Juan Antonio Adán Pradère Estevarena
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Nombre Juan Antonio Adán Pradère Estevarena [1] Nacimiento 4 Ene 1879 Buenos Aires, Argentina
Sexo Varón Fallecimiento 1 Ago 1916 Buenos Aires, Argentina
Entierro Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina
ID Persona I20413 Los Antepasados Última Modificación 2 Dic 2016
Padre Juan Adám Pradère Etcheto, n. Cir. 1835, Sare, Nueva Aquitania, Francia
f. 4 Jul 1888, Buenos Aires, Argentina
(Edad ~ 53 años) Madre Juana Estevarena Candel, n. 8 Sep 1854, Buenos Aires, Argentina
f. 6 Nov 1925, Buenos Aires, Argentina
(Edad 71 años) Matrimonio 14 Nov 1874 Basílica San José de Flores, Buenos Aires, Argentina
[2] ID Familia F608 Hoja del Grupo | Family Chart
Familia Enriqueta Elena Petrona del Carmen Castex Torres, n. 15 Jul 1887, Buenos Aires, Argentina
f. 28 Nov 1968, Buenos Aires, Argentina
(Edad 81 años) Matrimonio 30 Sep 1907 Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina
[1] Hijos + 1. Susana Ana Pradère Castex, n. 8 Jun 1909, Buenos Aires, Argentina
f. 12 Ago 1992, Buenos Aires, Argentina
(Edad 83 años)+ 2. Enriqueta Pradère Castex, n. 12 Jul 1910, Buenos Aires, Argentina
f. 29 Ene 1938, Buenos Aires, Argentina
(Edad 27 años)+ 3. Juan Carlos Bautista Pradère Castex, n. 27 Abr 1912, Buenos Aires, Argentina
f. 10 Jul 1993, Buenos Aires, Argentina
(Edad 81 años)+ 4. Josefina Joaquina Pradère Castex, n. 7 Mar 1914, Buenos Aires, Argentina
f. 7 Jun 1999, Buenos Aires, Argentina
(Edad 85 años)ID Familia F9646 Hoja del Grupo | Family Chart Última Modificación 8 Ene 2018
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: Ubicación
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: Estado/Provincia
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: No Establecido
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Lápidas Pradere
Mausoleo familiar
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Notas - Jurisconsulto. Hizo los estudios en esta ciudad y cursó la carrera de abogacía en la Facultad de derecho hasta graduarse en Doctor en Jurisprudencia en 1901, con una tesis sobre "Las sociedades anónimas ante el derecho Privado Internacional". El tema era un asunto complejo e interesante por los errores legislativos y jurisprudenciales que existían con daños para los intereses nacionales. Sirvió de texto auxiliar que varias generaciones de abogados han leído con provecho. Fue secretario del Jockey Club, Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Diputado Nacional, miembro de varias instituciones y sociedades anónimas. Espíritu ilustrado, resultó un cultor de la historia patria, sobre la cual dio a conocer algunos interesantes estudios: "Historia de Nicolás I Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos" (1911), "Pronunciamiento de la Compañía de Jesús contra el rey de España en la Misiones" (1911), "La Suma del Poder Público. Opositores en los comicios (época de Rosas)" (1914), todas publicadas en la Revista de Derecho, Historia y Letras. El 5 de septiembre de 1914 fue nombrado por el Presidente de la Nación, Doctor Victorino de la Plaza, Director ad-honorem del Museo Histórico Nacional. En ese mismo año publicó el libro "Rosas. Su iconografía", que destacó su nombre entre los estudiosos del pasado argentino. El subtítulo de la obra indicaba: reproducciones de óleos, acuarelas, grabados, litografías, viñetas de imprenta, monedas, porcelanas, curiosidades, etc., precedidas de un breve estudio histórico sobre Juan Manuel de Rosas. El volumen, dedicado al Dr. Adolfo P. Carranza, fue esmeradamente impreso con la reproducción, casi total, de la iconografía conocida hasta ese momento de Rosas, presentando