Francisco Pérez de Burgos[1]

Varón 1558 - Sí, fecha desconocida


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  • Nombre Francisco Pérez de Burgos 
    Nacimiento 1558  Jerez de la Frontera, Cádiz, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento Sí, fecha desconocida 
    ID Persona I34973  Los Antepasados
    Última Modificación 13 Mar 2010 

    Padre Diego Pérez de Burgos 
    Madre Beatriz Pérez de Tremal 
    ID Familia F14527  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 1 Juana de Aguilar Salvatierra 
    Hijos 
    +1. Catalina de Aguilar Burgos Salvatierra,   n. 1598, Santa Fe, Santa Fe, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1666, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
    Última Modificación 13 Mar 2010 
    ID Familia F14526  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 Juana de Aguilar Salvatierra 
    Hijos 
    +1. María de Burgos Aguilar
    Última Modificación 26 Mar 2015 
    ID Familia F39554  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 1558 - Jerez de la Frontera, Cádiz, España Enlace a Google Earth
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  • Notas 
    • FRANCISCO PEREZ DE BURGOS - mi onceavo abuelo - , aunque sus remotos ascendientes procedieran de Burgos, nació por el año 1558 en la "colación" de San Lucas uno de los barrios parroquiales de la ciudad de Jerez de la Frontera; fruto legítimo de los cónyuges Diego de Burgos y Beatriz Martínez de Tremal.
      Nada sabemos de sus tiempos infantiles, vividos en su Andalucía natal, a 4 leguas escasas de Cádiz y 2 de San Lúcar de Barrameda, obligados embarcaderos entonces de las naves que zarpaban hacia el nuevo mundo. La verdad es que cierto día de 1581 - al igual de tantos paisanos suyos - el mozo penetró en el inmenso mar, mas allá del Plus Ultra, y tras un azaroso periplo oceánico, recorrería tierras salvajes y corrientes fluviales caudalosas, hasta llegar a la Asunción, "ques en el Río del paraguay de la provincia del Río de la Plata".
      En 1583 el joven baja de la Asunción a "la ciudad de la Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Ayres", fundada dos años atrás por Juan de Garay; y en ese rústico asentamiento porteño, Francisco se ajusta al dulce lazo conyugal con Juana de Aguilar, hija de un veterano conquistador de esa comarca - (presumo que Juan de Ortigosa, según explicaré mas adelante). Casi enseguida de la boda, en plena luna de miel, el flamante marido deja sola a su consorte, y viaja - ignoro porque motivo - a Santa Fé de la Vera Cruz. ()

      Nuestro personaje retorna a Buenos Aires

      Vuelto del litoral santafesino a la modesta cabecera rioplatense, Francisco Pérez de Burgos recibe del Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, el 2-VII-1588, una merced territorial cuyo documento precisaba que el favorecido hacía "cinco años" que estaba avecindado en "el puerto de la Trinidad".
      Dicha merced - que con otras repartió Torres de Vera en su brevísima estadía "porteña", de paso para España. luego de fundar Corrientes - comprendía las "cabezadas" de la chacra que fue del "Señor General" (Juan de Garay); o sean, las tierras, en el camino hacia el "Monte Grande" (costa de San Isidro), que configuraban la chacra "F" (plano de Ozores), cuyo frente de 500 varas ubicaríase hoy en la cresta de la barranca, sobre la Avenida Alvear, a partir de la calle Callao para el norte, entre la manzana donde ahora se levanta el Alvear Palace Hotel y poco mas allá del recodo de la bajada de la Recoleta, en parte de los jardines de la plaza Intendente Alvear, del templo del Pilar y su cementerio anexo.
      Esta adjudicación hecha por el Adelantado a favor de Pérez de Burgos solo resultó nominal; el agraciado nunca llegó a posesionarse, ni a poblar dicho terreno, ya que las "cabezadas" de aquella chacra no figuran para nada en los testimonios ulteriores que tratan de las propiedades bonaerenses del caracterizado vecino que me ocupa.
      Ocho meses después de la merced referida, Pérez de Burgos presentó al Ayuntamiento porteño (16-II-1589) una provisión de Su Magestad que le concedía "el Oficio de Escrivano y permiso de pasar a Indias"; título que firmara Felipe II, el 11-II-1581 en la villa portuguesa de Elvas. Así pues, en carácter de dador de la fé pública, mi remoto antecesor sucedería en Buenos Aires a Antón García Caro como Notario Público y de Cabildo.

