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| Title |
Capitán |
| Birth |
1531 |
Sevilla, España [1] |
| Gender |
Male |
| Died |
1593 |
España [1] |
| Person ID |
I8981 |
Los Antepasados |
| Last Modified |
13 Mar 2010 |
| Family 2 |
María Mancho, d. 1560, Córdoba, Córdoba, Argentina |
| Married |
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| Children |
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| Last Modified |
22 Dec 2009 |
| Family ID |
F1377 |
Group Sheet |
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| Notes |
- HERNAN MEXIA MIRABAL - 10º y 13º abuelo mío por las respectivas líneas genealógicas de Ibarguren y de Uriburu - vió la luz del mundo en Sevilla hacia 1531, la luminosa ciudad donde se establecieron sus antepasados desde que fuera conquistada a los moros, en 1248, por el Rey Fernando III "el Santo" ().
Siendo niño nuestro personaje - quizás en 1537 llevado por su padre - atravesó el océano en pos de nuevos horizontes, con la esperanza de lograr tras ellos fortuna y renombre. El propio Hernán testificó en 1587 que, a los 14 años de su edad, se encontraba en "Panamá del rreino de Tierra Firme", donde conoció a Juan Gregorio Bazán, otro de mis antepasados.
Al calor de los trópicos indianos ardía entonces la guerra civil. Las huestes insurrectas de Gonzalo Pizarro - que bajo el mando de Pedro de Hinojosa habíanse apoderado de "Nombre de Dios" y del mar del Sur - se desprendían de la facción rebelde para plegarse al representante del Rey, Licenciado Pedro de La Gasca, quien acababa de llegar de España. En tal circunstancia, el precoz hidalgüelo andaluz de marras, da comienzo a su hazañosa carrera enrolándose como soldado de Carlos V, y marcha a los convulsionados "rreynos del Pirú". Y en esos territorios incaicos contribuye a provocar el desbande de las fuerza pizarristas que la historia recuerda como batalla de Xaquixaguana, el 9-IV-1548.
Preliminares de la conquista del Tucumán
Sofocada aquella insurrección (que algunos intérpretes del pasado tildan mal de separatista, cuando solo los conquistadores se rebelaron contra las "Nuevas Leyes" que les retiraban las encomiendas por dos vidas), el delegado Real La Gasca, victorioso y ya establecido en Lima como Presidente de la Audiencia, buscó, so pretexto de "gratificallos", la manera de alejar del teatro de sus correrías a muchos hombres de armas levantiscos, varios de los cuales, "endenantes", habíanse revuelto en disconformidad con la legislación reformista de la Corona, que el abstracto humanitarismo del clamoroso ideólogo fray Bartolomé de las Casas desató.
Entre el montón de Capitanes disponibles, figuraba un extremeño oriundo de Badajoz; Juan Nuñez de Prado (), el cual, desde un año atrás, desempeñaba el cargo de Alcalde de Minas en Potosí. Y por consejo de los Oidores de la Audiencia charqueña, Polo de Ondegardo y Pedro de Hinojosa, y del Corregidor Juan Alonso Palomino, que asimismo le escribía desde esa cabecera judiciaria, el Presidente La Gasca resolvió confiar al tan recomendado Capitán minero, por considerarlo "hombre cuerdo y de bondad, y con quien se holgaría de ir la gente", la conquista y población de uno o dos pueblos más allá de los términos de Charcas, en "una provincia que se dice Tucumán, donde hay copia de naturales y noticias de gruesas minas de oro, y que se cree las habrá de plata".
¿Que entendían por provincia de Tucumán La Gasca y sus consejeros de Charcas?; "Una región muy vasta, sin dejar de reconocer por eso que se aplicaba especialmente a otra mas pequeña" - dice Ricardo Jaimes Freyre, en su Tucumán Colonial. "La única explicación que acaso parezca satisfactoria - agrega este autor - es la siguiente: Los descubridores (Diego de Rojas y sus compañeros) después de vagar entre las dos cordilleras, atravesaron la oriental y cayeron en los llanos, en la comarca que los indios llamaban Tucumán, punto de encuentro de diaguitas, lules y juríes ... Esa fue la tierra cuya conquista y cuyo gobierno encomendó La Gasca a Nuñez de Prado" ().
Así pues, el 19-VII-1549, el Presidente La Gasca suscribió la providencia que encargaba al Capitán que sabemos la conquista tucumana. El documento - lo puntualiza Levillier - se refería a una vaga región sin límites precisos, por lo que propiamente no implicaba la concesión para regir una provincia, sino tan solo un mandato dado a un Capitán a fin de levantar un pueblo en el difuso territorio aludido. De esta suerte Nuñez de Prado no habría de ir allá en carácter de Gobernador ya que sus atribuciones eran, taxativamente, las de "Capit{án y Justicia Mayor. Esta parquedad en las atribuciones y en la jurisdicción - observa Levillier - parece demostrar la poca importancia de Juan Nuñez de Prado, o puede atribuirse al hecho de que siendo tan vecinas las comarcas de Chile, del Paraguay y del Río de la Plata, temiese el Presidente algún conflicto y no quisiese afrontar el riesgo de marcar fronteras precisas".
Entre tanto, diligente, el jefe designado para la tucumánica aventura, superando dificultades, dase de lleno a la tarea de organizar la empresa. Con evidente tino - atribuible quizás a su Maestre de Campo Juan de Santa Cruz - reúne en Potosí un plantel de 60 a 80 conquistadores; entre éstos Hernán Mexía Mirabal, que acababa de recibir su bautismo de fuego en los entreveros insurreccionales del Perú; el cual ahora se codea con algunos veteranos de los que "entraron" con Diego de Rojas al Tucumán (1542 a 1545), resueltos otra vez a probar fortuna; Miguel de Ardiles, Nicolás Carrizo, Martín de Rentería, Alonso Díaz Caballero, Juan Vázquez, Juan Bautista Pérez, Diego de Torres, Bautista Berrío, Juan Gutiérrez, Juli{án de Humarán, Juan Méndez de Guevara, Juan Pérez Moreno y Gonzalo Sánchez Garzón.
También se han enrolado para la expedición, no pocos camaradas antipizarristas de Mexía Mirabal: Bartolomé Mansilla, Juan Gregorio Bazán, Alonso Abad, Santos Blasquez, Juan Rodríguez Juárez, Francisco de Carvajal, Lorenzo Maldonado, Blas Rosales, Garcí Sánchez, Julián Sedeño; además de Juan Cano, Alonso de Orduña, Francisco Valdenegros, Alonso Díaz, Rodrigo Fernández, Alonso Paz, Martín Moreno, Alonso Contreras, Juan Morales, Alonso Martín de Arroyo, Gaspar García, Juan Serrano, Alonso de Rivadeneyra, Pedro Cáceres, Gaspar de Orellana, Pedro Ximénez, Cristóbal Pereyra, Juan Navarro, Alonso Villagómez, Luis de Gamboa, Francisco González, Rodrigo de Palos, Alonso de Villadiego, Pedro Albañés "griego de nación", y como 40 soldados más. Cada uno de ellos dispuesto a servir al Rey "a su costa y minción sin socorro de la hazienda rreal", con armamentos, provisiones y caballos propios; aunque no con "tantas armas ni adereços como la entrada y conquista rrequería, por que en sazón valían en los rreynos del Pirú los cavallos e yeguas a muy subidos precios". ()
La expedición rompe la marcha
Así las cosas, cuando los preparativos se consideraron suficientes, el 8-X-1549, pudo el vecindario potosino despedir a la animosa leva que partía hacía las ignotas regiones del sur; que hollara de paso, en 1535, Diego de Almagro en su tránsito para Chile, y donde, un lustro atrás,
Diego de Rojas dejó sus huesos en intrépido recorrido precursor.
Aquellos expedicionarios subordinados a Nuñez de Prado, sobre los cuales iba a gravitar todo el peso de la conquista, hallábanse en la plenitud de sus años, en la flor de sus días; moral y físicamente "en forma" - para decirlo a la moderna -, y, con optimismo viril, aportaban a la jornada ese enorme caudal de energía que derrocharían todos ellos, caídos la mayor parte en el olvido.
No está de más consignar la edad justa de algunos integrantes de aquel conjunto humano con el cual confundía su destino Mexía Mirabal, que entonces frisaba en los 18 abriles. Gonzalo Sánchez Garzón declaró tener 37 años; Blas Rosales, 35; Miguel de Ardiles y Francisco de Carvajal, 34; Martín de Rentería, 33; Lorenzo Maldonado, 30; Juan Pérez Moreno y Julián Sedeño, 29; Nicolás Carrizo, 28; Santos Blasquez, 24; Alonso Abad, 23; Garcí Sánchez, 22; Rodríguez Juárez y Juan Navarro, 20; Cristóbal Pereyra, pasados los 18; Gaspar de Orellana, 15 "poco más o menos". Mayor madurez acusaban seguramente el Capellán Hernando de Gomar - que moriría en Chicoana () -, y los frailes Gaspar de Carvajal y Alonso Trueno, misioneros domínicos, cuyos blancos hábitos y capuchones negros de lana hacían contraste con los bélicos arreos de los conquistadores en marcha.
