cabrera

      Durante el tan breve como vengativo tercer gobierno de Aguirre, Mexía Mirabal - enemigo notorio de don Francisco - no se hallaba en el Tucumán; permanecía en el Perú hasta que, en 1570, vuelve a los pagos tucumanos (junto con otro antepasado mío, Blas de Peralta y la habitual falange armada) como Capitán de una de "las tres o quatro esquadras" del Gobernador Pedro de Arana, el cual acudía allá, por orden del Virrey Toledo, a prenderlo a Aguirre, tildado de hereje por el Santo Oficio, y remitirlo seguidamente a Lima, donde debía ser procesado por dicho tribunal.
      La probanza de méritos y servicios del héroe de esta monografía, registra "que aviendo segunda vez (fue la tercera) entrado el Governador Francisco de Aguirre y echado de la tierra al Governador Diego Pacheco, el Visorrey del Pirú don Francisco de Toledo enbió a prendelle; a la qual prisión entró Pedro de Arana, y para sacar preso al dicho Francisco de Aguirre mandó al dicho Hernán Mexía saliese en su acompañamiento, y le nombró por Capitán por salir por tierra de guerra, y en el camino el dicho Hernán Mexía peleó mucho con los yndios, e hizo lo que un buen Capitán y soldado devía hazer, y rrecoxió bastimentos para el campo, y salió por Procurador de la Governación". Y uno de los declarantes, Gaspar de Orellana, "vió (en Santiago del Estero) cómo el Capitán Pedro de Arana ... sacó preso al Governador Francisco de Aguirre ... e como en su acompañamiento llevó al Capitán Hernán Mexía Miraval, para guarda del dicho Francisco de Aguirre. E asimismo save este testigo que salió (Mexía) por Procurador de esta ciudad".
      Así tornó Mexía Mirabal al Cuzco, en carácter de Procurador del Cabildo de Santiago del Estero, a fin de solicitarle al Virrey Toledo mercedes para dicho sufrido vecindario. En ese tiempo Toledo dió (20-IX-1571) título de Gobernador del Tucumán a Jerónimo Luis de Cabrera, con provisiones para fundar en esa jurisdicción uno o dos pueblos, y encomendar indios entre los nuevos pobladores. Tres días antes de la data de tales documentos e instrucciones para Cabrera, nuestro Hernán había prestado declaración en la información destinada a probar los excesos cometidos por los sucescivos Gobernadores tucumanos, que anteriormente señalé.
      A fines de 1571, en el Cuzco legendario, Mexía Mirabal tomó contacto con Jerónimo Luis de Cabrera (de este ilustre antepasado trato en el linaje de Cabrera), "el qual entendiendo que el dicho Hernán Mexía tenía parte para ello, le nombró por su Capitán y le enbió delante a la governación a dar aviso, y a otras cosas". En consecuencia Mexía anticipóse al viaje de Cabrera desde Talina para Santiago del Estero, "con doce soldados escogidos de su campo" - entre ellos Tristán de Tejeda, futuro yerno suyo -, y "a causa de los muchos naturales que avía rrevelados en los caminos, aviéndose topado con ellos le fue necesario pelear con ellos para poder pasar, y ansí peleó como buen Capitán, dando orden y aviso a los soldados que consigo llevaba de lo que avían de hazer; siempre en la delantera en las guaçavaras, y por su buen orden y ánimo fue Dios servido de que no los matasen a todos".
      Precisa la probanza de servicios de Tristán de Tejeda que "en el camino, abiendo llegado al Mays Gordo, tubieron una guaçavara con los yndios lules, que abía poco tiempo que abían desbaratado y muerto a Joan Gregorio Vaçan y a su yerno Pedraça (11º y 10º abuelos míos respectivamente, ver el linaje de Bazán), y a otros muchos españoles". "Fue en una cordillera que tenía sinco leguas de subida y otras tantas de bajada, y ser tierra muy agria y peligrosa, donde los enemigos solían aser suerte a los españoles, y era de hordinario llegar al Mays Gordo": solitario paraje en que guerrearon Mirabal y Tejeda y demás componentes de aquella vanguardia de Cabrera, derrotando a los salvajes atacantes, hasta alcanzar salvos el punto de destino.
      Mexía Mirabal, después de anticipar en Santiago del Estero la inminente presentación del nuevo Gobernador, salió enseguida, con refuerzo de soldados, al encuentro de don Jerónimo Luis, con quien entró en la ciudad por julio de 1572. En las 70 leguas de camino recorrido, Mexía - junto con el auxilio de "cavallos e bastimentos que para dicho Governador llebó" - trajo en beneficio de los vecinos santiagueños "mucha cantidad de vituallas y regalos a su costa; mucha comida - vale decir, legumbres y granos comestibles -, gastando para ello parte de su hacienda".
      A poco de haber Cabrera asumido el mando en la sede santiagueña, resultó frustrado un complot contra él, cuyo cabecilla - o cabeza de turco - era un tal "Juan Nuñez de Prado" - homónimo del ex Capitán General -, al que Cabrera hizo ejecutar, aunque algunos de los secuaces del muerto lograron huir rumbo al Perú. Este episodio - desconocido en sus detalles por la historia - es aludido así en la Información de servicios de Mexía Mirabal; "después de aver muerto el Governador, don Gerónimo, a Juan Nuñez de Prado por delitos que avía cometido, de su confisión resultó culpa contra personas que yvan camino del Pirú, y por ser casos tocantes a motines, para que el señor Visorrey tuviese noticia dello, mandó al dicho Capitán Hernán Mexía saliese a la ligera con seis ombres a hazer el dicho efeto, y ansí salió el dicho Capitán Hernán Mexía, e hizo con diligencia y cuidado lo que le fue encargado, y de buelta se topó con muchos yndios de guerra en un paso peligroso, donde peleó con ellos con mucho rriesgo de su vida y de los soldados que consigo llevava, que fueron pocos, y por pelear tan bien el dicho Capitán Hernán Mexía salió con la victoria del dicho peligro, sin que le fuese herido más de un soldado". Blas de Peralta (ascendiente mío), dice que aquel cómplice del insurrecto tocayo de Nuñez de Prado, que se buscaba por "el camino del Pirú", era "Rodrigo Desquivel", a quien Mexía Mirabal "truxo preso a esta ciudad" (Santiago), y que Peralta no sabe la causa porque fue". Lorenzo Rodríguez declara que la detención de Rodrigo de Esquivel se produjo "en el asiento e valle de Jujuy", en el camino de "Purmamarca". Antonio Alvarez testifica que él "fue con el dicho Capitán Hernán Mexía Mirabal caminando de día y de noche hasta alcançar la gente que yva al Pirú, como la alcançaron en el valle de Jujuy, donde prendió a la persona o personas que le heran mandadas, y las entregó al Capitán Nicolás Carrizo que yva con la dicha gente al Pirú". Y distintos testimonios afirman que la jornada de referencia se realizó en medio de "guaçabaras", en las que Mexía Mirabal perdió un caballo ultimado a flechazos, y volvió con uno de sus hombres flechado también.