      Los desenfrenos del fraile Romano

      El 16-II-1589, un acta del Cabildo presidido por el Teniente de Gobernador Juan de Torres Navarrete - sobrino del Adelantado - consigna que el Alcalde Gaspar de Quevedo dió cuenta, ese día, a la corporación, que anoche, a las nueve de la noche, Francisco Pérez de Burgos, Escrivano de Su Magestad y vesino desta çiudad", había abordado a varios cabildantes y requerido "una y dos y tres veces, y todas las que en derecho podía y devía", a fin de que ellos pusieran "orden y remedio en los alborotos y ocasiones en que Fray Françisco Romano, frayle de la orden de San Francisco y cura desta çiudad, metía y obligaba a los hombres".
      El reclamo de Pérez de Burgos a las autoridades comunales - que el mismo ratificó ante Sus Mercedes al exhibir, en la sesión de referencia, su título notarial - resultaba harto razonable. El tal Romano era un reverendo con hábito que no hacía al monje. De tan mala fama gozaba, que todos los Regidores, menos uno, convinieron en la necesidad de que se lo expulsara enseguida de la ciudad; dando cuenta de su conducta al "Perlado" (Superior de los franciscanos), a objeto de terminar con los escándalos que el seráfico energúmeno "dá y a dado, hecho y dicho en perjuicio y desonor de las mujeres casadas"; que, en día de precepto, se le escuchó decir; "Ya se pasó el tiempo en que Dios dijo que si a uno le diesen un trompón en el carrillo, volviese el otro; y a quien me mojare el zapato le sacaré el alma". Consecuentemente hacíase necesario el extrañamiento del fraile, "para que los ombres y vezinos bivan con quietud y sosiego en el servicio de Dios y de Su Magestad".
      Asimismo los cabildantes sacaron a relucir los poco recomendables antecedentes de ese pícaro con cogulla, quien, cierta vez, había intentado de "querelle dar con un palo en la plaça pública" al Teniente Pedro Verdún; unido al agravante de que años atrás, en Santa Fé y en la Asunción, "anduvo por los montes con un alcabuz, huyendo de su perlado y de los demás justicias eclesiásticas y seglares"; a raíz de lo cual "fue dado de apóstata por el Obispo". El único Regidor que opuso sus reservas a la expulsión de semejante clerigallo - semejante a los que satirizó el Archipreste de Hita - fue Juan de Castro, porque creía que "ynter agora no conviene que el pueblo quede sin religioso". A pesar de ello, con mucha sensatez, el Teniente de Gobernador Torres Navarrete "dixo que vistos los eçesos y demasías que a tenido y tiene el padre fray Francisco Romano ... es justo que se vaya", pero que desde luego, "salga desta çiudad guardándose el decoro que como religioso se le deve, sin que se le aga agravio, molestia ni vexación alguna, por obra ni palabra". Y así votaron todos los cabildantes.
      Tres meses después, aún permanecía fray Romano en su puesto haciendo de las suyas. En efecto; el Procurador de la ciudad denunció al Ayuntamiento que dicho tonsurado había puesto cerco y obstruído nada menos que una calle pública, "y la quiere meter en su convento". El Procurador pedía le derribaran las tapias al entrometido, que tan sin escrúpulos atropellaba el orden edilicio de la población.

