Manuel López Anaya

Varón - 1750


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  • Nombre Manuel López Anaya 
    Nacimiento Polán, Toledo, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 1750 
    ID Persona I6836  Los Antepasados
    Última Modificación 17 Sep 2018 

    Madre Los Lopez Anaya 
    ID Familia F4009  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Juana Josefa Ruiz Gamiz,   c. 11 May 1719, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida  [1
    Casado 20 Abr 1739  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
     1. Lucas Francisco Xavier López Anaya Ruiz,   n. Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +2. María Manuela López Anaya Ruiz,   f. 10 Abr 1815, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +3. Romana Josefa López de Anaya Ruiz,   n. 1754, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 30 Oct 1822, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
    Última Modificación 18 Feb 2018 
    ID Familia F4002  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • MANUEL LÓPEZ DE ANAYA, nacido en la toledana Polán. Hacia el afio 1737 nuestro "polaneco" establecióse en Buenos Aires donde, el 20-IV-1739 en la Iglesia de la Merced, contrajo enlace con la joven porteña Juana Josefa Ruiz y Gamiz, hija de Juan Francisco Ruiz Gómez y de Isabel de Gamiz Alvarez de Lasarte.
      Era Manuel López de Anaya un comerciante integral, según los escasos datos que he recogido de su persona, todos ellos vinculados a la actividad mercantil. Así, las actas capitulares lugareñas solamente estampan su nombre en 1744, con motivo de haber solicitado, junto con Basilio Pesoa, que el Ayuntamiento estableciera la fecha "desde la que rige el pago del 2% por derechos de aleábales" (impuesto a las ventas). Es que nuestro marchante fue durante un tiempo vendedor en gran escala; no sólo de efectos, mercaderías y trapos, sino que tuvo "permiso de negros", concedido por Su Majestad. En consecuencia, cierta vez, introdujo un fuerte cargamento de esclavos en la sumaca portuguesa "Nuestra Señora del Amparo". Y el 28-V-1746, don Manuel testó para asegurar la permanencia de sus bienes en la familia. Mas al promediar el siglo, la situación financiera del personaje - como lo leeremos en el testamento de su cónyuge - estaba tan comprometida que hizo crisis en bancarrota, allá en el Alto Perú, donde asediado por los acreedores, fundido por completo, murió lejos de los suyos.
      Antes de partir hacia las "provincias de arriba", en ese para él año fatídico de 1750, López de Anaya otorgó dos escrituras en el registro del Escribano Francisco de Merlo - tío político de su mujer. Por una de ellas, el 4 de mayo, obligábase a pagar a José Iturriaga y a Juan Calvo de Villalobos la suma de 2.875 pesos corrientes. Y por la otra del 27 de mayo - ya como quien dice con un pie en el estribo del carricoche que lo llevaría al viaje sin retorno - el compareciente dejó suscripto un poder a favor de su esposa Juana Josefa Ruiz y del "Ayudante Mayor de este Presidio" Pedro Pérez de Guzmán.

