Marcos José Francisco Xavier Riglos Alvarado[1]

Varón 1719 - 1791  (72 años)


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  • Nombre Marcos José Francisco Xavier Riglos Alvarado 
    Nacimiento 25 Abr 1719  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Bautismo 10 May 1719  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 13 Jun 1791  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Enterrado/a Catedral Metropolitana, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Persona I79509  Los Antepasados
    Última Modificación 26 Dic 2012 

    Padre Miguel de Riglos Bastida,   n. 1649, Tudela, Navarra, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 6 Ago 1719, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 70 años) 
    Madre Josefa Rosa Alvarado Terra,   n. 1688, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida 
    Casado 4 Mar 1712  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    ID Familia F27517  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Francisca Javiera de San Martín Avellaneda,   n. 1728, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida 
    Casado 21 Ago 1745  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1, 3
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
    +1. Francisco Xavier Rudecindo Riglos San Martín,   n. 14 Mar 1748, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 23 Ago 1825, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 77 años)
     2. Petrona Catalina Riglos San Martín,   c. 20 Abr 1753, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    +3. Miguel Fermín Mariano Riglos San Martín,   n. 12 Oct 1754, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 16 May 1808, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 53 años)
     4. Marcos José Hilario Riglos San Martín,   c. 3 Oct 1755,   f. Sí, fecha desconocida
     5. María Rosa Anselma Riglos San Martín,   c. 23 Abr 1757, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1778  (Edad ~ 20 años)
    +6. Rafael José Riglos San Martín,   n. 23 Oct 1758, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 21 Ene 1823, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 64 años)
     7. María Josefa Victoria Riglos San Martín,   c. 20 Abr 1761, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     8. María Ignacia Petrona Xaviera Riglos San Martín,   n. 1 Ago 1768, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    +9. María Jacinta Riglos San Martín,   c. 17 Ago 1769, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Mar 1798  (Edad ~ 28 años)
    Última Modificación 21 Jun 2017 
    ID Familia F12994  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 25 Abr 1719 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsBautismo - 10 May 1719 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - Tipo: Canónico - 21 Ago 1745 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 13 Jun 1791 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsEnterrado/a - - Catedral Metropolitana, Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Lápidas
    Riglos Alvarado, Marcos José Francisco Xavier
    Riglos Alvarado, Marcos José Francisco Xavier

  • Notas 
    • MARCOS JOSEPH FRANCISCO DE RIGLOS Y ALVARADO -tales sus nombres completos -fue el fruto de la senectud de Miguel de Riblos, habido con su juvenil tercera esposa. Nació el 25-IV-1719 y lo bautizaron el 10 de mayo siguiente en la Catedral de Buenos Aires, bajo el padrinazgo del Tesorero Alonso de Arce y Arcos y de la madre de éste, Claudia García de Arias. Durante su infancia y mocedad recibió el muchacho educación a lo rico,en la casa materna, ya que los quebrantos económicos del padre en nada afectaron el patrimonio de su consorte, antes bien el caudal de Josefa Rosa de Alvarado resultó acrecido en los siete años que duró su matrimonio con Riblos.
      Cuando Marcos José cumplió sus 26 años, resolvió casarse con una niña de 17: Francisca Javiera de San Martín y Avellaneda, que pertenecía a añeja familia porteña. (Ver sus antecedentes genealógicos donde corresponde). La boda se consagró el 21-VIII-1745, "en secreto": cual lo dijera el propio Riglos, siete años más tarde, en ocasión de otorgarse la escritura de "Carta de Dote" pertinente. Y fue "secreto" el casamiento, "por tener yo biaje emprendido para el reino del Perú, al Moxo (a Mojos) y demás dependencias, el que se atrasaría en caso de hacerse público, como por hallarse mi señor suegro en sus estancias de Arrecifes, y no poder dejar las faenas que tenía emprendidas". Debido a todo ello, no recibió, en aquel entonces, el contrayente, la dote respectiva; ni tampoco después de volver del confín altoperuano, ya que "enfermé de sarampión, de cuyas resultas salí indispuesto a un segundo biaje al Moxo", a recoger los efectos "que deje en el antecedente biaje desparramados". En tal oportunidad, "dicho señor mi suegro" - el Maestre de Campo Juan de San Martín y Gutiérrez de Paz - también estaba ausente en la campaña al servicio del Rey, "por cuyos motivos no efectuó dote hasta el presente, que ha ofrecido a la referida mi esposa, de 8.058 pesos y 7 y medio reales, por cuenta de su legítima paterna y materna, en plata sellada y varias alhajas". De común acuerdo, pues, un 22-V-1752, ante el Escribano Francisco de Merlo, suegro y yerno resolvieron nombrar tasador a Carlos de Narváes,quien justipreció así los distintos bienes dotales:
      Los esclavos Baltazar, Juan Joseph, Juana, María y Juana María, conjuntamente con un relicario de plata de la Virgen de Copacabana, una cruz de oro y diamantes, un aro de 20 perlas finas, un par de zarcillos de oro con chispas de diamantes, una caja de la Habana, varios espejos y sus marcos de cristal, y una mesa de jacarandá con dos gavetas; todo este lote de piezas - inclusive los negros - se avaluó en 3.558 pesos. A ello se agregaban 560 pesos más, que "suplió", de orden del Maese de Campo San Martín, Juan de Eguía, - yerno de aquél -, en géneros y plata, a fin de completar el ajuar de Francisca Javiera; y 4.000 pesos de "moneda sencilla" que San Martín le entregara oportunamente a Riglos en efectivo. Tales cantidades, sumadas a aquellos otros bienes, completaron la dote de 8058 pesos prometidos por el padre de la desposada. El marido, a su vez, efectuó un aporte de 2.289 pesos al contado a la sociedad conyugal en concepto de arras.

      Los casados casa quieren ... y tenerla pueden

      Cinco meses después, el 10-X-1752, por ante el Escribano Francisco de Merlo, don Marcos José adquirió de Ana de San Martín, tía carnal de su mujer, la casa que fuera de Jerónima Gutiérrez de Paz - madre de la vendedora y abuela de la esposa del comprador. Era, doña Ana, dos veces viuda, y no había logrado procrear descendencia con ninguno de sus sucesivos maridos: Alonso de Herrera Guzmán y Nicolás Bazán de Pedraza ; "del qual matrimonio, aunque me hize preñada, no se logró, por haver nacida muerta la criatura"; como la propia interesada apuntó, el 12-II-1758, en su testamento bajo sobre cerrado, que después protocolizaría el Escribano Juan García Echabur en 1763.
      La vivienda de referencia estaba edificada en un terreno de 35 varas por 70, y hacía esquina hacia las calles llamadas entonces "del Cabildo" y de "San Joseph" (ahora Hipólito Yrigoyen y Perú). Lindando por su frente al Sur, calle "del Cabildo" en medio, Francisco Bracho, por su otro frente al Este, calle de "San Joseph" en medio, con Jacinto Aldao; por el costado "del Poniente", con Juan de Lezica y Torrezuri (calle hoy Hipólito Yrigoyen hacia Chacabuco); y por el costado Norte (Perú hacía la avenida de Mayo) con los herederos de Pablo Barragán. El precio de la compra fue de 4.200 pesos en plata sellada, con hipoteca (censo) de 2.426 pesos, al 5% de interés anual, cuyos réditos debían de costear una Capellanía de misas, que Ana de San Martín dejaba establecida sobre la finca; gravamen que se canceló 26 años más tarde (14).
      Otra propiedad hubo posteriormente Marcos Riglos "en el barrio de San Juan Bautista, a tres cuadras distante de la Plaza Mayor" con frente al Norte de 40 varas, y al Este de 70. En tal "territorio" había edificada una vivienda grande, de alquiler, a la calle; a más de una esquina con sus tiendas de 3 tirantes y altillo, una cochera con 4 cuartos y 3 piezas "con sus corrales y oficinas"; siendo toda la casa de paredes y techos renovados, con tejas y maderas incorruptibles del Paraguay.
      A ciencia cierta no puedo indicar donde estuvo instalado con los suyos mi antecesor Riglos en 1778: si en la casa de la calle "del Cabildo" o en el barrio de San Juan - después de la calle Piedras 57 de la antigua numeración. (La finca que fuera de su padre, posteriormente en la calle Bolívar, aún pertenecía a los herederos de Nicolás de la Quintana, su cuñado; y la contigua de ésta, que habitó su madre, también sobre la misma calle, hacia la esquina de la que hoy resulta Alsina, era, a la sazón, el domicilio de su hermano el Deán Miguel de Riglos). El censo de 1778 registra a "D. Marcos Riglos, de 60 años, casado, español" (de raza blanca), habitando su propia morada junto con "Dña. Francisca San Martín" de 52 años, su mujer, y parte de sus hijos: Rafael, María (María Ignacia) y otra María (María Jacinta, mi antepasada), de 20, 10 y 7 años de edad, respectivamente; y la añadidura de un nutrido lote de esclavos domésticos: 14, entre negros y mulatos de ambos sexos y distintas edades.
      Tocante a los otros bienes heredados o adquiridos por don Marcos a lo largo de su vida; así como lo referente a sus actividades públicas y privadas - funcionario, mercader, estanciero - ello se irá consignando al correr de este trabajo. Por lo pronto el año 1755 a nuestro personaje lo eligieron Alcalde de 2º voto y Alférez Real del Cabildo porteño, en unánime votación.

