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Los Aráoz, una familia histórica

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por José María Posse Posse
Una Estirpe de Patriotas en  La Batalla de Tucumán

A principios de 1812 el ejército del Rey, avanzaba desde el Norte tomando venganza en las personas de los cabecillas revolucionarios: eran juzgados sumariamente, los fusilaban e incautaban sus bienes. Sus familias quedaban en la miseria. Los tucumanos fueron los primeros en plegarse a la causa de mayo, dieron asimismo a sus propios hijos al ejército del norte al que apoyaron material y financieramente. Si los españoles lograban ingresar a Tucumán, la represión en contra de los cabecillas revolucionarios hubiera sido implacable y seguramente habrían corrido ríos de sangre. La suerte de la patria naciente y la de los tucumanos de entonces estaba echada. Fue por ello que los patriotas comprometidos como los Aráoz, se negaron a entregar las armas de la ciudad al ejército de Belgrano en retirada. Si debían morir, harían pagar caro sus vidas.

Corrían los primeros días del mes de setiembre de 1812. El General Manuel Belgrano retrocedía desde Jujuy, regando una estela de desolación tras de sí. Buenos Aires había sido categórica: dejar abandonadas a su suerte a las provincias norteñas. Gregorio Aráoz de La Madrid (izquierda), en sus Memorias recuerda vívidamente aquellos días: "Llegamos a Tucumán a mediado de Septiembre y seguidos de cerca por el ejército de los españoles…, por cuya razón nuestro general en jefe estuvo decidido a continuar su retirada hasta Córdoba. Esta determinación alarmó tanto a los tucumanos que, se presentó su gobernador Bernabé Aráoz (en ésta parte del relato, Lamadrid se confunde ya que por entonces Aráoz no había sido designado gobernador), acompañado de mi tío el Dr. Pedro Miguel Aráoz que era el cura y vicario…, a pedir al señor general que no los abandonasen y ofrecerle que alarmarían toda la provincia y correrían la suerte que les deparase una batalla cuya demanda fue apoyada muy eficazmente por mi primo el mayor general Díaz Vélez, por el teniente coronel Juan Ramón Balcarce…el señor general accedió a esta petición tan determinada y dictó las órdenes más necesarias para esperar al enemigo. El gobernador Aráoz acompañado del cura y vicario y de otros varios ciudadanos, fueron a la campaña y al tercer días se presentaron al señor general con cerca de 2000 hombres decididos (aquí Lamadrid exagera el número de voluntarios, aunque seguramente muchos habrían sido descartados por ser muy ancianos o jóvenes), los que fueron armados inmediatamente de lanzas y aún de cuchillos que colocaban amarrados en lugar de moharras, los que no las tenían". Lamadrid continúa su relato: “Empezó desde aquel momento el señor Balcarce a ejercitarlos mañana y tarde en las principales maniobras de la caballería, a cuyo efecto destinó a varios oficiales…” 

La tarea de regimentar un ejército de reclutas, darle una mínima instrucción militar, fortificar una ciudad indefensa y levantar el temple a una urbe que, por primera vez, veía a sus puertas el peligro de una batalla sangrienta, debió ser sin duda tarea de titanes. Bernabé Aráoz y sus familiares estuvieron a la cabeza de aquellos. Incluso el grueso de las milicias tucumanas estaban compuestas por las peonadas de las estancias de los Aráoz. 

 

La familia Aráoz formaba parte del núcleo político, económico y social más importante del Tucumán de fines del período colonial.

Llegados en el Siglo XVII, sus miembros eran originarios del pueblo de Oñate, en el País Vasco. El primero en América fue el Capitán don Ascencio de Lizarralde y Aráoz. Eran gente linajuda, emparentados con la familia de San Ignacio de Loyola que en América casaron con descendientes de los primeros conquistadores y colonizadores, tal el caso del bravo capitán de la conquista Juan Gregorio de Bazán.