      Fundación de "Córdoba de la Nueva Andalucía"; trabajos de Mexía Mirabal para sustentar la flamante ciudad; expedición de Cabrera hacia el río Paraná y su encuentro fortuito con Juan de Garay

      Con Jerónimo Luis de Cabrera participa Mexía Mirabal en la fundación de "Córdoba de la Nueva Andalucía", levantada en el país de los comechingones o provincia de "Ansenuza", dentro del valle de "Quisquisacate", a la margen del río "Suquía" - hoy Primero. Cabrera emprendió esa jornada encabezando un escogido grupo de vecinos de Santiago del Estero, Talavera de Esteco y San Miguel de Tucumán - futuros pobladores del nuevo asiento - obedientes al comando inmediato del "Alférez General" Lorenzo Suárez de Figueroa. Y el 6-VII-1573, en aquella poco explorada serranía comechingona, nexo venidero del Tucumán con el Río de la Plata, quedó fijada la primitiva instalación.
      A tal respecto, la reseña de los servicios del personaje central de esta historia expresa; "El Capitán Hernán Mexía Miraval fue en acompañamiento del dicho Governador don Gerónimo a lo ayudar a poblar la ciudad de Córdova, que pobló en los Comechingones, quarenta leguas del Río de la Plata, e ochenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero, para lo qual gastó mucha suma de pesos oro, en armas, cavallos e otros pertrechos de guerra, llevando a su mesa muchos soldados, dándoles de comer. El qual dicho Hernán Mexía fue nombrado por Capitán para la dicha conquista y población y descubrimiento, y ansí ayudó a poblar la dicha ciudad, y fue nombrado por Alcalde de la dicha ciudad"; su primer Alcalde ordinario, juntamente con Blas Rosales; y se le concedió la merced, en el inicial reparto, de una chacra a continuación de las de Tristán de Tejeda y de Juan Pérez Moreno.
      Por entonces - encargado por Cabrera - Mexía Mirabal salió "con gente de guerra, e juntó mucha comida de frisoles, maíz y çapallos para el sustento de la ciudad, todo la cual traxo e metió en la ciudad ... dándose en todo buena maña, sin que le hiriesen ningún soldado ni yndio de servicio. Metió en la dicha cibdad una vez trescientos cavallos con comida, de que la ciudad tomó grande alimento" - subraya la declaración de Blas de Peralta.
      Asentada la población cordobesa, Cabrera se pone en marcha hacia el Río de la Plata. Alcanza las riberas del Paraná, en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda - donde estuvo el fuerte Sancti Spiritu de Gaboto -, y ahí delinea el precario puerto de "San Luis", el 18-IX-1573. El Gobernador avanza luego con su hueste siete leguas mas arriba, y en el lugar llamado "'Omad-coberá" encuentra una multitud de indios timbúes que se proponían atacar a Juan de Garay, quien navegando con sus compañeros paraguayos en un bergantín y dos barcas de vela, bajaba de la Asunción en procura de establecer un puerto fluvial (que sería Santa Fé) conforme a lo ordenado por el Teniente de Gobernador asunceno Martín Suárez de Toledo.
      El Capitán Hernán Mexía Mirabal - cual se lee en su probanza de méritos - "salió en acompañamiento del dicho Governador don Gerónimo, al descubrimiento del Río de la Plata", y "fue el primer onbre que en aquel viaje descubrió el dicho Río de la Plata (exactamente era el Paraná), por mandado del dicho Governador; donde se topó con el Capitán Juan de Garai, que bajaba por el rrio abajo de la ciudad de la Asunción, con gente, a poblar una ciudad (Santa Fé), e por la junta que en tan buena coyuntura se hizo de los dos Governadores, el dicho Juan de Garai no fue desbaratado por los naturales del dicho rrio, por estar cercado dellos, como lo estaba al tiempo que se toparon, en lo cual el dicho Capitán Mexía sirvió e travaxó mucho en servicio de Su Majestad".
      Blas de Peralta agrega interesantes detalles del encuentro imprevisto de Cabrera con Garay, en cuya circunstancia la decisiva actuación de Mexía Mirabal contuvo a "dos mill yndios en tres esquadrones" que cercaban al Lugarteniente de Suárez de Toledo. Y Juan Rodríguez Juárez - "que yba en el dicho viaje por Alferez General" - relata como los salvajes que pretendían aniquilar a Garay, al ver el estandarte de Cabrera, "y tanta gente a cavallo, se espantaron", y entonces "el dicho Capitán Hernán Mexía se señaló, e fue tras ellos a cavallo por las ciénagas, cosa que se espantaron los yndios ... en ver gente de guerra por tierra, e gente por agua tras ellos, donde (Mexía) tomó un cacique de los dichos yndios".
      [3]
    • Exploraciones, descubrimientos, combates y pacificación de aborígenes que llevó a cabo Mexía Mirabal en la región comechingona

      Al mes siguiente de su inesperada entrevista con Garay, Cabrera estaba de nuevo en Córdoba. El 15-X-1573, por escritura pública, fechada en dicha ciudad y extendida ante el Escribano Francisco de Torres, dió poder al Alcalde ordinario y Capitán Hernán Mexía Mirabal, "persona hijo de algo", para que "con gente que yo os diere, baiais y descubrais pueblos de yndios e minas de oro y plata y otros metales, y empadroneis los pueblos y casas e yndios de ellos por las partes donde fuérades", y "hagais el repartimiento y encomienda de yndios en los vezinos desta ciudad"; y "en la dicha jornada ... para mas ensalçamiento de nuestra Santa Fee Católica ... si fuese necesario acometer a alguna gente de yndios de guerra ... sea haciéndoles los requerimientos necesarios, procurando no ofenderlos; y ya que aia rrompimiento, sea con el menos daño y vejación de los dichos yndios ... Y mando a todos los cavalleros, escuderos y demás personas que con vos fueren, os aien y tengan y ovedescan por tal Capitán ... y cumplan y guarden vuestros mandamientos ... y os guarden y hagan guardar todas las gracias, onrras, franquezas, livertades y prerrogativas ... que por rrazón del dicho oficio y cargo deveis gozar y os deben ser guardadas ...".
      También el 31-X-1573, por ante el mismo Escribano Torres, el Gobernador Cabrera le encomendó a Mexía Mirabal llevar a cabo una jornada "al valle de Soto y otras partes; al valle y pueblos de Camnicos Quini", a pacificar a los naturales que estuvieren revelados, y castigarlos si hubieran cometido algún delito; a "visitar el fuerte de Escoba y lo de por allí hasta Toco Toco y valle de Soto"; y a correr 40 leguas, poco más o menos, hacia el sur, "por esta parte de la cordillera segunda, y empadronar todos los pueblos, caciques y casas que se pudieren, tomando noticias y nombres de los que no pudiere ver; poniendo la declaración que hay de río a río, de arroyo a arroyo, y la cercanía que tienen de la sierra dichos pueblos; y poner memoria de sus costumbres, trajes, tocados y vestidos de los yndios, y los metales y ganados que poseen. Resolver y pasar la sierra desta parte hazia la mar del norte, y por la parte mas cómoda que oviese de venir, empadronando los pueblos, caciques e yndios, ríos, arroyos, y disposición de la tierra". Mexía debía acompañarse de gente necesaria para el descubrimiento de minas y vetas, y tomar muestras de metales; y luego bajar al "valle de Calamochita" a empadronar indios en los pueblos de "Linlinchachapa", "Bolbolcharava" y "Nocoylasti". "Si acaso topase con españoles, rrequerirles de parte de Su Majestad que se salgan de la tierra, o se sometan a la jurisdicción de Su Majestad deste govierno".
      A propósito de estos cometidos, la probanza de servicios de Mexía Mirabal dice que Cabrera "le enbió con cinquenta onbres de guerra y trezientos cavallos, a descubrir hazia la noticia de César". (Esta averiguación habría de hacerla Mexía sobrepasando el valle de Soto, "como 40 leguas poco más o menos hacia el sur, por esta parte de la cordillera segunda"; o sea la Sierra Grande y de Achala, en el valle comechingón de "Salsacate", al sur del monte Champaquí, más allá de "Calamochita", donde se esperaba encontrar vestigios de la región o ciudad fantástica de los Césares). A la conquista de esas distancias ignotas marchó mi antepasado capitaneando su gente, "y descubrió mucha tierra e naturales, y los empadronó para que fuese hecho el rrepartimiento en los españoles ... en todo lo qual sirvió mucho a Su Magestad, como tal Capitán, en lo qual gastó mucha suma de pesos oro en armas e cavallos y herraje y otros pertrechos de guerra, y en carretas do llevó mucha comida y bastimento de vizcocho, miel y tocinos y ganados, en todo lo qual que le fue encargado dió muy buena quenta (menos, claro está, en develar el misterio de la ciudad de los Césares), sin que le matasen ni hiriesen ningún español".
      No bien Mexía Mirabal "bolbió a su casa e vecindad" de Santiago del Estero "concluída la jornada por tierras comechingonas", el Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera le confió a su mujer Luisa Martel de los Ríos, a fin de que nuestro Capitán la llevara desde Santiago a la flamante ciudad de Córdoba. Superado el trayecto de cerca de 80 leguas que separa a ambas localidades, Mexía depositó sana y salva a doña Luisa en brazos de su marido; pero como por el territorio cordobés "algunos naturales andavan rebelados y matavan muchos yanaconas y cavallos", el Gobernador, sin darle tregua a Hernán, "le encargó el castigo de la dicha desvergüenza". Por consiguiente, hacia allá se moviliza mi antepasado una vez más, e incansable, "con gente de guerra fue en seguimiento de la gente que hazía daño, e dió en algunos pueblos rebelados, e con buena yndustria los tomó e castigó por los dichos delitos".