      Desempeño judicial y edilicio de mi 5º abuelo

      Con la alcaldesca vara en el puño, a mi antepasado le tocó instruir un proceso criminal cuya inmediata diligencia consistía en la exhumación del cadáver de un sujeto que murió en el hospital de los Betlemitas, a consecuencia de una herida. El celoso juez pretendió desenterrar al muerto, más el "Padre Presidente" de la monástica enfermería - según se lee en el acta del Ayuntamiento - "dezpués de aver vurlado las diligenzias de dicho asumto", presentó "un escrito injurioso y ofensivo a la autoridad de la Real Juzticia". Naturalmente, Riglos reclamó ante sus pares por tales vituperios. De ahí que los Regidores acordaran; "que siendo presiso el que este Cavildo mire por el onor de suz individuos y por la autoridad de los Juezes, no correspondiendo el Padre Presidente a laz atenziones con que siempre se a tratado a todos los Relijiosos y Comunidad, no asista el cavildo a las funcionez religiosas (de los Betlemitas) en adelante, y se rrepresente a Su Majestad, así de esto como de lo demás que convenga al vien público".
      En 1756, otra vez nuestro hombre formó parte del Cabildo como Regidor; y cuando ese año el municipio se dispuso a efectuar el empadronamiento urbano, Marcos Riglos resultó designado miembro de una comisión que integraban también sus colegas Juan de la Palma Lobatón, José Iturriaga y José de Arroyo; cuya tarea consistía en registrar a los vecinos, estantes y habitantes que vivían en el sector norte de la ciudad; "desde la Plaza y esquina de este Cavildo hacia el Barrio Recio"; vale decir, en torno del templo y convento de La Merced.
      En ese entonces, don Marcos hallábase empeñado en la repoblación de las tierras familiares en el pago de Areco. Por tanto, nuestro Regidor, solicitó y obtuvo, el 15-IX-1756, licencia del Cabildo "para pasar a suz asiendaz de campo", con el compromiso de que los papeles que obraran en su poder, los entregaría enseguida al Alcalde de 1º voto. Empero como Riglos se demoró en hacer llegar al Ayuntamiento tal documentación, dicho cuerpo dispuso, el 4-III-1757, que por intermedio del Escribano Ferrera, "se reconvenga a don Marcos Joseph de Riglos, Rexidor que fue el año próximo pasado diputado para escrivir a España, entregue todos los papeles, así originales como vorradorez y teztimonios que tuviere en su poder". Lo que el requerido se allanó a poner en manos del Notario municipal sin inconveniente alguno.

      La explotación ganadera de mi antepasado

      El 4-X-1759, ante el Escribano Juan Javier de Herrera, don Marcos y Ventura Sosa otorgaron un contrato destinado a poblar la estancia de Riglos "en la otra banda del Río Areco, en el paraje llamado del Monte Viejo", comprometiéndose su dueño a costear allá la instalación de corrales, casa y un pozo de balde", y poner en el campo 1.000 "yeguas bagualas y todos los pollinos que se puedan sacar de las burras que tiene", y pagar también "dos peones en el primer año". A su vez Sosa se obligaba a contribuir con 450 yeguas, distribuídas en dos manadas, con 6 "hechores" (garañones) y 30 caballos; además de "una manada de mansas". En suma, ambos socios aportaban al negocio alrededor de 2.000 cuadrúpedos, base no pequeña para iniciar allí la cría de mulas y potros en gran escala.
      Sosa trabajaría en beneficio de dicho campo, incorporándole "todas las utilidades y aumentos, así de mulas como de hechores, caballos, potros y yeguas". En cuanto al ganado bovino, Marcos Riglos contribuía con 100 vacas y Ventura con 25, "para que sus multiplicios sean la mitad de cada uno". El plazo del convenio de medianería era de 12 años, al final de los cuales partirían ambos socios las ganancias. Si Riglos quisiera quedarse con toda la hacienda del "Monte Viejo", habría de pagar a Sosa 4 pesos por las yeguas, 2 por los caballos, 6 por los "hechores" y 2 reales por cada potrillo o potranca. En el rodeo vacuno, los novillos y vacas se tasaban en 2 pesos, y "los de año" - el "chicaje", para decirlo a la criolla - en 1. Ventura Sosa viviría permanentemente en el "Monte Viejo", tomando a su cargo todos los gastos corrientes de esa explotación; sin perjuicio de "estar a la mira" - vigilar - la otra estancia lindera de Riglos. (Tratábase de "una legua de frente del otro lado del Río Areco", que 20 años atrás los Riglos le habían comprado a Juan Jufré de Arce - el padre de la madrina de Josefa Rosa Alvarado -, a quien le correspondió por merced que le hizo, el 19-XI-1640, el Gobernador interino Francisco de Avendaño y Valdivia).
      La interpretación del contrato que acabo de resumir, suscitó, posteriormente, un pleito entre Marcos Riglos y los herederos de Sosa. En aquél litigio - según lo estampó la viuda de Riblos en su testamento - su hijo Marcos "defendió las tierras". Con todo, no debieron de ser tan tirantes las relaciones de Riglos con los Sosa, porque, el 18-IV-1766, ante el Escribano Joseph García Echaburu, el demandante no tuvo inconveniente en comprarle a Juan Miguel Sosa un esclavo llamado Matheo, como de 24 años de edad, en 220 pesos.

      La corporación de estancieros. Antecedente olvidado por las actuales sociedades rurales

