Marco Manuel Avellaneda González

Marco Manuel Avellaneda González

Varón 1813 - 1841  (28 años)

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  • Nombre Marco Manuel Avellaneda González 
    Nacimiento 18 Jun 1813  San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Bautismo 18 Jun 1813  Catedral de San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    • Padrinos: Bernardino Ahumada y su esposa Petrona Avellaneda
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 3 Oct 1841  Metán, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Causa: Degollado por los Federales 
    ID Persona I534  Los Antepasados
    Última Modificación 22 Mar 2012 

    Padre Nicolás Avellaneda Tula,   n. 6 Dic 1786, San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 11 Feb 1855, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años) 
    Madre María Salomé González Espeche,   n. 23 Oct 1793, San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 27 Dic 1851, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 58 años) 
    Casado 30 Abr 1812  San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    ID Familia F344  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Dolores Silva Zavaleta,   n. 1820, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 18 Oct 1890, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 70 años) 
    Casado 3 Ene 1836  Catedral Nuestra Señora de la Encarnación, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [3
    • Fueron sus testigos D. José Figueroa y Da. Transito Gonzalez [2]
    Hijos 
    +1. Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda Silva,   n. 1 Oct 1836, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 25 Nov 1885, A bordo de "El Congo", Alta Mar Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 49 años)
    +2. Marco Aurelio Martín Avellaneda Silva,   n. 2 Dic 1837, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 29 Ene 1911, Tigre, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 73 años)
     3. Manuel Ignacio Avellaneda Silva,   n. Ene 1839, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 22 Jul 1888, Caspinchango, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 49 años)
    +4. Eudoro José Avellaneda Silva,   n. 13 Abr 1840, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 11 Jul 1891, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 51 años)
     5. Isabel Salomé Avellaneda Silva,   n. 1 Jul 1841, San Salvador de Jujuy, Jujuy, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1841, San Salvador de Jujuy, Jujuy, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 18 Ene 2017 
    ID Familia F342  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 18 Jun 1813 - San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsBautismo - 18 Jun 1813 - Catedral de San Fernando del Valle de Catamarca, Catamarca, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 3 Ene 1836 - Catedral Nuestra Señora de la Encarnación, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - Causa: Degollado por los Federales - 3 Oct 1841 - Metán, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
     = Enlace a Google Earth 

  • Fotos
    Avellaneda González, Marco Manuel
    Avellaneda González, Marco Manuel
    Avellaneda González, Marco Manuel
    Avellaneda González, Marco Manuel
    Un dibujo de Bettinotti, en el Museo Histórico Nacional.

