Eduardo Inés Acevedo Díaz

Eduardo Inés Acevedo Díaz

Varón 1851 - 1921  (70 años)

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  • Nombre Eduardo Inés Acevedo Díaz  [1
    Nacimiento 20 Abr 1851  Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 18 Jun 1921  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Enterrado/a Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Persona I84502  Los Antepasados
    Última Modificación 8 Ene 2011 

    Padre Norberto Acevedo Maturana,   n. 1819, Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida 
    Madre Fátima Díaz Gómez 
    ID Familia F5910  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Andrea Maria Concepción Cuevas Calvento,   n. 1856, Dolores, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1939  (Edad 83 años) 
    Hijos 
    +1. Eduardo Acevedo Díaz Cuevas,   n. 18 Mar 1882, Dolores, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1 Nov 1959, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 77 años)
    +2. Elsa Acevedo Díaz Cuevas
    +3. Fátima Acevedo Díaz Cuevas
     4. Raúl Acevedo Díaz Cuevas,   n. Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 7 Dic 1962, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 22 Abr 2013 
    ID Familia F29156  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 20 Abr 1851 - Montevideo, Uruguay Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 18 Jun 1921 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsEnterrado/a - - Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Acevedo Díaz, Eduardo Inés
    Acevedo Díaz, Eduardo Inés

  • Notas 
    • Fuentes : Diccionario Uruguayo de Biografias, Fernandez Saldaña / recopilacion por Guillermo Garcia