      En el Archivo de los Tribunales de la Capital encontré un documento interesante para la historia de nuestra ganadería. Trátase de una escritura que, el 2-V-1770 ante el Escribano Joseph García Echaburu, otorgó un calificado grupo de hacendado - exactamente 23 - reunido en corporación para defender sus intereses.
      En tal escritura, aquellos pobladores de la pampa, entre los que se contaba Marcos Riglos, dieron un poder especial a Francisco López García (5º abuelo de Estela mi mujer) y a Felipe de Arguibel, a fin de que en sus nombres "pongan en práctica las convenientes diligencias judiciales y extra judiciales hasta conseguir que se aclare que todo el ganado cavallar y bacuno, y demás especie que se hallare en las campañas de esta jurisdicción y sus contornos, es perteneciente a nosotros y demás hacendados de ella, aunque se halle sin marca conocida, y no a otra persona alguna, pues es constante que todo él procede de nuestras haciendas". Firmaban el mandato en el siguiente orden; Francisco Pereyra Lucena, Juan de Lezica y Torrezuri, Joseph de Gainza, Marcos Riglos, Doctor José González, Domingo Belgrano Pérez, Francisco Espinosa, Januario Fernández, Ramón Rodríguez, Ignacio Alvarez, Antonio Ibarra, Manuel Joaquín de Roca, María Cavesas, Isidro Morales, Francisco Díaz Perafán, Pedro Cheves, Marcos Miguens, Bernardo Ramírez, Pedro Juan Alberdi, Pedro Sotelo, Manuel Basavilbaso, Maestro Vicente Pereda, y Pascual Martínez (15).
      Dichos 23 vaqueros y criadores de mulas, no eran los únicos hacendados establecidos en los campos bonaerenses, pero ese prestigioso conjunto podía arrogarse el derecho de representar a todos los patrones rurales de la provincia que no firman el poder. Por ejemplo; Clemente López Osornio (el abuelo de Rosas), Pedro Nolasco Arroyo (antepasado de Estela, mi mujer), Juan José Flores, Fermín Rodríguez (padre del General don Martín), los López Camelo, Santiago de Saavedra (padre de don Cornelio), Juan Ignacio San Martín (cuñado de Riglos), los Zárate, el filántropo Francisco Alvarez Campana, los Giles, los Barragán, los Casco, Manuel Pinazo, Pedro Ignacio Merlo, Pedro Villamayor, Antonio Magallanes, José Andújar, Bernardo Lalinde, Joaquín Cabot, Bernardo Lara, Julián de Cañas y tantos otros mas modestos, afincados en los pagos de Matanzas, la Magdalena, las Conchas, Luján, Areco, Arrecifes y los Arroyos.
      Así pues, el 26 de mayo, el "apoderado López García - a nombre de sus 23 comitentes, y tácitamente de los demás ganaderos de Buenos Aires - se presentó al Cabildo a iniciar sus gestiones. Una seca horrorosa mantenía entonces yermos a los campos circundantes. Millares de animales habían muerto en las estancias, y el resto de la hacienda, enloquecida por el hambre y la sed, se dispersó de sus querencias marchitas para internarse en el desierto - donde merodeaban los indios - en procura de pastos y aguadas.
      Frente a tal calamidad, el representante de los estancieros propuso al gobierno realizar una "recogida y entrada de los ganados que andan dispersos en la campaña"; cuya expedición contó, desde el primer momento, con el apoyo decidido del Cabildo, del Teniente de Gobernador Salas y luego del propio Gobernador Vértiz.
      Las actas capitulares de los años 1770 a 1774, dan cuenta de los preparativos tomados para esa "entrada general". En todos los partidos se convocó por bando a los criadores propietarios de ganado, los cuales debían presentarse con armas y caballos a cooperar, junto a los jefes de milicias, en el gran rescate bovino y yeguarizo.
      Cada ganadero contribuiría con un peón por cada 500 "cavesas" de su rodeo; y las distintas cuadrillas incursionistas, una vez constituídas, no podrían salir ni entrar con sus arreos al través de la frontera, sin pasar por las guardias del Zanjón, Luján y Salto; cuyos respectivo comandantes fiscalizarían el cumplimiento de esas disposiciones.
      La empresa llevóse a cabo en varias etapas alternadas. El Sargento Mayor de milicias Clemente López de Osornio abrió la marcha, con los paisanos del pago de la Magdalena a sus órdenes. Luego, por sucesivas tandas, pusiéronse en movimiento los contingentes vaqueros de los otros partidos; hasta que, finalizada la tarea, el ganado recogido se distribuyó entre los interesados, con intervención de los Alcaldes de Hermandad.
      Cada animal herrado se lo llevó su dueño; mientras que el orejano, "de dos años para arriva", resultó prorrateado entre los organizadores de las expediciones. Las reses "de marcas no conocidas", quedaron para el abasto de la ciudad; como así también el vacaje orejano necesario para la faena inmediata, que fue tasado, ingresando su importe a un fondo común cuyo reparto, posteriormente, lo realizaron los estancieros.
      Un buen número de esa hacienda fugitiva se encontraba "hacia la punta de los Sauces", con riesgo de que se la llevaran "los Cordoveses u otros personas de las Provincias de arriva". Por tanto, los vecinos de los Arroyos y de Arrecifes, sus legítimos dueños, hubieron de recogerla y conducirla a la estancia y corrales de los Padres Bethlemitas, en "Pontesuelas", donde se efectuaron los apartes y adjudicaciones pertinentes. Y como, a su vez, "los indios Rancacheles" se iban arreando gran cantidad de vacunos rumbo a "la Cordillera de Chile" - según avisó el cacique amigo "Napal Pan", hijo de "Lincón" -, el Sargento Mayor Manuel de Pinazo, con su hueste lujanera, salió a terminar con semejantes latrocinios.
      Por esas fechas, los hacendados porteños a instancias del Gobernador Vértiz, se agruparon en corporación o junta; y el 30-V-1775 reuniéronse con las autoridades a fin de buscar remedio a "los muchos dessordenes que se experimentavan en las campañas, en la matanza de ganados, principalmente bacas"; y concluir, de una buena vez, con las extracciones de hacienda que se cometían desde las provincias de Cuyo y de Tucumán. Concurrieron a dicha reunión; el Teniente de Gobernador Diego de Salas, el Procurador de la Ciudad Francisco Antonio de Basabilbaso, los Alcaldes del Cabildo Manuel Antonio Warnes y Francisco de Segurola, los Regidores Juan Manuel de Labardén, Bernardo Delgado y Diego Mantillos de los Ríos, el Apoderado de los estancieros - a la sazón Diego Pereyra - y los dueños de campos y haciendas; Juan Ignacio San Martín, Marcos José de Riglos, Clemente López Osornio, Bernardino de Lalinde, Vicente Arzac y Goyeneche, Juan Antonio Hernández, Joseph Vague, Juan Mier, Domingo (Belgrano) Pérez (Peri), Santiago de Saavedra, Francisco Díaz Perafán, Pedro José de Acevedo, Pedro Díaz Chabes, Pablo López, Januario Fernández, Pedro Nolasco Arroyo, Ramón Rodríguez, Hipólito García Posse y Juan Ximénez de Paz. Se hicieron representar por sus colegas; Pedro Morales, Vicente Canales, Pablo Cepeda, Juan Antonio Castro y Agustín Rodríguez.

