General Juan Antonio Álvarez de Arenales González

General Juan Antonio Álvarez de Arenales González[1]

Male 1770 - 1831

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  • Name  General Juan Antonio Álvarez de Arenales González 
    Title  General 
    Born  13 Jun 1770  Reynoso, Burgos, España Find all individuals with events at this location  [1
    Gender  Male 
    Died  4 Dec 1831  Moraya, Bolivia Find all individuals with events at this location  [1
    Person ID  I12285  Los Antepasados
    Last Modified  8 Jun 2011 

    Father  Francisco Álvarez Arenales,   d. 1779 
    Mother  María González 
    Family ID  F1489  Group Sheet

    Family  María Serafina González de Hoyos Torres,   d. 7 Sep 1851, Salta, Salta, Argentina Find all individuals with events at this location 
    Married  9 Sep 1795  Salta, Salta, Argentina Find all individuals with events at this location  [1
    • Testigos de aquella boda salteña fueron los cuñados de la contrayente, Juan Antonio Fernández y Francisco Antonio Valdés.
    Children 
     1. Florentín Antonio Arenales Hoyos,   b. 14 Mar 1797, Arque, Bolivia Find all individuals with events at this location,   d. Yes, date unknown
     2. José Ildefonso Arenales Hoyos,   b. 5 Feb 1798, Arque, Bolivia Find all individuals with events at this location,   d. 14 Jul 1862, Buenos Aires, Argentina Find all individuals with events at this location
    >3. María Josefa Natalia Arenales Hoyos,   b. 1 Dec 1807, Salta, Salta, Argentina Find all individuals with events at this location,   d. 15 Jun 1890, Buenos Aires, Argentina Find all individuals with events at this location
    >4. Juana Antonia Arenales Hoyos
     5. María Mercedes Álvarez de Arenales Hoyos
    Last Modified  23 Aug 2010 
    Family ID  F1488  Group Sheet

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  • Photos
    Alvarez Arenales González, Juan Antonio
    Alvarez Arenales González, Juan Antonio

    Documents
    Alvarez Arenales, Juan Antonio
    Alvarez Arenales, Juan Antonio
    Biografía Histórica
    por Molina Arrotea, García y Casabal
    Álvarez Arenales González, General Juan Antonio
    Álvarez Arenales González, General Juan Antonio
    Partida de nacimiento

  • Notes 
    • Brigadier General de las Provincias Unidas del Río de la Plata; Mariscal de campo y benemérito de la Legión de Honor en Chile y Gran Mariscal del Perú. "Nació el 13 de Junio de 1770 en la Villa de Reinoso situada entre Santander y Burgos (provincia de Castilla la Vieja.) Su padre, que pertenecía á una buena familia de aquel distrito, se proponía darle una educación liberal; pero arrebatado por la muerte, cuando su hijo apenas contaba nueve años de edad, lo dejó al cuidado de un hermano, que ocupaba en Santiago de Galicia uno de los principales destinos del clero. Bajo los auspicios de este venerable eclesiástico, el joven Arenales emprendió sus estudios elementales, en lo que acreditó singulares aptitudes; y siendo manifiesta su natural inclinación á las armas, obtuvo los cordones de cadete en el regimiento de Burgos, de donde pasó al Fijo de Buenos Aires á la edad de 14 años, perfeccionándose aquí en las ciencias exactas y demás atributos de su nueva profesión. Su contracción y buena conducta le merecieron la protección de los virreyes Arredondo y Melo, de los cuales, el primero lo destinó en clase de Jefe y Juez subdelegado en el partido de Arque, en la provincia de Cochabamba y el segundo lo condecoró con el grado de Teniente Coronel (Diciembre de 1794.)
      Testigo de los escándalos, abusos y vejámenes, con que los Gobernadores políticos y los párrocos agobiaban á la población indígena, cediendo a los sentimientos de humanidad y de justicia, elevó repetidos y circunstanciados informes al virrey, que si le trajeron el odio del Gobernador español Viedma, le proporcionaron un completo triunfo en Buenos Aires y hasta en el Consejo de Indias, a cuyo conocimiento llegaron sus reclamaciones. El mismo espíritu de filantropía lo acompañó a las subdelegaciones de Cinti y de Yamparaes donde desplegó el mayor celo en la exacta e imparcial administración de justicia tomando bajo su inmediata protección á los indígenas, de cuya suerte se mostró mas especialmente solícito, por sor los mas oprimidos."