      Escritor, periodista y hombre político. Sus padres fueron Norbeto Acevedo y Fátima Díaz, hija del general Antonio Díaz, y nació en la Villa de Ia Unión el 20 de abril de 1851.
      Había concluido los cursos de bachillerato en Montevideo y se disponía a seguir estudios de derecho, cuando sobrevino la revolución del caudillo blanco coronel Timoteo Aparicio contra el gobierno del general Lorenzo Batlle, princlpiada en marzo de 1870. Entonces, abandonando todo, fué a reunirse con sus compañeros políticos y a participar de los peripecias de la guerra en campaña. Cuando se ajustó la Paz de Abril de 1872, ostentaba galones de teniente en el ejército revolucionario.
      Reintegrado a la vida civil sacó a la calle el diario "La República", cuya propaganda acusaba un partidarismo que se tuvo por inoportuno, a la hora en que un anhelo de reconciliación patriótica parecía el sentimiento general. Por este motivo, tal vez, desapareció al poco tiempo, privado del favor público. Entonces, junto con Agustín de Vedia, entró a ser uno de los redactores de "La Democracia", órgano nacionalista, donde se mantuvo hasta 1874, en que la dirección pasó a manos del Dr. Francisco Lavandeira.
      Actor en el choque sangriento del 10 de enero de 1875, en las filas de los principistas, después del golpe de fuerza del día 15 utilizó las columnas de "La Revista Uruguaya" que dirigía junto con Alberto Palomeque, para atacar con acritud y rudo personalismo a los asaltadores del poder. Perseguido y amenazado abandonó el país, yendo a sumarse en la Argentina a los compatriotas que organizaban un movimiento armado con el propósito de restablecer por las armas el imperio de la ley, en un supremo esfuerzo de unión de la ciudadanía consciente, sin bandera tradicional y con la divisa tricolor de los cruzados del año 20. Iniciada la lucha, vadeó el Uruguay con una de las primeras expediciones y bajo las órdenes del coronel Julio Arrúe tuvo un puesto entre los bravos infantes que derrotaron a las fuerzas del coronel gubernista Carlos Gaudencio, en Perseverano, el 7 de octubre de 1875.
      Vencido el hermoso esfuerzo de la ciudadania por los batallones de linea del gobierno usurpador y los contingentes blancos que le aportaron el coronel Timoteo Aparicio y los caudillos subalternos que lo seguian. Acevedo Díaz no regresó hasta 1876, en plena dictadura del coronel Lorenzo Latorre.
      El Dr. Juan Jose de Herrera lo había apalabrado para confiarle la dirección de su diario "La Democracia", pero el cargo que concluía de abandonar el Dr. José Manuel Sienra y Carranza, no era precisamente el cargo aparente para un hombre del temperamento de Acevedo Díaz, máxime cuando el plan político de Herrera tendía a la posible convivencia con la dictadura, mirando al futuro. El 9 de agosto apareció en el cabezal como director político. Eduardo Acevedo Díaz; pero sólo .alcanzó a estar muy breve plazo.
      Con motivo de haberse sublevado en San Jose el caudillo blanco Máximo Ibarra, que perdió la vida en la aventura, "La Democracia" acusó a Máximo Santos, jefe del 5to de Cazadores, de haberlo mandado asesinar por la custodia después de entregarse de buena fe al comandante gubernista. Una afirmación de esta naturaleza equivalía a declarar la guerra al dictador, pero así tenia que ser. Tratándose de política en el terreno abstracto ?escribió el periodista a Juan José de Herrera? podrían encararse las cosas conforme él deseaba que se encarasen...; pero ante la enormidad del crimen sus pasiones nobles y generosas se sublevaban... Arrollar lo bandera antes que seguir en esa tesitura. Herrera, aceptando el consejo, cerró el diario. (Ver, Máximo Ibarra).
      Regresó a la Argentina para establecerse en la localidad de Dolores, provincia de Buenos Aires, donde sus conocimientos de derecho le permitieron trabajar de procurador.
      Sus vinculaciones en el pueblo y su autoridad sobre el vecindario en general, lo llevaron a mediar, conciliando, en un episodio de banderías locales que amenazaba ensangrentar las calles el 7 de Julio de 1880, y por tal motivo, apaciguados los ánimos, le fué ofrecida una medalla de oro recordatoría.
      Fué en estos años, años de silenciosa labor literario y de plenitud intelectual, que se gestaron sus magníficos libros.
      Un poco más tarde quiso venir al país, en una tentativa de estructurar un "partido nacional - blanco", conforme a sus planes, y en tal sentido, vuelto a Montevideo, escribió en el diario constitucionalista "La Razón" una serie de artículos propugnando por la idea política con que soñaba. Corresponden a noviembre de 1880 las famosas cartas polémicas con el Dr. Julio Herrera y Obes, empeñado por ese tiempo en compaña semejante dentro de los filas del Partido Colorado, desde las columnas del "Diario del Comercio".
