Francisco de Aguirre Meneses, (*)

Francisco de Aguirre Meneses, (*)

Varón 1508 - 1581  (73 años)

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  • Nombre Francisco de Aguirre Meneses 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 1508  Talavera de la Reina, Toledo, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 1581  La Serena, Chile Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    ID Persona I10603  Los Antepasados
    Última Modificación 27 Ene 2018 

    Padre Hernando de la Rúa Aguirre,   n. Valverde del Camino, Huelva, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1541 
    Madre Constanza Meneses Aguirre,   n. 1488, Talavera de la Reina, Toledo, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida 
    ID Familia F418  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 1 María de Torres Meneses 
    Casado Talavera de la Reina, Toledo, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Hijos 
    +1. Hernando Aguirre Meneses Torres,   n. 1528,   f. 1608  (Edad 80 años)
     2. Valeriano Aguirre Meneses Torres,   f. 1564, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +3. Constanza Meneses Aguirre Torres
    +4. Isabel de Aguirre Meneses Torres,   n. Talavera de la Reina, Toledo, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     5. Eufrasia Aguirre Meneses Torres
    Última Modificación 22 Dic 2009 
    ID Familia F417  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 Desconocida 
    Hijos 
    +1. Francisco de Aguirre,   n. 1544, Chile Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    Última Modificación 13 Mar 2010 
    ID Familia F409  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
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  • Fotos
    Aguirre Meneses, Francisco
    Aguirre Meneses, Francisco

  • Notas 
    • FRANCISCO DE AGUIRRE Y MENESES surgió a la vida en Talavera de la Reyna hacia el año 1500. Una "relación de méritos" que hicieron levantar sus descendientes, expresa que Aguirre combatió en las guerras de Italia como Alférez, bajo las banderas imperiales de Carlos V, hallándose en la célebre batalla de Pavía (el viernes 24-II-1525), y en el asalto y toma de Roma (6-V-1527), a las órdenes del Condestable de Borbón, en cuya oportunidad defendió un convento de monjas carmelitas contra la soldadesca desenfrenada que se disponía a saquearlo, por lo que el Papa Clemente VII dispensole del impedimento para casarse con su prima María de Torres Meneses. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que años después de este matrimonio, y de haberse desempañado como Corregidor en su ciudad natal, Francisco de Aguirre, el 25-X-1536, se embarcó en Sevilla con destino a América. La respectiva papeleta de Pasajero a Indias, asentada en uno de los viejos libros de la Casa de Contratación, dice así; "3251 - Francisco de Aguirre, hijo del Contador Hernando de la Rua y de Constanza de Meneses, vecino de Talavera, a Nombre de Dios; van con él, Diego de Torres, su hermano (es su cuñado), Juan de Villarroel, Diego de Valladolid, Luis Gomez, Juan de Villanueva y Diego Hernández, a Tierra Firme, 25 de Octubre". Año 1536.
      Desde la bahía de "Nombre de Dios", en la isla de Cuba - supone el historiador chileno Thayer Ojeda -, Aguirre arribó al Perú en 1537 con los 400 castellanos que trajo Diego de Fuenmayor - hermano de Alonso de Fuenmayor, Presidente de la Audiencia en la isla "Española" (Santo Domingo) -, a fin de socorrer a Francisco Pizarro que lidiaba con los indios y hab-a puesto sitio a la ciudad del Cuzco.
      Así le recordó el propio Aguirre su llegada al Virrey Toledo, en 1569, con estas palabras; "Pasan de treinta y seis años (eran justo 32) los que ha que vine a este Reyno, y no desnudo como otros suelen venir, sino con razonable casa de escudero y muchos arreos y armas y algunos criados y amigos". O cual se lee en la Información de servicios que presentó su apoderado y sobrino Diego de Villarroel en 1559; "Avra veinte y años y más que el dicho Francisco de Aguirre pasó a los rreynos del Perú con celo de servir a Dios Nuestro Señor y Vuestra Magestad ... llevando consigo armas y cavallos y esclavos y criados españoles para su servicio, y mucha cantidad de aderecos de su persona".

      La jornada de Charcas y la conquista, población y pacificación de Chile

      Luego de guerrear en el Cuzco contra los parciales del Inca, coopera Aguirre con Gonzalo Pizarro y Diego de Rojas (el futuro malhadado descubridor del Tucumán) en la exploración y conquista de Charcas (), al norte de cuya zona, en 1538, los castellanos quedaron cercados por la indiada. La Información de servicios de Aguirre dice que este se ocupó "en descercar a Gonzalo Pizarro y a los españoles que estaban en Cochabamba, puestos en gran aprieto por los naturales". Poblada dicha región, nuestro hombre, como Lugarteniente del Capitán Diego de Rojas, quedó ahí de Gobernador interino por dos años, poco más o menos, pacificando a muchos indios y caciques; en tanto Rojas efectuaba una incursión a los chiriguanos. Posteriormente Francisco salió en busca de su jefe, a quien, "a causa de no aver acertado con la entrada", encontró en Chichas; desmoralizado a tal extremo que allí mismo abandonó la empresa para retornar a Lima. De su gente "desbaratada", algunos compañeros volvieron a Charcas, otros se dirigieron a Tarapacá, a engrosar el contingente de Pedro de Valdivia, quien se aprestaba a consumar la conquista de Chile.
      Aguirre fue de estos últimos. Con 25 hombres tramontó la cordillera de los Andes por la ruta de Almagro, y descendió al valle de Atacama, en marzo de 1540, "padeciendo en el dicho camino grandes trabajos de fríos y hambres". Dos meses después unióse al grueso de los conquistadores de Chile y con ellos entró en dicha región. Y el 12-II-1541, en las faldas de una colina - Santa Lucía - que los naturales llamaban "Huelén" (miseria-desgracia) , a orillas del río Mapocho, colabora Aguirre con Valdivia en la fundación de la ciudad de "Santiago del Nuevo Extremo"; de cuyo flamante núcleo social es nombrado Alcalde de 1º voto; así como posteriormente, en varias oportunidades, integró ese Cabildo: Factor Real desde 1541 hasta 1543, Regidor en 1542, 1544, 1546 y 1547, y de nuevo Alcalde en 1545 y 1549. Disfrutó, además, de encomiendas en los valles de Mapocho, Cachapoal y Copiapó; y el año 1547 figura poseyendo casas principales, "de altos", en Santiago, levantadas sobre un solar frontero a la plaza mayor.
      Consigna el historiador Thayer Ojeda que, a los pocos meses de fundada la futura capital de Chile, el pequeño caserío sufrió un ataque de los indios y quedó en parte reducido a escombros. Francisco de Aguirre peleó en esa ocasión y salió profusamente ensangrentado de la refriega. La Crónica del Reino de Chile, del testigo Pedro Mariño de Lobera, narra que, desde el amanecer, hasta el medio día, Aguirre "no soltó la lanza de la mano, trayéndola siempre apretada a ella, para dar los botes con más fuerza; y vino a quedar la mano tan cerrada que cuando quiso abrirla y dejar la lanza, tenía casi tanta sangre como madera, y no pudo abrir la mano, ni despegar la lanza; ni otro alguno de los que procuraron abrírsela fue parte para ello. Y así fue el último remedio aserrar la asta por ambas partes, quedando metida la mano en la empuñadura, sin poder despegarse, hasta que con unciones, poco a poco se fue modificando, y se abrió al cabo de 24 horas; tanta era la firmeza con que este valeroso Capitán empuñaba la lanza en las batallas". La información de servicios del denodado lancero, por otra parte, destaca que "se juntaron todos los naturales de la tierra y vinieron a les quemar la dicha ciudad"; y la quemaron e hicieron muchos daños y muertes, "que solo quedó sin quemar la parte y quartel que - Aguirre - guardara, matándole en la dicha pelea un cavallo e hiriéndole otros dos, saliendo él muy mal herido".
      Después de haber acompañado a Villagra en el reconocimiento de las regiones australes del río Maule, Aguirre, como Alcalde ordinario de Santiago, le tomó el juramento de estilo a Pedro de Valdivia, que regresaba del Perú nombrado Gobernador efectivo de Chile, cuyo territorio hasta entonces había gobernado a título precario. Y el 20-VII-1549, Valdivia designó a nuestro Capitán Teniente de Gobernador de La Serena, con encargo de reconstruir esa ciudad, que los indios arrasaron en diciembre de 1548, asesinando a Juan Bohom, fundador de dicho reducto en 1543.
      Secundado por once compañeros - entre ellos mi antepasado Bartolomé Jaimes - y con un escaso número de indios auxiliares "amigos", Francisco de Aguirre logra someter a los quichuas desenfrenados de Copiapó y de Coquimbo; y, sobre las ruinas del primitivo emplazamiento, el 20-VIII-1549, "pobló y rredificó la ciudad de La Serena".