    Lápidas
    Avellaneda González, Marco
    Avellaneda González, Marco

  • Notas 
    • En la ciudad de Catamarca y de la unión de D. Nicolás de Avellaneda y Tula, y de doña Salomé González Espeche, nació, el 18 de junio de 1813, Marco Manuel de Avellaneda y González. En 1817 el gobernador de Tucumán Mota Botello designó a D. Nicolás teniente gobernador de Catamarca. En 1819, dicho gobernador es derrocado por Felipe Heredia y otros oficiales, deponiendo, también en Catamarca, el coronel Soria al teniente gobernador Avellaneda.
      A partir de allí comienza en la región una anarquía protagonizada por los enconos de los caudillos Güemes y Aráoz que finalizan con la inesperada muerte del primero. Tucumán es el país del desorden y arrastra en su anarquía a Catamarca.
      Derrotado Bernabé Aráoz, cae su república del Tucumán. El 25 de agosto de 1821 el gobierno de Catamarca, presidido por don Nicolás, convoca a Cabildo abierto y declara la autonomía de la provincia. En la misma sesión se lo designa primer gobernador propietario. Más tarde, se aleja definitivamente de la política y se instala en Tucumán. Luego de la derrota de Faimallá, emigra a Bolivia, donde permanecerá hasta 1844, en que regresa a Tucumán y se dedica a asistir y educar a sus nietos hasta su fallecimiento, ocurrido en 1855.
      Marco recibe los genes de su progenitor y abraza la política con romántico ardor. Pasa en Catamarca sus primeros años estudiando en el colegio de los franciscanos, trasladándose a los 10 años a Tucumán, para partir a completar sus estudios a Córdoba en el año 1825.
      Muchos autores señalan que el joven Marco fue uno de los beneficiarios de las becas creadas por inspiración de Rivadavia, lo cual le permitiera estudiar en el Colegio de Estudios Eclesiásticos de Buenos Aires junto a Alberdi, donde se recibe de abogado, luego de trabajar en la misma universidad para lograr su sustento. Termina sus estudios con notas sobresalientes, obteniendo el grado de doctor el 5 de mayo de 1834 y en los comienzos visibles del gobierno despótico de Rosas.
      En Buenos Aires incursiona en el periodismo que luego ejercerá en Tucumán. Poco después, parte para Tucumán haciendo una etapa en Córdoba, donde presencia el examen final del joven Alberdi, con quien prosigue luego su viaje a Tucumán.
      El 9 de julio de 1834 a los 21 años, luego de 7 años de ausencia, llega Marco al lugar donde se desarrollaría su corta vida. Su provincia recibirá de este hombre iluminado sólo 7 años más de su fructífero intelecto.
      Otro aspecto de su extraordinaria personalidad es su veta literaria y poética. Juan María Gutiérrez lo incluye en la lista de poetas americanos publicada en la Revista del Río de la Plata. Juan Cruz Varela pondera sus románticos versos, que según los expertos, siendo aceptables no eran de una calidad superior.
      Al poco tiempo de regresar, empieza a sobresalir en la vida pública de la provincia. Es elegido diputado y luego síndico procurador, desempeñando más tarde diversos cargos públicos. En agosto de 1834 recibe la autorización del gobernador Heredia para ejercer -junto con Alberdi- la profesión de abogado. La protección de Heredia deparada a Alberdi por su amistad con éste beneficia al joven Marco. Terminada la sucesión de sus padres, que lo llevara a Alberdi a Tucumán, éste regresa a Buenos Aires, dejando desconsolado a Marco. La amistad de Alberdi y Avellaneda se había cimentado más aún con el trato diario que mantuvieron durante los meses que éste permaneció en Tucumán. En las cartas de Avellaneda a Alberdi le manifiesta su pena por tener que acompañar a sus padres y encontrarse en un ambiente chato y reducido como era entonces Tucumán, expresando: "... cómo le envidio cuando veo su cabeza llena de proyectos y de esas nobles ilusiones de la juventud que algunas veces ocuparon mi mente". Y continúa: "...así yo no hablo más que conmigo mismo. Indiferente a cuanto me rodea, abandonado a mí mismo y a mis propias fuerzas, siento una abundancia de vida que me desespera. En otros tiempos leía libros: tenía avaricia de instrucción: ya los detesto: ¿de qué me servirían ellos? Sin estímulos y sin esperanzas, sin un hombre con quien estudiar y discutir. ¿Qué podría hacer?" No obstante la frustración manifestada en las cartas transcriptas, su actuación es destacada en el foro, en la sociedad tucumana o en la Legislatura.
      El 3 de enero de 1836, el vicario de la matriz de la ciudad de Tucumán, José Colombres, celebra el matrimonio de Dolores Silva Zavaleta con Marco de Avellaneda González. Su suegro, Manuel Silva, era uno de los hombres más ricos de Tucumán. De esta unión nacieron Nicolás, a fines de 1836 -luego presidente de la república- en 1837 Marco Aurelio Martín, también candidato a presidente y destacado político, en 1838 Dolores tuvo su tercer hijo, Manuel José y en 1840 nació el cuarto varón Eudoro José.
      Según Terán: "Marco Avellaneda vivió apenas lo necesario para que tuviéramos de su vida la impresión de un relámpago en medio de la tempestad. Pues bien, en esos breves años azarosos tuvo tiempo para hacer la expresión más brillante de una jornada histórica, su numen y su brazo para dejar escritos, para dejar páginas políticas y una vibración extraordinaria y de belleza clásica. Ellas nos permiten, ante su carrera deslumbrante y su destino, decir hoy cuán grande espíritu tenía en su pecho de héroe".
      Avellaneda fue un auténtico federal doctrinario, que bebiera sus ideas en el federalismo aplicado de los Estados Unidos. Los excesos cometidos a la sombra del titulado federalismo llevaron a Avellaneda, sin serlo, al bando unitario.
      Proyectó una constitución para Tucumán, que fue rechazada por el gobernador Heredia. Rodeado de un manto siniestro en su provincia, presencia absorto los degüellos y fusilamientos de familias enteras, al incorporar y someter Heredia las provincias del norte. Según Peña en esos momentos: "Se anida en él una nostalgia desesperante. Pregona frases que no reciben eco: la civilización es el más firme apoyo de la libertad y el enemigo más irreconciliable del despotismo".