además una veintena de láminas de colores. Son muy útiles y revelan un amplio dominio del tema, las referencias de todo orden, que nos brinda el autor sobre cada una de las piezas reproducidas. Además le cupo la gran labor de la reorganización total del Museo Histórico Nacional, clasificando los objetos reunidos por Carranza de manera sistemática, en orden cronológico, con las limitaciones impuestas por el inadecuado edificio. Hombre de refinado gusto, conocedor de los museos de Europa, que había frecuentado en varios viajes, afrontó con entusiasmo la abrumadora tarea. Transformó las habitaciones del Museo, organizó una sala especialmente dedicada a San Martín, completó la sección dedicada a la época de Rosas que conocía a fondo y enriqueció las colecciones en el breve período de su dirección. El empuje inicial para la transformación de la biblioteca de Jockey Club lo dio Juan A. Pradère, quien desde 1911 hasta 1916 desempeñó importantes funciones en la Comisión Directiva del Club, ocupándose en forma directa de la marcha de la biblioteca. Gracias a su gestión se multiplicaron las adquisiciones de libros, efectuadas en las mejores librerías de la ciudad, tal el caso de las de Lajouane, Moen y Mendesky. Así, en la Memoria de 1911, las autoridades de la entidad pudieron informar que la biblioteca se había enriquecido con la incorporación de numerosas e importantes obras, tanto nacionales como extranjeras. También se señalaba que "el pensamiento y la mentalidad argentina se reflejan en las producciones de Mitre, López, Sarmiento, Alberdi, Estrada, Gutiérrez, Pellegrini, Cané, etc., etc., y los autores extranjeros contribuyen con sus obras más notables a perfilar la importancia de nuestra biblioteca que la Comisión Directiva se propone no descuidar, dotándola de todo cuanto sea digno de figurar en ella".En 1913, avanzando en su gestión, Pradère consiguió los fondos necesarios para adquirir una selecta colección americanista de 3.500 volúmenes, que había pertenecido al bibliófilo Santiago Priano y estaba formada por curiosas obras sobre la historia de las repúblicas americanas, antiguas ediciones rioplatenses -muchas de ellas con dedicatorias de puño y letra de sus autores- y una nutrida y poco común folletería. Para la misma época se iniciaron las tratativas para comprar la biblioteca del político español don Emilio Castelar, operación que se concretó en mayo de 1914. El conjunto estaba compuesto por 4.373 obras, con un total de 6.450 volúmenes. Prevalecían las obras editadas en francés, que eran 2.521. Las españolas alcanzaban a 1.202 y las inglesas a 316, completándose el total con las italianas, las portuguesas y las alemanas. En la venta se incluían también 71 obras de Castelar, impresas en diversos idiomas, y cuatro manuscritos autógrafos del prolífico escritor, que aún se guardan celosamente como testimonio de la nerviosa caligrafía de aquel maestro de la oratoria hispana. La incorporación de estos libros significó un avance notable para la biblioteca del Club, que enriqueció sus fondos con ediciones hispanas del siglo XVIII, gran cantidad de tratados jurídicos y ensayos sobre historia política e institucional. No faltaban en el conjunto los clásicos griegos y latinos, los ejemplos más elevados de la literatura europea e importantes estudios sobre cuestiones económicas y sociales, temas estos que fueron muy caros a los intereses de Castelar. Pradère falleció el 2 de agosto de 1916, precisamente en uno de los sillones de la biblioteca cuyo progreso tanto había contribuido a impulsar. Legó una obra formidable y también el desafío que representaba continuar por la senda que él se había encargado de abrir sin pausa ni reposo.