      El plan de fomento ganadero

      Fruto de esa asamblea resultó un plan que regulaba la explotación y demás actividades de la ganadería, así como la defensa de los intereses del productor pecuario, cuyas conclusiones fueron las siguientes:
      1º) Prohibición a los hacendados de vender o matar animales ajenos que no sean de sus propias marcas. Si por razones de convenio, donación o compra, algún estanciero hubiese de matar, vender o beneficiar de su cuenta ganado de otro, debía de hacer constar el principio de su facultad al Apoderado de los Hacendados.
      2º) Que el Fiel Ejecutor no debía otorgar licencia para traer ganado para el abasto de la ciudad sin el visto bueno del Apoderado de los Hacendados.
      3º) Que se manden quitar los corrales del "Monte de Cueli" (hoy Santa Fé y Canning), y los que están "detrás de la quinta de Balente"; y que el Cabildo, lo más pronto posible, ponga en planta los encerramientos de ganado proyectados en la ciudad por el Regidor Manuel de Basabilbaso; pues ello facilitará la identificación de las reses y se impedirán los robos y matanzas ocultas, "que en los corrales distantes y estraviados suelen hazerse". Cuatro de aquellos nuevos corrales se estaban construyendo a inmediaciones de la Recoleta, en tierras de Facundo Prieto y Pulido (después se instaló ahí el "Matadero del Norte"); otros cuatro "junto a los hornos de Carcaburu, camino a la quinta de Balente", vale decir hacia el oeste (en terrenos que hoy se sitúan entre la Plaza del Congreso y la de Miserere; y otros cuatro serían construídos en la parte del Sur de la ciudad, en la "Convalecencia" (ahora se levanta allí el Hospital Rawson).
      4º) Se manden "retirar a todos los Mercachifles particularmente estranjeros, que andan en las campañas", y "que no se consientan Pulperos fixos, sino en el resinto de la población de la Parroquia o Capilla de cada partido"; ello debido a la libertad con que estos y aquellos "cambalachan sus efectos por cueros, grasa y sevo, con personas que no son capazes de manejar estas espezies, porque no tienen haziendas que se las produzcan". Todas las ventas de los bolicheros debían hacerse por dinero y no en especies; y se prohibía a los cargadores para Mendoza y San Juan, de sacar el charqui, grasa y sebo, sino justificaban haber adquirido dichos productos de hacendados conocidos.
      5º) Que no se debía permitir se hicieran chacras en los terrenos propios de las estancias, y que se notificara a los chacareros, que ocupan tales terrenos, los desalojen desde "el presente mes de Junio hasta Febrero del año entrante(1776), y se trasladen a hacer labranzas a las tierras de chacras que la ciudad trae destinadas desde el repartimiento de Garay".
      6º - 7º) (He aquí dos interesantes cláusulas destinadas a evitar el minifundio, considerado nefasto para la producción ganadera y, en consecuencia, atentatario a los intereses económicos del país): Que como muchas personas "sin poseer terreno competente para estancia se han hecho de crecido número de ganados, y que estos, como que el campo de su respectivo dueño es muy limitado, salen de él y se extienden por los circunvecinos, en perjuicio de los amos de ellos y sus haciendas; se declara que ninguno puede tener estancia, ni tenerse por criador, que no posea tres mil varas de terreno por frente y legua y media de fondo, conforme el repartimiento primitivo de la fundación de la ciudad, y sea obligado a venderlo a los circunvecinos que quieran comprárselo. Que en consecuencia, se prohiba que las tierras, o suertes completas de estancia, puedan dividirse en partes, ni por título de herencia, venta u otro modo alguno de enagenación; y que cuando por razón de ser muchos los herederos de una sola suerte de estancia sea preciso repartirla entre ellos, no se divida, sino que se adjudique a uno solo, con cargo de que este subsane a los demás, en dinero u otras especies, la parte que le corresponda. Bien entendido que cuando así no pueda ser, por pobreza u otro algún motivo bastante que concurra en el heredero a quien se adjudique, se ha de vender precisamente a un solo sujeto, y hacerse la división en plata".
      8º) Que como el ganado "a la más breve incomodidad pierde su querencia y se retira a los campos remotos del descuido de los hacendados en sujetarlos, se obligue con penas graves a que todos los criadores llamen a rodeos sus ganados, que es el modo que la práctica tiene autorizada por muy útil y a propósito para sujetarlos y aquerenciarlos; de modo que solo una grave seca los necesite salir".
      9º) Que en el término de seis meses todos los hacendados estaban obligados a presentar al Cabildo la marca y señal de su ganado, para que ellas quedaran anotadas en el Libro "que de ellas deve llevar dicho Cavildo".
      10º) Que se retiren las provisiones dirigidas a que no se saquen ganados y caballadas de la jurisdicción de esta ciudad y su provincia para las de afuera.
      11º) Que se prohiba, so graves penas, se maten vacas y terneraje para el abasto y otros usos, "a excepción de aquellas que sea inútiles para el procreo".
      12º) Que para impedir que los indios maten las terneras, como acostumbran para su comercio, se prohiba que los Pulperos, o cualquiera otra persona, les compren "Botas, Guasipicuas (lonjas de cuero crudo?) o Pellejos, que dichos indios traen a vender de ese tipo de ganado".
      13º) Que se mande expresamente a los Hacendados hagan capar los toros, así por el perjuicio que en los rodeos causa su abundancia, como por el beneficio que redunda al público la abundancia de novillos.
      14º) "Que siendo cierto que los perros cimarrones de que están inundadas estas campañas, son en gran parte la causa de la destrucción de los ganados, por que se comen las crías, se mande que los Sargentos Mayores, cada uno en su respectivo Partido, cuiden de que los hacendados por sí, o dando un peón con caballo y arma necesaria, se junten en los tiempos más apropiados del año y salgan a hacer correrías y matanzas de perros".
      15º) "Que respecto de ser tiempo oportuno el presente, se disponga que el Apoderado dé el aviso correspondiente para que los hacendados emprendan la matanza de los perros cimarrones en el modo establecido".
      16º) Que el dinero producido por ganados que hayan entrado en poder de los Fieles Ejecutores y del Apoderado (López García), "se entregue" a quien lo reemplazó (Diego Pereyra), "vajo el correspondiente recivo".
      En este estado - concluye el acta respectiva - "teniendo por bastante los puntos acordados para impedir la destrucción de los ganados y aumentar los procreos, suplicaban - los Hacendados a Su Señor{ía - se sirviese aprobarlos con su autoridad y mandar se lleven a devido efecto ... y firmó Su Señoría con los Señores del Ilustre Cavildo y Hazendados de que doy fée". Así lo certificó "el Escrivano real, público y de Govierno, Joseph Zenzano".
      También en aquel tiempo (2-XII-1775), convocados en la Real Fortaleza por el Teniente de Gobernador Salas, los estancieros bonaerense - entre ellos Marcos Riglos - deliberaron sobre "las materias conducentes al útil y pró de los mismos Hazendados y aumento de sus haziendas", para llegar, en síntesis, a estas disposiciones: La Función del Apoderado fue reglamentada; éste debía de ser un estanciero "de buena conciencia y ciencia práctica en las materias", a la vez que Tesorero y encargado del Libro de marcas y señales de los ganaderos. Se resolvió designar en cada partido o jurisdicción de la campaña, dos diputados que representaran al gremio en las respectivas localidades. Se convino "que haiga reconocedores del ganado que benga para el abasto, y de los cueros que se aduzcan en esta Ciudad", quienes "deveran ser hombres notoriamente onrrados y de un grande conocimientos de las marcas y señales de toda la jurisdicción". Se pidió a los Fieles Ejecutores "no den licencia a ninguno para que vaya a traer ganado sin el visto bueno del Apoderado de los Hazendados". Y se designaron a los siguientes diputados o representantes : por la Magdalena, a Pedro Díaz Chaves y Antonio Romero; por Matanza y las Conchas, a Felipe Arguibel y Pedro Ignacio Merlo; por Luján, a Juan José de Lezica Torrezuri y Joaquín Cabot; por Areco, a Marcos José de Riglos y Joseph de Gainza; y por Arrecifes a Francisco Díaz Perafán y Santiago de Saavedra. Finalmente hubo acuerdo en celebrar nueva Junta el día 20 del corriente diciembre "en Casa de Dn. Marcos Joseph de Riglos", más "no aviendo podido ser respecto del Temporal de Aguas que a avido hicieron Junta el día veinte y dos - en lo de Riglos, supongo - y de unánimes consentimientos ratificaron todo lo dispuesto".
      Tal algunas referencias concretas sobre la corporación de los Hacendados que, a semejanza de la "Hermandad de la Mesta de Castilla", se trató de organizar en Buenos Aires, sin que aquí prosperara la iniciativa. Uno de los impulsores - según vimos - fue mi antepasado Marcos Riglos.
      Tres lustros más adelante, en tiempos del Virrey Arredondo, el Cabildo porteño proyectó reconstruir el gremio de la "Mesta" para todos los poseedores de hacienda vacuna y caballar en tierras rioplatenses, pero la idea no llegó a concretarse nunca. Como es sabido, esa antiquísima institución castellana, colmada de privilegios ya en la época de Alfonso "el Sabio", atendía a la conservación y fomento de la ganadería contra los avances de la agricultura, y a la defensa de los intereses de los pastores y dueños de animales hermanados a tal fin.

      Otro negocio de mi 5º abuelo

      Como su padre, aunque en menor escala, Marcos José de Riglos practicó el comercio. Compraba y vendía cosas por dinero o permutaba unas mercaderías por otras: esclavos, tejidos y toda clase de efectos manufacturados que recibía de España, para colocarlos en el interior del país; junto con las mulas y reses que criaba en sus campos; en tanto los cueros, grasas y sebos de dichos animales se exportaban en los navíos de registro a la madre patria. Fueron apoderados suyos en el Alto Perú, Manuel de Arriaga, Matías de Landaburu y el Caballero santiaguista Andrés del Hoyo y Treviño, a los cuales otorgó poder el 14-VIII-1752, ante el Escribano Merlo, a fin de que los tres intervinieran en los pleitos que tenían pendiente en "las provincias de arriba". Seis años mas tarde, el 31-I-1758, Riglos suscribió otro poder ante Francisco Ferrera, a favor de Antonio José de Urquizu, de Francisco Cueto y de Juan Bautista de Alquizalate Goyenta, para que ellos lo representaran en ciertos asuntos a sustanciarse judicialmente en la Villa Imperial de Potosí. Y aquí, en Buenos Aires, mantuvo mi antepasado relaciones comerciales con Santiago Castilla - el marido de Juana Cabezas -, y por escritura del 1-VIII-1767, ante José Gorordo, aquel se obligó a pagarle a Castilla 25.065 pesos en plata sellada, en concepto de ciertas mercaderías importadas que Riglos había recibido de éste a su entera satisfacción. Por otra parte diré que el giro mercantil que Riglos contaba en Salta con los siguientes representantes: Sinforoso José de Rioja y Cayetano Viniegra, a quienes había otorgado poder ante el Escribano Ferrera, el 4-V-1767.