      Alberdi le escribe y le habla de fundar una sociedad análoga a la llamada de mayo con filiales en cada ciudad importante. Más tarde, le escribiría al mismo Alberdi: "Mientras ustedes nos fastidian con sus vivas a la federación y mueran los salvajes unitarios, nosotros empezamos nuestros mensajes con esta hermosa frase: "Ya no hay divisiones, ni odio de partido, ni anarquía". Pero íntimamente el tribuno sabía que no existían mayores esperanzas de poder organizar la nación que deseaba.
      Asesinado Heredia, comienza a acentuarse la influencia del joven político. Las notas de Tucumán ya no llevan el encabezamiento concebido, no hay mueras, no hay vivas.
      Diversos historiadores, sobre todo revisionistas, han sostenido que Heredia, fue asesinado víctima de una conjura de los jóvenes liberales con Avellaneda como su promotor. Esta tesis nunca pudo ser demostrada y se basó en conjeturas y en cartas, que nada lo incriminan, dirigidas a Alberdi, Carranza y Tedín. Lo cierto es que Marco Avellaneda en carta sin su firma, que se le atribuye, enviada a Pío Tedín en mayo de 1839, coloca en ella una frase de aplauso a los asesinos de Heredia. Esta teoría fue usada políticamente por sus enemigos, y en especial para justificar la criminal muerte que recibiera en Metán. Alejandro Heredia fue asesinado el 12 de febrero de 1838. Al desaparecer los Heredia, Rosas pierde aliados poderosos en el norte, quedando solamente Ibarra en Santiago del Estero como su personero. Este gobernador se dirige a Cubas el 4 de mayo de 1839 en esta forma: "El tal Avellaneda no cesa de proseguir en sus maquinaciones y es notable que para darles algún colorido aparenta en Tucumán estar apoyado por usted. También ese infame botarate se ha atrevido a declararse enemigo del amigo Brizuela y mío, insultándonos desvergonzadamente cuando se presenta la ocasión. Y aunque todo lo que sale de su inmunda boca es tan despreciable como su persona, no me ocuparía yo de ello si usted lo tratase con el mismo desprecio que yo; pero desgraciadamente veo que no es así, y esa intimidad que dice tiene con usted le perjudica en gran medida y le traerá su perdición".
      Mientras que sus compañeros de causa política de Buenos Aires habrían de hacer su lucha contra la tiranía por medio de la prensa desde la emigración, Avellaneda la desafiaba en su propio teatro, buscando en la acción militar y política, la liberación del país.
      A Rosas le sorprende la actitud de este mozuelo de 26 años que no se intimida ante él ni le teme.
      Su accionar logra la coalición de las provincias del norte y el pronunciamiento de Tucumán, que le retira al gobernador de Buenos Aires las facultades para atender las relaciones exteriores.
      Según sus palabras: "El volcán había comenzado a echar humo". Marco, consciente del peligro escribiría: "Me siento con más fuerzas que nunca para recorrer con honor la corta distancia que me separa de la tumba".
      La proclama del 4 de mayo de 1840, redactada por Avellaneda y firmada por Piedrabuena, es uno de los más hermosos testimonios de la altivez y del honor de los argentinos.
      Principalmente este pronunciamiento cuyo fin era terminar con la tiranía de Rosas, era eminentemente regional y nada tenía que ver con los antiguos adversarios del caudillo, ni tenía apoyo alguno de los extranjeros.
      A los pocos días del pronunciamiento toman igual actitud Salta, Catamarca, Jujuy y La Rioja, declarando todas su deseo de luchar contra el tirano de Buenos Aires. El 10 de abril Piedrabuena había notificado a Rosas que se le habían revocado las facultades a él delegadas.
      En la fecha señalada anteriormente se lanza la proclama que anuncia al pueblo de la provincia el comienzo de la campaña contra Rosas: "¡Compatriotas! El cañón de nuestros viejos soldados de Maipú y Ayacucho ha empezado ya a romper las nubes que enlutecían el cielo de la Patria, y ha sonado ya su última hora para el déspota que manda en Buenos Aires... ¡Tucumanos!, un esfuerzo: y muy pronto el sol de la libertad proyectará sus rayos sobre las ondas del Plata, como sobre las cumbres de la Aconquija... El asiento de sus legisladores (los de Buenos Aires) está manchado con la sangre de su presidente y los templos han sido profanados colocándose en sus altares para ser adorada la odiosa imagen del tirano. ¡Tucumanos! El sol de mayo nos alumbra y la América entera nos está mirando".
      La guerra corre ya por diversos caminos del país ensangrentándolos y multiplicando la miseria. El lema de los coaligados: "Libertad, constitución o muerte", se conoce por doquier.
      El general Lamadrid, que junto con Lavalle cometieran el desatino de no unir sus fuerzas, es designado gobernador de Tucumán. Preciso es declarar, sin embargo, que durante su gobierno, si bien ejerció las "facultades extraordinarias" que le otorgaron, lo hizo en lo concerniente al ramo militar, quien lo usó en todo lo demás y se convirtió en el alma del gobierno, fue Avellaneda, que continuó como ministro universal, siendo él, el verdadero gobernador, tanto por su energía administrativa e influencia que ejercía en la población, como también porque las necesidades del momento multiplicaban las salidas de Lamadrid.
      Fue aquél un espectáculo histórico conmovedor. La revolución unitaria era popular en las clases ilustradas tucumanas, y las masas inferiores la había aceptado sin mayor resistencia, porque se había producido sencillamente por la evolución de las personas que ocupaban los puestos de gobierno. El alma del movimiento preparatorio, de la crisis del pronunciamiento, y de la dirección política y administrativa subsiguiente, había sido Marco Avellaneda. Refiriéndose a su acción, Paul Groussac, en su Ensayo Histórico escribiría:

      "Y el ayer joven de existencia oscura
      sin nombre ni prestigio,
      se levantó gigante en estatura
      para dejar de gloria hondo vestigio".

      Inspirador primero de Piedrabuena, ministro de Gobierno de Garmendia después, se convierte en el ministro universal de Lamadrid y despliega entonces una actividad maravillosa. Su extrema juventud le permitió desplegar un empuje bravío y altivo, a la par que lo templaba con la insólita mesura de una madurez casi incomprensible en tan pocos años. Paul Groussac en la misma obra señalaba: "Tenía 25 años y debía morir a los 26, el destino le dio un año de vida para hacerse inmortal, y Avellaneda cumplió su pacto secreto con la gloria, trazando con su sangre en la historia argentina una huella que el tiempo no borrará".
      Ernesto Quesada, en su obra "Pacheco y la campaña de Cuyo", nos dice: "Los reveses de los ejércitos unitarios y la proximidad del peligro, retemplaron los ánimos. Avellaneda se puso a la altura de la situación: pero era tarde. La parte militar del movimiento fue entregada a Lamadrid, quien se encargó de ella con la ley marcial; Avellaneda se ocupó del resto -y no era poco-. Todo había que improvisar, a todo que proveer. Por de pronto, se ordenó el servicio militar obligatorio. Además de los que voluntariamente se enrolaban en los diversos cuerpos, se creó un batallón "Constitución", al que fueron destinados todos los recalcitrantes sin distinción de colores políticos. Había que hacer héroes por la fuerza y los momentos no admitían contemplaciones: no quedaban a los federales o a los tibios, más recurso que ocultarse o fugar. Avellaneda proveyó a esto: se creó un destacamento especial de policía a ese solo efecto. Es decir: se echó mano de los mismos recursos de que abusaban los gobiernos federales, lo cierto es que aquella época calamitosa imponía a unos y otros los mismos procedimientos y los obligaban a los mismos abusos. El medio circulante era escaso y sin dinero, ese nervio de la guerra no era posible realizar milagros. Se apelaba al patriotismo de los particulares, y éstos daban lo que tenían, pero el recurso era precario. Avellaneda tuvo entonces un pensamiento genial y audazmente lo puso en práctica. Aprovechando el precedente de un banco de rescate y amonedación, cuya creación fue ordenada en 1820, cuando Tucumán era "republiqueta independiente", hizo sancionar el 28 de febrero de 1841 por el congreso de la Liga, la creación de un Banco Hipotecario para facilitar las contribuciones patrióticas de los ciudadanos que, careciendo de moneda, ofrecían sus bienes raíces para contribuir al tesoro público. Enseguida se dio el carácter de curso forzoso a los billetes que emitió el banco, estableciendo que se consideraría como a conspiradores contra el orden público y la sagrada causa de la libertad argentina a todos los que se negasen a recibir los billetes del banco por su valor escrito. Y para dar más fuerza a esa prescripción, se ordenó que los acusados de ese delito serían juzgados breve y sumariamente por el Consejo Militar Permanente, siendo castigados con la pena de muerte".
      El giro de la guerra, que era desfavorable a las fuerzas coaligadas, el avance de las fuerzas federales, la partida de Lamadrid a La Rioja y el triste fin de Lavalle en Faimallá, determinó que el 18 de mayo de 1841, después de la declaración del curso forzoso de esa moneda, las autoridades dispusieron su abolición.
      El inicial fervor se ve empañado por traiciones y deserciones. Al irse Lamadrid de Tucumán con destino a La Rioja, Marco Avellaneda se encuentra sumamente debilitado en el aspecto militar. El tribuno empuña la espada y combate a los revoltosos.
      Oribe está llegando a Tucumán y Avellaneda da su proclama al pueblo en la que dice: "Los bárbaros no dominarán a Tucumán sino después de haber pisoteado mi cadáver". Agregando: "¿Quién podrá vencernos?, si vamos a combatir entre los sepulcros de nuestros padres y las cunas de nuestros hijos".
      Paul Groussac citado por Méndez Avellaneda refiere: "... que Marco había desplegado una gran actividad reuniendo milicianos y llegando a formar con los 'Mayos' de Lavalle un ejército de 1800 hombres, pero cuando los tucumanos presenciaron la indisciplina y el desorden que reinaba en el ejército de éste, una gran decepción dominó todos los ánimos. Un solo detalle pero es enorme: no se pasaba lista a ninguna hora. Las pulperías de la ciudad y el campamento retumbaban con la algaraza de la soldadesca. Los invencibles 'mayos' habían enseñado a los milicianos, en lugar de maniobras, una célebre canción llena de promesas y terribles amenazas:

      Bravos hijos de mayo glorioso
      Levantad, destrozad, desplegad!

      La batalla no fue sino un gran desastre. Las divisiones se disuelven como el humo. A las 6 de la mañana en punto se disparó el primer cañonazo y comenzaron las cargas de caballería. El choque duró muy poco, pero la persecución fue tenaz hasta las 8:30. La mortandad por parte de las fuerzas de Lavalle fue horrorosa. El ejército federal perdió 20 hombres. Toda la infantería de sus enemigos fue prisionera y cayó toda la artillería, que eran 4 piezas. La matanza fue terrible, don Manuel Oribe mandó ejecutar en su presencia los oficiales que le entregamos rendidos, cayeron degollados entre las patas de sus caballos".
      Concluye la derrota y la retirada se generaliza sobreviniendo una sangrienta represión. Señala el capitán García citado también por Méndez Avellaneda: "Todo cuanto cayó en poder del general Oribe en clase de oficial, fue degollado y no se movió del campo de batalla sin haber ultimado a todos los jefes y oficiales rendidos; fue uno de ellos el coronel Bordas, al que traje en ancas desnudo". Añade que luego de concluida la batalla: "Marchamos con dirección a Tucumán haciendo un pequeño alto en la reducción para dar de comer a los caballos. Campó esa noche el ejército en la esquina cerca del ceibal. Al día siguiente se toman innumerables prisioneros. La mayor parte de éstos han sido degollados. En el rincón de Ugarte, el general Oribe manda hacer una gran degollación, fueron pasados a cuchillo todos los soldados prisioneros cordobeses y correntinos que se encontraron, que pasaban de 350 hombres. Enseguida el general Oribe entró en la capital de Tucumán donde fue bien recibido de miedo".
      Con la derrota de Faimallá, el 19 de septiembre de 1841, quedó destruida la Coalición del Norte. Los pueblos volvieron a enmudecer. Lavalle tomó el camino de Salta para encontrar su fin poco después en Jujuy.
      Según Solá en su libro "La Liga del norte": "Lavalle manda a Sandoval, jefe de su escolta, con ciento cincuenta hombres a reunirse a Avellaneda para que siga con él la marcha a Salta por el camino de las cuestas. El traidor manda avisar a Oribe el plan trazado, avisándole que entregará al gobernador en Pozo Verde. Llega a la estancia La Alemania, departamento de Guachipas, el día 30 de septiembre a las 8 de la noche y ocupa la casa de la posta y un alfalfar donde echa la caballada.
      "El desgraciado Avellaneda arribó al referido lugar por la tarde con 300 hombres de caballería. Sandoval se había anticipado a recibirlo acompañado de los oficiales de su escolta. Avellaneda y su fuerza campó sobre el bajo o la margen del río desde el corral de piedra de la posta hasta el camino de la cuesta. De la casa que ocupaba Sandoval hasta el corral de piedra solo dista una cuadra. Nada revelaba esa noche la escena de infamia que debía producirse: todo era quietud y orden. Al amanecer del día siguiente 1º de octubre, Sandoval destacó sigilosamente 55 hombres sobre la margen del río y otros 55 hombres sobre el alto en dirección al corral de piedra, donde dormía Avellaneda; de repente se oye en el bajo la voz de ¡A las armas, el enemigo!, que dieron dos de los oficiales a cuyo cargo estaba esa fuerza y la detonación de una descarga; los tiros de la gente de Sandoval mataron a los dos oficiales que después fueron encontrados y sepultados por el propietario de dicha casa. Después de tomar preso y atar a Avellaneda y sus compañeros, a las 2 de la tarde movió Sandoval la división, regresando por el mismo camino, el de la posta de Romero y el Brete a Metán donde se encontraba Oribe".
      A fin de conocer quien era este sujeto, oigamos el perfil que sobre su persona efectúa el general Tomás de Iriarte en sus memorias: "El tal Sandoval, protegido y predilecto del general Lavalle tan sólo por tener un porte y maneras montoneras, era un alarife de cuentas y todos sabíamos en el ejército que cuántas veces, y eran muy frecuentes, se le daban comisiones fuera de la vista del ejército, cometía los mayores excesos: robos, estupros; sangre y toda clase de violencias marcaban por doquiera la huella de Sandoval. El general Lavalle o no lo creía o aparentaba no creerlo. Sandoval era un cáncer que devoraba al ejército, un mal ejemplo vivo y de desmoralización e indisciplina: todos querían servir a sus órdenes porque sabían que autorizaba el robo; y cuando Sandoval deseaba incorporar a su partida soldados de los demás cuerpos bastaba que se lo indicase al general: éste ordenaba el pase inmediatamente, aún cuando el jefe del cuerpo representase y pidiese que revocase la orden, porque en lo que pertenecía a Sandoval no había apelación".
