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El proyecto de monarquía americana... (Parte III)

Ratio:  / 3
MaloBueno 

por J. Santiago Castillo – Illingworth

(Leer aquí la primera parte de este artículo)

(Leer aquí la segunda parte de este artículo)

Las ideas monárquicas en América

Si así veía el Internuncio la situación de las repúblicas americanas frente a la posibilidad de una vuelta a la monarquía ¿cuál era el pensar de los americanos respecto a esa posibilidad?

Retrotrayéndonos a la época de la independencia, y a las fórmulas que entonces se pusieron de manifiesto como un modo de acabar con las guerras y de llegar a un acuerdo con España, es claro que la idea fue siempre la de separar las posesiones españolas de la metrópoli y crear en ellas estados independientes, organizados bajo la forma de monarquías constitucionales.  Así, el Plan de Iguala de 1821, preveía el establecimiento de una monarquía moderada, es decir constitucional, con Fernando VII como Emperador, estableciéndose la posibilidad de llamar a un Infante español en caso de que don Fernando no pudiese venir a América. (1)

Sintomática es la perplejidad producida en el cabildo abierto reunido en Buenos Aires el 22 de mayo de 1810, donde la discusión se centra en buscar el modo de mantener la legitimidad del gobierno por sobre todas las cosas, legitimidad que solo podía encontrarse salvando de algún modo el principio monárquico (2). Por lo que se refiere a la Argentina, un autor contemporáneo señala que "Desde 1815 el ideal republicano de los revolucionarios perdió terreno en beneficio de las ideas monárquicas.  La necesidad cada vez mayor de restablecer el orden interno y el prestigio de la autoridad, la urgencia de conservar la unidad del Estado, el deterioro económico, fueron todos factores que impulsaron  a adherirse a una forma monárquica de gobierno" . (3)

En la Argentina, se barajaron alternativas monárquicas, que iban desde la coronación de un descendiente de los Incas, planteada al Congreso por Manuel Belgrano, hasta la fórmula planteada por la misión Rivadavia - Belgrano, destacada en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que pensó en un hijo de Carlos IV, para reinar sobre ellas (4) pasando  por la candidatura de un príncipe de la casa de Bragaza, o la de Luís Felipe de Orleans, propuesta en agosto de 1818 por Pueyrredón (5).

 

Por su parte San Martín en su entrevista con el virrey La Serna, celebrada en junio de 1821, planteó una regencia, como fórmula para un gobierno independiente del Perú, hasta la llegada de un príncipe español y como un modo de terminar la guerra (6).

El propio Bolívar acerca de cuyas ideas monárquicas se ha escrito tanto, parece que deseó para la América del Sur, una solución parecida a la que O´Donoju proponía para el norte, a pesar de que en 1821, las instrucciones dadas por el gobierno neogranadino a los plenipotenciarios Revenga y Echeverría para que negociaran en España el reconocimiento de la independencia, excluían expresamente dos posibilidades:  la formación de una federación política entre España y los países americanos  y “..la institución de un régimen monárquico en Colombia” (7).

Quito fue un caso singular:  el pasquín fijado en las calles de la ciudad al día siguiente de la batalla de Pichincha sentenciaba  “..último día del despotismo y primero de lo mismo”.  Para el actual Ecuador, la emancipación no significó otra cosa que la salida de la tutela de España, para caer en la de Colombia, luego de ser traída y llevada durante los años de la administración española, por los virreinatos de Santa Fe y de Lima.  El Ecuador no alcanzará su independencia, a pesar de los pronunciamientos de agosto de 1809 y de la revolución guayaquileña de octubre de 1820, que marca el inicio de las luchas por la independencia, que culminarán en Pichincha el 24 de mayo de 1822, sino hasta 1830, cuando se produzca la separación de la Gran Colombia y su  posterior andadura en solitario entre dos vecinos nada pacíficos por cierto.  Quito se adhirió al régimen juntista establecido en España a raíz de la invasión napoleónica, y en tal virtud proclamó el 10 de Agosto de 1809 su adhesión incondicional a don Fernando VII y por lo mismo a la monarquía legítima (8).  Su historia inmediatamente posterior, dependerá en buena parte de la que siga Colombia y del diseño político de Bolívar.

