Carlos Antonio Gabino del Santo Angel de  Alvear Balbastro

Carlos Antonio Gabino del Santo Angel de Alvear Balbastro[1]

Varón 1789 - 1852  (63 años)

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  • Nombre Carlos Antonio Gabino del Santo Angel de Alvear Balbastro 
    Nacimiento 25 Oct 1789  Santo Ángel Custodio, Misiones Jesuíticas, Brasil Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Bautismo 4 Nov 1789  Santo Ángel Custodio, Misiones Jesuíticas, Brasil Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 2 Nov 1852  Nueva York, Nueva York, Estados Unidos Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Enterrado/a 26 Jul 1854  Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I7307  Los Antepasados
    Última Modificación 24 Feb 2013 

    Padre Diego Estanislao de Alvear Ponce de León,   n. 13 Nov 1749, Montilla, Córdoba, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 15 Ene 1830, Madrid, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 80 años) 
    Madre María Josefa Eulalia Balbastro Dávila,   n. 11 Sep 1759, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 5 Oct 1804, Cabo Santa María, Cádiz, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 45 años) 
    Casado 2 Abr 1782  Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1, 3
    • Lº 6 Año 1782 Fº 194. Ts.: Exmo. Tt. Gral. de los Reales Ejércitos y Virrey que ha sido del Nuevo Reino de Granada, y Virrey del Perú, don Manuel Gririor y su señora esposa, Sra. Virreina, María Ventura Gririor. [2]
    ID Familia F3297  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia María del Carmen Sáenz de la Quintanilla Camacho,   n. 1793, Jerez de la Frontera, Cádiz, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 31 May 1867, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 74 años) 
    Casado 26 Jul 1809  Cádiz, Cádiz, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Hijos 
    +1. María Carlota de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   c. 23 Jun 1816, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 22 Abr 1896, San José de Flores, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 79 años)
    +2. Emilio Marcelo de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   c. 12 Oct 1817, Niteroi, Brasil Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 21 Abr 1885, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 67 años)
     3. Camilo Patricio Juan de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   c. 24 Jun 1819, Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. May 1846, Washington, DC, Estados Unidos Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 26 años)
     4. Carlos Fabrizio de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   c. 26 Ago 1819, Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 23 May 1866, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 46 años)
    +5. Torcuato Antonio de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 23 Jul 1822, Montevideo, Uruguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 7 Dic 1890, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
    +6. Joaquina María Mercedes de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 14 Abr 1823, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 7 Jun 1889, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 66 años)
    +7. Virginia Mercedes de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 28 Sep 1824, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 3 May 1918, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 93 años)
    +8. Diego Federico de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 17 Dic 1825, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 13 Dic 1887, San Fernando, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 61 años)
     9. Juan Nepomuceno Camilo de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 16 May 1827, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 15 May 1829, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 1 años)
     10. León Juan de Alvear Sáenz de la Quintanilla,   n. 12 Jul 1828, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 30 Ene 1889, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 60 años)
    Última Modificación 22 Dic 2009 
    ID Familia F129  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 25 Oct 1789 - Santo Ángel Custodio, Misiones Jesuíticas, Brasil Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsBautismo - 4 Nov 1789 - Santo Ángel Custodio, Misiones Jesuíticas, Brasil Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 26 Jul 1809 - Cádiz, Cádiz, España Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 2 Nov 1852 - Nueva York, Nueva York, Estados Unidos Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsEnterrado/a - 26 Jul 1854 - Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Alvear Balbastro, General Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Alvear Balbastro, General Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Angel de
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Angel de
    por J. Vanderlyn

    Documentos
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Biografía Histórica
    por Molina Arrotea, García y Casabal

    Lápidas
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Ángel de
    Mausoleo familiar

    Lugares
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Angel
    Alvear Balbastro, Carlos Antonio Gabino del Santo Angel
    Monumento en su honor en una plaza de Buenos Aires

  • Notas 
    • Hombre de estado y hombre de guerra de la Revolución. Nació el 4 de Noviembre de 1789 en la reducción de Santo de la Guarda (Misiones del Uruguay). Hizo sus primeros estudios en Porto Alegre y en 1804 pasó á España con toda su familia en la expedición salida de Buenos Aires y compuesta de las fragatas Medea, Fama, Mercedes y Clara, y en la que iba su padre en calidad de segundo jefe.
      La esposa del Capitán Alvear se embarcó con todos sus hijos á bordo de la Mercedes; pero haciéndosele insoportable la presencia del mayor de ellos (Carlos) por su carácter travieso é indócil, le envió al lado de su padre, que iba en otro buque de la expedición, debiendo á esta circunstancia la salvación de su vida, como si la Providencia hubiese querido conservar al niño destinado á un porvenir glorioso. La fragata Mercedes fue incendiada en el ataque de los ingleses al doblar el Cabo de Santa María pereciendo toda la familia de Alvear.