      Mi antepasado se traslada de nuevo a Santa Fé la Vieja

      Seguidamente don Francisco allégase otra vez a la primitiva Santa Fé; ahora con Juana, su cara mitad; y en aquel pequeño rancherío - a orillas del río San Javier y del riacho Cayastá, afluentes del Paraná - estableció su hogar durante algunos años. Allí, el 1-I-1590, en su carácter de Escribano Real, refrendó su título de Protector de Naturales, que el Lugarteniente Torres Navarrete le otorgaba al Alcalde Pedro de Espinosa, y que este presentó al Cabildo local. Y cinco años mas tarde, el 5-X-1595, también en el caserío santafesino, Pérez de Burgos autorizó con su firma el testamento del conquistador Ruy Díaz Melgarejo (otro antepasado mío; ver su biografía), suscripto en el domicilio de Isabel, la hija del famoso moribundo, viuda de Gonzalo Martel de Guzmán; ello ante los testigos; Juan de Encina, Pedro de Alcaráz, Jerónimo Pérez y Felipe López, vecinos los dos primeros y residentes los otros en el poblacho ribereño.
      Al año siguiente continuaban las andanzas de nuestro personaje por las comarcas del litoral. El 9-X-1596 exhibe en el Cabildo de Corrientes un título suyo de Alcalde y Justicia Mayor, refrendado por el Gobernador Juan Ramírez de Velasco; y asimismo, en jurisdicción correntina, estuvo por esas fechas junto a Hernandarias en algunas correrías emprendidas contra los indios alzados del contorno; como lo testificaría don Francisco en una Información que sobre los servicios de aquel caudillo criollo se levantó en la ciudad de La Plata (Charcas), por ante el Oidor de su Audiencia Fernando Arias de Ugarte y el Escribano Juan Bautista de La Gasca. En Charcas, precisamente, Francisco Pérez de Burgos prestó declaración el 12-X-1601, y dijo que conocía a Hernandarias "de diez y ocho años a esta parte" - vale decir desde 1583; "que es el tiempo que este testigo asiste en las provincias del Paraguay", agregando que vió a Hernandarias en compañía del Capitán Rodrigo Ortiz de Zárate, Teniente de Gobernador del Adelantado Torres de Vera, "ir a la conquista de los indios oroquetás, guaiguás y tapitangués, que son serranos y confinan con la cordillera de Chile", y que "en aquella ocasión se hallaron porque mataron a el suegro deste testigo y a otro soldado y hirieron a otros muchos".
      ¿Quien sería ese suegro de don Francisco?; trataré de identificarlo en párrafos venideros.