En 1912, se editó en Tucumán un pequeño folleto de 21 páginas, titulado La familia Aráoz. 1812-1912 en el que se reproducía el artículo Una familia histórica, publicado en el diario "El Orden", y el discurso que pronunció el doctor Luis M. Poviña al colocarse la piedra fundamental del monumento al Ejército del Norte, del cual transcribimos el siguiente párrafo: "El indeferentismo nacional hacia la tradición histórica que es, acaso, una debilidad argentina, ha hecho que olvidemos muy injustamente la heroica y eficiente contribución de una familia de abolengo en la solución de la épica contienda emancipadora. Únicamente los narradores de la titánica empresa que han ilustrado los conocimientos de la generación actual, tienen un recuerdo de justicia y de glorioso tributo para la estirpe, que, llamándola histórica, aparece en Tucumán como la columna más sólida en que pudo fundarse el colosal templo de la patria libre".

Respecto al artículo publicado en "El Orden", reviste gran interés la lista no sólo por el rescate de tan valerosos combatientes, sino por la cantidad de Aráoz que suscribe. Se destaca en primer lugar, por cierto, al coronel mayor Bernabé Aráoz y al cura rector de la Matriz, doctor Pedro Miguel Aráoz (derecha) (luego sería Congresal por Tucumán en 1816), al Teniente Coronel Diego Aráoz y al único cabildante que tomó activa participación durante los acontecimientos de Septiembre de 1812, me refiero a Cayetano Aráoz, a quién se designó comandante del Tercer Escuadrón de Dragones en la batalla de Salta.

Pero agrega una nómina: el comandante don Miguel Aráoz, del Nº 6; (héroe en Las Piedras), el alférez don Francisco Aráoz de Lamadrid; el teniente de Dragones don Gregorio Aráoz de la Madrid y el alférez de la primera compañía del mismo regimiento, don Benedicto Aráoz. Afirma que todos estos bien conceptuados vecinos se improvisaron militares y, en pleno campo de batalla, obtuvieron la confirmación del grado por el General en Jefe Manuel Belgrano, como justo premio al esfuerzo y decisión.

Añade al cura de Monteros, Diego Miguel Aráoz, quien actuó eficazmente en su curato y Famaillá para obtener reclutas. Lo mismo hizo el párroco de Leales, Luis Antonio Aráoz. Recuerda asimismo al doctor Francisco de Borja Aráoz, quien predicaba la guerra patriótica. Y hace notar que debe incluirse en la lista al mayor general Eustaquio Díaz Vélez, por ser hijo de María Petrona Aráoz . Otro Aráoz que se hizo famoso en esa época apoyando la causa emancipadora fue el cura Ildefonso de Las Muñecas y Aráoz.

Apuntaba finalmente que el general José María Paz, en sus memorias, expresó que la decisión de Tucumán por la causa de la patria "era muy pronunciada", lo que "se debió en gran parte a la influencia de la familia de los Aráoz" .

El alma Mater fue por supuesto, don Bernabé a quién el propio General San Martín elogió ante el Directorio al escribir: Me atrevo a asegurar, que no se encuentran diez en América que reúnan más virtudes. 

El 17 de Diciembre de 1812, Belgrano designó formalmente a Bernabé Aráoz (izquierda) coronel de dragones de las milicias patriotas, teniente coronel a Diego y capitán comandante a Cayetano, con ello premiaba públicamente la actuación de las cabezas de la familia .

Fueron muchos los miembros de la familia que mantuvieron su relevancia histórica: Juan Crisóstomo Alvarez y el Gral Julio A. Roca tenían esa sangre. Los hermanos Aráoz Ormaechea, destacándose entre ellos el Gobernador Benjamín Aráoz; Lucas Córdoba, el Obispo de Berrisa Miguel Moisés Aráoz. En la fundación de nuestra Universidad Nacional, los Dres José Ignacio y José Luis Aráoz tuvieron destacada participación, siendo además miembros distinguidos de la famosa Generación del Centenario. 

También fue descollante la actividad del médico Gregorio Aráoz Alfaro, Y más cercanos en el tiempo los Dres Eudoro Aráoz y José Ignacio Aráoz López, primer Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán. Fueron hombres públicos de gran significación y relevancia en los distintos ámbitos de la vida social y cultural de la provincia. Esta enumeración de los más destacados personajes de la familia, la que seguramente y por una cuestión de espacio resulta incompleta, da una muestra cabal de que los Aráoz, a través de los tiempos fueron la sal de la tierra tucumana.