Si bien la quiebra de la ilusión republicana se deja sentir pronto en América, no será sino a partir de 1847, cuando se vuelva a tratar más o menos abiertamente a niveles oficiales, de la posibilidad de instaurar monarquías en el Nuevo Mundo.  Por eso nos resulta un tanto curioso que en una fecha tan temprana como 1837, el Internuncio Apostólico apunte esa  posibilidad como fácilmente realizable de manera más o menos inmediata.  Si durante las luchas por la libertad, la idea de establecer monarquías en América se vio como una solución a las guerras mismas y como una forma de solucionar las controversias con España, ahora 25 años más tarde, se verá como una forma de enderezar y consolidar unas repúblicas que no han logrado fortalecerse y salir adelante por si mismas.

En todo caso, los intentos posteriores de establecer monarquías en América, coinciden con el proyecto del Internuncio, en que no puede tratarse de reconquista por parte de España, sino instauración de monarquías, que respeten la independencia nacional; sin embargo, en todos los casos y hasta la década de los 60, se trata de establecer en América príncipes españoles: ninguno de los proyectos de que se tiene noticia, entre la época de la independencia y la década de los 60 apunta siquiera la posibilidad de establecer dinastías diversas:  en este sentido, nos parece que los políticos americanos que así pensaban, tenían más en cuenta el vínculo que indudablemente unía y une a España con América, que las razones de conveniencia política, reales por cierto, que señala Baluffi en sus informes.

Baluffi se presenta así como un hábil político, que ve no solo el aspecto sentimental e inmediatista del asunto, sino que tiene en cuenta razones de indudable peso:  el cambio profundo que supuso en el XIX la ideología liberal, las conveniencias comerciales, los riesgos que suponía un desequilibrio de fuerzas, con España controlando prácticamente todo el continente americano desde México a Tierra del Fuego.

¿Pero... quería en verdad América la restauración de la forma monárquica de gobierno? La reacción unánime de rechazo a la invasión floreana de 1846, que tenía el propósito cierto de establecer una monarquía en el Ecuador, con ramificaciones hacia Bolivia y Perú, parecen desmentir la tesis del Internuncio;  es verdad que esta intentona se producirá poco menos de 10 años después de los Informes, y por lo tanto las circunstancias podían haber variado, pero todo parece indicar que tanto en el caso de Flores, como en el de los otros caudillos americanos que lo intentaron, la idea de la restauración monárquica era solo y simplemente otro de los modos para perpetuarse en el poder, esgrimido por determinados políticos, que veían en la fórmula un modo de obtener con relativa facilidad el respaldo a sus planes en una potencia fuerte como España o incluso como Francia, en los proyectos posteriores a 1860.

En 1846, América y en particular el Ecuador, se verá sacudida con la noticia de que el general Juan José Flores, primer presidente de la república, prepara una expedición con la colaboración directa de España y con la aquiescencia al menos implícita de Inglaterra y Francia, con el objeto de recuperar el poder perdido y de establecer una monarquía, de la que sería titular uno de los hijos habidos del matrimonio secreto de la reina Cristina, viuda de Fernando VII, con Antonio Muñoz, Duque de Ríansares (9).  La noticia corre por América como reguero de pólvora, provocando las más entusiastas muestras de adhesión a la causa republicana y a la defensa de la independencia y libertad de América. 

El 29 de diciembre de 1846, el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, se dirigía al de Venezuela, haciendo una clara alusión al proyecto monárquico:

“... como no parece probable que los designios de la expedición española sólo se limiten a restablecer en el mando del Ecuador al caudillo que la dirige, según la opinión generalmente emitida por la prensa europea, los gobiernos de Chile, Perú y de la Nueva Granada, han creído que todo acto de intervención trasatlántica es atentatorio a la independencia de los Estados hispanoamericanos, o al menos a la forma popular representativa de sus Gobiernos y que por ello interesa a la política americana repeler de mancomún acuerdo toda fuerza que tratase de intervenir en las cuestiones domésticas de alguna de las citadas Repúblicas” . (10)

Las Cancillerías americanas, tan pronto se enteraron del proyecto de expedición que preparaba Flores, y sus intenciones, cerraron filas en defensa no solo de la independencia americana, sino de cualquiera de las naciones del continente que se viera afectada por el proyecto, suponiéndose, en un primer momento de confusión, que el destino de la expedición sería México, Bolivia, Ecuador o el Perú (11).