      Durante el gobierno de Abreu

      La entrada de Gonzalo de Abreu y Figueroa como Gobernador del Tucumán en 1574, y la ejecución de Cabrera ordenada por aquel, en manera alguna comprometieron el importante rango que Mexía Mirabal ocupaba dentro de la provincia de los juríes y diaguitas. En 1575 nuestro hombre ejerce el cargo, en cierto modo sedentario, de Regidor en el Cabildo santiagueño; mas las exploraciones, refriegas y conquistas no tardan en reclamar de nuevo el concurso de su experiencia. El 3-VII-1576, en Santiago del Estero, el Gobernador Abreu, mediante documento refrendado por el Escribano Luis Pinelo, manda a Hernán Mexía Mirabal "a buscar el metal de hierro de que se tiene noticia delante del Río Salado ... y a descubrir caminos y aguadas para el beneficio del hierro"; por lo que "confiando de vos Hernán Mexía Mirabal ... con las personas y soldados que para el dicho efeto vos están señalados, vays, ynquirays y sepais la parte donde se cría el dicho metal de hierro, y en cavallos o yndios procureis de traer y traigais todo el yerro que se pudiese". Y tres meses mas tarde (25-X-1576), Abreu, porque en los términos de Santiago "andan muchos yndios salteadores robando y matando a los naturales de esta jurisdicción, y comiendo muchas yeguas y cavallos y otros ganados de los vezinos de esta ciudad", ordenábale también al Capitán Mexía Mirabal fuera en busca de los "malhechores ... y hagais los castigos exemplares que os pareciere ser necesarios, condenando a los culpables en pena de muerte y dexarretándolos, cortándoles narizes, pies, manos, dedos y las demás penas que os pareciere. Otro sí, vos mando que ynquirais y sepais que yndios o yndias usan hechizerías y otras abusiones y superstiziones, teniendo para ello pacto con el demonio ... y castigad los que en ello halláredes culpados".
      De tal suerte, en la busca de aquel metal de hierro y en el escarmiento de los aborígenes dañinos y contumaces, Mexía Mirabal, con ocho soldados, "topó una nación de yndios chiriguanes que comían carne humana, o matavan a los yndios que servían a los españoles". A algunos los "mató peleando en guerra", y prendió a "la mayor parte dellos. Los desbarató -- expresa el testigo Jusepe de Carmona -- "e traxo a esta cibdad mucha parte dellos ... y en el despojo que se les hizo, se les tomó muchos pellejos de yndios, huesos y calaveras de yndios con sus cavellos, que parescía avían muerto para los comer, como lo tenían de costumbre; por cuyo respeto y castigo, que en ellos se hizo, se han dado muchos dellos a la paz e sirben oy día. E siguiendo el dicho viaje (Mexía Mirabal rumbo a Norte) descubrió (vaya uno a saber sino en Zapla) "un peñol de hierro, sobre la tierra, muy grande, de que a la redonda dél se cojió algunos pedaços del dicho hierro, que este testigo (Carmona) como herrero que es, lo labró ... y vió que era muy buen hierro, y se labró bien, de que se hizieron algunas cosas dél, como tornillos, alacranes e clavos de herrar".

      La jornada por los valles norteños

      A fines de 1576 Abreu convocó a "junta de gente de las ciudades destas provincias" para realizar una intensa batida por los valles de Salta, Jujuy y Calchaquí, y en algunos de ellos levantar población, conforme a las órdenes que de tiempo atrás venía reiterando el Virrey Toledo a los Gobernadores del Tucumán. (San Francisco de Alava, erigida en el valle de Jujuy por Pedro de Zárate, acababa de ser arrasada por los salvajes, quedando en consecuencia desguarnecida la gobernación en su límite septentrional).
      Puesta en movimiento la tropa de Abreu en San Miguel de Tucumán, el 25-I-1577, bien pronto desertaron varios Capitanes y soldados, "y todos los yndios amigos y flecheros". Unos marcharon al Perú, y otros se volvieron a Santiago del Estero, disconformes con la conducción del jefe. Entonces, desde "la Dormida de la Quebrada, a siete leguas de la ciudad de San Miguel, el 2 de febrero, el Gobernador otorgó, ante Luis Pinelo, una providencia donde mandaba a Hernán Mexía Mirabal -- que había regresado del Norte -- se apersonara a los Capitanes Juan Pérez Moreno, Santos Blasquez, Alonso Abad, Garcí Sánchez, Lorenzo Maldonado y demás prófugos" a quienes "perdono la culpa y cargo de haverse huído de su rreal servicio" -- y los trajera de nuevo a engrosar las filas de la expedición con toda la gente que pudiera juntar en Santiago del Estero; y que los nombrados Capitanes vuelvan con 30 indios de sus encomiendas, a fin de prestar ayuda en la dicha jornada calchaquina por espacio de dos meses, cumplidos los cuales remudaríanse los indios.
      Abreu, entretanto, siguió su camino hacia el Valle Calchaquí, donde pobló el primer "San Clemente de la Nueva Sevilla" -- en los alrededores de Cafayate y San Carlos, como sucedáneo de Barco II y de la Córdoba calchaquina; mas como en una "guaçavara" que le causaron los diaguitas sufriera la pérdida de 21 hombres y fuera rodeado por los enemigos, reclamó urgentemente el auxilio de Hernán Mexía Mirabal.
      Este Capitán -- a pesar de estar a 45 leguas de distancia -- partió con algunos soldados armados a su costa en apoyo del Gobernador. La probanza tan a menudo citada de sus servicios dice; "quel Governador ... estando en el valle de calchaquí, poblada una ciudad ... le mataron en una guaçavara veynte y un onbres, e le cercaron, teniendo en su compañía muy poca gente, y le pusieron en mucho aprieto; y por verse en tanto rriesgo ... enbió a llamar al Capitán Hernán Mexía Miraval, que a la sazón hera Alcalde de la ciudad de Santiago del Estero, para que le socorriese con jente. Y ansí le socorrió con mucha presteza, y fue al dicho valle de Calchaquí, llevando consigo veynte soldados (algunos vecinos y soldados no quisieron yr al dicho socorro, acota el testigo Blas Ponce). Y Mexía Mirabal liberó del asedio a Abreu y los suyos, "lo cual fue parte para que el dicho Governador y demás gente escapase y no peresciese y se perdiese la governación, la cual se perdiera si al dicho Governador mataran".
      Abreu apenas tuvo tiempo de desmantelar el insostenible reducto de "San Clemente" en la región calchaquí. Se corrió enseguida al valle de Salta, donde alzó su segunda "San Clemente de la Nueva Castilla". (En el lugar de Peñaflor, Pulares, actual departamento de Chicoana, cerca de la boca de la Quebrada de Escoipe?como lo ha demostrado Atilio Cornejo). Ahí Mexía "descubrió mucho mantenimiento de maíz y algarrova para el sustento de la dicha ciudad, lo que se recojió e metió en ella después de poblada; y luego el dicho Governador envió al dicho Capitán Hernán Mexía a la governación para que se enbiase mas socorro de gente y ganados, que no los tenía, y así fue con quatro onbres, e le enbió el dicho socorro de la gente que pudo, y fue poca por haverse huído de la governación muchos vecinos y soldados para el Pirú".
      Esa segunda "San Clemente" en el valle de Salta, resultó abandonada poco después, a causa de la hostilidad de los terrícolas. Abreu volvió a establecerla en el mismo valle por tercera vez, pero "se le huyeron muchos españoles por huir del travajo y riesgo, y se fueron al Pirú, dexándolo en mucha nescesidad". Y la tercera "San Clemente" desvanecióse como las otras dos.
      Antes de alejarse de aquellos contornos inclementes, Abreu fue cercado por muchos salvajes y, como de costumbre, recurrió a Mexía Mirabal, quien con una veintena de hombres pagados por él, "con mucha presteza", salió de Santiago a cumplir aquel socorro. Empero, "después de aver salido ... le alcançó nuevo mandato de dicho Governador, que le mandava se bolbiese, por venir (Abreu) ya despoblado y desbaratado". Y el 31-I-1578, de paso por la ciudad de Nuestra Señora de Talavera (Esteco), ese maltrecho jerarca, ante el Escribano Miguel Moreno, nombró a Hernán Mexía Mirabal Lugarteniente de Gobernador, Capitán y Justicia Mayor" de la tucumánica región, "confiando en vos", porque "soys persona zelosa del servicio de Dios Nuestro Señor y muy servidor de Su Majestad". Y en el desempeño del importante cargo, el varón que me ocupa -- según se lee en su probanza -- "sirvió mucho a Dios y a Su Majestad, limpiando la rrepública de algunos pecados públicos".

