Sargento Mayor Diego Paez de Clavijo[1]

Varón - 1632


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  • Nombre Diego Paez de Clavijo 
    Título Sargento Mayor 
    Nacimiento Córdoba, Córdoba, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 20 Mar 1632  [1
    ID Persona I39481  Los Antepasados
    Última Modificación 13 Mar 2010 

    Padre Los Paez de Clavijo 
    ID Familia F15933  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Catalina Agreda de Vergara Gamiz 
    Casado 19 Jul 1624  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Hijos 
    +1. Diego Paez de Clavijo Agreda de Vergara,   c. 2 Jun 1626, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     2. Juana Paez de Clavijo Agreda de Vergara
    Última Modificación 13 Mar 2010 
    ID Familia F15926  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • DIEGO PAEZ DE CLAVIJO - mi antepasado - era andaluz, como tantos conquistadores y primeros pobladores rioplatenses. Había nacido en Córdoba, al pié de la Sierra Morena y a orillas del Guadalquivir; hijo legítimo de Juan Rodríguez de Alcala, vecino de la collación de San Miguel en dicha ciudad - donde testó el 27-V-1570 - y de su mujer Luisa Paez de Clavijo. Se cree que Diego peleó en Flandes, mas lo cierto es que arribó a Buenos Aires en calidad de Alferez de la compañía capitaneada por un hermano suyo, Bartolomé Paez de Clavijo, unida al contingente de mil hombres que, con destino al "reino de Chile", en 1605, trajo el Gobernador y Capitán General Antonio de Mosquera.
      Esta expedición, en la que vino de Alferez mi lejano abuelo resulta tristemente célebre en la historia sanitaria argentina, ya que con ella se introdujo, por primera vez en nuestro medio, el morbo de la viruela que provocó una epidemia tremenda. Embarcados aquellos 1.000 soldados en Lisboa, el 22-XI-1604, hiciéronse a la vela en una flota destinada al Brasil y al Río de la Plata. El hacinamiento y la "mala dieta" a que se vió sometida esa tropa durante el viaje, desató la terrible enfermedad con la muerte de 45 hombres, atacados de fiebre y pústulas malignas.
      Buenos Aires - según la estadística - contaba entonces con una población estable de solo 625 habitantes, de manera que fácil resulta imaginar el trastorno que significó para la ciudad el recibimiento imprevisto de 1.000 huéspedes, a quienes se tenía que alojar y abastecer por un tiempo, antes de que marcharan a su destino transcordillerano - y eso que, al principio, no se supo aquí que la gravosa hospitalidad debía de darse a quienes traían uno de los virus infecciosos más mortíferos que conoce la medicina.
      Así pues, cuando el 4-II-1605 una carabela adelantó la noticia que la gente armada del Gobernador Mosquera estaba detenida en Maldonado y que de un momento a otro desembarcaría en Buenos Aires, el Cabildo porteño (en el que actuaban, a la sazón mis antepasados; el Regidor Pedro Izarra y el Escribano Francisco Pérez de Burgos), resolvió pedir auxilio a los vecinos habitantes del comechingónico poblado de Córdoba, "para que acudan al servicios de Sus Magestades en esta ocasión, con armas, carretas y demás peltrechos que fueran necesarios para abío de la dicha gente que viene al Regno de Chili por este puerto".
      Al día subsiguiente, en ayuda de esos "myll ombres" del Rey - entre los que venía el Alferez Paez de Clavijo - las autoridades bonaerenses despacharon en cuatro navíos al Licenciado Andrés Rosillo y al Capitán Tomás de Garay - Teniente de Gobernador y descendiente del fundador de la ciudad -, a fin de que ambos, con seis soldados, se cruzaran a la "ysla de Maldonado", llevando "vizcochos, carne, algún tosino y algún azeyte para las vitácoras de los dichos navíos", y "vayan preferidos de algunos arcabuzes, mosquetes y munición, para lo que pudiere suceder". Pusiéronse, además, a disposición de la hueste de Mosquera "todas las carretas que al presente están en esta ciudad, de la gente que ha venido de Córdoba y de otras partes de la provincia del Tucumán", cuyos vehículos se embargaron, con pago a sus dueños de "lo justo y convinyente. Ansy mesmo" fueron incautadas "todas las harinas, carne, tosino y demás comydas"; y por voz de pregonero se hizo saber a los vecinos porteños, que si "tienen ganado vacuno, ansi vacas como novillos", debían de entregarlos "para el aviamyento de la dicha gente".
      La expedición de Mosquera para Chile - anota Nicolás Besio Moreno en su libro Buenos Aires, crítica sobre su población - "no pudo salir enseguida, y si bien se la mantuvo confinada, no se logró impedir el contacto repetido y fácil con la población local. Ello constituyó para el Cabildo una grave preocupación, pues tenía que proveerle los víveres y medios de transporte para el largo recorrido pampeano y trasandino. La viruela - agrega el citado autor - no se mantuvo entre la tropa; irradió de ella, y se introdujo en la ciudad en pago de sus desvelos y de su preocupación por ayudarla en la travesía. Entró en Buenos Aires, y se conservó en ella trescientos años causando mayores estragos que enfermedad alguna".