Lanzas, espadas, adargas, morriones y capacetes; hombres a caballo a la vanguardia de unos cuantos arcabuceros y del grueso de soldados que, a pié, preceden al abigarrado tropel de indios yanacoas y a los bagajes con pertrechos, herramientas y materiales indispensables para aquellas jornadas de conquista y "poblazón". Hernán Mexía Mirabal cabalga entre el polvo que levanta la columna guiada por los veteranos que se internaron , antaño, con Rojas, y conocen las rutas escarpadas y el camino del Inca, más allá de Tupiza, a través de la Puna desolada: planicie y escombros de rocas que agrietaron los siglos; médanos y salinas barridas por un viento de hielo; raquítica vegetación sin pasto para las bestias, ni leña para hacer fuego, ni agua dulce para aplacar la sed; aire rarificado que "achucha" a los europeos y provoca vómitos, palpitaciones, hemorragias y un malestar que parece anticipar la muerte.
Tras esa desolación puneña, por marzo o abril de 1550, alcanza la caravana el país de los diaguitas en el valle Calchaquí, al que desciende, sin duda, por la "Cuesta del Acay" (5.950 metros sobre el nivel del mar), y siguiendo el curso del río se interna en el lugar de "Chicoana". (Los indios "chicuanas" vivían, a la sazón, en el territorio que ahora abarca los departamentos salteños de Cachi y Molinos). En Chicoana, Mexía Mirabal y sus compañeros hacen alto a la espera del Maestre de Campo Juan de Santa Cruz, quien debía llegar de Potosí con refuerzos para la expedición. Corren dos meses y la tardanza de Santa Cruz se prolonga demasiado. Nuñez de Prado, entonces despacha "con poderes" a Miguel de Ardiles y a Nicolás Carrizo a fin de que, retrocediendo el camino, den con el paradero del esperado Maestre de Campo. Pero transcurren otros 40 días sin noticias de los emisarios ni de Santa Cruz, y el jefe ordena proseguir la aventura.
Echados a andar de nuevo, los exploradores enfilan hacía el oriente, acosados en todo momento por los aborígenes "vallistos", que con escaramuzas les estorban el paso. Salvan peleando los ríspidos declives cordilleranos, y desde las últimas faldas de la sierra divisan una región de fértiles llanuras y bosques frondosos de lapachos, algarrobos, nogales y pacarás; humedecida por riachos descendentes de las montañas. Era el país de los lules; terrígenos de esa floresta maravillosa; flecheros consumados que vivían de la caza y de la pesca, libres de toda rutina civilizada; cuyo lujo masculino consistía en adornarse con plumas de avestruz; en tanto las mujeres andaban paradisíacamente desnudas, salvo unas "pampanillas" que les cubrían apenas las vergüenzas.
Fundación de la primera "Barco"
Decidido a "descubrir lo que había de la tierra", Nuñez de Prado funda, por julio de 1550, en el agreste terreno del hoy llamado "Jardín de la República", la ciudad de Barco (bautizada así en honor de La Gasca, nativo de Barco de Avila). A dicha población - se lee en las distintas probanzas de servicios del personaje que me ocupa - "el Capitán Hernán Mexía la ayudó a sustentar, conquistar con mucho travajo, a pié y a cavallo, con grandes necesidades de hambre, sed y cansancio y desnudez. "Me allé - le escribió mi antepasado al Rey - en ayudar a poblar la ciudad del Barco, que pobló vuestro General Juan Nuñez de Prado" - a orillas del río "Escava" o "Ibatín", a legua y media al sudoeste del actual pueblo tucumano de Monteros; justamente en el sitio en que diez años más tarde Pérez de Zorita levantará a Cañete, y posteriormente, Diego de Villarroel a San Miguel de Tucumán; ambas fundaciones, como aquella inicial de Núñez de Prado, realizadas - cual lo veremos más adente - con la activa y personal cooperación del infatigable Hernán Mexía Mirabal.
Establecido el fuerte, repartido los solares y organizada la autoridad en el flamante reducto (Martín de Rentería y Francisco Valdenebros fueron Alcaldes, y Juan Gutiérrez Algualcil Mayor), Nuñez de Prado despachó a Rentería con 30 hombres a fin de que tomara posesión de la comarca circundante, y sometiera a los salvajes del contorno, cuyos poblachos se llamaban "Collagasta", "Michigasta" y "Mocaca". Esto logróse sin mayores tropiezos; y Rentería, antes de volver al emplazamiento de Barco puso cruces en aquellos cobijos, advirtiendo a los aborígenes que mientras ostentaran tales emblemas sagrados no serían ofendidos por los cristianos.
Seguidamente Nuñez de Prado salió también con 30 hombres de recorrida por la tierra, alejándose 25 leguas de su precario asiento, hasta el paraje indígena de "Tipiro" o "Tepiro". En tal circunstancia un cacique le avisó que a la localidad de "Toamogasta", 5 leguas más adelante, habían llegado varios individuos de raza blanca. Con la expectativa que es de imaginar, parte Nuñez de Prado al encuentro de sus compatriotas, que acaso fueran los esperados refuerzos que traía Santa Cruz.
Antes de arribar a destino, el ilusionado Capitán General hubo de desengañarse al recibir información de unos indios, que encontró en el trayecto; dichos blancos eran, según esos nativos, 11 castellanos que se habían introducido allá, matando y robando después de profanar la Cruz al grito sacrílego de; "¿que garabato tienen aquí puesto los de Tucumán?".
Nuestro primer conflicto jurisdiccional con los "chilenos"
Resuelto a "prendellos y castigallos", Prado se adelantó con rapidez. fue el 10 de noviembre, "al quarto del alba", cuando cayó sobre "Toamogasta" en son de guerra, para constatar allí que aquellos españoles no estaban mandados por Santa Cruz, sino por Francisco de Villagra, quien sin duda, venía a interferir en la conquista tucumana. Por ello, sin más ni más, en medio de la incierta luz del amanecer, Prado lanza a sus hombres al combate. Villagra sorprendido en su campamento apenas logra contener la arremetida que le lleva un Capitán Méndez de Guevara; pero, a los pocos instantes, el desprevenido jefe es socorrido por los suyos; que no eran 11 sino más de 100, fuertemente armados. En consecuencia, vista la inferioridad de sus efectivos, los "pradistas" pierden la iniciativa y retroceden - fugan mejor dicho - hacia su terrestre Barco.
¿Que conflicto se planteaba en el lejano Tucumán?
Desde casi un año antes, luego de la partida de Nuñez de Prado, su Maese de Campo Juan de Santa Cruz ocupábase en Potosí de enganchar a gente que iría a reforzar la "entrada" tucumana de aquel. Simultáneamente en la villa potosina, Francisco de Villagra, Lugarteniente de Pedro de Valdivia, reclutaba voluntarios destinados a servir en el reino de Chile. Ello perturbó la tarea en que estaba empeñado Santa Cruz, dando lugar a recelos y rozamientos provocados por la mutua rivalidad, y por los medios puestos en juego por Villagra, decidido a engrosar su dotación con los elementos comprometidos de antemano para la jornada conquistadora del otro. A tal punto, que de los 130 soldados con que creyó contar Santa Cruz, solo le respondieron, en definitiva, 30; y con este magro remanente dicho Maestre de Campo tomó rumbo a Chicoana.
Empero Villagra - no obstante haberle sacado tantos colaboradores a su rival - sale tras de Santa Cruz, y el 24-VI-1550 lo alcanza en Cotagaita, y sin combate lo prende junto con Miguel de Ardiles y Nicolás Carrizo, quitándoles la gente y las "armas e caballos, salitre, azufre, arcabuçes e otros aparejos".
A los cuatro meses de esto se produjo aquella escaramuza en el rancherío indígena de "Toamogasta", y a los tres días del incidente, llegan los - digamos - "chilenos" de Villagra a Barco, el establecimiento de los "tucumanos" de Nuñez de Prado, quien rehuye toda resistencia y se oculta en los montes vecinos. Intervienen entonces los frailes Carvajal y Trueno y varios pobladores; parlamentan con Villagra y éste se aviene a "remitir lo pasado por concordia y amistad, con la condición - dice el cronista Ruy Días de Guzmán - que Juan Nuñez de Prado se le sometiese, dándole obediencia como a superior, en nombre del Gobernador Pedro de Valdivia". En resumidas cuentas Villagra quería sumar el territorio tucumano a la jurisdicción chilena, convencido de que estaba ese territorio dentro de "las cien leguas la tierra adentro", asignadas por La Gasca al Gobernador Valdivia.