      Aguirre, por orden de Valdivia, ocupa el contorno tucumano, desloja a Núñez de Prado y emplaza definitivamente el reducto de Santiago del Estero

      Dos años más tarde, el 8-X-1551, Valdivia le amplía a Aguirre la jurisdicción de su mando, agregándole a los valles de Copiapó y Coquimbo la vasta región trasandina de Tucumán; en cuya comarca el conquistador "perulero" Juan Núñez de Prado había establecido un asiento que llamó "Barco", y que provocó el conocido conflicto de límites con el Capitán "chileno" Francisco de Villagra. (Ver la biografía de Hernán Mexia Mirabal).
      Al tenor del aludido mandato, Valdivia pretendía asegurar definitivamente para Chile el dominio del Tucumán y de su inestable "Barco", desembarcándolo - digamos así - a Núñez de Prado, mientras lo facultaba a Aguirre para regir las ciudades "que vos pobláderes en aquel paraje, dentro de los límites de mi demarcación e fuera della, e vos doy poder para que vayais en persona a la dicha ciudad del Barco, y en ella y en las demás, podais y hagais todo aquello que conviniere al Servicio de Su Majestad ... revocando, como revoco, el poder y cargo que está dado a Juan Núñez de Prado, que quedó por orden y comisión del Capitán Francisco de Villagra"
      Aguirre, en consecuencia, por enero o febrero de 1552, realiza desde el valle de Copiapó una primera exploración al confuso país ultracordillerano de los lules, juríes y diaguitas. A la cabeza de 27 o 30 hombres cruza los enormes picachos andinos, desciende por el lado de Catamarca, y, tras un reconocimiento de los territorios adyacentes, que dura 3 o 4 meses, torna a La Serena. Ahí reanuda los preparativos para su "entrada" y definitiva toma de posesión del territorio tucumano. Empeñado se hallaba en tales aprestos, cuando con fecha 16-X-1552 recibe una nueva provisión de Valdivia, la cual otorgábale mayores atribuciones para gobernar, como Teniente General, "la Ciudad de La Serena y sus términos e jurisdicción, y las demás ciudades, villas y lugares que pobláderes en la demarcación y paraje de ella, hasta la Mar del Norte (vale decir, hasta la costa del Atlántico), conforme a como yo tengo la comisión de Su Majestad". Y calculando la posibilidad de su muerte, agregaba Valdivia; "Y caso Dios dispusiese de mi persona, digo asimismo a vos, el dicho Capitán Francisco de Aguirre, tengais por Su Majestad la tierra que así yo os declaro ... y no tenga superioridad ninguna sobre vuestra persona, ni sobre la tierra de la jurisdicción que aquí os declaro, la persona que yo dejare en caso de mi fallecimiento a que gobernase en nombre de Su Majestad esta Gobernación de la Nueva Extremadura" (Chile) - la cuál, según se ve, Valdivia separaba administrativamente de La Serena y del Tucumán y "Tierras de la Mar del Norte".
      De acuerdo con esas instrucciones, Aguirre, por febrero de 1553, pónese en marcha y atraviesa "las cordilleras nevadas al frente de 60 o 70 hombres. Acompañaban al caudillo, entre otros conquistadores, su hijo legítimo Valeriano de Aguirre, sus bastardos Antón y Nicolás, su hermano Juan de Aguirre, su cuñado Diego de Torres, sus sobrinos Diego de Aguirre y Diego de Villarroel, además de Bartolomé Jaimes (en los apellidos Villarroel y Jaimes me ocupo de ambos antepasados), Gaspar de Medina, Nicolás de Garnica, Baltasar Barrionuevo, Francisco de Carvajal "el Viejo", Pedro Díaz de Figueroa, Diego de Carmona, Juan Cusio, Antonio Berrú y seguramente estos hijos naturales del jefe; Diego, Florián, Marco Antonio, Pedro, Gracián y Bernardino de Aguirre.
      Seguido de su gente, don Francisco se interna en el actual territorio argentino, "dó halló grandes poblaciones de yndios, conquistando y pacificando la mayor parte dellos". Córrese a los valles calchaquíes, donde esperaba sorprender a Núñez de Prado; pero este ya había removido de allá su Barco II, y, más abajo, en "los llanos de los juríes", a la vera del río Dulce o del Estero, se ocupaba en consolidar el Barco III, aproximadamente 50 leguas al sudoeste de la escarpada región norteña.
      Hacia el río Dulce, pues - y valga el retruécano para la acerba correría -, se encamina Francisco de Aguirre con sus compañeros; y sorpresivamente, de noche, penetra en Barco III, imponiendo, "por fuerza de armas", los rigores de su autoridad a los cabildantes locales; sin encontrar allí a Núñez de Prado que, a 60 leguas de distancia, exploraba las Sierras de Famatina - llamadas en los viejos papeles "minas de San Martín".
      Copado el caserío tucumano por aquellos "chilenos", Aguirre hace pregonar, el 21-V-1553, los poderes que le otorgó Valdivia, mientras encarcela y desarma a los vecinos sospechosos. Despacha soldados en busca de Núñez de Prado, quien es traído prisionero para ser remitido a Chile como traidor. El nuevo mandamás rehace el Cabildo con Alcaldes, Regidores y Escribano; y el sobrino Rodrigo de Aguirre resulta promovido al cargo de Alférez General. Y estimando don Francisco que los desbordes del río ponían en peligro el emplazamiento dispuesto por Núñez de Prado, lo traslada y refunda media legua más al norte; pero con el esperanzado y devoto nombre de "Santiago del Estero Nueva Tierra de Promisión", que reemplaza al evocador de la villa natal del Presidente La Gasca, "Barco", en Avila. Aquella inauguración definitiva tuvo efecto, seguramente, el 25-VII-1553, día de Santiago Apóstol, Patrono de las Españas. ()
      Posesionado con firmeza del Tucumán, Francisco de Aguirre le escribe al Rey (23-XII-1553) solicitando le nombrara Gobernador propietario de la vasta provincia donde regía a solo título de Lugarteniente de Valdivia. El proceder de Aguirre al dirigirse a Carlos V, no resulta consecuente respecto a la voluntad y planes de su jefe inmediato y favorecedor. "El Gobernador Don Pedro de Valdivia - estampaba el postulante - me nombró y eligió para esta tierra, señalándome gobierno desde la ciudad de La Serena hasta esta parte de la cordillera de las nieves ... Suplico humildemente, atento en que toda mi bida he empleado en servir a Vuestra Majestad, y lo tengo de hazer hasta que la bida se me acabe, yo y mis hijos, como mis pasados le han hecho ... de me hazer merced de la governación desta tierra".
      Núñez de Prado, a todo esto, envuelto en un proceso de traición, abandona Chile y apela ante el Virrey y Oidores de Lima. Oído en justicia, fue absuelto, restituyéndosele la gobernación del Tucumán, aunque nunca volvería a su antiguo escenario. Murió antes de 1562; fecha en que Hernando de Aguirre pidió a la Audiencia le concediera al autor de sus días el gobierno "de la Provincia del Tucumán, juríes y diaguitas, por estar vaco por fin y muerte de Juan Núñez de Prado".
      Entretanto en la controvertida jurisdicci³n tucumana, Aguirre - según testimonio de Hernán Mexia Mirabal - "dió por ningunas todas las encomiendas y mercedes que avía fecho Joan Núñez de Prado, y encomendó la tierra de nuevo en las personas que él quiso". Quitó títulos y se llevó esos documentos a Chile; al conquistador Garcí Sánchez, por ejemplo - "de gran autoridad por su notoria nobleza y grandes servicios", al decir del Padre Lozano -, le despojó de 14 pueblos indios en el valle de Famatina, y le desterró luego. En cambio entre 56 encomenderos, "que él quiso", efectuó un reparto de 47.000 indios lules.