      Pérez de Burgos se reintegra a Buenos Aires

      En 1603 ya se hallaba instalado don Francisco con su familia en la ciudad porteña. Una escritura fechada aquí el 21 de septiembre de ese año, nos entera que los Capitanes Francisco Muñoz, Juan Ramírez de Abreu y Miguel Gómez de la Puerta Saravia, "Hermanos Mayores" y "Mayordomo", respectivamente de la "Cofradía del Santísimo Sacramento que está fundada en la Iglesia Mayor, los tres juntos" a nombre de dicha institución, le arrendaron a Francisco Pérez de Burgos - que acababa de regresar de Santa Fé -, "unas casas hacia el Monasterio de Santo Domingo".
      Tales "casas" habíaselas dejado a aquella Cofradía - por cláusula testamentaria - Ana Rodríguez, difunta, que fuera mujer de primeras nupcias de Francisco Muñoz Vejarano, y de segundas de Bartolomé Ramírez; cuya señora resultaba madre de uno de los "cofrades Hermanos Mayores"; Francisco Muñoz "el mozo". La vivienda en cuestión - que entonces alquiló mi antepasado provisionalmente antes de instalarse en la "casa solar" que luego especificaré - ubicaríase hoy en la calle Reconquista, hacia el primitivo convento de los dominicos; es decir hacia la actual calle Lavalle, donde, mirando al Sur entre las calles que ahora son Reconquista y 25 de Mayo, los predicadores mendicantes tuvieron - y tenían en 1603 - su primer claustro bonaerense; precisamente en el mismo sitio donde por 1885 levantaría su suntuosa mansión - Lavalle nº 371 - mi tío abuelo Pancho Uriburu; cuyo terreno después de haber pertenecido antaño a los frailes, pasó a dominio de Antonio del Pino, un herrero portugués.
      Dos años después de haber arrendado aquellas "casas", Pérez de Burgos se fue a habitar su propia vivienda familiar. Hallábase esta edificada en un solar que originariamente fuera de Rodrigo de Ibarrola; situado entre el Cabildo y el lote que correspondió a Diego de Labarrieta en 1580; o sea que la morada de mi antepasado ubicaríase hogaño en el ángulo o esquina que forman las calles Rivadavia y Florida, esta última en su prolongación hacia Perú. En 1505 la propiedad de don Francisco lindaba; por su costado Este con casa de Juan Díaz de Ojeda y de su mujer Ana de Melo Coutiño (pegada al fondo del Cabildo y cárcel pública; hoy se levanta en el solar de Ojeda, el anticuado y lujoso palacio del diario "La Prensa"); y por el costado Oeste limitaba la casa de Pérez de Burgos, calle en medio, con terreno y casas de Cristóbal de Cáceres (que fueron de Juana de Melo).
      En la clásica "Lista" de vecinos que contribuyeron en 1607 en la colecta emprendida para detener al "barbero sangrador y dentista" Jerónimo de Miranda, el cual había resuelto abandonar la ciudad porque su clientela no alcanzaba a sustentarlo; entre los contribuyentes que le mandaron "lo que les pareçiesse por rrazón de servirles a ellos y sus cassas en su offiçio", Francisco Pérez de Burgos "por su persona y cassa mandó quatro pessos".
      Otra lista de "Vecinos y soldados que quedan en la ciudad", sin fecha, pero que Manuel Ricardo Trelles atribuye al año 1604, al tiempo en que Hernandarias emprendió su expedición a los Césares, consigna que "pareció Francisco Pérez de Burgos y declaró tener quatro caballos, cuera (rebenque), celada, escopeta, una libra de pólvora y una madre mecha", y que las autoridades bonaerenses le mandaron conservar en su poder todas armas, pena de cincuenta pesos para gastos de guerra".