      "Estos deberes, que estaban da acuerdo con sus inclinaciones y sus compromisos, eran fáciles; mas el descontento que reinaba en las colonias amenazaba un pronto y general sacudimiento, que debía colocar al señor Arenales en el mayor conflicto por su origen español y por su enlace con una dama del país. Pero las afecciones de padre y de un corazón verdaderamente americano por sentimiento y por educación, al que indignaba el despotismo de la Metrópoli, acallaron cualquier otro sentimiento, y cuando la heroica ciudad de la Plata dio la voz de alarma en la noche del 25 de Mayo del año 9, despertando a las demás provincias, el General Arénales, que hallábase a la sazón en la misma ciudad, se prestó a aquel noble entusiasmo, admitiendo el nombramiento de Comandante General de Armas conferido por la Audiencia y encargándose de la organización y disciplina de varios cuerpos de milicia, cuya presencia bastó á conservar el orden en aquel momento de crisis. Y en realidad no fue mas que un momento; porque las fuerzas combinadas a las órdenes de los Generales Nieto y Goyeneche, sofocaron aquel primer grito de libertad, hundiendo en sangre a la ciudad de la Paz y poblando de víctimas los calabozos del Alto Perú.
      Seis meses gimió en ellos el señor Arenales, y después de confiscados sus bienes, fue arrastrado a las mazmorras del Callao donde permaneció quince meses durante los cuales estuvo á punto de ser fusilado. Su evasión de aquel presidio, su naufragio en Moliendo, la desnudez y estrecha miseria a que se vio reducido, la noticia que recibió en las inmediaciones de Chuqui saca de la fatal derrota del primer ejército patrio en Huaqui, suministrarán un tema abundante al que se proponga reunir en un foco los menores detalles de la vida de tan esclarecido campeón. La naturaleza y los límites de nuestro trabajo no nos permiten explotarlos.
      El general Arenales volvió al seno de su familia, aguardando una ocasión propicia para acreditar su adhesión á la causa de la Independencia; y no tardó en ofrecérsela el general Tristán, que en el año XII se internó con un ejército en la provincia de Tucumán, dejando una fuerza veterana en Salta. "A la primera noticia de la victoria del Tucumán (año XII) la ciudad de Salta se había pronunciado nuevamente en favor de la revolución. Esta reacción fue operada por los prisioneros de las Piedras que en número de ochenta se hallaban allí confinados, y el primer uso que hicieron de su triunfo fue poner á su cabeza a don José Antonio Alvarez de Arenales, que hacia por segunda vez su aparición en la escena revolucionaria.
      Por este tiempo, llegó á Tucumán Arenales, quien después de sofocado el pronunciamiento de Salta, había permanecido oculto en aquella ciudad, corriendo los mayores peligros para evadirse de la persecución de sus enemigos, pues su calidad de peninsular lo hacia doblemente odioso. Este hombre austero en sus costumbres, estoico por temperamento y tenaz en sus propósitos, reunía a las virtudes civiles del ciudadano los talentos del administrador y las calidades que requiere el mando militar en circunstancias difíciles. Belgrano no pudo menos de simpatizar con esta naturaleza privilegiada, muy superior á la de los amigos que acababa de perder (Holemberg y Moldes) y su franca amistad, su resolución ardiente y reconcentrada, contribuyó tal vez a curar aquella alma enferma por odios nacientes, afecciones burladas y hostilidades indignas.» (Mitre)
      Hallóse en la memorable victoria de Salta (año 13) y participó de su gloria peleando al lado del general Belgrano. Como se sabe, esos triunfos y la entrada del ejército en las provincias del Alto Perú, extendieron la influencia de la revolución hasta la línea del Desaguadero, despertando en sus habitantes el espíritu de libertad e independencia. Fue nombrado por esa época (año XIII) por el general Belgrano, Gobernador Intendente de la provincia de Cochabamba que decididamente se había pronunciado por la causa de la revolución. Cuando los desastres de Vilcapujio y Ayohuma, obligaron a los restos salvados del ejército a retirarse a Tucumán, el entonces Coronel Arenales quedó en Cochabamba cortado y en un completo aislamiento. Este bizarro jefe, dice el general Paz, tuvo que abandonar la capital, pero sacando la fuerza que él mismo había formado y los recursos que pudo, se sostuvo en la campaña, retirándose a veces a los lugares desiertos y escabrosos, y aproximándose otras a inquietar a los enemigos a quienes dio serios cuidados.