      Poco tiempo permanecería en el país, si se tiene en cuenta el fracaso de su propaganda partidista y otra vez en la Argentina, luego de una corta residencia en La Plata, trasladóse a lo localidad de Florencio Várela, en la provincia de Buenos Aires, donde fué Inspector de Escuelas.
      Una rápida presencia en el estadio de la prensa uruguaya en el gobierno de Tajes, escribiendo en "La Época", había pasado casi desapercibida.
      En 1895, sus correligionarios fueron a buscarlo en su retiro para ofrecerle la dirección de "El Nacional", que aceptó. Lo precedía una gran reputación como hombre de letras, hija ?sobre todo? de las notables novelas históricas que habían seguido a "Brenda", su primer ensayo, y que tenían por títulos "Ismael" (1888) y "Nativa" (1889), aparecidas como folletín en diarios de Buenos Aires y luego llevadas al libro; "Grito de Gloria", publicada en 1893 en La Plata y el romance campesino "Soledad", "casi poema en prosa".
      Tornaba Acevedo Díaz a la República en un momento especialmente preparado para que una propaganda de ardiente tono partidista, empapada de tradicionalismo histórico y de oposición sistemática y ruda, galvanizara el espíritu de las masas nacionalistas, convenciéndolas de la fuerza que podían significar enderezadas a la acción directa, en una diaria prédica que fuese a la vez de permanente desprestigio ?en todo sentido? para el gobierno y para el Partido Colorado, que Acevedo Díaz involucraba ?más o menos íntegro? en la denominación infamante de gavilla.
      El hombre capaz de emprenderla era lo que faltaba, y ese hombre fué el director de "El Nacional", que al cabo de dos años de campaña franca y abiertamente revolucionaria, tolerada por el gobierno de Idiarte Borda, estrictamente ceñido a la ley, se tradujo al fin en el movimiento armado de marzo de 1897, cuyos jefes fueron Aparicio Saravia y Diego Lamas y en el cual participó personalmente el periodista.
      La revolución ?muerto violentamente el presidente Idiarte Borda el 25 de agosto? halló término con la paz de setiembre de 1897, que le aseguraba al Partido Nacionalista importantes posiciones políticas y una participación efectiva en el gobierno de la República. Acevedo Díaz, desde su tribuna periodística, perfiló entonces una figura de caudillo civil, con un arrastre popular que certificaban las reuniones partidarias donde ?lo mismo en la capital que en los departamentos? hacía vibrar de entusiasmo a los correligionarios con su elocuencia encendida y retumbante.
      Después de hecha la paz surgió la lucha contra lo que se llamaba el régimen colectivista y el gobierno dictatorial de Juan L. Cuestas, que el Partido Nacionalista propició y sostuvo de consuno con una fracción del Partido Colorado y en cuyo gobierno el director de "El Nacional" aceptó un puesto en el Consejo de Estado, instituido para suplantar a ias cámaras derrocadas por el golpe de fuerza del 10 de febrero.
      Restablecida la normalidad constitucional, en 1899 resultó senador por Maldonado.
      La posición del nacionalismo habíase vuelto tan aventajada bajo el gobierno de Cuestas, que su triunfo definitivo parecía próximo; pero las divisiones no demoraron en hacerlo presa. Señaláronse una tendencia conservadora, deseosa de contemporizar con el ex-dictador en una política de sucesivos acuerdos electorales, negación de la verdad democrática, con propósito de sacar mayores ventajas a ese precio, y una tendencia radical, que enfrentaba quebrar aquella si era preciso y tomar el camino de los comicios libres. Acevedo Díaz, desde esta última posición, vino a hallarse en discrepancia con Aparicio Saravia, jefe militar a quien el partido rendía obediencia y al cual apoyaba la fracción conservadora.
      Bajo otros aspectos, el encumbramiento político del periodista demoledor que había gestado la revolución del 97, levantaba desconfianzas entre muchos hombres de su misma parcialidad, hábiles en aprovechar de las revoluciones aunque llegados algunas veces a la última hora.
      La sucesión presidencial de Cuestas, cuyo mandato concluía el último día de febrero de 1903, precipitó el choque previsto.
      Cuestas, dispuesto a imponer su candidato, lanzó la candidatura de Eduardo Mac-Eachen, hombre carente de todo prestigio y simple hechura suya, pero el cual, a mérito de su misma insignificancia política y su falta de carácter, fué aceptado por el Directorio Nacionalista, de acuerdo con el caudillo Saravia, pues significaba la continuación exacta de la política que permitía la coexistencia de dos gobiernos recelosos el uno del otro y amenazándose con la guerra, causa de inquietud constante.