      Completada su educación en Londres, tomó servicio militar en España entrando en la brigada de Carabineros reales, cuerpo de tropas escogidas, y en la guerra contra los franceses se distinguió por su valor, particularmente en las batallas de Talavera, Yébenes y Ciudad Real. Contrajo muchas amistades con personas que debía encontrar después en América durante su vida pública, como Carrera, Vigodet y otros, é ingresó en las sociedades secretas que por entonces trabajaban en Europa por la independencia de aquella.
      Fugó de Cádiz y se embarcó en la fragata inglesa Jorge Canning en la cual llegó á Buenos Aires el 9 de Marzo de 1812 con San Martin, Vera, Zapiola, Holemberg y otros patriotas; trayendo también en su compañía á doña Carmen Quintanilla, joven y hermosa andaluza con la cual había contraído matrimonio en España.
      Alvear llegaba á Buenos Aires sin mas patrimonio que su porvenir, pues su padre le había desheredado por sus ideas de independencia, pero alimentaba la esperanza de regenerar á su patria y esto le bastaba. Con sus compañeros de armas, San Martin y Zapiola, fundaron la Sociedad Lautaro, que respondía á la de Caballeros Racionales establecida en Europa, y de esta manera se hicieron dueños de la situación y directores de la política interna.
      San Martin y Alvear, apenas pisaron las playas de la patria, se hicieron propagandistas ardientes de la causa que habían abrazado y el pueblo los recibió con entusiasmo, seducido por sus promesas de triunfos militares con que ofrecían cimentar la revolución. Alvear fue nombrado Sargento Mayor de Granaderos a caballo, grado subsiguiente al que había obtenido en la guerra de la Península, donde llegó á Alférez de Carabineros, empleo que en ese cuerpo escogido correspondía al de Capitán en los comunes. En ese puesto organizó y disciplinó con San Martin un cuerpo de caballería que después se inmortalizó en las guerras de Chile y del Perú, y fue ascendido en recompensa de sus servicios a Teniente Coronel del mismo regimiento.
      Es digno de notarse también que renunció sus sueldos en beneficio del Estado y siguió sirviendo sin retribución alguna.
      El movimiento de 8 de Octubre de 1812, fue inspirado por Alvear, y él salvó los verdaderos principios de Mayo encaminando la revolución por su verdadera senda. Ese día, fue nombrado suplente por uno de los miembros del Ejecutivo que se creó en aquel mes. Poco después fue elegido presidente de la Sociedad Patriótica Literaria y en el mismo año se le confió una comisión importante en el ejército del Uruguay.
      Después de esta revolución, San Martin y Alvear dirigieron el partido triunfante, y con la ayuda de la Logia se propusieron organizar definitivamente el país promoviendo la reunión de la célebre Asamblea General Constituyente de 1813, la más notable que se había visto hasta entonces, por los hombres que la compusieron y por ser la verdadera expresión de la voluntad nacional. Alvear, que ingresó aquella Asamblea en representación de la provincia de Corrientes, fué nombrado Presidente de ella; y es un espectáculo curioso el que nos presenta la historia en este joven de veinte y cuatro años dominando el augusto Senado del pueblo, con el fuego de su palabra y los arranques de su genio.
      La Asamblea dictó muchas leyes trascendentales, obedeciendo al influjo de San Martin y de Alvear; porque los dos amigos se habían hecho pensadores y parlamentarios "mientras llegaba la ocasión de ilustrarse en los campos de batalla." Y esa ocasión debía separar para siempre á los dos amigos. Ellos eran los candidatos para generales de la logia Lautaro, pues esta quería apoderarse del mundo de las armas para centralizar todo el poder en sus manos, y como esa era la ambición de los dos amigos, pronto chocaron y se hicieron enemigos irreconciliables.
      Otras circunstancias influyeron también en esta desunión que dio origen á las tristes rivalidades de San Martin y Alvear, como la diferencia de edad, de genio, de tendencias. San Martin era severo y astuto y aspiraba a la gloria militar; Alvear era mas brillante, pero con menos juicio; audaz y petulante, todo se estrellaba con la impaciencia de su genio, y lo coloreaba con el prisma candoroso de la juventud; aspiraba también, pero no daba á su ambición una forma determinada; quería brillar, nada mas; fuera en la asamblea, en el directorio ó en el campo de batalla.
      Chile y el Perú, eran el punto de los conatos de San Martin. El general Alvear por el contrario, muy joven todavía y dotado de una imaginación impaciente, de talentos vivaces que dañaban á la tranquilidad de sus designios, optó por la influencia inmediata. Dejándose llevar por el influjo de las empresas políticas, y no pudiendo quizás resistir el movimiento social que se apoderó de él y que lo empujaba, puso el brillo de sus talentos y de su palabra al servicio del deseo ardoroso que tenia da empuñar la dictadura de un país nuevo y viril con el que esperaba hacer maravillas, y fascinado con los ejemplos de Bonaparte y de los mariscales franceses, que tan fatales han sido siempre entre nosotros, imbuido en las doctrinas y deslumbrado con los prestigios de la revolución del 89 paseaba su espíritu político de Rousseau a Saint Just, y fiaba en su espada para constituirse una personalidad histórica y brillante á las orillas del Río de la Plata.