      El conflicto entre Abreu y Garay

      En 1578 prodújose la histórica incidencia entre el Gobernador tucumano Gonzalo de Abreu y Juan de Garay, Lugarteniente rioplatense de Torres de Vera y Aragón. Sucedió que un año atrás?a raíz de la muerte del Adelantado Juan Ortiz de Zárate, ocurrida en la Asunción el 23-I-1576 --, Garay había partido de la ciudad paraguaya con destino a Charcas, dispuesto a cumplir una de las disposiciones del testamento del Adelantado difunto, que le encargaba entrevistarse allá con su hija y única heredera; Doña Juana Ortiz de Zárate.
      Con el propósito de llevar a efecto la voluntad del causante, Garay emprendió la marcha hacia el Alto Perú, en compañía de mi antepasado el Capitán Pedro de la Puente Hurtado (ver el linaje de Hurtado de Mendoza) y una escolta de 30 hombres. Mas como para llegar a Charcas érale forzoso hacerlo a través del espacio tucumano, y el Gobernador Abreu le impidiera el avance, el viajero hubo de retirarse a Santa Fé. Posteriormente, mientras Abreu se hallaba ocupado en combates y fracasadas fundaciones por los valles calchaquíes y salteños, pudo Garay seguir adelante, aunque incorporándose con su gente a la expedición del Gobernador tucumano, del cual por fin se desprendió, para arribar sin dificultad a la ciudad de Charcas.
      Allí Garay se estuvo un año, retenido por las intrigas que surgieron en torno del casamiento de la opulenta heredera del Adelantado rioplatense; Juanita Ortiz de Zárate; hasta que ella tomó por marido al Licenciado Juan Torres de Vera y Aragón; circunstancia que determinó, en 1578, el regreso de Garay, como Lugarteniente del flamante Adelantado consorte, a la jurisdicción del Río de la Plata; o sea que, nuevamente, vióse obligado a internarse por los dominios del receloso Abreu.
      Es el caso que Garay entró al Tucumán, y dejando atrás la Quebrada de Humahuaca y el valle de Salta, detúvose en Esteco, en la ciudad de Nuestra Señora de Talavera. Parece que el futuro fundador de Buenos Aires abrigaba la intención de transitar por territorio tucumano sin permiso de nadie, "e irse por caminos esquisitos". Por lo menos Abreu, que estaba en Santiago del Estero, lo creyó así; y "quiso salir con mucha gente de guerra al camino y prendelle; de donde?cual lo expresa la probanza tantas veces citada?no podían dexar de redundar muertes y escándalos". Entonces el Teniente de Gobernador Hernán Mexía Mirabal "procuró aplacalle, y ansí rogó al dicho Gonçalo de Abreu no hiziese aquel camino; que el?Mexía?se atrevía a confederallos y traer al dicho Juan de Garay por la ciudad, y que pasase con su voluntad y fuesen amigos".
      Abreu consintió en ello; y el 2-VI-1578, ante el Escribano santiagueño Francisco de Torres, otorgó el siguiente poder que, en lo pertinente, dice: Que "por quanto conviene a la quietud y sosiego destas provincias que el Capitán Juan de Garay, que dizen biene acompañado de alguna gente y quiere pasar a la governación del Paraguay y Río de la Plata, su pasaje sea por esta ciudad (Santiago del Estero) e por el camino rreal que es por la ciudad de Córdoba, y de allí a la de Santa Fé ... porque por otra parte, por do dizen quiere yr, es mucho el ynconveniente que ay para dexar yr, que es parte que los naturales, los más de ellos, están mal asentados ...; por estar enfermo Su Señoría (Abreu) y no poder yr al presente a verse con el dicho Capitán Juan de Garay ... lo cometo a Hernán Mexía Miraval, mi Lugarteniente ... que baia a la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, o a la parte o partes a do topase al dicho Capitán Juan de Garay ... y le rrequiera, y si fuera necesario le mando, que se benga con la gente que con él trae a esta ciudad (Santiago), para que de ella siga su jornada para la dicha governación del Paraguay, donde dizen ba; por el camino rreal ... y no por el rrio Salado abaxo por do dizen quiere yr".
      Ni que decir que Mexía Mirabal se encaminó "a la ligera" en busca de Garay "con solo un compañero". El encuentro de los dos Capitanes fue en Talavera, donde el segundo?cual depuso el testigo Lorenzo Rodríguez -- se hallaba "descansando", y "traya el propósito y disinio ... de pasar de largo por el rrio Salado abaxo, sin llegar donde estava el dicho Governador Gonçalo de Abreu".
      Así las cosas, Mexía Mirabal "estuvo algunos días apaciguando a Juan de Garay, questava (recuerda Gaspar de Orellana) determinado de pasar de largo por la dicha governación a la del Paraguay, sin se ver con el Governador Gonçalo de Abreu"; quien (según el mismo testigo) había resuelto "prendelle, para lo qual tenía espías de españoles e indios puestos por los caminos y pasos donde avía de pasar el dicho Joan de Garay". Finalmente, "por sus buenos medios", Mexía llevó al vizcaíno a Santiago del Estero, y ahí lo puso en contacto con su jefe sevillano, "y los hizo amigos a él y al dicho Juan de Garay, e pasó mucha conformidad, paz y amistad, dándosele todo aviamiento para su viaje".
      Zanjado el conflicto expuesto, Garay siguió por el camino real hasta cierta distancia, "sin perjuicio de luego cortar campo donde le plugo"?escribe Groussac --; que se permite tratar al férreo, incansable y abnegado Mexía Mirabal con sarcástica suficiencia; lo califica de "emoliente", de "aplacador profesional, cuya blanda facundia y don de gentes parece que producían realmente, sobre aquellas almas bravías de conquistadores, el efecto del aceite sobre las olas". Y por ahí el erudito bibliotecario de la calle Méjico se muestra benevolente?aunque siempre desdeñoso?con el peleador de "guaçavaras" sin cuento, y acota que "entre inevitables andaluzadas", las probanzas de éste "dejan la impresión de un hombre honrado, cuyo carácter conciliador y acomodaticio le permitió servir con igual celo y provecho a esos Gobernadores de presa y rapiña, que se devoraban los unos a los otros". ¿Acaso la despectiva "facundia" del polígrafo francés alude con el término "andaluzadas" a las proezas españolas de la conquista americana; a los sacrificios y fatigas soportadas por Mexía Mirabal, Capitán fundador de diez ciudades en territorio tucumano; al trasmonte de los Andes, de ida y vuelta, realizado heroicamente sin la menor jactancia por el andaluz, para traer un sacerdote e introducir las primeras semillas de trigo, cebada, algodón y árboles frutales en el norte argentino?