      Apenas diez días permanecieron aquellos guerreros apestados en el villorio porteño. El 17-III-1605, dichos hombres - es decir aquellos en quienes no había prendido el flagelo - se pusieron en marcha rumbo a la Capitanía chilena. El camino recorrido por el Alferez Paez de Clavijo y sus compañeros fue el de Tucumán y Cuyo, que estrenara en 1583 el Gobernador Alonso de Sotomayor. Llegados a Mendoza - adonde se demoraron seis meses - los soldados tuvieron a su disposición, para el consumo, un lote de 300 carneros que les fueron entregando los pobladores mendocinos - 50 almas, a la sazón - como lo ordenara el Gobierno de Chile, de cuya autoridad dependía entonces la región cuyana. Ya del otro lado de los Andes, cruzados a fines del invierno, encontraron los expedicionarios reparado el puente del río Aconcagua, que sin dificultad atravesaron; para ser recibidos, por septiembre u octubre, con enorme júbilo, en la ciudad de Santiago. Al poco tiempo, los recién llegados prosiguieron su viaje hacia la frontera salvaje del Arauco; en tanto el Cabildo santiaguino, el 11-XI-1605, le regalaba al Gobernador Mosquera una valiosa cadena de oro.
      Diego Paez de Clavijo, por su parte, en aquella región chilena, sirvió como Capitán en la guerra contra los araucanos (un Capitán en campaña ganaba en esa época 15 ducados de sueldo); y transcurrida una década y pico, decidió regresar a Buenos Aires para avecindarse definitivamente aquí. El 13-V-1619, fue ascendido a Sargento Mayor por el Gobernador Góngora. Su título en lo pertinente expresaba estos honrosos conceptos: "Por cuanto el oficio y cargo de Sargento Mayor de esta ciudad y puerto de Buenos Aires, que servía el Capitán Simón de Valdés, está vaco, por haberlo promovido por mi nombramiento (a Valdés) a Tesorero de la Real Hacienda; conviene proveer dicho cargo en persona de calidad, partes y experiencia, que le sepa regir y conservar en el buen orden y disciplina militar ... y por que éstas y las demás referidas calidades concurren en vos - Capitán Don Diego Paez de Clavixo - que lo habeis sido, y cabo de un Fuerte en el servicio de Su Magestad en el Reino y guerra de Chile, donde por vuestros papeles me consta habeis asistido más de diez años ... adonde entraste como Alferez de una compañía de Infantería de las que trajho a su cargo el Gobernador Antonio de Mosquera; y ... os hallaste en poblaciones de fuertes en el dicho reino y reducción del estado de Arauco, donde, por acudir a todo con la puntualidad y satisfacción ... , fuiste nombrado Ayudante de Sargento Mayor; y por que en este puerto de Buenos Aires también habeis acudido con la dicha puntualidad, a mi satisfacción, en ocasiones que por mi orden se os ha mandado ... he tenido por bien de elegiros y nombraros a vos - Capitán Don Diego Paez de Clabixo - por Sargento Mayor de la dicha ciudad y puerto ... dandoos todas las honras y gracias, franquezas y libertades que han tenido y gozado los demás Sargentos Mayores que lo han sido; y ordeno y mando que los Capitanes de a caballos y de infantería de esta ciudad, que por tal Sargento Mayor os conozcan, estimen y respeten ... y mando a la persona o personas en cuyo poder estubieren todas las armas, municiones y pertrechos de guerra, os las den y entreguen por inventario, haciendoos cargo de ellas y de los mosquetes y arcabuces que estubieren repartidos entre los soldados de las dichas compañías, de todo lo cual tendreis muy buena cuenta".
      A comienzos del año 1622, Diego Paez de Clavijo fue elegido Alcalde de 2º voto del Cabildo, integrado además, entonces, por Pedro de Izarra como Alcalde de 1er voto; Simón de Valdés, Alferez Real y Fiel Ejecutor; Juan de Vergara, Regidor perpetuo; Mateo de Grado, Procurador general; Bernardo de León, Depositario; Francisco Manzanares, Alguacil Mayor; Luis de Salcedo y Gil de Oscariz, Contador y Tesorero Reales respectivamente; Diego de Trigueros y Juan Bautista Angel, ambos Regidores; y Juan Barragán, Alcalde de Hermandad.