      El pleito por el mando de Chile tras el horrendo martirio de Valdivia

      Tal era la situación, cuando tras de los Andes, el 23-XII-1553, luego de un cruento combate, 6.000 araucanos tomaron prisionero a Pedro de Valdivia en el fuerte de San Diego de Tucapel y le dieron horrorosa muerte. Cortáronle ambos brazos, que asaron y comieron a la vista del mutilado conquistador, quien vivió aún tres días sometido a torturas atroces por la horda salvaje de los caciques Lautaro y Colocolo; dechados de patriotismo para cierta literatura histórica descastada.
      La noticia de aquella tragedia llegó a Santiago del Estero traída por Juan de Aguirre - hermano de Francisco - y por Diego Alvarez, con la versión de que toda la tierra chilena estaba a punto de perderse debido al feroz levantamiento lautarino. Sobre estas calamidades portaban también los emisarios cartas del Presbítero, y futuro Obispo, Rodrigo González Marmolejo, de Gaspar de Orense y de otros espectables moradores santiaguinos; quienes suplicaban a Aguirre acudir cuanto antes al socorro de Chile. Ello abría, de pronto, una nueva perspectiva política, un mayor campo de acción para los ambiciosos designios de éste; ya que al conocerse el testamento cerrado de Valdivia (de fecha 20-XII-1549) resultaba nombrado Gobernador de Chile Jerónimo de Alderete - a la sazón ausente en España -, y si Alderete no llegase a aceptar el cargo, el causante designaba en 2º término a Francisco de Aguirre sucesor suyo.
      Así, pues, el 28-III-1554 - luego de haberse hecho reconocer en Santiago del Estero como Gobernador del Tucum¡n once días atrás - el legatario de referencia tramonta la cordillera al frente de 60 soldados, y llega a La Serena, donde se hace recibir también por Gobernador trasandino. A las veces Francisco de Villagra, que en Chile era el Lugarteniente de Valdivia, muerto el titular es elevado por los Cabildos de las ciudades bajo su égida, al rango de General y Justicia Mayor de toda esa Provincia. Entre Villagra y Aguirre, entonces, "hubo diferencias por el govierno, por lo que faltó poco para que llegaran a un rompimiento" - según recuerda el cronista de Castilla e Indias Antonio de Herrera.
      En efecto; desde su distrito de La Serena Aguirre se hizo fuerte y reclamó el mando supremo de Chile, apoyado en el testamento de Valdivia que lo instituía su heredero en segundo lugar - después de Alderete que estaba en Europa. Esto, a todas luces, contradecía las posteriores instrucciones dadas por el mismo Valdivia a don Francisco, cuando le otorgó el gobierno de La Serena y del Tucumán, con jurisdicción propia, separada "de esta governación de la Nueva Extremadura", o sea de la Capitanía chilena.
      Aquel conflicto planteado entre Villagra y Aguirre no se dirimió a mano armada debido, sin duda, a que resultaba perentorio contener a los indios araucanos, hacer frente al enemigo común; tarea que consumó eficazmente Villagra, cuyos hombres derrotaron y acuchillaron a Lautaro, vengando así al mártir de Tucapel.
      Con todo Aguirre - que se tenía por Gobernador de derecho, conforme a la voluntad póstuma de Valdivia - pretendió "alborotar la tierra", negando personería al Cabildo santiaguino para meterse en sus asuntos, y avanzó en son de guerra sobre la capital. El Cabildo convoca entonces al vecindario en su defensa, pero luego de varias negociaciones, el caudillo del Tucumán y La Serena no pierde la serenidad, ni concreta sus ambiciones con hechos irreparables.
      Por último, la Audiencia de Lima, el 13-II-1555, dió fin al litigio declarando nulo el testamento de Valdivia. Aguirre se mantuvo relativamente quieto hasta la llegada del nuevo Gobernador y Capitán General de Chile; García Hurtado de Mendoza, nombrado por su padre, el Marqués de Cañete, Virrey del Perú. Entretanto Jerónimo de Alderete - primer heredero testamentario de Valdivia - moría, el 7-IV-1556, en la isla antillana de Tobago, cuando, desde Cádiz, viajaba para hacerse cargo de la jefatura y conquista definitiva del territorio mapuche.

      Aguirre es perseguido por el Virrey Cañete y por su hijo García de Mendoza

      García de Mendoza, - en cuyo séquito vino a Chile el famoso conquistador poeta Alonso de Ercilla - arribaba al teatro de sus funciones a poner término a la rebelión de los araucanos, y a pacificar a los españoles; "fundados en vandos y parcialidades". El flamante mandatario visitó La Serena, donde fue hospedado por Aguirre en la propia morada de este. Sin embargo, durante una partida de caza, violando a un tiempo las reglas cinegéticas y hospitalarias, el Gobernador decidió darla caza a su invitante, haciéndolo detener para recluirlo a bordo de un galeón; en cuya misma nave embarcó a Villagra, también como prisionero; de manera que - cual apuntó con malicia el Virrey Cañete, en carta del 28-VI-1557 - su hijo García hizo que "los dos gobernadores que no cabían en seiscientas leguas, que cupiesen en la cámara de un navío". Y el cronista Lobera pone en boca de Villagra esta ocurrencia dirigida a Aguirre; "Mire Vmd, señor General, que son las cosas del mundo, ayer no cabíamos los dos en un reino tan grande, y hoy nos hace don García caber en una tabla".
      Anécdotas aparte, a Aguirre, como si fuera un malhechor, se le secuestraron los bienes, y estuvo preso más de un año, enjuiciado ante la Audiencia de Lima; hasta resultar absuelto por ese alto Tribunal, que ordenó se le restituyeran sus propiedades; "sentencia que por entonces no pudo cumplirse - acota Thayer Ojeda - a causa de la influencia poderosa del Marqués de Cañete y de su hijo don García, para quienes la sentencia equivalía a una desaprobación o censura por la conducta que habían observado".
      El Virrey calificó a Aguirre en carta a Felipe II, de "el más vano y velicoso que se puede dexir". Este "velicoso", por su parte, exasperado por los agravios de que era objeto, ecribióle también al Monarca, el 6-IV-1558: "El Virrey Marqués de Cañete, aunque me prometió hacerme grandes mercedes por mis muchos servicios y grandes gastos hechos en servicio de Vuestra Majestad ... no dejó pasar a mi mujer e hijos que ivan donde yo estaba"; y su hijo García, convertido en Gobernador de Chile, "me embió a su padre a esta ciudad de Lima ... por quitarme mi hazienda para dalla a sus hijos". Y años más tarde, el 20-XII-1567, don Francisco en otra carta a su Soberano volvía sobre el tema; "Don García de Mendoça ... aviéndole yo recibido en mi casa, estando seguro en ella, me prendió y saquearon mi casa, y rrobaron toda mi hazienda, y me embió a Lima, donde estaba el Visorrey su padre, donde lo que pude alcanzar de justicia fue que me bolbiesen las raizes (bienes inmuebles), y no el oro, ni plata, ni caballos, ni armas y municiones que me avían tomado". Murió el viejo Cañete, y - prosigue Aguirre -"un juez por mandado de la rreal Audiencia de Lima ... condenó a don García en quarenta y dos mill pesos, y esto era a tiempo quél estava en España, y así no he abido un peso, y volví a mi casa con más de treinta mill de gasto, que me hizieron gastar en Lima".
      Derrotado políticamente, ya sin esperanzas de alcanzar el gobierno de Chile, don Francisco vuelve al retiro de sus posesiones en La Serena. Anteriormente había enviado a la Corte de España al sobrino suyo Diego de Villarroel, "con plenos poderes y con barras de oro", a protestar de los agravios que le hicieran los Cañete y reclamar compensaciones.
      Villarroel, ni corto ni perezoso, solicitó a Felipe II para su tío, el 22-II-1559, la gobernación de La Serena y sus términos, "con lo demás que ha descubierto y poblado tras las cordilleras, con más lo que poblase y descubriese aguas vertientes a la mar del norte, tras las dichas cordilleras, pues es cosa distante y apartada de Chile". (Vale decir, Santiago del Estero y sus prolongaciones, los futuros territorios a poblar de Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires). Asimismo el diligente sobrino solicitaba para el tío la merced de una pesquería "que es desde la boca del rrío Limari hasta el valle de Copiapó, para que ninguno otro pueda pescar atunes dentro de dicho término" - sino el agraciado y sus sucesores. Finalmente peticionaba "un hábito de Santiago para don Francisco" y otro para Hernando el hijo de este, "pues dados sus servicios, su persona lo merece por ser, como es, un caballero hijodalgo".