En el archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, se conservan copias de la correspondencia recibida y despachada en Buenos Aires, que la Cancillería argentina creyó oportuno hacer llegar a la ecuatoriana, para mantenerla debidamente informada; de esa documentación se desprende claramente, que la postura de los gobiernos americanos no estuvo, como ha sugerido Gimeno (12), influida por el Ecuador, en su afán de obtener protección frente a Flores;  en septiembre del 46, el agente argentino en París, informa desde Bruselas a su cancillería:

“Un acontecimiento escandaloso y de la mayor gravedad está pasando actualmente en España.  El ex - Presidente Flores del Ecuador, que tuvo que abdicar y retirarse del mando del modo que a V.S. le consta, está reclutando en España con conocimiento y connivencia de aquel Gobierno, una fuerza que según se asegura no bajará de seis mil hombres destinada a recuperar su autoridad perdida, invadiendo su antigua presidencia.  A cualesquiera le ocurre que en negocio de esta naturaleza, Flores no puede ser más que un testa de fierro, que sirve de instrumento para promover los intereses de quien suministra los medios para realizar la empresa. Flores fue muy bien recibido por el Rey en París y lo ha sido más en España, pues que en una función de palacio, se le dispensó la honrosa distinción  de que bailase con la Reina.-  Todo concurre a persuadir que el plan que actualmente se ejecuta en España se ha organizado en Francia y tampoco deja de ser muy verosímil, sea con conocimiento y aquiescencia de la Inglaterra.  Cuando salí de París se anunció como positiva la llegada a uno de los puertos de Francia, del general Santa Cruz;  después no se ha vuelto a hablar más de él, ni se ha parecido en París, como cosa natural.  Esta circunstancia me hizo sospechar se hubiera metido en España;  he escrito pidiendo informes sobre el particular y hasta ahora no he recibido contestación” (13).

El gobierno peruano, se dirigió al argentino, para hacerle conocer que no puede permanecer como simple espectador, 

“... sin unir sus votos y esfuerzos a los de todos los pueblos de América para sostener la independencia común y la identidad de principios y de instituciones que acordes adoptaron desde que sacudieron el ominoso yugo español.-  En los derechos del Ecuador, ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano y como una violación de la justicia natural y del derecho de gentes cuanto se haga por quién quiera que sea con el objeto de arreglar los asuntos interiores de un pueblo libre de Sud América” . (14) 

El gobierno chileno, teme que la expedición tenga por objeto sostener a la Confederación Perú – Boliviana y en ese sentido urge a la Argentina a tomar postura; supone en conocimiento del gobierno Argentino de las noticias de la expedición procedentes de Europa, expedición que podría tener como objeto invadir algunos de los nuevos Estados probablemente los del Pacífico:

"..y que el Gobierno español tiene algún interés en ello según la conducta que ha observado, que de otro modo sería completamente inexplicable.  Se recela también con bastante probabilidad que los Generales Flores y Santa Cruz estén unidos en la empresa, y que se trate de resucitar, bajo una forma u otra, tal vez la monárquica, la antigua Confederación Perú – Boliviana (...) el Gobierno de Chile ha creído que el asunto era de una importancia demasiado trascendental, para que no se tomasen desde luego providencias contra todo peligro,  y, tiene fundamento para  pensar que sus vecinos participan  de la misma solicitud y están decididos a coadyubarlas.   Me hallo persuadido de que el Gobierno de V.E. no mirará con indiferencia un acontecimiento tan grave, aun en medio de los altos objetos que en estos momentos ocupan su atención, y creyéndolo así el Presidente, me ha ordenado dirigir esta comunicación a V.E. a quién ruego se sirva someterla al Exmo. Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de las relaciones Exteriores de la Confederación Argentina.”  (15)

El canciller del Uruguay, informado por el de Argentina, contesta en febrero de 1847:

“... Impuesto detenidamente de todo. S.E. el Presidente de la República, ha ordenado al infrascrito contestar que este Gobierno aprecia con la más intensa gratitud, la noticia que le comunica el Excmo. de la Confederación Argentina sobre un asunto, efectivamente de tanta importancia, de un interés tan vital, para todas las repúblicas del Continente Americano.-  Así mismo mira S.E. con el mayor placer la noble decisión con que los Excmos. Gobiernos de la Confederación Argentina, de Chile y el Perú se proponen unir sus esfuerzos para repeler la infame invasión con que se les amenaza por los espurios traidores Flores y Santa Cruz, bajo la protección o connivencia del Gobierno Español , que por tales actos parece haber estado ocultando, bajo engañosas cenizas, el incendio del resentimiento contra los pueblos sud americanos y una imprudente ambición a quién nada ha enseñado los reveses, ni el triste resultado que tuvo para España la pasada lucha por nuestra independencia.-  Por su parte el Gobierno de S.E. el presidente, no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud. Americanas.  Así es que uniendo el suyo al grito del continente indignado declara sin hesitación que mirará como injuria y ofensa propia la que en este caso se infiriese a cualquiera de las Repúblicas de Sud América;  que pondrá en acción todos sus esfuerzos y recursos para combatir la odiosa invasión y que estará pronto a correr con ellos donde quiera que lo haga necesario el peligro común”.  (16)

Otro proyecto monárquico, fue el intentado en 1848, por el presidente Carrera en Guatemala, quien llega a proponer a Isabel II “...dar el centro América, con el título de Rey a un príncipe de su familia”, con la condición de que se establezca “un Gobierno monárquico, pero al mismo tiempo enteramente independiente”, como único remedio a las calamidades que afligen a la nación. En el proyecto del presidente Carrera, ese nuevo reino estaría bajo  “la mediación exclusiva” del gobierno español o bien bajo la mediación combinada de España, Francia y alguna otra potencia sin excluir a Inglaterra;  suponemos que el presidente Carrera quería decir “protección”, en cuyo caso, la segunda fórmula garantizaría de algún modo la tranquilidad de las potencias europeas respecto al predominio político y económico de España sobre esa región americana, condición que como hemos visto, el Internuncio consideraba indispensable para el éxito de su plan de instauración monárquica.

Es interesante anotar que el presidente de Guatemala consideraba el plan de instauración monárquica, no solo como el único capaz de salvar del caos a Guatemala, sino incluso a toda América:

“Es escusado decir que yo emplearé todo mi influjo y toda la autoridad de que estoy revestido, en asegurar el triunfo de esta idea, que yo considero, cada vez más, la única capaz de salvar del abismo, no sólo la América Central, pero tal vez a todo el continente América - español” . (17)

También en 1848 y poco más de un mes después de la nota del presidente de Guatemala, el ex presidente boliviano José Ballivián, en conferencia secreta con el representante español en Chile, le pedía gestionar ante el gobierno español dos millones de pesos, para establecer la monarquía en Bolivia, como único modo de superar “... los obstáculos que había encontrado para obrar el bien” . (18)

En el caso boliviano como en el ecuatoriano, el caudillo derrocado propone la fórmula monárquica y la necesidad de la ayuda de una potencia europea, en este caso también España, para recuperar el poder y la influencia perdidos. (19)

España desde luego no estaba dispuesta a repetir el intento.  En mayo del 48, el representante español en Santiago, recibió la siguiente respuesta de su cancillería para que la trasmita a Ballivian:  

“S.M. se ha servido aprobar la respuesta dada por V.S., negándose a tomar parte en ningún negocio interior de las Repúblicas que ha reconocido como Estados independientes (...) Cualquiera que sea la opinión del Gobierno de S.M. con respecto a la actual situación de las Repúblicas americanas, su lealtad no le permite desempeñar otro papel que el de una Nación verdaderamente amiga y aliada, dispuesta siempre a interponer su mediación y sus buenos consejos cuando sean reclamados y alejada de los partidos y las discusiones cuando su amistad pueda tener otra interpretación menos noble y desinteresada.  El Gobierno de S.M. lamenta profundamente los graves peligros a que el extravío de las pasiones políticas puede exponer a esa parte privilegiada del mundo.  La ruina de Méjico, la guerra de castas del Yucatán, la guerra civil en Venezuela, son ejemplos y lecciones bien patentes de lo que hay que temer si los partidos no llegan a entenderse entre si y a transigir sus diferencias.  Pero por más que el Gobierno de S.M. vea lleno de sobresalto el porvenir que espera a la raza española americana, si no depone sus resentimientos políticos en aras de la Patria, su posición no le permite salir de su política reservada si no quiere ser también envuelta en el torbellino de las revueltas.  Por estas consideraciones es voluntad de la Reina Na. Sa. que V.S. se abstenga de tomar la más mínima parte en las discusiones políticas de ese país y que haciendo conocer a todo el mundo el verdadero interés que toma España en la prosperidad de sus hermanas de América y sobreponiéndose a todos los intereses de partidos aconseje siempre con toda imparcialidad la conveniencia de que los hombres influyentes se entiendan entre si para no venir a pasar a la situación lamentable de Méjico, Yucatán y Venezuela” . (20)