      Mexía Mirabal salva a San Miguel de Tucumán. Su posterior actuación como Lugarteniente General de la provincia

      El 28-X-1578, encubiertos por las sombras de la noche, los "yndios de nación diaguita e los colcos de nación juríes", al mando del cacique Gualán, cayeron sorpresivamente sobre la ciudad de San Miguel de Tucumán e incendiaron sus casas y el monasterio de San Francisco. Los vecinos y demás gentes quedaron "arrinconados y en mucho aprieto" y varios resultaron los "españoles, mugeres e niños muertos". El Teniente Gobernador de la ciudad, Gaspar de Medina, se comportó como valiente, matando?según Lozano?al cacique Gualán; pero quedó "mal herido", con solo 18 hombres de armas; ya que a los otros se los había llevado Abreu para la expedición que pensaba emprender hacia los Césares. San Miguel, rodeada por una multitud de aborígenes enardecidos, corría peligro de desaparecer arrasada por estos.
      En tan crítica circunstancia, Medina le manda aviso de lo que estaba ocurriendo al Teniente de Gobernador de Santiago del Estero Mexía Mirabal, y le pide con desesperación ayuda, a fin de evitar una catástrofe irreparable. Mexía entonces, "dentro de una ora, apercibió treynta onbres, y él en persona salió luego con mucha presteza, por ver si podía socorrer alguna gente de la que pudiera aver escapado; y en un día e noche (34 horas) se puso en la dicha ciudad de San Miguel de Tucumán, que es más de veynte y cinco leguas de camino".
      Como nuestro Capitán venía muy "armado y bien adereçado", deshizo el cerco de los salvajes, y al penetrar en la población con sus guerreros, la encontró "quemada y los españoles en mucho travajo"; pero "todos le recibieron con mucho contento y fueron amparados en sus haziendas, mujeres y hijos". Mas como "los indios alborotadores que avían hecho el daño, andavan en lo llano, luego, al otro día, salió el dicho Capitán Hernán Mexía a correr la tierra e atemorizallos; y dexando algún socorro de gente en la ciudad, se bolbió a Santiago del Estero, donde avía salido". Así la resolución y el coraje de mi troncal consanguíneo salvó aquella vez a San Miguel de Tucumán, cuyo pueblo, poco después, "quedó reedificado y la gente dél quieta".
      A todo esto, según se dijo, Abreu preparaba su quimérica incursión a la ciudad de los Césares o comarca de Trapalanda. A tal fin, el 5-III-1579, en Santiago del Estero, ante Lorenzo Rodríguez, otorgó la siguiente escritura, en la que expresaba; "Por cuanto me está mandado que bea y descubra esta noticia que llaman Trapalanda, que es de la parte de Córdoba, a las espaldas de Chile, desta parte de la cordillera ... para que se descubran e pueblen de españoles semejantes tierras ... y la suma de naturales que en ellas ay bengan al conocimiento de nuestra santa fee católica ...; faculto y nombro ... por Capitán a Hernán Mexía Mirabal, ... persona hijodalgo ... en quien concurren las calidades que para lo suso dicho se rrequieren ... para que en las provincias del Pirú podais hazer la gente que pudierades y con vos se juntare, y con ella entrareis en estas provincias para darme socorro y ayuda".
      Con posterioridad (8-V-1579), en el pueblo de Chiquiligasta, Abreu, también ante Lorenzo Rodríguez, comisionaba por escrito a Hernán Mexía Mirabal para que prendiera a algunas personas huídas de Santiago del Estero hacia Talavera "sin mi licencia y mandado, haviendo rrescevido socorro para yr conmigo" (a los Césares). "Los desertores ban con propósito e yntento de hazer algunos daños y agravios por esos pueblos de naturales, e yrse huiendo a las provincias del Pirú. Y porque conviene que los susodichos no bayan a parte alguna sin mi licencia ... doy poder y comisión a vos, el Capitán Hernán Mexía ... para que vayais a la ciudad de Talavera y sus términos ... y podais prender los cuerpos a todas aquellas personas que han salido de esta ciudad de Santiago del Estero ... así españoles como mestizos y otros soldados e vecinos ... y traellos presos ante mí".
      Un mes atrás (9-IV), en otro documento ante el mismo Notario, Abreu, desde el lugar de "Quarto Rico, una legua más arriba de Socosoco", había designado a Juan Pérez Moreno, Capitán, Justicia Mayor y Teniente de Gobernador de Santiago del Estero, en reemplazo y "por ausencia de Hernán Mexía Miraval que fue y es ydo a las provincias del Pirú" (a Charcas, sin duda), a negociar "cosas que le convinieron, assí a él como a esta governación".
      Y cuatro meses después (29-VIII), en Santiago del Estero, ante Pedro González Tobo, renombraba Abreu a mi antepasado Lugarteniente General y Justicia Mayor, no solo de la ciudad santiagueña, sino para que "pueda traer y llevar y tener bara alta en todos los demás pueblos de esta governación, ansí de San Miguel de Tucumán, como en Nuestra Señora de Talavera y Nueva Córdoba". En consecuencia, ese propio día "savado", el Cabildo de Santiago?integrado por los Alcaldes Juan Pérez Moreno y Hernán López Palomino, los Regidores Andrés de Valenzuela y Sebastián Pérez Chamorro, el Tesorero y Contador Hernán Mexía de Villalobos, y el Escribano Francisco de Torres --, recibió a Mexía Mirabal "por Teniente General de las quatro ciudades pobladas de esta governación". Y el 3 de septiembre, en Nuestra Señora de Talavera, "en la calle real y en la encrucijada de la cassa del Señor San Francisco, públicamente, delante de muchos vezinos y estantes, mucha parte dellos juntos, se apregonó la provisión (del nombramiento de Mexía) por don Juan, yndio pregonero, siendo testigos el Capitán Francisco Valdenebro y Gaspar de Orellana y Lorenzo Rodríguez, ante el Escribano Juan del Sueldo". Esto lo hizo constar, cuatro días mas tarde, en el libro capitular, el Notario Diego de León.
      Aquella misión que se le encomendara de reclutar soldados en el Perú para la jornada a Trapalanda o los Césares, no pudo llevarla a cabo nuestro indispensable personaje, debido a un conflicto producido en Talavera, que ahí requirió su presencia, en carácter de Teniente General de la provincia. En dicha ciudad Bartolomé Valero había sido nombrado Teniente por Abreu, y los miembros del Cabildo lugareño "no lo quisieron recibir al cargo ... y se huyeron la mayor parte de ellos ... desamparando la ciudad y se fueron al Pirú". Ante tamaño desbarajuste, Abreu decide reemplazar a Valero por Lorenzo Rodríguez; pero, los Regidores talaveranos tampoco obedecieron "los mandamientos del dicho Governador, diciendo palabras de desvergüenza". No dispuesto a soportar el desacato, Abreu, furioso, se dispone a trasladarse a Esteco a castigar por si mismo a los culpables. Pero Mexía Mirabal lo persuade que delege tal cuestión en su Teniente General. Por tanto éste acude al lugar del alboroto, y encuentra a los renuentes capitulares encerrados "en el monasterio del señor San Francisco, recogidos con sus armas y cavallos". Sin alterarse por ello, el recién venido parlamenta con los rebeldes, "y les hizo rescibiesen sin pesadumbre a dicho Lorenzo Rodríguez por Teniente; y obedescieron los mandamientos de su Governador en todo". El hábil mediador, de yapa, le perdonó al Cabildo contumaz "el salario (multa) que llevaba señalado para hazer el castigo de la dicha desvergüenza"; vale decir que Mexía?según declaración del testigo Pedro Sotelo de Narváez?"todo lo hizo a su costa, con todo amor y sin rigor ni mal tratamiento".