      La acción eficaz de Pérez de Zorita y los fracasos de Castañeda

      Así las cosas, al lejano Tucumán - considerado dentro de la jurisdicción chilena - García de Mendoza había enviado por Teniente de Gobernador a Juan Pérez de Zorita, quien, durante su gestión (1557-1562), funda allí las ciudades de Londres, Córdoba de Calchaquí y Cañete. Empero, García de Mendoza (promotor también del establecimiento en la región de Cuyo de las ciudades de Mendoza y de San Juan de la Frontera, por intermedio de los Capitanes del Castillo y Jufré respectivamente), resultó nombrado, en forma ilegal, por su padre, ya que ningún Virrey podía cubrir con deudos suyos cargos en los territorios de su mando. Por eso, tiempo después, la Corona dió por terminadas las funciones del hijo de Cañete en Chile, y lo reemplazó por Francisco de Villagra. Este, a su vez, releva a Zorita y coloca en el Tucumán a Gregorio de Castañeda. La actuación de Castañeda en esa provincia fue desastrosa (1561-1563). Mandó fundar Nieva, en el valle de Jujuy, pero tantas resultaron sus arbitrariedades y desaciertos, que provocaron una tremenda sublevación de indios calchaquíes, durante la cual acabaron destruídas, a sangre y fuego, aquellas flamantes fundaciones de Cañete; Londres, Córdoba de Calchaquí y posteriormente Nieva.

      El Tucumán separado de Chile y adscripto al virreinato del Perú es puesto bajo el gobierno de Aguirre

      A raíz de estos desastres, comprobóse que la distancia de aquellas poblaciones respecto de Chile, hacía imposible el envío de un pronto socorro de ahí al Tucumán; con la cordillera de por medio, "pues - lo reconocía la Audiencia de Lima - no se puede pasar mucha parte del año, y en el paso de ella ... han muerto muchos naturales del gran frío que en ella hay".Por tanto, al Tucumán - aconsejaba el Tribunal limeño al Rey - "convenía hacerlo governación por sí, distinta y apartada de Chile ... y así nos parece que Vuestra Magestad lo debe mandar proveer, para el buen gobierno de aquellas provincias, y bien de los naturales dellas, y se escusarán el mucho trabajo y muertes que reciben en haver de ir a pedir justicia a , y pasar para ello la cordillera".
      Tal realidad geográfica, en efecto, ya había sido contemplada por Felipe II, quien el 29-VIII-1560, por Real Cédula dada en Guadalajara, "extraía la Provincia del Tucumán del Reyno de Chile y la sometía al Tribunal de Charcas". Y tres años más tarde, su Virrey en el Perú, Conde de Nieva, nombraba Gobernador del referido territorio a Francisco de Aguirre, a fin de que el veterano Caudillo enmendara los yerros de Castañeda, prestara urgente auxilio a los pobladores descalabrados por el feroz alzamiento calchaquí, y diera a los indios un escarmiento ejemplar.
      La Audiencia charqueña, el 24-XII-1563, enterábalo al Rey de esa medida con estas palabras; "En la Provincia de Tucumán ... se alcó una buena parte della y mataron veynte españoles, y se escaparon otros tantos a uña de cavallo, dexando allá sus mujeres e hijos ... El Visorrey proveyó a un Francisco de Aguyrre, questá en Chile, que lo fuese a conquystar de nuevo; no sabemos lo que subcederá, él es muy viejo (rayaba en los 63 años), aunque esperto en semejantes conquystas de yndios".
      Empero, como el Virrey - Pedro de Acevedo y Zúñiga, Conde de Nieva - resultara asesinado en Lima, en 1564, a causa de ciertos amores con una señora casada, lo reemplazó con el título de Gobernador y Capitán General del Perú, el Presidente de la Audiencia limeña, Licenciado Lope García de Castro, quien confirmó en el mando tucumano a Aguirre. Este - expresa el Padre Lozano - "aunque no fue tan bien quisto en esta provincia cuando gobernó en nombre de Pedro de Valdivia, en Chile se portó con tal valor contra los feroces araucanos que se granjeó mucha estimación ... todo lo cual le hizo acreedor de las atenciones y la confianza de García de Castro para conferirle la gobernación de Tucumán que ya había sido separada de Chile".
      Desde Copiapó, Aguirre, antes de ponerse en camino al encuentro de las responsabilidades que había aceptado asumir, envió a Santiago del Estero a su hijo mayor Hernando, para anticiparles a los desalentados vecinos santiagueños su próxima llegada. Luego, al promediar el año 1564, el Caudillo en compañía de su hijo Valeriano, como Maestre de Campo, y de otros hijos suyos y de varios amigos y algunos soldados, emprende la marcha directamente hacia el valle calchaquí; peligrosa guarida de las tribus sublevadas, a las que ha resuelto imponer el rigor de su autoridad.
      "Yo me dí toda la priesa posible - le escribió don Francisco al Rey el 20-XII-1567 -, y entrando por la tierra de guerra ... los que estaban rrevelados me mataron un hijo (Valeriano), y me yrieron otros dos, y amí con ellos, y me mataron otros quatro soldados muy buenos … Yo dejé de castigallos porque no dijesen que era por la muerte de mi hijo y amigos, y así fue Dios servido de castigarme a mí".
      Mientras el protagonista de esta historia enfrentaba a una multitud de indios con poquísima gente - aislado en el valle Calchaquí a 60 o 70 leguas de Santiago del Estero -, corrió en Charcas la voz que le habían asesinado los salvajes, confundiendo a don Francisco con su hijo Valeriano. La Audiencia, entonces, solicitó y obtuvo del gobernante del Perú García de Castro, el nombramiento del Capitán Martín de Almendras como Gobernador del Tucumán, para llenar la vacante del presunto extinto. Sin embargo, corrido un tiempo - así se lo escribió la Audiencia al Rey -, vinieron "nuebas" de Aguirre, "que era bibo, al qual avíamos tenido por muerto ... y que de una guacavara que le dió don Joan Calchaquí le mataron un hijo suyo, y a otros quatro hombres, y a él lo hirieron, a cuya causa, y por la poca gente que tenía, se retiró al pueblo de Santiago del Estero ... y para le dar socorro esta Audiencia despachó al Capitán Martín de Almendras con ciento e cinquenta hombres bien apercibidos y armados".

      Se funda San Miguel de Tucumán

      Sin haber podido afianzarse en el valle calchaquí, con su hijo Valeriano caído para siempre en la refriega, herido el mismo de añadidura, Aguirre tuvo que replegarse a Santiago del Estero; desde cuyo punto, a efectos de aumentar los nucleos poblados de la vasta comarca a su cargo, "hizo luego poblar la ciudad de San Miguel , que es en Tucumán". Es probable que debido a estar aún convaleciente de aquella herida que dijimos, don Francisco se viera impedido de asistir a dicho establecimiento; por eso fue que el 10-III-1565, dió poder a su sobrino Diego de Villarroel para que como "mi Teniente de Gobernador y Capitán podais poblar y pobleis la ciudad e pueblo de San Miguel de Tucumán, en el campo que llaman en lengua de los naturales ebatín, ribera del río que sale de la quebrada o sitio que os pareciere, rigiendoos en todo por la instrucción que mia llevais". En consecuencia, seis meses más tarde, a 25 leguas de Santiago del Estero, en el "sitio donde antaño se emplazaron la desmantelada Barco I, y después la arrasada Cañete, Villarroel levantó a Tucumán.