      La chacra en el pago de la costa frente al río

      Heredó don Marcos de su madre la chacra en "el pago de Monte Grande", que, en mayor área, había sido del autor de sus días. Emplazábase en el terreno la "casa de teja de buenas maderas con cinco viviendas y un corredor al Norte y parte del Este", además de unos galpones de 40 varas y un cercado de tapias "vardado" de tunas rodeando el monte de 40.000 árboles "fructíferos" (16).
      El pago de "Monte Grande"!: He aquí la opinión manifestada al respecto por Marcos Riglos, en su carácter de Síndico Procurador del Ayuntamiento, a raíz de una petición de los pobladores de ese paraje presentada el 16-X-1799 al Virrey Vértiz exponiendo los perjuicios que les causaban los caminos, huellas y sendas que, hacia los cuatro rumbos, atravesaban las chacras de la costa. Dicha petición la giró el Virrey al Cabildo, a fin de que este organismo se pronunciara sobre si los accesos consignados en el viejo Padrón eran suficientes como para el cómodo tránsito entre San Isidro y Las Conchas, o si era necesario abrir otros caminos, y en tal caso que se indicase el rumbo y distancia a que debían pasar de la barranca (17).
      Riglos redactó el correspondiente dictamen, del que transcribo el párrafo siguiente: "El pago de la costa de San Isidro es la despensa de esta ciudad, por que es sin duda el que la provee no solo de trigo, miniestras y berduras, más que otro alguno, sino de pescado y de la fruta primera de durasnos, sandías, melones, leña, carvón y toda la madera y demás frutos que se conduzen de Santa Fé, Corrientes y de toda la provincia del Paraguay. Es, asimismo, por su amenidad y ermosura, la combalecencia de los enfermos y la diversión de los sanos, que de esta ciudad ban a gozarla en los tiempos buenos".
      Y en otro informe posterior sobre el mismo asunto, nuestro Procurador manifestaría: "Que los dueños de tierras en la costa de San Isidro - entre los que él se contaba - han edificado sus casas y poblaciones sobre la barranca ... con objeto sin duda de disfrutar del saludable temperamento de los aires húmedos del Río, junto al recreo de la vista, y de la comodidad de tener a mano quanta agua es menester, assi para el uso de la gente y ganados de labor, como para la fábrica de casas y tapiales". Por ello, hacíase forzoso reparar el "camino dirigido sobre la misma barranca", por donde los vecinos "han biaxado siempre hasta la Capilla de San Isidro ... para no tener que dar bueltas perjudiciales al comercio y tráfico de los frutos que produse aquel Partido, y se recogen en las casas pobladas sobre la barranca".
      Aquellas gestiones vecinales y estos argumentos del Procurador Riglos, dieron lugar a que el Virrey Vértiz ordenara reconocer esas tierras costeras, y que se levantara un plano (que confeccionó el Brigadier Joseph Custodio de Saa y Feria en julio de 1781), en cuya tela se encuentran precisamente trazados , tal cual corren ahora, los dos caminos Reales que comunicaban la ciudad con el pago del Santo Labrador: el que "vá por arriva de la lomas" y "el del bajo que pasa por la Punta de los Olivos".

      La actividad de nuestro personaje en el Cabildo

      Al ocuparme de las funciones capitulares desarrolladas por Riglos, debo agregar que éste, además de formar parte de aquella corporación durante los años 1755 y 1756, la integró también posteriormente en tres oportunidades: en 1766, 1777 y 1779.
      En 1776, como Alcalde ordinario (18), a don Marcos le tocó recibir al nuevo Gobernador Bucarelli y Ursúa, quien llegó a Buenos Aires el 15 de agosto de ese año. Al atracar, a la orilla del Riachuelo, la embarcación en que venía el inminente expulsador de los jesuitas, éste fue cumplimentado, a nombre de la ciudad y de su Ayuntamiento, por Riglos y su colega Lerdo de Tejada, los cuales acompañaron al recién venido en el trayecto hasta "las casas reales"; donde lo esperaba Ceballos - Gobernador saliente - y el cuerpo municipal en pleno. En la sala grande del Fuerte los dos representantes del Rey tomaron asiento bajo dosel, y, enseguida, con el ceremonial de estilo, efectuóse la trasmisión del mando.
      La gestión anual (1766) del Cabildo integrado por Riglos - fuera de un ruidoso conflicto de etiqueta entre el Gobernador Cevallos y los cabildantes, por un lado y el Obispo Manuel Antonio de la Torre por otro - se destaca en primer término debido a las medidas adoptadas de arreglo y limpieza de las calles y veredas de la ciudad, a cuyo fin se establecieron "comisarios", cada cuatro cuadras, encargados de hacer cumplir los bandos sobre aseo y recolección de basuras, o en su defecto aplicar las multas correspondientes. Los propios Alcaldes Riglos y Lezica dieron el ejemplo, al tomar a su cargo la inspección del cuartel "que empieza desde la esquina del Cabildo, caminando al Oeste por uno y otro lado de la calle, hasta el extremo de la que ay poblado, y desde la misma esquina del Norte". También se mandaron tapar las zanjas y suprimir los pantanos en los caminos de acceso a las quintas
      En materia penitenciaria, el Cabildo designó a su Capellán "para que los días de las fiestas digan misa a los presos que se hallan sin este beneficio cristiano". Acerca de las condenas a muerte, Riglos y sus colegas dispusieron que los reos debían ser custodiados por tropa al entrar en capilla, y que "las execuciones que haga el Berdugo de los sentenciados a horca, sean en realidad, y no con el instrumento con que primero se le dá garrote y después se suspenden en la horca". A fin de que el ejecutante no perdiera la mano en las faenas del cadalso debía de adiestrarse en "una horca que se ponga dentro del corral de la cárcel, y con el extafermo de paja, para que de este modo cause más orror al pueblo, y escarmiento". Y se acordó que dicho verdugo - "que lo es Joseph de Acosta, mulato portuguez" - se ponga en el sombrero y en la capa, "en paraje bicible", las insignias del oficio: "que son una escalera".
      El Cabildo que presidía Riglos, como Alcalde de 1º voto, en la sesión del 12-V-1766, acordó establecer en Buenos Aires lo que en la legislación moderna se llama Registro de las Hipotecas (19). A ese efecto todos lo acreedores hipotecarios o censuarios así como los Escribanos autorizantes de tales hipotecas y censos, debían de concurrir dentro del término de un mes a manifestar esas escrituras al Escribano del Cabildo, quien, por su parte, estaba encargado de registrar aquellos créditos en un "Libro Becerro". Los Notarios emplazados alegaron, por escrito, ser "mui corto el tiempo que se les señaló para rexistrar" los antedichos contratos, "con especial Ipoteca para formarse el Libro Becerro"; por lo que pedían "se les conceda el término de quatro meses más". Los señores cabildantes, entonces "acordaron se les conceda el término perentorio de mes y medio, con apercibimiento de que de no executarlo dentro dél, sin más recombención, se declararán sus oficios por bacos". Encargado de llevar el pertinente "Libro Bezerro de Ipotecas" fue, más tarde, el Regidor Eusebio Cires. El aludido mamotreto era de papel común, con todas su fojas rubricadas por los Alcaldes y el Escribano capitular, para que en ellas se fueran anotando las hipotecas. Recordemos que la tradición llamaba "Libros de Becerro" a los Registros antiguos de los monasterios e iglesias de la Edad Media. Allí se copiaban sus privilegios, pertenencias y otros valiosos testimonios. Recibieron tal denominación, a causa de estar forrados con piel de becerro. Andando el tiempo, por extensión, a cualquier libro de Registro se le llamó "Becerro", en recuerdo de aquellos cartularios medioevales.