      Llegada de Lerma. Martirio y muerte de Abreu

      A mediados de 1580, apareció en Tucumán en son de guerra el nuevo Gobernador Hernando de Lerma. Como primera medida despachó una comisión armada a Santiago del Estero con encargo de prender a su antecesor, pues sospechaba que éste iba a resistirse y, de paso, vengar cierta habladuría de Abreu referente a los abuelos del llegado, que parece eran judíos testificados por la Inquisición. Según Lerma, Abreu "estava muy ynquieto y desasosegado e prevenido de muchas armas, cotas y arcabuzes, e pólvora e municiones, y mucha cantidad de cavallos, y a tenido de hordinario muchos espías en los pasos y caminos desta governación, para saver y tener aviso si venía a ella nuevo Governador".
      Empero, pese a todo, completamente de sorpresa cayeron a la casa del buscado mandatario los agentes de Lerma; el hermano de éste, Maese de Campo Antonio de Mirabal (sin parentesco ninguno con nuestro Hernán) y Francisco Benavente, Antonio de Robles, Manuel Rodríguez Guerrero, Juan Muñoz y Lope de Quevedo. Abreu encontrábase solo, "sentado en la sala, acabado de comer, con una capa colorada puesta, sin armas ni guardia, escarbándose los dientes con un palillo". Ante la presencia de aquellos inopinados visitantes quedó "muy demudado". El Maese de Campo Lerma le abordó "con buenas palabras", asegurando que su jefe lo mandaba "a que le bese las manos", que venía a servirle y que su persona sería "muy bien tratada y onrrada".
      "Estando en estas pláticas", acuden al lugar Hernán Mexía Mirabal, su yerno Tristán de Tejeda, Juan Sánchez, el clérigo Pedro García, el cirujano Andrés de Arteaga y otros vecinos. Mexía Mirabal sin más ni más, algo de dice a Abreu al oído y luego exclama en alta voz; "que es lo que vuestra señoría manda se haga agora!". Tras la actitud de su Capitán Abreu "cobró bríos", y sacando una daga se abalanzó contra el Lugarteniente de Lerma y "le tiró dos o tres puñaladas", pero el agredido le "abraçó porque no le ofendiese, y le asió del brazo la daga", hasta desarmarlo con ayuda de sus soldados. Mexía Mirabal, por su parte, blandiendo la espada afirmaba desafiante; -- "el señor Gonzalo de Abreu es Governador y no otro", mientras exigía al secuaz de Lerma la exhibición de "los papeles que traía". Este, a su vez, daba gritos reclamando que los vecinos "se juntasen a Cavildo, porque el Governador de Su Magestad entrava en la ciudad y estava en la plaça".
      Armado el batifondo, Juan Muñoz disparó un tiro de arcabuz, cuyo estrépito provocó la irrupción espectacular de Lerma "pistolete" en mano, en tanto Abreu y los suyos eran reducidos por los atacantes. Después, acusado de revoltoso, traidor y criminal, al Gobernador vencido cargáronle dos pares de grillos, y le dieron por cárcel el inmundo chiquero de la casa del "cabrero", ex partidario de Cabrera, Juan Pérez Moreno.
      Al cabo de diez meses de encierro en tal porqueriza, "comido de piojos, niguas e chinches, debilitado de tanto travajo", Lerma ordenó aplicarle tormentos al preso; "garrucha con treze arrobas y libras de plomo a los pies", y un retorcimiento de las ligaduras que le "hizo harina las muñecas e rompió las venas en el cuerpo, e desencajó todos los miembros". Al quinto día de sufrir tales horrores, a la víctima "le dió una desaforada e nunca vista calentura con grandes vascas e desasosiego". Al borde de la muerte, pidió el reo confesión, pero a esto se opuso Lerma, "rrespondiendo que mentía, que lo hacía de vellaco, que lo llevase el diablo, que era un perro traydor!". Y así, oyendo "palabras feas y atroces", se fue de la vida en esa hedionda pocilga Gonzalo de Abreu y Figueroa Ponce de León, caballero hijodalgo sevillano, ex Gobernador del Tucumán, antaño matador injusto de mi antepasado Jerónimo Luis de Cabrera.

      Mexía Mirabal es perseguido y desterrado a Charcas. Allá manda diligenciar sus probanzas de méritos y servicios