      Intrigas charqueñas contra Aguirre

      En Charcas, a todo esto, no obstante haber sabido la Audiencia que a Aguirre no lo habían ultimado los indios - y que el Gobernador García de Castro advirtiera al Tribunal no enviase substituto al Tucumán, pues ello provocaría un conflicto - el Presidente de aquella corporación, Pedro Ramírez de Quiñones, despachó a Martín de Almendras "para dar socorro" a Aguirre, cual aseveró dicho Magistrado; "a traer preso o muerto a Francisco de Aguirre", como posteriormente aseguraría el Oidor Matienzo; a que Almendras "procurase matarme y enviar mi cabeza", según denunció Aguirre en patética carta al Rey. Es que la Audiencia de Charcas - o por lo menos Ramírez de Quiñones, su Presidente - pretendía poner hombres de su hechura al frente de sus distritos. Téngase en cuenta que allá en Lima, García de Castro regía provisoriamente el Virreinato, a la espera de la designación efectiva de un Virrey; de ahí que el Tribunal charqueño planeó la eliminación de aquel Gobernador "chileno" Francisco de Aguirre, a fin de colocar en lugar suyo un "peruano" de confianza al frente del Tucumán. "La actitud de la Audiencia de Charcas en este asunto - opina Levillier - es indudablemente muy turbia; no puede explicarse de otra manera el mantenimiento del título de Gobernador a Almendras, sabiendo que vivía Aguirre. Bajo la apariencia de un socorro - prosigue el mismo historiador - bajaba tropa desde Lima a Santiago con órdenes secretas de quitar del medio al Gobernador. Almendras murió, pero sus soldados bien enterados que estaban de todo ... y la orden, que no pudo cumplir el jefe, la realizaron ellos en la primera oportunidad favorable a sus designios".
      En efecto: Almendras perdió la vida durante el viaje; "en el camino de Omaguaca le mataron los indios a pedradas". Su segundo, Jerónimo González de Alanís, hízose entonces cargo de su hueste y la condujo a Santiago del Estero, donde quedó a disposición de Aguirre. Este, por otra parte, recibió también del norte 40 hombres más que le envió el supremo jerarca del Virreinato, García de Castro; a los que se sumaron otros 22 guerreros venidos de Chile, de orden del gobernante trasandino Rodrigo de Quiroga, bajo el mando de Gaspar de Medina.

      La jornada de Aguirre hacia el Río de la Plata y el Atlántico, que se frustró por la insurrección de sus subordinados en "los comechingones"

      Con su falange conquistadora reforzada, Aguirre, en vez de "venir a pacificar los diaguitas, como se lo mandaba yo, y se lo encargué muy encarecidamente, por lo mucho que importa a la quietud del asiento de Potosí, a toda la Provincia de Charcas, y aún a todos los yndios de este Reino del Pirú" - cual se lo hizo saber el Presidente de la Audiencia, Ramírez de Quiñones, al Rey (10-XI-1566) -, desvió su "derrota" en pos del descubrimiento de "una provincia de que tenía noticia era muy rica".
      Tal "provincia muy rica" era la región del Río de la Plata - "hacia la Mar del Norte" -, cuya conquista obsesionaba a Francisco de Aguirre, desde que se la propuso Pedro de Valdivia, aspirante a sumar esos territorios, entrevistos como maravillosos, a sus dominios chilenos.
      "Yo procuré, después de aber asegurado la tierra" - son palabras de Aguirre dirigidas al Rey - "... yr a hazer el mayor servicio a Vuestra Magestad que se ha hecho en las Yndias, que era descubrir la Mar del Norte y poblar un pueblo, para que por allí todo este reino del Perú se tratase, y se pudiese con facilidad yr a Spaña".
      Resuelto a alcanzar el trascendental objetivo - no ya bajo jurisdicción de Chile sino peruana, mejor dicho charqueña - "salí (13-V-1566) de Santiago del Estero con ciento y veynte hombres bien armados y encabalgados, porque llebaba quinientos quarenta caballos entre todos, y muy buenas armas, y mucho probeimiento y ganado y municiones". Y la expedición en movimiento enderezó al sudeste, con "la fortaleza de Cavoto" como meta; o sea sobre una de las orillas fluviales que conforman la Cuenca del Plata.
      Al cabo de trajinar 50 leguas, alcanzada la comarca de "los comechingones", Aguirre - según Ramirez de Quiñones - intentó torcer el rumbo hacia "un pueblo de españoles que se llama Cuyo", el cual "dizen pretendía meter en su governación", y la gente ante esa mudanza se insubordinó. El padre Guevara da otra referencia acerca del desacato de dichos expedicionarios. Estampa que "en los comechingones" el Caudillo "adquirió noticia de tierras opulentas, sitas al Sudueste, que se empezaron a llamar Trapalanda, Césares y Patagones". Y Guevara agrega que "el vulgo militar se inclinó a la conquista de los Césares"; que "Aguirre por no desamparar a la Provincia, en tiempo que se podían alterar los humores, resolvió dexar para otra ocasión la jornada a Patagones"; y "aunque la determinación del Governador era cuerda y prudente, alteró los ánimos de los soldados, fáciles a tumultos y novedades".
      Sea cual fuese el motivo del descontento de algunos de sus acompañantes, acaeció que cierta noche, en el campamento que estableciera Aguirre, "a quinze leguas de donde avía de poblar", al grito intempestivo de "biba el General Olguín!", se sublevó la tropa.
      A propósito de esto, el derrocado don Francisco precisó más tarde que algunos hombres del finado Almendras, "yvan ablados de su Capitán y avisados de la voluntad de su Presidente desta Real Audiencia, y era gente del Perú, deseosos de bolberse de adonde avían salido, y huir del trabaxo", y que "aviéndose conjurado con otros que yvan con miedo, pareciéndoles que eran los yndios con quienes avían de pelear muchos, se amotinaron y fueron a mí". Jerónimo de Holguín, Diego de Heredia y Juan Berzocana, a la cabeza de 60 soldados impulsaron el alzamiento. A Aguirre lo prendieron desprevenido; como a sus hijos, Hernando, el mayor, y Marco Antonio, un bastardo mestizo; y lo mismo a Francisco Godoy, su yerno, y a varios allegados suyos; a pretexto "que tenían para hazer aquello un mandamiento del Presidente de los Charcas". Todos los detenidos fueron llevados a Santiago del Estero; y ahí se dieron a conocer unas instrucciones del Santo Oficio traídas por el clérigo Julián Martínez, con orden de detenerlo a don Francisco, y de levantar una "Información" probatoria de las herejías en que habría incurrido. Después, al culpado lo trasladaron a Charcas, "y lo pusieron en una sala de la Iglesia Mayor, donde nadie le habla sin licencia del Obispo".
      Entretanto, los motineros nombraron por jefe a Jerónimo de Holguín, y por Maestre de Campo a Diego de Heredia; y "para colorar el alzamiento con capa de celo - transcribo al padre Guevara - resolvieron fundar una ciudad en el país de Esteco, así denominado por un Cacique, señor del terreno al tiempo de la conquista. Era el sitio cómodo, el terreno pingüe y de meollo, el cielo benigno y de aspecto agradable, las aguas abundantes y saludables, y la vecindad poblada de indios para beneficio de la tierra". El pequeño nido civilizado recibió el nombre de "Cáceres", que recordaba la villa española del levantisco Holguín; y resultaba entonces, a 40 leguas de Santiago del Estero, como un jalón en el camino de este punto tucumano hacia el Perú. (Los historiadores lo ubican ahora en el departamento salteño de Anta, a la margen izquierda del río Pasaje, 8 leguas al sur de la localidad de El Quebrachal).