      Bajo estas influencias, su ambición se prestaba á todos los encantos y á todas las ilusiones propias de su juventud y de su carácter, adelantándose de diez años en ese luminoso camino de las fantasías poéticas de la política revolucionaria á la época en que Rivadavia debía tentarlo de nuevo y magnificarlo con verdaderos principios de administración, de moralidad y de progreso.
      Así es que, apenas se pensó en dar un nuevo general al ejército del Perú, por el contraste de Ayouma, Alvear corrió á presentar su candidatura a la Logia; pero arrepentido pronto la retiró y optó por la influencia directa sobre la Logia, de la cual esperaba sacar mas para la realización de sus aspiraciones. San Martin aceptó, porgue esperaba mas de los campamentos militares y tal vez porque veía brillar el resplandor de su gloria fuera de Buenos Aires.
      Renunció la diputación da la Asamblea porque fue nombrado Coronel del Regimiento N° 2 de infantería, que convirtió en breve en modelo de instrucción y disciplina. Diósele después el mando de Comandante general de infantería y de las fuerzas destinadas á la defensa de la capital, obteniendo el nombramiento de General en Jefe de dicho ejército. Incansable en su obra trabajó entonces con ahínco y en consorcio con Larrea para hacer pasar el proyecto de formar una Escuadra para destruir á la española; y sostuvo la disciplina de las tropas de tierra destinadas a la escuadra, castigando ejemplarmente a los cabezas de los tripulantes del bergantín Nancy que se habían sublevado por no servir en un elemento nuevo para ellos.
      En Mayo de 1814 fue nombrado General en Jefe del ejército sitiador de Montevideo. Siendo General en Jefe del ejército de Buenos Aires, Alvear estableció un campo de instrucción en los Olivos, y allí disciplinó los regimientos de libertos de nueva creación. Como se hallara libre el paso para reforzar el sitio de Montevideo por la ocupación de Martín García, Alvear embarcó sus regimientos en numero de 1500 hombres y fue ponerse al frente del sitio. El mismo día que llegó Alvear á su destino, Brown había aniquilado gloriosamente á la escuadra española en las aguas de Montevideo; y el a nuevo general del ejército de tierra, dice Calvo, hombre verdaderamente afortunado, tuvo en sus manos el laurel de la victoria por este triunfo naval, aun antes de conocer el campo de batalla.
      El ejército de tierra, con los refuerzos llevados, subía á cinco mil hombres, con los cuales no se atrevió á luchar Vigodet, que capituló el 20 de Junio, y el 23 Alvear hizo su entrada triunfal á Montevideo. El joven General se cubrió de gloria; pero el general Rondeau fue víctima de una injusticia manifiesta, porque fue relevado cuando iba á recoger el premio de sus fatigas.
      Aquella misma noche supo el general Alvear que el teniente de Artigas, Fernando Ortoguéz, se había aproximado á la ciudad, y había escrito á los jefes de la fuerza capitulada, excitándolos á unirse con tomar la campaña y romperlas hostilidades contra los porteños. Alvear, sin perder tiempo, salió con una división ligera en busca de los anarquistas y en la noche del 25 cayó sobre la división de aquel caudillo, poniéndola en completa derrota en Las Piedras. En consecuencia de esta victoria, Artigas reconoció el Directorio en un solemne tratado. Los resultados de la rendición de Montevideo fueron importantes: allí se tomaron tres mil y tantos soldados de línea y dos mil y pico de milicia, setecientas bocas de fuego y noventa y nueve buques mercantes y de guerra, ocho mil doscientos fusiles y un inmenso material de guerra que llenó los desprovistos almacenes de los patriotas. A mas, la rendición de Romarate en el Uruguay, la sumisión del establecimiento de la costa de Patagones, y la conclusión de la guerra en el Oriente de la República, fueron consecuencias directas del triunfo de Montevideo. Las ocho banderas tomadas á los cuerpos de línea fueron presentadas al Director el 7 de Julio; y el joven vencedor, que había renunciado el mando y vuelto á la capital fue recibido con fiestas y con el grado de Brigadier General.