      Sin embargo, ese plan político fracasó, pues Mac-Eachen no pudo reunir el número de votos oficialistas colorados necesarios, que unidos a los directoriales nacionalistas, alcanzaran la mayoría constitucional.
      Al fracaso habían concurrido en gran parte Acevedo Díaz y un número de legisladores de su partido resistiendo tenaces el candidato impuesto, y en la elección del Io de marzo obtuvo mayoría José Batlle y Ordóñez. Contaban entre sus votantes ocho nacionalistas disidentes del grupo de Acevedo Díaz.
      El sector mayoritario del nacionalismo quedó vencido y su respuesta fué expulsar del partido al director de "El Nacional" y a tres de sus más adictos compañeros, sancionando además con censuras y declaraciones a todos los legisladores que no habían prestado su apoyo al plan Mac-Eachen.
      Ante los hechos, la masa partidaria se puso del lado del caudillo militar y del Directorio que era su portavoz y Acevedo Díaz debió contemplar asombrado cómo en un momentó vino a encontrarse casi solo, culpable ante la masa partidaria de la pérdida de una gran ocasión político, que hubiera podido ser aprovechada aunque con mengua de la postura ciudadana.
      En ocho años de actuación su carrera de hombre público estaba concluida a la misma hora que concluía su período senaturial.
      Un momento intentó conglomerar en un haz los mermados correligionarios que permanecían fieles, pero el empeño fué inútil. Renunciando a la lucha dejó "El Nacional" el 23 de abril de 1903, con un artículo lacónico en que ratificaba su fe civilista y condenaba las revoluciones caudillescas. El movimiento revolucionario encabezado por Saravia el 17 de marzo de ese mismo año, apenas elegido presidente Batlle y Ordóñez, confirmoba implícitamente el fallo de excomunión de la convención partidaria.
      El presidente Batlle y Ordóñez lo nombró Ministro en los Estados Unidos de Norte América el 14 de setiembre de 1903.
      Con su resolución de alejarse del escenario político principiaba una carrera que iba a ser meramente administrativa, pues falto de vocación diplomática, vio transcurrir sus largos años de ministro, trasladado a la Argentina en 1906, a Italia en 1908 y finalmente al Brasil en octubre de 1911.
      En la expatriación, que sería definitiva, completó otra novela, "Lanza y Sable". Pretendió tal vez ser el complemento de la gran serie, pero resultó notoriamente inferior a cualquiera de ellas, tal como nada añadió a su reputación, "Mines", publicado posteriormente.
      Durante la estada en Roma recogió en un volumen varios trabajos de carácter histórico relativos a los primeros tiempos de la nacionalidad, aporccido en 1911 y bajo el titulo de "Épocas militares de los países del Plata". Corregidos y depurados de errores consiguientes a la primera publicación, no consiguió quitarles la parcialidad partidista de que se resienten.
      Juzgando el valor literario de Acevedo Díaz, Alberto Zura Felde entiende que, en conjunto, su prosa es una de las más fuertes y plásticas que se han escrito en Hispano América y que acaso Montalvo y 1-ugo-nes, tan sólo, compiten con él en esas virtudes.
      "Prosa varonil, muscular más que nerviosa", toda potencia y severidad, es perfectamente apta para el género de sus obras y adecuada a la materia bárbara que moldea, aunque el ejercicio diario del periodismo la rebajó de categoría en ocasiones, por "recargo de verbalismos efectistas y lugares comunes". Opina también que la aparición de sus obras marca el ocaso definitivo de la época romántica de nuestras letras, iniciando la evolución intelectual del Uruguay, con el nuevo ciclo donde preponderan las corrientes positivistas y realistas.
      Jubilado como ministro, vino a vivir en Buenos Aires donde falleció el 18 de junio de 1921 "mirando de frente a la muerte, de frente a la eternidad, de frente al gran olvido de los hombres".
      Entre sus últimas voluntades, fechadas el 23 de julio de 1919, incluyó la de que sus despojos no fuesen repatriados ?mismo a solicitud del gobierno? "ni removidos jamás de la tierra argentina que tanto habia amado, patria de su esposa y de todos sus hijos".

  • Fuentes 
    1. [S137] Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Cutolo, Vicente O., (Editorial Elche, Buenos Aires, 1968. De este diccionario se editaron varias ediciones actualizadas, hasta el 2004.).

    2. [S507] Zigiotto, Diego M., Zigiotto, Diego M., (dzigiotto1(AT)gmail.com).