      El hombre de péndola y protocolo

      De 1604 en adelante, por el lapso de dos años, don Francisco refrenda como Escribano los acuerdos del Cabildo porteño. Así, es el quien, el 7-III-1605, autoriza con su firma el contrato que celebran los ediles con el "surujano" Manuel Alvarez, a fin de que dicho médico portugués preste sus servicios en la ciudad; "a toda ella, a los vezinos y moradores y yndios y esclavos; en todas sus enfermedades que tubiesen de cualquier jénero que fuesen, y sangrarlos y ventosearlos"; todo por el "estipendio" de 400 pesos anuales, "en harinas y demás frutos de la tierra". Quedaba entendido que el Cabildo le pagaría al terapeuta, "por los tercios del año cada cuatro meses", sus curaciones; pero no las "medisinas e yngüentos" que gastase en dolencias físicas y heridas, remedios que debían ser costeados por los pacientes.
      También pasó ante dicho notario capitular la carta de obligación suscripta, el 23-V-1605, entre el Cabildo y los hermanos Lucas y Conrado Alexandro, "flamencos de nación", que se comprometían a instalar en la ciudad un molino "moliente y corriente"; y - expresaban los concesionarios - moleremos a todos los que fueren a moler, a quatro reales por cada hanega de molienda, y no más"; con la garantía explícita de que el Cabildo "no nos ha de baxar el precio, ni tener que ver en nuestro molino, porque todo él es nuestro, hecho a nuestra costa, y como tal hazienda nuestra hemos de gozarla".
      Otro asunto interesante del que dió fe Pérez de Burgos, tuvo lugar el 1-VIII-1605, cuando por primera vez se presentó ante la comuna de Buenos Aires - que apenas contaba con 130 familias - Francisco de Vitoria, ofreciendo sus servicios "como maestro de escuela". El candidato comprometíase a impartir sus clases a los niños mediante la paga de "un peso por cada mes a los que enseñare a leer, y a los que enseñare a escrevir y contar, dos pesos". Cabe agregar que este Vitoria - pedagogo precursor de nuestra instrucción elemental - era pendolista y le pasaba las escrituras en el protocolo a Pérez de Burgos, quien, sin duda, lo apadrinó ante los cabildantes para aquella cruzada alfabetizadora - que diríamos hogaño.
      El 27-XI-1606 nuestro fedatario es reemplazado como autorizante de los acuerdos cabildeños por su colega Manuel Martín, y aquel, con el propósito de acreditar su derecho a ejercer la profesión con clientela particular, volvió a exhibir en el Cabildo, ese mismo día, su título "de Escrivano Real de las Indias, firmado con una firma que dize Yo el Rey, su fecha a onze de Febrero en Elbas, del año de myll y quinientos y ochenta y un años"; documento que los curules lugareños "descubiertas las cabezas, cada uno de por sí, lo tomaron y besaron", acordando "que el dicho Francisco Pérez de Burgos uze el dicho título según y como por él se nombra, y lo firmaron de sus nombres; Simón Valdéz, Don Fransés de Beaumont, Diego Nuñez de Prado de la Torre, Francisco de Salas, Antón Higuera de Santana, Bartolomé López, Pedro Gutiérrez (mi antepasado).- Ante my; Manuel Martyn, Escrivano Público y de Cabildo".