      Aguirre es acusado de herejía, encarcelado y condenado por la Inquisición limeña, y su gran empresa de extender la conquista al Río de la Plata queda trunca

      Es de señalar, que en aquellas soledades comechingonas, los ex soldados de Almendras dijeron que habían prendido a Aguirre por orden de la Audiencia de Charcas; más como en el Perú tal razón no podía sostenerse por falta de pruebas escritas, ni era fácil justificar allí el desafuero de los rebeldes, se le fraguó posteriormente, al cautivo, un proceso inquisitorial por irreverencias de índole religiosa. El artífice de la intriga resultó aquel presbítero Martínez, a quien don Francisco desterrara del Tucumán. Vuelto Martínez a Santiago del Estero, a fin de cooperar con los enemigos de su desterrador, visitó casa por casa, logrando reunir hasta 90 acusaciones contra el mandatario que odiaba; las cuales consignáronse en un expediente que se remitió a Charcas con el prisionero.
      En verdad el episodio no podía ser más lamentable, sobre todo si se tiene en cuenta - y de ello lo enteró exactamente Aguirre al Virrey del Perú (18-X-1569) - que en vez de ir a castigar calchaquíes (según ordenaba el Presidente de la Audiencia) "determiné mudar derrota y yrme con ciento veynte hombres ... a una noticia que yo tenía de tiempos antiguos, de la mejor y más rica (tierra) de quantas yo he visto, que está entre la cordillera de Chili y el Río de la Plata, a donde pretendia poblar un puerto en el mismo río que entra en la mar del norte, do se pudiese yr a España, sin peligro de corsarios, en treinta o quarenta días".
      La audaz tentativa de llevar la conquista "hasta la Mar del Norte" - comenta Levillier - era de gran trascendencia en su contenido político. Sanabria había fracasado en su proyecto de poblar el Río de la Plata, y esa región estaba totalmente vacante. Un golpe de mano podía colocarla en manos de Aguirre. Una vez que él comunicara al Rey de España haberla conquistado y dejado en ella asentadas algunas ciudades ¿no le acordaría el Monarca, en recompensa, jurisdicción sobre ellas?. ¿No habría así, este hombre genial, realizado el gigantesco ensueño de unir en una sola gobernación toda la tierra existente entre el Atlántico y el Pacífico, desde La Serena hasta el Río de la Plata?. Por esa razón, sin duda, veremos a Aguirre proyectar la erección de pueblos en el valle de Conando, en el Bermejo, en Esteco, en Comechingones y en el Mar del Norte".
      El fracaso de la expedición de Aguirre hacia la cuenca rioplatense y la afrentosa prisión de este caudillo, indignaron al Oidor Matienzo (inminente consuegro del conquistador en desgracia), y, el 10-I-1567, dicho Licenciado le reclamó al Gobernador García de Castro, "apresure su venida (a Charcas) para remediar el daño, desvergüenza y atrevimiento de la gente por la poca justicia de la Audiencia". "Sobre el negocio de Francisco de Aguirre - insiste Matienzo - yo tengo escrito a Vuestra Señoría ... que con su prisión fué Su Majestad desservydo, no solo por el desacato y trayción, mas por que le storbaron hazer el mayor servicio a Su Majestad que nadie le ha hecho, porque syn costa suya (del Rey) descubrió (se proponía descubrir, mejor dicho) un puerto a la mar del norte ... y no hay quien mejor lo pueda hazer en el reino quél (Aguirre), por ser tan antiguo y tan temido de los yndios".
      El 20-VII-1567, Matienzo dirígese directamente a Felipe II para referir con detalles los perjuicios que ha causado la prisión de Francisco de Aguirre; quien "iba a poblar una gran provincia que se dice Curunera, a do entraba poderoso rio que dizen Salado en el Rio de la Plata ...; y estando a tres o quatro jornadas de la noticia, acordaron de le prender sus soldados ... y traxeron presos a él y a sus hijos y amigos ... y para colorar su trayción hizieron vicario a un Licenciado Martínez, el cual les dió mandamiento, después de averlos preso y traydo ignominiosamente a la ciudad de Santiago, refiriendo que yban presos por la Ynquisición ... no se ha hecho justicia a ninguno de ellos, ... el Obispo los tuvo presos cerca de una año, y ahora han apelado al Arzobispo".
      Aguirre, a su vez, lo enteró al Rey que "deste desacato que tuve con el clérigo (Martínez) me hizo el Obispo caso de inquisición, y otros más principales; que fué uno decir yo, que Vuestra Magestad era vicario general en estos reinos, y que yo estaba en su real nombre, y también que dije que, si necesario fuese, moriría por la fé de Jesucristo tan bien como murió San Pedro y San Pablo".
      La causa inquisitorial urdida ante el Obispo de Charcas, Fray Domingo de Santo Tomás, por los enemigos de nuestro personaje, tardaba meses en resolverse, acumulando incidencias - como que transcurrieron cerca de tres años hasta dictarse la sentencia definitiva. He aquí las principales acusaciones que se formularon, entresacadas del cúmulo de "desvergüenzas y atrevimientos que no se acabarán de decir en mucho tiempo" - a juicio del seleccionador de tales cargos, presbítero Martínez. A saber:

      1) Haber expresado que con la sola fé pensaba salvarse.
      2) Que no era indispensable oír misa, pues bastaba un acto de contricción, encomendándose a Dios de corazón.
      3) Decir que él - Aguirre - era Vicario General en lo espiritual y en lo temporal en la provincia del Tucumán.
      4) Haber dispensado a los indios para que trabajasen los días domingos y festivos.
      5) Haber afirmado que ninguno de los sacerdotes residentes en Tucumán habría tenido poder para administrar los sacramentos, sino uno proveído por él.
      6) Haber dicho que no había otro Obispo, ni Papa, sino él; y como tal publicó un pregón en que prohibió hablar con el Vicario de Tucumán.
      7) Haber prohibido que el presbítero Francisco Hidalgo se llamase Vicario, y que este administrase los sacramentos sin licencia suya; dándosela a veces, y negándosela en otras ocasiones.
      8) Haber sostenido que las excomuniones eran terribles para los hombresillos, pero no para él; permaneciendo excomulgado casi dos años por haber abofeteado un clérigo.
      9) Haber aconsejado a algunos excomulgados que no fueran a absolverse; y aún castigó a otros por haberlo hecho.
      10) Haber dicho al Vicario que celebrase misa, sin alegar que por estar, él - Aguirre -, excomulgado, y negarse a pedir la absolución, no podía hacerlo.
      11) Haber expresado que si fuera menester desterrar a un clérigo o a un herrero, él desterraría al clérigo sin vacilar.
      12) Haber opinado que ningún religioso que no fuese casado podía estar amancebado o cometer otros delitos feos.
      13) Haber comido carne en días prohibidos, por necesidad, pero que habiéndosele reprochado, contestó que no vivía en la ley de tantos achaques.
      14) Haber sostenido que se hacía más servicio a Dios al engendrar mestizos que el pecado que se cometía.
      15) Haber dicho que el cielo y la tierra faltarían, pero no su palabra de honor.
      16) Haber dicho que no se fiase mucho en rezar, porque él conoció a un hombre que rezaba mucho y se fué al infierno, y a un renegado que se salvó.