      La campaña que emprende desde ese momento el Coronel Arenales, coronado de triunfos, es su gloria inmortal. El señor Angelis en los rasgos biográficos sobre Arenales dice: "No excedía de doscientos hombres la fuerza de que podía disponer el Coronel Arenales, que cual otro Leónidas, emprendió hacia Santa Cruz de la Sierra, al través de millares de enemigos, arrollándolos en los varios encuentros que tuvo con ellos, y aprovechando de estos repetidos triunfos para inflamar el valor de sus tropas hasta llevar el ataque á 900 españoles al mando del Coronel Blanco con solo 300 hombres en la acción de la Florida, uno de sus mayores timbres de gloria. Aun no habían cesado los cantos del triunfo, cuando el Coronel Arenales que se había separado momentáneamente de su tropa avanzándose en prosecución de los prófugos, se vio en la precisión de defender su vida contra 11 soldados enemigos, que lo acechaban para lavar en su sangre la afrenta de sus compañeros. La lucha fue larga y obstinada; pero al fin sucumbieron los agresores, 3 de los cuales quedaron muertos y los demás heridos. Arenales, extenuado por la pérdida considerable de la sangre que manaba de su cuerpo por catorce heridas de sable, hubiera perecido también sin la oportuna intervención de algunos de sus soldados atraídos por las descargas que se oían en las inmediaciones del campo. Una de las principales calles de Buenos Aires toma su nombre de esa memorable jornada. Para que lo fuera eternamente, y mas pura, si cabe, la gloria de Arenales, ese hecho de armas por una singular coincidencia tuvo lugar el 25 de Mayo de 1814; aniversario de dos revoluciones americanas, en una de las cuales tomó parte activa el mismo Arenales, sufriendo después por ella senas penalidades como queda dicho.
      Por decreto del Director Posadas (Noviembre 9 del mismo año) honró los vencedores; a los oficiales con un grado inmediato al de su clase - y a la tropa con un escudo en paño blanco con vivos celestes y la inscripción: «i»La patria á los vencedores de la Florida«/i»; reservándose el gobierno, dice en su decreto, premiar al coronel Arenales conforme á su relevante mérito. San Pedro, Postrer Valle, Suipacha, Quillacollo, Vinto, Sipesipe, Totora, Santiago de Cotagaita y otros puntos donde combatió y venció, forman los florones de la corona que ciñe la frente del héroe de la Sierra.
      Por fin, después de diez y ocho meses de fatigas y peligros, Arenales con su división de mil doscientas plazas, levantada en su totalidad despensas únicamente de sus propios esfuerzos, con las armas y elementos que sucesivamente fue quitando a los enemigos en la guerra; se incorporó al ejército libertador que abría una nueva campaña al Alto Perú, donde prestó aquel importantes servicios.
      Fue por ese tiempo que el gobierno de las Provincias Unidas lo elevó al rango 40 coronel mayor. Al espirar el año XV, después del desastre de Sipesipe (en que no se halló) se retiró con los restos del ejército a la ciudad de Tucumán. Algunos juicios o apreciaciones contradictorias que lastimaban su honor indujo al pundonoroso General Arenales a solicitar la instrucción de un expediente en esclarecimiento de su conducta y servicios rendidos a la causa del país, en el cual recayó este decreto del director Pueyrredon: "Hallándose este gobierno con pruebas irrefragables de la virtuosa comportación, decidido patriotismo y fidelidad del ciudadano de las Provincias Unidas, Coronel Mayor de los ejércitos de la Patria, don Juan A. A. de Arenales, y en el concepto de que cualesquiera que fuesen los esfuerzos con que la maledicencia pretenda oscurecer sus distinguidos servicios a la causa de la libertad, jamás contrastarán la ventajosa opinión que este benemérito jefe ha adquirido en el concepto público de la gran familia americana; sobreséase en la prosecución de este expediente que se devolverá al interesado por conducto del General en Jefe del ejercito auxiliar del Perú, para su satisfacción etc. etc."