      Al año siguiente, en 21-V-1623, el Gobernador Góngora en gravísimo trance, abrazado por la fiebre, convocó al Cabildo en el Fuerte, ("las cassas Reales, en el aposento del Señor Governador") y lo presidió desde la cama por última vez. Rodeaban el lecho del moribundo los Alcaldes Hernán Suárez Maldonado y Pedro de la Poveda, el Contador Luis de Salcedo, el Tesorero Alonso Agreda de Vergara, el Regidor perpetuo Juan de Vergara, el Alguacil mayor Francisco de Manzanares, los capitulares Juan Barragán y Juan Bautista Angel y el Escribano Pedro Rojas de Acevedo; además del Sargento Mayor Paez de Clavijo. En esos solemnes momentos, el representante de Felipe IV, anunció con entereza a los presentes su próximo fin, y el propósito que tuvo de nombrar a Juan de Vergara por sucesor suyo. Pero este poderoso vecino no había querido aceptar dicha alta responsabilidad "escusado por algunas causas urjentes". Y como "la administración de la Real Justicia" no podía quedar "sin persona que la exersa por el bien, la pas, y quietud desta República", el día anterior confió la misión de reemplazarle a "Don Diego Paez de Clavijo, mi Sargento Mayor, qués persona de satisfacción y que de otros cargos que ha tenido a dado buena quenta". Por ello, "en nombre de Su magestad y en virtud de los poderes que de su persona Real tengo - expresó el Gobernador enfermo -, nombró y elijo y probeo por mi Lugartheniente y Justicia Mayor y Capitán a guerra al dicho Don Diego Paes de Clavijo ... para que como tal mi Lugarteniente conosca de todas las causas sebiles y criminales que están pendiente, y que de aquí adelante se ofrecieren, así de justicia como de govierno y guerra, y las determine y fulmine conforme al derecho y justicia". Este despacho lo firmó dificultosamente Góngora el 20-V-1623, y lo selló con sus armas (una cruz de gules en campo de plata, cargada de cinco leones de oro), por ante el Escribano de la Gobernación Gerónimo Medrano (mi antepasado). En consecuencia, al día siguiente, Paez de Clavijo juró "por Dios nuestro Señor y por una señal de cruz, en forma de derecho, de que usará bien y fielmente el dicho cargo de Teniente y Justicia Mayor y Capitán a guerra".
      Desde el 21 de mayo hasta el 30 de septiembre de 1623, ejerció mi lejano ascendiente el mando supremo en Buenos Aires, y en la última fecha hizo entrega del mismo a su reemplazante Alonso Pérez de Salazar. La gestión gubernativa de Paez de Clavijo, en solo cuatro meses, debe de haber dejado bastante que desear, puesto que en la sentencia posterior de su juicio de residencia, fallada por el Consejo de Indias el 18-II-1631, se le acumularon 12 cargos en contra, y resultó condenado a pagar 6.700 ducados (oro); una fortuna que no sé si lograrían solventarla sus herederos.
      Transcurridos diez meses de su retiro del poder, mi ancestral abuelo - que calculo frisaría en los 55 años de edad -, el 19-VII-1624, contrajo matrimonio con Catalina Agreda de Vergara, por lo menos un cuarto de siglo menor que su marido; hija del Capitán Alonso Agreda de Vergara (ver el capítulo que dedico a su biografía) y de su esposa Juana Gamiz. Para aquella boda la novia fue dotada por sus padres con bienes y dinero valuados en 7.000 pesos; y frutos de ese enlace resultaron dos hijos; Diego y Juana Paez de Clavijo Agreda de Vergara. Añado que fallecido su cónyuge el 20-III-1632, Catalina pasó a segundas nupcias con el caballero zamorano Francisco Velázquez Melendez, y con éste hubo una hija solamente; Lucía Melendez Agreda de Vergara, la cual, a su debido tiempo, se casó con Martín de Segura prolongando descendencia.
      Corrido un año del connubio de mi antepasado, el 30-VII-1625, el Cabildo porteño recibió un mensaje del Obispo Fray Pedro Carranza, en el que hacía saber, entre otras designaciones, el nombramiento de "Ministros del Santo Oficio en este puerto", a "Don Diego Paes de Clavijo, a Alonso Agreda de Vergara y a Pedro de Ledesma - los dos primeros yerno y suegro, como sabemos. Cabe señalar que Monseñor Carranza era primo hermano de los Vergara; tío segundo, por tanto de la mujer de Paez de Clavijo.
      El 24-X-1629, a Don Diego - Regidor perpetuo cabildeño -, el Gobernador Francisco de Céspedes le ordenó integrar el Ayuntamiento como Alcalde ordinario, pese hallarse el requerido "falto de salud y enfermo en cama". A la sazón, ocurría "no averse podido despachar algunos negocios pendientes, ny aver mas otro Alcalde con quien hacer Cavildo, por estar ausentes los capitulares por mandado de la Real Audiencia y otras causas". Así las cosas, se hizo necesario tramitar un juicio incoado contra el Contador Luis de Salcedo; por ello el Gobernador había dispuesto que "Don Diego Paes de Clabijo" o, en su defecto, otro Alcalde, Juan Bautista Angel, administrara justicia. Supongo que el personaje de esta historia continuó recluído en su casa debido a un acelerado achaque senil. En 1630 persistían los trastornos del incurable mal, hasta que el hombre, totalmente consumido, al borde del coma, otorgó testamento el 9-III-1632, para morir 11 días mas tarde, el 20 del citado mes, a los 63 años de edad.

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito), Tomo VI, Los Agreda de Vergara (Confiabilidad: 3).