      Mexía le guardó lealtad hasta el fin a Gonzalo de Abreu. Entre los cargos mandados acumular por Lerma en el juicio de residencia del Gobernador depuesto, uno le acusaba "de averse mostrado parcial y mas favorable a Hernán Mexía Mirabal", en cierto pleito que mi antepasado le seguía "por delito grave y atroz" a Bartolomé Sandoval. En otra oportunidad, sin embargo, Abreu no procedió con mucho miramiento con Hernán; "por causa liviana mandó echarlo de cabeza en el cepo, que estubo por ahogarse de apretado y aflixido, diciéndole de perro mulato y otras palabras feas ynjuriosas". Empero Lerma nunca perdonó a Mexía el haberlo defendido espada en mano a Abreu. Lo tachó de cómplice de éste y de Blas Ponce, que se habrían apoderado de la "tercia parte de los diezmos de la santa Iglesia"; y aunque no parece fuera condenado por el presunto hurto, mi remoto abuelo fue obligado a alejarse del Tucumán. Así pues, refugióse en La Plata (Charcas), donde estuvo desde 1580 a 1586.
      Allá en La Plata, el 29-XI-1583, intervino como testigo en la probanza de méritos de Juan Pérez de Zorita, levantada ante esa Audiencia, donde declaró que conocía al interesado desde hacía "veynte y siete años, poco más o menos" (1563) y que le vió poblar las ciudades de "Londres, en los diaguitas, Córdoba, en el valle calchaquí, y Cañete, en el asiento de Gualán que dizen Tucumán", y dijo el deponente "ser de hedad de cinquenta y dos años". También aprovechó el desterrado su presencia en Charcas para solicitar se mandara levantar en Santiago del Estero (1583-1584) la información de sus servicios hechos en el descubrimiento, conquista y población de la provincia del Tucumán, desde su entrada en 1550 con Juan Nuñez de Prado. Y al año siguiente nuestro personaje promovió una segunda testificación de esos servicios. El documento dirigido al Rey, está fechado en La Plata el 15-II-1585, y comienza así:
      "Muy poderoso señor; el Capitán Hernán Mexía Miraval, vezino de la ciudad de Santiago del Estero de las provincias del Tucumán, digo que a más tiempo de quarenta años que pasé de los reinos despaña a estos rreynos, y en ellos me he ocupado de vuestro rreal servicio, y los treinta y seis dellos me e ocupado en las provincias del Tucumán, en poblazones, descubrimientos y conquistas; y me allé en ayudar a poblar la ciudad del Barco, que pobló vuestro general Juan Nuñez de Prado. Me allé en poblar la ciudad de Santiago del Estero, al tiempo que la pobló vuestro gobernador Francisco de Aguirre; y ansimismo me allé en ayudar a poblar las ciudades de Córdoba en Calchaquí, y de Quinmivil en los diaguitas (Londres), y de Cañete en Gualán de las provincias de Tucumán, y prendí al cacique Chumbicha, hermano de Calchaquí, por cuio rrespeto luego sirvió toda la tierra; las quales dichas tres ciudades pobló vuestro gobernador Juan Pérez de Çorita. Ansimismo me allé en ayudar a poblar la ciudad que llaman San Miguel de Tucumán, quando la pobló el Capitán Villarroel por mandado del gobernador Francisco de Aguirre, y me allé en ayudar a poblar la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, al tiempo que la pobló el gobernador Diego Pacheco. Ansimismo me allé con el gobernador don Gerónimo Luis de Cabrera en ayudar a poblar la ciudad de Córdoba, en los comechingones, y fuí el primer Alcalde que en ella se nombró; y fuí de los primeros Capitanes que el dicho don Gerónimo envió a descubrir el Río de la Plata ... He ayudado a conquistar todos los yndios naturales de la dicha governación (del Tucumán), allándome a todo ello personalmente ... con mis armas y caballos y muchos criados, en todo lo cual he gastado mucha suma de pesos de oro, de donde muchas veces he salido herido de heridas peligrosas. Ansimismo en dicha governación he usado oficio de Capitán, Alcalde y Teniente de Gobernador General. Soy casado en la dicha governación, tengo mujer y hijos y nietos, y he sustentado y sustento mi casa honrrosamente, dando de comer a muchos soldados, que aunque los gobernadores que han tenido la tierra a su cargo me an dado de comer, no ha sido tan cumplidamente como por mis servicios meresco, antes se me an quitado muchos yndios y pueblos de mi encomienda, para rreformación de la ciudad de Talavera; todos los quales dichos servicios he hecho a mi costa y minsión, sin haver sido ayudado de ningún Capitán ni haver deservido un tan solo punto".
      Por otra parte el Cabildo de "Córdoba de la Nueva Andalucía", les otorgó poder, el 7-VIII-1585, a Mexía Mirabal y a Pedro Sotelo de Narváes, para que ambos lo representaran en La Plata, ante la Audiencia, a fin de "pedir e poner cualesquiera demanda, civil o criminalmente ... contra el Gobernador Licenciado Hernando de Lerma, sobre los agravios que ha hecho a los vecinos desta ciudad". Firmaban el mandato los Alcaldes Baltasar Gallegos y Tristán de Tejeda, y los Regidores Blas de Peralta y Juan López Reyna, ante el Escribano capitular Juan Nieto.
      Meses atrás (27-II-1585) allí en La Plata, Hernán Mexía Mirabal compareció como testigo en la probanza de méritos y servicios del conquistador Nicolás de Garnica, a quien el declarante dijo conocer "de treinta y dos años, poco más o menos, a esta parte" (desde 1553, en que Garnica vino de Chile al Tucumán con Francisco de Aguirre), y Mexía "dixo ser de hedad de cinquenta y cuatro años".
      Por fin, eliminado Lerma de la escena tucumana ( ), nuestro Capitán vuelve a Santiago del Estero como Maestre de Campo del Gobernador Ramírez de Velasco.

      Ultimas empresas guerreras, y gestiones, como apoderado de los Cabildos tucumanos, ante el gobierno del Rey en España, donde Mexía Mirabal dejó de existir