por Alberto Martín Heredia Gayán
Fuente: http://cablemodem.fibertel.com.ar/genealogiafamiliar/genealogiapradere.htm
- Jurisconsulto. Hizo los estudios en esta ciudad y cursó la carrera de abogacía en la Facultad de derecho hasta graduarse en Doctor en Jurisprudencia en 1901, con una tesis sobre "Las sociedades anónimas ante el derecho Privado Internacional". El tema era un asunto complejo e interesante por los errores legislativos y jurisprudenciales que existían con daños para los intereses nacionales. Sirvió de texto auxiliar que varias generaciones de abogados han leído con provecho. Fue secretario del Jockey Club, Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Diputado Nacional, miembro de varias instituciones y sociedades anónimas. Espíritu ilustrado, resultó un cultor de la historia patria, sobre la cual dio a conocer algunos interesantes estudios: "Historia de Nicolás I Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos" (1911), "Pronunciamiento de la Compañía de Jesús contra el rey de España en la Misiones" (1911), "La Suma del Poder Público. Opositores en los comicios (época de Rosas)" (1914), todas publicadas en la Revista de Derecho, Historia y Letras. El 5 de septiembre de 1914 fue nombrado por el Presidente de la Nación, Doctor Victorino de la Plaza, Director ad-honorem del Museo Histórico Nacional. En ese mismo año publicó el libro "Rosas. Su iconografía", que destacó su nombre entre los estudiosos del pasado argentino. El subtítulo de la obra indicaba: reproducciones de óleos, acuarelas, grabados, litografías, viñetas de imprenta, monedas, porcelanas, curiosidades, etc., precedidas de un breve estudio histórico sobre Juan Manuel de Rosas. El volumen, dedicado al Dr. Adolfo P. Carranza, fue esmeradamente impreso con la reproducción, casi total, de la iconografía conocida hasta ese momento de Rosas, presentando además una veintena de láminas de colores. Son muy útiles y revelan un amplio dominio del tema, las referencias de todo orden, que nos brinda el autor sobre cada una de las piezas reproducidas. Además le cupo la gran labor de la reorganización total del Museo Histórico Nacional, clasificando los objetos reunidos por Carranza de manera sistemática, en orden cronológico, con las limitaciones impuestas por el inadecuado edificio. Hombre de refinado gusto, conocedor de los museos de Europa, que había frecuentado en varios viajes, afrontó con entusiasmo la abrumadora tarea. Transformó las habitaciones del Museo, organizó una sala especialmente dedicada a San Martín, completó la sección dedicada a la época de Rosas que conocía a fondo y enriqueció las colecciones en el breve período de su dirección. El empuje inicial para la transformación de la biblioteca de Jockey Club lo dio Juan A. Pradère, quien desde 1911 hasta 1916 desempeñó importantes funciones en la Comisión Directiva del Club, ocupándose en forma directa de la marcha de la biblioteca. Gracias a su gestión se multiplicaron las adquisiciones de libros, efectuadas en las mejores librerías de la ciudad, tal el caso de las de Lajouane, Moen y Mendesky. Así, en la Memoria de 1911, las autoridades de la entidad pudieron informar que la biblioteca se había enriquecido con la incorporación de numerosas e importantes obras, tanto nacionales como extranjeras. También se señalaba que "el pensamiento y la mentalidad argentina se reflejan en las producciones de Mitre, López, Sarmiento, Alberdi, Estrada, Gutiérrez, Pellegrini, Cané, etc., etc., y los autores extranjeros contribuyen con sus obras más notables a perfilar la importancia de nuestra biblioteca que la Comisión Directiva se propone no descuidar, dotándola de todo cuanto sea digno de figurar en ella".En 1913, avanzando en su gestión, Pradère consiguió los fondos necesarios para adquirir una selecta colección americanista de 3.500 volúmenes, que había pertenecido al bibliófilo Santiago Priano y estaba formada por curiosas obras sobre la historia de las repúblicas americanas, antiguas ediciones rioplatenses -muchas de ellas con dedicatorias de puño y letra de sus autores- y una nutrida y poco común folletería. Para la misma época se iniciaron las tratativas para comprar la biblioteca del político español don Emilio Castelar, operación que se concretó en mayo de 1914. El conjunto estaba compuesto por 4.373 obras, con un total de 6.450 volúmenes. Prevalecían las obras editadas en francés, que eran 2.521. Las españolas alcanzaban a 1.202 y las inglesas a 316, completándose el total con las italianas, las portuguesas y las alemanas. En la venta se incluían también 71 obras de Castelar, impresas en diversos idiomas, y cuatro manuscritos autógrafos del prolífico escritor, que aún se guardan celosamente como testimonio de la nerviosa caligrafía de aquel maestro de la oratoria hispana. La incorporación de estos libros significó un avance notable para la biblioteca del Club, que enriqueció sus fondos con ediciones hispanas del siglo XVIII, gran cantidad de tratados jurídicos y ensayos sobre historia política e institucional. No faltaban en el conjunto los clásicos griegos y latinos, los ejemplos más elevados de la literatura europea e importantes estudios sobre cuestiones económicas y sociales, temas estos que fueron muy caros a los intereses de Castelar. Pradère falleció el 2 de agosto de 1916, precisamente en uno de los sillones de la biblioteca cuyo progreso tanto había contribuido a impulsar. Legó una obra formidable y también el desafío que representaba continuar por la senda que él se había encargado de abrir sin pausa ni reposo.
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Fuentes