      A partir de entonces, Francisco Pérez de Burgos se convierte en el Escribano de Registro más acreditado de Buenos Aires, ante el cual se firmaban casi todas las escrituras otorgadas por los vecinos y moradores, estantes y habitantes: testamentos, compraventas de inmuebles y de esclavos, cartas dotales, censos, hipotecas, capellanías y prendas, poderes generales y especiales y toda clase de contratos y declaraciones llenaron, durante más de tres décadas, las fojas de sus protocolos.
      A ese respecto debo señalar que mi antecesor no debía ser muy prolijo en el ejercicio de su profesión, ya que en el juicio de residencia que se le hizo a Hernandarias, incoado en 1609 por el Juez Gobernador Marín Negrón, figura culpable Pérez de Burgos porque "el libro del Cabildo no está encuadernado y sus cuadernos andan sueltos y sin asentar los nombres de los capitulares en los cabildos", y asimismo porque dicho Notario "dejó muchas escrituras y actas sin firmar". Marín Negrón le condenó a pagar 200 pesos de multa; y posteriormente el Consejo de Indias confirmó aquellos cargos y la correspondiente penalidad.
      Cual curiosa muestra de aquella labor escribanil, transcribo íntegra la siguiente escritura de "Treguas", cuyo breve texto, redactado por mi antecesor, nos pone en contacto con ciertas costumbres y usos típicos de la Edad Media, que aquí, en el Río de la Plata, todavía mantenían vigencia, cuando en el viejo mundo ya declinaba el Renacimiento. Dice así el extraordinario convenio; "En la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Ayres, siete días del mes de noviembre de mil y seiscientos y cuatro años, en presencia de mí el escribano y testigos, parecieron Juan Domínguez Palermo y Alonso Neches, a los cuales doy fee que conozco, y dijeron; que por cuanto ellos tuvieron palabras y pendencia y cuestión, el uno con el otro, y que en hacer las amistades se entrometieron personas honradas y de caudal, por lo cual, y primeramente por amor de Dios, se perdonaron el uno al otro y el otro al otro, y se dieron las manos de fieles y leales amigos, y sobre el caso no se demandarán, para lo cual se pusieron treguas en forma; y porque cumplirán so pena de la que caen e incurren los que quebrantan las treguas de España; obligaron a sus personas y bienes habidos y por haber, y dieron poder a las justicias de su Magestad, para que por todo rigor de derecho los compelan y apremien a lo ansí pagar, guardar y cumplir, bien y cumplidamente como por cosa juzgada, sobre que renunciaron a el apelación y cualquiera ley de su favor, y lo firmaron de sus nombres, siendo testigos el Capitán Gabriel de Hermosilla y Diego García y Domingo Guadarrama. - Juan Domínguez Palermo - Alonso Neches - ante mí; Francisco Pérez de Burgos, Escribano de Su Majestad".