      El sonado incidente de los capitulares porteños con el Rey

      El 19-XII-1766, el Cabildo de Buenos Aires elevó a Su Magestad una denuncia contra el Gobernador Bucarelli, alegando que este había establecido arbitrarias imposiciones a los comerciantes exportadores de cueros, negándoles también el permiso de sacar mulas. Así las cosas don Carlos III, mediante Real Cédula fechada el 19-X-1769 y remitida a Bucarelli, estampó que aquello no era exacto, "que la ciudad (Cabildo) no ha tenido más fin en esto que manifestar su resentimiento contra vos (el Gobernador), informando unos hechos tan contrarios a la buena fée y sinceridad que debe profesar. Y visto todo en mí Consejo de Indias - seguía el regio documento - he resuelto manifesteis a Dn. Marcos Joseph de Riglos, Dn. Eugenio Lerdo de Texada, Dn. Miguel de Rocha y Rodríguez, Dn. Manuel de Escalada (mi 6º abuelo), Dn. Manuel Alfonso de San Ginés y Dn. Juan Joseph Moreno (firmante de la antedicha denuncia), el desagrado que han merecido sus expresiones en orden a los dos citados puntos, y se les prevenga que en los sucesivo aprendan no solo la realidad, candor y buena fée con que deben hacer sus Representaciones e Informes, sino el tiempo y pulso con que han de caminar en las quejas que propongan contra sus Governantes, absteniéndose de usurpar el respetable nombre de la Ciudad para dar más cuerpo a sus calumnias, y encubrir de este modo sus particulares pasiones; y he multado en cien pesos a cada uno de los referidos seis capitulares, mancomunados para su pago, y aplicados para los gastos de la Fortificación de Montevideo".
      Semejante "filípica" - "carolina" más precisamente - que dejaba a mi antepasado Riglos y a sus compañeros de república como unos mentirosos, debió recibirse y publicarse en Buenos Aires en enero o febrero de 1770. Todavía - hasta septiembre de ese año - gobernaba el país Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa, inspirador del "denigratibo" documento para los Regidores contrarios a su política económica. Más cuando este discutido Gobernador resignó definitivamente el mando en su reemplazante Juan José de Vértiz y Salcedo, los ex Regidores Marcos Riglos y Eugenio Lerdo de Tejada, por sí y en representación de sus antiguos colegas agraviados, movieron cielo y tierra - o sea sus influencias en la corte madrileña - a fin de conseguir que Carlos III emitiese otra Real declaración anulativa de aquella cuyos severos términos conocemos. Y así fue como el Monarca, poco después, restableció el buen nombre y honor de sus seis atribulados vasallos, con su firma puesta al pié de otro solemne despacho.
      Tal "Zédula de Vindicación" llególe oportunamente desde Madrid a Lerdo de Tejada, el cual el 31-XII-1776 - ni lerdo ni perezoso -, la puso en mano del Alcalde de 1º voto Ignacio de Irigoyen, quien, enseguida, la hizo conocer al Gobernador Vértiz y a los ediles salientes del cuerpo comunal.
      Y sucedió que el 1 de enero siguiente, en la votación para designar a los miembros que integrarían el Ayuntamiento por el período de 1777, el Alcalde Irigoyen sufragó por Marcos Riglos para que le sucediera en el cargo, y - entre otros cabildantes - votó por Lerdo de Tejada. Ello motivó la protesta de Alcalde de 2º voto Joseph Antonio Otárola, que impugnó los nombres de Riglos y de Lerdo, pues sobre ambos candidatos pesaba - según dijo - la Real declaración "denigratiba" que los tachaba de "falsos informantes"; y aunque posteriormente Su Magestad había querido rehabilitarlos mediante otra Real Cédula, ésta fue traída apresuradamente por el Alcalde Irigoyen, sin la previa presentación al Gobierno para su debido obedecimiento; "no siendo al mismo tiempo de menos consideración que dicho Don Marcos Riglos es tío Carnal de la Mujer del Señor Alcalde, en cuia virtud (Otárola) dezía de nulidad de su votación, la qual en las actuales circunstancias devía de estimarse por ningún balor"
      Irigoyen explicó entonces como a fin de evitar objeciones a sus candidatos, solicitó de Lerdo la Real Cédula aludida, desechando los dilatorios trámites acostumbrados. Y que si bien su mujer - Francisca de la Quintana y Riglos - era sobrina "de parte de Madre" del dicho don Marcos, "protesta una y mil vezes que no llebado más fin que solizitar el servicio de Dios, del Rey y de la Causa pública; maiormente quando en dos diferentes ocasiones - Riglos -, que ha sido Alcalde de primero y segundo voto, tiene dadas pruebas de su arreglada conducta, como no se oculta a este Ilustre Ayuntamiento y es notorio a la mayor parte del pueblo".
      Tales razones de quien presidía a los Regidores salientes, disiparon la oposición referida. Por tanto, además del Alcalde Irigoyen - y salvo el Alcalde Otárola -, votaron por Riglos y por Lerdo, que resultaron elegidos cabildantes para 1777; el Alguacil Mayor Miguel Mansilla, y los Regidores Manuel Joaquín de Tocornal, Francisco Cabrera, Joseph Blas de Gainza (que puntualizó no encontrar impedimento al sufragar por Riglos aunque su mujer - María Teresa de Eguía y San Martín - fuera sobrina de don Marcos), Manuel Rodríguez de la Vega, Matías de Avaroa Barrena y Miguel de Tagle.
      Riglos, a todo esto, se encontraba en el campo, probablemente en su chacra de la costa en el "Monte Grande", reponiéndose de una enfermedad (frisaba ya en los 58 años); estimulado allí, sin duda, por el "saludable temperamento de los aires húmedos del río". En esa circunstancia resolvió solicitar por escrito al Cabildo, el 8 de enero, que "en atención a la dolencia que padece" lo relevase de desempeñar las funciones de Alcalde de 1º voto. Tal excusa, sin embargo, quedó rechazada por el Ayuntamiento en los siguientes términos honrosos para el solicitante: "Que haviéndose propuesto este Ilustre cuerpo ... de que las varas de Justicia las obtengan sujetos de distinción, providad y justificación, calidades que reconocía en el referido señor don Marcos, y no conzeptuando por lo mismo pribar al público de que las experimentase en su veneficio", acordó dispensarle "de la diaria asistencia, franqueándole el tiempo que para ello estime oportuno" y " exijiese la reparación de su salud", siendo "Su Señoría (el Gobernador Vértiz) del mismo conzepto".
      El convaleciente recibió la visita del Escribano Pedro Núñez, quien le notificó aquella resolución capitular y, poco después, no tuvo más remedio que recibirse de la vara y prestar el juramento de estilo ante el Regidor Manuel Joaquín de Tocornal.