      Méndez Avellaneda en su libro citado menciona este relato del teniente Juan Farías que participó como oficial del Batallón Libertad en la campaña del año 40 bajo las órdenes del coronel Maza. Oigámoslo: "El comandante Sandobal, uno de los decididos guerrilleros del ejército unitario, el hombre más mimado de Lavalle y del mismo Avellaneda, de quien era jefe de su escolta, acaba de entregar como Judas a Cristo al joven doctor que derrotado después de la batalla del Monte Grande (Famaillá), buscaba empeñosamente la reunión del general Lavalle y a ese efecto marchaba por su camino forzoso con 200 hombres a las órdenes de Sandobal, cuando éste se adelanta y le dice: 'Dése usted preso que voy a entregarlo al general Oribe'. El doctor Avellaneda echa entonces una mirada a la pequeña columna que le seguía y encuentra en aquellos soldados no defensores sino ejecutores de la traición del comandante de su escolta. Ayer entró Sandobal a este cuartel general conduciendo preso a su gobernador, coronel Videla y demás jefes y lo más repugnante que a nuestra vista ofreció este hombre fue su descaro al presentarse -venía montado en el caballo del gobernador, con sus lujosos aperos, todavía puestas las espuelas, la gorra bordada y un poncho de paño bordado de oro que usaba el gobernador. El general Oribe recibió gozoso a este traidor y mandó a los presos a la guardia de prevención de Maza que acababa de incorporarse con la división de Andrade. Maza fue el encargado de levantar una ridícula información sobre el gobernador Avellaneda, éste fue interrogado por Maza que le había hecho subir casi desnudo sobre la galera. El gobernador estaba descalzo, envuelto en una frazada de picote y sentado tranquilamente sobre la entrada de la galera de Maza, éste lo interrogaba y Avellaneda contestaba con entereza y moderación, poco después fueron ejecutados los seis del modo siguiente: seis soldados con sus cuchillos en mano les cortaron la cabeza estando de pie, los cuerpos cayeron, el de Avellaneda, con la cabeza completamente separada se afirmó en las manos apenas cayó y por largo rato estuvo como quien anda a gatas. Mientras tanto, la cabeza separada y tomada por un soldado de los cabellos hacía las más extrañas gesticulaciones: los ojos se habrían y cerraban girando de izquierda a derecha y echando de frente, sin apagarse mientras el labio inferior se colocaba muchas veces debajo de los dientes con un movimiento natural y poco forzado como cuando la ira nos hace contraer de ese modo la boca. La cabeza vivió de ese modo 12 minutos y el cuerpo del mismo después de estar inmóvil presentó otro fenómeno de vitalidad. Un tal Bernardino Olidén, capitán allegado al general Oribe y uno de los hombres más feroces y carniceros sacó el cuchillo y observando la blancura y delicado cutis de Avellaneda: de este cuero dijo quiero una manea y dando un tajo todo a lo largo del cuerpo del decapitado señaló la piel haciendo correr por el lomo lentamente el cuchillo: el cadáver se enderezó nuevamente apoyado en las palmas de las manos y hasta donde le es posible a un hombre vivo levantarse en esa actitud se mantuvo por más de tres minutos -finalmente Olidén corrió nuevamente el cuchillo y sacó la lonja para la manea, el cadáver ya no se movió. El cuerpo de Avellaneda fue despedazado y así fueron los demás esa noche. La cabeza de Avellaneda ha sido acomodada por Maza y el general Oribe en un cajón con cal y remitida a Tucumán con orden al general Garzón de que se la ponga en la plaza pública clavada en un palo y a la altura de un hombre".
      No hay documentación que lo avale pero sí diversas referencias que señalan que al heroísmo de doña Fortunata García, se debió que la cabeza de Marco Avellaneda descanse hoy en el cementerio de la Recoleta.
      Según un parte de Oribe al gobernador Otero del 8 de noviembre de 1841, le comunica que Sandoval y sus cómplices fueron apresados por asesinatos y demás excesos cometidos en la Lagunilla, donde fueron ejecutados en la plaza y en presencia de la tropa. Sandoval tanto en las filas contrarias a Rosas o en el ejército federal continuó cometiendo crímenes que lo llevaron a su trágico fin.
      Marco Avellaneda, el lector de Cicerón, de Tácito y de Tito Livio, el político, jurista, esclavo de sus ideas, marido y padre ejemplar, añadía a su talento una belleza varonil y seductora que Sohle describe así:

      "Su estatura arrogante aunque pequeña,
      el ojo grande y la mirada ardiente.
      Su cabeza poblada de cabellos renegridos.
      Su nariz aguileña el aire aspira con anhelante
      ardor, mientras su labio grueso,
      elocuencia y persuasión respira".

      Su prematura muerte privó a la organización nacional del más elocuente y ardiente tribuno. Y en tal sentido señala Terán: "¡Oh! Si hubiera alumbrado el sol de Caseros para esa frente y esos labios -todavía en horas de plenitud y arrebato- de qué gran fuerza se habría dispuesto a favor de la organización de país".
      Para Echeverría: "Marco Avellaneda es el primogénito de la gloria entre la generación de su tiempo, cabeza sublime que los verdugos levantaron más alto que ninguna de las que cayeron por la patria". "No debió ser soldado y si no hubiera nacido un tirano, la reflexión y la ciencia habrían absorbido su preciosa vida".
      La absurda y trágica muerte de Marco Manuel de Avellaneda y González, el mártir de Metán, degollado a los 28 años en defensa de sus ideas y de la libertad de su patria, nos impone el deber de difundir en las nuevas generaciones argentinas su figura luminosa -que debe ser un modelo y ejemplo- para los argentinos.
      Por Alberto Allende Iriarte en Historias que Hacen Historia

  • Fuentes 
    1. [S784] Chirico, Gabriel, Chirico, Gabriel, (gabrielchirico(AT)hotmail.com).

    2. [S892] Augier, Martín Javier, Augier, Martín Javier, (martin_augier99@hotmail.com).

    3. [S892] Augier, Martín Javier, Augier, Martín Javier, (martin_augier99@hotmail.com).
      https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6LNS-VSH?