      Propiedades urbanas y rurales de mi antepasado

      Además de "las cassas de su morada" y de aquella "casa solar" arrendada a la Cofradía del Santísimo Sacramento, Francisco Pérez de Burgos declaró en la escritura de su última voluntad poseer en la ciudad otra media cuadra "hacia la de Bartolomé Frutos" (lindera, calle en medio, con Pedro Rodríguez Cabrera, que había sido de su suegro, como lo expondré después), y un pedazo de solar lindante con Pedro Sánchez de Luque.
      Cuando don Francisco fue reemplazado como actuario del Ayuntamiento, a fines de 1606, libre de la tarea de autorizar acuerdos oficiales, intensificó sus actividades campesinas en las chacras y estancias de su dominio.
      Por lo pronto en su chacra situada a orillas del Riachuelo de los Navíos, en cuyo paraje había un vado; el "Paso de Burgos", de perduración secular en nuestra toponimia suburbana; hasta que fue allí construído el hoy "Puente Alsina". Desde los tiempos de mi ascendiente remoto, a lo largo de tres centurias, el "Paso de Burgos" constituyó uno de los principales accesos a la ciudad cercana. Todo el tráfico del sur, tanto de entrada como de salida, chapoteó en el barro macizo al cruzar dicho "Paso de Burgos". Arreos y carretas removieron, por años y años, las aguas bajas de ese trecho angosto de fondo firme. Y la historia grande se hizo presente ahí también mas de una vez: los invasores ingleses atravesaron el "Puente de Burgos" en 1806 y en 1807; y en la revolución del 80, el flujo turbio del Riachuelo se enrojeció con sangre argentina, cuando en ese lugar las milicias porteñas y las fuerzas nacionales del ejército se trabaron en combate, a causa de la federalización de Buenos Aires. Hoy son muy pocos los que recuerdan aquel pasado viril; y, literariamente, "Puente Alsina" solo vive en los nostálgicos versos de algún tango compadrón.
      En dichas afueras, pues, a orillas del Riachuelo, ubicábase esa chacra de mi antepasado - que antes fuera de Bartolomé López -, y lindaba en 1606, "por la parte de arriba", con media suerte de tierra que fue de Miguel Gómez de la Puerta Sarabia; y "por la parte de abajo", rumbo a la ciudad, con chacra de Juan García de Tamborejo, que se vendió, el 17-II-1609, a Mateo Leal de Ayala.
      También Pérez de Burgos fue dueño de otra chacra de 700 varas sobre el río Las Conchas, con viña y lagar, atahona y molino corriente y moliente, junto a la de Antón Caro. Asimismo nuestro personaje poseyó chacra en el "Monte Grande", que en 1604 vendió a Sebastián Delgado (ahora justo en el límite del partido de Vicente López con el de San Isidro, de 350 varas de frente y una legua de fondo, originariamente concedida a Pantaleón de Nis). Hubo además otras tres suertes de tierra en el "Monte Grande", de 400 varas fronteras y la consabida legua de largo. Una de esas chacras lindaba con Bartolomé Frutos y su mujer Ana de Espíndola, que estos vendieron el 29-X-1604 a Gil González. Creo que la propiedad de Pérez de Burgos fue la primitiva "suerte" de Pedro de Quiroz (mi antepasado), que en 1711 perteneció a los herederos de Pedro de Izarra Gaete (otro de mis ancestros), y en 1781 a Pedro Medrano; o sea que localizaríamos hogaño su frente sobre el tramo de barranca comprendido entre las estaciones ferroviarias de Rivadavia y Vicente López; distante 800 varas, con rumbo sur, del que fuera famoso mojón de la chacra de Antón Higueras de Santana.
      Y a propósito de Higueras de Santana, el 23-IV-1607 él presentó una queja al Cabildo pidiendo a las autoridades comunales mandar echar el ganado "que tiene en su chacra" el vecino Francisco Pérez de Burgos, pues la vacas de éste, como es de imaginar, le comían y pisoteaban los sembrados. Y el Ayuntamiento, "atento al gran daño que de ordinario le hazen, y estar las dichas chácaras señaladas para solo labranza y no para estancia de ganado", tomó muy en cuenta la denuncia del quejoso chacarero.
      Pero no únicamente animales pastaban en las tierras de Pérez de Burgos. Era él allí sobre todo labrador. En la nómina llamada "de las Harinas" del año 1611, junto con otros vecinos agricultores que debían guardar determinada cantidad del blanco polvillo molido para el abastecimiento de la ciudad, Pérez de Burgos figura con una asignación de "treynta fanegas", como cuota de reserva.
      En cuanto a los emprendimientos ganaderos de don Francisco estos se desarrollaban en espacios que recibiera de merced, el 23-X-1604, del Gobernador Hernandarias; espacios con frente al río Paraná de las Palmas, desde la cañada o "río de la Cruz" hasta el "Portezuelo y baxada del Bagual", en el río Areco. Dicho campo quedaba a 18 leguas de Buenos Aires, sobre el camino de Santa Fé, en el sitio conocido entonces por "Val Florido"; y lindaba, aguas del Paraná arriba, con la estancia de su yerno Francisco de Manzanares, y en su costado S.E. con campos del Escribano de la Real Hacienda Pedro de la Poveda; midiendo, la referida estancia de Pérez de Burgos, una legua de frente y dos de fondo. Hoy en día, precisamente, en parte de aquella superficie se emplaza la importante ciudad y puerto fluvial de Zárate.
      En esa estancia pastaban a sus anchas los numerosos ganados de mi distante abuelo; el cual, en 1609, obtuvo su inscripción como "accionero" de vacaje cimarrón; en cuya matrícula el Cabildo le autorizó a sacrificar 20 reses nada más. Por otra parte, en 1615 figura Pérez de Burgos incluído en la "Lista de permisiones" - o sean las licencias oficiales otorgadas a los pobladores de categoría para cargar y exportar cueros, carnes saladas, sebo y otros frutos, a mérito de haber sido calificado como "segundo poblador".