      Por fin el 15-X-1568 el Tribunal Eclesiástico pronunció su veredicto, declarando justa la prisión de más de dos años sufrida por Aguirre, y se le condenó a oír la misa mayor en la Iglesia Matriz de Santiago del Estero, "en pié, descubierta la cabeza y en cuerpo, con una vela encendida en la mano, y, al tiempo de las ofrendas, en voz alta repitiese y se retractase de las proposiciones que como Gobernador y Justicia Mayor de aquella provincia, y con arrogancia y temeridad, dijo y afirmó". Asimismo condenábasele al pago de 1.500 pesos en plata sellada; a donar una campana, "que pese más de dos arrobas", a la Iglesia santiagueña; y a cargar con las expensas del proceso. Quedó absuelto, en cambio, de cualquier censura y excomunión en que hubiese incurrido, y se le alzó el secuestro de sus bienes.
      Este veredicto fué escuchado por Aguirre en presencia del Licenciado Juan de Arévalo, fiscal de la causa. Firmaban la resolución; el Doctor Palacios Alvarado, el Licenciado Baltasar de Villalobos, Fray Marcos Xofre y el Licenciado Bartolomé Alonso; todos por ante el Notario Apostólico Juan de Loza.
      En razón del expuesto fallo, el inquisitoriado consideróse libre, y se dispuso volver al Tucumán para retomar el gobierno; mas la Audiencia charqueña no se lo permitió. A poco el Obispo declaró nula la sentencia, e inmediatamente ordenó que se cumpliera la abjuración en la Catedral de Chuquisaca. Así lo hizo don Francisco, el 1-IV-1569, reconociendo "que en sus palabras había excesos de lenguaje malsonantes y rayanos en la herejia, pero que las había proferido por odio al Vicario Hidalgo y para hacerse temer de los vecinos e indios de Tucumán".
      No conforme Su Ilustrísima con esta retractación, envió el 6 de junio siguiente un testimonio de la misma al Consejo de Indias, "para que Vuestra Alteza esté advertido, si habiendo hecho y dicho, el dicho Francisco de Aguirre, lo que a Vuestra Alteza envío, convendrá vuelva a gobernar aquella tierra, siendo como es nueva, y donde los Gobernadores, asi en lo que toca al servicio de Vuestra Alteza, como al servicio de Dios Nuestro Señor y buen ejemplo de los españoles e indios nuevamente convertidos, no empiecen a sembrar errores tan perjudiciales como parecen estos".
      Agrego que mientras Aguirre sometido a las alternativas de este juicio, permanecía (por espacio de casi 3 años) encarcelado en Charcas, allá en Santiago del Estero, su leal Teniente Gaspar de Medina había sido tambien depuesto por los mismos derribadores del Gobernador. Obligado momentáneamente a huir, Medina "se fué a meter en la tierra que llaman de Concho" (Conso) y, - lo relata el cronista Ruy Díaz de Guzmán - "combocó algunos amigos suyos, y con favor y ayuda de Nicolás Carrizo y Miguel de Ardiles y el Capitán Juan Perez Moreno, y con los que se le agregaron, prendieron a Heredia y Versocana y a los demás secuaces (alevosos e impunes golpistas contra Aguirre); y hecho proceso contra ellos, les sentenció y condenó a muerte, lo cual fué ejecutado en los más culpantes, con lo que quedó restituída la jurisdicción real".

      Interinato de Pacheco y vuelta iracunda de Aguirre como Gobernador al Tucumán

      El Gobernador del Perú y Presidente de la Audiencia limeña, Licenciado García de Castro, ante los hechos referidos, tuvo que nombrar interinamente un gobernante para el Tucumán, en reemplazo de Aguirre. El nombramiento recayó en Diego Pacheco, natural de Talavera de la Reina, paisano, por tanto, de quien iba a substituir. Aparte de las facultades inherentes a su empleo, Pacheco se encaminaba a la provincia tucumana como Juez, para entender en el proceso incoado a raíz del motín contra Aguirre en los Comechingones, y castigar a los culpables.
      En ese carácter, dirigióse primeramente el mandatario a Esteco, a la incipiente población de "Cáceres", reducto de los eliminadores de Aguirre. Ahí declaró nulas las facultades que ejercían estos motineros. Sin embargo, dada la importancia estratégica del lugar, Pacheco mantuvo en pié el referido asiento, aunque rebautinzándolo, el 15-VIII-1567, como "ciudad de Nuestra Señora de Talavera", en doble homenaje a la Asunción de la Virgen y a la localidad donde él había nacido. En cuanto a los cómplices sobrevivientes de la revuelta comechingona, el Juez los condenó a abonar distintas multas, que debían de pagarse en su equivalente de algodón, y como éste era hilado por los indios, excusado es decir que a los rebeldes no les costó gran trabajo cumplir con la penitencia.
      Por lo que hace a Aguirre, tras un largo penar recobra la libertad en Charcas, y, con la confirmación real del cargo de Gobernador en sus manos, que le llegó en medio de sus tribulaciones, emprende la marcha hacia el Tucumán, resuelto a vengarse de sus enemigos. Por el mes de noviembre de 1569 asume allá el mando; en tanto Pacheco evita un choque violento con él, y se ausenta de la provincia por otro camino.
      En tren de represalias, Aguirre ordena a su Teniente Tomás González mudar la ciudad de Talavera, fundada por los soldados traidores; quita las encomiendas otorgadas por Pacheco, y las pone "en su cabeza, y otras dió a sus hijos y criados suyos"; destierra a quienes juzga desleales por colaborar con la administración anterior; se despacha públicamente contra el Presidente Ramirez de Quiñones; abofetea y propina "mojinetes" a un clérigo que le trae un mensaje del Obispo; y, más jactancioso que nunca, se acarrea la enemistad de muchos vecinos influyentes, tanto en Santiago del Estero y San Miguel de Tucumán, como en Talavera de Esteco. Un clamor de quejas levanta su conducta. "Arrebatado de pasión por lo pasado, atropelló varias cosas contra justicia y cristiandad" - consigna Ruy Díaz de Guzman. Y fué así como el Tribunal inquisidor, ante la suma de arbitrariedades cometidas, pidió al nuevo Virrey Toledo remitiera a don Francisco detenido a Lima, acusado de apostasía.