      La Asamblea declaró á todos "beneméritos de la patria en grado heroico" y les dieron escudos y medallas con la leyenda: "La patria reconocida á los libertadores de Montevideo". La Municipalidad de esta ciudad le concedió un asiento de honor perpetuo. Tuvo la destreza, dice el doctor López, "de ganarse la adhesión personal de muchísimos oficiales liberales que entraron al servicio de la patria a pesar de ser españoles y que trasladaron sus esperanzas de fortuna y de ascenso á la Revolución Argentina." El Director Posadas, de acuerdo con su Consejo de Estado, nombró nuevamente á Alvear para que pasase el Uruguay por la sublevación reciente de Artigas. La fortuna lo siguió en esta nueva campaña pues batió al enemigo en Mercedes, en el Yí, en las Minas y en el Alférez, obligando á Artigas á retirarse á los potreros de Arerunguá y á su segundo Otorguéz á asilarse en territorio brasilero. Fue esta una campaña breve pero erizada de dificultades; mas en ella Alvear desplegó grande habilidad y tino, luchando como tuvo que luchar contra un enemigo ágil y valeroso, que conocía palmo á palmo su territorio, que contaba con la simpatía y protección de todo el país y con mayores medios de movilidad que sus perseguidores.
      Terminada esta campaña fue llamado por el gobierno á tomar el mando del ejército del Perú. Alvear hizo preceder su marcha de algunos cuerpos de su devoción; pero los jefes del ejército del Perú, exigieron la continuación del general Rondeau en el mando, por medio del movimiento militar de 7 de Diciembre de 1814. Así el general Alvear que se había despedido en Buenos Aires diciendo: "Pronto les invitaré á ustedes á un banquete en Lima", tuvo que retroceder precipitadamente á Buenos Aires desde Tucumán, punto en que supo la noticia de la actitud del ejército de Rondeau. Esas palabras que pronunció fueron interpretadas absurdamente, diciendo que tenia inteligencias con Pezuela; y á favor de estas calumnias el resentido Rondeau sublevó sus tropas; y le dijo después que gracias á él se había desbaratado su inicuo plan.
      El 9 de Enero de 1815, Posadas renunció el mando alebronado ante la situación; y Alvear se hizo nombrar Director, creyendo poder dominar el estado de cosas y hacer frente á dos ejércitos hostiles; el de Rondeau en el Alto Perú y el de San Martin en Mendoza. Al subir al poder lanzó una enérgica proclama declarando que estaba dispuesto á sostener la autoridad o a perecer y recomendando á los ciudadanos ponerse á cubierto de la anarquía "que es el mayor de todos los males", decía, y la calamidad más espantosa que aflige á los pueblos.
      Es digno de hacerse notar, que algunos días después de su nombramiento, llegaba á manos del Director una nota de adhesión á su gobierno suscrita por un gran número de jefes de alta graduación, entre los que figuraban algunos nombres que deb­an aparecer dos meses mas tarde, como actores principales del movimiento revolucionario que le derrocó del poder. Su administración fue breve pero fecunda en errores y desaciertos; se preparó á resistir el empuje del torrente de la opinión con su orgullo y con su poder, para lo cual se dedicó á disciplinar el ejército de la capital. Desorganizó la Lógia Lautaro que lo había elevado, porque le incomodaba para gobernar á su albedrío; y descontento del ejército del Perú, dejó impagas las asignaciones de los individuos de todas clases que militaban en sus filas.
      Pretendió inutilizar todos los esfuerzos que San Martin hacia para llevar á Chile las armas de la revolución; y llegó hasta destituirlo del mando de la Intendencia de Cuyo; pero el Coronel Perdriel, nombrado en lugar de aquel, no habiendo sido reconocido, continuó San Martin en su puesto.
      El penúltimo día de Enero el ejército del Perú se pronunció en Huamanga desconociendo la autoridad del general Alvear. Artigas se sublevó también, teniendo que abandonar a Montevideo las tropas argentinas; por lo cual Artigas fue declarado delincuente el 30 de Marzo. La oposición en Buenos Aires también se hacia sentir con vigor y el Director creyó remediar todo con colgar al capitán Ubeda en la plaza la noche del Sábado Santo, porque había hablado mal de él en un café, habiéndole salvado de la horca otro oficial Trejo, por la generosa interposición de la esposa del general. "Sus mismas prendas" - dice el doctor López - "la soberbia de su genio, su confianza en sí mismo, la arrogancia aristocrática de su presencia, la hermosura varonil de su rostro y la infatuación poco prudente que era propia de sus pocos años, en un pueblo semi-colonial todavía, difícil y movedizo, le suscitaron tal odiosidad, que no hubo ni justicia ni gratitud ó recuerdos capaces de mitigarla".