      Permaneció en Tucumán prestando siempre el concurso de su incansable actividad y de sus luces en el desempeño de comisiones importantes, y fue nombrado Gobernador de Córdoba en cuyo puesto se hallaba en 1819. La guerra civil principia por entonces a interrumpir los triunfos de la guerra de la Independencia Americana. "No queriendo tomar parte en las disenciones con que veía amagada su patria adoptiva, prefirió hacer por tercera vez el sacrificio de su vida en defensa de la libertad americana.
      Se dirigió, pues, á Chile, donde el general San Martin, que a la sazón estaba preparando su gloriosa expedición al Perú, puso a la disposición de su antiguo amigo y compañero una de las mejores divisiones del ejército. "Desde que el General Arenales se presentó al General San Martin en 1820, éste le honró siempre con el tratamiento de «i»compañero, «/i»así en la correspondencia como en el trato familiar; siendo Arenales el único general de los de su tiempo que obtuvo tan señalada y constante distinción, hasta en los actos de etiqueta."
      Ahora parécenos oportuno hacer conocer la fisonomía moral del personaje, a quien el General Mitre en su Historiado Belgrano, califica de «i»hombre de virtudes espartanas. «/i»Preferimos para ello la pluma de un subalterno suyo, general después, que trazó estas líneas: El General Arenales sin dejar de tener un corazón bondadoso, generoso y noble, tenia el defecto de ser poco cortesano, urbano, amable: era hombre de una pieza: severo, inflexible, ríspido, como no hemos tenido otro jefe; y para que se forme juicio de su persona, séame permitido decir algunas de sus costumbres. En la campaña de la Sierra no tenia mas que un solo ordenanza que cuidaba de su caballo de batalla, su mula de marcha y su equipaje que estaba contenido en dos petacas y nada mas. El por sus manos ensillaba y desensillaba su mula, y no consentía que ningún otro se lo hiciera: sabía herrar perfectamente y por consiguiente, él herraba su caballo y sus mulas: en las marchas cargaba un par de alforjas en su silla, en las que llevaba una servilleta con pan y queso, un cubierto, un jarro de plata, un pedazo de carne cocida o asada, y un poco de maíz tostado: este era su alimento favorito. En los descansos que daba a la columna en las marchas, se apartaba un poco del camino, le quitaba la brida a su mula para que ramonease, bajaba sus alforjas y almorzaba ó tomaba algo."
      Tan escrupuloso en todos sus actos administrativos, que fiscalizaba y mezquinaba los intereses públicos mas que los suyos propios. Huía de las ovaciones de los pueblos a extremo de manifestar enfado cuando le era imposible impedirlas o rehusarse. Jamás en sus mejores días le envaneció la victoria: El señor Paz Soldán, también dice á su respecto: "Era el verdadero tipo de la disciplina y estrictez militar, para quien la ordenanza era el código mas sagrado e inviolable que conocía y si ella prohibía una cosa u ordenaba otra, antes daría su vida que quebrantar su sagrado «i»Decálogo: «/i»una seca y terminante contestación de «i»la ordenanza lo manda; ó la ordenanza lo prohibe, «/i»era todo su argumento á lo que se le dijera en contrario."
      Se citan hechos personales que comprueban su rigidez militar. En el Perú al frente de la división que le había confiado San Martin, compuesta de 1,138 hombres, debía adquirir menos lauros y señalar su larga carrera con triunfos importantes para la causa de la Independencia americana. Rápidamente llega las ciudades de Ica, Pisco, Guamanga, Jauja etc. etc., donde el germen revolucionario había cundido: espanta a los enemigos, y fuerzas desprendidas de la división sorprenden algunos destacamentos y recogen cantidad de armamento que aquellos abandonan en su precipitada fuga. Siguiendo sus marchas encuentra la división enemiga del General O'Reilly que había salido de Lima a batirlo. El General Arenales dispone y ordena sus tropas que ejecutan movimientos estratégicos antes de lanzarlas al combate, y no sin haber precedido un previo reconocimiento practicado por el jefe en persona, del paraje Serro de Pasco . La fuerza de O'Reilly es de 1,200 hombres de batalla, y la patriota de 860. Iniciada la lucha por parte de Arenales su resultado es obtener un triunfo espléndido. Esta jornada costó al enemigo 58 muertos incluso un oficial, 18 heridos con otro oficial, y 343 prisioneros, inclusos 23 oficiales desde la mayor graduación. Se tomó además dos piezas de artillería, de trescientos a cuatrocientos fusiles, todas las banderas y estandartes, pertrechos, equipajes, música y cuanto tuvieron que perder, sin haber fugado cinco hombres reunidos. En la persecución cayó prisionero el mismo O'Reilly.