Más explícito es aun otro despacho dirigido al mismo representante español en Santiago: 

“...Las legaciones españolas en América (...) deben en esos países ser más americanas que europeas, porque la historia de España y América y la identidad de religión, idioma y costumbre deben necesariamente crear simpatías que llegarán a su completo desarrollo el día que los Estados americanos acaben de convencerse que la España ha renunciado a toda idea de dominación sobre ellos” . (21)

España, pues, no estaba dispuesta a dejarse llevar a aventuras peligrosas, por satisfacer la ambición política de caudillos que se veían a si mismos, como la única tabla de salvación de sus respectivas naciones.

El imperio mexicano de Maximiliano y su tremendo y sangriento fracaso,  así como  la idea del Protectorado sobre el Ecuador, ideado por García Moreno ambos gestionados con  Francia en la década de los 60, vuelve a señalar claramente, no la idea de la opinión generalizada del país en relación con la necesidad de la monarquía, como forma de sortear la crisis interna, sino la opinión de un partido o un caudillo que busca reafirmarse en el poder.  El caso del protectorado francés que García Moreno gestionó para el Ecuador, tenía como telón de fondo, la necesidad imperiosa de salvaguardar la independencia del Ecuador contra la agresión mancomunada de Colombia y el Perú, que el Ecuador era incapaz de repeler sin la poderosa ayuda de un aliado fuerte. (22)

 

Valoración final

Si bien es verdad que las ideas monárquicas tuvieron en América una cierta difusión y aceptación, nos parece posible distinguir dos momentos respecto a la intención con que los proyectos de instauración monárquica se desenvolvieron en el Continente: uno, simultáneo a las guerras de independencia, que tenían como objeto, y en esto coincidimos con el análisis de Gimeno, lograr la pacificación pronta de los nuevos Estados y el restablecimiento de unas relaciones que se veían como útiles y necesarias con España, también desde el punto de vista del reconocimiento internacional de las Repúblicas: el ambiente de rechazo a las ideas revolucionarias y democráticas, que se respiraba en los ambientes europeos a raíz del Congreso de Viena y sobre todo por la influencia de la Santa Alianza, postulaban la necesidad de cobijar la independencia con el manto de la soberanía regia.

El otro momento, es el posterior, cuando la desorganización y el caos producido por las contiendas políticas internas se había apoderado de los Estados americanos, haciéndolos naufragar en el mar proceloso de las guerras civiles,  de los personalismos caudillistas, de la quiebra económica.  Los informes de Baluffi están escritos dentro de este período:  las opiniones que percibe son las opiniones de facciones.  No parece haber habido en América un sentimiento generalizado y popular hacia la monarquía;  el fracaso de los proyectos intentados  parece demostrarlo claramente, al mismo tiempo que demuestra que eran proyectos de caudillos que querían recuperar el poder perdido.

El propio Baluffi, al señalar los nombres de aquellos con los que se podía contar para el éxito de su proyecto, propone precisamente a los caudillos más inclinados a los regímenes personalistas:  Flores, Santa Cruz, Rosas, Páez.

En cualquier caso, el proyecto de Baluffi, parece ser también fruto exclusivo de su reflexión personal.  No hemos encontrado la respuesta de la Secretaría de Estado a sus sugerencia ni tampoco una continuada relación epistolar de Internuncio sobre el tema, pero del contexto de los documentos, no aparece en ningún caso que hayan sido elaborados a pedido expreso de la Secretaría de Estado, lo que descartaría un plan trazado desde Europa, para sondear el pensamiento americano.  De todos modos, el proyecto es sugerente, en cuanto su planteamiento tiene en cuenta obstáculos ciertos con los que tropezaría la pura y simple instauración de príncipes españoles en América a titulo de Reyes, en el contexto de la política europea del XIX, y en los que no parecen haber pensado quienes desearon la vuelta al régimen monárquico.