      Pero el error más grave que cometió es el siguiente, que demuestra hasta la evidencia su poca fe en la revolución y la inconsistencia de sus principios. Pocos días después de subir al mando puso las Provincias Unidas del Río de la Plata a disposición del gobierno británico. Dirijió una nota a Lord Strangford, ministro inglés en Río Janeiro, y otra al ministro de Relaciones Exteriores de la Gran Bretaña, declarando que la República deseaba pertenecerá ese país; pero ninguna de las dos llegó á su destino, (V García Manuel José) porque no las entregó el encargado de la misión. "Esta misión probaba falta de calidades para salvar una gran revolución de parte de los que la habían iniciado, y era una verdadera traición á los intereses del país, cuya voluntad se invocaba mentidamente al gobierno inglés, pues a pesar de todos los peligros, la decisión en favor de la resistencia era unánime" (Mitre). Lo único que atenúa la responsabilidad de Alvear es el hecho de que esas notas fueron pasadas de acuerdo con la mayoría de su Consejo de Estado y escritas por el ministro don Nicolás de Herrera. Pero había sonado la hora de la caída de Alvear, cuya elevación debía a la Logia y a la Asamblea. Artigas atravesó el Paraná y se dirigió sobre Buenos Aires. Alvear envió fuerza a su encuentro; pero la vanguardia al mando de Alvarez Thomás al llegar a Fontezuelas, (Estancia de los Belermos, territorio de Buenos Aires) se sublevó el 13 de Abril, y habiendo encontrado eco este motín en el resto del ejército se convirtió en una revolución que estalló en Buenos Aires el 15 y proclamó el descenso del Director y la disolución de la Asamblea. El motín de Fontezuelas, que no era mas que la repetición del pronunciamiento de Huamanga, fue apoyado por el ejército del Oeste y San Martín envió auxilios de dinero a Thomas ofreciendo todo el concurso posible. Esta revolución no ha sido justificada por la historia. Fue cruel y cobarde porque derramó sangre inútilmente; capituló con Artigas, y le entregó aherrojados siete parti- darios de Alvear para que los inmolara. Los bienes de Alvear fueron secuestrados; y los destierros y las prisiones se prodigaron. Los Posadas, Donado, Larrea, Herrera, White, Vieytes, Monteagudo, Vidal, Gómez, Figueredo, Peña S., Cornet y otros, sufrieron embargo de bienes y numerosas vejaciones, decretados por tribunales especiales que descargaron todo el furor de la pasión política sobro el partido vencido. Cuando estalló la revolución, Alvear pretendió resistir, pero pronto se convenció de que todo estaba perdido y se refugió á bordo de un buque inglés. Pasó á Río Janeiro, donde fue bien recibido por Juan VI. Vigodet, que había llegado a ese punto para trasportar a Madrid á la nueva reina de España, fundán dose en que Alvear era un insurgente espa- reclamó con insistencia, para que le fuera entregado; á lo cual el monarca por tugués se negó con igual tenacidad. Algún tiempo después recibió confidencias de los agentes españoles que le propusieron tomara parte en una expedición española destinada operar sobre Montevideo; y en vez de contestar, puso todo en conocimiento del agente argentino en Río Janeiro. (Véase la Exposición publicada por Alvear en Montevideo con fecha 18 de Marzo de 1819 en defensa de los ataques que le hacían sus enemigos). Pobre y cargado de familia, Alvear abandonó la capital del Imperio, donde se le hacía mas pesada la persecución del gobierno de su patria, y pasó á Montevideo. Allí escribió con fecha 1° de Agosto de 1819 sus a Observaciones sobre la defensa de la provincia de Buenos Aires, amenazada de una invasión española al mando de Morillo. Dice en el proemio: "Por una fatalidad de mi situación, desterrado de las Provincias, y en secuestro mi patrimonio, me hallo sin una fortuna que ofrecer a mi patria y sin poder consagrar mi vida en su defensa; pero aun me restan los pensamientos, que es el único presente que puedo hacerle en mi desventura." Y los enviaba á Pueyr redon porque, según él; "en los grandes conflictos públicos deben callar las pasiones individuales, y es indigno de su patria todo aquel que no la sacrifica hasta el olvido de sus agravios." Así, se satisfacía con dar su consejo autorizado, ya que el gobierno no quería aprovechar de su genio militar, poniéndolo, como podía hacerlo, al frente del ejército del Norte. En Montevideo se puso "bajo la protección de su antiguo ministro Herrera, alma y cuerpo de la dominación brasilera; pero lo hizo sin que acto alguno suyo directo ni indirecto, que yo conozca, pueda acusarlo de haber atenuado en lo mínimo su personalidad estrictamente argentina. Verdad es que era notoria su hostilidad contra el gobierno directorial que lo había rechazado de todo contacto y reconciliación en las cosas de la patria, y que esto lo tenia predispuesto a entrar en toda tentativa tendente á cambiar la situación. En esta situación, era