En cuanto a Nuñez de Prado, dada la superioridad militar de su contendor, resignadamente se sometió a la prepotencia de éste, "por no deservir a Su Majestad, e que la cibdad no se despoblase".
Conseguido su fácil triunfo, Villagra abandona a Barco y traspasa la cordillera - no sin prometer enviar refuerzos desde Chile. Al propio tiempo Nuñez de Prado, ya libre de la tutela de aquel, reúne al modesto Cabildo tucumano, y a voz de pregonero hace pública renuncia del título de Teniente que le impusieron a la fuerza, revalidando de ese modo los poderes "peruanos" de su nombramiento por La Gasca.
"Nuevo Maestrazgo de Santiago", denominó Prado la difusa región de su jefatura; que la "gloria mundana mas consiste en vanidad de nombres que en realidad y substancia, subcediendo a veces - discurre al respecto el cronista Guevara -, que se adaptan nombres magníficos de gigantes a pequeñuelos pigmeos"; y "porque nombre tan lustroso no fuese sombra sin cuerpo - prosigue el historiador jesuita -, se aplicó Prado con tesón increíble, a los adelantamientos de la Provincia, mas con suavidad que con rigor y espanto; conquistó la Sierra y el Valle de Catamarca, los ríos Salado y Dulce, los belicosos lules, y la mayor parte de los indios que después se agregaron a Santiago".
En tales empeños y arriesgadas realizaciones tomó parte Hernán Mexía Mirabal. De ello dan cuenta las probanzas de sus servicios, las cuales, unánimes, aseguran que nuestro Capitán pobló la ciudad de Barco, conquistando la comarca adyacente con grandes sacrificios, a fin de consolidar la estabilidad del precario asentamiento. ()
Fundación de la segunda "Barco"
Seis meses después de que Villagra abandonara los términos tucumanos, Nuñez de Prado recabó el consenso de los vecinos de Barco para efectuar el traslado de la población a otro sitio, pues en el lugar de su asiento ya comenzaba a escasear la comida, y los indios - decía - "en causa de no sembrar me han puesto en gran necesidad, tanta que me ha de ser forzoso mudar la ciudad adonde pueda sustentar la gente que tengo, e si no lo hicieses perecerían todos de hambre". Pero, mas que nada, buscaba Prado salirse de los límites pretendidos por Valdivia, temeroso de las represalias que este podría tomar contra el, por haber desconocido la soberanía de Chile, luego del alejamiento de Villagra.
Por mayo de 1551 realizóse la tarea de desmontar el tucumánico Barco, y dos o tres meses mas tarde, a una distancia de 25 o 30 leguas del reducto primitivo, en dirección noroeste, fue erigido un nuevo asiento con el nombre de Barco II. La instalación se levantó en plena región calchaquina; en "zona del valle de Quiriquiri"o "Samalamao", cerca de Cafayate, estima el sacerdote historiador Pablo Fortuny; un poco mas al norte, "entre Molinos y la confluencia de los ríos San Carlos y Guachipas", lo ubica Levillier; "entre Molinos y Angastaco" deduce Atilio Cornejo; nunca en los valles catamarqueños de Andalgalá y Guazán, cual lo suponen Lafone Quevedo y sus seguidores.
El propio Mexía Mirabal manifestó repetidamente en su probanzas que "el Barco segundo estuvo emplazado a 50 leguas de distancia de Santiago del Estero". Si Santiago del Estero distaba 25 leguas del lugar donde establecieron al Barco I, parece correcto situar a aquel valle de "Quiriquiri" y al segundo real de los "pradistas", muy próximo del presente pueblo salteño de San Carlos.
Hernán Mexía Mirabal "ayudó a sustentar dicha ciudad (Barco II) con grandes trabajos de hambre y desnudez que padeció allí ... andando siempre en la guerra, unas veces a pie y otras a caballo de noche y de día ... en muchas refriegas que tuvieron con los naturales, andando como andava vestido de cueros de leones y de tigres y descalzo".Así lo aseveraron Juan Rodríguez Juárez, Cristóbal Pereyra y Francisco de Carvajal, testigos en su probanza de méritos. Y en cierta ocasión, "por haverse quemado al comida en dicha ciudad" (en "las chácaras que tenían de mayz, quinua o çapallo"), Nuñez de Prado, urgido a resolver el problema, "salió en persona en busca de comida y llegó hasta el valle de Jujuy, que son mas de cincuenta leguas, pasando grandes hambres y travajos; y el dicho Capitán Hernán Mexía fue en compañía de dicho General ... a pie, por se le aver muerto el cavallo que llevaba, y de pura hambre comió cigarrones y cueros y semillas de paja, por falta de comida".
Día tras día las penurias se acrecentaban para esos sufridos conquistadores. Estrechados en su escaso recinto por miles de feroces diaguitas, "sembravan lo que comían con sus propias manos", por no poder domeñar a dichos salvajes; los cuales - el Capitán Juan Pérez Moreno lo recuerda - "así en los llanos como en las sierras les dieron muchas guaçabaras, donde pasaron muchos trabajos de anbre y sed e desnudez y cansancio, y se derramó mucha sangre en las heridas que les davan".
Fundación de la tercera "Barco", que Francisco de Aguirre venido de Chile, remuda con el nombre de Santiago del Estero
Dicha sucesión inacabable de ocurrencias adversas, obligó a los españoles a ambular de nuevo con los materiales de su portátil instalación a cuestas, para rehacerla en otra parte. Consecuentemente, esta vez, emplazaron su tercera "Barco del Nuevo Maestrazgo de Santiago" en tierras de indios juríes, a orillas del río Dulce o Estero, en junio de 1553. ()
A poco de instalado Barco III, tuvo Nuñez de Prado aviso que en un pueblo llamado "Meaja" más de 4.000 indios de guerra se habían reunido con propósito de destruir la fundación española. Ni que decir que sin tardanza, "para desbaratar el dicho pueblo", fueron enviados allí 30 hombres a las órdenes del Capitán Juan Vázquez Pacheco, entre los que se contaba Hernán Mexía Mirabal; "a cavallo con todas sus armas"; quien en la emergencia peleó con su acostumbrada intrepidez, resultando "uno de los que entraron en el fuerte de los yndios a desbaratallos, como los desbarataron, e dieron lugar que los demás soldados e gente de a caballo entraran en él"; lo que frustró por completo el bárbaro plan de arrasar con el refugio castellano.
Algo mas tarde, cierta noche del mes de mayo de 1553, aparece de súbito en Barco III Francisco de Aguirre, el cual, a la cabeza de 60 o 70 hombres - luego de algunas exploraciones por las comarcas aledañas y de varios entreveros con los indios calchaquíes - venía de Chile, enviado por Valdivia, a consumar la acción que iniciara Villagra años atrás; sujetar el Tucumán al dominio chileno, previo desalojo de Nuñez de Prado.
"Llegó Francisco de Aguirre - registran las probanzas de Mexía Mirabal - y se apoderó de la dicha ciudad de Santiago del Estero (aún llamábase Barco); quitó las armas a los vecinos de aquella ciudad, y prendió a los justicias" (al Teniente Vázquez Pacheco y a otras personas). Nuñez de Prado, ausente, "andava conquistando la tierra" (en Famatina, con 30 o 40 soldados, y a la busca de minas de oro). El jefe trasandino, en consecuencia, "ynbió gente de guerra para que le traxesen antél, y la dicha gente traxo al dicho Joan Nuñez de Prado". Aguirre entonces, "le echó de la tierra (confinándolo a Chile) ... hizo que los Cabildos lo rrecibiesen por Justicia ... y dió por ningunas todas las encomiendas y mercedes que avía fecho el dicho Joan Nuñez de Prado; y encomendó la tierra de nuevo en las personas que él quiso, quitando títulos y rregistros a las personas que los tenían y a los Escrivanos de gobernación. Y estando en la tierra solamente un año governándola, se fue a las dichas provincias de Chile, y llevó consigo todos los dichos títulos y rregistros, y mucha gente y armas de la tierra, y echó della a los frailes que avía" - los predicadores dominicanos Carvajal y Trueno (). Pero antes de repasar la cordillera, don Francisco, "por yncombeniente de las avenidas del rrío", mudó a Barco III de "donde dizen el pueblo viexo", trasladando la ciudad, siempre sobre la orilla del Dulce o Estero, una legua mas al norte.