      La llegada y recepción del Virrey Cevallos

      Conforme a sus funciones de pretor lugareño, Marcos Riglos tuvo que organizar el aparatoso recibimiento a Pedro de Cevallos, quien arribaba a Buenos Aires triunfante de los portugueses para hacerse cargo - como primer titular - del flamante Virreinato del Río de la Plata; creado por Carlos III mediante Real Cédula del 22-IV-1776.
      Anticipándose a la bienvenida del invicto General, y de sus tropas aguerridas, el Cabildo encabezado por Riglos dispuso "implorar el auxilio divino por la felicidad de las armas del Rey, quien con amor paternal nos defiende vigorosamente de nuestros enemigos". Al efecto encargó al Deán y Vicario del Obispado Joseph de Andújar (20), la realización de "un Novenario de Misas cantadas con el Señor de manifiesto y la imagen de nuestro Patrón San Martín". En sucesivos acuerdos presididos por mi antepasado, el Cabildo se abocó a preparar la recepción en honor de aquel primer Virrey. Un día trató acerca del "Palio y correspondiente Dozel y adorno del Palacio en que ha de residir S.E."; otro se encargó de organizar la colecta a llevarse a cabo entre los estancieros, a fin de conseguir "el dinero que fueze precizo para los gastos que se pudieran ofrezer en el recivimiento que se aproxima" (Riglos "ofrezió graziosamente todo el dinero que le correspondiese como principal Hazendado", sobre 12.000 pesos del fondo común depositados en la caja de la Corporación respectiva que conocemos). Y así se concertaron las distintas ceremonias civiles, militares y religiosas; estas últimas "en la Capilla Real de San Carlos, que haze de Catedral". (San Ignacio).
      Entretanto, el 22 de abril el Gobernador Vértiz hízole entrega del mando al Virrey Cevallos en la vecina orilla y, al día siguiente, el Cabildo de Buenos Aires resolvió "se nombren Diputados que fuesen al dicho puerto de Montevideo a felizitar a S.E. en vienvenida ... y para que dicha Diputación sea mas condecorada", fueron designados "tres indibiduos de este Cuerpo, a saber; el Señor Alcalde de primer voto don Marcos Jph. de Riglos, el Sr. Rexidor Dr. Don Joseph Pablo Conti, y el Sr. Don Manuel Joaquín de Sapiola, Síndico Procurador General".
      A "cumplimentar al Visorrey", pues, viajó nuestro Alcalde a la Banda Oriental. Su ausencia no se prolongaría demasiado, y el 6 de junio, de nuevo al frente del Ayuntamiento porteño, don Marcos presidió la larga disposición de agasajos en "onor y gratitud" hacia el vencedor de los lusitanos enemigos, quien se aprestaba a hacer su entrada triunfal en la ciudad cabecera del flamante virreinato. Solemnes Tedeums, iluminación urbana con "achones y candilejas en los balcones, regosijos de toros en la Plaza Mayor y tres combites de mesa", cuyos comensales serían "aquellos que haian obtenido las Judicaturas y reximientos de este Ilustre Cavildo, y demás personas de distinción". Por fin el 15 de octubre prodújose el recibimiento del esperado Cevallos y, como anticipo de las reverencias que se le iban a prodigar, vibró la "orazión gratulatoria" con que el Mandatario del Rey fue saludado por el Alcalde Marcos Riglos.
      Tal ditirámbico discurso, plagado de citas clásicas, no se elaboró sin duda en el práctico magín del lego juzgador capitular y diestro negociante que ese día jubiloso se estrenaba como orador. En trance de buscarle paternidad al retórico engendro, lo sospecho escrito por la pluma del joven paraguayo Pedro Vicente Cañete, docto universitario recibido en Chile, promisoria lumbrera que, a la sazón, se desempeñaba en el Cabildo como Defensor de Pobres, y aconsejaba a don Marcos y a sus colegas en materias jurídico-literarias (21).
      El Alcalde Riglos en su perorata, le llamó al invicto Cevallos "nuestro Alcides", el cual "donde quiera estampa con denuedo sus generosas huellas, todo lo llena de palmas y de triunfos, y sus pisadas hacen producir laureles". La toma de la Colonia del Sacramento, "trasciende los extremos de esta América meridional ... y no cabe en el mundo el valiente soplo de su gloria. La Fortuna, deidad tutelar de los héroes, le ha hecho a V.E. su familiar máximo, por su talento y su grande corazón: con aquel piensa y con este ejecuta ... Mejor que César puede decir V.E.: Vine, ví y vencí; pues a su voz imperiosa se rinden los esforzados escuadrones y caen las cerraduras de bronce y los inaccesibles terraplenes, y si aquel romano profirió esta fanfarronada en los campos de Farsalia, atribuyendo así toda la gloria del vencimiento, V.E., con moderación que pasma y una religión que edifica, consagra al Dios de los Ejércitos todos los triunfos ... el Ser Supremo, cuyos juicios son inaveriguables, nos ha juntado hoy en esta famosa asamblea, compuesta de valientes argonautas españoles e invencibles campeones ... Pero basta ya de fatigar la moderación de V.E., asegurándole que el Cabildo de esta Ciudad y sus vecinos, no teniendo mas que ofrecerle, se ofrecen a sí mismos ... ".

      Mas datos para la historia de mi 5º abuelo

      Por esas fechas figura el nombre de Marcos Riglos en una "Nómina de vecinos que contribuyen para la obra del muelle". Y en orden a sus actividades particulares, Riglos y el Doctor Juan Cayetano Fernández de Agüero (el benemérito cura de la Catedral que descifró y anotó los primitivos libros parroquiales, salvando esos testimonios históricas que conservan las filiaciones de los primeros habitantes de Buenos Aires) fundaron, como albaceas de Juana Acosta Ruiz de Robles (que testó el 27-XII-1776), una Capellanía de misas por escritura del 24-II-1779, ante el Escribano Conget. Y el 20-III-1780, ante Tomás Boyso, don Marcos dió poder general al Procurador de número Pedro José Berbel, para que lo representara en toda clase de pleitos civiles y criminales.
      Mi antepasado poseyó numerosos esclavos (el Censo de 1778 registra 14 en su mansión urbana, entre negros y mulatos: Juan, María, Joseph, Marzelino, Santiago, Jorge, María, Dionisio, María, Isabel, Bitoria, María, Ignacia y Josepha). El 8-III-1752, ante Francisco de Merlo, Marcos Riglos manumitió a una negra, Juana Paula, declarándola "persona libre y no sujeta a esclavitud", debido a que el negro Miguel, su marido, la había comprado en 350 pesos. El 5-IV-1755, ante Francisco Ferrera, Riglos adquirió de Pedro Lozano, al negro Francisco, de 24 años, en 325 pesos. Y el 5-X-1757, también ante Ferrera, don Marcos le confirió mandato especial a Juan Martínez González, vecino de Córdoba, a fin de que demandara a quien tuviera en su poder a la negra esclava suya María, que, en 1755, "me la substrajeron de esta ciudad" y "he llegado a saber que se halla en Córdoba y vendida allí".
      Apunté, más atrás, que a partir de sus 58 años la salud de mi lejano abuelo empezaba a flaquear. Así, ya sesentón, quedó completamente sordo. En tales circunstancias, y desempeñándose como Procurador de la ciudad, elevó una representación al Virrey Vértiz - que este mandatario hizo conocer al Cabildo el 15-IX-1779 -, en la cual don Marcos decía; "allarse imposibilitado por sus avituales enfermedades de poder continuar su Ministerio". El Cabildo, confirmó, los achaques de su colega, y que "de la falta de hoydo que padece no le queda duda". A mi vez, con los debidos respetos a la otorrinolaringología, formulo el siguiente diagnóstico histórico: aquel sarampión que padeció Riglos de recién casado - tan fuerte que no se olvidó de declararlo en una escritura pública - hubo de complicarse en otitis crónica de flujo purulento, que remató en sordera bilateral y progresiva. Con todo, a fines de aquel año 1779, el paciente "estava ya restablezido a su salud, y acto (apto) para exerzer sus funciones".
      He de recordar, además, que en julio de 1779, el Síndico Marcos José de Riglos pidió el Virrey Vértiz la instalación en la ciudad de una "Casa de Niños Expósitos", a fin - alegó el suscripto - de recoger y educar a los "muchos niños arrojados a las puertas y ventanas de los vecinos, los cuales perecen por la intemperie de la noche, o expuestos en las veredas son pisados, cuando no comidos por perros y por cerdos". Vértiz acogió ese pedido con entusiasmo y diligencia, y al mes siguiente (7-VIII) la "Casa de Niños Expósitos - debida a la iniciativa de mi 5º abuelo Riglos" - quedó instalada en el antiguo edificio de la "Casa de Ejercicios de mujeres"; otrora de la Compañía de Jesús, entonces de "las Temporalidades" (sita en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina). Aquella Casa Cuna se costeaba, bajo la administración de Martín de Sarratea, con los alquileres que producían 9 viviendas que fueron de los jesuitas expulsos, algunas con frente a la Plaza Mayor, mirando al Norte, "empezando desde la casa de doña Petrona y doña Catalina de Sorarte, y el resto mirando al Poniente, frente a las casas de don Agustín Casimiro de Aguirre y del señor Arcediano de esta Santa Iglesia don Miguel de Riglos, hasta encontrar con la de don Eugenio Lerdo".
      El 2-VII-1785 el Virrey Vértiz a fin de "establecer en esta Ciudad el aseo, y limpieza y Policía que tanto conduce a la salud pública", nombró sendas comisiones de vecinos a las que encomendó la vigilancia de los distintos cuarteles en que estaba dividida la Capital del Virreinato. Marcos Riglos y Melchor Abandero resultaron encargados del cuartel 7º, así deslindado; "Desde la esquina de don Francisco Gendra hasta la de la casa de don Pedro Medrano, y de la de don Melchor Abandero a la casa de Santiago Pino".
      Meses después, en febrero de 1786, presentó Riglos al Cabildo un "Memorial", acompañando varios documentos, en virtud de los cuales solicitaba una "Información" sobre "sus méritos y servicios", así como los que "sus ascendientes han contraído" en los distintos cargos desempeñados en el gobierno de la ciudad. Y los Regidores acordaron que por intermedio del Escribano del cuerpo, Tomás Joseph Boyso, se diesen los testimonios y certificaciones "relativas a los empleos de D. Marcos José y de sus causantes, según él designase".
      El 1-VII-1787 el Teniente Coronel de Dragones Juan Antonio Marín (5º abuelo mío), marido de Rosa de la Quintana y Riglos, sobrina de don Marcos José, le prestó a éste la suma de 3.300 pesos dobles. Como la deuda permaneciera impaga, nueve años más tarde, en 1797, doña Rosa, viuda y albacea de Marín, demandó a los herederos del fallecido deudor en procura de su cobro. Representante de los demandados en el pleito fue Juan José de Lezica y Alquiza - viudo entonces de María Rosa de Riglos y San Martín -; y los demás deudores llevados a juicio - cuñados de Lezica - eran; Francisco Javier de Riglos y Miguel Fermín de Riglos, y Francisco Mata Bustamante y Mariano de Zavaleta (mi 4º abuelo) por sus respectivas consortes; María Ignacia y María Jacinta de Riglos de San Martín.
      El 7-V-1789, dos años antes de su muerte, don Marcos José, ante el Escribano Juan José Rocha, les compró a los herederos de Nicolás de la Quintana y de su hermanastra Leocadia Riglos, por la suma de 5.217 pesos, dos estancias "en la otra banda del río Areco", llamadas "El Sauce, sobre la Cañada Honda y El Rincón, sobre el río, con todos los ganados, caballos, yeguas, burros, burras, toros, novillos, vacas, terneras y crías; con sus corrales, Ranchos, yerros de errar y cuantas herramientas sean conducentes a las faenas de dichas estancias; exceptuando únicamente 35 mulas de la yerra pasada". Incluíanse en la transferencia el derecho a la "acción a todos los ganados que, con yerro o sin él, hubieren dispersos en ellas"; comprendiendo esta venta dos negros, que son pertenecientes a dichas estancias, nombrados Antonio y Andrés, ambos casados con dos mulatas libres, como de 50 años cada uno:, que hubieron los vendedores por herencia. La venta comprendía además a "toda la acción que poseyó Miguel de Riblos (el abuelo de los transmitentes y padre del comprador); exceptuando media legua de frente y una de fondo que posee Francisco de Espinosa; y también 450 varas de tierras que tenemos de este lado de las Conchas" - que antes le había vendido Marcos Riglos a los Quintana, y provenían de las 900 que heredaron aquel, y su hermano el Arcediano, de don Miguel su padre. Hasta el fin de sus días la principal actividad económica de mi 5º abuelo Riglos se concentró en el campo; fue Estanciero, y de los más importantes de Buenos Aires en su época. Así quedará establecido cuando se escriba, como se debe, la historia de la ganadería argentina.