imposible que la desesperación y despecho no fueran más fuertes que los consejos de la paciencia y del juicio en el ánimo de un joven general, orgulloso y apasionado como era don Carlos M. de Alvear. La fatalidad lo puso otra vez en contacto con Carrera y con Brayer. Los odios comunes contra San Martin y contra Pueyrredon los estrecharon en las mismas miras, preparando la página desgraciada de 1820, que todo argentino bien intencionado quisiera no encontrar en la carrera del general Alvear." (López) Con efecto, Carrera, Brayer y Alvear se pusieron en comunica ción desde Montevideo con los caudillos Estanislao López y Ramírez y a consecuencia de la caída del Directorio de 1820 y de los tratados de la Capilla del Pilar de 23 de Febrero, Alvear pudo volver á su país. Una vez en Buenos Aires, logró á ponerse de acuerdo con don Juan Ramón Balcarce , á quien aconsejó y protegió en el movimiento revolucionario estallado el 6 de Marzo, que llevó al último momentánea mente al poder. Derrocado Balcarce emprendió la fuga, pero Alvear permaneció oculto en la ciudad, confiando en que un golpe de audacia le haria el arbitro de la situación. "Creyendo contar con la pro- tección de su amigo don José Miguel Carrera, se dirigió al Cabildo, y al pisar sus umbrales, fue atacado por cuatro nombres, que puñal en mano intentaron sacrificarlo. Felizmente, los capitulares que habían terminado su acuerdo, y aún se hallaban reunidos, pudieron interponerse y sustraerlo las iras populares, constituyéndose en garantes de su persona y comprometiéndose hacerlo salir del país. Una diputación municipal se encargó de ponerlo abordo y la tranquilidad quedó nuevamente restablecida." Pero el gobierno de Sarratea por librarse tal vez de la presión de Soler, deseaba lo mismo que Carrera; dar a Alvear el mando de las armas. Publicóse en la gaceta del 15 de Marzo, un articulo apologético de la carrera pública de Alvear y poco después circuló nuevamente el rumor de "que Alvear, que aun permanecía oculto en un buque mercante surto en la bahía; se hallaba en tierra." Fue tal la conmoción á que dio lugar esta sospecha que Sarratea tuvo que dar un manifiesto asegurando su falsedad. Entre tanto, una noche del mismo Marzo volvió a desembarcar en la capital, y después de posesionarse por sorpresa del cuartel del batallón de Aguerridos, situado en el Retiro y hacer prender y embarcar al general Soler; se hacia proclamar Comandante General de Armas; pero en la mañana del siguiente día, merced á la enérgica acti- vidad del gobierno el motín era sufocado y Alvear abandonaba la ciudad y huía á la campaña. Se refugió entre los caudillos, de los cuales, uno de ellos, Ramírez, solicitó su amnistía. El Cabildo en sesión extraor dinaria, con asistencia de varios notables y del gobernador, se negó absolutamente á ello, y exigió además que las tropas federales, evacuasen sin demora el territorio de la provincia. Las audaces tentativas de Alvear para apoderarse del poder le valieron en aquella época, el epíteto de el Catilina Americano. Declarado reo de alta traición por Sarratea, sus compañeros de armas su- frieron también la pena de proscripción y fueron a ampararse de los federales Carrera, López y Ramírez. Los jefes que le acompañaban publicaron un manifiesto contra el Cabildo y el Gobierno, declarando que procedían de la misma manera que había proce dido con él; Rondeau el año XII; las tropas del Perú el año XV; lo que Díaz Vélez con Belgrano el año XVI; lo que Bustos y el ejército auxiliar el XIX lo que Soler con Balcarce el año XX. El 24 de Mayo la Junta de Representantes formó un tribunal para juzgar a Alvear, que puesto fuera de la ley se había retirado á Santa Fé. Penetró nuevamente al territorio de Buenos Aires con las fuerzas de Estanislao López y obtuvieron un triunfo en la Canadá de la Cruz sobre las tropas que mandaba el general Soler. Ocupada en consecuencia la campaña por los invasores el general López (Estanislao) convocó una Junta de Representantes en la Villa de Lujan, y el 1° de Julio ésta nombró al general Alvear gobernador de Buenos Aires y Capitán General de la Provincia. Negada como era consi guiente toda obediencia por el Cabildo, Al- vear, dirigió un oficio a este cuerpo, desco nociendo su autoridad y el derecho para desaprobar su nombramiento, lamentando, decía, el compromiso en que lo ponen la obstinación y el deseo de mando de cuatro miserables. Pero habiéndose retirado el ejército federal fue batido en San Nicolás y en Pavón, y Alvear pasó nuevamente á Montevideo. La persona de Alvear continuó manteniendo en alarma á las autoridades argentinas. Parece que en el año sub- siguiente concibió de acuerdo con el general portugués Lecor, Ramírez y otros, un nuevo y vasto plan para apoderarse del mando de la República, después de ceder el territorio de Entre Rios á la corona del Portugal y el señor Zinny en su Bibliografía