      En honor de los vencedores San Martin dio el decreto que sigue en la orden del día 13. " La división libertadora de la Sierra, ha llenado el voto de los pueblos que la esperaban: los peligros y las dificultades han conspirado contra ella á porfía; pero no han hecho mas que exaltar el mérito del que la ha dirigido, y la constancia de los que han obedecido sus para unos y otros, se grabará una medalla que represente las armas del Perú por el anverso y por el reverso tendrá la inscripción: «i»A los vencedores de Pasco. «/i»El general y los jefes la traerán de oro, y los oficiales de plata pendiente de fina cinta blanca y encarnada; y los sargentos y tropa usarán al costado izquierdo del pecho un escudo bordado sobre fondo encarnado con la leyenda: «i»Yo soy de los vencedores de Pasco." «/i»El nombre de esta acción y el del general son las partidas de bautismo de dos calles de esta ciudad.
      Termina con esta victoria la primera «i»Campaña á la Sierra. «/i»Diremos aquí que los territorios de la Sierra son grandes desiertos arenosos cuyo suelo ardiente quema la planta de los pies, y la atmósfera es un horno de reverbero. En la Sierra la refacción del aire y el reflejo de los hielos producen enfermedades penosas. Pues bien: por estos ingratos parajes la división anduvo cientos de leguas en una y otra expedición. La división se incorporó al ejército en Enero de 1821: su presencia trajo á la memoria de todas las fatigas, los riesgos y la gloria de que se había cubierto: el ejército la saludó triunfante, y con los honores que se tributan á los vencedores. Ella presentó a San Martín 13 banderas y 5 estandartes , entre las que se habían tomado en las provincias de su tránsito, ó en el campo de batalla. En Abril del mismo año se abre una nueva campaña á la Sierra; la anuncia el general San Martin a los habitantes de Tarma en una proclama, de la que, tomamos estos párrafos: "Allá os envio una división de guerreros invencibles, destinada a no abandonaros hasta haber puesto vuestra existencia y libertad al abrigo de la opresión. A su cabeza está el general Arenales, vuestro protector, y el azote de los tiranos del Perú: ya le conocéis. Seguid á Arenales; ved cual vuela de triunfo..."
      En otra proclama a los soldados, les dice: "Vuestro destino es escarmentar por segunda vez a los opresores de la Sierra; el general que os dirijo conoce tiempo ha el camino por donde se marcha á la victoria. El es digno de mandaros, por su honradez acrisolada, por su habitual prudencia, y por la serenidad de su coraje: seguidle y triunfareis." Emprende esta campaña desde Guaura, llega a Oyon, pasa en seguida a Pasco, a Tarma y después á Jauja. A la aproximación de las fuerzas libertadoras el enemigo se retira sin intentar medir sus armas, por mas que combinando las suyas tuviera un número mayor, aparte de otras ventajas. En las ciudades y pueblos donde la división llegaba, sus habitantes la recibían poseídos de un entusiasmo tan grande como verdadero y sincero. Ica, Tarma, Huamanga y las demás nombradas, juraron la Independencia de la patria, ceremonia que se verificó por disposición del general, con la mayor pompa y lucimiento.
      En el curso de esa campaña, circunstanciadamente descrita por el coronel Arenales, tuvo por dos ocasiones el general la oportunidad de batir al enemigo con éxito seguro. Pero desgraciadamente un armisticio celebrado por el general San Martin y el virrey La Serna, primero, y órdenes superiores después, le impidieron realizar sus más decididos propósitos. No se libró ningún combate importante, pero las partidas guerrilleras hostilizaron al enemigo con energía y decisión, causándole pérdidas de no poca consideración entre las que la deserción y desmoralización de las tropa, no eran las menores; una de ellas atacó repentinamente al general Ricafort, le quitó y aprisionó muchos soldados, y el bravo capitán Quirós que la mandaba, se arrojó sobre el mismo general, y logró romperle una pierna con un tiro que le disparó.