      Disposiciones testamentarias y muerte de Marcos José de Riglos

      El 6-VII-1790, ante el Escribano Blas Zamorano, "estando enfermo en cama de una enfermedad que Nuestro Señor se ha servido de darme, pero con mis cinco sentidos y potencias cumplidas", testó mi antepasado. Mandó sepultaran su cadáver "en la Santa Iglesia Catedral, junto al altar de San Zacarías y Santa Isabel, amortajado con el hábito de San Francisco, como hermano 3º que soy; asistiendo a mi entierro con cruz alta el cura y doce sacerdotes con sobrepelliz, doce religiosos de cada una de las comunidades de esta ciudad, que hubieren ido a cantar antes el responso que se acostumbra, haciéndome las correspondientes posas, encargando como encargo a mis albaceas y herederos, en los gastos con moderación, sin fausto ni obstentación, porque es mi voluntad que lo que se hubiere de gastar en profanidad lo conmuten en Misas y limosnas". Dispuso "que el día de mi fallecimiento si fuere hora competente, y sino al día siguiente inmediato, a más de la Misa de cuerpo presente se manden decir cinquenta Misas resadas por mi Alma", y en el día "de las onrras y cabo de año ... se dirán otras cinquenta Misas ... en la Catedral ... Y mando luego que acaezca mi fallecimiento se saquen seis Bulas de Difuntos de a peso ensayado por las almas de mis Padres, la de mi Esposa, la mía y las de mis finadas hijas Petrona y María Rosa". Declaróse "casado infacie Eclesiae con doña Francisca Xaviera de San Martín, de cuyo legítimo Matrimonio hemos procreado y nos viven por nuestros hijos, a saber; el Doctor D. Francisco Xavier, Abogado de la Real Audiencia de Charcas, ausente en el Perú; D. Miguel Fermín, Capitán del Regimiento de Dragones Fixo de esta Provincia; D. Rafael José, ausente en la villa de Potosí; Doña Ignacia Xaviera y Doña María Jacinta; de las cuales los cuatro primeros se hallan casados y la última soltera". Puntualizó luego "que traje de Dote 20.000 pesos en dinero efectivo y géneros de mercaderías; después heredé, por fallecimiento de mi Madre Doña Josefa Rosa de Alvarado, las casas que havita el Señor Arcediano Doctor Don Miguel José de Riglos, mi hermano; un terreno en la otra banda del río Areco, cuyo terreno le he poblado yo con tres estancias; otro de chácara en el pago del Monte Grande, el cual después he poblado y plantado monte; unas tierras en esta Banda del Río las Conchas, compuesta de 450 varas de frente y una legua de fondo, con otros varios bienes, en los que se halla la parte que corresponde a mi referido hermano el Señor Arcediano, por no haber hecho división de ellos antes ambos, respecto de la unión y buena armonía que hemos conserbado y conserbamos hasta ahora, cuyos bienes hereditarios constan en autos y en el Testamento de mi Madre, y los bienes que llevé al matrimonio, como también el capital de ellos, que hize el año 1751 o 52 ante el finado don Francisco de Merlo".
      "Mi esposa - proseguía el testador - trajo 8.000 pesos en plata, fincas, alhajas y esclavos, según constará en la Carta de Dote que se otorgó ante el mismo Escribano Merlo ... Declaro que a mi hija Doña María Jacinta Martina no le he dado cosa alguna, más que las Alhajas siguientes para adorno de su persona: un par de manillas de perlas menudas, un collar de tres hilos de dichas perlas, dos anillos de diamantes, un aderezo pequeño de brillantes compuesto de cruz y zarcillos y un vestido de brocato rosado, las cuales dichas alhajas es mi voluntad no se las carguen en cuenta". Y (como a su otra hija María Ignacia Xaviera, mujer de Francisco de Mata Bustamante), "a mi hija Doña María Jacinta se le den el quinto mil pesos, en cuya cantidad también la mejoro".
      Nombró finalmente el otorgante por sus albaceas: 1º) "a mi esposa" Francisca Xaviera de San Martín; 2º) "a mi hermano" el Arcediano Miguel José de Riglos; 3º) "a mi hijo" Francisco Xavier; y 4º) "a mi yerno" Francisco de Mata Bustamante. Y firmó la escritura con los testigos: José Pertus, Timoteo Campana y Juan Francisco Pérez de Arce, según dió fé de ello el "Escribano de Su Magestad" Blas Zamorano.
      Doce días mas tarde, ante el mismo Notario, don Marcos otorgó un Codicilo en el que establecía el "valor de las alhajas y vestidos de María Ignacia" - su hija - cuya suma "deberá salir del remanente del quinto de mis bienes". Ambas declaraciones testamentarias, en sus originales, quedaron en el Registro a cargo del Escribano Pedro Núñez, que dió testimonio de ellas el 26-I-1791.
      Marcos José de Riglos arribó al término de su vida el 13 de junio siguiente a los 72 años de edad, y su sucesión ventilose, sin pérdida de tiempo, ante el Alcalde de 2º voto José Martínez de Hoz, con la intervención del Defensor de Menores Manuel de Gardeazabal (22). [4]

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito).

    2. [S84] Castillo Illingworth, Santiago, Castillo Illingworth, Santiago, (josancas53(AT)yahoo.com.ar).

    3. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).

    4. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo IX, Los Riglos (Confiabilidad: 3).