 

 

Notas:

(1) En el Tratado de Córdoba, suscrito por Iturbide y O´Donojú en Agosto de 1821, se establecía que si el rey de España renunciaba al trono de México, se llamaría en su orden a los Infantes don Carlos, don Francisco de Paula o al Duque de Luca. Vid. Marta González Quintana, Nueva España en la época del imperio mexicano o.c.

(2) D. Ramos, Formación de las ideas políticas que operan en el movimiento de Mayo de Buenos Aires de 1810.  Revista de Estudios Políticos, Edit. del Instituto n. 134 (Madrid 1964) p. 139;  F.E. Truso, De la legitimidad revolucionaria a la legitimidad constitucional. Edit. Eudeba (Buenos Aires 1968); C. A. Floria y  C.A. García – Belzunce, Historia de los Argentinos. Edit. Larrouse (Buenos Aires 1992).

(3) C. A. Floria y  C.A. García – Belzunce, Historia de los Argentinos. Cit.  Los autores sin embargo señalan que: “La opinión monárquica aparecía condicionada por los principios liberales, que evitaban el repudiado absolutismo.  Inglaterra era el modelo indiscutido que superaba con mucho el de los Estados Unidos, caso que se consideraba brillante, pero inadaptable a las costumbres y condiciones de los países hispanoamericanos”.

(4) P. Piccirilli, Rivadavia y la diplomacia:  Episodios de una empresa monárquica frustrada, 1818 – 1820 (Buenos Aires 1945).

(5) Entre las diversas fórmulas monárquicas que se sugirieron en la época, una de ellas proponía el matrimonio de una princesa portuguesa con el descendiente del Inca, en una especie de fórmula mixta.  Por su parte el canónigo Valentín Gómez, que remplazó a Rivadavia en su misión europea, recibió la propuesta del gobierno francés de coronar al príncipe de Luca, Borbón por línea materna y ex heredero del reino de Etruria.  La propuesta no interesó para nada:  para los gobiernos y políticos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un príncipe no valía por el hecho de serlo, sino por el poder y las garantías internacionales que podía representar. Cfr. C. A. Floria y  C.A. García – Belzunce Historia de los Argentinos, cit. El sacerdote y diputado al Congreso de Tucumán, Manuel Ignacio de Castro Barros, sostenía en los debates parlamentarios sostenía que la monarquía era “..la mejor forma de gobierno porque era la que Dios había dado a su pueblo”. Cfr. Valentina Ayrolo, Pedro Ignacio de Castro Barros (1777-1849). Publicista de Dios y de la Patria, en Los curas de la Revolución, vidas de eclesiásticos en los orígenes de la Nación, AAVV. Emecé editores (Buenos Aires 2002).

(6) B. Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación americana, (Buenos Aires 1890).

(7) C. Parra – Pérez, La monarquía en la Gran Colombia, cit.;  Vid. Ana Gimeno, o.c., p 27. Robalino Dávila sin mencionar la fuente cita un párrafo de una carta “..particular e íntima” de Bolívar, en la que dice: “..Todo lo abandono a la sabiduría del Congreso... Si para evitar la guerra civil el Congreso creyese indispensable y el pueblo desease establecer una monarquía, no me revelaré contra sus deseos;  pero tenga Usted bien presente lo que le digo:  la corona jamás ceñirá la cabeza de Bolívar”. L. Robalino Dávila, Orígenes del Ecuador de hoy,  Editorial Cajica (Puebla 1967) p. 120.

(8) A pesar de las interpretaciones que la historiografía ecuatoriana ha dado al pronunciamiento del 10 de Agosto de 1809,  marcando en esa fecha el inicio de las luchas efectivas por la libertad, es un hecho -y así lo demuestran las Actas de la Junta- que los patriotas quiteños juraron lealtad “.. a nuestro muy amado Rey Don Fernando VII”, así como defender la monarquía legítima, hasta que el rey sea devuelto a España. Un bando publicado por orden del Marqués de Selva Alegre y firmado en el “Real Palacio de Quito” establecía el santo y seña vigente la noche del 10 de Agosto en los siguientes términos:  “Se previene al pueblo que preguntado por las patrullas o cuerpos de guardia ¿quién vive?, se deberá responder el Rey, y no España mientras la tenga Bonaparte”  Vid. C de la Torre - Reyes, o.c., p. 222. 