      Ramírez de Velasco, "desde el asiento y dormida de Calaboyo", en su tránsito para su gobernación, le encomendó a mi antepasado (2-V-1586) realizar una batida por los lugares donde "ay tierra de yndios de guerra que ... salen a los caminos a rrobar a los pasajeros y hazer maleficios". Y Mexía Mirabal allanó y pacificó esos contornos, escarmentando a los aborígenes alzados, "y hasta oy día (expresa la posterior relación de sus servicios) sirven y están seguros los pasos y caminos reales que bienen de las dichas provincias del Tucumán a éstas" (del Alto Perú); y los indios "sirven a los pasajeros y tienen fechos tambos y ventas en los distintos caminos donde se recoxen, y va y viene un hombre solo con mucha seguridad".
      A poco de llegar a Santiago del Estero, el flamante Gobernador tuvo noticia que en la ciudad de San Miguel de Tucumán se había "alzado" un tal Muñoz, refugiándose en las montañas, "y dió dos batallas confederado con yndios de guerra". Entonces, el 24 de noviembre, ante Juan Fernández de Castro, el referido gobernante expide un nombramiento donde estampa que en San Miguel, "un mozo llamado Juan Bautista Muñoz, hijo de Juan Bautista Bermeo, vezino de la dicha ciudad ... se fue a meter entre los yndios enemigos y está fortalicido con ellos en el monte, y haviendo ydo gente de su casa y soldados y un fraile de la orden de Santo Domingo a le sacar ... se rresistió y tiró un arcabuzazo al padre, que milagrosamente fue Dios servido guardalle"; y como Muñoz quería hacer daño con los indios a los cristianos, "es justo que se castigue y remedie". Por tanto, "confiando en vos Capitán Hernán Mexía Miraval ... vos elijo y nombro ... para yr a la dicha ciudad de Tucumán ... al lugar donde estuviese el dicho Juan Bautista ... y le prender el cuerpo, y defendiéndose y haziéndose fuerte en el monte o en la sierra ... ponelle cerco y traelle, pudiéndole así prender vivo; donde no, matalle a arcabuzazos; o como se pudiere hazer y executar, de suerte que la execución de la rreal justicia no se ympida".
      Con su habitual diligencia Mexía Mirabal llegó a destino en los primeros días de diciembre, y realizó satisfactoriamente su cometido, valiéndose de una cédula de indulto firmada por el mismo Gobernador. Al frente de varios soldados, trasladóse nuestro Capitán al pueblo "del Nache", y "con buena maña y solicitud prendió a Juan Bautista Muñoz sin riesgo, y aseguró la gobernación que estaba alterada". Trajo al insurrecto a Tucumán, para llevarlo luego a Santiago del Estero y ponerlo a disposición de Ramírez de Velasco.
      Con posterioridad (3-X-1587) dicho Gobernador ratificó el nombramiento de su Maestre de Campo para la gran campaña conquistadora del actual norte argentino. Aunque tal despacho consigne una vez más los importantes servicios de mi antepasado, vale la pena transcribir, en lo pertinente, los honrosos considerandos del mismo. Dice así Ramírez de Velasco:
      "He acordado ... yo con campo formado y en campaña a la conquista, población y pacificación de los yndios de los valles de Calchaquí, Jujuí, Omaguaca y Casavindo, que ... para que la dicha jornada se prosiga y haga con el orden que semejante caso rrequiere ... conviene nombrar un Maese de Campo que acuda a ellos con cuidado, y que sea de ciencia y esperiencia; y por que vos, el Capitán Hernán Mexía Miraval ... soys hijodalgo notorio, y teneis grande esperiencia en las cosas de la guerra ... desde quarenta años a esta parte que entraste en esta tierra, y sois uno de los primeros conquistadores y pobladores della, y os allaste en ayudar a poblar a esta ciudad de Santiago tres veces ... fuiste con cinco soldados a las provincias de Chile, por tierra de guerra con grande riesgo de las vidas, posponiendo todo temor, y traxiste un sacerdote ... os allaste en poblar la ciudad de Londres en Quinmivil, y la ciudad de Córdoba en el valle Calchaquí, donde por vuestra persona prendiste al cacique Chumbicha, señor del dicho valle ... fuiste de los primeros pobladores de la ciudad de Cañete en Tucumán, y la ciudad de Nuestra Señora de Talavera en Esteco, y la ciudad de San Miguel de Tucumán ... y os allaste en la población y conquista de la ciudad de Córdoba, en los comechingones ... y fuiste al descubrimiento del Río de la Plata ... mediante vuestros muchos y leales servicios y confiança que de vuestra persona se tenía, se os encargó el ejercicio y cargo de Teniente de Governador General de toda esta governación, y estando en el uso dél, acudiste al socorro de la ciudad de San Miguel de Tucumán ... y asimismo estando el Gobernador Gonzalo de Abreu cercado con toda su gente en el Valle Calchaquí ... fuiste y acudiste al socorro ... y asimismo sois uno de los veinte soldados que se hallaron en el desbande de Meaxa, donde en un fuerte avía quatro mill yndios de guerra que fueron desbaratados ... y últimamente ... entraste en mi compañía ... al tiempo que entré de Gobernador a esta tierra, con encargo de Maese de Campo y Sargento Mayor de mi campo ... con mucho cuidado y balor ... y como concurren en bos las calidades para semejante cargo ... elixo y nombro a vos el dicho Capitán Hernán Mexía Miraval por tal Maese de Campo de la dicha jornada que de próximo quiero hazer a la conquista, pacificación y allanamiento de los dichos yndios revelados", del valle Calchaquí, Jujuy, Humahuaca y Casabindo.
      El éxito alcanzado en ese "operativo" (valga el neologismo entre tanto acopio arcaizante) fue de "mucho efeto". El propio Mexía Mirabal al solicitarle a Ramírez de Velasco una relación fidedigna de su papel protagónico en tal empresa militar, subraya al respecto; "Vuestra Señoría me nombró por Maese de Campo para conseguir la jornada del valle calchaquí ... teniendo en consideración el valor de mi persona y la mucha experiencia que tengo de las cosas de la guerra ... y por ser valle, el de calchaquí, tan fragoso e ynespunable, y los naturales dél tan velicosos y balientes y tan astutos en la guerra que ... han despoblado por fuerça de armas dos ciudades de españoles, y echado por fuerça de armas del dicho valle dos governadores con mucho número de españoles; y para la dicha jornada sally con mi persona y veinte criados y armas dobladas y muchos cavallos, y sustenté en el dicho viaje catorze soldados; que duró la dicha jornada más tiempo de cinco meses, haziendo para ello grandes gastos de mi hazienda, ansí en los bastimentos como en los cavallos y herraje, que se compró en suvidos precios, y otros peltrechos de guerra ... y las cosas las hize con todo cuidado y solicitud ... trabajando día y noche, siempre de los delanteros en todas las ocasiones que hubo de peligros; fui muy afable a los soldados y gente de guerra ... y en la dicha jornada se alcançó vitoria con todos los enemigos, y quedaron en paz, y al fin de la dicha jornada se descubrieron mineros de plata, que por la muestra que hubo prometieron mucha riqueza ... y ... pido se me dé por testimonio lo mucho que serví en el dicho viaje ... para que Su Majestad y los señores de su Real Consejo ... me hagan merced, gratificándome los grandes servicios por mí fechos de quarenta años a esta parte".
      Todo ello hizo constar por escrito el Gobernador; y muy luego el interesado pidió a la Audiencia de La Plata dispusiera el levantamiento de una Información, con testigos, acerca de aquellos desempeños suyos. ( )
      Por lo demás, si de este tipo de Informaciones se trata; el 14-IX-1587 Mexía Mirabal depuso en la que se realizó a instancia de Santos Blasquez, Procurador de la ciudad de Santiago del Estero, a objeto de demostrar que los Gobernadores del Tucumán no podían sustentarse sin el emolumento de los pueblos de Soconcho y Manogasta. En tales actuaciones Mexía acusó tener una "hedad de más de cinquenta e seys años". Y en la probanza de los méritos y servicios de Juan Gregorio Bazán, hecha a pedimento de su viuda Catalina de Plasencia, el 6-VII-1587, compareció como testigo Hernán Mexía Mirabal, ante el Escribano capitular santiagueño Gerónimo Vallejo, y "dixo que es de edad de cinquenta y siete años, poco más o menos", y que conoció a Bazán "quarenta y dos años" atrás (1545) en Panamá, cuando ambos bisoños conquistadores tomaron partido en el bando de La Gasca, contra el insurrecto Gonzalo Pizarro.
      Al año siguiente (1588) nuestro hombre era Alcalde en el Cabildo de Santiago del Estero, junto con Juan Pérez Moreno y los Regidores Alonso de Contreras, Cristóbal Pereyra, Lope Bravo de Zamora, Juan de Abreu, Gaspar Rodríguez, Hernando Retamoso, Pedro Tello y Juan Córdova. Y a postrimerías de 1589, Mexía Mirabal partió rumbo a España, por la vía del Perú y Panamá. Iba a la madre patria como Procurador General de la gobernación del Tucumán, con sendos poderes, instrucciones, súplicas de mercedes, demandas y otros recaudos que, a nombre de las ciudades tucumanas, debía elevar al Consejo de Indias. El Cabildo de Nuestra Señora de Talavera le otorgó su mandato el 25 de junio de ese año 89; el de San Miguel de Tucumán el 25 de octubre, para que solicitara "las cosas más convenientes al bien de la república"; el de Córdoba el 6 de diciembre, a fin de que "bese los pies y reales manos del Rey nuestro Señor" y le pida ventajas; y el de Salta, acompañaba una Información probatoria de que esa ciudad no fue fundada con dinero propio de Lerma, sino a costa de los vecinos de Santiago del Estero, de San Miguel de Tucumán y de Córdoba; documento que presentó Mexía en España en 1591.
      Fuera de esto, el delegado no se olvidó de si mismo, y gestionó ante el Consejo indiano, en 1591, le confirmara "un asiento para descubrir tierras hacia el Estrecho de Magallanes", con "el título de Mariscal y Maestre de Campo General y la vara de Alguacil Mayor". Además, el 5 de septiembre, inició en la capital del Reino, por cuenta de la provincia mandante y de varios particulares, el juicio criminal contra el ex Gobernador Hernando de Lerma.
      Un lustro mas tarde, en diciembre de 1596, Francisco de Argañaraz y Murguía expresaba, en una probanza, que su suegro había muerto peticionando mercedes en Madrid. Es probable que Hernán Mexía Mirabal?sesentón corrido?rindiera el último aliento en el viejo mundo entre los años 1592 y 1593.

      Los retoños de mi atávico genitor

      El antepasado de esta historia, hombre de acción y conquistador -- refractario al recato carnal forzoso -- tuvo en el bárbaro escenario de sus hazañas a la hembra indígena bajo su potestad señorial; o si se prefiere, al alcance de su capricho -- cuando no obligado a aceptarla de regalo, pues los propios indios demostraban su amistad a los españoles "ofreciéndoles sus mujeres con toda prodigalidad, y con tanta inoportunidad que no bastaba a resistir", cual se lee en las "Décadas" del cronista Herrera. De tal suerte, la mujer indígena convirtióse en madre de mestizos, "hijos de la tierra" (Hernán Mexía los hubo en María Mancho), inaugurando, al azar de los apareos del instinto, la primera progenie civilizada nacida en el país. Mas también, a medida que se asentaba la conquista, y se iba consolidando como clase dirigente el grupo primordial de los fundadores y sus descendientes mestizos, hiciéronse presentes algunas féminas animosas de raza blanca (doña Isabel de Salazar para Hernán Mexía Mirabal), con cuyo concurso resultó posible el establecimiento formal de la familia cristianamente constituída; la práctica de las virtudes domésticas que ella supone; el apego al suelo mediante la propiedad territorial heredable de generación a generación; lazos morales, todos esos, entre la tierra y la sangre, que cimentan la paz, el orden, el hábito comunitario; vale decir el amor a la patria, nacido con el arraigo de la estirpe al terrón nativo.

  • Fuentes 
    1. [S168] Los Sojo Torres, Vásquez Mansilla, Roberto, (Cuaderno anillado e inédito).

    2. [S502] Sorg, Gustavo Miguel, Sorg, Gustavo Miguel, (gustavosorg(AT)gmail.com).

    3. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito).
      Tomo IX, Los Mexia Mirabal