Histórica del Rio de la Plata, asevera que Alvear, nombrado brigadier de los ejércitos lusitanos, hizo su salida públicamente desde un café de Montevideo á las siete y media de la ma del 17 de Marzo (1821); acompañado de don Lucio Mansilla, tres negros y un oficial portugués con destino al Entre Rios: desbaratando el gobierno de Buenos Aires estos planes subversivos con la adopción de medidas rápidas y enérgicas. La ley de olvido de 1822 le permitió volver al suelo natal y comprendido en la ley de la Reforma militar, se retiró a la vida privada. El 19 de Marzo de 1823 fue llamado por el gobierno para defender su autoridad, atacada aquella noche tumultuariamente, y habiendo salido victorioso, la orden del día inmediata declaró "que el general Alvear había servido en defensa de la causa del gobierno con su persona y consejo". En Setiembre de 1824 fue nombrado Ministro Plenipotenciario en la República de Colombia; pero no desempeñó este empleo. En Mayo del siguiente año, obtuvo el nombramiento de Ministro Plenipotenciario y Enviado extraordinario cerca del Libertador Bolívar y de la Asam blea del Alto Perú, para llevar la declaración del Congreso por la cual se dejaba á las provincias de ese país, la libertad de poder disponer de su suerte y también para felicitar al Libertador. Este simpatizó mucho con el enviado argentino, y es fácil expli carlo, porque ambos eran en igual grado amantes de la gloria y amigos del placer. Alvear llenó satisfactoriamente su misión, y obtuvo del gobierno del Alto Perú la devolución de Tarija y la igualdad del derecho en Bolivia para el comercio argentino. Sucre, por su parte, le obsequió con el titulo de doctor en leyes de Chuquisaca. Se ha dicho que comprometió la dignidad de su misión, arrodillándose con su comitiva en Chuquisaca ante el Libertador para saludarlo como al héroe de la libertad ameri cana, hecho que ha pasado á la posteridad con el nombre de Adoración de Bolívar. Hay todavía personas de aquella época que afirman haberlo presenciado; pero el señor don Domingo de Oro, secretario de Alvear en aquella época, aunque no se halló presente en el banquete en que se dice tuvo lugar la adoración, opina que no es mas que una calumnia y se funda en buenos argumentos, los cuales se hallan en una carta del señor Oro al doctor Carranza y que nosotros hemos leído. Lo que no se discute es la aventura galante que tuvo Alvear en el convento de Teresas de dicha ciudad. El hecho no se hizo público y Alvear salió bien parado, por la oportuna interposición de Bolívar que aplaudió la aventura de su compañero, y acalló los escrúpulos de la Abadesa con promesas de beneficios para la orden. En las elecciones en virtud de la ley de 29 de Noviembre de 1825, fue elegido diputado al Congreso por la provincia de Buenos Aires, estando ausente; y el 8 de Febrero de 1826, Rivadavia le dio la cartera de Guerra y Marina, no tomando posesión de su puesto hasta Mayo por hallarse aun de viaje para la capital. El 14 de Agosto de ese mismo año, aceptó el puesto de general en jefe del ejército republicano en la Banda Oriental, con las facultades de Capitán general, cuyos reglamentos en su mayor parte fueron formados durante su ministerio. Empezó la campaña el 28 de Diciembre después de or ganizar el ejército con rapidez increíble." Todo el mundo es testigo, decía el general Alvear, de la necesidad en que nos vimos de improvisar un ejército, cuando no existía ninguno de los elementos de que debe com ponerse; sin cuadros de regimientos, sin ninguna de aquellas instituciones que sirven a la creación y perfección de una fuerza armada regular. Fue, pues, indispensable formar los cuerpos en un solo día, teniendo la misma antigüedad que la tropa los cabos y sargentos, todos los alférezes y la mayor parte de los tenientes. Los artilleros en todas sus clases se hallaban en la misma situaci³n." Sin embargo, con este ejército el general Alvear se coronó de gloria en la campaña de 1827. "Con una combinación de marchas estratégicas sumamente hábiles, el general Alvear había maniobrado en el terreno enemigo desde San Gabriel á Santa María mostrando aquella sagacidad y fijeza de propósitos bien deliberados, que carac teriza á los guerreros. Desconcertando completamente a sus adversarios entre los cuales estaba Braün, hombre consumado en las ciencias de las campañas y de las batallas, el general Alvear había conseguido, á la luz del día, sorprender ruda mente al enemigo no a la manera de los montoneros o bandidos, que son siempre impotentes para sorprender ejércitos reglados: no en la oscuridad de la noche, como en un acto de suprema desesperación; sino estratégicamente y sobre un campo de ba talla escogido y preparado de antemano para disfrutar con ventaja la victoria. Los jefes mismos del ejército imperial están contestes en rendirle este hermosísimo testimonio. La batalla que el ejército