"Me allé en poblar la ciudad de Santiago del Estero al tiempo que la pobló vuestro Gobernador Francisco de Aguirre", ha de recordárselo Hernán Mexía Mirabal a su Rey Felipe II el 15-II-1585. Aquello tuvo lugar 32 años atrás, un 25-VII-1553, día del Santo Apóstol patrono de las Españas, en cuyo loor Aguirre "le mudó el nombre (de Barco) y le llamó a la ciudad Santiago del Estero, tierra de promisión"; quedando solemne y jurídicamente organizado, como núcleo urbano, ese rústico caserío de paja y barro en pleno "país de la selva".
Desvalimiento físico y desamparo espiritual de aquellos hombres de hierro
Vuelto Aguirre a Chile en 1554, con esperanza de obtener el gobierno de ese "Reyno" por haber muerto Valdivia, dejó a su deudo y paisano Juan Gregorio Bazán - mi antepasado - a cargo del comando santiagueño como Lugarteniente suyo. La situación del baluarte levantado en la inmensidad desconocida del Tucumán, no podía ser más crítica. Aguirre al partir, "sacó consigo alguna gente española y muchos indios naturales de esta tierra, e cavallos", por lo que su solitaria y lejana fundación quedó casi desamparada. Si bien, en los papeles, había repartido encomiendas entre 56 conquistadores, los favorecidos arrostraron, durante dos interminables años, la mayor pobreza. Una indigencia tal - se lee en la Información levantada por Alonso Abad - que "vestían cueros e sacaban una cabuya (fibra) a manera de esparto de unos cardones y espinos, a puro trabajo de manos, que hilándolo hacían camisas".
Ese desamparo a que los condenaba la naturaleza salvaje, hubiera justificado la despoblación de aquella base conquistadora, en hombres de otra complexión física y con otro temple moral. Pero el sentimiento de la propia responsabilidad, del altivo amor propio, les impelía a quedarse, a no proclamar su fracaso, a no dejar en la estacada a los amigos juríes, expuestos siempre a la venganza de los lules que, irreductibles, los acorralaban dentro de sus "fuertes de paliçadas".
Hambres - hasta "comían algunas sabandijas silvestres que nunca los españoles suelen comer sino con mucha necesidad" -, miserias sin cuento, desconección total con el mundo civilizado; todo fueron capaces de soportar esos varones de rompe y rasga; todo menos la falta de un sacerdote que le suministrara los auxilios espirituales, tan necesarios para sus fervorosas almas católicas. Por esto, casi "estuvieron por despoblar esta ciudad e yrse al Pirú".
Ya se dijo como los frailes Alonso Trueno y Gaspar de Carvajal, que acompañaron a Nuñez de Prado, al imperar Aguirre habían abandonado al población tucumana. Si voluntariamente o no, conocemos los testimonios contradictorios de Mexía Mirabal, de Antonio Alvarez, de Francisco de Carvajal y de Cristóbal Pereyra. Por su parte Rodríguez Juárez manifestó al respecto, que ambos dominicanos, "visto la pobreza de esta tierra, y que no avía ni oro ni plata ni otra cosa alguna, mas solo mayz, se bolbieron al Perú, sin quedar en la tierra sacerdote". De tenor semejante resultan las declaraciones de Miguel de Ardiles, de Gonzalo Sánchez Garzón, de Santos Blásquez, de Juan García, de Pedro Jiménez y de Juan Pérez Moreno.
Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que desde el alejamiento de los frailes de grado o por fuerza, quedó sin clérigos Santiago del Estero, y que por tan poderosa razón, los fervorosos vecinos en las ceremonias religiosas, y "todos los lunes e sábados", andaban "en prosición de la yglesia a las hermitas e cruzes, cantando letanías e suplicando a Nuestro Señor les enbiase sacerdotes que les administrasen los sacramentos". Si alguno de ellos moría, "lo llevavan a enterrar los españoles con hartas lágrimas e con harto desconçuelo, rogando a Dios por él en sus oraciones".
Cinco valientes cruzan los Andes de ida y vuelta, traen un sacerdote e introducen en el Tucumán cereales, plantas y ganados de Chile
Aquellos conquistadores cansados de esperar mas de dos años, "ansí sin sacramentos, no pudiéndolo sufrir, despacharon cinco ombres que fueron al rreyno de Chile a traer sacerdotes". Y para allá se ponen en movimiento los antepasados Hernán Mexía Mirabal y Bartolomé Mansilla, junto con Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres.
Corajudos, aguantadores de "nieves, fríos y hambres" esos cinco Capitanes recorrieron leguas y leguas acosados "por la mucha gente de guerra muy velicosa que ay en el camino", y cruzaron "con gran riesgo de sus vidas", los Andes "fragosos y tempestuosos". Al otro lado de "la cordillera de Chile" los indios "alçados" de Copiapó les cierran el paso. Esto produce desánimo en algunos componentes del quinteto temerario, que insinúan el regreso al pago santiagueño, lo cual frustraría los propósitos del viaje; pero "el averse atrevido el dicho Capitán Hernán Mexía solo a adelantarse", logró que los indecisos le siguieran, y al cabo de "muchos meses, con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo que los faboreció", pudieron tornar los expedicionarios al punto de partida, trayendo, desde La Serena, un sacerdote; el padre Juan Cidrón. ()
En tan abnegada como conmovedora hazaña - que si no tuviera a su favor los documentos de la historia tomaríase por leyenda hagiográfica o novela de caballería - Hernán Mexía Mirabal, Bartolomé Mansilla, Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres, no olvidaron que, amén de los espirituales, el hombre necesita otros sustentos para vivir. En consecuencia, junto al clérigo Cidrón, "traxeron algunas semillas de trigo, cevada y otras cosas de Castilla; e algodón, que es de que al presente los naturales se bisten e cubren, haziendo mantas e camisetas"; y "plantas de ubas e árboles frutales, obejas, bacas e otros ganados"; conjunto de bestias y especies botánicas que se introducían, por primera vez, en aquella agreste región de los juríes.
Así fue como esos desamparados conquistadores santiagueños - para decirlo con palabras de uno de ellos, Santos Blasquez - "se dieron a sembrar muchas semillas ansy de trigo como cebada, plantando viñas e otros árboles de Castilla, e fueron criando ganados, yeguas, vacas y ovejas, con que fue la tierra adelante, e se a sustentando con todos sus travajos, e dende este tiempo se comenzó a comunicar esta provincia con el Pirú e Chile".
De tal suerte, a los fieros arrestos de la guerra se sumaron, a partir de entonces, las mansas actividades agropecuarias, con su consecuente industria rudimental. Y quedó establecido, con regularidad relativa, un intercambio de colaboración entre aquel núcleo de cultura, que se iba desarrollando en Santiago del Estero, y los otros centros ya evolucionados peruanos y chilenos; desde donde había venido el inmediato impulso conquistador: hombres y recursos que casi siempre aportaba un Capitán empresario, "a su costa y minción"; con fundadas esperanzas - claro está - de que gastos y desvelos, ocasionados en el "real servicio", le vendrían a ser retribuídos con creces, más tarde, por la Corona.
Y no es impertinente repetir, que aquellas expediciones - gajes de hombres de acción, como Mexía Mirabal -, que incursionaban dispersas, generalmente desconectadas las unas de las otras, dentro de un área de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados, lejos de responder a las viarazas empíricas de sus respectivos caudillos - cual se ha dicho tan a menudo con ligereza - encontrábanse subordinadas, en primera instancia, a las directivas precisas de ciertos funcionarios con dotes de estadistas; cuyos planes de gran envergadura - "ideologías" los llama Levillier - demuestran hoy, a quienes estudian historia, la coherencia con que fue llevada a cabo la empresa fundacional de España. Tanto Vaca de Castro y La Gasca en el Perú, como Valdivia y Hurtado de Mendoza en Chile, y el excepcional realizador Francisco de Aguirre en el mismo campo de sus hazañas, y el Virrey Toledo en Lima, y en Charcas el Oidor Matienzo, resultan, en definitiva - cuando no, a la vez, ejecutores prácticos -, los creadores intelectuales, los formidables estrategas que concibieron el gigantesco designio de incorporar el Tucumán y el Río de la Plata a la Corona de España; vale decir, a la civilización occidental.
Sin aquellas ciudades fundadoras - puntos fortificados adecuadamente dispuestos - los conquistadores españoles hubieran sido física y moralmente aniquilados por los indios salvajes. Bien dice Romualdo Ardissone al respecto: "Al transcurrir la existencia del conquistador en el campo, separado de sus semejantes, en contacto diario con el indio, pierde su cultura, sus elementos europeos se atenúan, y a la larga se barbariza; el indio y la naturaleza que lo rodean, lo embisten, lo barnizan, lo conquistan. Grave es el problema para el europeo, más grave aún para sus hijos cuya educación progresivamente y con rapidez alarmante, cobra caracteres indígenas, intensificados por la mezcla de sangre que se hace poco menos que imposible impedir. En cambio, la existencia de ciudades trae la convivencia, el trato continuo o frecuente, el roce con los semejantes; la vida social logra salvar el caudal de costumbres e ideales traídos de Europa. El conquistador puede conservar y aún intensificar la superioridad con respecto al indígena, al cual sirve de ejemplo para que se le acerque siempre más en sus costumbres. La función educativa, política y militar de las ciudades es de primer orden, de aquí el interés de fundarlas".