      Segundo encauzamiento de Aguirre como hereje

      Toledo accede al reclamo inquisitorial, y confía el gobierno tucumano al Capitán Pedro de Arana, "cavallero acreditado por su christiandad y prudencia" - según del jesuita Guevara -, y con encargo de capturar a Aguirre y traerlo a Lima bien asegurado, a disposición del Santo Oficio.
      Sabedor don Francisco que Arana se aproximaba con orden de prenderlo, se dispuso resistir; mas parece que ningún vecino del territorio de su mando acudió a tomar las armas por él. Así cayó el viejo conquistador inerme frente a Arana. Su traslado al Perú resultó al extremo penoso, pués duró 7 meses; empleando los guardias una inútil severidad con el detenido. En mayo de 1571 el hombre ya estaba a merced de la Inquisición; y 5 largos años habría de prolongarse su proceso; la mayor parte de cuyo tiempo el reo permaneció en las cárceles limeñas, bajo incomunicación rigurosa, sin miramiento alguno por su avanzada edad, su hidalga prosapia y sus servicios al Rey, aquejado de una grave enfermedad que casi lo manda al otro mundo.
      Sus juzgadores eclesiásticos, entre muchos casos escandalosos, lo acusaban de haber dicho a un cirujano que atendía a un indio herido, que lo dejase de curar, pues él lo sanaría con ensalmos; que el inculpado curó a uno de sus hijos de dolor de muelas, escribiendo ciertas letras en una silla, y poniendo la punta de un cuchillo sobre ellas mientras decía que Dios no había creado mejor procedimiento que ese para dichos malestares; que sostuvo que el Papa no lo podía excomulgar; que la misa celebrada por el Vicario no valía nada, pues no era menester la misa, ya que Dios miraba solo los corazones; que impedía se pagasen los diezmos y primicias al Vicario, y exigía se las entregara los vecinos a él, porque se declaraba Vicario en lo espiritual y temporal; que se opuso se casaran ciertas personas ante el Vicario, casándolas él, en presencia de mucha gente, pronunciando las palabras que la Iglesia dispone para tales circunstancias; que decía estar libre y ser inocente de todas las acusaciones que le hizo la Inquisición, por que habían sido mentiras fraguadas por el Fiscal y el Obispo de Charcas, Fray Domingo de Santo Tomás, a quien calificó de judío.
      El Visitador de la Inquisición, Juan Ruiz de Prado, dijo que en realidad no hubo motivo serio para prender a Aguirre, "cuanto más a un hombre como éste, que allende de ser de más de setenta años, y de que había servido mucho al Rey en esta tierra y con gran fidelidad, era Gobernador de Tucumán por Su Majestad, y bien nacido; y traerle preso por la Inquisición desde aquella tierra hasta aquí (Lima), que deben haber más de quinientas leguas, y dejarle secuestrado los bienes, téngolo por caso grave".
      El reo confesó que no se acordaba haber cometido delito; que él nunca había "deservido" a Su Magestad; que con palabras nada superticiosas, que repitió hizo cierto ensalmo sobre heridas y curaba el dolor de muelas, porque no había cirujano; se quejó de que su letrado lo instara a confesar algunas "cosas" que no había cometido, diciéndole que así lo dejarían libre más pronto; negó todos los demás cargos, asegurando que algunos testigos eran sus enemigos notorios; y que él comía los viernes y en Cuaresma por prescripción médica debido a sus indispociciones, pero que cada vez pedía licencia al Vicario o cura donde se hallaba, y ten-a asimismo licencia de Su Santidad para poder comer. Aguirre enfermó en la cárcel de gravedad, el 9-VII-1572. Por consejo de los médicos los inquisidores lo alojaron, un tiempo, en casa de un Familiar del Santo Oficio, a fin de ser allí curado, con orden de no comunicarse, ni de palabra ni por escrito, con nadie. Posteriormente mandaron los jueces traer 11 testigos más, los cuales declararon que el encausado había puesto preso en Chile a un sacerdote, que no se había hecho absolver de la excomunión; que ordenó decir misa a otro cura impedido de ello, "por haber sacado sangre a un hombre con quien se peleó"; que Aguirre solía proclamarse Papa, Obispo, Arzobispo y Rey; etc. etc. etc.
      El proceso concluyóse, en definitiva, el 23-X-1575 (había durado un lustro!), con la abjuración del reo que le impusieron los inquisidores Cerezuela y Ulloa, en una sentencia que distaba mucho de justificar la dureza conque fué tratado el célebre personaje. Tal resolución establecía que Aguirre "oyese la misa mayor y sermón que se dijese un domingo o fiesta de guardar, en la Iglesia Mayor de esta ciudad (Lima) ...; la cual dicha misa oyese en cuerpo y sin bonete y cinto y en pié, con una vela de cera en las manos, en forma de penitente, y que allí sea leída públicamente la sentencia, y que abjure de vehementi; y, desterrado perpetuamente de las provincias de Tucumán, esté recluso y tenga cárcel en un monasterio de esta ciudad, que por Nos le fuese señalado, por tiempo y espacio de cuatro meses. Y que no use más los ensalmos para curar heridas y dolor de muelas, y (sea) condenado en todos los gastos que se hicieron en su prisión, y que en presencia del Ordinario y Consultores, sea advertido del peligro en que está, y de la pena que tiene si reincidiese, dándole a entener lo que abjuró".
      Junto con don Francisco, la Inquisición testificó a sus hijos Hernando y Marco Antonio; a los vecinos de Santiago del Estero Andrés Martínez de Zavala, Pedro de Villalba y un tal Maldonado "el zamorano" allegados del Gobernador; a Francisco de Matienzo, hijo del Oidor y cuñado de Hernando de Aguirre; a Juan Jufré, yerno de don Francisco, casado con su hija Constanza; a Luis de San Román, Alcalde de Potosí; y a Gonzalo Santos, Juan Pendones y Alvaro Hernandez, a causa de una incidencia que tuvieron con Pedro de Arana, cuando lo llevaba preso al gran caudillo. Algunos de estos procesos no prosperaron, otros concluyeron con penas leves y multas, otros fueron absueltos.

      Amargo crepúsculo de Aguirre hasta su muerte.

      Cumplida la abjuración, después de 13 años de ausencia, regresó Aguirre a La Serena - fundada por él en 1549 -, al seno de su familia, humillado, viejo y repleto de deudas; él que adolecía - según el Padre Lozano - "del achaque de soberbio, de que estaba lisiado"; y al que sus coetáneos, como los estudiosos que posteriormente se han ocupado de su actuación histórica, califican - sin excepción - de orgulloso, petulante, altanero, deslenguado, desdeñoso, fatuo, importuno, ambicioso; aunque siempre temerariamente valiente, de mano dura y férrea voluntad.
      En su retiro de La Serena - serenamente, en la medida que se lo permitía su temperamento -, Aguirre realizó, más de una vez, el balance de su agitada existencia. Vejetaba en ese valle de Copiapó, teatro de antiguas conquistas, ahora refugio de su ostracismo. Allí poseía "unas cassas y un yngenio de açucar y viñas y tierras": "hacienda de rrecreación y aprovechamiento", con indios de servicio y con un fortín "para repararse de los enemigos". Allí vivía de recuerdos, desengañado de los hombres y del Rey olvidadizo de las hazañas de su meritorio vasallo. El 20-XII-1567 habíale solicitado a Felipe II mercedes por sus importantes servicios. "Si los que en alguna forma an servido a vuestra magestad son tamvien gratificados, como yo le e visto - escribió desde Charcas, durante su primer proceso -, quien a empleado su vida y hazienda, y perdido la vida de los hijos, deudos y amigos en el servicio de vuestra majestad, justa cosa es que ose pedir mercedes. Suplico a vuestra majestad me aga justicia ... porque al cabo de tantos años yo e estado en esta tierra conquistando y pacificando en este rreino del Perú, y descubriendo y poblando tierras nuevas, donde gasté más de docientos mill pesos, sin pretender otro ynterés más que serbir a Dios, trayendo los naturales dellas al conocimiento de nuestra santa fee, y descubrí a vuestra majestad rreynos y tierras tan remotas y extrañas como son las de los juríes, diaguitas y tucumán".
      Y el 1-VII-1580, el desventurado morador de La Serena, volvía a refrescarle la memoria a su Soberano en estos términos: "Suplico a Vuestra Majestad sea servido hacerme merced conque vivir y pagar las deudas en que he quedado, y para remediar muchas hijas y nietas y un solo hijo que me ha quedado, que también ha veinte años que sirve a Vuestra Majestad en esta tierra, donde he perdido otros tres hijos y un yerno y un hermano y tres sobrinos, todos en servicio de Su Majestad". (Violentamente acabaron sus vidas en la conquista americana; Valeriano, Nicolás y Gracián de Aguirre, hijos del peticionante; Juan Jufré, yerno suyo; Juan de Aguirre, su propio hermano; y Francisco y Rodrigo de Aguirre y Juan Gregorio Bazán, que son los tres sobrino aludidos por el veterano tío. Sin contar que también murieron acá en forma violenta; Pedro, Francisco y Jusepe de Aguirre, primos hermanos del nuestro Francisco; Francisco Jufré y Aguirre, nieto de éste; y otro deudo suyo más lejano, Diego Gomez de Pedraza).
      En 1581, ya al borde de la sepultura, Aguirre - por intermedio de un Sebastián de Santander - pedía que como recompensa por haber servido 46 años a la Corona, se le otorgara una encomienda de indios "que renten seis mill pesos en cada un año; e ansí mesmo se declare que por quél es muy viejo, y podría morir antes que la cédula le llegase a su poder, la dicha merced se haga, desde agora, a Hernando de Aguirre, su hijo legítimo". Pedía también se reedificara esa fortaleza que hizo asentar en el valle de Copiapó, porque "está cayda y desecha la mayor parte", reclamando para él y sus hijos el título de "Alcayde" de tal "cassa fuerte", llamada "castillo de Montalván".
      Francisco de Aguirre abandonó este valle de lágrimas, en paz con Dios, en su refugio chileno de La Serena, por el año 1581; varios meses después de que Juan de Garay estableciera, para siempre, aquel puerto rioplatense "hacia la Mar del Norte", que el desventurado visionario había anhelado fundar.
      por Carlos F. Ibarguren Aguirre

  • Fuentes 
    1. [S246] Wikipedia, (www.wikipedia.org).