(9) El Ministro argentino en Londres apunta que se trata de un niño de 13 años, que por entonces estudiaba en Roma,  al que se habría dado el título de Conde de San Agustín, mientras que a su padre el duque de Riansares se le prepara el título de príncipe de las Antillas. No deja de observar que cabría la posibilidad de que el rey Luís Felipe, aprovechando de la boda de la Infanta Luisa Fernanda con su hijo el duque de Montpensier, esté planeando reconducir el asunto americano a la Casa de Orleans. M. Moreno – MRE.A, Londres 4.XI.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.

(10) AMRE.E, Comunicaciones con el Cuerpo Diplomático, p. 57.

(11) Una nota del Ministro granadino en París, dirigida a su cancillería y trasmitida a Buenos Aires, apunta a México como destino de la expedición: “ todo hace creer que sea más bien para México, en calidad de auxiliar para sostener el partido monárquico de ese país; y resistir la agresión y usurpaciones sucesivas de los Estados Unidos”. M.A. Mosquera – MRE.A, París 15.VIII.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.. El Ministro argentino en París, advierte por su parte que el destino de la expedición será Ecuador y que desde allí se ramificará a Perú y Bolivia. M. Sarratea – MRE.A, Bruselas 10.X.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.

(12) Vid. Ana Gimeno, o.c., p. 439 ss.  Independientemente del tono con el que el Ecuador pidiera ayuda a los países americanos, existe abundantísima documentación que demuestra la indignación y urgencia con que los agentes diplomáticos americanos en Europa advertían a sus gobiernos de la expedición que se proyectaba, urgiéndoles a la solidaridad americana y al rechazo absoluto a cualquier intento de alterar el sistema republicano en América.  

(13) M. Sarratea – MRE.A, Bruselas 30.IX.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.

(14) El gobierno del Perú cree su deber poner en conocimiento del de Argentina que  “...cooperará en cuanto esté de su parte para rechazar las tentativas y proyectos que se han forjado en España contra la independencia de las repúblicas americanas, que repelerá la agresión por todos los medios posibles, oponiendo la justicia a la sinrazón y la guerra a la guerra (...)   ha resuelto también el Gobierno del infrascrito poner en acción todos los recursos que estén a su  alcance para escarmentar a los expedicionarios, si se atreviesen a tocar en algún punto de su territorio”. Paz Soldán – MRE.A, Lima 9.XI.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.

(15) M. C. Vial – MRE.A, Santiago, 1.XII.1846. AMRE.E, Argentina, A/12.

(16) C. Villademoros – MRE.A, Cuartel General en el Cerrito de la Victoria, 5.II.1847. AMRE.E, Argentina, A/12.

(17) A.M.A.Ext., Madrid, Correspondencia, Guatemala, leg. 2519, citado por Ana Gimeno, o.c. p. 428.

(18) A.M.A.Ext., Madrid, Correspondencia Chile, leg. 1437, cit. Por Ana Gimeno, o.c., p. 431.

(19) Refiriéndose al caso boliviano, Gimeno comenta: “puede verse con toda claridad como la aventura floreana influyó y con rapidez, en otros caudillos que creyeron poder llevar a cabo la tarea en la que él fracasó, deslumbrados ante las cantidades que se decía había gastado el Gobierno español, pensando, ingenuamente, que este estaba dispuesto a repetir la aventura.” o.c., p. 431.

(20) A.M.A. Ext., Madrid, Política, leg. 2384, citado por Ana Gimeno, o.c., p. 432.

(21) A.M.A. Ext., Madrid, Correspondencia Chile, leg. 1437, citado por Ana Gimeno, o.c., p. 433.

(22) Sobre el tema del protectorado francés, vid. Entre otros, L. Robalino – Dávila, Orígenes del Ecuador de Hoy, IV. Edit. Cajica (Puebla 1967) pp. 262 ss.