      Pero uno de los mejores resultados de la expedición a la Sierra, fue contribuir eficazmente al mejor éxito de las operaciones del ejército libertador. Diversas apreciaciones se habían emitido acercada la última campaña de la Sierra, y aunque el nombre del general Arenales quedó al fin ileso, con todo, paréce nos oportuno transcribir el juicio de un historiador nombrado ya: "Arenales y San Martin tenían muy distinto modo de llevar a cabo la Independencia del Perú; el primero creía que con operaciones militares y con un ejército numeroso debía resolverse todo en un combate, aprovechando de las ocasiones favorables que ofrecía el enemigo; el segundo lo esperaba todo del entusiasmo de los pueblos, de la desorganización en que se hallaban los españoles y de la guerra de recursos y estratagemas con que los hostilizaba; este plan, aunque lento, lo consideraba mas seguro para coronar el éxito de su misión y asegurar los resultados; el uno esperaba conquistarlo todo como guerrero, el otro como político."
      La división regresó á Lima en los primeros días de Agosto de 1822, siendo recibida con demostraciones públicas de simpatía; su jefe cuyo carácter conocemos ya, anticipó su entrada de particular. Nombrado entonces comandante militar y civil del departamento de Trujillo, y siguiendo las instrucciones del libertador San Martin, formó y disciplinó dos batallones de infantería y dos escuadrones de cazadores a caballo, y además mandó á Lima mil ochocientos reclutas. De acuerdo con el general Sucre gobernador de Guayaquil se había combinado el plan de libertad a Quito y cuando todo estaba pronto para esa campaña una grave enfermedad lo postró, y tuvo que ceder a otro la gloria de Pichincha. Restablecido de su salud, fue llamado a la capital para activar la expedición que se proyectaba a Puertos Intermedios, la que marchó efectivamente, rehusando ponerse a su frente Arenales, no obstante haber declarado el general Sucre, que serviría á las órdenes de aquel, pues reconocía su antigüedad y méritos y ser Arenales un acreditado general. Fue nombrado luego y aceptó el comando en jefe del ejército del Centro para expedicionar a la Sierra.
      Las divisiones políticas empiezan en aquel tiempo a retardar el triunfo definitivo contra los enemigos de la Independencia. No pudiendo Arenales iniciar su campaña por falta de elementos y de recursos, pide sus pasaportes para el Río de la Plata, protestando que solo continuaría en el mando si el gobierno le garantizaba recursos y el apoyo do su autoridad. Convino en ello el gobierno de la Junta, pero sus promesas estaban lejos de cumplirse porque el espíritu de partido lo dominaba todo, y su situación era cada día mas critica. El Congreso quiso premiar los méritos y servicios de Arenales y le acordó una medalla de oro con la inscripción: "El Congreso Constituyente del Perú al mérito distinguido." Agradeciendo este honroso y merecido premio, expuso al Congreso el mal estado de su división y su incapacidad para buscar al enemigo en la Sierra. No consigue su objeto a pesar de su insistencia y vése obligado a pedir sus pasaportes manifestando deseos de ver su familia, que por su larga ausencia carecía de lo necesario. El Congreso decreta socorros la familia del general, a cuenta de sueldos y premio acordado por la Municipalidad.
      Agrega el historiador a quien seguimos, que el sufrimiento del ejército llegó a su colmo, y el inflexible Arenales se vio en la necesidad de elevar una formal queja, firmándola con todos los jefes de los cuerpos, a nombre del ejército, manifestando el abandono en que este se hallaba, no cubriéndole sus bajas que aumentaban; no atacando al enemigo y haciendo palpables todos los males que resultaban de esa inacción; terminaba su exposición suplicando que se emprendiera la campaña, pues que con la ocupación de la Sierra se abrirían nuevos recursos a la capital y se destruiría en parte el descontento general que produce la inacción y la miseria. La anarquía estaba próxima á estallar, y rechazando con indignación las ofertas de encabezar un movimiento político dijo: "Antes de aceptar un peso superior a mis luces y unos medios tan humillantes de obtenerle, hubiera preferido la muerte."
      Alejado del Perú, pasó á Chile, donde fue recibido con públicas demostraciones de aprecio y cuyo gobierno le había antes condecorado con el grado de Mariscal de Campo y con las insignias de oficial benemérito de la Legión de Honor; como antes de la salida del Perú había recibido los despachos de Gran Mariscal. Vuelto a Salta (1824) a gozar en medio de su familia de la tranquila vida del hogar, sus conciudadanos le honraron brindándole el puesto de Gobernador de la Provincia.