El complot inicial ocurrido en el norte argentino
Volviendo a Santiago del Estero, diré que el 25-IX-1557 sucedió "questando la ciudad en paz y sosiego" entraron en ella de noche, con las armas en la mano, estrepitosamente, Alonso de Salazar, Luis Gómez, Garcí Sánchez y otros conjurados. Se trataba de un motín promovido por los parciales de Nuñez de Prado, quienes, invocando la sentencia de los Oidores de Lima sobre la gobernación, favorable a aquel, proclamaban "que traían recados para quitar" al Teniente y Justicia Mayor Rodrigo de Aguirre - sobrino de don Francisco -, y sustituirlo por otro, en nombre del Virrey Marqués de Cañete, "tomando - dice el testigo Gaspar de Orellana - por apellido de que venía a mandar Joan Nuñez de Prado".
"So color de que trayan governador", los motineros "pusieron la ciudad en confusión", prendiendo a Rodrigo de Aguirre, quien fue encerrado en las casas del Alcalde ordinario Blas Rosales (12º abuelo mío, ver el apellido Suárez Maldonado), a la que rodearon mediante una guardia armada con arcabuces que traían las mechas encendidas.
A la mañana siguiente, dicho Alcalde y los capitulares Nicolás Carrizo y Alonso Díaz Caballero (ambos antepasados míos, ver los respectivos linajes de Argañaraz y de Luna y Cárdenas) con sus colegas Miguel de Ardiles y Julián Sedeño, juntáronse en "Cabildo abierto" a fin de encarar aquel conflicto. En eso se estaba, cuando Luis Gómez, Alonso de Salazar, Garcí Sánchez y otros revoltosos irrumpieron en la sala de las deliberaciones a notificar a los Regidores que ellos venían con órdenes virreinales para que Nuñez de Prado reasumiera el poder en reemplazo del "tirano Francisco de Aguirre". Mas viendo los vecinos que no aparecía el tal recado del Virrey Cañete, prendieron a Gómez, a Salazar y sus aliados, y repusieron a la autoridad derrocada.
Así se aplastó la primera asonada santiagueña; el cabecilla Alonso Salazar fue inmediatamente ejecutado. También en sus cómplices recayó la pena de muerte, aunque con derecho de apelarla ante el gobernador Hurtado de Mendoza, por lo que fueron remitidos a Chile.
Hernán Mexía Mirabal - el baqueano de los Andes - se encarga entonces de conducir a aquellos insurrectos tras las montañas. De consiguiente parte de Santiago del Estero a la cabeza del respectivo convoy. A las pocas jornadas del trayecto, en el "Valle Vicioso" (hoy departamento de Pelagio Luna en La Rioja, antes "San Blas de los Sauces"), se topa inesperadamente con el General Juan Pérez de Zorita, "que venía a mandar la tierra enviado por don García de Mendoza, Gobernador de Chile". Desde atrás de la cordillera acompañaban a Zorita, entre otros conquistadores; Blas Ponce, Luis de Luna, Diego de Herrera, Juan Nuñez de Guevara, el Escribano Jerónimo Vallejo y mi antepasado Sebastián Príncipe de Dueñas Bobadilla (ver el apellido Mansilla). Zorita, en esa circunstancia, se hace cargo de los presos, y dispone que Mexía Mirabal vuelva a Santiago del Estero "a dar aviso de como venía".
Nuevas fundaciones en el Tucumán y captura del cacique Chumbicha
Ya instalado en el mando, Pérez de Zorita no tarda de poner de relieve sus dotes sobresalientes de fundador, al establecer a mediados de 1558 en el valle catamarqueño de "Quinmivil" - distante 60 leguas de Santiago del Estero, al sudoeste del actual pueblo de Belén -, el núcleo urbano de "Londres"; curioso homenaje a la segunda mujer de Felipe II, María Tudor, en suelo diaguita; suelo exóticamente rebautizado también por Zorita como "Nueva Inglaterra", en vez de "Nuevo Maestrazgo de Santiago" y "Tierra de Promisión".
En tal oportunidad, Hernán Mexía Mirabal llegó a participar con sus compañeros y 1200 indios de encomienda en el asentamiento de "Londres". Tiempo atrás había salido de Santiago "con sus armas y cavallos y muchos pertrechos de guerra y servicios y ganados para yr al valle Calchaquí" por mandado del nuevo Gobernador. Esa misión mi antepasado la cumplió a las órdenes del Maestre de Campo Julián Sedeño, entre inexplorados vericuetos orográficos, en enérgica batida que infundiera respeto a las numerosas parcialidades diaguitas, a fin de preparar el terreno en que habrían de erigirse las proyectadas fundaciones de Zorita, de acuerdo a los planes del Gobernador de Chile García de Mendoza.
El éxito conseguido por Mexía Mirabal en esa jornada resultó completo y sensacional. En el "pueblo que dizen de los Tolombones", mediante un afortunado golpe de audacia, mi antepasado atrapó con sus propias manos al cacique Chumbicha, hermano del terrible dueño y señor de la comarca; Juan Calchaquí; cuyo nombre, amplificado por los españoles sirvió de toponímico nominador para el extenso territorio diaguita, y se hizo también extensivo al conglomerado de "naciones" aborígenes que respondían a la influencia del poderoso curaça.
"Prendí al cacique Chumbicha, hermano de Calchaquí, por cuio rrespeto sirvió toda la tierra" - recalcará con orgullo veintisiete años después el propio interesado en la probanza de sus servicios. Y no era injustificada esta ufanía del veterano conquistador; la captura de aquel autócrata nativo, gracias al arrojo del aprehensor, paralizó momentáneamente la belicosidad de las tribus circundantes, y "Londres", que jalonaba el camino de Tucumán a Chile, pudo ser por ello establecida sin que se derramara ni una gota de sangre.
El trato benévolo de Zorita para con Chumbicha reveló el tino diplomático del Gobernador, quien supo sacar ventaja para afianzar su política conquistadora hasta entonces seriamente obstaculizada por la resistencia de Juan Calchaquí. Y como este indomeñable régulo tuviera que pedir la libertad del hermano suyo, Zorita - contra la opinión de la mayoría de sus Capitanes - no solo liberó a la "buena presa" de Mexía con grandes honores, sino que pactó además con su feroz enemigo un tratado de alianza - que el bárbaro supo cumplir mientras su adversario estuvo al frente del Tucumán. Por eso Zorita se jactó en un documento posterior, diciendo; "tube aquellas cibdades al tiempo que a mi cargo fueron, en tanta paz, quietud y justicia, que yba deste rreyno (el Perú) y del de Chile a ellas, y salía dellas a este rreyno un hombre o una mujer solos y seguros, sin correr ningún riesgo". Y ese corto lapso de tregua con el referido cacique fue aprovechado por Zorita para asentar a la ciudad de Córdoba de Calchaquí, por febrero o marzo de 1559; mas o menos en el lugar donde, ocho años antes, Nuñez de Prado - y con él Mexía Mirabal - levantara a Barco II. Del Cabildo de la renovada ciudad calchaquina se lo nombró Regidor a Hernán Mexía Mirabal. ()
Poblado el valle Calchaquí, Zorita volvióse a Santiago del Estero, "donde luego que llegó a la ciudad se alzaron los yndios naturales y muchos pueblos, en cantidad de más de seys mill yndios, y se hicieron fuertes en las ciénagas del rrío Salado". Allá acudió el Gobernador en persona con 50 hombres, entre ellos el personaje de esta historia, "el qual le ayudó a la dicha conquista y allanamiento, dando muchas batallas a los dichos naturales, en partes peligrosas, hallándose Hernán Mexía Miraval, como buen soldado, siempre de los delanteros peleando, procurando aventajarse hasta tanto fue herido de heridas peligrosas de yerva" - es decir, con flechas envenenadas.
Repuesto de los flechazos, el hombre asiste, en agosto de 1560, a la fundación de la ciudad de Cañete - llamada así en honor del 3er Virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. Levantóse Cañete "en un asiento llamado Gualán", y - estampan las probanzas respectivas - "en la dicha población se halló el Capitán Hernán Mexía Miraval, con sus armas y cavallos, a la ayudar a poblar y conquistar a los naturales della". Posteriormente Hernán acompañó a Zorita "en el allanamiento de las provincias de Guatliguala, Holcos y Socotonio, provincias de muchos yndios", y cooperó asimismo en la conquista de "la nación de yndios Lules".