      El arco de plata de Nuestra Señora de la Merced

      En otro orden de consideraciones, como se habrá advertido a lo largo de estas monografías históricas, en aquellos ayeres lejanos, las prácticas religiosas de cada familia se circunscribían al ámbito exclusivo - por decirlo así - de una parroquia determinada. En ese templo todos sus miembros recibían, año tras año, el bautismo y demás sacramentos. Allí, durante el curso de sus vidas, participaban fervorosamente en los ritos y ceremonias del culto; allí contraían matrimonio, educaban a sus hijos y sus cadáveres eran sepultados ahí. Por mucho tiempo todavía, el recuerdo de esos muertos prolongábase para los vivientes en las misas impetratorias de los aniversarios o en la fundación de piadosas Capellanías.Y si, vaya por caso, la Catedral fue panteón para los Riglos durante varias generaciones, y para Alonso de Laj arrota, su pariente y alguno de los Aguirre de la misma estirpe; si entre los cimientos de Santo Domingo son hoy ceniza los cuerpos de Pérez de Burgos y sus descendientes los Rodríguez de Estela, los Soria y los Dogan; si en San Francisco quedó inhumado Pedro de Izarra y, por casi dos siglos, sus vastagos, los Gaete, los Torres y los Quintana tuvieron enterratorio propio; la familia de Gamiz con sus deudos los López Osornio, los Bolafios, los Ruiz, los López Anaya y los Anchorena fueron, a su vez, en la vida y en la muerte, asiduos parroquianos y fieles difuntos de la Iglesia de La Merced.
      Ante el altar de este templo inconcluso (que se terminó definitivamente en 1769, gracias a la munificencia de los cónyuges José Ruiz de Arellano y María Rosa Giles), se bendijeron las nupcias del soldado Pedro Gamiz de las Cuevas con Tomasa Alvarez de Lasarte; patriarcas del linaje argentino de su sangre; y en el cementerio anexo a dicho convento - sobre la actual calle Sarmiento - recibieron ambos cristiana sepultura. En la iglesia mercedaria fueron también espiritualmente asistidos todos los hijos del referido matrimonio. Uno de los cuales, Pedro Gamiz, profesó en la venerable orden catalana creada por San Pedro Nolasco. Igualmente su sobrino carnal, fray Juan José Bolafios Gamiz, pudo lucir, sobre su hábito blanco, el escudo timbrado con la corona aragonesa, que en uno de sus cuarteles rojos lleva la Cruz de plata de la Catedral de Barcelona y, en el otro, de oro, las cuatro barras verticales de gules que, en el siglo XIII, a dichos religiosos, cuando redimían cautivos entre los moros, les concedió el Rey Jaime I de Aragón.
      Por otra parte, tanto Bernarda Gamiz de Bolafios como Nicolasa Gamiz de López Osornio fundaron sendas Capellanías de misas a rezarse en La Merced. Y cuando mi antepasada Isabel de Gamiz, designó - por señas, pues había perdido el habla - a sus albaceas testamentarios, al oír el nombre del Reverendo mercedario Fray José Eugenio Díaz lo confirmó de un cabezazo ante el Escribano Herrera.
      A mérito pues de tales antecedentes familiares - y por contarse ella entre las hermanas terciarias de La Merced y tener destinado, además, un niñito suyo para fraile de dicha Orden - Juana Josefa Ruiz y Gamiz, en uso de aquel poder que le confiriera su esposo Manuel López de Anaya, "ausente en las provincias de arriba", compareció el 24-IX-1750 (día de la Señora de Mercedes, precisamente), ante su tío el Escribano Francisco de Merlo, y en una escritura pública expuso que su consorte "mandó hacer un arco de plata labrada, para hacer donación de él a Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, para que perpetuamente esté puesto de adorno en su nicho". Ese ornamento se componía "de ochenta y cuatro piezas de plata que pesan ciento y sesenta y dos marcos y seis onzas, con más diez y siete espejos y su armazón de madera, que todo tiene de costo dos mil pesos corrientes de a ocho reales". Y agregaba doña Josefa; que a fin de cumplir los deseos de su marido hacía formal donación, en dicho acto, a la comunidad mercedaria, de la referida orfebrería, bajo la condición de que sirviera a la Virgen "perpetuamente en su nicho, sin que se pueda quitar de él por ningún prelado particular ni superior ni religioso alguno, ni deshacerlo para otra cosa, ni enagenarlo, ni prestarlo a persona alguna, aunque sea para adentro de dicha Iglesia"; caso contrario el valioso artefacto debía de volver "a los hijos o herederos o parientes cercanos de dicho su marido o, a falta de estos, a los otorgantes"; los cuales, por su parte, estaban obligados a reclamar el arco si no se le daba el destino establecido.
      Tal escritura, finalmente, fue aceptada en un todo - "so las penas expresadas" - por los frailes Antonio Rodríguez y Diego de Toro Villalobos, Comendador y Depositario de los mercedarios, respectivamente; quienes agradecieron el regalo, con la promesa de que los esposos López de Anaya-Ruiz de Gamiz "serán atendidos en las oraciones y sufragios que acostumbran ha hacer por los bienhechores a la religión". Así lo otorgaron y firmaron en la sacristía del aludido convento.
      Y bien, como el arco de plata labrada ha desaparecido del nicho de Nuestra Señora de la Merced - seguramente después de la reforma llevada a cabo por Rivadavia en 1822 -, en mi carácter de descendiente directo de los donadores (5to nieto), reclamo en forma solemne, desde estas modestas páginas, el derecho a que se me devuelva aquella artística pieza religiosa, obra, sin duda, de alguno de nuestros notables plateros coloniales.
      por Carlos F. Ibarguren

  • Fuentes 
    1. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).