      A los cuidados de la administración interior, se reunieron otros que interesaban a toda la República. Encargado por el gobierno de atacar al general Olañeta, que después de la gloriosa jornada de Ayacucho, permanecía al frente de una fuerza realista entre el Desaguadero y Tupiza, marchó con una división para dispersarla. Pero el fin trágico de este caudillo, que murió víctima de la indisciplina de sus soldados, hizo inútil su intervención. Allí fue dignamente acogido por los pueblos y por el vencedor de Ayacucho.
      De regreso a Salta se ocupó de alistar y organizar un cuerpo de 500 veteranos para engrosar las filas del ejército que se aprontaba para la guerra contra el Imperio. Por ese tiempo tuvo lugar el pronunciamiento de Tarija en Provincia independiente, rechazando al Teniente Gobernador Gortaliza, a pesar de los esfuerzos del General Arenales que se encontró sin el apoyo del Gobierno Nacional a consecuencia de la guerra. Las reclamaciones de Arenales quedaron suspendidas por disposición superior a virtud de la misión Alvear cerca del Libertador Bolívar. Los esfuerzos posteriores del General Arenales tendientes a evitar la desmembración no bastaron evitarla, por la decisiva influencia del caudillo colombiano.
      "El General Arenales, estrechamente ligado al gobierno presidencial, y sobre todo a la persona de Rivadavia, era la principal columna con que el gabinete presidencial contaba para organizar un poderoso grupo de fuerzas, que apoyando a Lamadrid en Tucumán, pudiera servir para desalojar de la provincia de Santiago a Ibarra, a Bustos de la provincia de Córdoba, restablecer en ambas el partido enemigo de estos caudillos, que por lo mismo empezaba a llamarse «i»liberal, «/i»y«i» «/i»sofocar por fin en la Rioja la naciente y funesta nombradla de Quiroga." No alcanzó a prestar su cooperación á ese plan, porque un movimiento político interno, le obligó a dejar el mando gubernativo no sin haber pasado antes por algunos disgustos motivados por la ambición de los aspirantes; emprendió un viaje a Bolivia donde su amigo el general Sucre lo hospedó con toda clase de consideraciones. Dedicóse a las faenas de una hacienda de su propiedad, velando así por el porvenir de su familia.
      A fuer de imparciales es deber nuestro confesar que hallamos un lunar en la vida pública del ilustre General Arenales: dio retroactividad a una ley de la Legislatura y entregó en consecuencia al Gobernador de Tucumán que lo reclamaba, al Coronel don Bernabé Araoz, que fue fusilado inmediatamente después. A principios de Diciembre de 1831 salió nuevamente de Salta dirigiéndose a casa de uno de sus parientes en Bolivia, prefiriendo de este modo no presenciar los estragos de la guerra civil, y esperar el restablecimiento de la tranquilidad pública. Pero sorprendido en el camino por una inflamación de garganta, se detuvo en Mavaya, cerca de Mojo, y espiró el 4 del mismo mes (1831) en brazos de sus hijos y otras personas de su familia que lo acompañen en su última peregrinación.
      El periódico el Telégrafo Mercantil Rural de (1801-1802) publicó en sus columnas una descripción escrita por el General Arenales de las provincias de Pilayoy Paspaya. Dedicó á Buenos Aires en testimonio de su particular adhesión a este magnánimo pueblo una de las banderas que la división libertadora a sus órdenes en la campaña del Perú, arrebató a los enemigos de la Independencia. Esa bandera fue presentada por su hijo el Coronel Arenales al Gobernador de esta provincia. "El General Arenales, de quien hemos bosquejado tan rápidamente la vida, debe ocupar un gran lugar en los fastos del Nuevo Mundo, y su espada, tan formidable a los españoles, y que nunca se apuntó al pecho de ningún americano, formará algún día uno de los más espléndidos ornamentos del Panteón Argentino, donde no dudamos que se trasladen con la pompa debida al vencedor de la Florida y de Pasco, las cenizas que descansan ahora fuera de su patria adoptiva, aunque en el teatro glorioso de sus primeras hazañas." (Angelis.)
      por Carlos Molina Arrotea, Servando García y Apolinario C. Casabal, «i»Diccionario Biográfico Nacional, «/i» Buenos Aires 1877

  • Sources 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito), Tomo III, Los Hoyos (Reliability: 3).