En 1561 prodújose en "Londres" un intento de insubordinación contra la autoridad de Pérez de Zorita. En la emergencia, este marchó desde Santiago del Estero al frente de un grupo de soldados, a fin de averiguar que maquinaciones se tramaban en el valle de "Quinmivil". Allá era Alcalde ordinario de "Londres" Rodrigo de Aguirre - sobrino de don Francisco, enemigo por tanto de Zorita -, quien, sostenido por unos pocos partidarios, se dispuso a resistir al Gobernador fortificando el rancherío a su cargo, donde había acopiado armas y bastimentos. Comoquiera, Zorita rápidamente desbarató esa revuelta, y con tremenda severidad, sin escuchar los pedidos de clemencia que se le formularon, mandó ahorcar a Rodrigo de Aguirre y al Regidor Baltasar Hernández, condenando "a galeras" a los demás secuaces del motín. Estos rigores extremos provocaron protestas que se conocieron en Chile - "Reyno" del que Tucumán dependía en ese tiempo - y Francisco de Villagra, gobernante de turno a la sazón del otro lado de los Andres, dispuso el relevo de Zorita - hechura del ex Gobernador García de Mendoza -, reemplazándolo en el Tucumán por Gregorio de Castañeda; el cual, tras humillar y apresar a Zorita, lo despachó tras la cordillera.
Actuación de Mexía Mirabal durante la arbitraria jefatura de Castañeda
Gregorio de Castañeda asume el gobierno del Tucumán dispuesto a borra las huellas de Zorita, su antecesor. Como resoluciones iniciales sustituye nombres: la provincia de "Nueva Inglaterra" será en adelante "Del Nuevo Extremo"; y el asiento calchaquino de "Córdoba" ha de llamarse "Ciudad Nueva del Espíritu Santo; y "Londres" es convertida en "Ciudad de Villagra"; y "Cañete" en "Ciudad de Orduña". En el valle de Jujuy se concreta la fundación de "Nieva" - ya ordenada por Zorita - denominándosela así en homenaje al 4º Virrey del Perú Diego de Acevedo y Zúñiga, Conde de Nieva. La traza de la efímera población concluyóse el 20-VIII-1561, y al frente del reducto quedó como Teniente de Gobernador el Capitán Pedro de Zárate.
Dos años mas tarde, a mediados de 1563, "Nieva" debió de ser desmantelada a causa de la rebelión de indios que las probanzas de méritos de Mexía Mirabal dan cuenta en los siguientes párrafos; "Entró el General Gregorio de Castañeda por Teniente de don Francisco de Villagra, Gobernador de Chile", y "por negligencia del dicho Gregorio de Castañeda se alzaron los naturales de las tres ciudades (Londres, Córdoba y Cañete), y las quemaron, y por fuerza de armas echaron a los españoles que bibían en las dichas tres ciudades; en socorro de las quales el dicho Capitán Hernán Mexía fue muy bien adereçado de armas y cavallos y servicios y otros pertrechos de guerra; donde andando peleando con los dichos yndios como buen soldado, fue herido de heridas peligrosas, y estuvo en gran aprieto de perder la vida".
Refiere el padre Lozano que nuestro guerrero estaba en Córdoba de Calchaquí cuando la cercaron para asaltarla los salvajes, y que "peleando los cristianos con extremo valor, vendiendo caras sus vidas, casi todos perecieron ... Solo seis que arrojados de la desesperación se vinieron con el Maese de Campo Hernando Mejía de Mirabal, y ensangrentando la peligrosísima retirada se abrieron camino por la multitud de los bárbaros, hasta verse libres de su opresión; con cuya heroica diligencia, al amparo de las sombras, que sirvieron a su seguridad, pudieron escapar estas tristes reliquias de la ciudad de Córdoba del Calchaquí, porque los demás perecieron miserablemente".
"Caminó Hernando Mejía por sendas incógnitas con seis compañeros, encontrando a cada paso nuevos peligros - prosigue Lozano - en los precipicios que ofrecía la derrota nunca hasta allí trillada que seguían, y fue mayor el que padecieron dando en algunos lules hacia el valle de Salta, de cuyas manos al cabo escaparon con felicidad, y llegaron a la nueva ciudad de Nieva tan espantosamente desfigurados, que ninguno los conoció por el semblante, aunque todos eran antiguos amigos y conocidos".
En la probanza de méritos y servicios del conquistador de esta historia, el testigo Gaspar de Orellana declara que "se alçaron las dichas tres ciudades y (los indios) mataron en ellas algunos españoles"; y entre la gente que se envió a socorrer el valle calchaquí fue "el Capitán Hernán Mexía Mirabal ... y tuvo muchos encuentros y guaçavaras muy peligrosas, de donde estuvo a punto de perder la vida de heridas que le dieron los yndios". Antonio Alvarez, por su parte, testifica que "vino la nueva como se avía alçado Calchaquí y muerto el Capitán Julián Sedeño y otros soldados". El Gobernador Castañeda que estaba en Londres, se dispuso a socorrer a la asediada Córdoba. Para ello ordenó se le reuniera el Capitán Juan Pérez Moreno con 40 hombres. Con estos marcharon de Santiago a Londres el propio Alvarez y Hernán Mexía Mirabal. Desde esta última población, con la gente que pudo movilizar, Castañeda partió al castigo de los rebeldes calchaquíes. Junto a él iba Mexía Mirabal, a quien, en los reencuentros que hovo con los naturales, en unas quebradas fragosas, le dieron dos o tres heridas peligrosas". La probanza referida señala, además, que Castañeda al ver "las dichas tres ciudades despobladas por su mala horden (Córdoba de Calchaquí, Cañete y Londres), y la tierra perdida, y que no quedaba en pié mas ciudad que la de Santiago del Estero", emprendió viaje a Chile, llevando consigo mucha gente, dejando a Santiago del Estero en "gran riesgo y peligro por las desvergüenças y atrevimientos que los yndios tenían, por aver visto las demás ciudades despobladas y muchos españoles muertos". En tan dramáticos momentos, Mexía Mirabal "fue uno de los que quedaron en guarda y amparo de la dicha ciudad ,ayudando siempre ,como buen soldado, a la conquista y sustento de ella". ()
Vuelve Aguirre como Gobernador y ordena fundar San Miguel de Tucumán a Diego de Villarroel, quien es secundado por Mexía Mirabal
El desastre, la destrucción del Tucumán era casi completo cuando las autoridades de Lima nombraron a Francisco de Aguirre Gobernador y Capitán General de ese territorio, que regiría por segunda vez, con encargo de prestar urgente auxilio a los maltrechos pobladores españoles, y aplicarle al enardecido indiaje cerril un escarmiento ejemplar. Por esa fecha (29-VIII-1563) el Rey Felipe II separó definitivamente la provincia de Tucumán de Chile, adscribiéndola, en lo judicial, a la Audiencia de Charcas - que funcionaba desde dos años atrás -, en tanto las supremas cuestiones de gobierno quedaban a cargo del Virrey del Perú.
Aguirre vino de Chile y sin allegarse a Santiago del Estero fue directamente al valle Calchaquí, "con designio de fundar una ciudad" - según declaró Miguel de Ardiles -; pero "en el dicho valle le desbarataron los naturales y le mataron un hijo llamado Valeriano y otros cinco o seis soldados, lo cual fue causa que se retirase y viniese a esta ciudad (Santiago) donde envió ... por estar la tierra y naturales della muy alborotados y alçados ... por su Capitán a Nicolás Carrizo, el cual corrió y conquistó las provincias de Tucumán, Guatiliguala y Lules ... y en su acompañamiento fue el dicho Capitán Hernán Mexía Miraval, y travajó mucho en la dicha conquista en servicio de su Magestad".
Seguidamente Aguirre encargó a su sobrino (y ancestral abuelo mío) Diego de Villarroel levantar - en el mismo lugar donde estuvieron Barco I y Cañete - la ciudad de San Miguel de Tucumán. Antonio Alvarez lo vió partir de Santiago con muchos soldados, entre ellos Hernán Mexía Mirabal; "el qual ayudó a poblar dicho lugar con su persona y hazienda, para lo qual gastó mucha suma de pesos oro en armas, cavallos, ganados y otros pertrechos de guerra".
Fundada San Miguel el 31-V-1565, con la cooperación personal de Mexía Mirabal, éste - opina Levillier - debe haberse luego ausentado a Charcas, ya que no figura en la traicionera jornada contra Aguirre en los Comechingones. Sin embargo, dos años más adelante, nuestro hombre retorna al teatro de sus conquistas. Y lo hace "desde el valle de Talina", acompañando a la expedición de Diego Pacheco; quien había sido nombrado Gobernador interino para el Tucumán, en reemplazo de Aguirre - encausado, a la sazón, inquisitorialmente en Charcas por sus políticos enemigos.