      El suegro de Pérez de Burgos

      Mas atrás indiqué que nuestro personaje, el 12-X-1601, declaró en Charcas, como testigo, en una Información sobre los méritos y servicios de Hernandarias; y entre otras cosas dijo haberlo visto a este caudillo, en compañía de Rodrigo Ortiz de Zárate, "ir a la conquista de los indios oroquetás, guaiguás y tapitanguás, que son serranos y confinan con la cordillera de Chile", y que "en aquella ocasión se hallaron porque mataron a el suegro deste testigo y a otro soldado y hirieron a muchos".
      Y uno se pregunta' ¿quien sería ese suegro de don Francisco, asesinado por los indios entre los años de 1583 a 1585? Pues bien: El 10-III-1608 el Cabildo porteño recibió una solicitud de Pérez de Burgos para que "se le de la traça desta çiudad, o testimonio de una quadra que pide de su suegro"; el cual, según se ve, resultaba ser uno de los primeros pobladores de Buenos Aires agraciados con terrenos por Juan de Garay. Registra Raúl A. Molina, en su monumental "Padrón" inédito, como uno de los bienes de Pérez de Burgos, la "media cuadra" en la ciudad que fuera adjudicada por el Fundador a Juan de Ortigosa; y precisamente Juan de Ortigosa, en la traza urbana originaria, recibió la "media cuadra" que hoy se localiza en la calle Corrientes, con frente al sur, entre las de Florida y San Martín; cuadra, sin duda, que fue la que reclamó su yerno al Cabildo en 1608. Atento a ello, mientras no aparezca prueba en contrario, a Juana de Aguilar, esposa de Pérez de Burgos, podríamos considerarla hija de Juan de Ortigosa; posiblemente criollo paraguayo - a quien los indios serranos habrían matado por 1585 -; vástago, quizás, de Gaspar de Ortigosa, venido con Don Pedro de Mendoza, que tuvo destacada actuación en la historia inaugural del Río de la Plata, y que aún vivía, ciego, en 1585, avecindado en la Asunción.

      Ultimas actuaciones; testamento y muerte de mi antepasado

      Francisco Pérez de Burgos, "vecino principal" como era, durante el año 1614 desempeñó en el Cabildo el cargo de Regidor, junto con sus pares Víctor Casco de Mendoza, Francisco Romero, Francisco Muñoz, Hernán Suárez Maldonado (ascendiente mío), Bartolomé López, Diego de Trigueros (mi antepasado) y Felipe Nabarro; presididos por el Justicia Mayor Mateo Leal de Ayala, y los Alcaldes Juan de Vergara y Sebastián de Orduña, este también, Alferez Real; a los que se sumaba el Tesorero Simón de Valdéz, el Contador Tomás Ferrufino, el Depositario Bernardo de León y el Procurador General Francisco de Manzanares (yerno de Pérez de Burgos); siendo redactores autorizantes de los acuerdos celebrados aquel año 14, indistintamente, los Escribanos Gaspar de Azevedo, Rodrigo Nuñez de León y Gerónimo de Medrano (mi antecesor genealógico y profesional).
      Lo mismo en 1616 Pérez de Burgos fue elegido Regidor 1º, y ocupó su puesto en el Cabildo con los colegas Sebastián de Orduña, Domingo Griveo, Hernán Suárez Maldonado, Julián Pavón - también Alferez Real -, Juan Quintero y Miguel de Rivadeneyra; presididos por el Gobernador Hernandarias y los Alcaldes Pedro de Izarra (mi antepasado) y Juan Nieto de Humanés Molina; a los que acompañaban el Tesorero y Teniente de Gobernador Pedro Gutiérrez (también genearca mío), el Contador Luis de Salcedo, el Depositario Bernardo de León, el Alguacil Mayor Luis de Navarrete y el Procurador General Luis de Nabarro; rubricando los pertinentes acuerdos el Escribano Cristóbal Remón.
      A muy pocas sesiones capitulares asistió don Francisco en adelante. Estaba enfermo sin duda de mal incurable. El 19 de setiembre de aquel año 16, a los 58 de su edad, antes que la muerte rubricara la última foja de su existencia, el Escribano de esta historia enunció sus disposiciones de postrera voluntad. En ese documento, después de invocar a Dios y proclamar su fé católica, dijo ser natural de "Xerez de la Frontera, hijo lexítimo de Diego Pérez de Burgos y de Beatriz Martínez de Tremal; enumeró luego sus bienes - que ya se apuntaron mas atrás - declarando haber sido casado con Juana de Aguilar, difunta, en la cual hubo los "dos barones y tres hembras" que se indican a continuación. Los restos del causante se enterraron en el templo viejo de Santo Domingo.
      por Carlos F. Ibarguren Aguirre

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo X, Los Rodríguez de Estela (Confiabilidad: 3).

    2. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo IX, Los Pérez de Burgos (Confiabilidad: 3).