imperial dio el 20, no produjo la victoria de nuestras armas (dice un oficio de Barbasena al Emperador) porque no se cumplieron mis disposiciones, y porque el ejército imperial fue sorprendido durante su marcha." Invadió el territorio brasilero, Alvear consiguió hacer abando- nar al enemigo las serranías, que ocupaba, por medio de una retirada fingida, porque le convenía operar en campo llano por la superioridad de la caballería republicana. El 20 de Febrero se dio la batalla y su resultado fue espléndido para nuestras armas. El enemigo perdió su campo de batalla, parte de su artillería y de sus banderas, todo su bagaje y todo su parque, y se retiró al otro lado del Yacui á setenta leguas del lugar de la acción, quedando inmortalizado desde aquel día el nombre del arroyo de Ituzaingó. Si el general Alvear hubiera sido reforzado con infantería después de esta batalla, la campaña hubiera terminado en breve y del modo más ventajoso para nosotros. Pero Alvear había pertenecido a la adminis- tración de Rivadavia y entonces gobernaba en Buenos Aires Dorrego, hostil al ejército en operaciones; Alvear se encontró con las manos atadas y sin poder ultimar al enemigo. El 23 de Abril, se consiguió un nuevo triunfo sobre los brasileros en Camacuá mandados por el general Barreto; y algunos otros que se mencionarán en los artículos de los jefes que los obtuvieron. El ejército dirigido por su hábil general, aban-donado por su gobierno, y víctima de las mezquinas rencillas políticas, hizo cuanto le fue dado por la gloria de su bandera. Se midió con las renombradas infanterías austríacas que retrocedieron ante él, vivió siete meses á costa del enemigo en la provincia de San Pedro y sobre todo devolvió la independencia al suelo oriental que era provincia brasilera desde 1817. Se decretaron escudos y cordones de honor para el ej©rcito, y concluida la campaña, y hallándose el ejército en cuarteles de invierno, el general Alvear dejó el mando y se retiró nuevamente á la vida privada el 23 de Julio de 1827. El vencedor no halló en su patria el premio debido á sus hazañas. En vez de recompensas, el gobierno desconoció sus servicios y sus adversarios políticos, se complacieron en calumniarlo y en disminuir su mérito. Acusó al editor del Correo Político, Miguel Rabelo, ante el jury, y como no pudo probar sus acriminaciones, fue condenado á destierro y á ser privado de escribir por dos años. Sus partidarios militares eran perseguidos a palos en los cafés, y sus defensores en la prensa eran atropellados y heridos en las calles. El mismo Alvear a principios del año 28 fue víctima de un conato de asesinato, tal era la saña que se tenia contra el heroico vencedor de Itu zaingó. Alvear no tomó parte alguna en la revolución de Lavalle. En Mayo de 1829 fue nombrado Ministro de Guerra y Marina, empleo que desempeñó hasta el 3 de Julio, en que eleva su renuncia. En 1832. fue investido con el carácter de enviado extra ordinario cerca del gobierno de los Estados Unidos; pero no llegó á desempeñar esta misión hasta que tres años mas tarde fue reemplazado por don Manuel Moreno. Finalmente en Mayo de 1833, Rosas, para alejarlo de la República lo nombró Ministro en Norte-América. Partió para su destino en un buque sin lastre, lo que hace sospechar que aquel tirano deseaba deshacerse de En Washington el general Alvear era el decano del cuerpo diplomático y el consejero de sus otros colegas. En Agosto de 1852, hallándose aun en Nueva York fue acreditado por el general Urquiza, en el mismo carácter cerca del gobierno de la República Francesa; pero no pudo desempeñar su nueva misión á causa de sus años y dolencias; falleciendo en aquella ciudad de pulmonía aguda el 2 de Noviembre de 1852. A mas de los escritos que hemos mencionado del general Alvear, existe una Exposición sobre la rendición de Montevideo pu- blicada en Buenos Aires en 1814; y otra Exposición sobre la campaña del Brasil, publicada en 1828. El 26 de Julio de 1854 fueron depositados sus restos en el cemen- terio del Norte, que Brown fue á buscar á Norte-América de setenta y ocho años. En la comisión que los recibió en el muelle se encontraba el general Paz. El doctor Al sina saludó en el general Alvear, al primer ciudadano que concibió el atrevido proyecto de derribar la dictadura de Rosas, aunque por una fatalidad no pudo tomar parte en la cruzada contra ella. por Carlos Molina Arrotea, Servando García y Apolinario C. Casabal, Diccionario Biográfico Nacional, Buenos Aires 1877

  • Fuentes 
    1. [S473] Genealogía de los Alvear, Solveyra Tomkinson, Ignacio, Medrano Balcarce, Juan Manuel; Pérez Calvo, Lucio y Temperley Schoener, Jorge, (www.genealogiasdebuenosaires.org).

    2. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).

    3. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com), https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939D-VQ9X-G.