Era Mexía Mirabal adversario de Francisco de Aguirre. En una información que hizo levantar en el Cuzco, el 17-IX-1571, el Virrey Toledo para averiguar los excesos cometidos por los Gobernadores del Tucumán, Hernán declaró contra Aguirre afirmando que éste "dió por ningunas todas las encomiendas y mercedes que avía fecho Nuñez de Prado, y encomendó la tierra de nuevo a las personas que él quiso"; y que (tanto Aguirre como Pacheco) "cobraron sus salarios o parte dellos ... de los diezmos que se metían en la caxa, al tiempo que no avía Vicario, y después los novenos pertenecientes a Su Magestad"; y que Aguirre "havía encomendado a un hijo suyo y quitado a una menor, hija de Julián Sedeño (la encomienda de Soconcho y Manogasta), sobre que ay pleyto entre la dicha menor y el dicho Francisco de Aguirre". También Zorita "rrebocó lo que Francisco de Aguirre avía fecho y tornó a encomendar la tierra". Asimismo Castañeda "rremovió algunas encomiendas ... y a la sazón se rrevelaron los yndios de aquella tierra y se despoblaron tres ciudades, y el dicho Castañeda se salió de la tierra". En la mencionada información declararon además los testigos Pedro Sánchez de Alcayaga, Antonio de Lezcano y Juan Mexía Mirabal - hermano de Hernán -, quien dijo, entre otras cosas, que Diego Pacheco "rrevocó a Hernán Mexía Mirabal, hermano deste testigo, una encomienda de yndios que tenía por el Capitán Joan Nuñez de Prado".
Con Diego Pacheco, Mexía Mirabal refunda la ciudad de Nuestra Señora de Talavera en Esteco
Como dijimos, Hernán Mexía Mirabal retornó al Tucumán desde Talina con Diego Pacheco, "sirviéndole como a Governador del Rey, y ayudando con su persona a todo lo que le fue mandado ... y se halló en su acompañamiento al tiempo que pobló la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, que se pobló en la provincia Desteco". En efecto; Pacheco se dirigió en primer término a Esteco, a la incipiente población de "Cáceres", reducto de los motineros derrocadores de Aguirre. Ahí, dada la importancia estratégica del lugar, el 15-VIII-1567, el referido gobernante interino mantuvo en pié las instalaciones de "Cáceres", aunque refundando el rancherío con el nombre de Nuestra Señora de Talavera - en un doble homenaje a la Asunción de la Virgen y a la villa de Talavera de la Reyna, de donde Pacheco era oriundo. En aquella información protocolarizada en el Cuzco en 1571, Mexía Mirabal, declaró haber acompañado a Pacheco, "que reformó un pueblo de españoles (Cáceres) que se llama Nuestra Señora de Talavera"; y en otras testificaciones recuerda "averse hallado este testigo presente en la dicha poblaçón de Nuestra Señora de Talavera".
Más tarde mi antepasado desempeñóse como baqueano y protector de dos importantes convoyes que despachó Pacheco al Perú, a cargo de los Capitanes Nicolás Carrizo y Luis Chasco. En dichas oportunidades se "enbió mucho número de haziendas y cavallos cargados de mercaderías, para traer cosas necesarias para el sustento de la governación, como es herraje, plomo, pólvora; y aviendo a la sazón en el camino muchos yndios de guerra, fue necesario salir con la dicha hazienda mucha gente, y el dicho Hernán Mexía salió entranbas veces, donde ofresciéndose muchas guaçavaras con los yndios en el camino, el dicho Hernán Mexía peleó mucho como buen soldado y salió hasta el Pirú".
Mexía Mirabal opositor de Aguirre y adicto a Jerónimo Luis de Cabrera
Durante el tan breve como vengativo tercer gobierno de Aguirre, Mexía Mirabal - enemigo notorio de don Francisco - no se hallaba en el Tucumán; permanecía en el Perú hasta que, en 1570, vuelve a los pagos tucumanos (junto con otro antepasado mío, Blas de Peralta y la habitual falange armada) como Capitán de una de "las tres o quatro esquadras" del Gobernador Pedro de Arana, el cual acudía allá, por orden del Virrey Toledo, a prenderlo a Aguirre, tildado de hereje por el Santo Oficio, y remitirlo seguidamente a Lima, donde debía ser procesado por dicho tribunal.
La probanza de méritos y servicios del héroe de esta monografía, registra "que aviendo segunda vez (fue la tercera) entrado el Governador Francisco de Aguirre y echado de la tierra al Governador Diego Pacheco, el Visorrey del Pirú don Francisco de Toledo enbió a prendelle; a la qual prisión entró Pedro de Arana, y para sacar preso al dicho Francisco de Aguirre mandó al dicho Hernán Mexía saliese en su acompañamiento, y le nombró por Capitán por salir por tierra de guerra, y en el camino el dicho Hernán Mexía peleó mucho con los yndios, e hizo lo que un buen Capitán y soldado devía hazer, y rrecoxió bastimentos para el campo, y salió por Procurador de la Governación". Y uno de los declarantes, Gaspar de Orellana, "vió (en Santiago del Estero) cómo el Capitán Pedro de Arana ... sacó preso al Governador Francisco de Aguirre ... e como en su acompañamiento llevó al Capitán Hernán Mexía Miraval, para guarda del dicho Francisco de Aguirre. E asimismo save este testigo que salió (Mexía) por Procurador de esta ciudad". ()
Así tornó Mexía Mirabal al Cuzco, en carácter de Procurador del Cabildo de Santiago del Estero, a fin de solicitarle al Virrey Toledo mercedes para dicho sufrido vecindario. En ese tiempo Toledo dió (20-IX-1571) título de Gobernador del Tucumán a Jerónimo Luis de Cabrera, con provisiones para fundar en esa jurisdicción uno o dos pueblos, y encomendar indios entre los nuevos pobladores. Tres días antes de la data de tales documentos e instrucciones para Cabrera, nuestro Hernán había prestado declaración en la información destinada a probar los excesos cometidos por los sucescivos Gobernadores tucumanos, que anteriormente señalé.
A fines de 1571, en el Cuzco legendario, Mexía Mirabal tomó contacto con Jerónimo Luis de Cabrera (de este ilustre antepasado trato en el linaje de Cabrera), "el qual entendiendo que el dicho Hernán Mexía tenía parte para ello, le nombró por su Capitán y le enbió delante a la governación a dar aviso, y a otras cosas". En consecuencia Mexía anticipóse al viaje de Cabrera desde Talina para Santiago del Estero, "con doce soldados escogidos de su campo" - entre ellos Tristán de Tejeda, futuro yerno suyo -, y "a causa de los muchos naturales que avía rrevelados en los caminos, aviéndose topado con ellos le fue necesario pelear con ellos para poder pasar, y ansí peleó como buen Capitán, dando orden y aviso a los soldados que consigo llevaba de lo que avían de hazer; siempre en la delantera en las guaçavaras, y por su buen orden y ánimo fue Dios servido de que no los matasen a todos".
Precisa la probanza de servicios de Tristán de Tejeda que "en el camino, abiendo llegado al Mays Gordo, tubieron una guaçavara con los yndios lules, que abía poco tiempo que abían desbaratado y muerto a Joan Gregorio Vaçan y a su yerno Pedraça (11º y 10º abuelos míos respectivamente, ver el linaje de Bazán), y a otros muchos españoles". "Fue en una cordillera que tenía sinco leguas de subida y otras tantas de bajada, y ser tierra muy agria y peligrosa, donde los enemigos solían aser suerte a los españoles, y era de hordinario llegar al Mays Gordo": solitario paraje en que guerrearon Mirabal y Tejeda y demás componentes de aquella vanguardia de Cabrera, derrotando a los salvajes atacantes, hasta alcanzar salvos el punto de destino.
Mexía Mirabal, después de anticipar en Santiago del Estero la inminente presentación del nuevo Gobernador, salió enseguida, con refuerzo de soldados, al encuentro de don Jerónimo Luis, con quien entró en la ciudad por julio de 1572. En las 70 leguas de camino recorrido, Mexía - junto con el auxilio de "cavallos e bastimentos que para dicho Governador llebó" - trajo en beneficio de los vecinos santiagueños "mucha cantidad de vituallas y regalos a su costa; mucha comida - vale decir, legumbres y granos comestibles -, gastando para ello parte de su hacienda".
A poco de haber Cabrera asumido el mando en la sede santiagueña, resultó frustrado un complot contra él, cuyo cabecilla - o cabeza de turco - era un tal "Juan Nuñez de Prado" - homónimo del ex Capitán General -, al que Cabrera hizo ejecutar, aunque algunos de los secuaces del muerto lograron huir rumbo al Perú. Este episodio - desconocido en sus detalles por la historia - es aludido así en la Información de servicios de Mexía Mirabal; "después de aver muerto el Governador, don Gerónimo, a Juan Nuñez de Prado por delitos que avía cometido, de su confisión resultó culpa contra personas que yvan camino del Pirú, y por ser casos tocantes a motines, para que el señor Visorrey tuviese noticia dello, mandó al dicho Capitán Hernán Mexía saliese a la ligera con seis ombres a hazer el dicho efeto, y ansí salió el dicho Capitán Hernán Mexía, e hizo con diligencia y cuidado lo que le fue encargado, y de buelta se topó con muchos yndios de guerra en un paso peligroso, donde peleó con ellos con mucho rriesgo de su vida y de los soldados que consigo llevava, que fueron pocos, y por pelear tan bien el dicho Capitán Hernán Mexía salió con la victoria del dicho peligro, sin que le fuese herido más de un soldado". Blas de Peralta (ascendiente mío), dice que aquel cómplice del insurrecto tocayo de Nuñez de Prado, que se buscaba por "el camino del Pirú", era "Rodrigo Desquivel", a quien Mexía Mirabal "truxo preso a esta ciudad" (Santiago), y que Peralta no sabe la causa porque fue". Lorenzo Rodríguez declara que la detención de Rodrigo de Esquivel se produjo "en el asiento e valle de Jujuy", en el camino de "Purmamarca". Antonio Alvarez testifica que él "fue con el dicho Capitán Hernán Mexía Mirabal caminando de día y de noche hasta alcançar la gente que yva al Pirú, como la alcançaron en el valle de Jujuy, donde prendió a la persona o personas que le heran mandadas, y las entregó al Capitán Nicolás Carrizo que yva con la dicha gente al Pirú". Y distintos testimonios afirman que la jornada de referencia se realizó en medio de "guaçabaras", en las que Mexía Mirabal perdió un caballo ultimado a flechazos, y volvió con uno de sus hombres flechado también.
Fundación de "Córdoba de la Nueva Andalucía"; trabajos de Mexía Mirabal para sustentar la flamante ciudad; expedición de Cabrera hacia el río Paraná y su encuentro fortuito con Juan de Garay
Con Jerónimo Luis de Cabrera participa Mexía Mirabal en la fundación de "Córdoba de la Nueva Andalucía", levantada en el país de los comechingones o provincia de "Ansenuza", dentro del valle de "Quisquisacate", a la margen del río "Suquía" - hoy Primero. Cabrera emprendió esa jornada encabezando un escogido grupo de vecinos de Santiago del Estero, Talavera de Esteco y San Miguel de Tucumán - futuros pobladores del nuevo asiento - obedientes al comando inmediato del "Alférez General" Lorenzo Suárez de Figueroa. Y el 6-VII-1573, en aquella poco explorada serranía comechingona, nexo venidero del Tucumán con el Río de la Plata, quedó fijada la primitiva instalación.
A tal respecto, la reseña de los servicios del personaje central de esta historia expresa; "El Capitán Hernán Mexía Miraval fue en acompañamiento del dicho Governador don Gerónimo a lo ayudar a poblar la ciudad de Córdova, que pobló en los Comechingones, quarenta leguas del Río de la Plata, e ochenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero, para lo qual gastó mucha suma de pesos oro, en armas, cavallos e otros pertrechos de guerra, llevando a su mesa muchos soldados, dándoles de comer. El qual dicho Hernán Mexía fue nombrado por Capitán para la dicha conquista y población y descubrimiento, y ansí ayudó a poblar la dicha ciudad, y fue nombrado por Alcalde de la dicha ciudad"; su primer Alcalde ordinario, juntamente con Blas Rosales; y se le concedió la merced, en el inicial reparto, de una chacra a continuación de las de Tristán de Tejeda y de Juan Pérez Moreno.
Por entonces - encargado por Cabrera - Mexía Mirabal salió "con gente de guerra, e juntó mucha comida de frisoles, maíz y çapallos para el sustento de la ciudad, todo la cual traxo e metió en la ciudad ... dándose en todo buena maña, sin que le hiriesen ningún soldado ni yndio de servicio. Metió en la dicha cibdad una vez trescientos cavallos con comida, de que la ciudad tomó grande alimento" - subraya la declaración de Blas de Peralta.
Asentada la población cordobesa, Cabrera se pone en marcha hacia el Río de la Plata. Alcanza las riberas del Paraná, en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda - donde estuvo el fuerte Sancti Spiritu de Gaboto -, y ahí delinea el precario puerto de "San Luis", el 18-IX-1573. El Gobernador avanza luego con su hueste siete leguas mas arriba, y en el lugar llamado "'Omad-coberá" encuentra una multitud de indios timbúes que se proponían atacar a Juan de Garay, quien navegando con sus compañeros paraguayos en un bergantín y dos barcas de vela, bajaba de la Asunción en procura de establecer un puerto fluvial (que sería Santa Fé) conforme a lo ordenado por el Teniente de Gobernador asunceno Martín Suárez de Toledo.
El Capitán Hernán Mexía Mirabal - cual se lee en su probanza de méritos - "salió en acompañamiento del dicho Governador don Gerónimo, al descubrimiento del Río de la Plata", y "fue el primer onbre que en aquel viaje descubrió el dicho Río de la Plata (exactamente era el Paraná), por mandado del dicho Governador; donde se topó con el Capitán Juan de Garai, que bajaba por el rrio abajo de la ciudad de la Asunción, con gente, a poblar una ciudad (Santa Fé), e por la junta que en tan buena coyuntura se hizo de los dos Governadores, el dicho Juan de Garai no fue desbaratado por los naturales del dicho rrio, por estar cercado dellos, como lo estaba al tiempo que se toparon, en lo cual el dicho Capitán Mexía sirvió e travaxó mucho en servicio de Su Majestad".
Blas de Peralta agrega interesantes detalles del encuentro imprevisto de Cabrera con Garay, en cuya circunstancia la decisiva actuación de Mexía Mirabal contuvo a "dos mill yndios en tres esquadrones" que cercaban al Lugarteniente de Suárez de Toledo. Y Juan Rodríguez Juárez - "que yba en el dicho viaje por Alferez General" - relata como los salvajes que pretendían aniquilar a Garay, al ver el estandarte de Cabrera, "y tanta gente a cavallo, se espantaron", y entonces "el dicho Capitán Hernán Mexía se señaló, e fue tras ellos a cavallo por las ciénagas, cosa que se espantaron los yndios ... en ver gente de guerra por tierra, e gente por agua tras ellos, donde (Mexía) tomó un cacique de los dichos yndios".
Exploraciones, descubrimientos, combates y pacificación de aborígenes que llevó a cabo Mexía Mirabal en la región comechingona
Al mes siguiente de su inesperada entrevista con Garay, Cabrera estaba de nuevo en Córdoba. El 15-X-1573, por escritura pública, fechada en dicha ciudad y extendida ante el Escribano Francisco de Torres, dió poder al Alcalde ordinario y Capitán Hernán Mexía Mirabal, "persona hijo de algo", para que "con gente que yo os diere, baiais y descubrais pueblos de yndios e minas de oro y plata y otros metales, y empadroneis los pueblos y casas e yndios de ellos por las partes donde fuérades", y "hagais el repartimiento y encomienda de yndios en los vezinos desta ciudad"; y "en la dicha jornada ... para mas ensalçamiento de nuestra Santa Fee Católica ... si fuese necesario acometer a alguna gente de yndios de guerra ... sea haciéndoles los requerimientos necesarios, procurando no ofenderlos; y ya que aia rrompimiento, sea con el menos daño y vejación de los dichos yndios ... Y mando a todos los cavalleros, escuderos y demás personas que con vos fueren, os aien y tengan y ovedescan por tal Capitán ... y cumplan y guarden vuestros mandamientos ... y os guarden y hagan guardar todas las gracias, onrras, franquezas, livertades y prerrogativas ... que por rrazón del dicho oficio y cargo deveis gozar y os deben ser guardadas ...".
También el 31-X-1573, por ante el mismo Escribano Torres, el Gobernador Cabrera le encomendó a Mexía Mirabal llevar a cabo una jornada "al valle de Soto y otras partes; al valle y pueblos de Camnicos Quini", a pacificar a los naturales que estuvieren revelados, y castigarlos si hubieran cometido a
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| Sources |
- [S168] Los Sojo Torres, Vásquez Mansilla, Roberto, (Cuaderno anillado e inédito).
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